Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-03-2007

Dime qu votas, te dir quin eres

Manuel F. Trillo
Rebelin


Ocurri hace tanto tiempo que casi nadie lo recuerda en la ciudad, y tampoco recuerdan el lugar exacto en que se celebraban las asambleas. Algunos sin embargo relatan que hubo un tiempo en que los hombres -slo los hombres- podan reunirse durante un da entero para discutir a voces sobre un gobernante como Temstocles o sobre un vividor amigo de Pericles, el mismo que fuera absuelto de corrupcin por apropiarse del oro de las estatuas del Partenn. Aquellos acabaron sus vidas determinadas democrticamente por los ciudadanos a quienes les bastaba con darles un bolo y una teja para que escribieran como pudieran el nombre del apestado -ostracismo- o la culpabilidad criminal -sentencia de muerte. La democracia estaba en su apogeo y los gorrillas de Atenas, pero ciudadanos, tambin disfrutaban de aquel modo de organizar la ciudad, pues no eran pocos los dracmas que se repartan para comprar voluntades y nadie negaba entonces ni ahora- que aquella era autntica democracia.

Ms tarde un cmico de gran altura y gran sutileza ide que la ciudad fuera gobernada tan slo por mujeres y la democracia continu su andadura. El cronista de aquella poca fantstica pas a la posteridad con el nombre de Aristfanes. Este no era amigo ms que de s mismo y entre ranas y nubes ventilaba sus amistades o enemistades. Sus conocidos -que no amigos- le advertan sobre aquella facilidad que tena para hacer amigos, y que con ese arte se granjeara un cario en las generaciones venideras, pero que nadie en la ciudad le prestara jams una moneda. Podra morirse de hambre, nadie le salvara en sus das ms penosos. En la ciudad de los hombres, antes, y la de las mujeres despus, no vot jams, por ms que tuviera la calidad magnfica de ciudadano. No soportaba la estolidez de quienes se sentaban en las escalinatas, su chistes y gracietas, la vulgaridad de los comentarios, el gritero bien preparado y previsto al hablar el orador enemigo. En la ciudad la democracia era un sistema perfecto, los esclavos y los metecos extranjeros quedaban al margen, por eso no aportaban soluciones, sino los aldeanos del lugar. Aristteles, aquel meteco, no vot jams en la asamblea, y en la asamblea de mujeres tampoco votaran aquellas que estaban excluidas. An as aquella era una democracia, decan orgullosamente.

En mitad de la calle, en la prensa, en la televisin y la radio, hablan los candidatos a las elecciones municipales. Quieren que sepamos que ellos tienen soluciones, y ellos desean que les amemos al menos por un da -el electoral- y que entreguemos nuestra voluntad para que ocupen los escaos desde donde gobernar durante cuatro aos sin control alguno. Este candidato es bisoo an, despide sexappeal con su permanente sonrisa y sus edulcoradas frases y esa delicadeza tan conmovedora; huele a spice y un brillo intenso le baa los ojos. Desde que ha sido designado candidato encabezando una lista cerrada y cerril se le ha transmutado la cara y ahora porta una esplendorosa boquita de pin. Como en tiempos de los antiguos demcratas de aquel pas que enviaba al ostracismo o a la muerte democrticamente a sus disidentes un anciano se le acerc para preguntarle: Joven, usted qu da a cambio del voto?.

La democracia reside en una caja en la que conviven insectos y reptiles. Reside. Aunque eso suponga una aceleracin cardaca para quienes hablan en nombre de la pureza del santsimo triunfo revolucionario (al que no contribuyen en nada y que le menguan, en todo caso, con sus gracietas). La democracia es una forma de organizacin de la sociedad, y an recuerdo autores cuya trayectoria no es precisamente deleznable, por ms que no faltara quien les acusara de traidores, y de cuyas aportaciones se ha derivado la crtica al abandonismo parlamentario como exclusiva forma de participacin en la sociedad. La democracia es acosada por insectos y reptiles.

