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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2007

El mito de la violencia
El pas ms peligroso del mundo

Marcelo Colussi
Rebelin


Quien maneje los medios de comunicacin tendr el poder alertaba sabiamente cuatro dcadas atrs el padre de la semitica, el italiano Umberto Eco. En las sociedades modernas, masificadas e industrializadas como lo han pasado a ser prcticamente todas en la aldea global, salvo pequeos grupos que se mantienen alejados de esa tendencia mundial, algunos viviendo incluso an en el perodo neoltico resguardados en selvas tropicales de muy difcil acceso, esta verdad es cada vez ms irrefutable: el manejo de las poblaciones que realizan las lites del poder no se basa tanto en la capacidad militar sino en la manipulacin cultural, ideolgica. Los medios de comunicacin son el instrumento idneo para la tarea. En un sentido es ms letal un televisorque una bomba inteligente.

Lo que la poblacin piensa, o ms bien: repite, est prefabricado por las usinas mediticas, a punto que segn estudios de la empresa encuestadora Gallup de origen estadounidense y nada sospechosa de comunista precisamente un 85 % de las opiniones de un adulto medio urbano proviene de lo que recibi de la televisin. Y ms de tres cuartas partes de esas imgenes audiovisuales que circulan en el planeta se generan en Estados Unidos. Aunque parezca pattico, ese es el mundo que se vende como democrtico: las supuestas verdades con que nos movemos son lo que algunos grupos (en general de adultos varones y blancos) fra y calculadamente deciden en algn escritorio desde un lujoso pent house ante abultadsimas chequeras.

Venezuela no podra ser la excepcin a esta tendencia. Ms an: la cultura dominante que aqu se gener durante dcadas, manejada por los grupos de poder locales en connivencia con el imperio del Norte, hizo de la manipulacin meditica un poderoso entramado en que se haca aparecer a todos, beneficiados y no beneficiados con la renta petrolera, como miembros de un pas feliz. Los petrodlares compraron la paz social durante varias dcadas del siglo XX. La compraron, o ms precisamente: la tuvieron alquilada. Pero esa ilusin de armona ocultaba bajo la alfombra la verdadera cara de la moneda: enormes sectores sociales siguieron en la exclusin pese a la supuesta bonanza y a la fantasa televisiva de ser el pas con mayor nmero de Miss Universo. Cultura del petrleo y del plstico.

Pero lleg la Revolucin Bolivariana de la mano del presidente Hugo Chvez, y los tradicionales grupos de poder los nacionales y los de Washington pusieron el grito en el cielo. La historia haba cambiado. Como ya es sabido: a toda revolucin le sigue inexorablemente una contrarrevolucin. Las maniobras para desestabilizar y/o derrocar el proceso de cambios en marcha se tornaron virulentas. No hubo por parte de la oposicin, al menos hasta el momento, grandes acciones militares directas como en otras experiencias revolucionarias, pero el intento de desgaste de la revolucin fue hasta ahora y todo indica que seguir sindolo continuo, adems de insidioso, maquiavlico. Los medios de comunicacin comerciales juegan un papel principalsimo en todo ello.

De hecho puede decirse que en Venezuela esta contrarrevolucin no se viabiliza por medio de partidos polticos ni grupos sociales sino justamente a travs de medios comunicacionales, y la televisin en principal. Siguiendo las enseanzas del inventor de las tcnicas de desinformacin meditica, hoy da ya generalizadas por todo el mundo, el alemn Paul Joseph Goebbels ministro de propaganda del rgimen nazi la consigna con que la derecha antipopular comenz a atacar al proceso de transformacin en curso fue mentir. Miente, miente, miente, que algo queda, era la consigna del jerarca nazi: no otra cosa fue lo que durante estos aos de revolucin han estado haciendo los medios de comunicacin de la oposicin, tanto dentro del pas como hacia fuera, creando la imagen de una dictadura sangrienta que debe ser derrocada en nombre de la defensa de la libertad. Y una de las grandes mentiras tejidas para crear ese descrdito fue y sigue siendo el tema de la supuesta violencia cotidiana que azota al pas.

Tanta es la fuerza con que se presenta esa tesis que adems de los sectores no alineados con la revolucin (aristocracia y buena parte de la clase media, que suman alrededor de un 35 % de la poblacin nacional) incluso muchos bolivarianos, incluidos cuadros orgnicos del gobierno, terminaron por entrar en esa matriz meditica impuesta. De ah que, en muy buena medida, la percepcin generalizada en Venezuela al da de hoy hace aparecer la violencia cotidiana, la criminalidad, como el principal problema del pas. Miente, miente, miente, que algo queda por algo Goebbels gan tanta notoriedad.

No hay ninguna duda que en Venezuela, como en cualquier sociedad industrial moderna, con grandes ciudades creadas al ritmo de intensas migraciones internas y esto es lo decisivo con crnicas situaciones de injusticia social, con amplios sectores sociales marginados de los beneficios del desarrollo, la criminalidad sube siempre. Eso no es novedad, se repite por igual en cualquier sociedad. Ahora bien: los medios de comunicacin que adversan la revolucin presentan la inseguridad ciudadana, la violencia criminal como algo desbordado, un monstruo que se escap de las manos. Se llega a decir, sin la ms mnima seriedad cientfica, que Caracas es la ciudad ms peligrosa del mundo Una vez ms: Miente, miente, miente, que algo queda.

Abordar los problemas sociales como el de la violencia es algo complejo que no puede hacerse desde una ptica ideologizada y visceral, tal como hacen los medios comerciales para desacreditar el proceso bolivariano. La ciencia cualquiera ciencia: de la naturaleza o social requiere de la objetividad como requisito mnimo para avanzar. Aunque en definitiva la ciencia tampoco es neutra, su aspiracin metodolgica debe ser buscar la verdad con neutralidad. Por eso es que se mueve con mucha cautela, sin expresiones arrebatadas, con mesura. Proclamar exaltados que en Venezuela ya no se puede vivir por la delincuencia, adems de ser una artera maniobra para confundir a la poblacin que recibe pasivamente el mensaje de los medios, es una flagrante mentira en trminos cientficos.

Hoy da las ciencias sociales estn ampliamente desarrolladas, tienen poderosos instrumentos de investigacin, poseen un riqusimo acervo de conocimientos acumulados, por lo que no podra subestimrselas proclamando triunfales que alguna dudosa medicin mostr que el crimen en Venezuela tiene las tasas ms altas del mundo.

La violencia es un problema altamente complejo. En 1996 la Organizacin Mundial de la Salud adopt una Resolucin (WHO 49.25), declarando la violencia como un problema prioritario de Salud Pblica y reconociendo las graves consecuencias inmediatas y futuras que la violencia tiene para la salud y el desarrollo psicolgico y social de las personas, las familias, las comunidades y los pases. Y dentro de ese complejo marco de la violencia existe un captulo que es la criminalidad. Estudiar a conciencia este fenmeno implica un entrecruzamiento de prcticas cientficas: sociologa, economa, psicologa social, semitica. Hay que seguir rigurosos protocolos de investigacin para sacar conclusiones. Solamente para decirlo en forma emprica, pre-cientfica, tal como se presenta el problema en los medios comerciales dentro y fuera de Venezuela, cualquier viajero que visita Caracas y estuvo tambin en Colombia o en Centroamrica sabe que en el territorio bolivariano la seguridad es incomparablemente mayor que en aquellas otras reas. Y de hecho, siempre siguiendo por este nivel emprico primario en el estudio, la clasificacin de peligrosidad que emiten las misiones diplomticas en todo el mundo, o las medidas de seguridad implementadas por Naciones Unidas para sus funcionarios en los distintos pases, nunca colocan a Venezuela como zona peligrosa. Por el contrario, sus ndices reales de peligrosidad estn muy lejos de otros pases de la regin (El Salvador, Guatemala, Honduras, Colombia), e infinitamente lejos de zonas de guerra (Medio Oriente, algunos pases del frica sub-sahariana, Asia Central). Para medir esos ndices y no llevarse por declaraciones mediticas amarillistas hay que tomar con mucha seriedad algunos ndices. Por ejemplo: porcentaje del Producto Bruto Interno dedicado a la seguridad ciudadana, tanto por la inversin estatal como privada (Venezuela est lejsimo de otros pases de la regin: existen pocas policas privadas, se dedican pocos recursos a la seguridad hogarea), horas de trabajo social perdidas por motivo de la criminalidad (Venezuela tiene ndices muy bajos al respecto), posibilidad de desplazarse dentro de las ciudades con tranquilidad, es decir, existencia de zonas rojas (Venezuela tiene transporte pblico las 24 horas del da y muy pocos focos de la capital son impenetrables distintamente a otras capitales, tanto en Latinoamrica como en el resto del mundo). Otros ndices que habra que ponderar para poder ver el grado de peligrosidad de una sociedad es el nivel de saa con que se producen los asesinatos. Venezuela, no llevando a sus espaldas largos perodos de guerra civil sucia, cultura de la desaparicin forzada de personas y torturas o masacres generalizadas, presenta una cultura mucho menos violenta que otras sociedades latinoamericanas, donde es comn el asesinato por el robo de un telfono celular o un anillo, la violacin de mujeres como algo normal en los asaltos, o la limpieza social a travs de fuerzas paramilitares. En Venezuela nada de esto existe, con lo que no hay fundamento alguno para aseverar que es el pas ms violento del mundo.

Por otro lado, cuando se estudia con seriedad el problema de la inseguridad ciudadana, no con la agenda oculta que lo hacen los medios desinformadores, lo ltimo a considerar es la percepcin del pblico, pues se sabe que esos climas sociales se fabrican, y lo que la gente siente est totalmente manipulado por los mensajes predeterminados (Miente, miente, miente, que algo queda).

Hoy da la criminalidad es un problema que crece en el mundo, y de alguna manera puede decirse que es un problema nuevo, de estas ltimas dcadas, igual que el consumo de estupefacientes en forma masiva, o la pandemia de VIH/SIDA. Son fenmenos derivados de los modelos de desarrollo desigual, insostenible y voraz, en trminos sociales y medioambientales, del capitalismo avanzado, impensables un siglo atrs.

La literatura sobre la evolucin de la criminalidad en el mundo se est incrementando rpidamente. Muchos autores han estudiado el crecimiento de la delincuencia tanto en pases del Norte industrializado como en el Sur pobre desde la dcada de los 80 del pasado siglo y su efecto no slo en la calidad de vida y bienestar social sino tambin en la actividad y crecimiento econmico. Segn esos estudios la tasa de criminalidad en el mundo es decir, el nmero de denuncias por cada 100.000 habitantes ha registrado tasas de crecimiento y/o niveles delictivos importantes en ambos grupos de pases, y la tendencia no se detiene. Las reas con mayor aumento en esa tasa son Latinoamrica y los estados ex socialistas de Europa. Destaca en todas estas investigaciones que el aumento en la criminalidad, tanto en Latinoamrica como los pases en transicin al capitalismo que salen de economas estatales centralizadas, coincide con la segunda mitad de la llamada dcada prdida por la falta de crecimiento econmico debido a los planes neoliberales para la primera, y con la transformacin de una economa planificada a una de mercado en la segunda, lo que revela que el aumento de la criminalidad tiene entre sus causas el deterioro econmico que se resinti por aquellos aos en dichas regiones.

En Latinoamrica altas tasas de desnutricin, analfabetismo, falta de oportunidades laborales, salarios de hambre, Estados deficitarios y corruptos, escasez de servicios bsicos, hacen de toda esta zona un lugar particularmente inseguro. Y si a ese panorama se agrega la cultura de violencia y apologa de las armas que se deriva de sociedades militarizadas por sus conflictos internos (casos de Colombia y Centroamrica, por largas dcadas en guerra), ms una ancestral cultura de impunidad, derivada de los aos de la colonia y perpetuada en el tiempo como estilo social, la combinacin se torna mucho ms peligrosa an.

Pobreza y generalizada tenencia de armas de fuego, ms una cultura de violencia heredada de las guerras internas, son el caldo de cultivo para la aparicin de la delincuencia ciudadana. Y ninguna de esas razones son especialmente marcadas en Venezuela. Si nos regimos con instrumentos realmente cientficos y no por puras expresiones ideolgicas viscerales, debemos partir por tomar los conceptos generados para medir la situacin de las distintas sociedades. Hoy, la herramienta ms refinada al respecto es el ndice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado anualmente por las distintas agencias del Sistema de Naciones Unidas, indicador social estadstico compuesto por tres parmetros:

Vida larga y saludable (medida segn la esperanza de vida al nacer)

Educacin (medida por la tasa de alfabetizacin de adultos y la tasa bruta combinada de matriculacin en educacin primaria, secundaria y terciaria)

Nivel de vida digno (medido por el PIB per capita en dlares estadounidenses)

Venezuela, segn estos criterios, est entre los primeros pases del grupo de desarrollo medio. No es un rico pas del Norte, pero no presenta los ndices de atraso comparativo y pobreza de otros lugares del llamado Tercer Mundo. Hoy por hoy, con la revolucin en marcha, se ha priorizado la inversin social en materias como salud y educacin. De hecho, corroborado por la UNESCO, es territorio libre de analfabetismo, y su bonanza econmica se expresa en 14 trimestres de crecimiento ininterrumpido, con niveles altsimos en el mundo (en el 2006 el segundo ms alto del planeta, luego de la Repblica Popular China). Por otro lado, su historia reciente no presenta una cultura de guerra como otros pases vecinos, con lo que, si bien es cierto que muestra una alta tasa de homicidios urbanos en los segmentos jvenes y de barriadas pobres, ello no habla de un clima de inseguridad ciudadana generalizado, de una violencia atroz que campea impune. Todo eso es la construccin meditica que se viene haciendo desde hace un buen tiempo para lo interno (creando zozobra en la poblacin venezolana) y hacia la opinin pblica internacional, para mostrar al gobierno revolucionario como ineficiente y al pas como invivible.

Si hoy da aparece algn comunicador social o algn poltico de la oposicin, dentro o fuera del pas, esgrimiendo algn dato presuntamente de fuentes fidedignas para corroborar que Venezuela es uno de los pases ms inseguros del mundo aseveracin, por lo dems, hecha siempre en contextos de visceral ataque antibolivariano sin el ms mnimo intento de contextualizar la investigacin, sin rigor cientfico habra que recordar entonces que existen tres tipos de mentiras: las piadosas, las culposasy las estadsticas.



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