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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2007

Prostitucin
Feminismo y abolicionismo

Charo Carracedo
Red Feminista


La prostitucin o, ms pertinentemente, el acceso masculino por precio al cuerpo de las mujeres constituye una prctica social inmemorial, arcaica y antigua como la supremaca masculina sobre las mujeres. En efecto, la prostitucin es una versin ms, de las modalidades en que se manifiesta y asegura el principio de la autoridad patriarcal y no difiere, en su fundamento, de otras formas en que se hace ostensible el ejercicio de la supremaca o del poder. La mutilacin genital femenina, la violencia relacionada con la dote, la autorizacin legal atribuida a los maridos para castigar fsica o psicolgicamente a las mujeres, las violaciones masivas en tiempos de guerra, por igual la prostitucin, constituyen una muestra del catlogo que permiten evidenciar el lugar que corresponde ocupar a las mujeres.

El poder poltico, en su versin civil o religiosa, ha organizado y participado activamente, tambin desde tiempos inmemoriales, en la seleccin de las mujeres que han de estar disponibles para ser usadas pblica y colectivamente por los varones y en las condiciones en que se realizan tales usos.

En la poca de Soln (640-558 a.C.) encontraremos disposiciones que organizan el mercado de la carne y las circunstancias de acceso a la corporalidad de las mujeres; durante la Edad Media la teologa catlica aportar la excusa moral que proporciona racionalidad y legitimidad a dichas prcticas, y al dispositivo prostibulario, estimndose que en la escala penitencial lleva menor pena la fornicacin con mujer soltera y sin vnculo estamental que la fornicacin con mujer casada, con religiosa, con varn o con bestia. Durante el siglo XIX ser la razn sanitaria la inspiracin de la normativa que justifica la organizacin del sistema prostitucional.

Los reglamentaristas contemporneos, continuadores de la tradicin pro-prostitucin, son los nuevos idelogos que han tomado el relevo para la pervivencia de tales prcticas. Ellos, modernos y liberales, convergen con unanimidad, aunque con pluralidad de razonamientos, aparentemente diferentes, en convalidar y legitimar el uso sexual de las mujeres.

La industria del sexo forma parte de los fervorosos partidarios de la reglamentacin de la prostitucin. El proxenetismo organizado[1] reivindica su aportacin social, afirmando el carcter de entretenimiento o de ocio de su actividad, una actividad cuyo objeto y materia prima consisten precisamente en poner a disposicin de la demanda y en el mercado una variedad suficiente de mujeres para consumo sexual. Los grupos mediticos tan sesudos, en ocasiones, en el anlisis de los conflictos sociales convergen con las demandas de aquellos, su cuenta de resultados[2] permite una recta deduccin de sus motivaciones.

Y entre el elenco de sectores pro-prostitucin, tambin contamos con los liberales que, ajenos a las motivaciones econmicas, se muestran partidarios de la reglamentacin, por ser fervientes defensores, segn dicen, de la libertad. Ellos convienen en estimar y sealar enfticamente que la prostitucin forma parte de las elecciones personales y censuran con insistencia la intromisin que representa la crtica feminista a la institucin de la prostitucin.

Claro que tal punto de vista liberal, no rinde cuenta del hecho nada balad de que sean precisamente las mujeres, abrumadora y mayoritariamente, y no los hombres, las que toman o acceden a tales elecciones.

Las cifras sobre prostitucin son tozudas y contundentes, en el Informe del ao 2000 del Fondo de Poblacin de Naciones Unidas se estimaba que cada ao 4 millones de mujeres y nios, especialmente nias, ingresan en los prostbulos del mundo para ser consumidas sexualmente; por su parte Pino Arlacchi[3], en el ao 2002, remarcaba que en el sureste asitico, en slo una dcada, 33 millones precisamente de mujeres y nias haban sido vctimas de la trata con fines de prostitucin.

La procedencia de las mujeres en situacin de prostitucin no deja margen a las elucubraciones. Los datos son de nuevo obstinados en los informes nacionales, por igual en los internacionales, elaborados en el ltimo siglo acreditan que en la dcada de los 60 las mujeres prostituidas que abastecan los prostbulos nacionales eran mujeres desafiliadas socialmente (madres solteras, mujeres institucionalizadas ...), en los 90 las toxicmanas constituirn el grueso de la poblacin prostituida, actualmente, gracias a la mundializacin del mercado, en general, y de la carne, en particular, las inmigrantes de los pases con economas dislocadas (rumanas, nigerianas, brasileas, ucranianas...) son las encargadas de satisfacer las demandas en los pases desarrollados.

Curiosa, cuando menos, deviene esta libertad cuyo ejercicio practican esencialmente mujeres, en situacin de vulneracin y de exclusin social.

Estos liberales denuncian, con vehemencia, la impertinencia de toda apelacin tica en el anlisis de la prostitucin, al fin y al cabo, para ellos, estar en prostitucin no es ms que la puesta en prctica de una eleccin, de una libertad que inscriben o sitan en el mbito de la autodeterminacin sexual.

Ahora bien lo que no aclaran, ni mencionan es quines son los titulares de la libertad sexual que se ejercita. Se refieren a las mujeres en prostitucin? No, obviamente no.

La sexualidad nada tiene que ver con las mujeres en prostitucin. Estar en prostitucin es soportar un da tras da, jornada tras jornada, sucesiva y diariamente, la intromisin sobre tu corporalidad, una invasin practicada por un hombre y luego otro, otro, otro y un sinfn de hombres. No, las mujeres en prostitucin no ejercitan su libertad sexual, soportan los actos de vulneracin porque superviven en la prostitucin. Para ellas los servicios prestados en esas condiciones no constituyen prcticas sexuales, y mucho menos deseadas.

Entonces a qu libertad aluden estos liberales?, a quines se refieren, sin mencionarlos, estos paladines de la prostitucin? He aqu la cuestin, ellos hablan de sus iguales, de ellos mismos, de los usuarios de la prostitucin, ellos presuponen y estiman como legtimo el derecho al uso del cuerpo de las mujeres.

Reivindican como normal y aceptable la existencia de centros de diversin y entretenimiento que se publicitan, por ejemplo como "establecimientos de mamadas"[4], y estiman como inocentes y atractivas prcticas sexuales, la oferta de servicios que insertan los diarios nacionales (francs natural, griego profundo). Ellos reivindican sus privilegios y representaciones, se sienten autorizados para reducir a las mujeres a una mera corporalidad, a una mera anatoma. Sus razones y prcticas avalan su consideracin patriarcal de que la funcin de las mujeres no es otra que estar al servicio sexual de los hombres.

La normalizacin y organizacin de las prcticas masculinas de acceso por precio al cuerpo de las mujeres que reclaman los reglamentaristas, constituye una propuesta equivalente a aceptar como legtima la violencia sexual que comporta la prostitucin bajo la excusa de que el dinero transmuta la agresin en un mero intercambio comercial.

La prostitucin ha existido y sigue existiendo a estas alturas porque existe un explcito consentimiento social, que autoriza la cosificacin de las mujeres y que autoriza, igualmente, a los hombres a hacer uso comercial de las mujeres. Y porque existe un mercado prostitucional institucionalizado que incluye un variado abanico de sectores que obtienen beneficios, legal o ilegalmente, de la explotacin sexual de mujeres y nias.

La opcin entre reglamentacin y abolicin no es un debate sobre opciones individuales, ni sobre supuestas elecciones, es un debate poltico sobre modelos sociales, sobre el sistema de organizacin y sobre sus valores.

La prostitucin no es una prctica ajena a las relaciones de gnero, por ello el debate sobre la prostitucin exige imperativamente formularse un juicio normativo previo sobre si es admisible o no, compatible o no, con un proyecto de sociedad igualitaria, el acceso por precio al cuerpo de las mujeres.

