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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-04-2007

Entrevista a Ernesto Villegas, comunicador social venezolano
La hegemona revolucionaria en la comunicacin no significa que deba darse en una sola direccin

Marcelo Colussi
Argenpress/Rebelin


Ernesto Villegas es hoy uno de los ms connotados periodistas de Venezuela. Socialista por tradicin familiar y por conviccin propia, su trabajo como comunicador social ha estado siempre asociado a un periodismo veraz, comprometido con las causas sociales y, fundamentalmente, de alta calidad profesional. Actualmente trabaja en prensa escrita, radial y televisiva y sus programas y columnas de opinin gozan de unas de las ms altas audiencias. Sus entrevistas por el estatal canal 8 Venezolana de Televisin, VTV son una referencia obligada en el panorama informativo de la Revolucin Bolivariana.

Argenpress dialog con l a travs de su corresponsal en Caracas, Marcelo Colussi.

Argenpress: Hoy da la comunicacin social ocupa un lugar preponderante en la construccin de cualquier sociedad. Venezuela, con la Revolucin Bolivariana a pleno, no es la excepcin. Como ves t, en tanto periodista, uno de los ms connotados periodistas del pas sin dudas, este complejo proceso? Cmo entender la relacin entre la poltica comunicacional oficial del Estado, el campo de los medios comerciales que bsicamente son la oposicin y el amplio espectro de los medios de comunicacin alternativos?

Ernesto Villegas: Caracterizar al mundo de la comunicacin en Venezuela es algo bastante complejo, difcil. Fcilmente se puede incurrir en generalizaciones indebidas; o podemos ver los rboles y perder de vista el bosque, y podemos errar por defecto o por exceso. Pero lo que no hay dudas es que hoy en Venezuela vivimos un proceso que desnuda muchas verdades hasta ahora disfrazadas, maquilladas. Esta era una sociedad que, tal como describieron algunos intelectuales que, por cierto, no eran precisamente de izquierda, viva en una ilusin de armona. Era una ficcin de consenso. Fue la renta petrolera lo que permiti eso durante aos. An cuando acumulamos grandes pasivos sociales y hay zonas de Venezuela demacradas por la pobreza, por la miseria ms cruda, en trminos generales, comparado este pas con otros de la regin, esa misma renta permiti comprar la paz social y dar una apariencia de armona. Cuando ocurre el 27 de febrero del ao 89, el famoso Caracazo, toda esa mentira social comienza a desnudarse. Ah es cuando comienzan a salir a flote, a hacerse patentes tantas inequidades que estaban ocultas, disfrazadas. Se destapan entonces intereses, complicidades, conductas elitescas y discriminadoras, una carga racista, todo eso que anidaba en esa supuesta armona que se viva. Los medios de comunicacin no escaparon a toda esta dinmica. Todo lo contrario: fueron propulsores de ese modelo de injusticia. Desde esos medios y desde los grandes grupos econmicos a quienes representan y ac quiz estoy haciendo una generalizacin demasiado amplia se trazaron medidas para controlar y ejercer el poder poltico. Esos medios contribuyeron al descrdito de la poltica tradicional, es decir: al ejercicio poltico entendido de una forma muy particular, que fue la que se ejerci desde el Pacto de Punto Fijo gobernando Venezuela desde el ao 1958 siempre en favor de una lite poderosa. De alguna manera puede decirse que los medios de comunicacin jugaron tambin al descrdito de los polticos tradicionales, para ser ellos mismos los que en forma directa se transformaran en factores de poder. Pero resulta que en el medio de eso apareci Chvez. Todo el descrdito de los partidos polticos tradicionales finalmente termin capitalizndolo Chvez, a partir del famoso 4 de febrero, y no los medios de comunicacin y los grupos de inters a los que pertenecen. Adems de eso, se da tambin un problema generacional, dado que hubo generaciones que se prepararon para asumir el poder, o para constituirse como alternativa al poder clsico, pero la llegada de Chvez desplaz a ambas opciones. Es a partir de toda esa situacin como podemos entender la reaccin de las corporaciones mediticas ante el fenmeno poltico que empez a darse en Venezuela, con el liderazgo de Chvez y con la participacin de sectores sociales histricamente marginados.

