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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-02-2007

Delinearon sus fronteras despus de que se retiraran quienes los haban conquistado durante un siglo
Ruanda: otra vergenza para Occidente

Carlos Machado
Kaosenlared


Ruanda es uno de tantos pases africanos que delinearon sus fronteras despus de que se retiraran quienes los haban conquistado durante un siglo. Algo que no les trajo paz ni mucho menos, ya que las ancestrales luchas internas entre las diferentes etnias que los habitan continan actualmente. Luchas que en muchos casos alcanzaron niveles de masacre, en medio de conflictos polticos abonados, precisamente, por la ambicin de esas etnias de alcanzar el poder, en el cual se fueron alternando. Y a las que no han sido ajenas las grandes potencias occidentales, que como es habitual manejan esos conflictos y quienes los protagonizan a su antojo, cual piezas de un sangriento ajedrez, apoyando poltica y financieramente, adems de la ayuda logstica a travs de armamento, a cada uno de los bandos en pugna. En este caso nos ocuparemos de lo que dio en llamarse como masacre de Ruanda.

Este pas, pequeo como muchos de ese continente apenas supera los 26.000 kilmetros cuadrados- y conocido como el pas de las mil colinas por su conformacin geogrfica, alberga a varias etnias, aunque las que predominan son la Hutu y la Tutsi, siguindolas a mucha distancia la tribu Twa, compuesta por una raza de pigmeos, que a su vez ha quedado ms reducida an luego de las masacres en las que, muy a pesar suyo ya que son muy pacficos, se vieron envueltos. Y esas dos etnias predominantes son las que han protagonizado cruentos enfrentamientos a partir de la independencia, lograda como muchos pases vecinos en los comienzos de la dcada de 1960, conflictos que alcanzaron su punto mximo en la masacre de 1994. Tan marcadas son las diferencias entre hutus y tutsis que, adems de hablar su propia lengua africana, terminaron adoptando el idioma francs los primeros y el ingls los segundos. Ello debido al papel muy marcado que tuvieron los pases occidentales en el conflicto.

Blgica, el pas que haba colonizado Ruanda, opt desde el comienzo de su dominio por privilegiar a la minora tutsi hasta convertirla en una lite. Por su parte, la Iglesia imparti entre los hutus la nocin de su superioridad y los coloc en puestos clave de la administracin colonial. A su vez Francia haba firmado con Ruanda un acuerdo de suministro de armamentos en 1975, y en nombre de la francofona apoy al rgimen dictatorial de los hutus radicales, mientras sus oponentes tutsis, provenientes en su mayora del exilio en Uganda, se haban convertido en anglfonos. Estados Unidos siempre estuvo del lado de los tutsis, y actualmente patrocina la actuacin de Ruanda, junto con Burundi y Uganda, en la guerra de rapia que tiene lugar, desde hace aos, en la Repblica Democrtica del Congo, la ex Zaire, algo de lo que nos ocuparemos ms adelante. Con estos antecedentes, a los que se sum el reparto de intereses entre las potencias occidentales, se lleg a lo que fue conocido como la masacre de Ruanda, un genocidio que se desarroll en slo cuatro meses, entre abril y julio de 1994.

La muerte flota sobre las mil colinas

El 6 de abril de 1994 un misil tierra-aire derrib el avin en el que viajaban, procedentes de Tanzania, los presidentes de Ruanda, Juvenal Habiarymana, y de Burundi, Cyprien Ntaryamira, cuando estaba por aterrizar en el aeropuerto de Kigali, la capital ruandesa, muriendo todos los que iban a bordo. Este atentado y el caos que le sucedi desencadenaron las matanzas.

El gobierno de Ruanda, en ese momento en manos de los hutus y del que se hizo cargo inmediatamente el segundo del presidente Habiarymana, el coronel Theoneste Bagosora, llam a todos los hutus a asesinar a los tutsis, sobre quienes lgicamente recayeron las sospechas por el atentado. Ese llamado a la masacre encontr tambin rpido eco en los medios de comunicacin en manos del gobierno, como la Radio Mille Collines, que incitaron a la poblacin mientras los milicianos actuaban a la par- a matar a todos los tutsis. Para ello los civiles se armaron con mazas, azadas, garrotes, machetes y hachas, elementos que utilizaron a mansalva, aunque en muchos casos las vctimas eran rematadas a tiros.

Antes de que se iniciara el genocidio, se prepararon listas de los tutsis y dirigentes de la oposicin que habran de ser asesinados. Cabe sealar que ya en 1992 el Parlamento belga tena informacin, a travs del embajador en Ruanda, de que se preparaba una solucin definitiva del problema tnico, pero nadie hizo nada al respecto. La faccin hutu en el poder ya se haba propuesto aplicar una solucin final al enfrentamiento tnico que consistiera en terminar el trabajo, es decir no dejar vivos ni a los nios, a diferencia de otras situaciones anteriores, azuzada adems por estar opuesta a la implantacin de un plan internacional de paz promovido por varios pases africanos en los acuerdos de Arusha, Tanzania, que prevea que hutus y tutsis compartieran el poder poltico. Fue as que se movilizaron enormes masas de civiles, con una organizacin cuidadosa y un resultado eficaz, ya que lograron aniquilar los objetivos que se haban planteado, mientras los miles de tutsis que pudieron huir se refugiaron en los pases vecinos.

Se estima en unos 800.000 la cifra aproximada de muertos en esa masacre lo que equivaldra a un 11% de la poblacin total de Ruanda--, entre los que se encontraban tambin hutus moderados que se oponan a la violencia, algunos de ellos incluso unidos con tutsis por matrimonios. A la vez, miles de mujeres que lograron sobrevivir quedaron infectadas con el virus del SIDA, al haber sido vctimas de violaciones.

Una muestra del horror sufrido por las vctimas fue relatado en 2004, al cumplirse diez aos de esa matanza, por Paula Lugones en el diario Clarn, de Buenos Aires. Fue el caso de Marcelin Kwibuka, de la etnia hutu, cuando una horda de tutsis lo oblig, bajo amenazas de matarlo a l y al resto de su familia, a matar a su esposa Franoise, de la etnia tutsi. Segn relat Kwibuka al diario The New York Times, cuando los hutus tocaron a su puerta l les dijo que su esposa no estaba pues se haba escapado. No le creyeron y lo amenazaron de muerte a l y a sus cuatro hijos de 13, 4, y 3 aos y de un mes de edad. Entonces Franoise sali de su escondite. Uno de los incursores le dio un golpe en la cabeza y dijo, sealando a Kwibuka: l mismo debe matarla. Como ste se negaba ella le rog: Por qu vacilas?. Dios sabe que no eres t quien me est matando. Fue as que el machete, empuado por su esposo, cay sobre la cabeza de la mujer.

Ese genocidio termin cuando los tutsis que se encontraban en el exterior se agruparon en el Frente Patritico Ruands (FPR), comandado por Paul Kagame, hoy presidente de Ruanda. En julio de 1994 lograron tomar la capital, Kigali, y con ella el poder. All tuvo desarrollo la otra parte de la masacre. El FPR comenz a perseguir a los hutus hubieran participado de la matanza anterior o no--, y se estima que asesinaron a unos 25.000, mientras otras fuentes elevan esa cifra a 100.000. Muchos huyeron con sus familias hacia el vecino Congo, entonces llamado Zaire. Recin all comenzaron a verse imgenes en los medios de prensa que antes no se ocuparon de la tragedia vivida- mostrando las largas caravanas de refugiados, la desesperacin en las calles de la ciudad zairea de Goma, hasta donde fueron perseguidos por el FPR con la complicidad del gobierno de Uganda y donde se estima que mataron a unos 200.000 hutus ms, y los cuerpos flotando en el fronterizo lago Kivu, donde los pobladores beban agua y lavaban su ropa.

Es as como no se puede achacar esta masacre de Ruanda exclusivamente a una parte u otra, al margen de la cantidad de vctimas contabilizadas y que tambin pudieron haber sido, en su momento, exageradas segn cul de las etnias estuviera en el poder. Pero esos conflictos si bien no revisten las caractersticas genocidas de esa poca de terror- continan hoy en da, en ocasiones a nivel de escaramuzas o crmenes no resueltos.

En cuanto a la tribu de pigmeos Twa, a la que hicimos referencia anteriormente, no es mucho lo que se conoce de ellos. Se sabe que fueron los primeros pobladores de la regin, que eran cazadores en los bosques donde vivan y tambin alfareros, rubro del que posteriormente obtenan alguna ganancia cuando lleg la llamada civilizacin occidental, en realidad la colonizacin belga. Su escaso nmero y su corta estatura no pasaban de 1,50 m- no fueron oposicin para contener las invasiones de agricultores hutus y pastores tutsis, que rpidamente comenzaron a explotarlos como esclavos al considerarlos una etnia menor.

