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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-02-2007

Debate sobre feminismo e islamismo
Ni Putas Ni Sumisas y la instrumentalizacin poltica de la batalla contra el velo

Ndeye Andjar

Escribe la vicepresidenta de la Junta Islmica Catalana


1. El feminismo de encargo

 

Segn la versin oficial, la asociacin Ni Putas Ni Sumisas (NPNS), que se autocalifica como movimiento, fue creada en 2003 despus de la Marcha de las mujeres de los barrios contra los guetos y por la igualdad.

 

En realidad, se trata de una creacin de SOS Racismo, a su vez creado por Julien Dray, cuyos discursos son de lo peorcito dentro del Partido Socialista.

 

Esta asociacin ha contribuido con creces en la campaa meditica contra las barriadas de las ciudades francesas y el Islam. Tanto los partidos polticos (desde el Partido Socialista hasta el UMP) como los periodistas se han subido al carro del movimiento. Pero los polticos que elogian a esta asociacin son los mismos que no aplican la paridad, por ejemplo, al reducir las subvenciones de las asociaciones de mujeres o cuando slo tienen en cuenta a las mujeres extranjeras dentro de la clula familiar, es decir, que no existen como seres independientes.

 

La asociacin se considera como un movimiento de renovacin del feminismo apoyado en la base popular y que no se posiciona como movimiento contestatario y subversivo, sino que a pesar de que critica la falta de eficacia y de accin de los poderes pblicos, intenta actuar conjuntamente con ellos e influir en los procesos de decisin administrativos y legislativos (1).

 

De todos es sabido que los poderes pblicos le han concedido subvenciones exorbitantes en comparacin con las asociaciones de base que tienen que mendigar cada euro que reciben (2). El objetivo no es otro que comprar una paz social y de paso, ganar algunos votos, sobre todo despus del desastre electoral de 2002 con la fulgurante ascensin de los lepenistas.

 

No obstante, en la nueva carrera electoral, los polticos han cambiado de estrategia y han preferido aparcar al movimiento hasta nuevo aviso.

 

Mientras tanto, los dirigentes de NPNS (todos ellos militantes socialistas) gozan de un relativo prestigio social por sus servicios leales. Curiosamente, la estafa por parte de Mohamed Abdi, Secretario General de NPNS, sobre un desvo de fondos pblicos, apenas apareci en la prensa (3). En un primer momento fue condenado aunque despus sali airoso gracias a un recurso de casacin.

 

Tambin sorprende el posicionamiento de la presidenta de la asociacin, Fadela (Fatiha) Amara, para la que el antisemitismo es la madre de todos los racismos, y afirma que es lo primero contra lo que se debe luchar. Debe ser por eso por lo que particip el ao pasado en La primavera de los Derechos Humanos y la fraternidad, coordinada por Marc Lumbroso, presidente de Bnai Brith Francia (4), acompa a Anne Hidalgo del ayuntamiento de Pars y a Dominique Bertinotti, alcalde del 4 distrito de Pars, en su visita a Israel o particip en mayo de 2006 junto a Alain Finlkielkraut y la lite socialista y la de derechas en un encuentro republicano organizado por la Liga contra el Racismo y el Antisemitismo (Licra), el Gran Oriente de Francia y la Unin de Estudiantes Judos de Francia (UEJF). Todo ello, evidentemente para luchar contra el antisionismo (perdn, el antisemistismo) y porque los otros tipos de racismos no son prioritarios.

 

Aparte de los elogios hacia esta asociacin, sabiamente construidos por parte de los polticos y de la prensa mainstream, su discurso ha suscitado muchas crticas porque convierte a la mayora de las musulmanas en eternas vctimas al negarles cualquier existencia meditica y poltica.

 

No nos engaemos, no se trata de un nuevo feminismo sino de un feminismo de Estado sin ninguna base social. Quizs en sus inicios su discurso, en el que todo encaja como por arte de magia (el Islam oprime a las mujeres) unido al impresionante despliegue meditico, cautiv a las masas. Pero pronto baj la espuma.