Cuando una sociedad reglamenta la prostitucin y organiza el mercado de la carne, no se limita a establecer un modelo normativo, si no un sistema de valores, y cuando se reglamenta la prostitucin se opta por un mensaje inequvoco: es legtimo el uso comercial del cuerpo de las mujeres.

Las polticas pro regulacin o legalizacin lejos de favorecer a las mujeres prostituidas, representan la confirmacin institucional de un modelo social que garantiza el uso colectivo sobre una clase de mujeres, las ms desfavorecidas y excluidas socialmente.

Encarar el problema de la prostitucin porque existe no requiere precisamente que aseguremos su pervivencia, si no que pongamos en marcha mecanismos encaminados a erosionar que subsista y se mantenga.

El compromiso con la igualdad entre sexos es una apuesta sin excepciones a la consecucin de tal objetivo y una cosa es que convivan y pervivan conductas contrarias a ese derecho (como la discriminacin salarial o la violencia machista en las relaciones de pareja) y otra muy distinta es que el modelo social por el que se opt institucionalice, normativice y autorice tales conductas, tal y como proponen los reglamentaristas.

Actuar contra la industria del sexo y contra el proxenetismo debe constituir una prioridad de la poltica criminal de nuestro pas, la sancin punitiva de todos los que organizan, promueven, favorecen la captacin de mujeres para su explotacin sexual, merece un severo reproche penal.

Expresar la deslegitimacin y desaprobacin social hacia los hombres que compran cuerpos de mujeres constituye una estrategia imprescindible y resulta un modelo equivalente a las polticas puestas en marcha contra la violencia en las relaciones de pareja. Actuar slo protegiendo a las mujeres maltratadas contra la violencia machista se ha rebelado como un modelo de intervencin insuficiente, ya que tal intervencin por s misma no impide que tales conductas sigan reproducindose, de ah que fuera necesario actuar contra los autores de la violencia. Idnticas estrategias son necesarias ante el fenmeno de la prostitucin.

Reforzar las polticas de igualdad de oportunidades y crear condiciones laborales que eviten que las mujeres sin recursos se vean abocadas a formar parte de la poblacin prostituida constituye una accin poltica prioritaria.

De esto hablamos las abolicionistas, de implementar medidas que conduzcan a acabar, de una vez, con las prcticas masculinas de acceso por precio al cuerpo de las mujeres.

Abogada. Portavoz de la Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres por la Abolicin de la Prostitucin

[1] Aplicamos este trmino a los lobbys econmicos que debidamente organizados y con nimo de lucro promueven, facilitan y favorecen la captacin de mujeres y nias con fines de explotacin sexual.

[2] En la edicin del pasado 22 de octubre de 2004, el semanario Alba recontaba las ganancias de la prensa escrita por la publicacin de anuncios de contactos sealando que El Pas recaudaba anualmente unos 5 millones de euros, seguido de cerca por el Mundo, ABC y La Razn.

[3] Responsable de la Oficina de Naciones Unidas para el control de la droga y prevencin del crimen.

[4] Una animada calle de Bangkok, donde se concentran los clubes para turistas, anuncia sus diversiones como establecimientos de mamadas.

[5] La Plataforma Estatal de Organizaciones de Mujeres fue constituida inicialmente por las Asociaciones siguientes: Alecrn y Figa de Vigo; la Asociacin Villa Teresita, la Comisin de Investigacin de Malos Tratos a Mujeres, el Instituto para la Promocin de Servicios Sociales Especializados de Madrid; la Asociacin Clara Campoamor de Bilbao; la Asociacin de Mujeres de la Noche Buscando el Da de Alicante; la Asociacin Aimur de Almera, la Asociacin de Mujeres Separadas y Divorciadas, la Asociacin de Asistencia a Mujeres Violadas de Catalua; la Plataforma 8 de Marzo de Sevilla. Posteriormente a esta Plataforma han ido incorporndose otras organizaciones de mujeres.

 



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