Portada :: Otro mundo es posible
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2007

Reflexiones sobre ecologa, tica y dieta
Menos carne, mejor carne, vida para el campo

Jorge Riechmann
El ecologista


La agricultura y ganadera que practicamos masivamente en los pases industrializados son ecolgicamente insostenibles, y topa con dificultades crecientes para alimentar al mundo. En efecto:

* Nuestro sistema agropecuario actual produce graves y crecientes impactos ecolgicos, entre los cuales cabe contar: desforestacin, desertificacin de extensos territorios, destruccin del suelo frtil, difusin de txicos biocidas en el ambiente (plaguicidas, herbicidas, fungicidas...), contaminacin de los acuferos, despilfarro de agua (captada a menudo con gran impacto ambiental), prdida de biodiversidad... Aunque raras veces seamos conscientes de ello, en muchos pases el impacto ambiental de la agricultura probablemente sea mayor que el de cualquier otro sector de actividad humana (incluyendo la industria).i

* Durante milenios, agricultura y ganadera fueron eficientes sistemas de captacin de energa solar; pero hoy se basan esencialmente en los recursos del subsuelo. Cuando consumimos productos agrcolas o carne, la mayora de la energa bioqumica que ingerimos no procede del sol, sino del petrleo (que es un recurso escaso y no renovable). Esto plantea graves interrogantes sobre la eficiencia y la viabilidad de nuestros actuales sistemas agropecuarios industriales. Podemos permitirnos un contrasentido semejante durante unas pocas generaciones, pero no ms. Comer del sol puede ser ecolgicamente sustentable; comer del petrleo no lo es en ningn caso. Mientras que la agricultura intensiva tradicional china llegaba a alcanzar rendimientos de 50 a 1 (vale decir, con una calora de energa externa distinta a la solar se llegaban a obtener 50 caloras de alimento) y la tradicional agricultura cerealista castellana de 20 a 1, la agricultura industrial espaola actual slo alcanza en promedio 0'8 a 1: es decir, su balance energtico es negativoii. El sistema agroalimentario estadounidense funciona con rendimiento 1:10 en promedio (para poner una calora sobre la mesa se invierten diez caloras petrolferas)iii, y en el cultivo de verduras de invernadero durante el invierno llegan a alcanzarse valores tan disparatados como 1:575.iv

* En el umbral del siglo XXI, la seguridad alimentaria del planeta peligra. Los indicadores bsicos (produccin de cereales per cpita, capturas marinas per cpita, reservas de grano) muestran un comportamiento muy preocupante en los noventav:

En una situacin as, cuando los ecosistemas ecolgicamente productivos para asegurar la alimentacin humana se convierten en un bien escaso, no se debe tolerar que se siga perdiendo tierra frtil para construir autopistas, hipermercados o campos de golf; o que se daen las pesqueras por sobrepesca, contaminacin de las aguas, destruccin de los estuarios y los manglares, etc.

Implicaciones del comer carne

Las dietas tpicas de los pases desarrollados son muy ricas en carne; y a medida que un pas subdesarrollado ingresa en el estadio del desarrollo, sus habitantes ascienden tpicamente por la cadena trfica y consumen cada vez ms carne. Pero cuando comemos carne de animales criados con productos agrcolas como soja o maz que podramos consumir directamente perdemos entre el 70 y el 95% de la energa bioqumica de las plantas (ste no es el caso de los rumiantes criados extensivamente en pastizales, que no compiten por el alimento con los seres humanos: nuestros estmagos no pueden digerir hierba o paja). Se trata de una especie de ley de hierro de la alimentacin: cada vez que se sube un escaln en la cadena trfica, se pierden aproximadamente las nueve dcimas partes de la biomasa. Por ello, un aprovechamiento eficiente de los recursos alimentarios exige permanecer en la parte baja de la cadena trfica. Hoy, el 50% de los cereales del mundo y ms de la tercera parte de las capturas pesqueras se emplea para alimentar la excesiva cabaa ganadera de los pases del Norte.

EEUU

112

Australia

104

Checoslovaquia

102

Francia

91

Alemania

89

Argentina

82

Japn

41

Mxico

40

China

24

Filipinas

16

Egipto

14

Tailandia

8

India

2

Consumo promedio de carne (vacuno, porcino, ovino y aves de corral)por persona y ao en pases seleccionados, 199. Datos en kg. (Fuente: Alan T. Durning y Holly B. Brough: La reforma de la economa ganadera, op. cit., p. 117.

