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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2007

La perversin de los smbolos

Ana Delicado Palacios
La Repblica


Cualquier extranjero que se hubiera asomado a la manifestacin del sbado habra quedado atnito ante las miles de banderas que l reconocera como la espaola y que parecan enarbolarse como armas contra otra gran parte de este pas. La otra, en realidad, sin ms partes que se puedan advertir visto que la polarizacin rabiosa que ense Bush a sus huestes tiene aqu a entusiastas maniqueos que ven dos extremos cuyos integrantes son los adalides de la razn, y por ende, los nicos orgullosos de ser espaoles.

Que adems Rajoy acabara su discurso con un Viva Espaa rodeado de una marea roja y gualda retrotrae con una agresividad mal disimulada a los tiempos en absolutos enterrados de la guerra fraticida y la sangra dictatorial que succion con brutalidad cualquier opcin a pensar, a sentir o a actuar por uno mismo. Entre tanto, los medios de comunicacin han tratado de asentarse como han podido en esta balanza, haciendo uso de eufemismos en los que los baluartes fascistas han pasado a ser banderas preconstitucionales. El PP, por su parte, hizo gala de una gran estrategia organizativa que tuvo a bien hacerlas desaparecer ante la presencia delatora de focos y cmaras, dado que en alguna manifestacin anterior no haba cado muy bien la aparicin ostentosa de estos vestigios predemocrticos o postrepublicanos -eljase a placer-.

Pero no todos los materiales de grabacin eran enemigos, ya que el testimonio de algunas fotografas y filmaciones pudo descubrir millones de personas en calles que en otras ocasiones apenas dejan respirar a unos apretujados centenares de miles. Una multitud cuantiosa de un modo u otro, estremecida por el magnfico gesto orquestado de la prodigiosa gestin del PP que cerr la marcha con Libertad sin ira, de Jarcha. Lstima que no tardara en poner el grito en el cielo Pablo Herrero, uno de los compositores, por haber sido utilizada sin mayor pudor una obra que nunca quiso responder a tcticas partidistas.

En honor a la verdad, fue un gran broche final ste de extasiar a la concurrencia con una cancin en la que es difcil no despegar los labios. Fue muy hbil pero nada original. Nino Bravo muri en un accidente antes de poder indignarse por la apropiacin que de Libre hacan primero los soldados chilenos recin instaurada la dictadura pinochetista y a continuacin los seguidores de un despotismo militar que la convertiran en himno durante el horror que habra de prolongarse por 17 aos.

Los smbolos no son ms que una representacin que por lo general exige el reconocimiento y la aprobacin social. Su significado no cambia cuando los acapara en exclusividad un grupo determinado, pero ah es donde surge el peligro: agrupacin y smbolo se hermanan y se encarnan el uno y el otro de tal manera que son indisolubles. Que un partido se aduee de emblemas y los haga suyos es reprobable, pero adquiere un cariz prfido en el momento en el que son arrojadas a la cara de los que no son ellos, de los que han sido colocados en un extremo, en una actitud que nada tiene de casual y s de malicioso. Hoy han dado un paso ms en este juego de perversidades, en el que parte de la sociedad ha sido involucrada para ser utilizada como proyectil contra el resto del pas. Este camino ya fue recorrido una vez, y todava hoy sufrimos las consecuencias.


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