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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2007

Pinochet: dictadura y amnesia

Gustavo Ogarrio
La Jornada Semanal



La muerte de Augusto Pinochet, el pasado 3 de diciembre de 2006, inaugura uno de los momentos ms agudos de la dialctica entre memoria y olvido posterior al fin de las dictaduras latinoamericanas que se impusieron en la dcada de los aos setenta. Adems, pone al lmite cierta actualidad de la memoria sobre la dictadura chilena que inicia en 1973 y que culmina en 1990; una memoria entendida como articulacin entre el horror recordado y una perspectiva histrica que demandaba la condena jurdica y punitiva del poder de exterminio pinochetista. Con la muerte de Pinochet se disuelve tambin el centro simblico y fsico sobre el que se exiga un acto de justicia largamente anhelado, lo que amenaza con dejar sin efectos o cancelar los trabajos de reconstruccin histrica e interpretacin poltica acumulados en los ltimos aos sobre los crmenes de la dictadura.

El cuerpo militarizado del dictador sin vida, enfundado hasta el ltimo momento en el uniforme de general, es la contraparte simblica y material de los miles de cuerpos desaparecidos, negados y condenados tambin al exterminio nominal del anonimato. El cuerpo del genocida longevo que muere en armona con su pasado de exterminio significa tambin uno de los mayores agravios para la restauracin democrtica de nuestra memoria. Ahora ms que nunca est a la vista uno de los mayores fracasos de la transicin democrtica en Amrica Latina: el de la supuesta reconstruccin de los sistemas polticos y jurdicos latinoamericanos ante el poder militar y autoritario, cuya continuidad fragmentada signific tambin una feroz contencin de un programa de democratizacin ms amplio.

POLTICAS DEL OLVIDO: AMNISTA Y AMNESIA

Las dictaduras que se impusieron a partir de los aos setenta del siglo xx pueden ser vistas como una de las configuraciones extremas del Estado moderno latinoamericano en trminos de violencia sistemtica contra la sociedad. En Chile, Argentina y Uruguay, intensos debates sobre la memoria y el olvido se han escenificado en las ltimas dcadas. Estos debates se concentraron en una dimensin legal y jurdica, en la concesin y negacin alternada, por parte de los gobiernos de la transicin, de enjuiciar a los responsables de la muerte y desaparicin de miles de seres humanos. Es posible rastrear en el proceso que va del trmino de cada dictadura hasta nuestros das una tensin bsica y de mediana duracin entre la memoria sobre los crmenes y la institucionalizacin del olvido en nombre de la estabilidad democrtica, una tensin que paulatinamente fue desconocida como uno de los rasgos principales y ms conflictivos del proceso democratizador.

Podramos afirmar que las transiciones actuaron bajo lo que Paul Ricoeur ha denominado como el dominio del olvido. Este dominio estableci una tensin entre una tendencia dominante que pugnaba por la destruccin estatal de las huellas del pasado y que deliberadamente construa mediante el abuso del acto de olvidar o de su radicalidad para obstaculizar la memoria reciente el perfil amnsico de la transicin a la democracia, y una poltica civil de la memoria que intentaba actualizar, en el contexto de la transicin, las huellas del exterminio y del terrorismo de Estado.

En Chile, la Junta Militar dirigida por Augusto Pinochet promovi su olvido anticipado y en 1978 decret la futura amnista. El control del gobierno militar sobre el pasado y su futura insercin como poder poltico en la transicin a la democracia lleg al extremo de asentar en la Constitucin, emitida por el mismo Pinochet en 1980, no slo la continuidad de un rgimen de olvido para los crmenes militares, sino tambin asegur en el texto constitucional la continuidad obligatoria de la estructura poltica y econmica gestada en la dictadura. Adems, al proclamarse como Jefe de las Fuerzas Armadas y como senador vitalicio despus de dejar la presidencia, Pinochet tambin aseguraba cierto control militar de la transicin, siempre con el olvido como regulador del poder poltico que surga del cambio democrtico.


Ilustracin de Gabriela Podest

Es en los lmites de este dominio del olvido donde tambin se juega la representacin del pasado y la interpretacin del presente. Este dominio no slo realiza un trabajo de erosin de lo ya acontecido, a travs de l tambin se regula la permanencia de las figuras y experiencias recordadas, as como su actualizacin poltica. Para Paul Ricoeur existe una dimensin del olvido que se resuelve como perdn y como memoria feliz, difcil de utilizar para analizar los casos del Cono Sur. Ms bien, queremos referirnos a otro momento de su anlisis, concretamente a los olvidos vinculados a la memoria y a la historia en su dimensin poltica, es decir, al olvido impuesto que Ricoeur identifica con la amnista y a la persistencia de las huellas del pasado.

Durante el proceso de transicin a la democracia, al menos en Chile, Argentina y Uruguay, la amnista y el indulto fueron los recursos jurdicos que los gobiernos democrticos emplearon, en momentos de crisis y amenaza militar, para imponer una poltica del olvido que fue fundamental para quitarle peso y densidad al proceso democratizador, al separar y aislar la racionalidad de la poltica democratizadora de la racionalidad del olvido y la memoria, o al abiertamente obligar al olvido en nombre de la estabilidad democrtica. As como ciertos nacionalismos imponen a la sociedad un abuso de la memoria, al exacerbar y manipular la comprensin del pasado poltico y mitificarlo mediante su ritualizacin nacionalista, tambin es posible hablar de un abuso del olvido en el caso de las amnistas y los indultos impuestos en el Cono Sur. Este abuso se manifest en "formas constitucionales del olvido" y culmin en un proceso poltico y social de amnesia obligada.