Otra manera de decir lo mismo es sealar que los animales criados en ganadera intensiva son convertidores de energa bioqumica poco eficientes: para obtener un kilo de protena de origen animal, en las sociedades industriales, empleamos entre tres y veinte kilos de protena de origen vegetal (segn las especies y los mtodos de cra intensiva utilizados) que podran consumir directamente los seres humanos. En 1990, el ganado consuma el 70% del grano en EEUU, el 57% en la Comunidad Europea o el 55% en Brasilvi. En pases como China, que estn experimentando un rpido crecimiento econmico, el nivel creciente de ingreso se traduce en un desplazamiento hacia lo alto de la cadena trfica: el ganado chino consuma el 17% del grano en 1985, pero el 23% en 1995.vii

A nivel global, la mitad de la produccin mundial de grano se destina a alimentar ganado, en un mundo donde la quinta parte de la poblacin humana no tiene alimento suficiente. El Consejo para la Alimentacin Mundial de las NNUU ha calculado que dedicar a alimentacin humana entre el 10 y el 15% del grano que se destina al ganado bastara para llevar las raciones al nivel calrico adecuado, erradicando el hambreviii. Como se ve, existe un nexo poderoso aunque no lineal entre el hambre y desnutricin humanas en el planeta y la alimentacin excesivamente carnvora de las poblaciones ricas

India

2

del Norte; y entre sta ltima y el deterioro ecolgico galopante.

"La produccin de carne est detrs de una parte importante de las tensiones ambientales producidas por el actual sistema agrcola mundial, desde la erosin del suelo al bombeado excesivo de aguas subterrneas. En el caso extremo del ganado vacuno norteamericano, la produccin de un kilo de bistec requiere 5 kilos de grano y el equivalente energtico de 9 litros de gasolina, y eso sin tener en cuenta la consiguiente erosin del suelo, el consumo de agua, la difusin de pesticidas y fertilizantes, el agotamiento de las aguas subterrneas y las emisiones de metano, un gas de efecto invernadero"ix.

Por ello, no debe sorprender que pasar de una dieta carnvora a una vegetariana suponga reducir fuertemente el impacto ambiental relacionado con las actividades de alimentacin. En EEUU se ha calculado el terreno frtil que se necesita para la agricultura convencional mecanizada, con una dieta fuertemente carnvora, y la que se necesita para una forma de vida bsicamente vegetariana: son ms de 4.000 m2 en el primer caso, frente a menos de 1.000m2 en el segundo. Es decir, la quinta parte de superficie agrcola. Si se trata de miniagricultura intensiva (mtodos de John Jevons y Ecology Action en California), bastan entre 180 y 360 m2 x.


Pautas de consumo universalizables

Ninguna pauta de consumo puede considerarse moralmente aceptable si es intrnsecamente imposible de universalizar; si slo pueden disfrutar de ella una minora, en tanto la mayora quede excluida de ella. Slo los productos que todos los seres humanos pudiesen consumir de manera sustentable, sin daar al resto de la sociedad ni al medio ambiente, son aceptables para seres humanos preocupados por un consumo justo. Pues bien: de acuerdo con esta norma mnima, las dietas altamente crnicas que prevalecen en los pases del Norte no son moralmente aceptables.

En efecto: la dieta corriente en los pases del Norte, adems de poco saludable, no es generalizable al conjunto del planeta. En 1990, para alimentar a los ms de 5.300 millones de habitantes del planeta, se cont con una cosecha de 1.780 millones de toneladas de cereales. Supuesta una distribucin igualitaria, con esta cantidad hubiesen podido alimentarse suficientemente 5900 millones de personas; pero con el nivel de consumo per capita de Europa Occidental (especialmente el consumo de carne), slo 2.900 millones. En el mundo real, sin distribucin igualitaria (y con prdidas del 40% aproximadamente entre la cosecha y el consumo), aproximadamente la quinta parte de la humanidad padece desnutricin y hambre. A mediados de los noventa, 82 estados son incapaces de producir o comprar los alimentos que sus poblaciones necesitan.