Esas corporaciones mediticas, esos hacedores de la opinin pblica, le caen encima a Chvez y a todo lo que su figura representa. Y es importante marcar que le caen encima a toda esa propuesta popular un abanico amplio de puntos de vista, un abanico que va desde posiciones de derecha hasta posiciones de izquierda. Parte de la envidia de esa izquierda que est contra el proceso hay que entenderla a partir de eso: es la envidia por lo que efectivamente s pudo lograr Chvez, todo ese arrastre popular que la izquierda nunca pudo conseguir en sus aos de lucha. Adems, en el otro espectro, los sectores de la derecha, con posiciones retrgradas y que tenan tambin el proyecto de tomar el poder poltico ante el descrdito generalizado de los partidos, ven cmo se les viene abajo su estrategia con la llegada de Chvez y el ascenso de los sectores populares. Todo esto tiene expresin en los medios de comunicacin. El fenmeno que en otros pases es ms o menos matizado, disimulado, aqu en Venezuela es estrafalario. Lo que en otros pases es un apoyo sutil a una candidatura o una poltica editorial en favor de una determinada opcin ideolgica o poltica, aqu se deja ver hasta en las pginas de farndula. Es decir que lo que aqu se ve no es algo tan distinto a lo que ocurre en el resto del mundo; pero la diferencia est en los trminos estrafalarios y estrambticos con que aqu se da todo eso. En Venezuela, a partir de la revolucin que se vive, la prensa de oposicin en general ha perdido el lmite entre la informacin y la opinin. Sabemos que la objetividad absoluta no existe, pero dado lo que esta revolucin est moviendo y a partir de lo que simboliza Chvez, en el orden de la comunicacin social se ha perdido todo lmite, todo recato. Se da lo que yo llamo una chepacandelizacin del periodismo. Digo esto en alusin a la columna de farndula llamada Chepa Candela que se dedica slo a los chismes de la farndula. Ese esquema del periodismo amarillista es el que se ha adoptado para toda la informacin. Por eso, hoy desde el campo de los medios comerciales tenemos bsicamente un periodismo de chismes y amarillista del peor gusto.

De todos modos, ante esto han surgido alternativas, como los medios comunitarios. Por ejemplo: Aporrea. En mi programa televisivo yo siempre digo, emulando a un presentador de los aos 70 que deca, refirindose a unos equipos de sonido: Si usted no ha escuchado Pionner slo ha escuchado la mitad del sonido, que aqu en Venezuela el da de hoy si uno no ha ledo Aporrea ha ledo slo la mitad de la noticia. No hay dudas que ese medio se ha convertido hoy en una referencia nacional para conocer la otra cara de la noticia que los medios comerciales no presentan. E incluso aparecen ah noticias que ni siquiera se ven en la prensa oficial, por lo que, como medio comunitario, es un verdadero referente de capital importancia. De modo que una persona medianamente informada en Venezuela el da de hoy tiene que ver un medio comunitario y alternativo como Aporrea, as no est de acuerdo con su contenido. Por supuesto, como todos los medios de comunicacin, tiene defectos, como tambin lo tiene el programa que yo conduzco, o como cualquier medio en definitiva, pero definitivamente estos medios alternativos tienen un valor incalculable. Sin dudas, en unos aos, cuando se escriba la historia de la revolucin bolivariana, Aporrea tendr un sitial de honor, una relevancia comunicacional. Tal como lo tienen los distintos medios alternativos.