 

2. La islamofobia como tela de fondo

 

El movimiento NPNS se ha apoyado en tres puntos para mediatizar su accin: el escndalo de las violaciones colectivas, el crimen brutal de la joven Sohane y el debate sobre la ley contra los signos religiosos. En realidad, no se trataba de que progresaran los derechos de las mujeres sino ms bien de estigmatizar al hombre arabo-musulmn de los suburbios, como un granuja que vive entre la mezquita integrista y el cuarto de basuras donde se viola.

 

As apareci un feminismo meditico instrumentalizado con fines polticos para organizar la divisin de gneros en las barriadas y aumentar la islamofobia. Liberemos a la bella Ftima pero dmosle una paliza al peligroso Mohamed no es ms que un atavismo de una gestin de gneros que ya exista en la poca de las colonias con sus ceremonias de desvelamientos de mujeres indgenas.

 

Como lo afirma Elise Lemercier, doctoranda en Sociologa en la universidad de Metz: Al no tener en cuenta la articulacin de las relaciones sociales desde una perspectiva crtica, la accin de NPNS ha producido unos efectos contradictorios como la invisibilidad del sexismo mayoritario, el refuerzo de un sexismo identitario e incluso la legitimacin a posteriori de las discriminaciones hacia las minoras tnicas. Adems, NPNS no se ha enfrentado contra las diferentes formas de racismos internos del movimiento feminista ni contra el beneficio que sacan las mujeres mayoritarias cuando hablan en nombre de todas (5).

 

La situacin de las mujeres de las barriadas no ha mejorado porque aparte de su Gua del respeto, que se reparti en las escuelas y de algunas conferencias muy mediatizadas, su implantacin en los barrios es prcticamente nula. En cambio, su discurso simplificador y sesgado ha tenido unas consecuencias muy negativas.

 

La sociloga y antroploga Christelle Hamel lo resume de la siguiente manera: NPNS tienen razn cuando denuncian la violencia en las barriadas, porque existe, pero el problema es cmo la sociedad francesa percibe esta denuncia. La imagen meditica clsica, era la de un joven rabe delincuente. Ahora se trata de un joven rabe delincuente y violador.

 

El politlogo Hicheme Lehmici va ms all cuando afirma que este movimiento ha permitido que los actores polticos le den la vuelta al discurso y a la visin del problema. De esta manera, los habitantes de las barriadas no son las vctimas de unas polticas errneas sino que han pasado a ser los acusados. Al gobierno le interesaba sobremanera difundir esa visin ya que haba dejado que la situacin social se degradara.

 

NPNS se convierte as en una interlocutora privilegiada para los suburbios, en los que la clase poltica haba fracasado. Eso explica la colaboracin explcita de la clase dirigente y su apoyo a la asociacin.

 

El escritor Pierre Tvanian denuncia el desfase entre el discurso de sus responsables, es decir, concebido y adaptado a la clase poltica meditica dominante (blanca, burguesa, masculina) y los discursos, objetivos y misiones que se supone que defiende la asociacin.

 

El resultado es concluyente: se ha desviado la atencin sobre los verdaderos problemas que afectan a los franceses. Es ms fcil aceptar la violencia en las barriadas que en la sociedad francesa en general y, en ese sentido, se ha instrumentalizado a NPNS.

 

Segn un estudio de Laurent Mucchielli (6), director del Centro de Investigacin Sociolgica sobre el Derecho y las Instituciones Penales (Cesdip), la palabra tournantes, que designa las violaciones colectivas cometidas por jvenes de las barriadas, sera una construccin meditica reciente; y la referencia constante al origen magreb o africano de los violadores ha desembocado en una identificacin entre violaciones colectivas e Islam. En su opinin, es una muestra de la tendencia actual xenfoba que diaboliza a los arabo-musulmanes.

 

Tal y como lo confirman las investigaciones recientes, los casos de violaciones colectivas son escasos y los autores de las mismas muy diversos. Al ocultar un anlisis real de las violaciones colectivas se han fomentado las lecturas culturalistas y los simplismos de la extrema derecha. Es decir, si algunos jvenes de las barriadas son violentos, y en concreto si son violentos contra las mujeres, se debe a su cultura y a su religin.

 

Pretender que el Islam es una religin intrnsecamente violenta y misgina significa faltar a la verdad y atribuirle una esencia inamovible que obliga a meter en el mismo saco a todos los habitantes de un barrio, sin tener en cuenta las individualidades, ni las condiciones sociales e histricas. Y a eso se le llama simple y llanamente islamofobia.

 

3. El pseudo-debate en Espaa

 

Por otro lado, no debemos olvidar que esta asociacin ha sido la instigadora y defensora de la ley contra el velo en Francia. Ana Guerrero, presidenta de la delegacin de NPNS en Barcelona, nos presenta su brillante reflexin al respecto: Yo estoy convencida de que el velo es un instrumento de sumisin y creo que en Espaa se debera empezar a tratar el tema. No me gustara ver a chicas con hiyab en el colegio o en institutos pblicos y quiz dentro de unos aos deberamos observar la ley francesa. Aunque sera fantstico no tener que hacerlo porque eso significara que tenemos un Islam abierto (7).

 

Es decir, hay un Islam abierto y otro cerrado, uno de buenos y otro de malos y las mujeres que llevan el velo pertenecen a ese Islam cerrado y malo. El nivel de reflexin y profundidad argumentativa no puede ser ms elocuente, sin tener en cuenta los estudios sociolgicos actuales que niegan esa visin simplista de la realidad. (8)

 

En su misin salvadora, las mujeres ingratas que se ponen el velo no pueden acceder a esa supuesta liberacin . Las NPNS dicen que son una asociacin feminista que rene a las mujeres de los suburbios parisinos pero en realidad discrimina a las francesas musulmanas que llevan velo ya que est prohibida su adhesin (9). Acaso no la libertad de asociacin y de expresin no se aplica para todos? Y si otra asociacin se atreviera a llevar a cabo una discriminacin bajo un criterio religioso, por ejemplo, una asociacin que prohibiera la adhesin a los ciudadanos que llevasen un crucifijo, cmo reaccionaramos?

 

Segn Ana Guerrero, cre esta asociacin para defender los derechos de las mujeres musulmanas, pero cmo va a defenderlos si lo que pide es que el Estado recorte sus derechos civiles? El Estado no puede entrar en cuestiones que ataen a la libertad personal. Imponer por su bien es el viejo argumento colonialista en el que subyace un sentimiento de superioridad frente al salvaje.

 

As es que ltimamente omos hablar a menudo de la necesidad de llevar a cabo un debate sobre el velo, tanto desde la administracin pblica como desde ciertos sectores feministas extremistas laicos y de ultraderechas (10). Pero si queremos emular al vecino galo, por lo menos debemos conocer todos los aspectos del pseudo-debate y no slo lo que nos llega a travs de la prensa o las versiones oficiales interesadas.

 

Pues debatamos. Debatamos sobre el resultado de esa ley, sobre por qu si una mujer lleva velo no puede trabajar, sobre por qu a veces la miran mal y la insultan, por qu no puede ensear ni aprender en la escuela pblica si lo lleva y por qu siempre se habla en su nombre.

 

La respuesta es evidente para algunos. Juan Mara del Pino, presidente de la Confederacin Andaluza de Asociaciones de Padres de Alumnos de Centros Catlicos (Confapa) est convencido de que el velo es una imposicin machista. Pero desde esa perspectiva, sorprende que a la pobre vctima se le castigue por ello a estar en paro, a sufrir discriminacin y a negarle el derecho constitucional a educarse en una escuela pblica.

 

Pero sigamos debatiendo. Si la caracterstica que tiene el velo es que est cargado de toda una simbologa moral, de recato, separacin de los sexos y supeditacin al varn, como afirma Rosa Mara Rodrguez Magda en una entrevista concedida a El minuto digital (11), entonces por qu las nuevas generaciones de mujeres musulmanas quieren llevarlo voluntariamente y, en algunos casos, incluso lo hacen contra la opinin de su entorno? Por qu se rebelan contra los que intentan vulnerar sus derechos, sean musulmanes o no, si son sumisas? Esas musulmanas no cuentan en sus anlisis sociolgicos objetivos y cientficos?