Dieta mediterrnea y justicia en un mundo finito

Supongamos que la cosecha mundial de cereales aumenta hasta totalizar 2.000 millones de toneladas (fueron 1.880 millones en 1996). Con esto podran alimentarse slo 2.500 millones de personas con dieta estadounidense (800 kg de cereales al ao, la mayora consumidos indirectamente en forma de carne, huevos, leche, helados). O bien 10.000 millones de personas con dieta hind (200 kg de cereales, consumidos directamente casi en su totalidad). Ninguna de estas dos dietas es muy saludable, la primera por exceso, la segunda por defecto. En el trmino medio se encuentra una dieta que nutricionalmente resulta mucho ms adecuada, la dieta mediterrnea: con los 400 kg de cereal por persona que consumen anualmente los italianos podran alimentarse 5.000 millones de personasxi. Slo que hoy en 1999 ya somos 6.000, y la poblacin mundial sigue aumentando rpidamente Todo parece indicar que una dieta bsicamente mediterrnea, pero menos crnica que la actual, sera al mismo tiempo: (I) ecolgicamente sustentable, (II) generalizable a toda la poblacin mundial (y por ello, en potencia, moralmente aceptable) y (III) ms saludable que la actual.

Uso anual per capita de grano y consumo de productos ganaderos en pases seleccionados, 1990 (cifras en kg de grano)

PAS

Grano

Carne de vacuno

Carne de porcino

Aves de corral

Carne de ovino

Leche

Queso

Huevos

EE.UU.

800

42

28

44

1

271

12

16

Italia

400

16

20

19

1

182

12

12

China

300

1

21

3

1

4

---

7

India

200

---

0,4

0,4

0,2

31

---

13

Fuente: Lester R. Brown y Hal Kane: Full House: Reassessing the Earths Population Carrying Capacity, Norton, New York, p. 261.


Ganadera intensiva y sufrimiento animal

El criterio de universalizabilidad que antes enunciamos, es el nico principio que hemos de tomar en cuenta a la hora de enjuiciar moralmente nuestros sistemas agropecuarios? Parece obvio que no. Una dieta universalizable pero que cause intenso padecimiento a muchos seres sintientes ser tambin objetable. Aunque hasta aqu hemos razonado en trminos exclusivamente antropocntricos, desde una perspectiva ms amplia existe otra razn de mucho peso para rechazar la ganadera intensiva: los animales criados en tales condiciones padecen una vida lamentable y llena de sufrimientos.

Los movimientos de defensa de los animales, a mi entender, han contribuido en los ltimos decenios a dar forma a la conciencia moral emancipatoria hasta tal punto que, sin su aportacin, sta se vera irremediablemente mutilada. El gran error de toda la tica, escribi hace aos el mdico y filsofo alemn Albert Schweitzer, ha sido, hasta ahora, el de creer que debe ocuparse slo de la relacin del ser humano con el ser humano. En la estela de autores anglosajones como Jeremy Bentham o Henry S. Salt, filsofos contemporneos como Peter Singer han sentado con rigor las bases para una verdadera revolucin copernicana en la filosofa moral: el ser humano debe dejar de ser el nico animal merecedor de consideracin moral. No hay buenas razones para que la comunidad moral acabe all donde acaba la especie humana xii.

No comemos animales por razones de salud ni para incrementar nuestra provisin alimentaria. La carne es un lujo, y la gente la consume porque su sabor le gusta.

Al considerar el aspecto tico del uso de la carne para la alimentacin humana, estamos considerando una situacin en la cual se debe sopesar un inters humano relativamente secundario y compararlo con la vida y el bienestar de los animales afectados. El principio de igual consideracin de los intereses no consiente que se sacrifiquen los intereses principales a los secundarios.

El conjunto de razones que se oponen al uso de animales para la alimentacin cobra ms fuerza cuando se hace que los animales lleven una vida llena de sufrimiento para que su carne pueda ser accesible al consumo humano al menor coste posible. Las formas modernas de crianza intensiva ponen los adelantos cientficos y tecnolgicos al servicio de la idea de que los animales son objetos y estn destinados a que los usemos. Con el fin de tener la carne en la mesa a un precio que la gente pueda pagar, nuestra sociedad tolera mtodos de produccin que recluyen a seres dotados de sensibilidad, en condiciones inadecuadas e incmodas, durante todo el curso de su vida. Se trata a los animales como si fueran mquinas de convertir forraje en carne, y cualquier innovacin que resulte en una relacin de conversin ms alta ser probablemente aceptada. Tal como ha dicho una autoridad sobre el tema, slo se reconoce que la crueldad es tal cuando deja de ser lucrativa. Para evitar el prejuicio de especie, debemos poner trmino a estas prcticas.xiii

Las modernas factoras pecuarias son campos de exterminio y cmaras de tortura para animalesxiv. No pueden describirse cabalmente de otra forma. No son granjas sino por abuso de lenguaje: se trata de fbricas para producir carne, con los mismos imperativos de reduccin de costes, productividad y eficiencia de las dems industrias capitalistas. La diferencia es que en este caso la materia prima son seres sintientes. Es inmoral someter a las vacas, los cerdos o las gallinas a los terribles sufrimientos de la crianza intensiva.

En qu condiciones sera moralmente aceptable el consumo de carne? Desde mi punto de vista, slo en el caso de animales que hubiesen sido sacrificados de forma indolora, despus de haber vivido una vida digna y rica en experiencias agradables. De manera aproximada, la ganadera extensiva tradicional se ajusta a estas pautas (excepto en lo que atae a los mtodos indoloros de sacrificio, donde an hay que mejorar mucho las cosas): la vida de los pollos de corral, los cerdos de dehesa o el ganado vacuno de montaa es envidiable si la comparamos con sus congneres sometidos a estabulacin industrial.

Cuatro razones para renunciar a la ganadera intensiva

Recapitulemos: hay cuatro conjuntos independientes de razones que aconsejan fuertemente dejar de criar y matar animales para comer sus cadveres, o al menos reducir drsticamente el consumo de productos de origen animal y renunciar a la ganadera intensiva. Los objetivos de proteccin ecolgica, solidaridad humana y evitacin de sufrimiento animal coinciden felizmente:

  1. En primer lugar estn las cuestiones morales que plantea el bienestar animal, la consideracin de los intereses de los propios animales.

  2. Pero hay un segundo y muy poderoso conjunto de razones de solidaridad humana: en un mundo donde millones de humanos estn subalimentados o mueren de hambre, y en cuyo horizonte oteamos problemas cada vez ms graves para alimentar adecuadamente a una poblacin creciente, no podemos desperdiciar tanta comida criando animales como hacemos hoy.

  3. Los sistemas agropecuarios actuales producen ya hoy impactos ecolgicos inaceptables, y si pensamos en el futuro son ecolgicamente insostenibles.

  4. Pueden aducirse en ltimo lugar consideraciones de puro egosmo personal: la dieta occidental tpica es demasiado rica en carne y grasas de origen animal como para resultar saludable (y no digamos cuando se trata de los cadveres animales producidos industrialmente, rebosantes de hormonas, antibiticos, etc.). Est cientficamente establecido que las dietas demasiado carnvoras acarrean problemas cardiacos, hipertensin, obesidad, diabetes y varios tipos de cncer.

Creo que hay que interpretar el precepto ecologista de caminar ms ligeramente sobre la tierra de forma que incluya no avanzar hollando los cadveres de los animales con quienes compartimos la biosfera. Es cierto que no podemos vivir sin aniquilar otras vidas, al menos vegetales (y por ello nuestra existencia se perfila irremediablemente sobre un fondo trgico), pero hay mltiples vas para minimizar el dao y la devastacin que hoy causamos. Una de las ms inmediatas y evidentes es dejar de comer animales, o por lo menos carne y huevos procedente de esos dolorosos campos de exterminio que llamamos granjas-factora.

Al discutir sobre estas cuestiones resulta frecuente or que comer animales es natural o lgico, o incluso un asunto de defensa propia: puesto que los animales se comen entre s, por qu no vamos a comerlos nosotros? Quien as razona incurre, como es obvio, en una crasa falacia naturalista: el que un felino devore a un antlope es un acto desprovisto de significacin moral, ya que ninguno de los dos actores del drama es un agente moral. Pero los seres humanos s que lo somos; y para saber lo que es moralmente correcto no basta con echar una ojeada a las cadenas trficas dentro de la biosfera. Dentro de muchas culturas humanas se ha practicado el canibalismo, pero no puede apelarse a esta cuestin de hecho como premisa para una defensa moral del consumo de carne humana.


Una propuesta tico-poltica: menos carne, mejor carne, vida para el campo

Hemos visto que los actuales sistemas agropecuarios industriales, y la dieta rica en carne tpica de los pases ms ricos, plantean importantes problemas morales: no son ecolgicamente sustentables ni generalizables al conjunto de la humanidad, adems de generar un ingente sufrimiento animal.

