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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2007

Darfur y sus falsos amigos

Bruno Guigue
Rebelin

Traducido por Caty R.


Es una regla de oro del sistema meditico: cuanto ms alto se denuncia la indiferencia, ms se contribuye a arruinar el objetivo. Por qu la opinin mundial se muestra indiferente ante el drama de Darfur? En parte, posiblemente, porque este drama humano no es por desgracia el nico del planeta. Pero, podemos decir lo mismo con respecto a la "comunidad internacional"? Excepto Lbano, pocos pases han "disfrutado" en los ltimos tiempos de tanta actividad de la ONU. En tres aos, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, ha adoptado once resoluciones respecto a un conflicto que ya se ha cobrado 200.000 vctimas desde la primavera de 2003. La ltima es la resolucin 1706 del 31 de agosto de 2006, que prev transferir a la Organizacin de las Naciones Unidas la misin de paz que se confi en 2004 a la Unin Africana.

Desde la adopcin de este texto, el gobierno de Jartum se opone frreamente a la ONU, que pretende imponer el envo de varios miles de "cascos azules". Arrogante defensor de la soberana nacional sudanesa, el presidente Omar el Bechir consinti sin embargo, con la boca pequea, la formacin de una fuerza conjunta ONU-UA. Mientras tanto da largas a las negociaciones, lo que provoca la impaciencia estadounidense. La secretaria de Estado, Condy Rice, anunci que "se estn estudiando nuevas opciones". En la presentacin de una conferencia conjunta con su homloga israel declaro que "Sudn debe comprender que la comunidad internacional no puede quedarse quieta mientras la gente sufre" (AFP, 15 de marzo de 2007).

Si este mensaje tuviera un alcance universal y concerniese tambin a los palestinos, invadidos militarmente desde hace cuarenta aos, no cabe duda de que conseguira una amplia adhesin. Desgraciadamente no es el caso. La presencia de la ministra israel de Asuntos Exteriores en esta conferencia de prensa, a fin de cuentas, transmite un mensaje cristalino: la solicitud americana, slo para Darfur, le parece muy bien a Israel. Con el mismo entusiasmo, Washington denuncia las atrocidades cometidas por los esbirros de Jartum y abastece a Tel Aviv de las armas que le permiten aterrorizar a la poblacin palestina. Voluntariamente esquizofrnica, la superpotencia inmuniza a Israel contra la mquina de la ONU y pretende lanzarla contra Sudn.

La paradoja es tanto ms flagrante cuanto que la crisis de Darfur, en el Derecho Internacional, es un asunto interno sudans. En Palestina, impotente por el veto estadounidense, la comunidad internacional deja impune una violacin flagrante de la legalidad internacional. En Sudn se ha preocupado de apuntalar la legitimidad de la intervencin, mientras que en Palestina eso no ocurrir ni en sueos La injerencia internacional en los asuntos internos de un estado, en efecto, se legitima por la sospecha de crmenes contra la humanidad. De ah la importancia crucial, para que avance el proceso, de la calificacin de los crmenes cometidos. Pero adems es necesario que se consulte a las instituciones internacionales.

La situacin que prevalece en Darfur se ha sometido oficialmente, con razn, al Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Esta nueva institucin internacional recin creada ha encontrado en el drama sudans un campo de accin privilegiado. El informe de la misin de evaluacin del CDH entregado el 12 de marzo de 2007, ha provocado el reciente endurecimiento de la poltica estadounidense. Al denunciar de nuevo "crmenes de guerra y crmenes contra la humanidad" en Darfur, el informe es particularmente demoledor para Jartum.

La resolucin de la Asamblea General del 15 de marzo de 2006 que cre el Consejo de los Derechos Humanos reconoca "la importancia de garantizar la universalidad, objetividad y no selectividad en el examen de las cuestiones de derechos humanos y de eliminar la aplicacin de un doble rasero y la politizacin". Un deseo piadoso, ciertamente, porque hay pocas posibilidades de ver la poltica israel en los territorios palestinos sometida a una investigacin similar del Consejo de los Derechos Humanos.