 

Lo que no sabe, o ms bien, no quiere saber, es que desde hace unos veinte aos, en ese mismo pas en el que se ha prohibido llevar el velo en la escuela, cada vez hay ms adolescentes que deciden llevarlo, ya sea como una reivindicacin religiosa o de identidad. Son francesas y se definen como feministas y musulmanas, exigen tanto llevar velo libremente como luchar contra la obligacin de llevarlo. Desconciertan a los polticos y a los socilogos, a los profesores y feministas de cualquier tipo porque les obligan a cuestionar las representaciones de estas jvenes que han elaborado.

 

No es cierto que todos los movimientos feministas franceses estn a favor de la ley contra el velo, ni que los que estn en contra sean slo musulmanes.

 

Si las asociaciones representantes del Islam institucional aceptaron la ley contra el velo, fue a cambio de asegurarse la eleccin en el CFCM (Conseil Franais du Culte Musulman). Ni siquiera se tomaron la molestia de integrar a las mujeres en el pseudo-debate.

 

Por otro lado, para Christine Delphy, militante histrica por los derechos de las mujeres, se trata de una ley racista. Y arremete contra las feministas antivelo reprochndoles que el feminismo debe ser mundial o sino no es feminismo. Debe tener en cuenta las luchas de todas las mujeres del mundo, y de todos los grupos de mujeres. Esas mujeres [las que llevan velo] slo pueden luchar a partir de su propia vida y de su propia experiencia. Un feminismo que excluye la vida y la experiencia de ciertas mujeres no puede ser vlido.

 

Visto lo visto, darle carta blanca a Fadela Amara y compaa para hablar de feminismo islmico es lo peor que podramos hacer en Espaa, entre otras cosas porque no slo no lo representa sino porque est en contra de sus postulados al asociar Islam y opresin contra las mujeres.

 

Como afirma ngeles Ramrez, profesora de Antropologa de la UAM: Nuestra islamofobia se sustenta en buena parte sobre la situacin de las mujeres de los otros. La islamofobia, adems, argumentada y justificada a partir de una crtica a la situacin de las mujeres musulmanas, sobre todo las del pauelo, que parece que necesitan ser salvadas (12).

 

Antes de salvarnos de nada, se nos debe escuchar. Pero las musulmanas podemos acceder a cualquier tipo de debate pblico sin vender nuestra alma? Vale la pena entrar en un debate artificial creado a partir de prioridades ajenas a las nuestras?

 

 

Notas

 

(1) Estudio sobre la Accin de prevencin de comportamientos sexistas, dirigida a adolescentes menores de 15 aos, p.4

http://www.ecologielibidinale.org/fr/biblio/miel_preventionsexisme.pdf

 

(2) En el presupuesto previsto para 2003, se calcul una financiacin pblica de 466.143 , es decir, el 91,6% de las entradas. http://www.ufcn.org/npns.pdf

 

(3) En una nota de prensa muy escueta de Le Figaro, del 17 de noviembre de 2004.

 

(4) Uno de los objetivos de la asociacin es apoyar al Estado de Israel.

http://www.bnaibrith-france.org/

 

(5) Artculo de Elise Lemercier

http://www.minorites.org/article.php?IDA=16006

 

(6) Artculo aparecido en Le Monde, el 26 de abril de 2005.

 

(7) Reportaje Abrazadas al Islam publicado el 14 de enero de 2007 en El Peridico de Catalua.

 

(8) Se pueden consultar los estudios de la sociloga Amel Boubekeur

http://www.un-instraw.org/en/images/stories/NewVoices/nv-boubekeur.pdf

http://religion.info/french/entretiens/article_68.shtml

 

(9) Segn un artculo publicado en Libration, el 6 de marzo de 2004.

 

(10) El gobierno quiere promover el debate sobre la presencia de signos religiosos en el espacio pblico.

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-28-11-2006/Nacional/los-musulmanes-reclaman-al-gobierno-respeto-a-sus-signos-de-identidad_153188430040.html

 

(11) Se puede leer la entrevista en http://www.minutodigital.com/noticias2/3493.htm

 

(12) El artculo completo http://islamofobia.blogspot.com/2006/11/sexismo-neocolonial.html



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