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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-03-2007

En torno a Manuel Sacristn
Un maestro que visitaba talleres de imprenta

Francisco Fernndez Buey
Rebelin


Hay maestros en la escuela, maestros en el taller, maestros en la produccin artstica y maestros en la universidad. En la Espaa de la II Repblica hubo excelentes maestros de escuela, muchos de ellos asesinados o desterrados por la Dictadura. Manolo Sacristn nos recordaba esto siempre que vena al caso para decirnos a continuacin que para lograr una sociedad civilmente democrtica haba que volver a dignificar esta profesin. Eran tiempos en los que cuando se hablaba de los maestros de escuela se empleaba la minscula; la mayscula o las letras capitales se reservaban para los Maestros del Pensar, para los Maestros de la Universidad, a los que por lo general se consideraba maestros en un sentido superlativo.

Manolo Sacristn usaba mucho la palabra maestro en el amistoso sentido coloquial que en un tiempo tuvo para el castellano y que se ha ido perdiendo. La usaba sobre todo para dirigirse a personas prximas, a las que quera, en el momento del encuentro. Nadie se siente maestro cuando le llaman maestro en este sentido; simplemente se siente reconocido, prximo. Esta forma de abordar al otro o de iniciar una conversacin amistosa ya no era habitual en la Barcelona de entonces. Luego he odo pronunciar la palabra en contextos as, todava, en algunos ambientes andaluces. Sin duda, maestro, en este sentido afectivo que digo, era una de las palabras preferidas de Manolo Sacristn, seguramente una herencia familiar.

Pero luego estaban los maestros propiamente dichos, como se sola decir entonces. Manolo Sacristn sola alabar al maestro de escuela, a cuya dignificacin dedic muchsimas horas, sobre todo a mediados de la dcada de los setenta, poco antes de la muerte de Franco. Una de las varias cosas interesantes que l hizo en esos aos, no siempre bien recordada, fue precisamente dar forma a la plataforma reivindicativa que las maestras (porque muchas, la mayora, de los maestros propiamente dichos eran mujeres) rojas de la Barcelona de entonces estaban elaborando, con la vista puesta en lo que tena que haber sido la Huelga General de la Enseanza. De entre las llamadas fuerzas de la cultura o cultifuerzas, como l sola decir con humor, Manolo Sacristn apreciaba sobre todo el papel de las maestras y maestros porque estaba convencido de que, desgraciadamente, el franquismo les estaba convirtiendo en los parias del trabajo intelectual. Pocas veces he visto desplegar a Manolo Sacristn tanta pasin como en esos aos en que, fuera de la universidad, se entreg a construir lo que llambamos frente de la enseanza.

Otros maestros por los que senta especial predileccin eran los maestros de los oficios, los maestros de taller, aquel tipo de trabajadores que haban deslumbrado a Marx en Pars y cuya manera de comunicarse y convivir le hicieron comunista, segn dijo l mismo. Manolo Sacristn apreciaba mucho los saberes de este tipo de maestros del trabajo manual, sobre todo el de impresores y linotipistas, no slo porque algunos de ellos hubieran estado en el origen del movimiento obrero organizado, que as fue, sino tambin por el vnculo entre buen hacer y bien pensar que vea en ellos. Cuando trabajaba en asuntos editoriales le gustaba ir a las imprentas y seguir y discutir personalmente con los impresores el proceso tcnico de produccin de los libros o revistas. Y esto, por lo que pude observar en varias ocasiones, no slo por aquello de la supervisin de la obra bien hecha, sino por placer: por el estar con ellos, por el olor de las viejas imprentas, por la conversacin con los obreros, por la conviccin de que tambin el trabajo intelectual es trabajo en la produccin, por aprender tcnicas nuevas, por el vnculo que esto tiene con la produccin artstica.

De todos los maestros, los que menos gustaban a Manolo Sacristn eran los Maestros Universitarios del Pensar y Slo del Pensar, los maestros-mandarines para cuya actividad la ideologa dominante reserva maysculas y capitales. Claro que se dir: Pero l mismo era un Maestro Universitario, un Filsofo que hizo escuela. Y lo era, desde luego. Acaso no le reconocemos como introductor de la lgica formal, marxista insigne y profesor universitario apreciadsimo para varias generaciones de estudiantes? Slo que Manolo Sacristn no se pareca en casi nada a los filsofos acadmicos contemporneos y en nada a los mandarines del pensar de la poca. Esto puede parecer raro, y hasta contradictorio, as que exige una explicacin.

Manolo Sacristn no era un filsofo licenciado ni un intelectual tradicional. Era un maestro de la estirpe socrtica, de los que enlazan con el machadiano Juan de Mairena. Hablaba muy bien, hasta el punto de fascinar a los auditorios con su mtodo, su rigor, su precisin y su conocimiento de la lengua. Por no hablaba por hablar. Escriba estupendamente, en uno de los mejores castellanos que yo haya tenido ocasin de leer en aquellos aos. Pero no escriba por escribir. Hablaba y escriba con rigor, claridad y precisin siempre para otros, siempre para servir, siempre para ser til a aquellos que, como dira el conde Arnaldo, con l iban (o iban a l). Y como con l entonces iban muchos (o iban muchos a l para pedirle consejo o conocimiento), escribi y habl de muchas cosas. Estoy seguro de que, como los grandes maestros, por su compromiso social y poltico, escribi y, sobre todo habl, de ms cosas de las que le hubiera gustado hablar o escribir.

Por eso mismo han podido considerar maestro a Manolo Sacristn gentes muy distintas y de muy variada procedencia: sindicalistas y obreros que estaban saliendo del analfabetismo, maestros de profesin y profesores de instituto, docentes aniversarios y filsofos acadmicos, cientficos sociales y cientficos naturales, activistas del comunismo y activistas del ecologismo y del movimiento por la paz. Para unos, que queran salir del analfabetismo para escribir una carta a la familia o leer un peridico, habr sido un maestro en sentido estricto de la palabra. Para otros, que buscaban orientacin en la lucha antifranquista o en la crisis del comunismo, habr sido un abridor de ojos. Para quienes buscaban un mtodo cientfico o un programa cientfico habr sido, sobre todo, un profesor innovador y original.

Lo ms notable, lo que hizo de Manolo Sacristn un maestro diferente para tantas personas con intereses y preocupaciones diferentes, es la capacidad que tena para comunicar y explicar sus ideas (y las de los dems) en ambientes tan distintos. Saba pasar de la verdad cientfica a la verdad de Pero Grillo con una facilidad pasmosa. He visto a maestros universitarios perder la color o irse por las etreas nubes ante preguntas y solicitudes de maestros de escuela, y no digamos ante maestros de oficios o ante trabajadores que empiezan a leer y quieren saber qu es eso de la plusvala o eso de la cada de la tasa de beneficio o eso de las externalidades. Y he visto a Manolo Sacristn en situaciones tan distintas como la de explicar un teorema de lgica, el principio de relatividad del movimiento local en Galileo, por qu los ateos no deben cargarse con la tarea de demostrar la existencia de Dios, por qu fallan los clculos estadsticos sobre la probabilidad de la fusin del ncleo en una central nuclear o cmo leer un peridico y por qu un partido laico no debe impedir la entrada l de militantes cristianos.

En muchos de esos casos el oyente tena que hacer un esfuerzo para entender o para desprenderse de prejuicios establecidos. En todos, fuera el oyente estudiante de lgica, activista poltico, maestro de escuela o afiliado al curso de alfabetizacin en Hospitalet, haba entendido o haba empezado a entender la explicacin. Cosa que slo consigue un maestro de verdad. Y en ese sentido digo que Manolo Sacristn era un maestro diferente.

Nota: Este escrito de Francisco Fernndez Buey est incluido en Del pensar, del vivir, del hacer (Joan Benach, Xavier Juncosa y Salvador Lpez Arnal, eds), libro que acompaa a los documentales de Xavier Juncosa, Integral Sacristn. El Viejo Topo, Barcelona, 2006.



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