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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-02-2007

Retirada de tropas
Tony Blair no pide perdn ni admite la derrota britnica en Irak

Soledad Galiana
Gara


El primer ministro britnico se embarc en la aventura colonial de Estados Unidos desoyendo a sus votantes, a sus especialistas en Oriente Medio e incluso a miembros de su Gabinete, que le abandonaron y criticaron por una decisin justificada con mentiras. Puede haber anunciado la retirada de efectivos militares de Irak, pero el arrepentimiento no forma parte del volcabulario del primer ministro britnico, Tony Blair, que, a pesar de haber anunciado que 1.600 soldados britnicos sern retirados de Irak, sigue negndose a reconocer su responsabilidad por la situacin de caos y violencia en la que se halla inmerso el pas desde su ocupacin.

No creo que debamos pedir perdn por todo lo que estamos haciendo en Irak, afirm Blair durante una entrevista con la BBC. Estamos intentando apoyar a los demcratas frente a los terroristas, asegur, para aadir a continuacin que el nmero de soldados, que quedar reducido a 5.500, volvera a incrementarse si es necesario antes de su retirada definitiva planeada para el 2008.

Las declaraciones se producan antes del anuncio de que el Gobierno britnico ha decidido incrementar sus efectivos en Afganistn con mil soldados ms. Esta decisin se ha interpretado como una seal de que, a pesar del inicio de su retirada de Irak, la poltica exterior britnica de Blair no va a ser desmantelada cuando se retire, sino que mantendr la misma lnea.

No deja de ser irnico que en su retirada Blair no ser recordado por su papel en el proceso de paz irlands, sino por su impulso y participacin en la poltica de agresin estadounidense. Blair se lanz a la guerra contra Irak de cabeza, desoyendo a sus votantes que se manifestaron contra la intervencin britnica en Afganistn e Irak; a sus especialistas en Oriente Medio, que ya anticipaban no slo el conflicto civil que asola al pas en estos momentos, sino tambin los efectos en la regin; e incluso a miembros de su gabinete -Clare Short y los fallecidos Robin Cook y Mo Mowlan- criticaron a Blair y abandonaron su posicin dentro del Gobierno y vivieron la marginacin dentro de su partido debido a su oposicin a la guerra.

Es ahora la guerra de Irak la que clama su cabeza. Y es en estos momentos en los que se incrementa la presin para que se abra una investigacin sobre los errores britnicos durante la guerra y la ocupacin. En un debate que se prolong durante cinco horas en la Cmara de los Lores, en el que se acus a Blair de haber dirigido la opinin pblica con afirmaciones incorrectas y haber daado la imagen del Estado en el mbito internacional, el que fuera secretario de Asuntos Exteriores, Lord Hurd of Westwell, consigui el apoyo de varios ex ministros para esta investigacin. Es una cuestin sobre la que tendr que decidir Gordon Brown cuando, tal y como se espera, sustituya a Blair, aunque los laboristas no se plantean tal investigacin hasta que todas las tropas britnicas abandonen Irak.

En general, la decisin de Blair de reducir el contingente militar britnico no ha desentraado nada nuevo ms all de una realidad constatada por las noticias de Irak: la seguridad, la normalizacin y la democratizacin no se han conseguido, a pesar de que se quiera enmascarar la retirada de tropas con una transferencia de responsabilidades a la Polica iraqu; pero s ha aadido un tono de derrota al presente britnico, que, pese a los muchos aos que han pasado desde su pasado imperial, an padece la resaca de ste.

Una resaca similar a la que sufre Blair, uno de los gobernantes ms populares para los britnicos, al que expertos como Reidar Visser acusan de mantener las tropas en Irak pese al riesgo para no asumir esta derrota.

Pero no olvidemos que sta es una guerra inmoral -por mucho que Blair y Bush, Aznar y Berlusconi afirmaran que se trataba de la defensa de los valores occidentales y de las inexistentes armas de destruccin masiva-, en la que el objetivo final no era liberar Irak, sino el flujo del petrleo. Y mientras se empieza a planear la retirada de los soldados, se implementan las polticas impuestas desde Washington y Londres sobre el Gobierno iraqu, como la ley del petrleo, que abrir esta industria pblica y las mayores reservas en la zona, a la voracidad de las multinacionales. Como John Teeling, director de Petrel Resources, afirma que se morira por acceder a cualquiera de los 70 campos petrolferos descubiertos pero no explotados de Irak.

Una opinin que no comparten el casi milln de iraques muertos desde el 2003, como no la comparten las madres de soldados britnicos muertos en Irak, que han decidido acampar en el exterior de la residencia del primer ministro britnico, en el 10 de Downing Street, exigiendo la retirada de las tropas, equipamiento apropiado mientras se encuentran en el pas y mejores servicios a la vuelta.

Las madres abandonaron su campamento para unirse a la manifestacin organizada por la coalicin Paremos la Guerra que recorri el centro de Londres, desde Hyde Park hasta Trafalgar Square, durante la tarde de ayer.

Los organizadores de la manifestacin calcularon que al menos sesenta mil personas participaron en la marcha de Lon- dres, mientras que la Polica metropolitana rebaj el nmero a diez mil. En Glasgow se reunieron otras tres mil.

Los manifestantes tambin expresaron su oposicin a los planes del Gobierno britnico de reemplazar su programa nuclear Trident por una nueva iniciativa cuyo coste se cifra en unos 30.000 millones de euros y la oferta de Blair para servir de base para algunos de los misiles que Washington pretende distribuir entre sus aliados como parte de su plan de defensa Hijo de la Guerra de las Estrellas de deteccin y destruccin de misiles lanzados contra EEUU.



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