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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2007

Palabras al recibir el Doctorado Honoris Causa en la Universidad Mayor de San Marcos, en Lima
El arte tiene que ser honesto

Silvio Rodrguez
Juventud Rebelde


Recibir este honor de la Universidad Mayor de San Marcos, Decana de Amrica, excede cualquier reconocimiento que pudiera soar. El hecho de que tanta ilustracin universal haya pasado por sus aulas, que este premio lo hayan recibido cubanos como Fidel, Nicols Guilln y Eusebio Leal, y sobre todo la certidumbre de que Csar Vallejo estudi aqu, me hace sentir usurpador. Muchas veces he proclamado que el autor de Poemas Humanos tuvo un efecto fundacional en m.

S que, segn el protocolo de estos actos, ahora me tocara dar una clase magistral. Pero solo soy un cantor popular que, para colmo, siempre ha tenido claro que practica un oficio que no suele ensearse, una profesin sin ctedra. Aunque esto es rigurosamente cierto, para ser ms justo debera agregar que existen al menos regiones de la vida que nos ensean. La escuela de un cantor puede comenzar en las tonadas con que nos duermen las abuelas y con las melodas que escuchamos salir de la cocina mientras nuestra infancia corretea. Son lecciones todo lo que acontece en los hogares, si es que nacemos con la fortuna de un techo, y escuelas son las calles, las ciudades, los dioses y los hroes que nos esperan cuando abrimos los ojos, como queriendo sellar nuestra suerte.

Hay muchas formas de cantar y todas parecen necesarias, o al menos tienen sus profetas. Dicen que cada manera est determinada por cierta zona de los gustos. Pero cantar tambin es una lucrativa carrera y por eso es parte de la llamada industria del entretenimiento. Uno de los fines de esta curiosa forma de produccin es fomentar y expandir una msica que nos distraiga en las horas llamadas libres. Para eso fabrican sus canciones y ritmos, que suelen ofertar cuerpos maravillosos y rostros inolvidables. Debo admitir que yo tambin admiro la simpata y la destreza de esos cuerpos y que mis pies, que no piensan, pueden marcar compases repetitivos. Pero mi entendimiento rechaza la fbrica que intenta adicionarme a lo vaco. Presto atencin, sin embargo, a todo el que se toma en serio su trabajo y trata de hacerlo bien, aun si es un asalariado de la industria del entretenimiento. Lamento si su entorno no le permite otra forma de supervivencia que ponerse al servicio de la compraventa. Pero conozco a otros que han desafiado ese destino y asumen los riesgos de su libertad. A esos que no ceden al facilismo domesticado son a los que identifico como familia. Y es que las melodas que tarareaba mi madre, los sones que bail en mi juventud, los himnos que aprend en mi adolescencia y, en fin, la adoracin a la cancin en mi pas, me hicieron asumir mi oficio como necesidad, y no he tenido ms remedio que cantar como una aspiracin cultural.

Tambin tuve la suerte de tener algunas ideas sobre mundo, antes de sentir el impulso, la necesidad de cantarlo. Recib lecciones de mi propio pas, cuando en 1961 se realiz la campaa de alfabetizacin a la que nos sumamos 100 000 estudiantes secundarios. A los 14 aos me separ de mi familia por primera vez para subir montaas y sumergirme en cinagas, para recorrer distantes parajes enseando a leer y a escribir, y a la vez para aprender la estremecedora leccin de los que haban sido olvidados. Pero ms que sin analfabetos, inaugurbamos un pas de mujeres y hombres que, con el apetito del saber abierto, seguan estudiando. Fue entonces que nuestras escuelas y universidades empezaron a crecer y a multiplicarse. Por eso en 1967, cuando empec a mostrar mis canciones, nuestros niveles de escolaridad iban en franco desarrollo. Haber sido soldado de aquella primera gesta que como lema llevaba un pensamiento de Jos Mart: Ser cultos para ser libres, y cuya bandera era el saber sin discriminacin, me hizo pensar que a partir de entonces ya nada sera igual en Cuba, ni siquiera las canciones.

