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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-02-2007

Hitler en el Reichstag

Jos F. Cornejo
La insignia


Cuando el 30 de enero de 1933, Herman Gring sale de la Cancillera del Reich para anunciar que "Adolf Hitler se ha convertido en el nuevo canciller de Alemania"; la mayora del pueblo alemn sinti jbilo. Cerca del 90 % de los protestantes alemanes, telogos y sacerdotes, se felicitaron y agradecieron a Dios por la "buena nueva" (1). El 29 de marzo, los obispos catlicos publicaron una declaracin en la que retiraban las condenas a las concepciones ideolgicas del nacional-socialismo que haban formulado con anterioridad. Hitler se volva as "aceptable" para los catlicos alemanes.

La derecha tradicional, aliada con Hitler en un gobierno de coalicin donde los nacionalsocialistas slo tenan tres ministros, pensaba que "Hitler era la fachada pero que Hugenberg y Papen dirigan las cosas". Sus opositores, tanto los socialdemocratas del SPD, como los comunistas del KPD, manifestaban una ingenua y total ceguera poltica ante el peligro real que representaba su ascenso. En el SPD pensaban que era un gobierno de coalicin inviable y que pronto se iba a tener que formar otra coalicin gubernamental en la que tal vez ellos podran volver al gobierno. El KPD, partido sometido ferreamente a la direccin de la III Internacional dirigida por Zinoviev, subestimaba tambin el peligro del nazismo y buscaba, de manera dogmtica e ultraizquierdista, reproducir la revolucin bolchevique en Alemania. El KPD calificaba desde 1927 a los socialdemocratas como "socialfascistas" y "enemigo principal" de la revolucin proletaria.

En la actualidad, al volver la mirada hacia ese 30 de enero de 1933, con el conocimiento de lo que sucedera despus, es decir, la ms grande barbarie y la ms terrible catastrofe en la larga lista de horrores que ha conocido la humanidad, dichas reacciones nos parecen completamente insensatas e impensables. Quisiera por ello abordar brevemente tres aspectos ideolgicos, que muchas veces son ignorados por los historiadores del nazismo, para tratar de explicar por qu se tomo por normal, en aquellos aos, lo que ahora nos parece impensable. Mi objetivo se trata de justificar la ceguera de tal o tal bando, sino de aportar elementos que nos permitan enteder por qu se minimiz en Alemania y en el extranjero el significado de la ascencin al poder de Hitler.

Protestantismo y nacionalismo alemn

El protestantismo alemn, desde su aparicin en el siglo XVI con Lutero, se constituy alrededor de dos aspectos que son indisociables. Por un lado reclamaba la total "libertad de creencia" para que cada creyente pudiera establecer, a travs de la lectura de la Biblia, una relacin directa con su dios. La fe religiosa se entenda como una cuestin de libertad personal; pero, al mismo tiempo, esta "libertad de creencia", se organizaba polticamente bajo el principio cuius regio, eius religio, es decir, que la religin del principe deba ser la de sus sujetos. Lo que daba una paradjica relacin de "libertad de creencia" religiosa acompaada de una asociacin al poder poltico. Este tipo de relacin se refuerza en el proceso de construccin de la nacin alemana, donde el luteranismo y el protestantismo en general se buscan convertirse en un elemento esencial de la "identidad alemana". Para los protestantes, la fe y la piedad religiosa estaban intimamente ligadas a la cultura y la nacin alemana. Ser catlico era ser un alemn de segunda categora; ser judio, un cuerpo extrao a la nacin.

Esta relacin entre fe religiosa e "identidad nacional", iba a poner a los protestantes alemanes, en condiciones histricas que ellos no imaginaban, en una trampa mortal y suicida. La derrota alemana en la primera guerra mundial fue vista por el protestantismo como una catastrofe religiosa. La poltica de separacin entra las iglesias y el Estado implementada por la Republica del Weimar se percibi como una campaa contra "la identidad alemana". Adems, los partidos socialdemocrata y comunista practicaban una poltica dogmtica y firmemente hostil frente al problema de la religin, lo que alej de los partidos marxistas a la mayora de los creyentes y los empuj poco a poco en brazos del nacionalsocialismo.

En la medida en que el partido nazi dej de ser un grupusculo de exaltados racistas y revanchistas y se convirti en un partido poltico con aspiraciones de gobierno, fue abandonando su tesis programtica neopagana sobre la religin para presentarse como un partido tolerante y cristiano. En octubre de 1930, para asegurarse al electorado cristiano, Hitler afirmaba: "En nuestro pueblo creemos de manera diferente pero debemos permanecer unidos. (...) Nuestro movimiento es efectivamente cristiano. Estamos llenos del deseo de ver a catlicos y protestantes encontrarse en el profundo sufrimiento de nuestro pueblo". Una vez elegido en 1933 y durante los primeros meses de su gobierno, Hitler no dej de asistir a diferentes ceremonias religiosas y hacer llamados al "Dios todopoderoso" para que lo guiara en el gobierno y bendijera su trabajo, que estaba "al servicio" del pueblo alemn. La propaganda de la prensa nacionalsocialista deca que Hitler buscaba la afirmacin de un Estado cristiano, que la base de su programa de gobierno era el cristianismo.

El gobierno de Hitler no se percibi en los primeros meses de 1933 como una dictadura fascista, sino como un gobierno de derecha nacionalista y convicciones cristianas que iba a restablecer la dignidad de la nacin y borrar las humillaciones que la derrota de la primera guerra le haban impuesto.En la medida en que el rgimen se fue endureciendo y su poltica antisemita y de control total del Estado y de las iglesias se fue radicalizando, los sectores minoritarios dentro del cristianismo protestante que quisieron oponerse al nazismo (como lo demuestra la valerosa figura de Dietrich Bonhoeffer), fueron rapidamente neutralizados y reprimidos. El zorro ya estaba dentro del gallinero.

Racismo y raza blanca

En el siglo XIX se desarrollan paralelamente dos pensamientos fundacionales del universo ideolgico del mundo moderno. Con la revolucin francesa se afirman polticamente las tesis de la igualdad natural de los seres humanos. Libertad personal, no entendida solamente como libertad de creencia, sino como igualdad jurdica ante la sociedad y el estado. La libertad y la igualdad se afirman como derecho fundamental e inalienable de los seres humanos. En la esfera de las sociedades europeas de la poca, esto enfrenta radicalmente los derechos del hombre y del ciudadano con las estructuras monarquicas medievales sostenidas por la Iglesia catlica, dominantes en casi todo el continente. Pero al mismo tiempo, el pensamiento de la Ilustracin que desarrolla las bases de nuestra racionalidad cientfica abre las puertas, sin preverlo, al desarrollo de un "racismo cientfico". Se desarrolla progresivamente la tesis de la desigualdad racial como teora cientfica, es decir, reconocida como "conocimiento verdadero" en parte del mundo acadmico y popular. Esta teora de la diferencia racial no se limitaba a los grupos humanos, sino que ademas inclua una diferencia jerarquica entre los sexos. La teora del "racismo cientfico" es la continuacin, hasta cierto punto, de los racismos "precientficos" y del etnocentrismo en general, pero se demarca radicalmente en otros aspectos que no podemos detenernos a analizar en este artculo. Con justa razn se puede decir, sin embargo, que cuando en las teoras de la Ilustracin y en los debates filosficos del siglo XIX se habla del hombre, se debe leer: "hombre blanco y de sexo masculino".

