Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2007

La actualidad de las reflexiones sobre la violencia del filsofo alemn muerto en 1992
Estado de excepcin y defensa legtima

Gnther Anders
Resquicios n1


Biografa

Gnther Anders fue el seudnimo elegido por el joven Gnther Stern cuando era el nico autor de todos los artculos y recensiones de la revista cultural de la Bolsa berlinesa en los aos inmediatamente anteriores al advenimiento del nazismo en Alemania. El editor le aconsej que firmara, aparte de con su nombre, tambin como "otro" y as lo hizo, pues eso significa "Anders", en alemn. Ms tarde, adopt el seudnimo definitivamente.

De origen judo, Gnther Stern fue soldado en la Primera Guerra Mundial a los 16 aos, se haba doctorado en filosofa con Husserl despus de haber tenido profesores tan insignes como Heidegger o Cassirer. Compaero de estudios de Hannah Arendt, se casara con ella en 1929 y en 1936 se divorciaron; en esa poca Stern public un libro filosfico: ber das haben, una novela en la que aventuraba la descripcin de un pas imaginario sometido a un Estado totalitario.

Tanto Hannah Arendt como Gnther Stern, perseguido por los nazis como colaborador de Bertolt Brecht, tuvieron que abandonar Alemania en 1933. Desavenencias de carcter motivaron finalmente el divorcio de la pareja en 1936; Stern emigrara entonces a Estados Unidos, donde ejercera diversos trabajos, desde docente de esttica en Nueva York hasta obrero manual en Los ngeles. De los aos en Norteamrica extrajo las experiencias que constituiran el fermento de su obra maestra: Die Antiquierheit des Menschen (Lo anticuado del ser humano), publicada a su vuelta en Alemania en 1950.

Visita Auschwitz y dir:

"Si se me pregunta en qu da me avergonc absolutamente, responder: en esta tarde de verano cuando en Auschwitz estuve ante los montones de anteojos, de zapatos, de dentaduras postizas, de manojos de cabellos humanos, de maletas sin dueo. Porque all tendran que haber estado tambin mis anteojos, mis dientes, mis zapatos, mi maleta. Y me sent -ya que no haba sido un preso en Auschwitz porque me haba salvado por casualidad- s, me sent un desertor".

En el idioma alemn hay una palabra comn para poder y violencia: Gewalt. Y Gnther Anders estudia sin pausa cmo la tcnica va ganando cada vez ms poder (violencia) sobre el ser humano. Despus de Auschwitz, Anders visitar Hiroshima. Para l, despus de Auschwitz, el paso esperado de la ecuacin poder-violencia. Escribe al piloto del avin encargado de evaluar el objetivo de la bomba atmica lanzada sobre Hiroshima, Claude Eatherly, internado en un hospital de veteranos, un paria pero tambin una vctima. La correspondencia entre el filsofo alemn, el pacifista, y el aviador norteamericano fue publicada como Burning Conscience (Ms all de los lmites de la conciencia). Un documento del miedo, de la irracionalidad, de la desesperacin. A raz de ese breve tomo, Gnther Anders es calificado de "comunista" y "persona non grata" en los Estados Unidos.

Para Anders, las estaciones hacia el fin de la humanidad comenzadas con Auschwitz (la destruccin sistemtica y annima del ser humano), con Hiroshima (cuando el ser humano se apercibi de que slo bastaba apretar un botn) se completa con Chernobyl (nombre representativo para Harrisburg, y todas las dems catstrofes ecolgicas habidas en la ltima dcada) donde el hombre pierde el dominio sobre el poder-violencia y se auto-mata en un holocausto de irracionalidad, obstinada estupidez y avaricia.

En los aos sesenta y setenta Gnther Anders junto con Heinrich Bll, el obispo Scharf, el telogo Gollwitzer, el filsofo Ernst Bloch y otros encabezaron el gran movimiento pacifista alemn contra el estacionamiento de los cohetes atmicos norteamericanos en territorio germano. Ellos estuvieron tambin en las grandes acciones pacficas contra las centrales atmicas. Veinte aos de labor no slo terica sino acompaando esa teora con la accin pacfica. En 1983 Gnther Anders recibi el premio Theodor Adorno, el ms alto galardn de la filosofa alemana.

En 1987 escribi Gnther Anders un libro a los 85 aos titulado Gewalt: Ja oder Nein. Eine notwendige Diskussion. En este texto y en los que fue publicando al hilo de la intensa discusin que levant, el histrico filsofo pacifista desautoriza completamente los mtodos noviolentos de lucha, a los que ahora considera meros "happenings" estriles. Para l, la nica eleccin es entre el "estado de excepcin" y la "legtima defensa". Ante una pregunta, Anders solicita ser slo "un filsofo de la barbarie". La barbarie del mundo actual: Auschwitz, Hiroshima, Chernobyl. Su frase: Hiroshima est en todos lados", de los aos cincuenta se ha convertido en "Chernobyl est en todos lados". Cmo impedir la muerte del planeta? Para l queda una sola arma: la violencia.


Estado de excepcin y defensa legtima (1986)

Entrevista imaginaria a Gnther Anders

1. Fin del pacifismo

ENTREV.: Segn cierto rumor, usted protesta en contra de que lo llamen pacifista. Comprender que ese rumor nos desconcierte, nos asuste incluso.

G. ANDERS: No hace falta. Lo nico que quiero decir, al rechazar esa clasificacin, es que quien hoy en da siga llamndose pacifista parece suponer acrticamente que los objetivos de la poltica de poder pueden alcanzarse tambin con mtodos no pacficos. Pero como se ya no es el caso, puesto que hoy en da cualquier guerra, o por lo menos cualquier guerra entre potencias mundiales (aunque tambin los estados pequeos han alcanzado ya la mayora de edad nuclear), desembocara automticamente, y probablemente, al cabo de pocos minutos, en una catstrofe total: puesto que -como afirm hace ya treinta aos [1]- no existe ya ningn objetivo blico que no quedara destruido por los efectos de los medios blicos empleados, porque cualquier efecto sera incomparablemente mayor que cualquier objetivo concebible o deseable, por todo ello no hay ms alternativa que ser pacifista. La consigna, de todas maneras falsa, de que el fin justifica los medios, hoy en da deberamos reemplazarla por la nocin verdadera de que los medios destruyen los fines [2]. Y porque esto es as, ya no hay ms alternativas que ser pacifista. Y por eso no lo soy. Donde ya no hay alternativa, un trmino especial como el de pacifista se vuelve superfluo.

ENTREV.: Le estamos muy agradecidos por esta aclaracin. Y tanto ms agradecidos en cuanto tambin se rumorea, curiosamente, todo lo contrario acerca de usted.

G. ANDERS: Qu se rumorea?

ENTREV.: Que usted... Disculpe, pero yo no soy responsable de ese rumor...

G. ANDERS: Qu rumor?

ENTREV.: Que usted se ha pronunciado explcitamente en contra de la exclusividad de la no violencia como principio.

G. ANDERS: Pero por qu habra de ser eso un rumor? Si es la pura verdad!

2. Nuestra negacin de la no violencia es la afirmacin de nuestro derecho a la legtima defensa bajo el estado de excepcin

ENTREV.: La pura verdad?

G. ANDERS: Ese asombro suyo produce la impresin de que usted cree que yo me he adherido alguna vez explcitamente al principio de no violencia. De eso, naturalmente, ni hablar.

ENTREV.: Usted llama natural a ese cambio de chaqueta?

G. ANDERS: Qu yo lo llamo as? Y qu cambio de chaqueta? El derecho a la legtima defensa de personas que estn amenazadas de muerte, que pueden ser agredidas en cualquier instante, es, naturalmente, algo natural! Incluso el derecho natural.

ENTREV.: Usted llama legtima defensa a la renuncia a la no violencia?

G. ANDERS: Otra vez ese llamar! Es legtima defensa! Y puesto que la amenaza es total y la posible destruccin es global, nuestra legtima defensa debe ser total y global. Debe convertirse en la guerra de defensa de todos los amenazados. Y eso quiere decir: de todos los seres humanos de hoy y de maana.

3. La moral est por encima de la legalidad

ENTREV.: Cmo y por qu ha llegado usted a esa... extraa posicin?

G. ANDERS: Extraa? Lo extrao, lo que necesitara aclaracin, sera, por el contrario, que no hubiera llegado a esta posicin.

ENTREV.: Y dale con dar la vuelta a mis preguntas!

G. ANDERS: Bueno, bueno. Alguien cuya vida haya transcurrido, como la de mi generacin, en la poca de las dictaduras y de las guerras de agresin, alguien que haya vivido conscientemente esta poca durante ms de setenta aos...

ENTREV.: Cmo?

G. ANDERS: S, desde agosto de 1914. Quien haya vivido conscientemente esta poca, y ello significa: quien no haya, en ningn instante de su vida, apartado la mirada, quien no haya podido apartar la mirada de las atrocidades que sucedieron mientras viva, no importa dnde sucedieran (porque la distancia no disminuye nuestra obligacin); y quien incluso en los instantes de alegra no haya apartado la mirada, ni en los tiempos de dicha, porque en lo emocional siempre hay que tocar a dos manos...

ENTREV.: (Da seales de completa incomprensin)

G. ANDERS: Tampoco tena mucho mrito. Ni lo tiene, quiz sea incluso un defecto. Sea como sea, quien haya sido contemporneo de Verdn y de Auschwitz y de Hiroshima, de Argelia y Vietnam, etc., etc... Si usted pudiera escuchar todo lo que sucede en el mundo, aunque la mayora de nosotros somos sordos, entonces tendra que taparse enseguida los odos, porque el estruendo que llega desde todos los lados a la vez no cesa ni un instante...

ENTREV.: (Se tapa los odos, espantado.)

G. ANDERS: Djelo usted! Quien haya estado, pues, condenado, y lo siga estando todava, a vivir esta poca, a or sin cesar su estruendo, da tras das, ao tras ao...

ENTREV.: S?

G. ANDERS: Y ahora viene la consecuencia que usted no esperaba...

ENTREV.: A ver?

G. ANDERS: Ese no puede, no tiene derecho a convertirse en abogado de la no violencia a cualquier precio, ni a serlo ni a seguir sindolo, porque los agredidos, las vctimas del chantaje -cosa que concede no slo el derecho internacional sino incluso el derecho eclesistico-, estn legitimados, obligados incluso, a ejercer la defensa legtima ante las amenazas de violencia y, con ms razn todava, ante los actos de violencia. Los adversarios de lo nuclear estamos librando, por tanto, como ya dije, una lucha defensiva contra unos amenazadores tan enormes como nunca antes han existido. Tenemos, por tanto, el derecho a emplear la violencia contra la violencia, aunque no est respaldada por ningn poder oficial ni legal, es decir por ningn Estado. Pero el estado de excepcin legitima la defensa: la moral est por encima de la legalidad. Creo innecesario justificar esta regla doscientos aos despus de Kant. El que a los kantianos hoy en da se nos califique de amigos del caos no nos ha de inmutar, aunque creamos ahogarnos en hedor a cerveza al escuchar esa palabra, porque no es ms que una muestra del analfabetismo moral de quienes nos etiquetan as. Puesto que sabemos quin fue el ingenioso acuador de esa inventiva, el mismo hombre que hace ya aos nos llam ratas y cagarropas, deberamos aceptar tambin ese apelativo como un ttulo de honor. Yo por lo menos lo hago.

4. La capacidad de ejercer violencia, llamada poder, se arroga el monopolio de la legalidad

G. ANDERS: Nos llaman amigos del caos porque no reconocemos el monopolio de su poder basado en la violencia, es decir, en la capacidad para amenazar y golpear. Puesto que ellos hacen pasar el poder, su poder, por orden, nosotros somos eo ipso los desordenados, los amigos del caos, a quienes se les reprocha hasta el peinado, el cabello largo que para Durero o Schiller era todava normal, como una muestra de desalio, o sea de criminalidad, o sea de bolchevismo. Por lo visto, quien lleva el cabello largo (aunque el nmero de melenudos entre los enemigos de lo nuclear es bastante reducido) no tiene derecho a defender el derecho de la humanidad a la supervivencia. Por absurdo que sea, los Strauss y los Zimmermann usan como argumento a favor de Wackensdorf y otras instalaciones nucleares la afirmacin de que slo la gente sucia y melenuda se opone a la carrera armamentstica nuclear [3].

5. La inversin

G. ANDERS: Al mismo tiempo que nosotros, a los defensores de la paz y los adversarios de la amenaza, se nos tacha de violentos cuando no nos limitamos a las protestas puramente verbales, todas las potencias verdaderamente agresivas se consideran a s mismas defensivas. Detrs de la intoxicacin qumica de Vietnam o del reciente bombardeo de Trpoli no estaba, obviamente, ningn Department of Aggression sino un Department of Defense, aunque evidentemente ni a Vietnam ni a la minscula Libia se les habra ocurrido ni en sueos querer (ni poder) atacar a Estados Unidos. Cuando los agresores se llaman defensores (y, corrompidos por su propia mentira, ni siquiera se asombran de llevar y de reivindicar esa etiqueta mentirosa), entonces tampoco sorprende que, a la inversa, nos traten como a agresores a quienes estamos luchando por la paz empleando contra nosotros armas que son claramente armas de guerra, como sucedi, por ejemplo, en Wackersdorf. Esta actividad contrarrevolucionaria suya nos convierte efectivamente en revolucionarios y provoca una situacin que se aproxima verdaderamente a la de una guerra civil no declarada. Y si un ciudadano sufre algn dao, entonces demuestra con ello que l haba sido el agresor.

6. Sobre los happenings y la dialctica de la no violencia.

ENTREV.: El trmino legtima defensa que usted emplea no me deja tranquilo. No sera que usted, al emplear este trmino, est, digamos, cruzando un Rubicn?

G. ANDERS: Un Rubicn? El Rubicn! [4]

ENTREV.: Eso mismo he querido decir.

G. ANDERS: Pero no soy yo quien lo cruza, pues ha sido cruzado hace mucho por quienes nos amenazan. 0 considera usted que los culpables son los que se defienden? ,Usted dira que la defensa nos la estamos inventando?

ENTREV.: No, claro que no.

G. ANDERS: Mire usted. Por lo dems, no hace falta expresar todo esto de manera tan pedante; no es ste el lugar donde presumir de formacin humanista, incluso sera seal de cobarda. Cuanto peor sea el tema, con ms sobriedad nos hemos de expresar.

ENTREV.: Y cmo expresara usted todo esto?

G. ANDERS: Ya lo he hecho, pero me temo que usted no lo quiere comprender. Lo que quiero decir es que las meras declaraciones son ineficaces y, por tanto, vergonzosas e inmorales.

ENTREV.: Pero no se puede...

G. ANDERS: Si se puede o se hubiera podido o se hubiera tenido que poder, lo ver y lo admitir usted mismo enseguida en cuanto d un salto al anteayer.

ENTREV.: Qu es lo que quiere decir usted?

G. ANDERS: Cul hubiera sido la manera de combatir a Hitler? Considera usted inmorales los pocos intentos de eliminarlo, que, por desgracia, fracasaron miserablemente? O hubiera sido inmoral no tocarlo (como efectivamente, salvo excepciones, se hizo), aun sabiendo que sacrificara sin pestaear a millones de seres humanos a sus objetivos demenciales?

ENTREV.: Cmo puede comparar usted lo de hoy con lo de entonces!

G. ANDERS: Pues no anda usted tan equivocado con esa objecin. Porque lo de entonces fue, pese a los sesenta millones de muertos, slo el ensayo general de lo que nos espera, que es incomparable.

ENTREV.: Por qu el ensayo general?

G. ANDERS: Porque los Hitler de hoy, al disponer de unas armas que ya ni se pueden llamar armas, son incomparablemente ms peligrosos de lo que fue Hitler. Me temo que usted slo reconoce como peligrosos a los Hitler del pasado, en tanto fueron peligrosos; a los de hoy usted prefiere no reconocerlos.

ENTREV.: (Reflexiona.)

G. ANDERS: Pero volvamos al asunto principal. Slo con los medios de la no violencia (que probablemente ni son medios, porque siguen siendo no violentos) no se pudo combatir a los Hitler del pasado ni se puede combatir a los de hoy. No es slo que ellos no teman esas medidas y simplemente se ran de ellas, no, ni siquiera se ren, porque les parecen demasiado insignificantes incluso para rerse de ellas. Tampoco pueden aceptarse como mtodos de lucha meras inactividades como, por ejemplo, los ayunos, que no hacen dao a los Hitler ni a los Reagan y a los Strauss, sino solamente hacen dao a quienes pretenden, mediante su renuncia al estilo arcaico de los sacrificios religiosos, someter a chantaje a alguien ms poderoso. El ascetismo y el dolor que se causa uno mismo jams han servido para ejercer un chantaje exitoso sobre ningn dios ni potencia alguna. De la misma falta de seriedad pecan sentimentalismos como, por ejemplo, la entrega de ramilletes de llores a los policas, que, armados de porras, ni siquiera estn fsicamente en condiciones de recibirlos. Dicho brevemente: los happenings no bastan.

ENTREV : (Desconcertado) Happenings! No le parece que esta comparacin va ms all de...

G. ANDERS: No. No va ms all de nada. Ni tampoco es una comparacin. Las acciones de resistencia no violenta no slo se parecen a los happenings: son de hecho happenings.

ENTREV.: Y por que lo son`?

G. ANDERS: Porque los happenings son seudoactividades ldicas, son como-sis que pretenden ser algo ms, a saber, acciones de verdad o, cuando menos, bastardos de ser y apariencia, de seriedad y juego [5].

ENTREV.: S, pero...