Aunque se le ha acusado a menudo de cobarda frente al conflicto de Sudn, muy al contrario, la ONU despliega all una actividad febril ya que quiere lavar la afrenta de su pasada impotencia frente al genocidio ruands. Usando por turno la amenaza y la persuasin, esta accin diplomtica se acompaa, por aadidura, de una accin judicial real. El 15 de marzo de 2005 el Consejo de Seguridad de la ONU traslad la situacin de Darfur al fiscal de la Corte Penal Internacional. Se ha lanzado a la opinin pblica una lista de 51 cargos por crmenes de guerra y crmenes contra la humanidad, ejerciendo una presin considerable sobre las autoridades sudanesas y sus aliados locales. Porque aunque los nombres de los presuntos culpables no se han divulgado, nadie ignora que los altos dignatarios sudaneses figuran en esta autntica lista negra.

Ayuda humanitaria masiva, avalancha de resoluciones, toma de posesin de la CPI: este desenfreno de medios, hasta el momento, ha dado unos resultados dudosos. Habra sido impensable, en todo caso, sin el poderoso aguijn de la poltica estadounidense. Darfur acumula tres ventajas obvias para suscitar la compasin al otro lado del Atlntico: Est alejado geogrficamente (exotismo propicio para el desahogo afectivo), su desgracia es ajena a cualquier influencia estadounidense (buena conciencia garantizada) y es vctima de la supuesta crueldad del mundo rabe-musulmn (comodidad ideolgica asegurada). De resultas, no es de extraar que 50.000 personas desfilaran por Washington en abril de 2006 contra el "genocidio" de Darfur, es decir, tantas como en la ltima manifestacin contra la guerra de Iraq.

Don Cheadle, George Clooney, Angelina Jolie, el Congressional Black Caucus (Comit de Congresistas de la Raza Negra, N. de T.), el museo del Holocausto, las asociaciones judas, los grupos cristianos evangelistas: la vasta coalicin "para salvar Darfur" afirma que representa a 130 millones de personas integradas en 178 asociaciones. Las ms activas son indiscutiblemente las asociaciones judas, sobre todo las instituciones "de la memoria". As, "la Iniciativa de prevencin del genocidio del museo del Holocausto" en Washington, que tiene como misin "honrar la memoria del Holocausto actuando contra los genocidios contemporneos", decret una "urgencia especial" para Darfur en 2004, despus de haber concluido que "las vctimas lo son debido a su origen". La administracin Bush, pisndole los talones, inmediatamente despus calific la guerra civil de Darfur de "genocidio", mientras que la ONU y los europeos hablan de "crmenes contra la humanidad". (Libration, 20 de marzo de 2007).

En Francia tambin se perfila un movimiento de opinin, orquestado por los medios de comunicacin, en defensa de Darfur. Julien Clerc pone su voz en un mensaje audiovisual a favor del llamamiento que lanz Bernard Kouchner en Le Plerin para la apertura de "corredores humanitarios". Artistas e intelectuales se apian alrededor del colectivo "Urgence Darfur" que, precisa Libration, "cuenta con masones, cristianos, asociaciones judas, negras (CRAN) y muy pocos rabes o musulmanes". Le Nouvel Observateur se adhiere con entusiasmo al llamamiento de "Urgence Darfur" al Parlamento europeo para el envo de una "fuerza de proteccin internacional".

Bernard Henry Lvy (BHL) publica cinco exuberantes pginas en Le Monde tras haber paseado durante una semana en un 4x4 climatizado por la frontera entre Chad y Sudn. En la conferencia organizada por el colectivo "Urgence Darfur" el 21 de marzo, Sgolne Royal y Franois Bayrou firmaron un "compromiso de ocho puntos para salvar Darfur". Los otros candidatos a la presidencia se apresuran a hacer otro tanto. Para terminar, un mensaje del presidente de la Repblica ledo por BHL amenaz a Sudn con "sanciones" si continan las "exacciones"; es el "despertar de las conciencias", resume Libration.

Si esta movilizacin da como resultado mejorar la suerte de los habitantes de Darfur, quin se negara sinceramente a alegrarse? Pero es poco probable. En primer lugar porque estas iniciativas mediticas a menudo se basan en un anlisis errneo de la situacin, y despus porque esa parcialidad del anlisis origina precisamente lo contrario de lo que pretende conseguir. Al proferir generalizaciones abusivas, se proporciona a Jartum el pretexto ideal para justificar su inmovilismo. Es el caso, por ejemplo, cuando se repite la acusacin simplista contra "las milicias rabes nacidas de tribus nmadas que masacran a las poblaciones de Darfur slo porque son africanos negros".

