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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2007

La opcin por los pobres hoy

Jos Aldunate
La Nacin



Hace 40 aos la Iglesia latinoamericana fij la lnea maestra de su pastoral con la consigna opcin por los pobres. Con la asistencia de los telogos de la liberacin, se expres as en Medelln (1968) y Puebla (1979). Pero han pasado muchos aos y ms de una generacin. Estamos en un nuevo milenio y sobre todo en una nueva poca, marcada por una verdadera revolucin, la de las comunicaciones y de la globalizacin. Nuestros pobres y nuestros indgenas han sido muy sensibles a estos cambios. Ellos mismos han cambiado... Es fundamental entonces que la Iglesia, que se rene en mayo en La Aparecida, en Brasil, tome conciencia en estos cambios.

Enumeramos los principales, que deben motivar nuevas formas de acompaamiento pastoral: los pobres poseen en la actualidad una mayor conciencia de la injusticia de su situacin de postergacin, exclusin; de esa conciencia, surge un resentimiento y hasta el odio y la rebelda; el Papa dijo en Chile los pobres no pueden esperar, pero vemos hoy que los pobres no quieren esperar; ms an, han resuelto no hacerlo. Esta voluntad se manifiesta de mltiples maneras, ltimamente con los pinginos, pero tambin en algo mucho ms grave: robos, asaltos, desrdenes y hasta crmenes.

Los pobres ya no son sujetos pasivos de nuestra caridad asistencial, sino individuos activos, conscientes de sus derechos (los derechos humanos) y resueltos a hacerlos valer; no pretendemos justificar estas conductas, as como no justificarnos otras consecuencias de su situacin, como la drogadiccin o el alcoholismo, pero planteamos que la pobreza es un factor social, que prepara y facilita la infraccin de las leyes; debemos tener muy en cuenta que la pobreza que produce el malestar social no es cualquiera, sino la que se acompaa de inequidad: cuando conviven ricos muy ricos y pobres muy pobres como el Epuln y el Lzaro del Evangelio.

De esto se desprende una renovada urgencia para poner fin en Chile y en el continente a la inequidad y la pobreza. No slo la suerte de los pobres, sino tambin la de la democracia y la convivencia en paz. Estas situaciones no pueden esperar y son las que deber asumir con responsabilidad nuestro episcopado latinoamericano en La Aparecida. Al joven rico que quera seguirlo, Cristo le dijo: Despjate de tus bienes y dalo a los pobres y despus vendrs y me seguirs.

No tiene sentido una convocatoria de todo el episcopado si no es para ejercer los poderes que el Concilio Vaticano II reconoci a los obispos regionales para abocarse a los problemas de su rebao. Y el central de nuestra regin es la pobreza, la inequidad y la integracin pacfica y descentralizacin de todas las naciones hermanas.

Sin duda, es ms fcil y pacfico para la Iglesia refugiarse en temas de sacrista. Pero se ha comprometido en el concilio con el hombre moderno, con sus derechos y con el curso poltico de la humanidad. Con la gran poltica, se entiende.

El mensaje fundamental es el destino comn de los bienes y cmo pueden los propietarios de todos los recursos materiales, energticos, financieros y espirituales cumplir con su obligacin social. La Iglesia debe abocarse ahora a este tema y decir aqu est su palabra.


 



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