Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2007

Paz en los infiernos

Elena Martnez
Gara


Triste e hiriente es la palabra biquini. Aun cuando la prenda no lo sea. Denominacin imaginativa, aade a su definicin un diccionario alemn en la entrada correspondiente. El ingeniero francs que lo dise consider que relacionar su nombre con las pruebas atmicas que Estados Unidos estaba realizando en aquellas islas del Pacfico, resultara atractivo y comercial. Y lo fue! Las mujeres en biquini tendran una fuerza explosiva comparable a la de las bombas lanzadas all. S, una vez ms, en las fantasas masculinas de calor se mezclaran guerra, conquista, sexo, agresin. Una asociacin de ideas fcilmente asimilable por la muchedumbre. Incluso en esa desgraciada poca en que, recin acabada la guerra mundial, los supervivientes de los campos de concentracin, los afectados por la radioactividad, los exiliados, los perseguidos, intentaban recuperarse, buscaban por el mundo un sitio donde quedarse.

En cuanto a los habitantes de Bikini, se les haba pedido que dejaran el lugar donde vivan por el bien de la humanidad. Accedieron, y fueron trasladados a otra isla de menos recursos naturales, donde se vieron obligados a malvivir. Mientras tanto, la supuesta humanidad estaba ya a otra cosa, y los ignor. Sesenta aos ms tarde, la devastacin y contaminacin causadas en la zona, junto a las promesas incumplidas, an no les han permitido regresar.

Tambin por aquel mismo tiempo, las llamadas doncellas de Hiroshima, en su da nias que haban quedado desfiguradas por la bomba, y que ahora estaban ya en edad de poderse casar, fueron llevadas amable y compasivamente en aviones militares al pas del verdugo para que all les fueran hechas un sinnmero de operaciones de ciruga esttica gratis, con el fin de recomponer sus rostros. Se trataba, en trminos de propaganda, de que, a la vuelta, encontraran marido.

Tras haber utilizado la destruccin atmica para adelantar el desenlace de la guerra en beneficio propio, nada mejor para los Estados Unidos que dar una imagen de buena voluntad, mostrando una actitud comprensiva hacia aquellas jvenes, ante todo tan necesitadas de contraer matrimonio. Sin embargo, no es la caridad virtud en quien persevera en hacer dao, en quien no conoce dolor por lo mal hecho, ni tiene propsito alguno de no repetirlo.

Hueca y tonta suena la palabra paz dirigida al aire que sopla y se la lleva, cuando es sabido que los militares mantienen a los cientficos investigando a sus rdenes en proyectos en absoluto pacficos, y a sus tropas dispuestas. Y que estamos a expensas de sus manejos, en gran parte secretos. Ellos han seguido llevando adelante desde entonces guerras en cualquier parte del mundo, el empobrecimiento, la expoliacin, la injusticia. Pero hacia ellos no dirigimos la mirada. Mejor bajar la vista, a pesar de que atacan desde arriba.

Un cuento suf dice que una noche vieron a Nasrudin buscar algo a la luz de una farola. Se le haba cado la llave al abrir la puerta de su casa. Por qu no buscas donde la has perdido?, le preguntaron. Porque aqu est ms iluminado, contest.

Kristina Zarlengo, quien se ha ocupado de estudiar las amenazas que pesan sobre la poblacin civil, y las ideas sobre feminidad de la poca atmica, explicaba al llegar el cambio de milenio por qu, adems de tenebroso y temido para los unos, el Apocalipsis termina por ser el nico refugio y consuelo en la fantasa de los otros, esos oprimidos incapaces de reconciliar el mundo con la estima de s mismos.

So el poeta hngaro Attila Jszef que los humanos del futuro sern fuerza y dulzura/ rompern la mscara de hierro de la ciencia/ para hacer visible el alma sobre el rostro del saber/.../ ojal os parezcis a ellos/ para que vuestros nios puedan atravesar/ sin culpa alguna y pies de lirio/ el mar de sangre que se extiende entre ellos y nosotros.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter