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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2004

Quin secuestr a Simona Torretta?

Naomi Klein y Jeremy Scahill
La Jornada


Cuando Simona Torretta regres a Bagdad en marzo de 2003, en me-dio del bombardeo areo "conmocin y pavor", sus amigos iraques le dieron la bienvenida dicindole que estaba loca. "Estaban tan sorprendidos de verme. Dijeron, 'por qu es-ts aqu? Regrsate a Italia. Ests loca'".

Pero Torretta no se regres. Se qued durante toda la invasin, y continu con el trabajo humanitario que haba comenzado en 1996, cuando visit por primera vez Irak con su organizacin no gubernamental (ONG) contra las sanciones, Un Puente a Bagdad. Cuando Bagdad cay, Torretta de nuevo decidi quedarse, esta vez para llevar medicina y agua a los iraques que sufran bajo la ocupacin. An despus de que los luchadores de la resistencia comenzaron a hacer blanco suyo a los extranjeros, y la mayora de los corresponsales ex-tranjeros y los trabajadores humanitarios huyeron, Torretta de nuevo regres. "No puedo quedarme en Italia", le dijo la mujer de 29 aos a un director de documentales.

Hoy, la vida de Torretta est en peligro, junto con las de su compaera italiana, la trabajadora humanitaria Simona Pari, y sus colegas iraques Raad Ali Abdul Azziz y Mahnouz Bassam. Hace ocho das, los cuatro fueron secuestrados a punta de pistola en su casa/oficina en Bagdad y no se ha sabido nada de ellos desde entonces. Debido a que no existe una comunicacin directa con los abductores, se desat una controversia poltica por el incidente. Los defensores de la guerra lo estn usando para hacer aparecer a los pacifistas como unos ingenuos que alegremente apoyan una resistencia cuya respuesta a la solidaridad internacional son secuestros y decapitaciones. Mientras, un creciente nmero de lderes islmicos insinan que el ataque a Un Puente a Bagdad no fue trabajo de los mujaidines, sino de agencias extranjeras de inteligencia que quieren desacreditar a la resistencia iraqu.

No hay nada en este secuestro que encaje en el patrn de otras abducciones. La mayora han sido ataques oportunistas en peligrosos trechos de la carretera. To-rretta y sus colegas fueron framente cazados en su casa. Y mientras que los mujaidines escrupulosamente esconden sus identidades y se cercioran de cubrir sus caras con bufandas, estos secuestradores estaban destapados y bien rasurados, algunos en trajes de negocios. A uno de los asaltantes le llamaron "seor".

Las vctimas de secuestros han sido mayoritariamente hombres, sin embargo, tres de estos cuatro son mujeres. Los testigos dicen que los hombres armados interrogaron al personal del edificio hasta que identificaron a las Simonas por nombre, y que a Mahnouz Bassam, una mujer iraqu, la agarraron de la paoleta y la arrastraron, una impresionante transgresin religiosa en un ataque que se supone que se realiza en nombre del Islam.

Lo ms extraordinario fue el tamao de la operacin: en vez de los usuales tres o cuatro luchadores, 20 hombres armados llegaron a la casa a plena luz del da, al parecer sin importarles si los identificaban. A unas cuadras de la fuertemente patrullada Zona Verde, toda la operacin transcurri sin interferencia de la polica iraqu o de los militares estadunidenses -a pesar de que Newsweek inform que "como 15 mi-nutos despus un convoy Humvee estadunidense pas a menos de una cuadra".

Y las armas. Los atacantes tenan rifles automticos, escopetas correderas, pistolas con silenciadores y armas paralizantes, le-jos del estndar de los oxidados rifles Ka-lashnikov. Lo ms extrao es este detalle: los testigos dijeron que varios atacantes usaban uniformes de la Guardia Nacional Iraqu y se identificaron como empleados de Iyad Allawi, primer ministro interino.

