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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2007

Cinco meses de la desaparicin de Julio Lpez
Movilizados por la insensibilidad

Leandro Andrini
Rebelin



Vivimos en un espacio-tiempo meditico en que lo efmero y el presente dominan. Un mundo de espectadores, y lo que se escapa de la posibilidad de ser mostrado y visto escapa a la realidad. Vivimos en un tiempo de mltiples pantallas capaces de exponer el encierro extremo y la alineacin abominable como la ms comn de las experiencias humanas, mientras que una realidad harto dismil es deliberadamente ocultada. Y tambin, vivimos expuestos a no contaminarnos en esta movilizacin de simplezas abyectas.

F. Jameson indica que la propia identidad personal es el efecto de cierta unificacin temporal del pasado y del futuro con el presente que tengo ante m, y si estamos imposibilitados de ello estamos, en cierta medida, condenados a tornarnos esquizofrnicos. Porque cuando somos incapaces de unificar el pasado, el presente y el futuro de [una] frase, tambin somos igualmente incapaces de unificar el pasado, el presente y el futuro de nuestra propia experiencia biogrfica. Es decir, el sujeto queda reducido a una serie de meros presentes carentes de toda relacin con el tiempo, o en otras palabras, existe una rotura de la cadena de sentido, en la que el sujeto es reducido a una experiencia puramente material de los significantes.

L. Rozitchner nos indica, hablando acerca del rol que tienen frente a la historia y el pasado, que los medios de comunicacin, en general, muestran lo que a la vez ocultan. Pero ahora, en el presente, ocurre lo mismo: todo es susceptible de ser mostrado salvo lo que no debe y no puede ser mostrado por cuestiones de negocio, cuestiones polticas y cuestiones ideolgicas.

De esta forma, todos nos volvemos cmplices, y se diluye la figura de responsables directos. Todos estamos dispuestos, en primera apariencia, a aceptar estos cdigos, cdigos que sutilmente se cuelan en los intersticios del imaginario social y percolan la conciencia colectiva transformndola en pasiva, improductiva y reducida en la capacidad de creacin. Esta difusin y percolacin de cdigos va atrapndonos en el difuso entramado de este tiempo (mal llamado de la comunicacin). Entramado que ya no es producido por una Penlope concreta y materialmente identificable, sino por una multiplicidad de abstracciones (aparentes) que comparten una lgica y de las que se dice que no podemos identificar a sus autores a no ser en su multiplicidad difusa.

De esta manera, todo intento de anlisis lgico, de coherencia o de contradiccin queda suspendido en categoras de las que se dicen son ya obsoletas, de manera que nunca se encuentran contradicciones ms que particulares, como ese ejemplo de belleza femenina que hace campaa en defensa del medio ambiente, cuando su cuerpo modificado por las siliconas tardar ms de lo comn en degradarse una vez ocurrido el desenlace vital debido al plstico artificial incorporado a lo natural de su vida. All, lo nico que se remarca es la contradiccin particular, pero la general permanece oculta, sepultada detrs de otras contradicciones particulares que a su vez se contradicen entre s.

Y si los medios de comunicacin no son responsables de nada, tampoco son culpables de nada, por tanto se ven beneficiados por una proliferacin de opiniones cuya heterogeneidad hace decirles que son los representantes ms genuinos de la democracia, aunque bien direccionan una tendencia de opinin. Esta lgica intenta desligar toda capacidad de unificacin u organizacin coherente de sentidos (el intento, la ms de las veces, es un hecho).

Das atrs me alarm el comentario de un conocido, un universitario, docente, con mucha formacin en lo que hace y muy responsable. A l, y otras personas que no conozco tanto como a l, los perturba sobre manera los escasos segundos de silencio en los que Canal 7 recuerda la desaparicin de Jorge Julio Lpez (dicho sea de paso, el nico medio televisivo de aire que lo hace). Un silencio que se vuelve incmodo, que los obliga a mirar si el televisor no se descompuso. Y yo me pregunto si esto no es un efecto doble: uno, el debido al acostumbramiento al ruido, a la volatilidad de las imgenes, que se siguen unas a otras sin ms que como manutencin de un a-ritmo; y el otro, es la imagen perturbadora que se presenta en ese silencio que los hace volver hacia el televisor (la de ese albail, desaparecido por reticular su memoria sabiendo discernir entre pasado-presente-futuro a pesar de sus temblores).

El desaparecido Lpez en el ruido pasa desapercibido, pero el instante de silencio en que se rompe la lgica del espacio-tiempo meditico en la que vivimos hace emerger la figura, la fisonoma recortada de quien ya no est. Ese silencio tambin nos retrotrae a su ausencia de palabras. Pero todo queda ah, nos perturban la conciencia de buenos samaritanos, y en un arrebato de culpas extranjeras escuchamos lo que dicen algunos: pobre viejo, seguro que lo han hecho cagar, como si se tratase de un crimen en el cual se dirimen pasiones personales.