Segn el criterio de autnticos especialistas en la regin, este tipo de aserto requiere una matizacin seria. Es verdad que existe cierto "racismo" hacia las poblaciones perifricas por parte de las elites sudanesas de origen rabe que viven en el valle del Nilo. Poseedoras del poder en Jartum, estas elites son los verdaderos socios comanditarios de los atropellos que cometen las milicias "yanyawid", los "jinetes diablicos" que siembran el terror en las zonas rebeldes. Pero los yanyawid son tan negros como sus vctimas, explica Marc Lavergne, director de investigacin del CNRS (Centro Nacional de Investigacin Cientfica) y especialista en Sudn: "para m todo el mundo es negro en esta historia. La nocin de racismo no tiene razn de ser. Las milicias tribales yanyawid son unos mercenarios que no se proclaman en absoluto rabes. Ellos no son el verdadero problema. Generalizando, podramos decir que son pobres que luchan contra pobres". (Afrik.com, 16 de julio de 2004).

Nada es ms pernicioso, por tanto, que una "racializacin" inoportuna de la lectura sobre el conflicto, porque oculta el hecho de que todas las etnias que viven en Darfur, en realidad, fueron arabizadas e islamizadas durante un largo proceso histrico. Las tribus nmadas del norte de Darfur, los "bagaras", existieron antes que las otras, pero todas ellas utilizan el rabe aunque sigan usando los dialectos africanos. Por lo dems, la mezcla multisecular de las poblaciones impide hacer "distinciones raciales" que los matrimonios entre las diferentes etnias hicieron imperceptibles. "Tan vctimas de la discriminacin sociorregional como sus conciudadanos negros, los bagaras se encuentran del lado de las elites asesinas de Jartum slo por la jugarreta de la falsa conciencia de una arabidad ms imaginaria que real", explica Grard Prunier, investigador del CNRS. (Le Monde diplomatique, marzo de 2007).

Las milicias manipuladas por el gobierno sudans estn lejos de ser el brazo armado de los "pastores nmadas rabes". Presidiarios liberados con la promesa de un compromiso miliciano, ex desertores del ejrcito gubernamental del sur, miembros de tribus camelleras vctimas de la sequa, naturales de algunas etnias negroafricanas que esperan una retribucin por su adhesin: la composicin de las milicias yanyawid es enormemente variada. Marc Lavergne incluso ve en ellas un "lumpen proletariado" ("proletariado andrajoso", segn la clebre frase de Karl Marx) utilizado cnicamente por Jartum para expulsar a los habitantes de Darfur e instalar en su lugar grandes explotaciones mecanizadas confiadas a empresas agrcolas o a grandes familias". A la inversa, a menudo olvidamos mencionarlo, la principal etnia rabe de Darfur (los bagaras rezigat) cre su propio movimiento de guerrilla antigubernamental para protestar por la miseria de las poblaciones y la incuria de Jartum.

Este galimatas de hechos que parecen contradecir los prejuicios debera pues incitar a la prudencia en el anlisis. Tambin se deberan emplear las mismas precauciones metodolgicas cuando se aborda la dimensin confesional. En Darfur todo el mundo es musulmn y el conflicto no tiene ninguna connotacin religiosa. Es una de las mayores diferencias con la sangrienta guerra civil que enfrent a Jartum con la rebelin sudista entre 1983 y 2005. Pero a BHL esta evidencia le tiene sin cuidado.

De paso en Darfur, el filsofo ambulante tuvo una revelacin: "resumiendo, vi pocas mezquitas en el Darfur devastado. Creo que no me cruc con ninguna mujer velada. Recuerdo la escuela bombardeada de Deissa donde me ensearon las aulas de los chicos al lado de las de las chicas. Y se me ocurre que al final, despus de todo, es otra razn la que hay all para esa guerra, para esa movilizacin: el Islam radical contra el Islam moderado; el rgimen que a finales de los aos 90 daba asilo a Bin Laden contra las poblaciones musulmanas rebeldes al islamismo, en el corazn de frica, desde las tinieblas, puede perpetrar, si no hacemos nada, el primer genocidio del siglo XXI, otra representacin del choque de civilizaciones que existe y es, lo sabemos, el de los dos Islam" (Le Monde, el 12 de marzo de 2007).

Decididamente no se ve lo que no se quiere ver. Y, ms grave todava, procedemos a la reconstruccin imaginaria de una realidad totalmente diferente. El conflicto de Darfur estall en febrero de 2003 con la rebelin de dos grupos armados, el Movimiento para la Liberacin de Sudn (MLS) y despus el Movimiento para la Justicia y la Igualdad (MJE). Dotado de una influencia poltica real, este ltimo es de obediencia islmica y adems sospechoso de proximidad con Hassan al Turabi, dirigente de los Hermanos Musulmanes y ex eminencia gris del rgimen nacido del golpe de Estado militar de 1989, al contrario que el poder sudans que se distanci claramente del islamismo radical al da siguiente de los atentados del 11 de septiembre. El presidente Omar el Bechir excluy a la corriente "arabista" y Jartum acab por acceder al rango de compaero de Estados Unidos en la lucha contra Al Qaeda.

De esa forma Sudn expiaba sus antiguas alianzas con Bin Laden y presentaba una apariencia respetable en la perspectiva de un acuerdo de paz en el sur. En todo caso, si hay "islamistas" en Darfur, es obvio que estn en ambos bandos. Una situacin compleja que recientemente resumi Rony Brauman: "no se trata de un conflicto entre islamistas extremistas y musulmanes moderados. El frente de resistencia, ms o menos unido hasta 2006, se fragment en una docena de grupos que combaten entre ellos y adems siguen luchando contra las fuerzas gubernamentales y las milicias. Entre los ms encarnizados, porque consideran que Darfur no ocupa el lugar que le corresponde, estn los islamistas radicales" (Le Nouvel Observateur, 15 de marzo de 2007).

Por qu en la axiologa del conflicto se resaltan de forma sistemtica las lecturas tnica y religiosa? Por qu no nos decidimos a considerar el conflicto de Darfur, primero, como un conflicto poltico? "Los movimientos de liberacin, como explicaba Marc Lavergne en 2004, no reivindican la independencia ni la autonoma, sino un reparto ms justo del poder y los recursos. Los rebeldes consideran que su regin est desfavorecida con relacin a otras, en particular con las del centro. La rebelin estall, entre otras razones, porque estaba a punto de firmarse un acuerdo entre Jartum y la rebelin sudista. Posiblemente Darfur intent imponer, como la poblacin del sur, un reparto de los poderes y las riquezas y la represin fue desproporcionada. El ejrcito intervino con bombardeos masivos y el poder recurri a las milicias tribales, los yanyawid". (Le Nouvel Observateur, 5 de agosto de 2004).

La guerra de Darfur, un conflicto poltico entre el poder acaparador y una regin desheredada, entre el centro hegemnico y una periferia abandonada a su suerte, es una autntica tragedia. El gobierno de Jartum, evidentemente, tiene una gran responsabilidad en este desastre en el que las poblaciones civiles estn pagando un tributo desorbitado. En cuanto al sombro balance de esta guerra las estimaciones divergen, pero la ONU apunta la cifra de 200.000 vctimas. Segn Rony Brauman, "podemos calcular que durante perodo ms violento, desde la primavera de 2003 al verano de 2004, murieron entre 30.000 y 70.000 personas a las que hay que aadir, como en todos las guerras, a las vctimas del aumento del ndice de mortalidad causado por la desnutricin, lo que representa alrededor de 200.000 personas" (Le Nouvel Observateur, 15 de marzo de 2007).

Es una guerra civil terriblemente mortfera para una regin que cuenta con unos 7 millones de habitantes, pero, podemos hablar por eso de genocidio? Para el ex presidente de MSF, [el genocidio] "no era el objetivo de esta guerra. En ningn momento los dirigentes sudaneses declararon intenciones que evocasen la idea de aniquilar a un grupo determinado. Quieren marginar a este pueblo y tenerlo sometido, eso es indiscutible, pero no exterminarlo". Entre 30.000 y 70.000 vctimas directas de las matanzas financiadas por Jartum es una cifra aterradora y escandalosa, pero no mucho ms que las 30.000 vctimas que produjo la invasin israel en Lbano en 1982, un pas que contaba apenas con 3 millones de habitantes. Y ningn Consejo de los Derechos Humanos ni ninguna Corte Penal Internacional ha tenido a bien acusar de genocidas a los dirigentes israeles.

La acusacin de "genocidio" acuada por los medios de comunicacin estadounidenses, permite estigmatizar a un rgimen rabe que ha flirteado mucho tiempo con el islamismo. Pretende tambin fortalecer la idea de la necesidad de una dura intervencin de los pases occidentales, pero excepto "la hibridacin" de las fuerzas de la ONU y las de la UA que Jartum acept desde el principio, qu sentido tiene la solucin militar? Cmo una intervencin extranjera en una regin tan grande como Francia, tendra la menor posibilidad de xito? La compasin occidental que desemboca en el envo de un cuerpo expedicionario: dios nos libre, aqu y en todas partes, de esta pareja infernal.

Los partidarios entusiastas de la "solucin militar", adems de que cuentan con otros para que se dejen matar por la causa, son para Darfur "verdaderos falsos amigos". No contentos con reducir la percepcin del conflicto a una dimensin tnico-religiosa, se apuntan a la corriente dominante para la que la lucha contra el "fascismo islmico" es el artculo de fe. Apologistas del bombardeo humanitario en Iraq e hinchas fanticos de la "democracia israel", son los que abastecen la poltica neoimperial de la administracin Bush con sus cohortes de idiotas tiles.

Acumulando los infortunios, la poblacin de Darfur ve as cmo se aade a sus miserias el incmodo apoyo de los que aplaudieron las matanzas israeles en Palestina y Lbano, se extasiaron con las proezas de los B-52 en Iraq y estn convencidos de que Abu Ghraib y Guantnamo son simples comisaras de polica. Acorralada entre las asociaciones judas estadounidenses y los intelectuales orgnicos franceses, la causa de Darfur tendr dificultades para hacerse or fuera de la esfera de influencia de los medios de comunicacin occidentales. Es infinitamente lamentable que sus sinceros defensores no lo hayan comprendido, como es particularmente escandaloso el silencio complaciente del mundo rabe con respecto a las responsabilidades de Jartum en la tragedia de Darfur.

Es evidente que la nica solucin del conflicto es de naturaleza poltica. Darfur no es un estado independiente, sino una regin de Sudn. Cualquier planteamiento que ponga en entredicho la soberana nacional sudanesa conducir a un callejn sin salida. La catastrfica situacin de los habitantes de Darfur justifica una intervencin masiva de la ONU para alimentar y proteger a las poblaciones. Pero esta intervencin debe, sobre todo, conseguir de las partes implicadas un acuerdo poltico que consiga poner fin a los combates.

Al mismo tiempo, slo la presin de la comunidad internacional puede hacer ceder a Jartum, pero a condicin de que no aparezca como discriminatoria con un estado rabe. Las imprecaciones antisudanesas de los grupos de presin proisraeles revelan una indignacin selectiva que marca la diferencia entre "vctimas buenas" en Darfur y "vctimas malas" en Palestina. Pero sobre todo, y todava es ms grave, perjudican la causa de Darfur en el mbito internacional, donde Jartum tiene la baza de apelar a la solidaridad rabe contra la injerencia occidental y la poltica de doble rasero.

Al final de su expedicin a bordo de los "todoterrenos" del Movimiento de Liberacin de Sudn, BHL propuso en las columnas del peridico Le Monde entregar armas a esta fraccin irredenta de la guerrilla. Rechazando los acuerdos de paz firmados en Abuja bajo la batuta de la ONU en mayo de 2006, el MLS persigue combatir al lado de los "islamistas" del Movimiento por la Justicia y la Igualdad. Importa poco que el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU haya acusado a la guerrilla tambin a ella- de crmenes contra la humanidad y que la vuelta a la mesa de las negociaciones sea la nica salida a la guerra civil. Incorregibles, los acomodados petimetres de la filosofa y los hipcritas poetas del humanismo convocan a sus protegidos a luchar hasta el final y para convencerlos les prometen el oro y el moro. Verdaderos hroes "por poderes", estn dispuestos a dejarse matar hasta el ltimo darfur.

Texto original en francs: http://oumma.com/spip.php?article2391

Bruno Guigue (Touluse 1962) es titulado en geopoltica por lENA, ensayista, colaborador habitual de Oumma.com y autor de los siguientes libros: Aux origines du conflict isralo-arabe, LEconomia solidaire, Faut-ilbrler lenine?, Proche-Orient : la guerre des mots y Les raisons de lesclavage, todos publicados por Ed. LHarmattan.

Caty R. pertenece a los colectivos de

Rebelin, Tlaxcala y Cubadebate . Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, la traductora y la fuente.


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