Un vocero del gobierno iraqu neg que la oficina de Allawi estuviera involucrada. Pero Sabah Kadhim, vocero del Ministerio del Interior, acept que los secuestradores "portaban uniformes militares y chalecos antibalas". As que, fue ste un secuestro perpetrado por la resistencia o una operacin policiaca encubierta? O peor: un renacimiento de las desapariciones mukhabarat de Saddam, en las que los agentes arrestaban a los enemigos del rgimen y nunca se volva a saber de ellos? Quin podra haber perpetrado una operacin tan coordinada, y quin se podra beneficiar de un ataque contra esta ONG pacifista?

El lunes, la prensa italiana comenz a informar sobre una posible respuesta. El jeque Abdul Salam Kubaisi, de la principal organizacin clerical sunita en Irak, dijo a los reporteros en Bagdad que recibi una visita de Torretta y Pari un da antes del secuestro. "Estaban asustados", dijo el clrigo. "Me dijeron que alguien los estaba amenazando". Cuando se le pregunt que quin crea que estaba detrs de las amenazas, Kubaisi respondi: "Sospechamos de cierta inteligencia extranjera".

Echarle la culpa a la CIA o a conspiraciones del Mossad de los ataques de resistencia que no son populares es mera habladura en Bagdad, pero viniendo de Kubeisi, la afirmacin tiene una carga inusual; l tiene ligas con un amplio espectro de grupos de resistencia y ha negociado la liberacin de varios rehenes. Las afirmaciones de Kubaisi son ampliamente difundidas en los medios rabes, as como en Italia, pero estn ausentes de la prensa angloparlante.

Los periodistas occidentales se resisten a hablar sobre espas por miedo a ser etiquetados como tericos de la conspiracin. Pero espas y operaciones encubiertas no son una conspiracin en Irak; son una realidad cotidiana. Segn el subdirector de operaciones de la CIA, James L. Pavitt: "Bagdad es el hogar de la mayor base de la CIA desde la guerra de Vietnam", con 500 a 600 agentes. El primer ministro interino, Iyad Allawi, es un espectro de toda la vida, que ha trabajado con el MI6, la CIA y el mukhabarat, especializndose en remover enemigos del rgimen.

Los miembros de Un Puente a Bagdad se han opuesto con firmeza al rgimen de ocupacin. En abril, durante el estado de sitio de Fallujah, coordinaron misiones humanitarias de alto riesgo. Las fuerzas es-tadunidenses cerraron la carretera a Fallujah y sacaron a la prensa mientras se preparaban para castigar a toda la ciudad por las escalofriantes matanzas de cuatro mercenarios de Blackwater. En agosto, cuando los marines estadunidenses sitiaron Najaf, integrantes de Un Puente a Bagdad fueron de nuevo donde las fuerzas de ocupacin no queran testigos. Y un da antes de su secuestro, Torretta y Pari le dijeron a Ku-beissi que planeaban otra misin de alto riesgo a Fallujah.

A ocho das de su abduccin, las splicas por su liberacin han cruzado todas las fronteras geogrficas, religiosas y culturales. El grupo palestino Jihad Islmico, Hezbollah, la Asociacin Internacional de Eruditos Islmicos y varios de resistencia iraqu han expresado su indignacin. Un grupo de resistencia en Fallujah dijo que el secuestro hace pensar en "una colaboracin entre fuerzas extranjeras". Sin embargo, algunas voces destacan por su ausencia: la Casa Blanca y la oficina de Allawi. Ninguno ha dicho una palabra.

Lo que s sabemos es esto: si esta toma de rehenes termina en un derrame de sangre, Washington, Roma y sus representantes iraques rpidamente usarn la tragedia para justificar la brutal ocupacin, ocupacin a la que Simona Torretta, Simona Pa-ri, Raad Ali Abdul Azziz y Mahnouz Bassam se opusieron hasta poner en riesgo sus vidas. Y nosotros nos quedaremos preguntndonos si, despus de todo, ese habra sido el plan.

Traduccin: Tania Molina Ramrez
Copyright 2004 Naomi Klein
* Jeremy Scahill es reportero del show de radio y TV independiente estadunidense Democracy Now (www.democracynow.org); Naomi Klein es autora de No logo y Vallas y ventanas (www.nologo.org)



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