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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-03-2007

Rodolfo Walsh: un periodista con rango de tropa

Jos Steinsleger
La Jornada


Dilema recurrente: periodismo, literatura y ciencias sociales van juntos o disociados? Sus pautas parecen insalvables: la una disciplina tratara de la ''realidad", la otra de la ''ficcin", y las dems estaran sujetas al ''rigor cientfico". Pero en vidas como las del escritor argentino Rodolfo Walsh (1927-77) realidad, ficcin y pensamiento se fundieron y confundieron en la bsqueda de la verdad.

Hay periodistas talentosos y complacientes con la realidad de la que informan; hay escritores sensibles que se apiadan de las llagas eternamente abiertas de la condicin humana, mas prefieren el cmodo ''glamour" de la duda y el pesimismo, y hay pensadores que abogan por un mundo mejor pero a los que siempre les falta veinte para el peso y siempre gastan por un peso y veinte.

Walsh no ejerci ninguna de esas modalidades. A fines de 1956, en el club ''Capablanca" de La Plata, mientras conjuraba el calor vespertino moviendo alfiles y peones, un hombre se le acerc y le dijo: ''Hay un fusilado que vive". Walsh tena 29 aos, no era peronista, ni marxista, ni liberal (en la adolescencia se haba adherido a un vago nacionalismo popular), y los nidos culturales de la oligarqua empezaban a valorarlo como escritor.

Slo que Walsh, a ms de su devocin por el gnero policial, era un tipo bien informado. Saba que los fusilados en junio de aquel ao por los militares que derrocaron a Juan Domingo Pern (golpe que en 1955 l haba exaltado en artculos y crnicas) eran civiles, eran peronistas y eran inocentes.

''Hay un fusilado que vive". Cinco palabras que cambiaron todo en la vida de los argentinos: en primer lugar, la propia vida de Walsh, quien para ganar tiempo y as encontrar el sentido de la vida, reta a la Muerte a un juego de ajedrez en acto que recuerda al caballero de El sptimo sello, famoso filme de la poca (Ingmar Bergman, 1957).

Cinco palabras. Si a cada una le damos valor de un ao, tenemos la edad de su hija Mara Victoria (Vicki), entonces. Pero si le damos diez tenemos los que vivi su padre durante el medio siglo en que los argentinos padecieron la ''...pesadilla torrencial, en la que haba una columna de fuego, poderosa pero contenida en sus lmites, que brotaba de alguna profundidad" (Carta a Vicki, oficial de la guerrilla montonera, cada en combate el 29 de septiembre de 1976).

El caballero Walsh reta a la Muerte. La entrevista con el fusilado sobreviviente le da la punta de un ovillo que deshilvana con la maestra practicada en el ajedrez y los cuentos policiales. ''La investigacin del crimen personal contina con la investigacin del crimen social y la bsqueda de la justicia -como bien dijo el crtico uruguayo Angel Rama- se amplificar hasta abarcar a la sociedad entera". Y, de paso, sienta las bases de lo que el periodismo, la literatura y las ciencias sociales debern sopesar en adelante si es que realmente se anhela entender la realidad, jugar en serio con la ficcin y aplicar el rigor cientfico en aras de la verdad.

El resultado fue Operacin Masacre, obra maestra del periodismo, la literatura y las ciencias sociales de Amrica Latina. Las notas por entrega del libro, ledas por millones de trabajadores, no le franquean a Walsh las puertas de la gran-literatura-gran. Por sus explosivas connotaciones polticas la Muerte empieza a jugar recio y duro, y Walsh no tiene tiempo para atender los entretelones fantsticos del compromiso herbvoro y un ''boom'' editorial que califica de ''trampa cultural".

Diez aos ms tarde, cuando el juego va por la mitad, su pluma escribe: ''El campo del intelectual es, por definicin, la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su pas es una contradiccin andante, y el que comprendiendo no acta, tendr un lugar en la antologa del llanto pero no en la historia viva de su tierra" (Mensaje al Pueblo, Confederacin General de los Trabajadores de Argentina, CGT-A, primero de mayo de 1968).

Walsh buscaba romper las ataduras que someten a los intelectuales al poder, para llegar a las masas trabajadoras. Cosa que sus libros de ficcin, denuncia y testimonio, artculos y crnicas en el peridico de la CGT-A, el Semanario Villero y los cursos de periodismo que impulsa en fbricas y villas miseria de Buenos Aires (1972), tendrn un corolario magistral en el efmero y extraordinario peridico Noticias (1973-74), la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA, 1975), la Cadena Informativa en la lucha contra el terrorismo de Estado (1976-77) y en su trabajo de inteligencia en la organizacin poltico-militar Montoneros.

La historia de la que Walsh se hizo cargo, careca de maysculas. No iba en busca de la ''Historia". La historia lo buscaba a l. Y las historias de la realidad que contaba, describa y explicaba resultaron ms intensas y movilizadoras que la formidable capacidad de imaginacin de sus admirados Edgar Allan Poe, Arthur Connan Doyle, H.G.Wells, Richard Matheson o Anthony Boucher. Imaginaron Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares quin era aquel joven de apellido irlands de 23 aos cuando le dieron una mencin en el concurso literario de la revista ''Vea y Lea'' y la editorial Emec?

Las historias de Walsh necesitaban de una mquina de escribir, un buen whisky y un revlver cargado en la mesa de trabajo. Por qu no? Conforme sus pasos recorran laberintos institucionales despejando las tinieblas de un poder ms intrincado que el ''jardn de senderos que se bifurcan", los personajes que Walsh volcaba en el papel eran reales: militares asesinos, servicios de inteligencia tenebrosos, policas torturadores, sindicalistas corruptos, empresarios venales.

''Mi labor en el periodismo -dice en una entrevista- me puso en contacto con verdaderos investigadores, verdaderos delatores y tambin con algunos verdaderos hroes. Desde esta perspectiva, todo lo que pude haber inventado con anterioridad me resulta pobre, como una foto mal revelada". Historias de un pasado que hoy se pueden analizar y opinar sobre ellas con tranquilidad y sosiego pero cuyos trgicos fragmentos, recompuestos y situados en perspectiva histrica tentaban a la Muerte.

Agitador de conciencias, como el Che (por quien senta cario y admiracin), Walsh no era un demcrata constitucional, ni un marxista sabelotodo. Era un periodista militante que opt por jugar el ajedrez en el tablero de la vida. Y por esto fue de los primeros en prestar su inteligencia a Cuba revolucionaria, donde descifra los mensajes en clave de la CIA en los das de la invasin a Playa Girn (1961), y en la organizacin de la agencia de noticias Prensa Latina, dirigida por su amigo Jorge Masetti.

''Me fui a Cuba, asist al nacimiento de un orden nuevo, contradictorio, a veces pico, a veces fastidioso..."

La ideologa de Walsh es concreta. Como intuye que es la especie humana, y no el individuo, la que est herida, no sublimiza el rol del pueblo en la lucha de liberacin. ''Las ideas del pueblo -dice- son enteramente comunes; por lo general acertadas con respecto a las cosas concretas y tangibles". Sabe que tallo, germen y rama hacen al desarrollo del rbol pero que la arcilla humana, para conservar su gracia, no debe interferir a tal grado en su crecimiento con razonamientos que nieguen el derecho a equivocarnos. Deca ''No reconozco ni acepto jerarqua ms alta que la del coraje civil. No puedo, ni quiero, ni debo, renunciar a un sentimiento bsico, la indignacin ante el atropello, la cobarda, el asesinato".

Eduardo Galeano cuenta que conoci a Walsh cuando ambos coinciden como jurados del premio Casa de las Amricas en 1970. Fueron a una planta de elaboracin de puros y para su sorpresa encontraron que estaban leyendo Operacin Masacre. ''Una vieja tradicin cubana que viene de los tiempos coloniales, segn la cual en las plantas de tabaco hay un lector. Un tipo que est arriba, sentado en un pupitre, leyendo".

A qu ms puede aspirar un escritor? A la defensa de la ''libertad de expresin" que acaba en la lucha contra el aumento del IVA a los libros? A que no haya censura en las salas de redaccin a cambio de silenciar los crmenes de un modelo econmico ''...que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada''? (Carta a la Junta Militar, 1977).

Que Rodolfo Walsh se adelant a Truman Capote y Tom Wolfe en la ''non fiction novel"... Vaya. Y desde cundo el ''new journalism" tuvo que dormir con un ojo abierto para vigilar a la Muerte? Walsh, dice el escritor Osvaldo Bayer, sospech de la miopa que crece en la rutina de los claustros acadmicos y califica de ''periodismo" sus libros, envindolos al ''depsito de mercaderas varias".

El 25 de marzo de 1977, un comando de la Escuela de Mecnica de la Armada lo acribill en una calle de Buenos Aires. Lo queran vivo, pero el autor de Operacin Masacre se resisti con un arma de bajo calibre que a sus compaeros causaba risa: ''Penss enfrentarte a los milicos con eso?". Walsh los miraba con cara de esto es para no entregarme y elegir el modo de morir.

Me queda la sensacin de que a la hora de morir, Walsh record a Miss Jennie, su maestra de ingls del Colegio irlands para nios pobres: ''...Me hizo extender la mano y con una de esas largas reglas negras fileteadas de acero empez a golpearme los nudillos con fuerza, lentitud y mtodo, contando cada golpe. Creo que si yo hubiera gritado, retirado la mano, encogido un dedo, el castigo habra cesado. Pero me limitaba a mirarla, y eso la sacaba de quicio... Cuando dijo 'Diez!' y sent el ltimo reglazo sobre la anestesia de los anteriores, la leccin estaba completa. Le haba perdido todo respeto..."



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