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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-03-2007

Las polticas fascistas en su intento de construccin de un gnero femenino "al servicio de la patria"

Miguel lvarez-Peralta
Rebelin

Demonizacin de la liberacin de la mujer, entronizacin de la madre y el trabajo domstico para "engrandecer" la nacin


I parte

Una somera comparacin entre las diversas manifestaciones del fascismo, la versin alemana, la italiana y la versin espaola para adentrarnos en las caractersticas ideolgicas de cada una y sus respectivas polticas de gnero, nos descubre lo siguiente:

El italiano fue el primer rgimen fascista y el pionero por tanto en desarrollar el discurso sobre la mujer-familia, asignndole a la mujer el papel de centro de la familia como esposa y madre, garante de su unidad y a travs de sta, de la unidad de la nacin. De esta manera liga el rol de la mujer al objetivo ltimo de su poltica y, en sus propios trminos, lo "dignifica".

La menor importancia, (incluso ausencia) de la tradicin catlica en el fascismo alemn supone una diferencia clave por la tradicin represiva que esta tradicin conlleva y su cultura del miedo, la culpa y la sumisin. El fascismo nazi explicita que el mundo masculino es grande, es el mundo de la poltica, el trabajo y el estado. El mundo de la mujer en cambio es ms pequeo, pero igualmente necesario para que el mundo del hombre funcione. Es el mundo de la familia, la casa, lo domstico.

La versin espaola tuvo una poltica de gnero centrada en dos pilares: la sumisin o la lucha contra la emancipacin de la mujer y la modernizacin del modelo de mujer, entendida como adquisicin de conocimientos tcnicos que le ayuden a optimizar su rol asignado como columna vertebral de la vida familiar.

El primero de estos pilares, abortar cualquier intento de emancipacin de las mujeres, tena por objetivo demonizar la liberacin de la mujer respecto de su sumisin al sistema patriarcal, como uno de los peores males que podan acaecer a la sociedad.

"El deber de las mujeres para con la patria es formar familias", aseguraba Primo de Rivera en 1938, durante un discurso ante la Seccin Femenina. Con esta frase queda claro que la familia es ms que una opcin personal o una forma pragmtica de organizacin, es un deber poltico que exige la nacin.

El fascismo se opone al ciudadanismo republicano que patrocina la revolucin francesa, tachndolo de individualista. Y se opone mediante la promocin de la sagrada estructura familiar como elemento poltico base de la patria y unidad de produccin de nuevos trabajadores-soldados, smbolo de la potencia del pas. Crea un papel femenino y luego a la vez le da reconocimiento en su plan poltico global.

Por este motivo el fascismo considera al Neomaltusianismo un enemigo del matrimonio. El papel del matrimonio es procrear y su deber hacer muchos hijos. Mussolini afirm "cuesta 5 min. hacer un can y 20 aos hacer un camisa negra". En este terreno se crean sinergias entre la iglesia catlica y el estado fascista.

El segundo pilar de la poltica de gnero fascista fue la modernizacin, entendida como actualizacin del rol de la mujer a las exigencias y posibilidades de la sociedad industrial fondista. Se hace hincapi en la adquisicin de conocimientos en salud, nutricin, higiene domstica y de habilidades y tcnicas que incrementen la productividad del trabajo domstico de la mujer y el bienestar de las familias espaolas: la aplicacin a las tareas domsticas de la organizacin cientfica del trabajo, utilizando como agentes de modernizacin la publicidad, las revistas para mujeres, programas de televisin y radio, etc.

En ningn caso la modernizacin del rol femenino contiene connotaciones de emancipacin o alcance de nuevas cotas de libertad. No se altera la "naturaleza" subordinada de la mujer, sino que se hace del modelo de mujer, e incluso de su cuerpo, una cuestin poltica y pblica, identificando el cuerpo vigoroso y entregado como un smbolo de la fortaleza nacional. Es la poca de la Educcin fsica obligatoria, en que las crticas de los sectores de la iglesia catlica salvaguardando las formas no exhibicionistas de la misma.

Una mujer sana, fuerte y limpia est preparada para ser madre y mejorar la raza. Este era el papel de la Seccin Femenina. Numerosas campaas de cuidados y escuelas de maternidad, que eran percibidas muy positivamente por sus destinatarios, socializaron la preocupacin por la salud de los nios espaoles y por tanto de sus madres.

De esta forma en realidad el fascismo se limit a potenciar y legislar los modelos que otros regmenes democrticos forjaban por la va cultural.

II parte

A la hora de analizar desde la perspectiva del materialismo dialctico la construccin del gnero femenino que intent el rgimen fascista en el estado espaol, es imprescindible servirnos del concepto de hegemona cultural manejado por Antonio Gramsci: la ideologa de la clase dominante como ideologa principal pero no nica en cada formacin social concreta.

Partimos de la identificacin de las dos principales influencias en el aparato cultural-poltico fascista: el fascismo pasado por el filtro falangista y el catolicismo tradicional de la iglesia espaola, esencialmente reaccionario. Esta segunda influencia determinar ciertas caractersticas propias del fascismo espaol.

No hubo un acuerdo completo entre el modelo de mujer propuesto desde el catolicismo y el propuesto por falange. Falange fue defensora de la gimnasia femenina, de la mujer potente, sana, atltica, como smbolo de madre frtil y de una patria sana. La iglesia no asuma del todo proyecto eugensico de la mejora de la raza, prefera una mujer casta y pura, asexuada, y criticaba los movimientos y vestimentas empleados en el deporte por incitadores y provocativos.

A travs de numerosas obras de lectura "ligera", cuya misin era vulgarizar el concepto de mujer catlico-falangista, entre las que se cuentan ttulos como "Joven esposa", "Pura hasta el altar", etc nos han llegado los detalles concretos de este modelo y sus mecanismos de reproduccin ideolgica. Otras fuentes muy influyentes, como pueden ser los sermones dominicales de misa, son de muy difcil consulta dad su naturaleza oral y efmera.

A travs de estas obras, que a menudo se empleaban como regalo intencionalmente ideolgico y terminaban en la biblioteca familiar sin llegar a ser ledas, influenciando igualmente a travs de sus ttulos e ilustraciones, se infunda el temor al pecado llevado hasta la angustia vital. El mal acecha por todas partes y es necesario vivir en actitud vigilante y de permanente sospecha. Ante esta realidad pobre y vil, el discurso-gua del nacional-catolicismo aparece como salvador de la mujer y guardin de la pureza mediante un sencillo modelo de conducta basado en unos pocos axiomas.

Se dibuja (literalmente, a travs de carteles e ilustraciones) un mundo dicotmico en que existen dos formas de ser mujer: la mujer ngel y la mujer demonio.

La primera en sus dos vertientes: la catlica, de cuerpo etreo y luminoso, austera, pdica, pasiva y servicial prcticamente sin funcin sexual; y la de la Seccin Femenina, ms activa, deportista, frtil procreadora dentro de la estructura familiar, que bien podra ser ejemplificada en la figura de Pilar Primo de Rivera.

La segunda, la femme-fatale o mujer vampiro ejemplifica la senda del mal. Es sensual y ertica, herramientas de las que se vale para seducir y controlar a sus vctimas (es autnoma y decide por si misma). Va asociada a la perdicin, tanto propia como de su familia y de sus amantes, y es ejemplificada por diferentes actrices de cine.

La sociedad industrial permite separar claramente las esferas de lo reproductivo-privado y de lo productivo-pblico. En sociedades anteriores era menos clara esta divisin, que exigir de una cualificacin profesional y una total entrega de cada mitad de la sociedad a sus respectivos mbitos.

Se forja as una concepcin de la mujer como dependiente. Nunca se piensa en ella como dotada de identidad propia, sino como hija, hermana, novia, esposa, madres o abuela de uno u otro hombre. Su identidad es precisamente la alteridad.

Pero este era solo el modelo ideal. Por supuesto que la realidad jams se ajusta al cien por cien a los modelos cuturalmente imperantes, a pesar de que estos, una vez interiorizados tergiversan toda nuestra percepcin del entorno y de nuestras propias vidas.

Las mujeres que vivieron bajo el franquismo se relatan su propia vida empleando estos conceptos: "yo nunca he trabajado", "desempeaba solo mis labores" son algunas mentiras interiorizadas por muchsimas trabajadoras que sacaban adelante pequeas empresas familiares y oficios considerados de sus respectivos hombres.

Se asoci trabajo a la percepcin de salario. Los padrones y registros elaborados desde esta concepcin aportan datos poco vlidos respecto a la situacin laboral de las espaolas. Igualmente el modelo de mujer frtil que contribuya con numerosos hijos sanos al desarrollo de la nacin, qued en el terreno de lo ideal, pues los datos demuestran que Espaa tuvo una cada del ndice de natalidad precisamente entre 1930 y 1960, as como unos ndices de mujeres no casadas superiores al 50% entre 1940 y 1950.

Es por tanto importante diferenciar entre el modelo propugnado por el estado catlico-fascista, de mujer dependiente dedicada a la intendencia del hogar y la reproduccin, y su plasmacin real en las vidas materiales de las clases trabajadoras espaolas que bajo el vivieron, y que albergaron otros modelos tericos y prcticos que sobrevivan "en resistencia" contra el oficial y sus polticas de implantacin.

Qu qued de estos modelos?

El modelo de las Working Girls, imperante a partir de los aos 80 en que la lucha feminista pero tambin las necesidades del capital especulativo exigen la incorporacin de la mujer al mbito productivo, no encuentra una contrapartida equilibrada en la incorporacin del hombre al mbito reproductivo y domstico. La barrera de lo pblico-privado ha sido transgredida solo en un sentido y muy parcialmente.

Para alcanzar una justa equidad entre sexos y la igualdad de oportunidades es imprescindible que se produzca en ambos y de forma global.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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