G. ANDERS: No hay pero que valga. Slo y. Y en tales como-sis y seudoactividades que pretenden ser acciones consistieron, por lo menos hasta hace uno meses, las manifestaciones de resistencia. (Parece que desde entonces se ha hecho sentir tmidamente la vergenza de estar slo haciendo comedia.) Con lo cual no pretendo afirmar, naturalmente, que no haya diferencia entre los happenings de los aos sesenta y los de ahora. Tampoco los actores y el pblico, o el adversario, son los mismos. Ni el estilo y el papel social de tales empresas. Los happenings de hace veinte aos fueron realizados por individuos, con un ropaje pretencioso y a veces ingenioso y surrealista, ante unos congneres a los que se dirigan como pblico, mientras que las acciones de resistencia no violenta de nuestros das son actos de masas, a cuyos participantes no se les ocurre la idea de hacer el original e ingenioso; no han odo hablar jams del surrealismo, sino que se comportan con seriedad pequeoburguesa, y aun con uncin y patetismo. Sin mencionar a los muy numerosos que convierten sus manifestaciones de protesta de la manera ms inferior en fiestas populares con salchichas asadas: el banquete funerario anticipado. Y con guitarras: donde triunfa esa gente que zangarrea los tres acordes que sabe, comienza el dominio de la vulgaridad. Es cierto, la diferencia social y de estilo entre los happenings de ayer y los de hoy es innegable. Y, sin embargo, se ha conservado la oscilacin entre ser y apariencia, entre seriedad y juego. Acaso cree usted que es coincidencia histrica que esos dos como-sis, esas dos formas de seudooposicin o de seudorevolucin, los happenings y la no violencia, hayan surgido en el mismo cuarto de siglo? No son ambos obviamente los pataleos del hombre privado de poder por la superioridad de los aparatos tcnicos y, por tanto, obsoleto?

ENTREV.: Nunca he visto tal relacin entre ambas cosas.

G. ANDERS: Entonces es hora de que la vea. Las dos son como-sis obedientes, terriblemente obedientes.

ENTREV.: Terriblemente obedientes?

G. ANDERS: Exacto. Porque los autores del como-si hasta presumen de su como-si, haciendo pasar pomposamente su inefectividad por humanidad o respeto o incluso hasta por el espritu del sermn de la montaa. No hay nada ms tremendo, por cierto, que cuando la sumisin y el valor de ser cobardes osa reivindicar a Jesucristo.

ENTREV.: Valor de ser cobardes? Jesucristo? No s de qu me est hablando.

G. ANDERS: De todas las seudoactividades. En el mejor de los casos se trata -digo se trata porque hablar aqu de agentes sera decir demasiado- de gente que protesta de forma no violenta porque les falta toda posibilidad tcnica de ofrecer una resistencia real contra la tremenda superioridad de las mquinas; gente que, sin embargo, no se conforma por principio con el como-si sino por mera necesidad. El tercer volumen de La obsolescencia del ser humano deber contener, desgraciadamente, un captulo sobre La obsolescencia de las revoluciones causada por la superioridad de fuerzas de los instrumentos y de quienes los dominan. Pero el conocimiento de la obsolescencia no debe impedir la reflexin sobre qu nuevos tipos de revolucin hemos de inventar o inaugurar. Porque el hecho de que la lucha se haya vuelto ms difcil no quita la necesidad de continuarla.

ENTREV.: Tan sistemticamente ha montado usted sus tesis filosficas?

G. ANDERS: Las filosofas no se montan sistemticamente. Qu quiere decir usted con ello?

ENTREV.: Me refiero a la tesis, que usted defiende desde hace varias dcadas, de la superioridad que han alcanzado sobre nosotros los instrumentos que nosotros mismos hemos producido; y me refiero a su crtica de la no violencia y a su escepticismo respecto a la revolucin.

G. ANDERS: Repito: montado sistemticamente es una formulacin inadecuada. Y adems es hacerme demasiado honor, porque la conexin entre los elementos que usted menciona no es obra ma ni mrito mo. Existe realmente; slo hace falta detenerse a mirar.

ENTREV.: Pero todos eso no es cierto, esa equivocacin de happening y no violencia... Acaso Gandhi se conformaba con happenings?

G. ANDERS: (Tras una pausa de reflexin.) Desde el punto de vista de la historia mundial, me temo que s. 0 considerara usted que la actividad de Gandhi desnudo tejiendo a mano, que se ha divulgado en millones de fotografas, era algo ms que un happening antimaquinista? No pudo parar la industria ni trastocar la miseria de las castas de la India. En serio. Si Gandhi llamaba a la resistencia no violenta lo hizo faute du mieux [6]. Probablemente no se senta orgulloso sino amargado por tener que conformarse con eso. Lo que quiso decir era: Tal vez podamos resistir de alguna manera, aunque el poder y, por tanto, la violencia necesaria para actuar no estn a nuestro alcance. Lo decisivo para l -y esto es lo importante- no era la violencia como tal (como nico mtodo moralmente lcito o como principio o como meta) sino la muy reducida eventualidad de ser capaces tal vez de ofrecer resistencia aun a pesar de la falta de armas. Lo principal no era, pues, la afirmacin del sin (sin armas) sino la del a pesar de (la falta de armas).

ENTREV.: En resumidas cuentas, usted est a favor de la violencia?

G. ANDERS: Estoy a favor de la violencia como defensa legtima.

ENTREV.: Y eso vale definitivamente, de una vez por todas?

G. ANDERS: No, claro que no! Esper que no. Vale solamente mientras la defensa legtima contra el estado de excepcin siga siendo necesaria. Ejercemos la legtima defensa con el fin exclusivo de hacer superflua su necesidad y hacerla desaparecer. Una dialctica de la violencia, si quiere llamarlo as.

ENTREV.: Eso es, emplear la violencia afin de superar la violencia?

G. ANDERS: Exacto. Puesto que no conocemos ms que un solo objetivo, la conservacin de la paz, esperamos que despus de la victoria (si es que la alcanzamos, de lo cual hemos de dudar permanentemente) no tengamos ya necesidad de la violencia. Nosotros debemos emplear la violencia slo como un medi de los desesperados, como contra-violencia, como algo provisional; porque en ltima instancia no apunta sino al estado de no violencia. Pero mientras los poderes establecidos sigan empleando la violencia contra nosotros, que no tenemos poder alguno, a quienes ellos han privado deliberadamente de todo poder (y, por tanto, contra los nietos que esperamos tener), sea mediante la amenaza de convertir nuestras viviendas en ruinas infestadas de epidemias, sea mediante la construccin de centrales energticas pretendidamente inofensivas; mientras ellos sigan intentando dominarnos o someternos a chantaje humillarnos o aniquilarnos, o mientras tan slo acepten la posibilidad de nuestra destruccin (pero ese tan slo ya es bastante!), el estado de excepcin nos seguir obligando -y lo siento- a renunciar a la renuncia a la violencia propia. En otras palabras: en ningn caso debemos abusar de nuestro amor a la pa ofreciendo a los sin escrpulos la posibilidad de aniquilarnos a nosotros y a nuestros descendientes. Mirar cara a cara a ese peligro sin inmutarse y cruzarse de brazos al mismo tiempo, como hace el noventa y nueve por ciento de nuestros congneres, no es una muestra de valor, ni siquiera de intrepidez, sino nicamente de humildad (disculpe esta expresin indecente).

ENTREV.: Qu quiere decir usted?

G. ANDERS: Que frente a los que no tienen escrpulos no hay nada ms indign que la humildad.

ENTREV.: Veo que est usted realmente a favor de la violencia!

G. ANDERS: Repito: a favor de la contraviolencia cuyo nombre es legtima defensa.

ENTREV.: Este maniobrar entre violencia y no violencia, esa afirmacin suya de que la violencia no es violencia, todo esto suena muy poco convincente... Y casi tan ambiguo como las palabras del ministr Zimmermann.

G. ANDERS: La comparacin es, cuando menos, original.

ENTREV.: l ha borrado, al igual que usted, la distincin entre violencia y no violencia. Segn el peridico Die Welt dijo: Tambin la resistencia no violenta es violencia, porque es resistencia. Bonita ecuacin.

G. ANDERS: En resumen: la resistencia en cuanto tal es violencia.

ENTREV.: S.

G. ANDERS: Y qu se supone hay de parecido entre mi mxima y esa ecuacin, ese dictum que resume los principios de todas las dictaduras? Si dice todo lo contrario de mi mxima! Porque lo que yo afirm -por ms que me pese, usted lo sabe- no es que la no violencia sea violencia sino, a la inversa, clue el empleo de la con Ira violencia que se nos impone es legtimo nicamente porque tiene por meta el estado de no violencia, es decir, asegurar la paz que est amenazada (y no por nosotros). Es un si y slo si. Y cree usted seriamente que est mxima es de la misma ambigedad moral que la ecuacin de Zimmermann que condena toda libertad, toda expresin de una opinin independiente, toda discrepancia?

ENTREV.: (Calla.)

G. ANDERS: Por supuesto que en cierto sentido mi mxima significa tambin algo negativo: que slo con buenas palabras, con (como se dice tan repulsivamente) unidades de caricias o con argumentos razonables, no seremos capaces de hacer entrar en razn a los partidarios de los misiles y de las centrales nucleares.

ENTREV.: Cmo es posible que un racionalista, un ilustrado profesional, hable de esa manera contra la razn y los argumentos!

