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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-02-2007

Latinoamrica y las barriadas marginales: un drama cotidiano de sus grandes ciudades

Marcelo Colussi
Rebelin


En cualquier ciudad relativamente grande de Amrica Latina ya es parte del paisaje cotidiano la presencia de asentamientos humanos irregulares. Reciben diversos nombres: favelas, cantegriles, callampas, tugurios, villas miserias, barrios marginales; pero el fenmeno es siempre el mismo. Son, en definitiva, expresin del fracaso de los modelos econmico-sociales en juego, al igual que otras tantas manifestaciones que hacen al espectculo urbano de la regin: nios de la calle, ejrcitos de vendedores ambulantes informales, basura esparcida, transporte pblico deplorable, a lo que contrasta la presencia de barrios privilegiados amurallados y ultraprotegidos. Cara y cruz de una misma moneda, sin dudas.

Al igual que todas estas formaciones sociales mencionadas, la proliferacin y el crecimiento incesante de estos barrios marginales son procesos complejos, intrincados, donde converge un sinnmero de causas interactuantes. Nadie decide voluntariamente ir a vivir a estos lugares; en todo caso, las condiciones fuerzan a llegar all. Con el agravante que, una vez ah instalado, por diversos motivos se torna muy difcil salir.

Marginalidad, mala calidad o falta de servicios bsicos, violencia y delincuencia como agregados frecuentes, a lo que se agrega la criminalizacin de esa pobreza por el discurso dominante: estigmas todos que definen la situacin de esas populosas barriadas. Viven ah porque quieren, por flojos, por vagos, por falta de espritu de superacin.

El fenmeno, aunque no tiene un momento especfico en el que situar su inicio, ya lleva varias dcadas, y va en aumento progresivo. Diversos motivos lo alimentan: bsicamente es la huda de vastos sectores rurales de su situacin de crnica pobreza que los expulsa hacia la ciudad en bsqueda de nuevos y mejores horizontes; a veces contribuye a este movimiento migratorio el escape de guerras internas que fuerza a las poblaciones a procurarse un ambiente ms seguro, fenmeno particularmente agudo en muchos pases latinoamericanos en las dcadas recin pasadas cuando arreciaron las guerras sucias, llamadas de baja intensidad, en zonas rurales en el marco de la Guerra Fra.

Siendo bsicamente poblacin rural la que llega a estos asentamientos, si bien se integra a la dinmica urbana muchas veces, sin embargo, en economas informales, subterrneas contina conservando patrones de conducta propios de su medio anterior, mantenindose quiz como el ms notorio la constitucin de familias numerosas, con 5, 6 o ms hijos. Lo cual es un problema agregado, pues a la precariedad en que viven se suma la cantidad excesiva de poblacin que tiene que adecuarse a una lgica urbana: no disponen de tierra para cultivos de autosubsistencia, no existen los recursos de sobrevivencia que ofrece el medio rural fuentes de agua cercanas y gratuitas, la naturaleza como supletorio de las instalaciones sanitarias, el hacinamiento forzoso a que conlleva un espacio reducido como puede ser la ladera de un cerro, un barranco, etc., en una ciudad que no permite la dispersin de casas. Situaciones todas que, en el medio agrario de origen, no son problemas; pero que s se tornan tales en una circunstancia nueva y hostil como es un rea urbana no destinada a asentamiento poblacional.

A todo lo cual se agrega otro problema an, quiz ms grave incluso: dado lo irregular y precario de estos asentamientos, su vulnerabilidad es infinitamente mayor que el que presentan urbanizaciones planificadas, donde se han tenido en cuenta problemas estructurales e histricos (es decir: donde se ha desarrollado un ncleo urbano, previo estudio de la situacin ambiental, del impacto a considerarse con esa instalacin, donde se ha previsto la red de servicios bsicos, etc.) En las urbanizaciones precarias la vulnerabilidad ante la ocurrencia de desastres naturales es enorme, y de hecho as lo demuestra cada fenmeno que tiene lugar (son las casitas de cartn las primeras en desbarrancarse de los cerros ante un movimiento ssmico o lluvias torrenciales; o las primeras en ser arrasadas por los ros desbordados cuando se levantan en sus riberas contra toda norma de seguridad).

Si bien los datos de que se dispone no son categricos respecto a esta problemtica y varan mucho de pas a pas, puede estimarse que en algunas ciudades hasta una cuarta parte de su poblacin vive en este tipo de asentamientos. Los distintos gobiernos de la regin latinoamericana tienen diversas modalidades de respuesta, con mayor o menor fortuna. De todos modos es imprescindible sealar que ms all del abordaje tcnico en cuestin, planes de erradicacin, provisin de servicios y mejoramiento de los asentamientos ya constituidos, etc. se trata siempre de acciones coyunturales, vlidas e importantes sin dudas, pero que no pueden terminar con el problema de fondo.

Por qu se dan estos barrios marginales? Es cmo preguntar por qu hay nios de la calle? O preguntar por la contracara de estos barrios precarios: por qu hay urbanizaciones con mansiones, fortificadas y defendidas como castillos feudales, habitadas por quienes disponen todo el poder y los recursos? La pregunta, de algn modo, ya orienta la respuesta: justamente porque la reparticin de la riqueza social es injusta, porque algunos pocos tienen tanto, grandes mayoras se ven excluidas en ese reparto, no quedndole otra suerte que habitar en las improvisadas casitas de cartn, de madera, de plstico, muchas veces sin luz ni agua potable, donde la vida vale poco y la resignacin es la medicina habitualmente recetada.

Esta locura urbanstica que ya pas a ser moneda corriente en cualquier gran ciudad de la regin latinoamericana no es sino un sntoma de la injusticia de base. En algn sentido puede decirse que es tan grande el problema que no tiene una solucin rpida posible. Arreglar esas megpolis significa, en algn sentido, cambiar radicalmente la historia de sus sociedades. Definitivamente no es posible terminar con esta precariedad de enormes masas en todo el continente en tanto no cambien en profundidad las polticas en curso. Y eso va mucho ms all de planes de respuesta tcnica. Es claro, adems, que las administraciones capitalistas de los Estados no estn a la altura del reto que el problema realmente plantea. Regalar algunas lminas de zinc algn tiempo antes de las elecciones no es sino limosna.

Aunque no sea ninguna novedad y pueda resultar reiterativo, nunca es malo enfatizarlo una vez ms: los problemas sociales como el de los asentamientos precarios no pueden arreglarse sin un cambio profundo de estructuras. Es decir: sin un proyecto socialista. Si no hay voluntad revolucionaria de transformar esto, las capas superficiales de pintura que se den no alcanzan. Pueden hermosear un poco la situacin, pero no la tocan en su base. No se equivocaba Rosa Luxemburgo cuando un siglo atrs deca socialismoo barbarie.



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