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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-02-2007

Izquierda y revolucin en Amrica Latina

Jos Steinsleger
La Jornada


Con el invaluable (y poco agradecido) herosmo y poder de distraccin de la lucha antimperialista en Medio Oriente y Asia central, Amrica Latina se halla en situacin similar a la del decenio de 1940, cuando una serie de revoluciones populares y gobiernos progresistas retomaron la ofensiva en pos de su liberacin nacional y social efectivas.

La solidaridad y cooperacin de Cuba y Venezuela en la accin, la comprensin de lo que est en juego en los procesos polticos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua, y el hecho de que el imperio no diga la ltima palabra en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay revelan un mapa de tendencias mucho ms promisorias que el amargo desenlace de la independencia de Hait en 1804, y el fin de la Gran Colombia en 1830.

La energa poderosa (nunca mejor dicho) brotada de las entraas geolgicas y populares de Venezuela impidi que en Cuba se cumpliesen los aciagos pronsticos de Fidel Castro al inicio del decenio pasado. No. Cuba ya no se hundira en el mar ni sus hijos caeran luchando como aquel puado de espaoles que en Numancia resistieron a las legiones de Escipin, El Africano. Proceso que en sus inicios fue doloroso (masacre de Caracas, febrero de 1989) y que al continuar tuvo dos expresiones promisorias: el alzamiento del movimiento revolucionario bolivariano (4 de febrero de 1992) y el de los pueblos antiguos de Chiapas que cuestionaban la desaparicin de Mxico como pas soberano (primero de enero de 1994). Sincronas de la historia: nuevamente, y como en 1810, Mxico y Venezuela a la vanguardia de la luchas populares.

En pramos y valles, en urbes y florestas, en litorales y desiertos, los pueblos de la Amrica tritnica retoman sus banderas, alzndose y movilizndose con mayor y menor suerte en particularsimas formas de lucha. Y esta vez ser para siempre o para nunca. Pero cuidado... que ya el poeta dijo "nunca digas nunca".

Hugo Chvez empez "por arriba" una revolucin que se hizo cargo del clamor "de los de abajo" y el subcomandante Marcos anunci el inicio de una revolucin "con los de abajo", fustigando el poder de "los de arriba". Arriba, abajo... Pero entre la una y la otra un denominador comn: el nfasis en la tica y la moral revolucionarias, y la ausencia de sangre y violencia para cumplir con sus objetivos.

Cun distintas son ambas? Realmente lo son? Las plomizas, esquemticas y floridas concepciones ideolgico-patrimonialistas de las izquierdas impolutas se toman su tiempo. Boliviarianos y zapatistas responden a los intereses inmediatos y los histricos de sus pueblos? Qu tipo de socialismo proponen? Son Marcos y Chvez lderes natos de la conciencia nacional y antimperialista de Mxico y Venezuela?

Los escritos de Noam Chosmky, Inmmanuel Wallerstein y Samir Amin ayudan... mas despejan las dudas? Y los de James Petras, espada flamgera de la revolucin mundial, seran ms lcidos si duplica la extensin de los suyos explicando todo y nada a la vez? A las izquierdas impolutas hay que recordarles (es increble cun fcil se les olvida) que Bolvar y Mart fueron antes que Marx y Lenin, y que la emancipacin de los indgenas y los negros no puede ser nicamente poltica en una civilizacin que reniega de s misma traicionando los principios que enarbola.

Caracas oxigen la utopa socialista continental. Sin embargo, resulta paradjico que desde mucho antes (y acaso por instinto de conservacin o furtivos ataques de lucidez imperial), los yanquis tenan claro que Chvez no era un lder manipulable. Y as naci el Plan Colombia (extensin sudamericana del Puebla-Panam), aprobado de extrema urgencia despus del triunfo de Chvez, el 6 de diciembre de 1998.

Cuba y Venezuela son faro y ejemplo. Pero la manida "unidad" de la izquierda realmente poltica exige la cuidadosa revisin de las cuatro patas que sostienen la mesa.

1) Creer que la unidad es amontonamiento y seguidismo, y que la temperatura de la lucha de clases depende de los termostatos regulados por los intelectuales antimperialistas.

2) Conectar al debate cables de alto voltaje ideolgico que a la postre se revelan intiles para iluminar, en cualquier lugar y situacin, los mltiples pormenores de una lucha comn, pero multifactica.

3) Desestimar que en todo proceso de liberacin las masas se rigen por agendas polticas nacionales, y que las opciones del Thermidor y de los Graco Babeuf son ms inmortales que el conde Drcula.

4) Olvidar que el espritu multilateral del Destino Manifiesto se corporiza vis a vis, bilateralmente, segn el inters puntual de las corporaciones econmicas estadunidenses.

Sin "los de abajo", la revolucin se muere. Pero sin liderazgo real y efectivo, y sin el apoyo estratgico que el Estado pueda brindarle, la revolucin tambin se muere. La reaccin no distingue. "A los de arriba" los elimina por complicidad con los de abajo y "a los de abajo" los extermina sin piedad, por si las moscas.



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