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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-03-2007

La ofensiva de la derecha

Jos Antonio Errejn
Corriente Alterna


Con ocasin de la concesin por el gobierno de la prisin atenuada a Iaki de Juana la derecha ha incrementado su presin social con explcitas llamadas a la rebelin que en la tradicin de la derecha espaola tiene trgicas evocaciones.

No se le puede negar al PP su condicin de gran partido de la derecha y a su direccin el tener una clara definicin de sus objetivos polticos. No es solo una referencia electoral indiscutida para millones de electores de todas las clases sociales sino que mantiene unas relaciones orgnicas intensas basadas en una movilizacin social sin precedentes y una militancia entusiasta y bien distribuida geogrficamente(1). La poltica de su direccin actual, que no ha variado un pice desde el comienzo de la legislatura, se basa en la negacin de la legitimidad del gobierno del PSOE y se actualiza en un enfrentamiento permanente con las iniciativas polticas que ste emprende. Consciente de la bonanza econmica en que se desenvuelve la accin del gobierno, solo entra en esta materia cuando ve amenazado alguno de los bastiones de poder creados durante sus mandatos, como el caso de la privatizada ENDESA. Es por tanto la suya una oposicin centrada en el campo poltico, sabedores de que la poltica econmica de Solbes difcilmente va a disgustar a los Florentino Prez, Koplowitz, Entrecanales, Botn, etc. Ni siquiera la extensin de los derechos sociales(como la ley de dependencia) ha despertado su inters opositor, convencidos de que ms all de los discursos de Caldera ,va a representar una buena oportunidad de negocio para un sector en expansin. Solo en el supuesto de que el Gobierno se viera obligado a reducir la generosidad en el tratamiento fiscal de las inversiones en vivienda o en planes de pensiones, afectando as a la clase media satisfecha, se decidiran a intervenir en este terreno econmico.

Por el momento encuentra argumentos y fuentes de oposicin suficientes en los tmidos intentos del PSOE de reformar el Estado (2). Conocedor y beneficiario de las posibilidades de fortalecimiento territorial que suponen a los dos grandes partidos polticos la desconcentracin administrativa y de recursos financieros del Estado de las Autonomas, contempla con pavor un escenario que hiciera posible el ejercicio del derecho a la autodeterminacin de los vascos porque sabe que eso supondra su desaparicin del mapa poltico vasco, cubierto con creces el espacio de la derecha por el PNV.

La direccin del PSOE parece confiar en que la radicalizacin del PP asustar a su electorado ms moderado y le ofrecer una oportunidad de arrebatrselo, siquiera sea parcialmente. Confa en que las componentes guerracivilistas del discurso del PP asusten a la burguesa ms modernizante que le apoya y la empuje a confiar sus asuntos al nico partido de la UE y el capitalismo moderno siguiendo el curso que tan buenos resultados (desde este punto de vista) diera a Gonzlez en los ochenta. Es por eso que a veces parece provocar a Rajoy a que vaya mucho ms lejos de lo que quisiera, echndole en brazos de sus dos segundones y de la FAES. Mientras l, el Gobierno, se refugia en una mayora parlamentaria construida por el miedo al PP, escenificando una y otra vez el papel de talante dialogante frente a las brutales embestidas de la derecha, por momentos adquiriendo tintes fascistoides. No acepta el reto de la movilizacin ciudadana o, cuando lo hace, adquiere un tono tan desvado que hace percibir a la opinin pblica que carece de opiniones firmes. Se ha obstinado en una gestin meramente tcnica del proceso de paz y eso priva a sus partidarios los del Gobierno y los del proceso de paz, que son bastantes ms- de una identidad que oponer a la nica que hoy se manifiesta socialmente que es la del neofranquismo . El republicanismolight que lo inspira desconfa de las identidades marcadas a las que relaciona con el comunitarismo de izquierdas o de derechas.

La izquierda anticapitalista no puede contemplar indiferente el curso de este conflicto. Su resultado puede mejorar o empeorar an ms su adversa situacin poltica. La que podra haber sido una legislatura de avance en el terreno de los derechos sociales que recuperara los retrocesos del perodo 2000-20004 se ha convertido, por efecto de una agenda poltica en la que no ha sido capaz de influir, en una ocasin de reagrupamiento de toda la derecha y de fortalecimiento de sus posiciones ms extremas. Solo desde una estrecha (y miserable) ptica electoralista se puede contemplar con satisfaccin la emergencia de un referente poltico homologado con los que ya forman grupo en el Parlamento Europeo. Durante algn tiempo el PS francs en el gobierno jug a aprendiz de brujo con Le Pen y los resultados estn a la vista. Los sindicatos UGT y CCOO (no digamos IU) haran bien en observar cmo ha evolucionado el electorado en los antiguos bastiones comunistas de Francia.

En todo caso y planteado el pulso en los trminos en que lo est, su resolucin no puede favorecernos en ningn caso. Si lo gana el PP, el corrimiento a la derecha de la escena poltica podra llevar a la izquierda anticapitalista al borde de la legalidad o a la marginalidad, teniendo que operar en todo caso en un escenario mucho ms adverso. Si lo gana el PSOE, es claro que va a sentirse obligado a compensaral electorado de centro dando muestras de que tambin es capaz de ejercer la autoridad (la promesa de poner un polica en cada escuela puede ser un adelanto). Ni sofisma por nuestra parte ni mala fe por la del PSOE, simple clculo poltico. Su direccin, con la experiencia del 14m del 2004, confa en que el apoyo de la gente anticapitalista le sale gratis y que lo seguir siendo mientras no haya una opcin electoral que sientan como propia.

En este conflicto la posicin de la izquierda anticapitalista solo puede ser de apoyo militante al proceso de paz. Pacientemente y desde abajo, hay que llevar a cabo una labor pedaggica que reduzca primero y equilibre despus la devastadora labor de mentiras y envenenamiento llevada a cabo por la COPE, TELEMADRID, EL MUNDO, LA RAZN, etc. Y hay que hacerlo dando la cara y levantando un movimiento ciudadano democrtico que reclame para s un protagonismo esencial en la gestin del proceso de paz, como condicin esencial para llevarlo a buen trmino.



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