Desde que se produce la revuelta de esclavos en Hait en 1791, inspirada en parte en la revolucin de 1789, estos dos "universales naturales" son sometidos a una dura prueba y entran en conflicto. La necesidad de extender las polticas coloniales e imperiales obliga y fuerza a encerrar la "universalidad de los derechos naturales del hombre" en la camisa de fuerza de la "desigualdad natural de las razas". El racismo cientfico y la ideologa de la supremaca de la raza blanca se convierten en consenso ideolgico. Lo perverso de esta teora era que consideraba a los seguidores de una religin, el judasmo, como una raza; tesis completamente absurda. En el siglo XIX, este punto de vista era generalizado. Hannah Arendt, en su primer volmen sobre los orgenes del totalitarismo, recuerda que varios filsofos de la Ilustracin francesa eran violentamente antisemitas, pero adems seala como en 1938 un escritor francs como Cline, en su panfleto "Bagatelles pour un massacre", poda publicamente reclamar la masacre de los judios. El odio racial contra los judios no era lamentablemente una particularidad alemana. Diatribas y barbaridades similares a las de Cline se pronunciaban en polaco, ruso, ingles, hungaro, etc.

Las democracias liberales de la epoca (Inglaterra, Francia, Belgica, Holanda) eran democracias imperialistas que necesitaban el argumento ideolgico del racismo y de la superioridad de la raza blanca para justificar su poltica colonial. Como seala Arendt, "el racismo ha sido la poderosa ideologa de las polticas imperialistas". Esta negacin de la igualdad racial de la humanidad se manifiesta nitidamente en abril de 1919 cuando la coalicin de potencias anglosajonas (Estados Unidos, Gran Bretaa y Sudfrica) bloquean la propuesta del Japn de aceptar el principio de la igualdad racial en la Convencin de la Sociedad de Naciones. Ms an, en una democracia-liberal que recin empezaba su aprendizaje imperialista, los Estados Unidos, existan adems leyes de apartheid y prcticas de violenta discriminacin racial contra los grupos indgenas y los negros.

Cuando Hitler decreta en 1935 las leyes de Nremberg para "proteger la sangre alemana y el honor alemn", y la "ley de ciudadana del Reich aleman", que prohiben los matrimonios mixtos y excluyen de la ciudadana alemana a los judios, algunos intelectuales liberales y protestantes argumentaban para justificarlas se estaba haciendo lo mismo que haca el gobierno de EEUU con los negros y los indios. No hay nada de que escandalizarse. Las "democracias-liberales-colonialistas" tenan, como se puede apreciar, los anticuerpos democrticos bien debilitados para atreverse a criticar o cuestionar la poltica racial del nacionalsocialismo. Luego de la barbaridad del holocausto, el "racismo cientfico" se resquebraj ante el espejo del horror que haba provocado. Esta quiebra y desaparicin deslegitim las polticas racistas en los Estados Unidos y las polticas coloniales. Pero la segregacin racial seguira existiendo en los Estados Unidos hasta aos despus de la derrota del nazismo; les cost la vida a Malcolm X y a Martin Luther King, antes de ser considerada ilegal a finales de la dcada de 1960. En cuanto al colonialismo de las potencias europeas, intent conservar sus dominios en el Tercer Mundo, combati brutalmente los movimientos de liberacin nacional (como analiza claramente Franz Fanon, poniendo de relieve las dimensiones de la deshumanizacin) y lleg su fin con el desmoronamiento del imperio colonial portugues en 1974.

La "normalidad" de los fascismos

La revolucin bolchevique de octubre de 1917 introduce una nueva contradiccin en el sistema de referencias ideolgico de principios de siglo. A las contradicciones entre liberales y conservadores clericales, herencia de la revolucin francesa, y las contradicciones interimperialistas por el dominio colonial del mundo, se suma la lucha entre los sectores obreros y populares contra el conjunto de las clases dominantes. Es esta contradiccin la que es percibida por los grupos de poder como la contradiccin principal hasta junio de 1941, es decir, hasta que se produce el ataque de Hitler a la Unin Sovietica. La amenaza revolucionaria articula la poltica exterior de las democracias-liberales-colonialistas en la primera mitad del siglo XX.. Ante el peligro de otras revoluciones bolcheviques se produce una alianza de circunstancias entre ellas y el fascismo, y este ltimo se convierte en una forma de gobierno aceptable. En respuesta a los movimientos revolucionarios socialistas, que se generalizan en el viejo continente bajo el influjo de la revolucin rusa, se implantan progresivamente una serie de gobiernos autoritarios y dictatoriales en varios paises: Hungra, Polonia, Portugal, Italia, Bulgaria. El fascismo, forma de gobierno represiva, dictatorial y autoritaria, se haba convertido en algo "normal" y "aceptable".

Baste citar el ejemplo revelador de un personaje que desempeara el papel de hroe mtico durante la II Guerra Mundial, Winston Churchill, quien pronunci las siguientes palabras en el congreso de la Liga Antisocialista Britnica el 18 de febrero de 1933, es decir, un mes despus de la ascensin de Hitler al poder: "El genio romano, personificado por Mussolini, el ms grande legislador vivo, ha demostrado a numerosas naciones como se puede resistir a la acechante marea socialista y ha indicado la va que puede seguir una nacin cuando es gobernada con coraje." El ltimo fascista "aceptable" sera Franco. Su golpe militar contra la II Repblica espaola cont con el apoyo directo de la Alemania nazi y la Italia fascista,y con la bendicin de El Vaticano, que la consider una "guerra santa". Las democracias-liberales-colonialistas se clararon "neutrales" y slo la Unin Sovitica y Mxico apoyaron a la Repblica espaola.

Meditacin final

Estas reflexiones no pretenden abordar todos los aspectos que estan en la base de la ascencin de Hitler al poder. Kershaw, en su biografa sobre Hitler, analiza muy bien el contexto econmico y las terribles condiciones de miseria en las que viva el pueblo alemn tras la crisis de Wall Street en 1928. Sin embargo, al analizar el fenmeno del nacionalsocialismo, los historiadores tienden a presentarlo dentro de un esquema de confrontacin de democracia contra totalitarismo, minimizando el hecho de que el conflicto se produjo en el contexto de un mundo colonial. La radicalidad del nazismo no puede ser entendida si no la ubicamos en ese contexto ms amplio. El revanchismo alemn y, en particular, el expresado en el nacionalsocialismo, reclamaba no solamente el fn de las abusivas reparaciones de guerra que se le impusieron tras la derrota en la primera guerra mundial. Reclamaba tambin un espacio colonial para Alemania en ese mundo imperialista, el Lebensraum (espacio vital) que Hitler proyectaba en la Europa del este. El nazismo traslada la lucha por la dominacin colonial al viejo continente.

Esto nos obliga a analizar la brutalidad e inhumanidad del holocausto en una perspectiva ms amplia que reducirla simplemente a un acontecimiento "singular", factor muy conveniente para los gobiernos liberales y colonialistas en lo que se refiere a su propio pasado. Aunque reconozcamos la excepcionalidad del holocausto, lo sucedido no se puede entender sin situarlo en la historia de horrores provocados por las polticas imperiales, nos muestran los limites de inhumanidad a los que puede llevar la locura de la dominacin.

La cuestin esta lejos de ser un debate acadmico. Preguntmonos, hoy en da, cules sern los limites del "horror" de la poltica imperial americana. Guantanamo, el primer campo de concentracin del proyecto imperial de EEUU, es algo "normal"? La utilizacin de la bomba atomica en un posible ataque contra Irn, puede ser "normalizada", "racionalizada", aunque sea moralmente condenada por algunos de nuestros gobiernos"? Hasta dnde estamos dispuestos a sacrificar nuestros principios y aceptar lo radicalmente inhumano? Meditemos sobre el significado de la tranquila normalidad de aquel lejano 30 de enero de 1933.

Notas

(1) He consultado los libros de Klaus Scholder: "The Churches and the Third Reich"; Bernard Reymond: "Une eglise croix gamme?"; Clarance Lusane: " Hitler's Black Victims" y la biografa de "Hitler"de Ian Kershaw.



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