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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-03-2007

Se llama Mathias Pan, tiene 26 aos y ha ido a los tribunales para poder aceptar un generoso regalo. Su problema es que es un mono.
Un mono reclama sus derechos

Nina Horaczek
Die Zeit


Mathias Pan no se comporta como cabra esperar de alguien a quien se le acaba de hacer un regalo en metlico: el joven chirra con los dientes, da golpes con los puos, y hace ya tiempo que habra tirado al suelo a sus visitantes si no fuera por la mampara de cristal blindado.

Pan, a quien sus amigos llaman Hiasi, ha aumentado su fortuna en 5000 euros, pero no est muy contento por ello, pues este inquilino de un refugio de animales en las proximidades de Viena es un pan troglodytes, es decir, un chimpanc, y por tanto slo podr acceder a su fortuna si el juzgado le asigna a una persona que administre sus bienes; as se especifica en el contrato de donacin legalizado ante notario. Hiasi necesita un administrador.

Con este truco jurdico, el viens Martin Balluch, presidente de la asociacin de derechos de los animales "Verein gegen Tierfabriken" (Asociacin contra las fbricas de animales), conocida por su activismo, pretende iniciar tambin en Austria un debate que a nivel internacional hace ya tiempo que causa alboroto: el reconocimiento de los "grandes simios", chimpanc, bonobo, orangutn y gorila, como seres similares a los humanos, y por tanto como sujetos de derechos.

De entrada, parece una idea revolucionaria. Pero en Nueva Zelanda ya en 1999 se les concedi derechos especiales a los grandes simios en su calidad de "homnidos no humanos". En Espaa, el tema se est debatiendo desde 2006. Y la ciencia tambin le ofrece al defensor de los animales Balluch argumentos a favor de su inusitado propsito. En la Universidad de Viena hay dos catedrticos de la Facultad de Derecho que han presentado un "dictamen sobre la cuestin de la capacidad jurdica de los grandes simios". El alemn Volker Sommer, un catedrtico de antropologa evolutiva de renombre internacional, le da la razn a los defensores de los animales. De acuerdo con Sommer, "en el momento actual ya no es sostenible una divisin que pretende distinguir entre humanos y grandes simios, puesto que carecemos para ellos de criterios unvocos, biolgicos, mentales o sociales." Recientemente, unos investigadores han podido demostrar que los congneres de Hiasi que viven en libertad incluso se van de caza con lanzas que confeccionan ellos mismos. Hace ya tiempo que se sabe que los chimpancs son capaces de hacer la guerra y la paz.

Michael Schwibbe del Centro Primatolgico Alemn en Gotinga explica hasta dnde llega el parentesco entre ser humano y chimpanc, quienes segn los conocimientos actuales comparten como mnimo el 98,4% de su material gentico. "Es concebible que los humanos y los chimpancs puedan tener descendencia comn", afirma el cientfico, "pues desde el punto de vista gentico la distancia entre el asno y el caballo es mayor que la que existe entre el hombre y un gran simio."

Dejando de lado la cuestin de la descendencia, los monos tienen con nosotros una proximidad mucho mayor de la que muchos imaginan. Hiasi se reconoce en el espejo, juega a pillar y al escondite como los nios pequeos, y le dan ataques de risa cuando se le hace cosquillas en las axilas. A su cuidadora la saluda con un besito; sin embargo, cuando pasan extraos por su recinto, reacciona de forma menos relajada.

Todo esto no le impresiona mucho al tribunal competente de la pequea localidad de Mdling, cerca de Viena. La juez Barbara Bart comunic que se continuar con el procedimiento cuando Hiasi presente una partida de nacimiento. Balluch, el amante de los monos, replica con los documentos del Convenio de Washington sobre el Comercio de Especies Amenazadas (CITES), los cuales demuestran que el mono no posee papeles por haber sido secuestrado. Al chimpanc lo trajeron de contrabando a Austria en 1982, por encargo de una empresa farmacutica, y la polica del aeropuerto lo encontr de manera casual. "Si no conseguimos convencer al tribunal, llegaremos hasta el Tribunal Supremo", dice Stefan Traxler, el abogado de Balluch.

Los jueces del Tribunal Supremos probablemente no fallarn hasta un futuro lejano. Para entonces es fcil que el problema ya se haya "resuelto" solo. Los expertos calculan que dentro de diez aos tal vez los humanos hayan llevado a los congneres de Hiasi hasta la extincin. Entonces ya no necesitarn ningn administrador.

Traducido del alemn para Rebelin por Anah Seri.

Enlace al original: http://www.zeit.de/online/2007/10/affe



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