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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-02-2007

Mario Vargas Llosa, el cuerpo de Ernesto Guevara y la religin civil

Gennaro Carotenuto
www.gennarocarotenuto.it



Mario Vargas Llosa, en las pginas de El Pas de Madrid, y en algunas decenas de diarios alrededor del mundo, resea el libro Operacin Che. Historia de una mentira de Estado , escrito por Maite Rico e Bertrand de la Grange, periodistas famosos por demoler mitos izquierdistas como el subcomandante Marcos. Marcos, la genial impostura (1998), o el obispo guatemalteco Juan Gerardi, el asesinato del cual atribuyeron a la misma iglesia para disculpar el gobierno de derechas de lvaro Arz. El nuevo trabajo de la pareja sostiene la tesis que el cuerpo de Ernesto Guevara nunca haya sido encontrado y que los restos sepultados en Cuba en 1997 fueron slo un montaje organizado por Fidel Castro.

El articulo est construido para demoler la imagen de Ernesto Guevara, el sanguinario, burlarse de los ingenuos que en estos aos han visitado el mausoleo de Santa Clara, y atacar a Fidel. Sin embargo tampoco Vargas Llosa atribuye mucho valor al libro. Como mucho dice: "es posible que la hiptesis resulte cierta pero admite que los partes mdicos nunca fueron puestos en duda. Si el presunto scoop periodstico parece irrelevante, el articulo conlleva muchas ms reflexiones.

Vargas Llosa muestra una radical subvaloracin frente a algunos pasajes fundamentales de la construccin de la identidad nacional contempornea: el monumento, el culto del mlite ignoto, la nacin como lugar de hroes en el cual reconocerse, el culto del cuerpo del Hroe, desde Jos Garibaldi a Jos Artigas, desde Napolen Bonaparte a la pierna del General Santa Ana, hasta el cuerpo del Che, que se acerca iconogrficamente al Cristo muerto.

El culto del Hroe es parte de aquella religin civil, que no es ni de derechas ni de izquierdas, pero de la cual son testimonios todas nuestras ciudades, y que es un pasaje fundamental en la creacin del sentido de ciudadana de las sociedades contemporneas y que slo parcialmente degeneraron en la religin poltica del 900, que dio lugar al nacionalismo extremo y al nazismo y fascismo.

Para Vargas Llosa, esta religin civil, de la cual George Mosse habla ya en 1963, fue inventada en 1997, y slo por fines de propaganda, por Fidel Castro. Para el autor no sera as una consecuencia de la Revolucin francesa, acompaado por procesos de inclusin social y de ciudadana y la construccin de imaginarios colectivos nacionales.

Mario Vargas Llosa, que en un lejano pasado fue peruano, seguramente conoce la centralidad de la guerra del Pacfico en la formacin de las identidades nacionales peruana, boliviana y chilena. No debe escaparle la importancia de la figura de Arturo Prat, el marino chileno que muri lanzndose al abordaje del monitor peruano Huscar, para transformarse en el icono eterno del Hroe chileno, celebrado con calles, plazas monumentos y hasta en el billete de 10.000 pesos. Cada estado que se haca nacin tuvo necesidad de smbolos, casi como tuvo necesidad de inclusin social. El Che, el Garibaldi del 900, el guerrillero heroico, que tampoco Vargas Llosa se atreve a demoler del todo, tiene un potencial simblico que pocos hroes en la historia tuvieron; cubano y argentino, latinoamericano y universal. Fidel, con la recuperacin del cuerpo y la construccin del mausoleo, ha simplemente gobernado, no maniobrado ni inventado, un proceso de simbolizacin ya en marcha. Entonces para Vargas Llosa, aquel uso pblico de la historia, que es respetuosa celebracin de los prceres en el Panten de Francia o en el Lincoln Memorial de Estados Unidos, es considerado propaganda y montaje y no est concedido si se refiere a Cuba y a Amrica Latina.

Muchos de los iconos de la historia ajustan las imgenes del Hroe. ste queda ms arriba de las controversias historiogrficas o polticas sobre su vida, o sobre la construccin del mito y de los monumentos que simbolizan y perpetan su figura. Al fin y al cabo, desde Iwo Jima hasta la bandera roja encima del Reichstag en Berln, muchas imgenes del siglo XX son falsas y, al mismo tiempo, fuentes reales de historiografa y de imaginario colectivo.

Pero Vargas Llosa prefiere la mecnica al valor en s. Sus evaluaciones, tan protervas en el aferrarse a la hiptesis de que el mausoleo de Santa Clara fuera un montaje de Fidel, no tienen en ninguna consideracin el valor simblico del mismo. Para Vargas Llosa lo importante es demoler los procesos identitarios producidos por la figura de Ernesto Guevara. En la Cuba pos-revolucionaria, soada por Vargas Llosa, no hay lugar para el Che ni para Jos Mart. Ms bien, para controlar Cuba, ser indispensable poner a cero todo proceso identitario de aquella nacin surgido mucho antes del Che y de Fidel- por elisiones y antagonismo en la relacin con Estados Unidos.

Sin embargo el Che habla a todos, y el Cristo muerto en Valle Grande es cristiano, laico y universal. Ayer como maana acusa a los pretorianos que lo crucificaron, de los cuales Vargas Llosa es un propagandista a tiempo completo. Insiste en definir el Che como marca capitalista. Tiene hasta una parte de razn, pero tergiversa sobre su verdadero temor: que el mito de Ernesto Guevara sobreviva a Fidel y que se sedimente no tanto y no slo como marca socialista, sino tambin como marca identitaria latinoamericana y latinoamericanista.

Aquel mausoleo habla al presente y siembra futuro para generaciones de jvenes latinoamericanos que continan teniendo en el Che una referencia poltica e ideal que vehicula valores universales como la entrega, la generosidad, la solidaridad y la justicia social. Son los valores que, para el totalitarismo del individualismo, la religin poltica de Mario Vargas Llosa, hay que crucificar, ayer en Valle Grande, hoy en Santa Clara.



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