Y ah patente que lo que los medios muestran esconden. Y aparece la idea de esquizofrenia individuo-social descrita por Jameson. Despus de ese silencio perturbador para algunos cuantos, pienso, deber existir el mensaje explicito: Jorge Julio Lpez, desaparecido por dar cuenta del escarnio padecido en carne propia al ser torturado por fuerzas de seguridad al identificrselo como un militante de barrio que quera mejorar la situacin en la que viva. Seguramente que la sentencia puede ser cualquier otra, que conserve este espritu, que haga referencia a la historia de este ser humano y al por qu de esta nueva desaparicin. Esto no es menor, y deberamos preguntarnos tambin por qu existe esta constante rotura en cuanto a la referencia. O como aquella frasecita del algo habrn hecho que quedaba truncada ah, y s, ni ms ni menos quisieron cambiar el mundo! No lo lograron, lo intentaron. Ese lenguaje a medias, donde prevalece una sospecha infundada sobre todo. As es, en gran parte el lenguaje meditico, en el que el habra, podra, sabra, etc., es la conjugacin preferida.

Algunos, con argumentos pueriles, alguna vez me han indicado que ligar al militante con el sufrimiento padecido es negativo, porque desalienta las motivaciones de quienes aspiran a trabajar para lograr un mundo mejor. Yo no estoy haciendo un culto a la tortura, como algunos sectores revolucionarios acostumbran a hacer: medir el peso de su valor revolucionario cuantas ms veces han sido torturados o encarcelados, buscando eso como motivo inmediato de sus acciones. Por el contrario, estoy diciendo, que el encarcelamiento, la tortura o la desaparicin son los grados ms altos de peligro que se corre al comprometerse para subvertir las condiciones de existencia de miles (de existencia en todos los rdenes), que debemos ser consecuentes y en tal lnea de consecuencia minimizar todo lo que podamos ese peligro. Debemos ser precavidos al momento de discernir sobre estas cuestiones, porque de lo contrario estamos aceptando pasivamente la lgica difusa donde las definiciones no tienen ya ningn motivo de ser, y todo se reduce a una mera concatenacin de ahoras sucesivos que no hacen ms que avanzar entre mezclados sin construir futuro (eso que de alguna manera llaman fin de la historia).

Pido disculpas por utilizar la condicin de desaparecido de Julio Jorge Lpez para plantear determinados interrogantes, e intrincados enmaraamientos teoricistas. Quisiera, sin lugar a dudas, tener que estar haciendo estos planteos en abstracto, en situaciones hipotticas, pero a veces los hechos nos estallan en la cara mucho antes de que nos hayamos dado por enterados, y otras la realidad del mundo corre con ventaja respecto de nuestras interpretaciones acerca de la realidad.

Debo decir que el enfoque que he dado es en exclusivo a los espacios mediticos, sin hacer alusin a los responsables directos, pero no podemos desligarnos de entender y por fin digerir que estos espacios, en este pas, son hijos de los responsables de los crmenes de Lesa Humanidad, aunque hoy en da tengan o bien una esttica posmodernista, o bien un maquillaje progresista, o bien promuevan la irradiacin de naderas, todos estos grandes medios lo nico que hacen es esconder la estupidez humana resaltando la estupidez humana, as somos simples sujeto-objetos de consumo (consumimos otros objetos y nos consumimos entre nosotros mismos).

Si bien alud al fin de la historia, y al espacio-tiempo meditico, debo hacer una aclaracin para despejar toda sobra sobre el escrito: que este sea el espacio-tiempo meditico hoy no quiere decir que maana no pueda ser otro, y otro tal que haya sido construido por aquellos que no adherimos a la idea de fin de la historia. Porque, y en definitiva, a la historia la producen los hombres y las mujeres como Jorge Julio Lpez, cuya integridad le permiti guardar todo el tiempo el tiempo de su vida, donde pasado-presente-futuro son ms que una reificacin del ahora, son el escenario propio de nuestra historia como pueblo, donde se conjugan todos los dolores, sufrimientos y alegras. El silencio de la propaganda meditica que recuerda su desaparicin (aunque luego no haga referencia al por qu de esa desaparicin) hace emerger la figura del desaparecido, cuyo efecto psicolgico sobre nosotros como lo ha definido L. Rozitchner- es la de saber que ese vaco se llena solamente con nuestro cuerpo, con nuestra presencia, y que ese silencio se cubre con nuestra voz no como ruido meditico sino como canto al unsono pidiendo, entre tanto por pedir, por Verdad, Memoria y Justicia.



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