Los Twa, por encontrarse en medio de esa guerra ancestral entre hutus y tutsis, tambin resultaron vctimas de las matanzas, muriendo un 30% de ellos, y su ya escaso nmero qued reducido a alrededor de 11.000, equivalente a slo el 0,3% de la poblacin total de Ruanda. Etnia sumamente pacfica, esa masacre, a la que se sumaron la pobreza extrema y las enfermedades, hicieron mella tambin en su habitual carcter alegre, que los haca cantar y bailar con frecuencia. Ahora slo tratan de subsistir en los bosques que los vieron nacer, o buscando emplearse en los cultivos o en las ciudades.

El hombre fuerte

Paul Kagame, de 49 aos de edad y perteneciente a la etnia tutsi, es el actual presidente de Ruanda. En 1959, durante una de tantas revueltas en las que se persegua a una u otra etnia, en la que murieron unos 30.000 tutsis, y contando con 4 aos de edad, debi huir con su familia a Uganda, radicndose all mientras otros 160.000 tutsis se refugiaban en se y otros pases vecinos. Veinte aos despus, en 1979, comenz su carrera militar, cuando se uni al Ejrcito de Resistencia Nacional (ERN) de Yoweri Mouseveni, pasando cinco aos combatiendo en la guerrilla ugandesa. El 27 de julio de 1985, el Ejrcito de Resistencia Nacional consigui derrocar al presidente Milton Obote y su lder, Yoweri Mouseveni, se convirti as en el nuevo presidente de Uganda. Ese mismo ao Kagame, junto a su amigo Fred Rwigema, particip en la fundacin del Frente Patritico Ruands (FPR), integrado en su mayora por exiliados tutsis ruandeses y que tuvo a Uganda como su primera base.

En octubre de 1990, mientras Kagame participaba en un programa de entrenamiento militar en Fort Leavenworth, Kansas, el FPR invadi Ruanda. A los dos das de comenzada la invasin muri su amigo, Fred Rwigema, y Kagame se convirti en el comandante del FPR. Pese a algunos xitos iniciales, una fuerza compuesta por militares belgas y franceses, hutus y soldados de Zaire forzaron la retirada del FPR. A fines de 1991 repitieron la invasin, nuevamente con xito limitado. De todas maneras esas invasiones incrementaron la tensin tnica en la regin. Comenzaron a llevarse a cabo entonces largas conversaciones de paz entre el FPR y el gobierno de Ruanda, que concluyeron con los acuerdos de Arusha, que incluan la participacin poltica del FPR en Ruanda y la elaboracin de una nueva Constitucin para el pas. Pero a pesar de esos acuerdos, las tensiones no se disolvieron. Fue as como se lleg al da del atentado contra el avin en el que regresaba a Ruanda su presidente, Juvenal Habyarimana, junto a su par de Burundi, el 6 de abril de 1994. Fue el da, tambin, en que se arroj la primera piedra para que comenzara, desde el da posterior y extendindose durante 100 das, la masacre de Ruanda.

Varias fuentes, entre ellas miembros del propio FPR, la fuerza guerrillera liderada por Paul Kagame, sealan a ste como participante directo en aquel atentado, sabiendo o previndolo adrede-- lo que vendra a continuacin. Incluso algunos observadores indican que a Kagame no le import sacrificar a sus compaeros tutsis con tal de quitar el poder a los hutus; saba muy bien que al eliminar al presidente Habyarimana se iba a producir un caos en el pas y se pondra punto final al proceso democrtico. Para conseguir sus objetivos, Kagame contaba con el apoyo prcticamente explcito de Uganda y de Estados Unidos, pases que a su vez utilizaron a los ruandeses tutsis para derrocar al presidente de Zaire, Mobutu Sese Seko, colocando en su lugar a Laurent Kabila, ayudando a los rebeldes congoleos que llevaron a Zaire a ser rebautizado, en 1997, como Repblica Democrtica del Congo.

Sin embargo, los intereses de Estados Unidos en la regin no eran solamente polticos. A partir de esos aos, y continuando luego de la llegada de Kagame al poder con la complicidad aliada de Ruanda, Burundi y Uganda, en la ex Zaire comenz a desarrollarse una guerra que an hoy contina, y que segn algunas estimaciones lleva contabilizados alrededor de 2 millones de muertos. Esa guerra, que ha incluido el asesinato de obispos, sacerdotes y religiosas que advertan sobre el despojo que se avecinaba, es por los recursos mineros del pas como oro y diamantes, pero fundamentalmente por minerales raros como el niobio y el coltn, muy tiles para la industria aeroespacial y satelital norteamericana, adems de otras aplicaciones menores como la telefona celular. Despojo al que no es ajeno, dicho sea de paso, la multinacional Bayer, que participa junto a otras en las explotaciones.

