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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-02-2007

Habla Mario Ferrandi, ex-Prima Linea
Treinta aos despus, otros han optado por la lucha armada en Italia

Fabrizio Gatti
LEspresso

Traducido por Gorka Larrabeiti


Treinta aos despus del 77, otras personas han escogido la lucha armada: por qu vuelve a suceder? Porque un pedazo importante de la historia nacional, responde Mario Ferrandi, de 51 aos, ex terrorista actualmente afiliado al Partido de los Verdes, se ha escondido, como si fuera una colilla, debajo de la alfombra.

Y cul sera este importante trozo de historia?

La Guerra Fra, los aos setenta, la peculiaridad italiana de una sociedad que parece sostenerse sobre un sistema de dobles verdades.

La Guerra Fra no ha terminado?

Es lo que probablemente se preguntaban ms de cien mil personas en la manifestacin de Vicenza. Nosotros tenemos un trozo de historia nacional marcada por trayectorias polticas, culturales, colectivas, nacionales e internacionales que se han eliminado. Por un pacto de comodidad y de inters mutuo entre las generaciones involucradas en estos acontecimientos.

Un trozo de historia an por aclarar pasa por la plaza Navona de Roma. El 12 de mayo de 1977 el Partito Radicale organiza una sentada para celebrar el aniversario del referndum sobre el divorcio. Disparos procedentes de la zona ocupada por la polica y los carabinieri hieren a dos estudiantes. Giorgiana Masi,, de 19 aos, muere poco despus. El 14 de mayo Miln responde con un da de guerra. En la calle De Amicis un grupo de manifestantes dispara a la polica. Muere el vicebrigadiere Antonino Custr. Las fotos de la batalla se convierten en el smbolo de los aos de plomo [expresin con la que se alude a la guerra civil de baja intensidad que se vivi a finales de los aos 70 (n. del t.)]. En esas imgenes sale Mario Ferrandi. En 1977 tiene 21 aos y lleva una 7.65 en el chaleco. Un pasado de estudiante del Liceo Manzoni, en clase con Enrico Mentana [ famoso periodista, actualmente presentador de una tertulia en Canale 5 de Mediaset (n. del t.)]. Y un futuro en Prima Linea. Ferrandi ha rebajado su condena por complicidad en el homicidio del vicebrigadiere, se ha disociado del terrorismo. Su rebelin comienza con sus amigos en el oratorio de via Pezzotti en Miln, el grupo Gente de los jvenes de Azione Cattolica. Despus, la insurreccin. Del movimiento a la lucha armada. Como los 15 detenidos del 12 de febrero pasado entre Turn, Miln y Padua.

Cules seran las similitudes entre vuestra experiencia y las ltimas detenciones?

El hecho de que trabajadores jvenes, jvenes precarios encuentren hoy, a treinta aos de aquel entonces, realista, vivible o preferible una experiencia de ese tipo. Una experiencia que desde el principio est condicionada por la imposibilidad de incidir en la transformacin de la sociedad.

Otros puntos en comn?

S que los hay. Nosotros, por convencin, hemos establecido que se comienza a fechar este asunto con las masacres de Piazza Fontana, con Feltrinelli, con los miedos de los golpes de Estado. Mi generacin poltica creci a la sombra de los estudiantes de Atenas atrincherados dentro de la universidad y ametrallados por los golpistas. Crecimos con esta idea de la fascistizacin del Mediterrneo. Pero la aceptacin de la idea de que la poltica fuera enfrentamiento fsico, implicara clandestinidad, armas, muerte, yo la puedo fechar a partir del discurso de Berlinguer tras el golpe de estado de Chile. Cuando dijo: Nosotros no podemos gobernar en Italia ni siquiera con el 51 por ciento. O sea, se trataba de la idea de que la democracia era un andamiaje, una simulacin. Y de que todos nosotros ramos marionetas dentro de una cpula de hierro internacional que estableca nuestros destinos. Una generacin poltica que no interioriz la democracia como un valor, sino como una farsa. Esto es importante, pues si no se comprende, tampoco se comprende la transmisin a travs de los aos de esta visin.

Sin embargo, el histrico Secretario del PCI muri hace 23 aos.

S, pero a m se me hel la sangre, lo digo francamente, al or algo semejante al discurso de Berlinguer en boca de Prodi con respecto a Vicenza o Afganistn; a saber: que enteras generaciones polticas no tienen la posibilidad de decidir el destino de su pas, de desarrollar la participacin, ni siquiera en el sentido ms comn y corriente que describa Giorgio Gaber. A menos que sea en el marco de un inmenso juego de simulacin.

Por tanto, la manifestacin de Vicenza ha sido una simulacin?

La manifestacin de Vicenza, no. Y an antes, la revuelta contra el loco proyecto de taladrar Val di Susa, lleno de amianto, para construir titnicos pasillos que lleven mercancas improbables hacia el Este, llevndose por delante a la poblacin local. sta es la distancia sideral de una izquierda en el gobierno que parece no entender, como tampoco entenda la clase poltica que prohiba [la cancin] Dios ha muerto de[l grupo] I Nomadi, que impeda a la gente ver una pelcula en los aos 70 o consideraba el divorcio una aberracin. Hoy nuestros hijos, aunque parezca increble, estn reviviendo algo que se parece dramticamente a aquellos aos. Empezando por el testimonio del ltimo anlisis moral de quien opta por las armas que, repito, no tiene ninguna proyeccin poltica realista.

Testimonio moral? En qu sentido?

Como necesidad desesperada de justicia. Una suerte de martirio moderno en el sentido griego del trmino, de puro testimonio: quemo los puentes que me vinculan con esta hipocresa intolerable, con esta percepcin de embustes universales, con este sistema de dobles verdades que debo respirar hasta en la familia. Claro, esto no es lo que a la gente le suele gustar or de un ex terrorista. Me hara falta una especie de inmunidad diplomtica. Es obvio que estoy en contra del terrorismo. Pero el problema es plantearse qu tipo de civilizacin estamos construyendo. Es lo que yo defino como un modelo de sociedad de sumergidos y salvados.

Quines son los sumergidos?

Respondo con las palabras de un responsable de la Camera del lavoro de Sesto San Giovanni. Estamos en 1994. Le digo: he contribuido ocho aos, tendr pensin? Me dice: No: nosotros tuvimos que elegir, no podamos garantizar a todos un sistema de pensiones de reparto, pasaremos a un sistema contributivo. Significa que el resto se va a joder. Luego, las casas populares. Tenemos en Miln el Instituto de casas populares mayor de Europa, pero estas casas donde yo vivo son de 1905. Hace un siglo, con motivo del nacimiento partido socialista tras lo de Bava Beccaris [general que orden disparar a la masa en la huelga el 8 de mayo de 1898, 100 personas murieron, Bava Beccaris fue condecorado, (n.del t.)] se comprendi que haba que garantizar a todos una senda posible para construirse una vida digna. Pero desde finales de los aos ochenta si presentas una solicitud para que te asignen una casa de proteccin oficial te dicen: las listas estn cerradas.

Usted se siente sumergido o a salvo?

Sumergido. Por culpa ma. Pero lo que durante los primeros aos crea que era un problema mo debido a mis errores de juventud, cada ao que pasa me lo vuelvo a encontrar entre los de mi edad que no se salieron de la norma y, sin embargo, se encuentran expulsados del mercado de trabajo. Porque, si no ests cualificado, al mercado de trabajo entras slo por contactos. Pensemos en las oficinas de empleo. Desaparecidas. Pilares de un orden socioeconmico, civil, moderno, en Italia se suprimieron en el transcurso de un lustro. En el paso de lo que se llama Primera Repblica a la Segunda. Y para una sector creciente de jvenes las perspectivas de labrarse una trayectoria de vida slo comparable a la de sus padres es igual a cero.

Y eso justifica la opcin de las armas?

No. Pero crea una rea de marginacin y una percepcin de iniquidad feroz. Y aqu el gatillo que te puede conducir a una rebelin salvaje es que esa misma clase poltica en la que habas depositado tus esperanzas de cambio te niegue la evidencia. Por si fuera poco, una marginacin poltica intencionada est agravando este mecanismo de divisin entre sumergidos y salvados.

Quin margina a los sumergidos?

Cuando la clase poltica habla de la izquierda radical como de un enemigo que hace imposible la adecuacin de Italia a los estndares anglosajones, lo que dice esencialmente es que a aquellos a los que han quedado excluidos de la distribucin de derechos sustanciales, tambin hay que negarles la representacin poltica. Lo que veo es una reproduccin incluso peor de lo que aconteca en aquellos aos.

Qu ha empeorado?

Lo peor es la destruccin de la credibilidad de la democracia como sistema justo y sostenible para el ciudadano comn. El trabajo se paga de acuerdo a la forma. Vas a trabajar haciendo prcticas, seis meses s, seis meses no. Olvdate del puesto fijo: ese discurso dramtico lo hizo hace aos DAlema; a esto, nase al hecho de que l desgrava su barco de vela con el modelo 101, pues l s que es un empleado. Este cinismo, a mi modo de ver, provoca reacciones comprensibles. La cosa es si asumen una salida racional o irracional.

Su hijo se vio involucrado en una pelea con un grupo de fascistas de Forza Nuova y lo detuvieron a los 20 aos.

En la pared de la escuela [los fascistas] haban escrito Judos a la hoguera. Mi hijo es antifascista en el DNA. Las resoluciones judiciales demuestran que fue agredido.

Usted lo apoya?

Francamente estoy dividido. Porque una parte de m quisiera que no se mezclase; sin embargo, otra parte lo entiende porque nos encontramos a 60 aos de la Liberacin, como ocurri en la ltima campaa electoral, con grupos neofascistas en las listas... La verdad es que estoy orgulloso de l.

Fuente en italiano: http://espresso.repubblica.it/dettaglio/Egrave-il-77-che-si-ripete/1518510&ref=hpsp

Vase en Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=2094&lg=es

Gorka Larrabeiti es miembro de Rebelin, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traduccin se puede reproducir libremente con fines no lucrativos, a condicin de respetar su integridad y de mencionar al autor, al traductor y la fuente.



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