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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2007

Iraq bien vale una misa

Eduardo Montes de Oca
Insurgente


La Cmara de Representantes haba hecho el esfuerzo, no cabe duda. Sin pronunciarse contra la guerra en s no era para tanto-, haba rechazado, por 246 votos contra 182, el pedido del presidente George W. Bush de sumar unos 21 mil soldados a los 140 mil desplegados ya en el gigantesco matadero en que se ha convertido Iraq para ambas partes: oriundos y forasteros en pose blica. A los republicanos toc entonces el honor de obstruir en el Senado la aprobacin de una resolucin idntica que, por cierto, de triunfar habra sido olmpicamente desdeada por el mandatario, como l mismo ha asegurado.

A todas luces nada importa al hombre una opinin pblica que reclama el repliegue del infierno mesopotmico. Ni el que 70 legisladores de su propio partido se unieran a la mayora del opositor Partido Demcrata ms bien opositor en la forma, que no en el contenido- para propinar a la Casa Blanca en la Cmara Baja una importante derrota legislativa, de acuerdo con el leal saber y entender de diversos analistas.

Que dos de cada tres encuestados rechazan el llamado plan Bush? Bah, hay cosas ms serias en qu pensar. Por ejemplo: en que el dinero con que se sostienen la guerra y la ocupacin comporta un pinge negocio para funcionarios estadounidenses y compaas transnacionales. De ah la solicitud de 245 mil millones de dlares ms, para el perodo 2007-2008.

Y esto dista de infamia, falso testimonio, por Dios. A cualquiera que se sienta agraviado bstele ojear Los Angeles Times del 19 de abril de 2006. All encontrar que una de las primeras mujeres piloto, coronel de la Fuerza Area, portadora de condecoraciones, de nombre Kimberly Olson, ha sido acusada ante un tribunal militar de utilizar su posicin como segunda comandante de Jay Garner para aduearse de tres millones de dlares, en contratos de una empresa privada de seguridad con la que estaba asociada.

Garner? El ro sigue sonando. Algo plmbeo traer en sus entraas. Este general retirado, el primer administrador gringo de Iraq tras la invasin, ahora anda de contratista en el Ejrcito. Y aunque no est vulnerando la letra de la ley se licenci, no?-, el espritu de esta seala, sin equvoco, la huella de un conflicto de intereses. Al menos, surge una pregunta lgica: al situarse a la cabeza de la ocupacin, crea l verdaderamente en la necesidad de la lucha contra el monstruo de Bagdad, Saddam, supuestamente aliado de Al Qaeda y poseedor de devastadoras armas, o se relama de gusto pensando en lo que ganara contratos mediante?

Pero en este contexto tan srdido se conoce mucho ms. Un artculo del Boston Globe del 17 de abril de 2006 asevera -citando a investigadores del Congreso- que constructores estadounidenses estafaron cientos de millones de dlares de los fondos destinados a Iraq. El modus operandi? En algunos casos se pagaba a los contratistas dos veces por el mismo trabajo; en otros, por uno que no haban hecho. Y lo peor, o lo ms sucio: controladores afirman que en estos momentos se investigan cerca de otros cien casos de acusaciones criminales, y otros cientos no se podrn inspeccionar porque en ellos estn implicados altos representantes del Gobierno de los Estados Unidos de Norteamrica!

Un plan ms bien otro plan

En este mbito de brega desesperada por los rditos de la corrupcin, que se unen a los consabidos, los del petrleo, al genio de la Oficina Oval a sus asesores- se le ocurre el misterioso Plan B, que, a juzgar por filtraciones a la prensa, estipula el envo de unos 30 mil nuevos efectivos, en lugar de los 21 mil reclamados a una remisa Cmara de Representantes. Con la suma de estos y los 145 mil soldados desde hace tiempo destacados en las planicies mesopotmicas se espera conseguir el control del Gran Bagdad con unos siete millones de habitantes- y del Iraq central, algo fallido para el ejrcito estadounidense en tres aos y medio de mprobos intentos.

