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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2007

Resea de "La revolucin y el deseo. Memorias", de Miguel Nez
Unas memorias, una presentacin y un curioso prlogo

Salvador Lpez Arnal
Rebelin



Miguel Nez, La revolucin y el deseo.Memorias, Ediciones Pennsula, Barcelona 2002, 367 pginas.
Prlogo de Manuel Vzquez Montalbn y de Luis Goytisolo. Edicin de Elena Garca Snchez


Me atrevo a sugerir la lectura de La revolucin y el deseo (o, si se prefiere, el deseo de revolucin) por los dos anexos finales. En el primero de ellos, Nez ha recogido su intervencin en el acto de presentacin de Asalto a los cielos, de Irene Falcn, la colaboradora -que no secretaria, como apunta Nez- de Dolores Ibrruri. Aqu, el autor sintetiza sus actuales posiciones polticas bsicas: denuncia sentida dolorosamente de las miserias, dureza y comportamientos poco compasivos, y no siempre comprensibles, del comunismo hispnico e internacional, vindicacin de los principios bsicos ilustrados, no sectarios y anticapitalistas de la tradicin enrojecida y llamamiento explcito a la actitud crtica, permanente y antiservil como atributo esencial de la militancia en todos los contextos e instituciones, incluida las propias en primer lugar.

Dado que la narracin no es lineal, el breve y til anexo II que ha trazado la editora -dudo que la admirable modestia de Nez le haya permitido esta nota-, donde se ha dibujado cronolgica y sucintamente los principales avatares poltico-histricos del autor, es de ayuda inestimable para seguir cmodamente lo narrado. Nacido en 1920, Nez Gonzlez combati en la guerra civil (quinta del bibern), se afili al Partido Comunista de Espaa (mejor en Espaa), fue responsable poltico de la organizacin guerrillera del partido y, en la clandestinidad, fue uno, entre pocos ms, de los artfices de la reconstruccin del PSU de Catalunya (mucho mejor: en Catalunya). En medio, condena en las prisiones de Atocha (prisin convento), Yeseras, Ocaa, Aranjuez, Prisin Celular (Modelo (!)) de Barcelona y, finalmente, desde 1959 hasta 1967, en la prisin central de Burgos de cuyo comit de prisin form parte. En total, unos 14 aos de crcel (la sexta parte, hasta ahora, de una vida que sigue activa, muy activa), con torturas y comportamiento ejemplar y modlico para generaciones de comunistas y prximos. Sabido esto, recordar que no hay intencin alguna de concelebrar comunitariamente, como fiesta de la ciudadana democrtica, el da del combatiente antifranquista, y que esa merecida jornada pueda ser el 14 de abril o el 16 de febrero, por ejemplo, y, que en cambio, el da en que un Papa, Po XI (por cierto, tan reaccionario como su siguiente nominal), edit una bula en la que declaraba, por dogma acrtico de fe, libre de pecado original a la esposa del carpintero Jos, sea, en cambio, fiesta de obligado e inamovible cumplimiento en un Estado laico, es prueba apodctica, y casi inapelable, no slo de una injusticia alfica sino de una curiosa, aunque no nica, aportacin hispnica a la barbarie civilizatoria.

La revolucin y el deseo (RD) est estructurado en siete apartados: 1. Races (infancia y juventud de Nez); 2. La guerra civil; 3. La victoria franquista (con especial atencin a la represin inmediata a la guerra); 4. Las crceles; V. La resistencia a la dictadura; VI. La legalizacin y VII. La cooperacin solidaria: 1982-2002. Los recuerdos, como se sabe, suelen transcurrir por escenarios subjetivos y no exhaustivos y, como ya apunt Borges, la memoria humana no suele acuar moneda alguna, ni la propia. Por ello, se pueden encontrar algunos extraos olvidos (o incluso erratas) en estas memorias y se puede discrepar de algunas de las consideraciones de Nez. As, por ejemplo, apenas hay noticias sobre lo que los comunistas sefaradianos (y afines) pensaron sobre las invasiones de Hungra y Praga o sobre el mayo parisino, las varias crisis internas del PCE-PSUC son descritas con excesiva cautela (por ejemplo, la de Claudn, Semprn y Vicens), la posicin poltica del autor es discutible, y muy concreta, en algunos puntos (por ejemplo, cuando se refiere a lo acontecido en el V Congreso del PSUC o al supuesto intento de superacin de las diferencias en el VI), su percepcin de la transicin poltica es sin duda singular (Poda hacer sido el cambio de otra forma? Quizs no..., p.324); lo apuntado sobre la actuacin del PSUC en el caso de Puig Antich es conjetural, con riesgo de alta tensin; no hay apenas noticias (aparte de lo apuntado en el anexo I) de lo que signific la desintegracin de la URSS y la cada del muro, pero, por una parte, justo es reconocer que de todo no se puede hablar y, por otra, que algunos otros pasos compensan con creces posibles desacuerdos. Por ejemplo, lo sealado sobre Fraga y el 23-F (p.336), su aproximacin a Miguel Hernndez (pp.146-147), pero, sobre todo y especialmente, el pulso irnico, veraz y sabiamente modesto con que Nez narra sus propias e impresionantes vicisitudes derrumban cualquier arista crtica o discordante. Donde algunos hubieran filmado, a cmara impdicamente lenta, con plano fijo y Rquiem de Mozart para impresionar al lector, l ha tenido la gentileza de hacerlo con la rapidez, la irona y, en ocasiones, rabia contenida del Wilder de Primera plana. El lector debera agradecer su eleccin, aunque, como suele ocurrir, uno pueda extralimitarse en alguna escena.

RD, en sntesis, puede ayudar y ayuda a la construccin de la permanentemente revisable (que no revisionista) verdad histrica sobre nuestro pasado prximo. Si como Machado peda, y Montalbn recuerda, lo que importa es buscar la verdad, no la de cada uno, no se ve como conseguir aqulla sino es a partir de las subjetividades parcialmente veraces y sopesadas de cada uno.

En contra de lo que suele ocurrir con los prlogos de ocasin, las pginas de presentacin de Vzquez Montalbn (Nosotros los comunistas, pp.9-22) merecen lectura atenta y producen efectos gratificantes, con aguda reflexin sobre el voluntarismo de los combatientes antifranquistas y el perverso cuento de una transicin inspirada por un rey bueno y ejecutada por un valido sagaz. A este prlogo, se aade, digmoslo as, una breve nota de Luis Goytisolo (pp.23-24). El deseo de que una revolucin adrenalnica no altere las constantes vitales de lector me empuja a aconsejarles, sin atisbo alguna de censura, que, llana y simplemente, se lo salten. Si obran as se evitarn chocar (inelsticamente) con pasos tan sutiles como los siguientes: a) qu hubiera pasado en Espaa si, por haber discurrido las cosas exactamente al revs de como discurrieron, el PC hubiera llegado al poder?... al menos durante los aos que yo recuerdo -la segunda mitad del franquismo-, nadie en Espaa, salvo la direccin del Partido Comunista y la Direccin General de Seguridad [sic. algo as como la direccin de la gestapo o de la Dina chilena], crea que eso fue posible. Y los apoyos que hallaba el Partido Comunista se basaban en ese supuesto () (probablemente Goytisolo (Luis) generaliza aqu lo que acaso es propia y exclusiva percepcin), y b) (...) Pondr algunos ejemplos relacionados con personas y hechos que tambin yo he conocido. As, la imagen que ofrece de Manuel Sacristn, persona de trato difcil en la medida en que su inflexibilidad ideolgica iba unida a una preocupante ausencia de sentido de la realidad. Mejor juicio le merecemos los universitarios de la poca, y en especial Octavi Pellissa, con su irona socrtica, en el polo opuesto de Sacristn... El ataque de inmodestia apenas es un grano de sal si se compara con la indelicadsima oposicin Pellissa-Sacristn y con la absoluta contradiccin de lo apuntado y los pasos que Nez dedica a Sacristn (pp.256-257) que ni siquiera un deconstruccionista derridiano de ltima hornada podra leer de forma consistente con lo sealado por el prologuista: lo que el seor acadmico comenta de Sacristn es de cosecha propia, en absoluto atribuible a Nez. En sntesis y con nimo agotado: el admirado autor de Antgona y de Teora del conocimiento no tuvo su tarde-noche al escribir este nota. O tal vez s?






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