Una transformacin esencial estaba ocurriendo: la prctica humanista nos mejoraba como gentes y aquella mejora hechiz cualesquiera que fueran los propsitos de cada cual. Cuando yo me puse a hacer canciones la tica y la esttica ya eran compaeras. El arte, como parte de la vanguardia espiritual, pensaba yo, deba esforzarse por estar a la altura de la nueva realidad. Un poco antes Alejo Carpentier haba inaugurado la Editora Nacional de Cuba y la literatura empez a circular a precios populares; el Universo rechazaba la guerra contra Vietnam; Casa de las Amricas hiz el Primer Encuentro de la Cancin Protesta; eran los aos del boom literario, del Novo Cinema y del Nuevo Cine Latinoamericanos. Varios compaeros de generacin vivamos lo mismo, habamos llegado a conclusiones parecidas y poco a poco nos fuimos encontrando. Nuestras canciones, en un inicio aisladas por la soledad, empezaron a manifestarse como una corriente juvenil que primero fue identificada como trova moderna o como trova joven, hasta que fue llamada nueva trova.

La nueva trova nunca fue un movimiento estticamente homogneo y mucho menos pretendi fundar un estilo musical. Lo primero que nos cohesion fue tener, ms o menos, la misma edad y el momento social que viva Cuba, con el que nos identificbamos. Vivir al lado de un pas tan grande y con medios tan poderosos nos mostraba que era necesario conocer y reproducir nuestras melodas de antao, para que las canciones por venir no olvidaran sus orgenes. Pero lo novedoso es como un pie forzado para las nuevas generaciones, que siempre llegan con la lgica aspiracin de una voz propia. Quiz por eso la ruptura llamaba tanto mi atencin. Nos tocaba ser jvenes en un tiempo que tambin era joven y nuestra sociedad cambiante nos exiga tanto, que respondamos con una dolorosa honestidad. Creo que ese desgarramiento fue la mdula de nuestro aporte. En definitiva a qu se le puede dar crdito en este mundo sino a lo que desafa los abismos?

He ledo muchas veces que el compromiso con las aspiraciones de cada tiempo histrico suele ser sustancial para la expresin artstica. Pero esta verdad natural no se puede interpretar como una directriz, porque corremos el riesgo de convertir la realidad en su propia caricatura. Lo programtico se muerde la cola, por eso, antes que nada, el arte tiene que ser honesto. Cuando alguien le pregunt cmo pensaba que deba ser una cancin, Jos Antonio Mndez, autor de boleros eternos como La gloria eres t, con la noble sonrisa que lo caracterizaba respondi: Sincera. La cancin debe ser siempre sincera.

Cantar es un arte antiguo y extendido por nuestra diversa geografa. Posiblemente no exista actividad de nuestros pueblos que no est reflejada en alguna cancin. Queda mucho por saber de nuestros cantos y ese conocimiento nos ayudar a saber ms de nosotros mismos. El compromiso con el amor y con la belleza, con lo real y con lo imaginado, y sin dudas con el reclamo de justicia social que signa nuestra historia, son esencias de la cancin latinoamericana. Esa suma de virtudes es la que la mantiene viva y digna. Por eso quiero terminar dando gracias a todos los cantores que esperan por la simple mencin que los salve del anonimato y que han sido y son paradigmas de nuestras certezas.

Gracias, hermanas y hermanos del Per, pas de cultura dorada, pueblo generoso que atesora sabidura, canciones y ejemplos dignos de amor y respeto, como el del joven poeta inmolado, Javier Heraud. Gracias, hermano Hildebrando Prez Grande; gracias, Escuela de Literatura; gracias a este insigne centro Mayor de estudios, Universal al punto de premiar a un trovador. Por supuesto que interpreto este gesto como un abrazo de pueblo a pueblo. Lo acepto en nombre de maestros como Sindo Garay y Teresita Fernndez, de la trova cubana de todos los tiempos, de mi aguerrida generacin y muy especialmente en nombre de Noel Nicola, hermano que hace poco se nos fue, pero que antes nos dej ejemplares versiones cantadas de la inmortal poesa de Csar Vallejo.




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