Los medios del Estado estn tratando de construir una propuesta alternativa a eso que podramos llamar chepacandelizacin, a ese amarillismo de tan bajo nivel periodstico y tan mal gusto. Lamentablemente muchas veces se sigue incurriendo en lo mismo que se critica; vemos as cmo hay cosas que podramos hacer y no las hacemos, y cosas que no deberamos hacer, las seguimos haciendo. No hay dudas que est planteado el debate sobre qu periodismo queremos, sobre los medios de comunicacin que necesitamos. Ahora se est definiendo todo eso, sobre la comunicacin del socialismo del siglo XXI.

Como periodista yo apuesto por un periodismo nuevo, distinto al de la sociedad capitalista donde la informacin est signada por su valor de mercanca; y tambin apuesto por un periodismo distinto al estatal-oficialista que caracteriz buena parte del socialismo que conocimos en el siglo XX.

A.: Cmo construir este nuevo periodismo que vaya ms all de la informacin-mercanca y que no caiga en el panfletarismo?

E. V.: No tengo una receta. Hay que entrar a discutirlo, y de hecho eso estamos haciendo ahora en Venezuela. Pero sucede que la batalla con el adversario es tan feroz, tan diaria, y ms que diaria: es al minuto, que muchas veces no tenemos un instante para detenernos a discutirlo con tranquilidad. Creo que en todo eso hay un reto, un gran desafo. Contamos con una gran intelectualidad, y contamos tambin con jvenes periodistas no contaminados con los vicios del periodismo tradicional. Y contamos con los ciudadanos que, sin ser periodistas profesionales, se inclinan por esta rea de trabajo desde los medios alternativos y estn todo el tiempo debatiendo estas cuestiones. De toda esa rica discusin es que podr ir surgiendo la nueva propuesta. No hay varita mgica ni receta al respecto. Trato de hacer, dentro de lo que a m me corresponde, lo que me parece condice ms con ciertos principios y valores. Pero creo que nadie tiene claro ya al da de hoy cmo es esa receta. Hay que construirla colectivamente. Creo que lo que vemos en los medios comerciales probablemente no aplique para otros planteamientos, para una nueva sociedad, distinta, con otros valores. Con los medios comerciales, para hacer un mejor periodismo, bastara que cumplieran con sus propios manuales de estilo. Hay una ley del ejercicio del periodismo as como existe un cdigo de tica, la una impuesta por el Estado, la otra impuesta por nosotros, los periodistas, como gremio. Pero los manuales de estilo son redactados por las mismas empresas capitalistas. Mal que bien, esos manuales sirven, dan pautas; pero hoy estn en el cesto de la basura. Por eso creo que en el mbito capitalista bastara con que las corporaciones mediticas respetaran esos mismos manuales que crearon para tener un mejor periodismo, ms serio, ms profesional. No necesariamente el periodismo de las empresas privadas debe ser amarillista. Hay un periodismo que, aunque ideolgicamente no se comparta, puede respetarse, porque se hace con altura. Al menos es un periodismo que no agrede de la forma que vemos que sucede hoy en Venezuela.

Los medios comerciales siempre han sido medios de presin, pero hoy, en muchos casos no vamos a generalizar, pero s en muy buena medida han pasado a ser prcticamente partidos polticos. Hay de todo, obviamente, pero como empresas privadas est en su misma naturaleza el hecho capitalista, la bsqueda del lucro ante todo. Por eso, en la construccin de una sociedad socialista, no puede tomarse a esas corporaciones como aliados francos. Su tica, sus principios no son socialistas, por eso no hay que esperar de ellas ms de lo que pueden dar.

A.: Reconociendo que dentro del mbito estatal hay abierta una discusin en torno al periodismo que se quiere, cmo ves hoy la construccin de esa nueva poltica comunicacional en el marco de la revolucin?