Paul Kagame se instal en el gobierno de Ruanda en julio de 1994, al terminar el genocidio de 100 das. Comenz siendo vicepresidente de Pasteur Bizimungu, extraamente un hutu que se pas al FPR de Kagame cuando militantes de su misma etnia asesinaron a su hermano. Despus de un tiempo de tranquilidad comenzaron las diferencias entre ambos, y en marzo de 2000 Bizimungu fue depuesto y permanece en prisin, accediendo Kagame a la presidencia, en la que contina hasta hoy. El 25 de agosto de 2003 gan por abrumadora mayora las primeras elecciones nacionales efectuadas desde que el FPR lleg al poder, en medio de informes de observadores de la Unin Europea referidos a irregularidades en los comicios y acoso a los partidos de la oposicin.

Firme y obediente aliado de Estados Unidos, Paul Kagame ha sido a la vez muy crtico con el papel desempeado por las Naciones Unidas durante el genocidio de 1994. Adems, las crticas que dirigi a Francia por su actuacin en el mismo, al no tomar medidas preventivas -recordemos que los franceses apoyaban y sostenan militarmente a los hutus-, ocasion en marzo de 2004 una crisis diplomtica entre ambos pases.

El triste papel de Occidente y la onU

En 1994 la Organizacin de las Naciones Unidas (ONU), cuyo Secretario General era entonces el egipcio Boutros Ghali, tena destacadas en Ruanda fuerzas de paz, en los momentos y lugares en que se estaban cometiendo actos de genocidio. Se trataba de MINUAR (Misin de las Naciones Unidas de Asistencia a Ruanda). Si bien su finalidad era contener la escalada de violencia, su mandato no comprenda la capacidad de prevenir un genocidio como el que se desarroll entre abril y julio de ese ao, sino ms bien facilitar, a la larga, un proceso de paz que condujera a la creacin de un gobierno de transicin de base amplia.

La misin era ms pequea en nmero de lo que se haba recomendado inicialmente, no se haba preparado convenientemente y careca de tropas debidamente adiestradas y de pertrechos adecuados. Con este panorama, las fuerzas de la MINUAR optaron por la pasividad cuando se inici el genocidio: no incautaron las armas que se distribuan a los milicianos, pese a tener la autoridad para ello, y en el momento en que se iniciaron las matanzas evacuaron el terreno y dejaron desprotegidas a las vctimas. De todas maneras hubo algunos actos heroicos protagonizados por soldados de esas fuerzas de paz por eleccin propia, quienes perdieron la vida tratando de defender a los perseguidos por los asesinos.

Pese a todas las evidencias la onU, presionada por varios gobiernos occidentales, no calific esas matanzas como genocidio hasta el 25 de mayo, cuando buena parte de la masacre ya se haba consumado, y en lugar de enviar refuerzos a las tropas de paz opt por retirarlas de Ruanda, decisin adoptada por los estados miembros del Consejo de Seguridad. As, las vctimas de la masacre quedaron en el ms absoluto desamparo, y sus perseguidores con las manos totalmente libres para cometer con ellos lo que quisieran. Concretamente, el Consejo de Seguridad decidi reducir el nmero de soldados de MINUAR de 2.700 a 270, lo que ocurri tras el asesinato de diez soldados belgas y del primer ministro de Ruanda, al que esos soldados protegan.

Recin cuando salieron a la luz las reales proporciones de la masacre el Consejo de Seguridad, a mediados de mayo de 1994, decidi autorizar el envo de 5.500 soldados de la onU, pero entre la lentitud de los trmites y la preparacin del traslado fueron pocos los que llegaron antes de que terminara la matanza, lo que se produjo cuando en julio asumi el control del pas el Frente Patritico Rwands (FPR), liderado por Paul Kagame y dominado por los tutsis.

Durante la Conferencia en Memoria del Genocidio de Ruanda, realizada en la sede de la onU el 26 de marzo de 2004, el general canadiense Romeo Dallaire, ex comandante de la MINUAR, seal que el 22 de abril de 1994, cuando ya haban perecido ms de 100.000 personas, el grueso de la fuerza recibi rdenes de retirarse, pero se dispuso que 450 soldados africanos y 13 canadienses permanecieran en sus puestos para observar el desarrollo de la situacin. En un proceso en el que millones de personas fueron asesinadas, heridas o desplazadas, esa misin, ese pequeo grupo de 450 africanos y 13 canadienses, logr salvar a unas 30.000 personas. 

En el conflicto de Ruanda, la onU demostr una vez ms como lo haba hecho pocos aos antes en la guerra contra Yugoeslavia, como lo hizo posteriormente en las regiones que resultaron de la particin yugoeslava, como lo hace actualmente en el conflicto de Kosovo, y como tambin lo hizo en el lanzamiento de Estados Unidos de su guerra contra Irak- que su actuacin ha sido vergonzosa. No hace sino dar la imagen de un organismo dbil, inoperante, con el que las grandes potencias Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China, instaladas como miembros permanentes e inamovibles en el Consejo de Seguridad- hacen de ella lo que les place y manejan tambin a su placer y conveniencia los hilos de la convivencia internacional.

El 15 de septiembre de 1999, una investigacin independiente encargada por el Secretario General de la onU, en esa poca Kofi Annan, y llevada a cabo por una comisin encabezada por Ingvar Carlsson, ex primer ministro de Suecia, determin varias de las fallas de las medidas adoptadas por las Naciones Unidas durante el genocidio de Ruanda. Este informe lleg a la siguiente conclusin: Los responsables de que las Naciones Unidas no hayan impedido ni detenido el genocidio en Ruanda son, en particular, el Secretario General, la Secretara, el Consejo de Seguridad, la MINUAR y el conjunto de los miembros de las Naciones Unidas. En lo que respecta a los ruandeses que haban planificado las matanzas de sus propios compatriotas, que haban incitado a que se cometieran y que las haban llevado a cabo, deban tomarse todas las disposiciones necesarias para su enjuiciamiento en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda y en los tribunales de Ruanda. Las causas del total fracaso de la accin de las Naciones Unidas antes y durante el genocidio de Ruanda se resuman en el informe como la falta de recursos y la falta de voluntad para asumir la responsabilidad de impedir o detener el genocidio.

De los pases occidentales que tomaron partido en el conflicto ruands ya hemos citado algunos aspectos. Estados Unidos apoya a los tutsis, ahora en el poder con el gobierno de Paul Kagame, motivado especialmente por despojar de sus abundantes riquezas mineras a la Repblica del Congo, especialmente minerales raros como el niobio y el coltn, de los que ya mencionamos sus importantes utilidades, para lo cual, como se dijo, sostiene financieramente y con apoyo logstico y de inteligencia a sus cmplices de Ruanda, Burundi y Uganda en una guerra cruenta que ya lleva al menos trece aos. Alemania est tambin interesada en la explotacin de esos minerales, aunque para otros fines, y en tal sentido ya est actuando en la regin la multinacional Bayer, de ese origen. Por su parte Francia contina manteniendo influencia sobre la etnia hutu y brindndole apoyo de variadas formas, entre las que no es ajena la provisin de armamento, ya que los hutus prosiguen sus enfrentamientos con los tutsis a travs de escaramuzas y de guerra de guerrillas.

Pero lo de Francia est alcanzando aspectos de verdadero escndalo incluso al da de hoy, ya que el fiscal del Tribunal Militar de Pars ha abierto una instruccin previa por complicidad en genocidio y/o complicidad en crmenes contra la humanidad, como consecuencia de la denuncia presentada por seis ruandeses a los que el juez actuante escuch hace poco en Kigali, quienes acusan a los soldados franceses de haber ayudado a los genocidas durante la llamada Operacin Turquesa, en 1994. Se ha abierto incluso una etapa judicial suplementaria en la instruccin que tiene como objetivo al ejrcito francs por su accionar en Ruanda al momento del genocidio de 1994. En la vspera del fin de semana de la Navidad pasada, el fiscal militar de Pars anunci la apertura de una informacin judicial que apunta a soldados franceses no identificados hasta el momento. Esta decisin se produce un mes despus de que la magistrada Brigitte Raynaud, juez de instruccin del Tribunal Militar de Pars, se trasladara hasta Ruanda para escuchar las denuncias. Unas denuncias que apuntan, sin designarlos nominalmente, a 2.500 soldados de la Operacin Turquesa, emprendida por Francia en 1994 para establecer en Ruanda una zona humanitaria segura en el momento en que se estaba produciendo la masacre que provoc alrededor de 800.000 muertos.

