Portada :: Palestina y Oriente Prximo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2007

Olmert: Sin Sorpresas

Azmi Bishara
Al Ahram Weekly

Traducido del ingls por Sinfo Fernndez


Ciertos rabes encontraron aliento en las declaraciones de Olmert alegando que, si se modificara ligeramente la iniciativa rabe de paz, podra servir de base para las negociaciones. Con esa mencin a la iniciativa se estaba refiriendo, especficamente, a la Resolucin 194 de la Asamblea General, considerndola como algo imperfecto que haba que rectificar, adems de una lnea roja que ningn gobierno israel podra atravesar. El motivo subyacente en esas declaraciones de Olmert no supone secreto alguno. Es ms, Olmert ni siquiera se molesta en ocultarlo. A modo de introduccin, dijo que Israel no poda ignorar los desarrollos positivos que se haban producido en los estados rabes moderados, y como seal de tal reconocimiento, Israel, repentinamente, aunque no sorprendentemente, se dignaba echar una mirada a la iniciativa rabe de paz, que haba estado rechazando durante cinco aos enteros.

Segn la perspectiva israel, lo que hay de positivo en los estados rabes moderados es su postura en relacin con la guerra contra el Lbano y sus consiguientes contribuciones a la hora de reforzar las condiciones israelo-estadounidenses sobre Hamas. Esos esfuerzos, an en vigor, estn siendo llevados a cabo con grados diversos de secretismo, aunque al parecer hay muchos funcionarios rabes que le han confiado a Israel lo que hay en sus corazones. Por una parte, la influencia de los amigos neo-con rabes en EEUU ha empezado a desvanecerse en ese remolino negro de la nada donde reside ahora el cerebro muerto de Sharon, haciendo que los gobiernos rabes moderados hayan empezado a recuperar algn elemento de maniobralidad regional. Por otra parte, tras la abortada invasin israel del Lbano, estos estados consiguieron un margen ms amplio de libertad, en el curso del cual descubrieron que sus propias actitudes han cambiado, inclinndose ante la creciente influencia de sus neo-con locales, cuyo amor por la democracia ya sea como producto local o importado es slo equiparable con su repugnancia hacia el dinero y poder.

Los estados rabes moderados respiran ya con menor dificultad. Los aos de las vacas gordas han llegado. Pasaron ya esos largos aos de vacas flacas, 2001-2006, en que su nica posibilidad de accin era la de evitar la rabia desatada de EEUU tras el 11-S, y durante los cuales sus principios rectores fueron: camina cerca de la pared, besa la mano que te alimenta (aunque ests rezando para que se parta) y, como seala el proverbio rabe: Mantn al diablo a distancia y cntale una cancin. Y cun aspecto miserable ofrecan mientras se lamentaban de puertas afuera con ese lastimero estribillo: Mis ojos ren, pero mi corazn llora, tras cada visita de un funcionario estadounidense, como amantes de corazn roto, desconcertados por los inexplicables cambios de humor del presidente del imperio y perplejos ante el malicioso consejo de sus asesores de que abrieran sus almas a su siempre tan magnnimo vicepresidente.

Es difcil decir si los rabes recuperaron un margen de libertad a causa del absoluto desastre de EEUU en Iraq y porque se daban cuenta de que era un disparate prestar atencin a las rdenes de Washington una vez que el ejrcito israel empez a tropezar tan frenticamente con los cordones de sus zapatos en Lbano, o porque, y especialmente durante la guerra en Lbano, se mostraron a s mismos que no eran menos hostiles a los extremistas de la regin que los neo-con, pero que, al mismo tiempo, eran ms realistas y ciertamente no estaban tan cegados por los sueos de propagacin de la democracia y otros facetas del romanticismo ideolgico que gobernaba la visin que de Israel, y de su papel regional, tenan los neo-con estadounidenses. En todos los sucesos, el resultado es el mismo: Washington ha aflojado la correa y el Israel de Olmert est tomando a los denominados rabes moderados ms seriamente que de lo que se hizo bajo Sharon.

Volvamos, por tanto, a Olmert, por qu se volvi hacia la Resolucin 194 en particular, a pesar del hecho de que la iniciativa rabe de paz por desgracia- no menciona de forma explcita el derecho palestino al retorno sino que ms bien se limita a s misma a la frmula de una paz justa de acuerdo con esa resolucin? Por qu, asimismo, no nos record que rechaza retirarse a las fronteras anteriores a junio de 1967, incluida Jerusaln? Ciertamente, haba dejado ya muy clara su posicin en ocasiones anteriores, llegando hasta el punto de acusar a Ehud Barak de traicionar a Jerusaln durante Camp David II, aunque Barak no hizo mencin alguna de ese tenor.

En primer lugar, a Olmert le gusta airear sus objeciones en cuanto a los plazos, para poder sonsacar, de forma gradual, ms concesiones de los rabes. En segundo lugar, no quera plantear el tema de la retirada para no socavar los esfuerzos del eje rabe moderado antes de la cumbre de Riad, sobre todo porque conoce ya que Arabia Saud no ceder un palmo en la cuestin de las fronteras y de Jerusaln en particular. Por eso, para ahorrarle una vergenza a los moderados, limit sus comentarios a la Res. 194, porque rechaza por principio el derecho palestino al retorno. Pero, suponiendo, pongamos por caso, que los rabes le sigan la corriente y abierta, o tcitamente, renuncien al derecho al retorno, aceptara entonces Israel la iniciativa rabe? Por supuesto que no. Y deberamos ser muy cautos y no engaarnos a nosotros mismos pensando que la aceptara. Tan slo estara preparado para aceptarla como base de negociacin, que es como decir que aceptara el principio de retirada y entonces se pondra a regatear sobre la dimensin y etapas de la retirada y sobre las fronteras finales. En pocas palabras, Israel no estara de acuerdo en absoluto con ningn punto de la iniciativa rabe de paz.

Al aceptar entrar a considerar esta iniciativa, Israel confa en transformarla en un proceso prolongado para ir obteniendo compromisos de los rabes, con el mismo procedimiento que sigui en el acuerdo que firm para negociar con la OLP a travs de un largo proceso que puso a los palestinos contra la pared. En el pasado pudimos identificar los momentos decisivos fundamentales en la pendiente descendente de la posicin rabe/palestina con respecto a Israel. Ahora es difcil hasta discernir los recovecos, por lo fluido y enrevesado que este proceso de extraccin ha llegado a ser, con todo el juego dado a las dos partes y a los moderados y extremistas de ambas partes, y con la perspectivas inacabables de tiempo hasta que se celebren las elecciones israeles, las prximas elecciones estadounidenses, una nueva avalancha de enviados yendo y viniendo a la regin, las elecciones palestinas provocando un bloqueo, otro perodo de espera para ver cmo un pueblo bajo ocupacin se manejaba con un estrangulamiento econmico, y despus ver si podan o no formar un gobierno de unidad nacional y, si lo conseguan, entonces se podra llegar al fin del bloqueo o se pasaba a otro perodo de espera.

Adems de intentar fijar nuevos cimientos para el proceso de paz, despus de que la Hoja de Ruta fracasara en el intento de neutralizar la iniciativa rabe de paz (a propsito, qu fue de la Hoja de Ruta? Alguien llev la cuenta de cuantos aos, conferencias y dinero se gastaron en ella?), Israel est adulando de forma enrgica al campo moderado. Con el fin de la era neo-con, se quieren encontrar respuestas para ese campo; al menos hasta que se celebre otra cumbre rabe. Despus de todo, sabe que ahora tiene que aceptar a esos regmenes rabes tal y como son, al igual que EEUU haba retomado un enfoque de hipottica guerra fra a travs del cual los regmenes se situaban en categoras sobre la base de aqullos que estn con nosotros son moderados y, los que estn en contra, extremistas. Israel ha reconocido tambin el patente y positivo cambio en las actitudes de esos regmenes hacia l. Sin embargo, y de forma simultnea, teme que la recin encontrada libertad que esos regmenes estn sintiendo pueda llegar hasta sus dirigentes e inspirarles para abandonar los mrgenes e ir de cabeza al corazn de la cuestin, en cuyo caso podran, por ejemplo, decidir coordinarse con los extremistas para solucionar sus dilemas regionales. El Acuerdo de la Meca es un ejemplo muy, muy modesto de las posibilidades. Aunque este acuerdo no resolvi ni un solo problema regional, proporcion una inyeccin de sangre fresca.

Aunque los dilemas del Oriente Medio no son, probablemente, consecuencia directa de la estrategia de crear ejes contrapuestos de alineacin regional, esta estrategia ha ayudado a que esos dilemas sean ms inabordables. Tomemos, por ejemplo, Iraq. EEUU es quien incendi Iraq, pero esas llamas han estado alimentadas por las diversas intervenciones de los ejes regionales contrapuestos. Iraq se ha convertido en un lugar para los juegos de poderes regionales en lugar de una arena de cooperacin regional en la cual los gobiernos podran trabajar juntos para apagar el infierno en lugar de avivarlo. Desde luego, las fuerzas estadounidenses hubieran tenido que retirarse antes y despus habran debido abstenerse de incendiar otros elementos problemticos, de la misma forma que se hizo, con bastante perfeccin, durante la Guerra Fra.

Lbano ofrece un ejemplo ms deslumbrante que Iraq. El problema en Lbano podra haberse resuelto con mayor facilidad. Qu lo hizo tan complejo? Ah haba un pas con miles de personas listas a pagar con sus vidas para obligar a una potencia extranjera ocupante a retirarse, ya que, efectivamente, la presencia de esa potencia constituye una ocupacin extranjera. As pues, por qu no es sta una causa ms que suficiente ya? Quiz tiene algo que ver con el hecho de que ciertos partidos que se haban aliado con el anterior gobierno ahora, retroactivamente, afirman que han estado bajo ocupacin y estn demandando la cada de un gobierno que EEUU tolera por las mismas razones anti-extremistas que hacen que EEUU no tolere esos partidos en cuestin.

O quiz el anterior gobierno libans, que haba incluido a algunos de esos elementos que estn clamando contra l en capitales extranjeras, no era una potencia ocupante extranjera por cuya retirada mereca sacrificar la vida de uno (como fue el caso, desde el punto de vista de los opositores actuales al gobierno anterior, de Michel Aoun, quien ahora pide sencillamente la retirada de Siria y se ha aliado con la resistencia), o quiz Lbano se ha convertido en el patio de recreo de ejes regionales rivales. La introspeccin sincera y la coherencia lgica no tienen nada que ver con el cambio de ciertos partidos desde un alineamiento con Siria, Irn y la resistencia al compromiso con otro alineamiento. Esto no tiene nada que ver con los pueblos retractndose del extremismo y abrazando la moderacin y mucho que ver con su conviccin de que ese giro hacia el campo contrario sirve a sus propios intereses, al igual que su anterior alianza con el rgimen que ahora quieren echar abajo, porque en aquel momento les convena que fuera as. Esta bsqueda de estrechos intereses es la esencia del juego actual de los ejes regionales y es la nica explicacin de cmo el problema libans se ha quedado estancado en un cenagal de complicaciones cuando podra haberse resuelto fcilmente. Consideren, por ejemplo, que el partido que se haba opuesto a la presencia siria en Lbano, y que actualmente, junto con la resistencia, se opone al eje orientado por EEUU, est participando en el gobierno actual slo para asegurar que el gobierno no se vuelva contra l. Ahora bien, si tan slo el otro partido mayoritario pudiera situarse a bordo, podra alcanzarse una solucin. La condicin fundamental para llegar al xito es que se determinen a inmunizar al Lbano contra las estratagemas de la poltica de ejes regionales, de los cuales la forma menos democrtica y ms perniciosa es la estadounidense, que busca simplemente utilizar al Lbano como una plataforma contra Irn.

La peor pesadilla para Israel, por el momento, es que los moderados abran los ojos al hecho de que el juego de la poltica de ejes no le interesa a nadie. Cuando los pases empiecen a considerar en serio ese juego y se pregunten si ellos mismos son realmente capaces de exigir el derrocamiento de otro rgimen rabe y si estn dispuestos a empezar ahora con eso, o qu precio tendran que pagar si no quieren eso y se resisten de forma activa, y cuando empiecen a preguntarse a ellos mismos si sus acciones en una determinada direccin valdrn la pena a largo plazo, se encontrarn inevitablemente con conclusiones que difieren radicalmente de los arquitectos de ese juego. Lo mismo se aplica a la cuestin de una guerra contra Irn. Incluso el ciudadano rabe medio es capaz de comprender las consecuencias desastrosas de tal guerra. Lo ltimo que Israel quiere, claramente, es que los rabes moderados utilicen su margen de libertad para empezar a pensar por s mismos.

Mientras tanto, EEUU est atrapado entre la espada y la pared, entre la conflagracin que prendieron en Iraq y que est ahora siendo avivada por otros y las consecuencias de interrumpir ese llamamiento a prender fuegos en otros pases, para que ellos, a su vez, paren las llamas avivadas en Iraq y, en vez de seguir haciendo eso, se pongan a ayudar a sofocar el fuego all. EEUU est jugando ahora la misma partida que Israel est jugando con los rabes. Est tratando de forzar a Irn y Siria para que rectifiquen las imgenes que los medios estadounidenses han creado de ellos, y la forma en que se supone que tienen que hacerlo es ayudando a EEUU a salir de Iraq. Aydanos a cambio de que te permitamos ayudarnos, parece ser, como mucho, la magnnima oferta estadounidense, a cambio de permitirte sentarte en la misma mesa con nosotros en Bagdad. Quiz EEUU se imagina que Siria e Irn saltaran a la menor ocasin porque podran representarlo como una victoria. Sin embargo, las victorias reales son la relajacin de Washington en su asedio contra Siria y su voluntad de hablar con Irn, y esto se debe a ellos mismos y no a las estratagemas estadounidenses, a su fracaso y a la acrrima resistencia contra los designios estadounidenses en Lbano, Iraq y Palestina.

En cualquier caso, el juego estadounidense en s aparece ahora muy reido consigo mismo, fluctuando entre probar su fortaleza, que se pone de manifiesto en el intento de exponer a Siria e Irn durante las reuniones con los lderes iraques, y la sumisin rencorosa al realismo encarnado por el informe Baker-Hamilton.

Enlace texto original en ingls:

www.weekly.ahram.org.eg/2007/837/op2.htm

Sinfo Fernndez forma parte del colectivo de Rebelin y Cubadebate.



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