G. ANDERS: Justamente por ello! Slo los exaltados sobreestiman el poder de la razn. La primera tarea del racionalismo consiste en no hacerse ilusiones sobre el poder de la razn y su fuerza de conviccin. Y esto me lleva una y otra vez a la misma conclusin: contra la violencia, la no violencia no sirve. Aquellos que estn preparando o al menos aceptando la aniquilacin de millones de seres humanos de hoy y de maana, nuestra aniquilacin definitiva, deben desaparecer, no tienen derecho a seguir existiendo.

ENTREV.: Lo que significa...

G. ANDERS: Quiere que se lo repita otra vez?

ENTREV.: S, por favor.

G. ANDERS: No le entra en la cabeza?

ENTREV.: No.

G. ANDERS: Ni a m. Pero ellos solos no lo van a hacer.

ENTREV.: Y esto significa, pues, que hay que destruirlos?

G. ANDERS: No se haga usted el tonto. Vivir en este mundo no es ninguna ganga. Y el que no tenga el coraje de asumir el convertirse en culpable, sigue siendo inmaduro e...

ENTREV.: Y?

G. ANDERS: ...Inmoral.

ENTREV.: (Sacude la cabeza con incredulidad apasionada.)

G. ANDERS: Sea usted razonable, por favor! Qu opina usted que debera haberse hecho con Hitler, Himmler y compaa una vez que no caba ya ninguna duda -y eso fue incluso antes de la conferencia de Wannsee [7]- de que esos... hombres no tendran el menor empacho en quemar como combustible (es insoportable que esta expresin se oiga todava en bocas inofensivas) a millones de sus congneres? Qu le parece a usted? Debera la gente haberse limitado a manifestaciones pacficas y educadas en contra de ello? Pero ya lo sabe usted mismo: a gente no se atrevi ni a manifestarse pacficamente. Ni mucho menos...

ENTREV.: Lo s. Es que incluso eso era imposible.

G. ANDERS: Exacto: porque la resistencia era considerada eo ipso violenta, al estilo de Zimmermann.

ENTREV.: As que han quedado absueltos?

G. ANDERS: En absoluto. Aquello fue mucho peor todava.

ENTREV.: Por qu?

G. ANDERS: Porque ni siquiera se indignaron, no: probablemente ni se dieron cuenta de que ya no podan protestar, de que ya no se les permita protestar o...

ENTREV.: O qu?

G. ANDERS: O de que ya no deseaban protestar. Al contrario: lo celebraron con jbilo. Celebraron a bombo y platillo, con jbilo y con antorchas, el que no se les permitiera protestar. Disfrutaban con que se les prohibiera protestar, disfrutaban de la servidumbre total como una pertenencia total al colectivo, lo totalmente negativo como algo totalmente positivo. No es culpa de ustedes: lo es de sus padres.

ENTREV.: Tampoco resulta muy consolador.

G. ANDERS: Lo siento. Pero no deberan haber aniquilado ellos a los aniquiladores?

ENTREV.: Es probable que s. As que usted compara a los amenazadores de entonces con los de hoy?

G. ANDERS: Exacto. Pero tambin comparo a los no-resistentes de hoy con los de entonces. La tarea de hoy no es menor de lo que habra sido la de entonces. De lo que habra sido. Y quiz sea an ms grande y ms inaplazable que la de entonces, porque est en juego an ms que entonces.

ENTREV.: Lo s.

G. ANDERS: Lo dudo. Y, para volver otra vez a la frase infame de Zimmermann, a aquella frase injusta, escarnecedora, desalmada, antidemocrtica y anticristiana de que la resistencia no violenta es violencia porque es resistencia: este porque es de verdad el porque ms infame que jams he escuchado. Con esta frase Zimmermann no slo atestigua su mentalidad dictatorial sino que verdaderamente presume de ella. Esta frase podra haber sido un ladrido salido de la boca de Hitler. Es un eco que llega con cincuenta aos de retraso.

ENTREV.: Usted cree que hemos llegado a casi tanto?

G. ANDERS: No es cuestin de creencias. Quien proclama, como Zimmermann, que la resistencia no violenta es violencia porque es resistencia, niega todo derecho a la disidencia y con ello convierte en usurpacin punible toda libre expresin de opiniones, toda crtica de las medidas del poder dominante. As, por ejemplo, cualquier advertencia contra los juguetes blicos, por muy amablemente que se exprese, se expondra a la sospecha de ser un acto violento, camuflado de cristiano o no violento y dirigido contra los llamados valores de la libertad. No se puede negar, desde luego, que a veces hay casos en que personas amables que defienden abiertamente cosas no ordenadas oficialmente o incluso oficialmente prohibidas consiguen ciertos xitos transitorios. Pero a los ojos de los Zimmermann, el xito es, en el fondo, un privilegio de los detentadores del poder. Y en el fondo (aunque eso, obviamente, no se dice) los xitos se deben conseguir exclusivamente mediante la amenaza de la violencia (como prueba de poder y, por tanto, de legitimidad). Aquello que la mano del establishment alzada para golpear puede hacer (y, por tanto, tiene supuestamente derecho a hacer y debe hacer) no puede estarle permitido a la mano que acaricia. A los ojos de los Zimmermann, la bondad que trata de intervenir (y que a veces incluso lo consigue) no es ms que un truco; la dulzura no es ms que violencia camuflada. Para ellos, todo cordero es un lobo con piel de cordero; los corderos autnticos no existen desde el punto de vista de los poderosos, y eso significa obviamente tambin que, a los ojos de quienes reconocen legitimidad solamente a la violencia y a la violencia basada en el poder, los cristianos autnticos son eo ipso hipcritas. Que los Zimmermann jams admitan esto forma parte de la naturaleza de los Zimmermann. Y que los lobos con piel de cordero, camuflados de no violentos, no pueden ser tolerados por los lobos honrados (que por ser los propietarios del poder, poseen tambin el monopolio legtimo de la violencia), es algo qui se entiende por s mismo.

ENTREV.: No habr quiz un fondo de verdad en la desconfianza ante la no violencia? No ser que los poderosos, y tambin las iglesias poderosas tambin las que encarnan la religin del amor, Ilegaron a contentarse muchas veces con la no violencia slo porque, si no conseguan imponer sus objetivos por las buenas podan recurrir en cualquier momento a la violencia? Y porque saban que los sin poder lo saban?

G. ANDERS: Es cierto. Ahora bien, usted habla de la no violencia que los poderosos se pueden permitir utilizar como medio de presin gracias a su poder, a veces durante periodos extensos. Pero no es ste nuestro tema. Porque nosotros venamos hablando de los que no tienen poder y se encuentran bajo el estado de excepcin sin poder permitirse renunciar a la violencia si es que quieren sobrevivir, aqullos que estn obligados, por tanto, a ejercer la legtima defensa o, cuando menos, a intentar con actos violentos salvar a la humanidad.

ENTREV.: As que ya no se puede contar con usted como pacifista.

G. ANDERS: S que se puede. Pero para m la paz no es un medio sino un fin; y no es un medio porque la paz es el fin. No soporto seguir viendo que nosotros, que estamos amenazados de muerte por los violentos, nosotros y nuestros descendientes, nos crucemos de brazos y no nos atrevamos a emplear la violencia contra la violencia que nos amenaza. Puesto que la afirmacin de Hlderlin, que tanto gustan de citar los oradores domingueros [8], de que all donde amenaza el peligro tambin est cerca lo que salva [9] simplemente falsa (pues es sabido que en Auschwitz y en Hiroshima no se acerc nada que salvara), nuestra tarea es intervenir para salvar: aniquilar el peligro poniendo en peligro a los aniquiladores.

ENTREV.: Ha acabado?

G. ANDERS: No. Una ltima frase, para que usted se la lleve como recuerdo: en los cementerios donde yaceremos nosotros nadie llorar; porque los muertos no pueden llorar a los muertos.


NOTAS

[1] Gnther Anders. Die Antiquiertheit des Menschen, vol. 1, Mnich, 1956, pg. 261. (N. del A.)

[2] Ibid., p. 251. (N. Del A.)

[3] La invocacin a las personas de pelo corto (igual a limpieza) en todos los pases resulta ms cmica todava si recordamos (cosa que los incultos seores filisteos, desde luego, ni sospechan) que la moda del pelo corto que ellos elogian fue introducida por los sans-culottes corno protesta contra la aristocracia, que llevaba peluca. Como tantas veces, la ignorancia es fuente de la historia, no slo de quienes la escriben, sino de quienes la hacen. (N. del A.)

[4] Csar desafi la ley romana que prohiba atravesar el Rubicn al comienzo de la guerra civil contra Pompeyo y, segn la tradicin, pronunci entonces la frase: la suerte est echada. La guerra acababa de entrar en una fase de no retorno.

[5] Die Antiquiertheit des Menschen, vol. II, Mnich, 1980. pp. 355 y ss. (V del A.)

[6] A falta de algo mejor.

[7] La reunin de la lite dirigente nazi que tuvo lugar el 20 de enero de 1942, en la que se decidi llevar a cabo la solucin final, el exterminio industrial de judos.

[8] Se refiere a Heidegger y sus epgonos. Cf. pg. 62

[9] Literalmente, Hlderlin dice: Mas all donde hay peligro, crece/tambin lo que salva (Wo aber Gefahr ist, wchst/das Rettende auch



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter