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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-03-2007

Y vendrn ms cnones y nos harn ms ciegos
El canon bibliotecario en Espaa al Libro Guiness!

Ramn Salaberria
Rebelin


Si don Judas Tadeo, patrn de las causas imposibles, no lo remedia, este jueves 29 los diputados espaoles aprobarn la Ley de la lectura, del libro y de la cooperacin bibliotecaria. Con ello conseguirn un record digno del Libro Guiness: que en un pas cuyas bibliotecas pblicas prestan 1 libro al ao por habitante, se implante un impuesto a los prstamos bibliotecarios. Que en un pas donde se conceden 16 millones de euros al ao en concepto de ayudas a la creacin y edicin, se tenga que abonar un canon por los prstamos que realizan sus bibliotecas. Pero nuestros buenos diputados dicen que es mandato de la Santa Madre Europa y que, ante ello, nada se puede hacer. En efecto, es la Comisin Europea, y ms en concreto la Direccin General de Mercado Interior, la que se encarga de este asunto bibliotecario, de este asunto de educacin ciudadana.

El desbarajuste que ha creado la directiva europea sobre derechos de alquiler y prstamo y otros derechos afines a los derechos de autor es de tal calibre que catorce aos y medio despus de su aprobacin son ms los pases que han sido llevados al banquillo del Tribunal Europeo de Justicia o reprendidos por la Comisin Europea, que aquellos que supuestamente la habran aplicado bien.

All por los aos posteriores a la Segunda Guerra mundial los pases del norte de Europa (Dinamarca, Suecia, Finlandia), pases de gran uso de bibliotecas y elevado nmero de prstamos, establecieron el derecho de prstamo pblico. El objetivo era promover las letras y la cultura nacional, rodeadas por lenguas mayoritarias como el ingls, ruso y alemn. En los ltimos das de 2004, casi medio siglo despus, la Comisin Europea enva cartas de emplazamiento (primera fase del procedimiento de infraccin) a Dinamarca, Finlandia y Suecia porque slo remuneran a autores locales o que escriban en las lenguas nacionales (es decir, exactamente para lo que haban creado la ley).

Ninguna de las condiciones que dieron nacimiento al derecho de prstamo pblico en bibliotecas se dan en el caso espaol: una industria editorial que tiene (a diferencia del fins, sami, sueco o dans) un pblico potencial de 500 millones de lectores de espaol y unas bibliotecas pblicas que si crecieran al ritmo de estos diez ltimos aos (el ms grande de su terrible historia) alcanzaran en 2030 los seis prstamos por habitante ao de Dinamarca en 1960.
 

No es por su Graciosa Majestad

Uno de los aspectos ocultos en el actual bombardeo sobre los derechos de autor, es que los lmites y excepciones a las facultades de los titulares de tales derechos no son una concesin de su Graciosa Majestad sino que existen desde que se legisl por primera vez sobre la materia. Desde hace cientos de aos las excepciones se incluyen en la legislacin relativa al derecho de autor con el fin de atender los objetivos de poltica pblica. No son una concesin, tampoco, de las sociedades de gestin de derechos de autor.

La directiva europea sobre prstamo bibliotecario slo se pudo aprobar tras la inclusin del artculo 5.3: Los Estados miembros podrn eximir a determinadas categoras de establecimientos del pago de la remuneracin. As lo hizo Espaa (y muchos otros pases) en la Ley de Propiedad Intelectual, estableciendo que todas las bibliotecas pblicas y aquellas de uso pblico dependientes de organizaciones sin nimo de lucro estn exentas de dicho pago. El Estado espaol sostena que haba efectuado una correcta transposicin de la directiva por entender que la situacin bibliotecaria de nuestro pas arrastra un dficit importante respecto a otros miembros de la Comunidad Europea que s han aplicado el canon, y por considerar que este gravamen frenara las polticas de desarrollo en marcha para equiparar el sistema bibliotecario espaol a la media europea. De nada le sirvi: el pasado 26 de octubre el Tribunal de Justicia de la Unin Europea (UE) conden a Espaa por eximir a las bibliotecas antes mencionadas de un pago por el prstamo de libros.

El autor como excusa

La argumentacin del Tribunal se basa en que el hecho de eximir a casi todas, o incluso a todas las categoras de establecimientos que efectan tales prstamos () privara a los autores de una remuneracin que les permitiese amortizar sus inversiones. (Ya habamos avisado al inicio que este caso lo lleva la Direccin General de Mercado Interior).

Tambin, reconociendo (pues tienen su corazoncito) que la promocin cultural es un objetivo de inters general que permite hacer excepciones al cobro en determinados establecimientos de prstamo pblico, subraya que otro de los fines de la normativa es la proteccin de los autores para garantizarles unos ingresos suficientes. Precisamente para proteger este derecho a remuneracin, el legislador comunitario ha pretendido limitar el alcance de la exencin, aade la sentencia.

Ahora bien, si los jueces piensan (no me lo creo) que esa directiva es realmente para garantizar unos ingresos suficientes a los autores lo mejor es que se asomen a las legendarias bibliotecas del Reino Unido. Desde hace casi 25 aos se aplica el derecho de prstamo pblico en sus bibliotecas. Actualmente, dos terceras partes de las casi 20.000 autores que reciben una remuneracin de sus libros en bibliotecas, reciben menos de 25.000 pesetas al ao, 12 euros al mes. Y eso que siguen prestando mucho: en 2003 las bibliotecas pblicas britnicas prestaron 406 millones de documentos (las espaolas casi 45 millones). Entre 1984 y 2004 las arcas pblicas desembolsaron 77 millones de libras (unos 18.000 millones de pesetas) en concepto de pago por los prstamos de sus bibliotecas. Casualmente, al mismo tiempo, maldita casualidad, maldita Thatcher, los presupuestos para la adquisicin de libros y documentos en las bibliotecas disminuan; servicios bibliotecarios cerraban; los horarios de apertura se acortaban. En 2003 las bibliotecas pblicas britnicas prestaron 157 millones de libros menos que en 1993, slo diez aos antes: 563 millones en 1993 (20 millones en Espaa) y 406 millones en 2003.

 

El autor como estandarte

La Federacin de Gremios de Editores de Espaa (FGEE) se fund en 1978. Agrupa a algo ms de 700 empresas que editan el 90% de la produccin espaola (25 editoriales copan casi dos terceras partes del mercado). En 1988 crean CEDRO (Centro Espaol de Derechos Reprogrficos). Hoy CEDRO lo preside Josep M. Puig de la Bellacasa, de la empresa Multimedia Ediciones, grupo Planeta, hombre fuerte de la FGEE, y hasta hace nada su vicepresidente 2. CEDRO ha sido la herramienta utilizada para introducir el canon por prstamo bibliotecario en Espaa. En 2005 recaudaron, en concepto de canon por fotocopias, 30 millones de euros. A su vez, la muy poderosa industria editorial espaola recibi por parte de las administraciones pblicas 16 millones de euros en concepto de ayudas a la creacin y edicin. Ave Puig de la Bellacasa, los que van a pagar una vez, y otra, y otra, te saludan!

CEDRO asegura contar con 10.036 autores afiliados. Una minucia en relacin con los que han publicado una obra literaria, cientfica, tcnica, educativa, de informacin, divulgacin, etc.; los que han participado en una obra colectiva; los que han publicado la letra de una cancin; los que han publicado un artculo en algn peridico o revista (de motos, montaismo, cardiologa, bricolage, hip hop, moluscos, cannabis, macram, viajes, flora, fauna). En fin, slo revistas mdicas hay ms de 200 en Espaa. Un generoso concepto de autor que hace que esta asociacin de la industria editorial cuente con ese nmero de afiliados. Por cierto, ser verdad que hay ms autores que lectores?

Si miles de autores de ficcin, universitarios, de prensa, firman manifiestos y redactan artculos contra la aplicacin del canon en las bibliotecas espaolas, eso no le afecta a CEDRO absorto hasta la abnegacin en la defensa de esos mismos autores. Las sociedades de gestin de derechos de autor han olido la presa y no la van a soltar. Menos an cuando se propagan discursos que dicen que el ciudadano no ha de preocuparse, que no va a salir de su bolsillo, que no tendrn que poner un eurito en el mostrador de la biblioteca, que las administraciones pblicas lo pagarn. Es el escenario ideal para CEDRO y dems banda. De manera limpia, asptica, sin improperios de un ciudadano que se siente estafado, se transfieren a sus cuentas los desembolsos de las arcas pblicas, que es de todos y no es de nadie.

Quin pagar el pato? No lo duden: las enclenques bibliotecas municipales. Porque, no s si lo saben, a este canon sigue otro (directiva 2001/29/CE relativa a la armonizacin de determinados aspectos de los derechos de autor y derechos afines en la sociedad de la informacin) y otro. Y vendrn ms cnones y nos harn ms ciegos.


 



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