Dado que una de las principales races de los problemas de alimentacin presentes y sobre todo futuros es la dieta excesivamente carnvora de las poblaciones ms ricas del planeta, y que por otro lado tal dieta se basa en un indecible grado de sufrimiento animal (en las condiciones de ganadera intensiva), el tratamiento de esta cuestin permite vincular tres lneas de reflexin importantes en tica ecolgica: los debates sobre los lmites del crecimiento y la sustentabilidad ecolgica, los problemas de equidad y justicia internacional e intergeneracional en lo que se refiere a la satisfaccin de las necesidades bsicas, y la relacin moral con los animales. Cmo alimentarse, en las sociedades industrializadas, resulta ser una cuestin de alto contenido poltico y moral.

Necesitamos impulsar la transicin desde los actuales sistemas de agricultura industrial hacia una agricultura y ganadera sustentables, mucho menos intensivas en energas no renovables y agroqumicos, que aseguren la produccin de alimentos, respeten la biodiversidad, minimicen el sufrimiento animal y creen nuevas relaciones entre el campo y la ciudad.

Mi conclusin es que deberamos cambiar nuestras pautas de alimentacin hacia una dieta bsicamente vegetariana la dieta mediterrnea que antes evocamos, mucho menos rica en carne que la actual, y renunciar a la ganadera intensivaxv. Slo resulta moralmente aceptable la ganadera extensiva: crianza de aves en corrales abiertos, ganado vacuno y ovino que pastan libremente en praderas, etc. (A condicin, claro est, de que se minimice el sufrimiento producido a los animales en el transporte y se los sacrifique con mtodos indoloros). En torno a estos objetivos debera poder articularse una amplia coalicin social que uniese a ecologistas, defensores de los animales, ganaderos de montaa (y pequeos ganaderos en general), preservadores de las razas autctonas, activistas de la alimentacin natural y consumidores conscientes. El lema de una coalicin as podra ser menos carne, mejor carne, vida para el campo.

i Robert Goodland: Environmental sustainability in agriculture: diet matters. Ecological Economics 23, 1997, p. 190.

ii Jess Alonso Milln, Una tierra abierta. Materiales para una historia ecolgica de Espaa, Compaa Literaria, Madrid 1995, p. 240-242.

iii Informe Global 2000 de Gerald Barney y otros, citado en Ernst Ulrich von Weizscker, L. Hunter Lovins y Amory B. Lovins: Factor 4: duplicar el bienestar con la mitad de los recursos naturales (informe al Club de Roma). Galaxia Gutenberg/ Crculo de Lectores, Barcelona 1997, p. 103.

iv Immo Lnzer: Energiefragen im Umwelt und Landbau (1979), citado en Ernst Ulrich von Weizscker y otros, op. cit., p. 101.

v Los datos siguientes proceden de Lester R. Brown y otros, La situacin del mundo 1997, captulo 2; as como de Lester R. Brown y otros, Signos vitales 1998-99, GAIA Proyecto 2050/ Bakeaz, Madrid 1998.

vi Alan T. Durning y Holly B. Brough: La reforma de la economa ganadera, en Lester R. Brown y otros: La situacin en el mundo 1992, Apstrofe/ CIP, Barcelona 1992, p. 120.

vii Goodland, op. cit., p. 194.

viii Robert Goodland y otros: Environmental Management in Tropical Agriculture, Westview Press, Boulder (Colorado) 1984, p. 237.

ix Alan T. Durning, "Cunto es suficiente?", en Lester R. Brown y otros: La situacin en el mundo 1991. CIP/ Eds. Horizonte, Madrid 1991, p. 252.

x Ernst Ulrich von Weizscker y otros, op. cit., p. 158-161.

xi Lester R. Brown, La situacin en el mundo 1997, p. 77.

xii Liberacin animal de Peter Singer (Trotta, Madrid 1999) est por fin disponible en castellano. Ha pasado casi un cuarto de siglo desde su primera edicin en ingls (en 1975), que se tradujo y public en una esquiva edicin pirata en Mjico, prcticamente inaccesible desde Espaa; y casi diez aos desde la segunda edicin revisada y actualizada (en 1990), que es la que ahora se ha vertido al castellano

xiii Peter Singer: tica prctica, Ariel, Barcelona 1991, p. 76-77.

xiv Ello est bien documentado en el captulo 3 de Liberacin animal de Singer, op. cit.. Puede verse tambin, para un planteamiento general del problema, Jess Mostern y Jorge Riechmann: Animales y ciudadanos, Talasa, Madrid 1995.

xv Los instrumentos con los cuales cabra articular polticamente esta renuncia son variados. Una posibilidad, por ejemplo, sera fijar por ley las superficies mnimas de que deberan disfrutar los animales en explotaciones ganaderas, y prohibir determinadas prcticas de estabulacin crueles y degradantes.



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