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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2007

Los intereses creados

Luis Aguilera Garcia
El Mundo


Est claro que hemos subestimado el poder del alcohol: una apisonadora que pasa por encima de los intereses ajenos y los derechos compartidos, capaz de imponer los intereses particulares sobre los generales.La realidad se ha impuesto y el dinero -ese objeto de deseo que en cantidades abundantes siempre circula por manos de unos pocos, como sucede con los billetes de 500 euros- ha estrechado sus lazos con el miedo a perder poder electoral y ha venido a garantizarle al alcohol su poder casi invencible. Los solidsimos intereses creados, que dira Benavente. A lo largo de esta semana, la opinin pblica ha podido comprobar cmo la discusin poltica sobre la conveniencia de tramitar la anunciada Ley sobre prevencin del consumo de bebidas alcohlicas ha estado ms cerca del esperpento que del cruce de argumentos entre las partes enfrentadas. No es gratuito este recuerdo al estilo que tanto cultiv Valle Incln: hemos tenido mezcla de mundo real y de pesadilla (hay que dar la razn a la ministra de Sanidad cuando asegura que la mayora de las voces crticas parece no haber ledo el anteproyecto; ms de un lder poltico no se ha enterado an que la ley se diriga al menor); hemos tenido abuso del contraste (como si una parte negara derechos fundamentales y la otra los defendiera); y, por supuesto, hemos tenido una deformacin sistemtica de la realidad a base de burla y caricatura (sirva de ejemplo ese futuro desgarrador, lleno de miserias econmicas y despidos masivos que muchos han dibujado como inevitable).

Quiz entre todos los preocupados por la salud hayamos contribuido a un alarmismo injustificable y nos cueste reconocer que estamos equivocados. Puede ser que este inicio de debate social haya sido una prdida innecesaria de tiempo y que, tal vez, no haya ms que mirar las cifras para, efectivamente, quedarse tranquilos: tres millones de chicos, de entre 14 y 17 aos se emborracharn a lo largo de este mes. Slo tres millones. Pero slo este mes? No, una vez al mes durante todo el ao. Por eso pudiera ser que algn despistado manifestara una tmida preocupacin. Bobadas.Frente a eso anteponemos primero nuestra ancestral cultura del alcohol y despus el uso que los ms jvenes saben y deben hacer de su libertad. Y as todos tranquilos: los padres, los educadores, los sanitarios, los polticos, Con tanta cultura y tanta libertad, quin necesita superfluas medidas de regulacin de las bebidas alcohlicas o ridculas iniciativas para intentar disminuir el consumo de alcohol entre los adolescentes?

Ironas aparte, en el fondo todo esto es una prdida de tiempo y ganas de molestar a algn sector econmico de nuestro pas.Supongo que no estoy descubriendo nada. En la definicin del trmino dinero que hace Fernando Savater en su Diccionario Filosfico (1999) escribe que los comentarios histricos en toda poca y lugar sobre el dinero siempre constatan el aumento de su influencia sobre conductas y conciencias. Resulta pues que el dinero es el nico producto social que nunca ha dado sntomas perceptibles de decadencia.

Se me dir que ninguno de los colectivos implicados est en posesin de la verdad. Sin duda, pero tambin es innegable que estamos ante un problema social en el que las posiciones estn divididas y resulta difcil alcanzar acuerdos y consensos. La reciente decisin del Ministerio de Sanidad de retirar indefinidamente el anteproyecto de la ley antialcohol pone de relieve la debilidad de nuestro sistema de convivencia social. Las presiones de los sectores interesados y el temor del Gobierno a que pudieran tambalearse algunos acuerdos polticos han impedido que los representantes legtimos de los espaoles iniciaran por fin un anlisis sosegado y un debate apasionado en busca del consenso social necesario para regular el consumo de las bebidas alcohlicas entre los menores de edad.

El debate parlamentario hubiera sido esa oportunidad, que en ms de una ocasin anterior se haba perdido, de poder abordar en profundidad las consecuencias del alcohol. Una oportunidad que vena prcticamente exigida por el sentido comn a tenor de los datos de la ltima encuesta escolar (ao 2004): un 35% de los menores afirma emborracharse al menos una vez al mes.La misma encuesta hecha 10 aos antes revela que el empeoramiento de la situacin actual es ms que notable. En 1994, los datos indicaban que un 21% de los menores se haba embriagado en el ltimo mes, es decir un milln menos. Y ya por entonces haba opiniones de polticos, sanitarios y ciudadanos dispuestos a declararse -ya sabemos ahora que insensatamente- partidarios de adoptar medidas que protejan la salud de los jvenes ante los riesgos del consumo de alcohol.

Con esta marcha atrs de ltima hora perdemos, insisto, la posibilidad de recordar a los parlamentarios, a los grupos polticos y a toda la sociedad espaola que en el ao 2000 ya se alcanz un acuerdo poltico con la Estrategia Nacional sobre Drogas 2000-2008, publicada en el BOE. En aquel texto se poda leer que a pesar de lo elevado de las prevalencias, persiste una gran tolerancia social respecto al consumo de alcohol y su uso conlleva una muy escasa percepcin de riesgo. Esto dificulta la aplicacin de estrategias dirigidas a la prevencin del alcohol.

Entre las medidas propuestas por entonces se destac la ordenacin de las limitaciones a la publicidad y promocin de las bebidas alcohlicas y tabaco. Esta normativa autonmica deber partir de una norma bsica de carcter estatal. Ordenacin de las limitaciones a la venta y consumo de bebidas alcohlicas y tabaco. Ilusamente, se marcaron entonces objetivos como que en el ao 2003, se habr reducido en un 20% el porcentaje de los jvenes bebedores excesivos y de alto riesgo. En el ao 2003, el consumo de bebidas alcohlicas entre los jvenes durante los fines de semana habr disminuido en un 10%. Se incidir de modo muy especial para frenar la tendencia expansiva entre las adolescentes.

Los perjuicios de cerrar en falso este debate social sern inevitables.El primero ser que al final quede flotando en el ambiente la falsa idea de que el consumo de alcohol entre los menores no es un problema de peso en nuestro pas. Habr quien razone que si la regulacin puede esperar, e incluso no llegar nunca, es porque realmente no hay tal problema. Hasta es posible que algn adolescente atento a la polmica de estos das acabe dando por buena la idea de que las pautas de diversin asociadas al alcohol no deben ser tan malas despus de todo.

Tampoco es descabellado imaginar a ms de un padre concluyendo equivocadamente que si la ley puede esperar es porque a lo mejor basta con que l, el mdico o el profesor eduquen a su chico sobre los riesgos especficos del alcohol a edades tempranas para que ste los tenga en cuenta. As llevamos no aos, sino dcadas, y los datos son tozudos: el consumo de las sustancias psicoactivas como son el alcohol, el cannabis, la cocana o la nicotina en los menores no slo no ha mejorado, sino que en algunos casos ha empeorado. En apenas 10 aos se han hecho mucho ms patentes los riesgos para la salud de nuestros jvenes asociados al consumo de bebidas alcohlicas.

No suele haber soluciones simples para problemas complejos, y ste lo es. Afecta a uno de los colectivos ms sensibles de nuestra sociedad y si miramos para otro lado estaremos eludiendo una responsabilidad que, como adultos, tenemos en relacin con el comportamiento de muchos chavales de 14, 15 16 aos que se emborrachan cada fin de semana. Cualquier solucin pasar por intensificar la investigacin en los programas de prevencin, por incrementar los presupuestos en las prcticas de prevencin que han dado indicios de resultados parciales y por establecer medidas y normas que regulen la oferta de bebidas alcohlicas a los menores.

Si algo nos ha enseado el conocimiento cientfico acumulado en materia de prevencin y de promocin de estilos de vida saludables, es que para los jvenes no valen las ecuaciones simples. Padres, profesionales de la salud y educadores desconocemos muchos de los elementos que condicionan que nuestros hijos adopten comportamientos de riesgo para su salud y su bienestar. Tenemos algunas ideas porque tambin hemos sido adolescentes pero a eso hay que aadir un conocimiento profundo sobre cmo influyen circunstancias como las normas sociales, las relaciones con los amigos, los vnculos con la familia, la presin del grupo de amigos, los efectos de la publicidad, la bsqueda de nuevas experiencias que es propia de la adolescencia o la necesidad que tiene cada menor de sentirse apreciado y reconocido. Todas stas entre otras muchas. Cometeramos un error muy grave si caemos en la simplificacin de un mundo tan complejo como es el de la educacin de los menores porque interesa dar carpetazo a este debate sobre el alcohol que tanto malestar y desconcierto parece que ocasionan.

Consignemos pues un nuevo fracaso. Una cadena de fracasos que empieza en el Gobierno, incapaz de mantener el debate, sigue en la oposicin, que huye y reniega de su pasado, pasa por los profesionales sanitarios, que no hemos sabido transmitir el impacto del alcohol en la salud y el bienestar de nuestros jvenes, y acaba en la sociedad espaola que una vez ms esconde la cabeza y no mira de frente a un problema que le persigue desde largo tiempo. Y los menores? Los menores, a su aire.

Luis Aguilera Garca es presidente de la Sociedad Espaola de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC).



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