Hay excepciones, y hubo excepciones, y quiero pensar que la temporalidad y revocabilidad en todo momento por los electores de los que fueron elegidos como representantes sera una vacuna, pero no suficiente. Otros mtodos y prcticas se han expuesto a lo largo de la historia de los dos ltimos siglos, y es considerable el ejemplo de Amrica Latina en estos tiempos, pero siempre tendiendo a que el poder resida en la poblacin en su conjunto al margen de procedencias y orgenes. Por ello considero que quienes denostan absolutamente el trmino democracia (sin ofrecer nada que pueda convalidarse) estn haciendo el juego al fascismo, sistema que se apoyaba en la democracia orgnica y en las masas enfebrecidas azuzadas por los sentimientos dejando al margen el pensamiento, as como todos aquellos que en su ceguera no distinguen matices entre colores, para ellos no existen, por eso todo es negro, el color de las banderas del fascio. Pero los hechos son tozudos, y ciertamente nada puede escapar a la crtica y actualmente se reduce a una retahla de frmulas que sirven para legitimar un poder que se cree incontestable en la medida en que autoriza a un Legislador que amparado en el ungento de los votos otorgados por la poblacin puede modificar las leyes a su antojo. Por eso no carece de razn la afirmacin de Saramago (Le M.D. marzo 2002) cuando advierte sobre este sistema y estas formas: Por una especie de automatismo verbal y mental que no nos deja ver la cruda desnudez de los hechos, seguimos hablando de la democracia como si se tratase de algo vivo y actuante, cuando de ella nos queda poco ms que un conjunto de frmulas ritualizadas, los inocuos pasos y los gestos de una especie de misa laica. Esta es la situacin actual, se halla devorada -repito- por insectos y reptiles que a su vez se devoran entre si.

Pero cmo se sustancia la democracia?, no me cabe duda que a travs de la participacin de la poblacin en los procesos sociales y polticos. De ah que se le pongan determinados adjetivos: representativa, burguesa, popular, participativa....., manteniendo en todo momento el sustantivo que a penas es capaz de sostenerse por mor del calificativo que se le aade. Nadie podr negar que dar voz, y no solo voz y voto, sino capacidad de direccin a la poblacin otorgara a la democracia su valor y su operatividad. El electoralismo en que se ha resuelto la historia reciente y la cesin hecha por las organizaciones de masas en favor del institucionalismo, ha hecho retroceder varios decenios el avance hacia un sistema democrtico. Aun as se apela a la democracia desde todos los sectores y organizaciones presentes en el cuerpo social, y por ello se habla de solucin democrtica para resolver el conflicto vasco; los sionistas hablan de un pas democrtico que excluye a quienes son molestos; los neocons hablan de democracia ante las Torres gemelas; se habla de democracia participativa por quienes ven en este modelo una solucin al estancamiento y retroceso polticos que permitan resolver las cuestiones ms graves e inmediatas del bloque subordinado, pero que -como est ocurriendo en Amrica Latina- busca su legitimacin en las urnas venciendo en procesos electorales donde se produce el cambio institucional, para a partir de ah dotar a la poblacin de los instrumentos de accin social que den sentido a la democracia. Tan importante es el concepto en la actualidad -y en tiempos de Gramsci, quien no dej de reflexionar sobre el concepto de hegemona vinculado a la democracia- que incluso los poderes econmicos ms reaccionarios del planeta basan su legitimacin en ella, eso s, limitndola a un proceso electoral raqutico y escasamente representativo.

Y aqu toca hablar precisamente de la validacin que se le da al sistema dominante a travs de la participacin en la gran mascarada electoral. Los hechos nos dicen que millones de personas no estn dispuestas -millones de trabajadores y asalariados- a abstenerse en ese juego en que el ganador es siempre el mismo (bloque de clases dominante). Aceptaremos la derrota en este tiempo, y esperaremos tiempos mejores?, eso parece, pues nada hay que indique que la direccin material y espiritual se halle en este lado de las barricadas, ms an cuando en las barricadas del sistema se encuentran millones de trabajadores y asalariados. Hay que hablar del hoy y si se prefiere- del hoy concreto. En Francia, Alemania, Italia, Inglaterra.... Usa, Mxico, India...., Espaa..., cientos de millones de trabajadores resuelven en el momento concreto la cuestin participando al lado y legitimando con su voto a quienes habrn de detentar el poder. Todo ello es as precisamente porque no existe conciencia democrtica, pues su sola presencia hara tamabalearse los cimientos en que asientan los actuales sistemas polticos. Paso necesario -tal como se est observando en Amrica Latina- para que las estructuras econmicas cambien planetariamente. O habr de esperarse a que se modifiquen las estructuras econmicas sostenidas por el poder poltico para que cambie un sistema en que la democracia participativa regule las relaciones sociales, polticas, econmicas e institucionales?.

Dime qu votas, te dir quin eres. La democracia es un procedimiento para ejercer el poder poltico y conducir la gestin de lo pblico, y en la medida en que este sistema requiere de principios bsicos sobre los que asentarse, es innegable que el respeto de los derechos fundamentales y las libertades pblicas da lugar a un principio: el pluralismo poltico e ideolgico, pues de otro modo estaramos en un sistema monoltico, de pensamiento nico, totalitario. Por tanto, aceptado que t piensas de modo diferente a mi, y en el respeto que nos debemos como sujetos activos pinsese ahora en sujetos colectivos- , nos veramos abocados a establecer alianzas entre los diversos sujetos. Acaso en un sistema participado democrticamente no son precisas las alianzas con los otros, con los diferentes?. Queda pues determinar, con quines?.

Y ahora echemos un vistazo al momento histrico que nos ha tocado vivir. Miremos en nuestro derredor. Para colmo los sujetos colectivos deben estar organizados y as mismo debe saberse cunta es la fuerza social que movilizan -capacidad de representacin- y aqu es donde es ineludible el proceso electoral, pues de otro modo no se puede averiguar cunta es la fuerza de que dispone el futuro aliado. Bien sabido es por todos que la alianza con un grupo que cabe en un microbs contendr necesariamente postulados diferentes a los de quienes se igualan en fuerza social objetivamente representada. (Ejemplo inmediato: las elecciones recientes en Irlanda del Norte). Tngase en cuenta que las alianzas no son slo polticas (institucionales en el peor sentido del trmino), sino alianzas sociales que empujen el proyecto democrtico profundizando permanentemente en la mejora de los instrumentos de decisin colectiva (vase la escasa capacidad de decisin que han tenido los trabajadores en su conjunto en torno al Acuerdo de junio de 2006 sobre la Seguridad Social, pactado entre oligarquas sindicales, polticas y empresariales). Las fuerzas polticas y sociales organizadas son las protagonistas y quienes actan controlando el poder y generando de este modo una reproduccin automtica de las oligarquas, que deciden al margen de la mayora de la sociedad, y en contra de esa misma mayora social, muda, desorganizada, y con escasa conciencia de lo que realmente es y significa. Las miradas de organizaciones sociales alternativas que cuestionan las decisiones que se toman en los centros de poder tienen a su favor que estn descentralizadas y ello permite un sin fin de actuaciones, y una debilidad estructural, su incapacidad para generar una alternativa global que pueda ser percibida por la mayora de la poblacin y que sirva como instrumento de transformacin social y econmica.

Y ahora, dnde est ese referente poltico -en el panorama actual - que pueda servir para ambos proyectos: el democrtico, y el anticapitalista. De momento, la democracia reside en esa caja en que insectos y reptiles se devoran con mucho cuidado para no arruinar la realidad que disfrutan, y el socialismo como proyecto anticapitalista parece estar hibernando (salvo en los pases latinoamericanos referenciados). Estamos abocados a asumir la derrota en este tiempo y conformarnos con ver cmo en otros lugares del planeta construyen paso a paso una nueva realidad social, econmica e institucional?. El voluntarismo de los partidos y organizaciones polticas existentes -algunos con un gran descrdito entre los trabajadores- no es suficiente para cambiar la tendencia y conducir este pas hacia la democracia y la justicia social. Como la realidad se impone a cualquier lucubracin que pueda hacerse, al fin y al cabo Scrates fue condenado, o lo que es lo mismo, la poblacin acudir a las elecciones polticas y elegir a quienes consideren ms afines a sus intereses ideolgicos y econmicos. Ya se sabe que el bloque de clases dominante controla los mecanismos que le permita asegurar su continuidad. En este caso los trabajadores votarn, nada impedir que lo hagan, contra Temstocles. Y esto me lleva a una conclusin: la conciencia y la consciencia de qu se es y qu se pretende es una labor mproba -considrese a nivel planetario- en los prximos cien aos. Ser un proceso lento, pero estoy seguro -esto es un puro acto de fe- de que el proyecto democrtico -en toda su extensin- se afirmar.

Dime t: a quin he de votar y por qu, mientras tanto me abstengo de participar en la mascarada, lo digo de muy buena fe; dime a quin doy ese voto tan valioso para mi -es el nico que tengo- pues es la delegacin de mi voluntad en otro que ha de ejercer la poltica -capacidad para decidir- y por ende mi alienacin hasta la prxima convocatoria. Este es el proceloso mar democrtico, y estas palabras una patera sin importancia. No es esto una boutade, es una peticin pblica, pues no me gustara ocupar el lugar del asno de Buridn.

(Nota bene: se estn contando los votos en Irlanda del Norte, alguien preferira que se contaran muertos?)







Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter