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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-03-2007

El debate sobre la "pldora del da despus"
Los defensores de la familia

Juan Francisco Coloane
Argenpress.info



La distribucin de la llamada pldora del da despus, -que abre el acceso a menores de edad, por su libre opcin, al uso de un anticonceptivo-, ha generado un debate dentro de un clima de limitada libertad de expresin.

Este clima de sutil represin al debate pblico sobre temas de reconstruccin social, ms que una tendencia, se ha instalado como un rasgo del pas. Sucede en un pas que an no se despercude de los efectos sociopolticos de una dictadura militar, que en la retrospeccin, cal ms hondo de lo comnmente imaginable.

En 1996, se observ otro ejemplo revelador de un debate que para una buena masa crtica de polticos de cpula, se reduca a un tema valrico, y no a una discusin de antropolgica cultural. A propsito, por un defecto curricular, o una macabra tendencia, en Chile la profesin de Antroplogo es ms conocida por los servicios en las indagaciones de restos de detenidos desaparecidos, que por debates en el mbito de la cultura.

Un ejemplo revelador ocurri durante el Gobierno del Presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle. En 1996, el pas comenzaba a discutir las Jornadas de Conversacin sobre Afectividad y Sexualidad implementadas en los colegios (JOCAS). Los grupos respaldados por el poder de la Iglesia Catlica, calificaron estas jornadas de explcitas y antivalricas. No se poda mencionar la palabra condn, ni hacer una descripcin de la cpula en clases. Las JOCAS abortaron y en definitiva demostraron que un tema central en Chile es el derecho del menor, a la informacin,

Lo ms ntido en esta falta de debate, ha sido la aplicacin de conceptos absolutos. En las reacciones ms acaloradas, a los propagadores de la pldora, se les acusa de contribuir a la destruccin de la familia. Una vez ms se obliga a plantear la pregunta: De qu familia se est hablando?

As como el concepto de estado-nacin y fundamentos como soberanas y derechos territoriales, se sienten arcaicos frente a la vertiginosidad de la globalizacin, la familia, concepto mitolgico y teolgico de varios milenios, comienza a sufrir embates violentos. No es que la familia est siendo vctima de una modernidad mal enfocada. Se observa ms bien el que no pueda absorber una dinmica social proveniente de un voluntarismo social reprimido. Este, muchas veces es conducido con fines polticos unilaterales, o con un sistema normativo que se sustenta en s mismo, donde no se ven claros los objetivos.

En la legin anti distribucin de la pldora, se difunde un concepto de familia reducindolo a solo un tipo. Es como la medida absoluta del Metro guardada en Francia. El debate es forzado y mal enfocado, porque un sector del liderazgo poltico -especialmente de la Alianza por Chile y del conservadurismo de derecha- parte del supuesto de que con el rechazo a la distribucin de la pastilla, se protege a la familia, y ese concepto particular de familia. Los que promueven su distribucin, aparecen como no protectores de la familia, o simplemente destructores.

Una discusin parecida ocurra en las luchas por los derechos civiles en los EEUU, particularmente en el Sur, a fines de los aos 50, cuando los estadounidenses de origen europeo, acusaban a otros blancos de estar en contra de la familia, cuando defendan los derechos civiles de los ciudadanos de origen africano.

La idea moderna de derechos humanos surge de la oposicin entre naturaleza y cultura, y de all se replantea el concepto de familia. Dos 'cliches' originados en el siglo XVIII dieron vida a esta idea de los derechos: primero la vida, la libertad y la bsqueda de la felicidad; y luego, la igualdad y la fraternidad. Estos principios no son percibidos del mismo modo y los supuestos que los generaron en el siglo XVIII, ya no existen. En la medida en que se perdieron estos fundamentos en cuanto a la humanidad en general, es an ms difcil aplicarlos a la familia.

El supuesto bsico era que la psiquis tena una dignidad natural (muchos siguen conservando la misma idea). Esta integridad de las necesidades psquicas, aparece de una oposicin entre naturaleza y cultura. Si se perjudican los sentimientos de una persona, es una violacin de los derechos naturales. La bsqueda de la felicidad, fue una formulacin de esa integridad psquica, y la fraternidad fue otra. Es la persona natural quien posee el derecho psquico, no el individuo.

El concepto peculiar de cultura en contraposicin a la naturaleza, comenz a arraigarse en Europa en el siglo XVIII. La emergencia de la Ciudad ayud a los ciudadanos a distinguir lo natural de lo privado, asociar lo natural con lo privado, y la cultura con lo pblico. Las metrpolis latinoamericanas han seguido el patrn europeo.

El concepto moderno del bienestar de la familia, del bienestar infantil y juvenil, proviene directamente de estas ideas de oposicin, entre lo privado y lo pblico, y sobre la naturaleza y la cultura. Los nios y los jvenes, como seres altamente condicionados y vulnerables dentro del mbito de la familia no pertenecan al dominio pblico. Slo los adultos pertenecan a ambos mundos, el privado y el pblico, as como el natural y la cultura. Sobre estas ideas, se ha edificado la conceptualizacin de la familia y los derechos, para mantener un status quo en las transformaciones sociales. Es una tendencia global, que se manifiesta con ms virulencia en los pueblos que se han sometido a dictaduras o tiranas.

Que en Chile se necesitara tanto tiempo para lograr el reconocimiento generalizado de problemas sociales tales como el alcoholismo y la drogadiccin juvenil, el comportamiento anmico al interior de la familia, la sexualidad y el embarazo precoz, es una manifestacin de procesos psquicos que no se pueden expresar en trminos pblicos.

El orden de la naturaleza podra ser debatido o desafiado por los ms iluminados, ya que al analizar las transacciones emocionales al interior de la familia, se discute el problema de la naturaleza. Que las personas tienen derechos naturales era una consecuencia lgica de la idea de que todas las cosas buenas que comparten los seres humanos, se manifiestan en el ncleo de la naturaleza: la familia.

As, la sociedad funciona con sistemas que amenazan las transacciones psquicas al interior de la familia (poniendo en peligro la unidad de lo natural y lo privado), y la sociedad se niega a reconocer rpidamente las disfunciones que se producen. Esto ocurre porque implica cuestionar el carcter divino de la naturaleza, y la familia.

Desde esta perspectiva, oponerse a la distribucin de esta pldora, es estar en contra de los derechos ms bsicos de la infancia y de la juventud, y en consecuencia, de la familia. Los que creen protegerla, ms bien la destruyen de raz. As como los blancos de Missisipi de los aos 50, destruan la posibilidad de los derechos civiles al establecer solo un concepto de familia.

Los detentores del discurso anti tirana, y del individualismo liberal, con su negativa a la distribucin, se ven atrapados en sus propias contradicciones, obstruyendo la posibilidad de la libre opcin. Para el mercado y la explotacin, practican el antitotalitarismo, y se propagan de hiperliberales. En el lenguaje y el engranaje social, se transforman en manipuladores polticos y potenciales dictadores.

Las determinantes del sistema poltico


El concepto de da despus respecto a un mtodo de prevencin de libre opcin, tiene aura potica. A juzgar por el tipo de debate generado, -falso y polarizado en apariencia- el clima para hacer poesa en este espacio de la actividad pblica, est condicionado por las determinantes del sistema poltico.

As como Chile ha acomodado un tipo de gobernabilidad muy sui generis, a travs del actual sistema de representatividad poltica, el proceso de asumir un debate sin restricciones sobre temas de sexualidad y familia en los sistemas educativos, sufre de insuperables coartadas polticas. El objetivo es evitar la incorporacin amplia de la ciudadana para la construccin de la agenda pblica. Esta como puede resultar obvio, es producto de una direccin poltica de algunos ilustrados, que tienen una forma muy particular de filosofa poltica. Esta gobernabilidad acomodada, o dirigida en lo subyacente por la antropologa de una dictadura muy palpable por lo reciente, se ve beneficiada por la virtual ausencia de debate pblico sobre estos temas definidos sectariamente como de valricos. El modelito chileno, en estos planos, como eptome del neoconservadurismo en la regin, goza de buena salud en el corto plazo, pero se infringe una herida cultural en el tiempo.

Tampoco se ha formado una masa crtica de opositores al actual clima de acoso al debate pblico, que permita decir que se vive en una sociedad abierta. A la hora de los qu hubo, es ms dctil para la convivencia, compartir el pisco sour en la ancdota social, o en la actividad filantrpica que produce dividendos polticos o comerciales. Esta se esconde ahora detrs de una nueva moda como la responsabilidad social, al parecer sacada del catlogo del neo leninismo, aunque sin ruptura de la acumulacin de capital. En este clima de gobernabilidad acomodada, es frecuente escuchar y leer en Chile una elaboracin convertida en slogan: Total hay que comparar a Chile con el resto de Sudamrica, inestable, inseguro, y proclive al populismo, antesala de la insurgencia.Nosotros, (- no se define quines son esos nosotros-), estamos bien as.

Es decir, en temas del llamado sector valrico, -SIDA por ejemplo- el debate pblico es aqul donde cuentan, las opiniones polticas que estn en juego dentro del sistema de eleccin parlamentaria vigente: dos mega sectores que distribuyen el poder. Sera interesante la opinin del maestro Giovanni Sartori al respecto, en el sentido si el actual sistema poltico en Chile -de binominlismo- , ayuda a generar un verdadero debate pblico y una real agenda pblica. Los que votan son los que opinan? Los que votan por una determinada opcin, son los que forman la agenda?

La poblacin ha aceptado esta forma de convivencia, porque el sector ms crtico al sistema sociopoltico actual -refugiado en el espacio extraparlamentario- no ha podido quebrar la hegemona de los dos bandos que se disputan la supremaca en el actual sistema. Durante estos 18 aos del perodo pos dictadura, ni el desgaste natural de una coalicin con la misma cantidad de aos en el poder, ni la postura antittica en cuanto a libertad de la derecha tradicional y de nuevo tipo respecto a la necesidad de cambiar la raz del sistema poltico, ni el estancamiento en el combate a la exclusin, han podido abrir una brecha poltica en el macro sistema del poder. Empricamente, por los 18 aos de elecciones bajo este sistema poltico, la poblacin lo acepta abrumadoramente.

As, la oposicin extraparlamentaria no ha sido capaz de crecer. Se reconocen problemas propios en opiniones rescatadas en sus medios acorralados. La cultura poltica establecida ha funcionado como un compacto de accin y mensaje infranqueable, haciendo aparecer a esta oposicin, como un reducto de remanentes de la izquierda de los sesenta. Este es otro slogan para evitar ese debate pblico y construccin de una gobernabilidad ms real y menos acomodada. El mensaje en los 18 aos de democracia en este plano ha sido claro, y Chile es el gran ejemplo para diseminar. El actual sistema poltico, en la prctica del da a da, convierte a la crtica extraparlamentaria -en la percepcin del pblico-, en un paso a la insurgencia.

Esta situacin de polaridad, no es diferente a la que exista durante el siglo 20, en la poca previa al nazismo en Alemania y el nacimiento del fascismo en Italia. Se reproduce con sus propias formas en las sociedades pos coloniales, as como en las que han asumido diversas estructuras polticas bajo el espejismo del liberalismo, en el perodo neo colonial pos dcada de los aos 70.




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