E. V.: Creo que se ha avanzado bastante. De todos modos, sigue habiendo deficiencias estructurales. Dira que nuestra principal fortaleza es tambin nuestro principal defecto: es una revolucin que se tiene que hacer desde el gobierno. Por eso la tendencia a que la informacin revolucionaria sea vista con ojos oficialistas es muy grande. Por ese motivo no escapamos a los cnones de ese periodismo aburrido oficial. Ese periodismo protocolar, ms preocupado por las formas, por el protocolo que por el contenido. Hay que reconocer que tenemos una tendencia a emular la conducta de nuestros adversarios y a confundir el papel del comunicador con el del dirigente partidista o del agitador de masas, que sacrifica la informacin por una consigna. Encontramos entonces el panfletarismo, el desprecio por la profesionalizacin de la comunicacin, que si bien es un patrimonio de la humanidad y no depende ni de un gremio ni de la universidad, ha tenido un nivel de especializacin que no se puede desconocer y echar a la basura. El nimo fundacional nos mueve a obviar que tambin hay un acervo del que poder echar mano a la hora de comunicar en un tiempo de transformaciones como el que vivimos en este momento en Venezuela. Esto lo digo pensando mucho en los medios alternativos.

Creo, por ejemplo, que en fragor de la batalla, hemos despreciado herramientas como el reportaje, por ejemplo. O un instrumento como la crnica. Muchos de los recursos periodsticos los hemos sustituido por el fcil expediente de la entrevista. Hoy por hoy tenemos una saturacin de entrevistas en nuestros medios.

A.: Venezuela vive una explosin de los medios comunitarios y alternativos a partir de la Revolucin Bolivariana. Cmo ves todo este campo? Qu podemos aprender de esto? Qu futuro tiene?

E. V.: Creo que esto tiene una gran potencialidad, y por tanto un gran futuro. Los periodistas no deberamos resentir el hecho que comunicadores populares se vayan apropiando cada vez ms de amplios espacios de la comunicacin; por el contrario, es un hecho del que debemos estar felices. Me siento tan colega de los periodistas sin carnet como de los que lo tienen. Lo que s creo es que, con o sin carnet, hay que dotarse de instrumentos adecuados para un mejor ejercicio del periodismo. Hay una riqueza extraordinaria en el periodismo, y eso hay que conocerlo, hay que aprenderlo, para que no terminemos cepillndonos los dientes con una llave de tubo. Hay cosas que se comunican mejor con una entrevista, y otras con una consigna, otras con un documental, o con una nota histrica. Hay una enorme variedad de recursos para comunicar.

Es importante en este campo alternativo la dependencia que se puede crear con respecto al Estado, que puede ser nuestro mejor aliado, pero tambin puede ser quien traiga el veneno del financiamiento. Podra pensarse que los revolucionarios en lucha busquen medios revolucionarios de financiamiento, para evitar esa dependencia con el Estado. Ese fenmeno se da, y hay que tenerlo muy en cuenta. No es que ese dinero sea malo, pero podra darse que el financiamiento ate un poco, de partas cortas a las iniciativas.

A.: Sabiendo que esta ltima pregunta puede dar para un debate largusimo, cmo entender, por dnde empezar a construir esto del socialismo del siglo XXI?

E. V.: Esa misma pregunta me la hago continuamente yo mismo. Yo vengo de una familia de izquierda, de militantes histricos del Partido Comunista. Por tanto yo estoy aqu reencontrndome con la leche del tetero que tomaba. De todos modos, con toda la autocrtica que debemos hacernos con relacin a lo sucedido en el siglo XX y pensando en los nuevos modelos que queremos establecer sin repetir errores, hay que debatir mucho todo esto. En cuanto al mbito de la comunicacin, que es el terreno donde yo me muevo y del que puedo opinar con mayor conocimiento, una nueva sociedad socialista la concibo con un periodismo y con unos medios de comunicacin distintos a los de la sociedad capitalista y distintos tambin a los de las sociedades socialistas que hemos conocido hasta ahora. Estamos demasiado acostumbrados a la crtica libre como para que solo tengamos medios en una sola direccin. Que haya una hegemona revolucionaria en la comunicacin no significa que la misma deba hacerse en una sola direccin, que haya una sola visin para ver las cosas. Si no, no estaramos construyendo algo diferente, y por eso mismo, adems, creo que lo as construido andara poco.



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