Conforme a observadores de tino, el cacareado plan responde a un mito sostenido por generales del Pentgono crticos con el anterior secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y ansiosos de encontrar un chivo expiatorio. Todo habra salido a pedir de boca si hubiramos enviado un ejrcito ms numeroso, salmodian desafinadamente personas que parecen olvidar hechos como el sealado hace unos meses por el Grupo de Estudios para Iraq, presidido por James Baker. El 61 por ciento de los iraques estaba a favor de los ataques armados contra las tropas integradas y dirigidas por los EE.UU., de acuerdo con varias encuestas calificadas de confiables por diversos analistas

Asimismo se reafirma casi en calidad de axioma el que toda ocupacin impulsa la resistencia. Cuantas ms tropas estadounidenses, ms resistencia, sealan colegas como Patrick Cockburn, a quien un amigo de la zona oeste sunita de Bagdad confes: Los muyaidines han ordenado a todos los jvenes de nuestros distritos que cojan sus pistolas y se organicen por turnos para que siempre estemos protegidos. Y acaso matar a un gringo no protege de un ataque?

Ahora, nuestra fuente pone nfasis y concordamos a plenitud- en que el excedente de tropas podra usarse para un propsito an ms peligroso. El de enfrentarse al Ejrcito del Mehdi, los seguidores del clrigo nacionalista chiita Muqtada al Sadr, a quien USA considera la causa de sus desgracias, y quien, a pesar de haber perdido numerosos milicianos en sus combates contra los ocupantes a lo largo de 2004, se ha granjeado una inmensa credibilidad a los ojos de los iraques. Credibilidad que insufla vigor patritico a sunitas y chiitas, sobre todo en un ambiente de moderados aupados por la Casa Blanca y representados en buena medida por el gobierno ttere de Nuri al Maliki.

Mar de leva

Lo cierto es que, a pesar de planes B y bravatas presidenciales, la resistencia contina operando cada vez a mayor escala. Cuando redactamos estas lneas, suman siete los helicpteros enemigos abatidos por una guerrilla que se crece en tcticas y en podero de fuego, mientras pasan de tres mil cien los soldados norteamericanos muertos y de 23 mil los heridos en acciones blicas desde marzo de 2003. Peritos como el general iraqu retirado Ahmed al Issa consideran que los Estados Unidos tienen la guerra perdida en todos los frentes. Y que las dos posibles soluciones seran aumentar a 200 mil la cantidad de militares o programar una retirada con ciertos arreglos previos con los combatientes locales para evitar vctimas y un caos tremendo.

Caos que se desdobla en hechos tan palpables como que el gobierno cipayo proponga apurar el lanzamiento de un plan de seguridad para recuperar de una vez por todas a Bagdad. Recuperar. Esto, al decir de la colega Stella Calloni, significa que semejante fuerza de ataque con las armas ms poderosas del mundo despus de cuatro aos ni siquiera puede controlar la capital. Lo cual, en lugar de alentar a Bush a partir del cementerio en que est perdido, en el que anda a tumbos, dndose contra las paredes, cayendo en alguna que otra fosa abierta, lo mueve a pedir ms dinero. Y a darse ms golpes con los muros de la gran necrpolis en que se ha convertido Iraq.

Ah, pero eso s: los gringos saben mucho de propaganda y otras hierbas aromticas. Y lo que usted no ve en la televisin simplemente no ha pasado. No ha pasado la insistente afirmacin de la anatematizada resistencia iraqu en el sentido de que ellos no matan a su gente, como hacen creer los asesinos. Nadie podra acusar entonces a los propios yanquis de atizar, con la bomba pronta y subrepticia, el derrame de sangre hermana, por diferencias religiosas o tnicas, para hacer imprescindible a los ojos de las personas de buena fe la permanencia de unas tropas que garantizaran ms que apetecibles ganancias petroleras y de otra ndole.

La publicitada ejecucin de Saddam, que tanto resquemor levant entre los sunitas, podra aparecer aqu como el signo principal de que USA quiere precisamente eso: el resquemor, la animadversin entre iraques, como medio de pescar en aguas revueltas.

Y pescando en esas aguas, a despecho de voces lcidas que, incluso en el interior de Norteamrica, aconsejan la retirada de un Vietnam redivivo y en perspectiva dimensionado, el benemrito inquilino de la Casa Blanca se empea en el turismo de guerra, corroborando la recurrente sentencia de que quien no conozca la historia se encargar de repetirla. Claro, la repetir hasta que de una vez por todas aprenda.



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