La informacin judicial abierta solo afecta por ahora a dos de las seis denuncias presentadas, las de Aurea Mukakalisa, que tena 14 aos en el momento de los hechos, e Innocent Gisanura, que tena 27 aos. La primera asegur a la juez de instruccin que los milicianos hutus entraban en nuestro campamento y designaban a tutsis que los militares franceses obligaban a salir del campamento, continuando: Vi a los milicianos matando a los tutsis que haban salido del campamento. Digo, y es la verdad, que he visto a militares franceses matar a tutsis utilizando cuchillos brillantes de grandes dimensiones, refirindose probablemente a bayonetas. Por su parte, Gisanura testimoni sobre la situacin en el poblado de Biserero: Los milicianos nos asaltaban y perseguan, y afirmo que los militares franceses asistan al espectculo desde sus vehculos, sin hacer nada. Se trataba de franceses, porque hablaban francs, eran blancos y tenan la bandera francesa en la manga.

Es muy posible que esta cuestin, como todas las que involucran a militares e incluso a una potencia como Francia, sea tapada o inicialmente pase por un proceso de demoras en su tratamiento hasta que sea convenientemente diluida hasta ser olvidada. Cmo va a atreverse un pequeo pas de negros africanos a enfrentarse con la civilizada Francia?, dirn muchos funcionarios del Palacio del Elseo y no pocos ciudadanos que recuerdan el brete diplomtico en que, hace menos de tres aos, los metiera ante los ojos del mundo el presidente ruands Paul Kagame cuando, como se seal anteriormente, critic abiertamente al pas galo precisamente por su actuacin durante la masacre, sabiendo adems del apoyo de toda ndole que Francia ha brindado y sigue brindando an a los hutus, que por su parte continan luchando contra el actual gobierno tutsi en operaciones de guerrilla, y con armas francesas.

El futuro de Ruanda

De continuar las cosas como hasta ahora, las perspectivas para Ruanda no resultan muy esperanzadoras, por varios factores: el poder se encuentra en manos de un crculo cada vez ms reducido de tutsis en torno al hombre fuerte, Paul Kagame; los hutus mantiene sus iniciativas armadas; el gobierno ruands participa adems activamente en la guerra del Congo; la represin gubernamental se mantiene muy intensa; la situacin econmica es muy grave: el 70% de la poblacin vive bajo el lmite de pobreza; la aplicacin de la justicia es lenta, ineficaz y desigual, con 120.000 detenidos a los que no se les ha abierto proceso, de los cuales muchos mueren por las condiciones en que se encuentran, en tanto suele ocurrir que un detenido liberado es asesinado; el hecho de que el genocidio diezmara a los intelectuales del pas agrega dificultades para su recuperacin; y no existe ninguna iniciativa oficial en favor de la reconciliacin.

Sin embargo, en medio de tanto horror vivido y del caos que an persiste, han ido apareciendo algunas seales positivas: adems de que se van reconstruyendo viviendas, comienzan a proliferar las asociaciones de ciudadanos comunes y corrientes, como las de mujeres generalmente solas y con terribles experiencias a cuestas; las de defensa del medio ambiente; las cooperativas de crdito; etc. Pero la ms influyente es la asociacin que nuclea a las vctimas, denominada Ibuka (Recurdalo), que trabaja contra el olvido y la negacin y mantiene algunos lugares destruidos como recordatorios. Tales los casos de las iglesias de Nyamata y de Murambi.

La masacre de Ruanda, otra de las guerras olvidadas en las que se han perdido centenares de miles de vidas humanas, por lo general de la poblacin a la que nada le preocupa el juego poltico de quienes la gobiernan y slo pretenden vivir en paz con sus cultivos, su ganado o su alfarera. Vctimas de un sangriento juego de ajedrez que disputan, utilizndolas como peones, las grandes potencias mundiales y cuyo premio al ganador puede ser un ambicionado mineral, los recursos petrolferos o todo a la vez.

Ibuka. Y para recordarlo dejaremos para el final esta cancin que ahora canta la pacfica tribu Twa, aquella que de su caracterstica alegra pas ahora a vivir en el sufrimiento, por esa guerra olvidada que los envolvi sin quererlo. Nos reunamos y bailbamos.

Pero ahora todo ha cambiado.

Es muy difcil reunirse y bailar,

Porque la mayora han muerto.



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