Dice Paul Ricoeur que la amnista "opera como una especie de prescripcin selectiva y puntual que deja fuera de su campo ciertas categoras de delincuentes" y como olvido institucional "alcanza las races mismas de lo poltico... la proximidad, ms que fontica, semntica, entre amnista y amnesia seala la existencia de un pacto secreto con la negacin de memoria". El dominio del olvido jug un papel fundamental en la construccin de una visin formalista y armnica de las transiciones a la democracia; mediante la desvinculacin entre la actualidad democratizadora y el proceso autoritario y totalitario del pasado inmediato, los gobiernos de la postdictadura impulsaron tambin su propia estabilidad amnsica.

POLTICAS DE LA MEMORIA: LA INTRERPRETACIN DEL HORROR

El primero momento civil en las formas de actualizacin de la memoria sobre las dictaduras, durante la etapa de las transiciones, estuvo marcado por los relatos y narraciones en primera persona que se multiplicaron gracias a las primeras comisiones de la verdad, reconocidas o no por el Estado o impulsadas por organizaciones de derechos humanos; testimonios que sirvieron tambin para producir un reconocimiento de la permanencia de las huellas de la dictadura, en su condicin de poltica de exterminio y desaparicin.

Posteriormente, en un segundo momento de memoria convocada, ya no era posible evocar solamente la descripcin del horror que las vctimas padecieron, ahora era necesario articular el testimonio en primera persona a una memoria explicativa que pudiera identificar con cierta perspectiva analtica los rasgos del poder de exterminio de las dictaduras.

Por ejemplo, en su libro Desapariciones. Memoria y desmemoria de los campos de concentracin argentinos, Pilar Calveiro suprime la primera persona en la perspectiva del narrador y opta por la distancia enunciativa de la tercera persona, para as abrir paso a una evocacin explicativa de la memoria. Como sobreviviente de los campos de concentracin que mont la dictadura, Calveiro decide interpretar polticamente su memoria del horror concentracionario, que va de una primera persona nunca enunciada pero s presente en el trasfondo de la misma enunciacin a una tercera persona que termina por darle un carcter colectivo a la interpretacin de los testimonios ajenos y una direccin poltica al uso desestabilizador de la memoria. Afirma Calveiro:

El testimonio, al recuperar las memorias plurales como actos nicos, al detenerse en la riqueza de lo no generalizable, es capaz de romper con el relato consistente, con la pretendida aprehensin de lo inconcebible, reclamando un nuevo ngulo cada vez, mostrando la fisura, sealando la contradiccin que reclaman otra y otra y otra mirada posible y que nos imponen actualizaciones interminables. La memoria es tambin y tal vez sobre todo desestructuracin. La memoria viva, palpitante, escapa del archivo, rompe la sistematizacin y nos conecta invariablemente con lo incomprensible, con lo incmodo. Hay que recuperar una y otra vez la incomodidad de la memoria.

Beatriz Sarlo ha escrito sobre este libro: "Calveiro se ubica en un lugar excepcional entre quienes sufrieron la represin y se propusieron representarla. La verdad del texto se independiza de la experiencia directa de quien lo escribe, que averigua en la experiencia ajena aquello que podra creer que su propia experiencia le haba enseado. Por eso, no ejerce una particular presin moral sobre el lector, que sabe que Calveiro fue prisionera-desaparecida, pero a quien no se le exige una creencia basada en su propia historia, sino en las historias de otros, que ella retoma como fuente y por lo tanto somete a operaciones interpretativas."

En este giro interpretativo que Calveiro le imprime al relato sobre la dictadura se advierten los dos rasgos que le darn a la violencia de Estado en Argentina su definicin poltica e histrica: la desaparicin y el montaje concentracionario. La desaparicin de miles de seres humanos y el levantamiento de campos de concentracin, ejes de la poltica represiva y actividades organizadas sistemticamente desde el Estado, fueron los rasgos que una vez reconocidos analticamente en su funcionamiento bsico ayudaron a definir y a interpretar jurdica e histricamente las polticas de exterminio de la dictadura argentina, cuya estrategia era tambin controlar y disolver la memoria explicativa, as como negar los cuerpos y sus historias. Dice Calveiro: "El dispositivo concentracionario dedic un gran esfuerzo al ocultamiento y destruccin de los restos humanos; una de sus consignas fue: Los cadveres no se entregan."

Qu alcance puede tener esta memoria explicativa sobre las dictaduras ante las muertes que dejan sin juicio y sin condena a los genocidas y a los responsables de la poltica de exterminio? Es difcil saberlo. La memoria poltica en Amrica Latina est permanentemente obstaculizada por los sistemas jurdicos que en nombre de la estabilidad inducen al olvido forzado, a la amnesia democratizadora. Sin embargo, ahora ms que nunca es necesario oponer al cadver de un Pinochet impune todo un programa de reconstruccin e interpretacin de la memoria reciente, una hermenutica del horror cuya accin poltica amenace con resquebrajar definitivamente la amnesia neoliberal gestada en las entraas del proceso democratizador.

 



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