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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2007

Captulo, ntegro e indito en internet, del libro "Chvez nuestro", recin editado en Espaa
Soy sencillamente un revolucionario

Hugo Chvez Fras
Rebelin

Tras su xito en Cuba, Venezuela y numerosos pases de Amrica Latina, llega a Espaa de manos de la editorial Hiru el libro "Chvez Nuestro", de los periodistas cubanos Rosa Miriam Elizalde y Luis Baz. En esta obra, personas cercanas al presidente venezolano -familiares y compaeros- hablan de aspectos personales de Chvez, as como de relevantes episodios polticos acaecidos en la Venezuela de los ltimos aos. Rebelin.org reproduce, con el permiso editorial, el ltimo captulo de este libro, escrito por el propio Hugo Chvez


Nos esperaba en Miraflores, a las diez de la noche. Poco antes, nos habamos encontrado con el candidato a la gobernacin del Estado de Miranda, Diosdado Cabello, quien sala de una reunin y estaba enterado de que nos entrevistaramos con el Presidente venezolano Hugo Chvez Fras: Preprense, que seguramente ser para largo. Fueron seis horas de conversacin que volaron debajo de un techo de palmas, en el patiecito que queda a un costado de la oficina presidencial, sin ms testigos que el fro que en la madrugada envuelve al valle caraqueo.

Sin embargo, con Chvez el tiempo de conversacin nunca es demasiado. La mayora de los temas que llevbamos en nuestra agenda se quedaron sin tocar, mientras otros aparecieron de forma inesperada y matizaron de emocin un dilogo que pretenda seguir las pistas de algunas historias truncas que compaeros, vecinos de la infancia y familiares del Presidente nos revelaron en una peregrinacin por Caracas y por los Estados de Lara, Tchira y Barinas.

Queramos rastrear los detalles que no aparecan en las numerosas y casi siempre extensas entrevistas publicadas desde los das de la rebelin militar del 4 de febrero de 1992. Ms que reflexiones sobre la historia convulsa de la Venezuela de las ltimas dcadas, sobre la cual existe otra abundante bibliografa, nos interesaban los rasgos vitales de una personalidad fuera de lo comn, turbulenta y sensible. Nos habamos propuesto descubrir otras muchas facetas de este jefe de Estado que rompe todas las convenciones: alguien que suele cantar a mitad de los discursos, y a quien los venezolanos ms humildes sienten tan franco y familiar.

Sabamos que, aun cuando se prolongara durante horas, esta sera una entrevista incompleta con un ser humano que ha vivido muchsimo ms de lo que cabra esperar en alguien que acaba de cumplir 50 aos de edad. Con l no sentimos esa distancia protocolar, a veces fra, que supone el encuentro con un jefe de Estado. Hugo Chvez nos recibi despejado y animoso, vestido con camisa roja y jeans azul, y nos esper al pie del elevador, sonriente, con el bate que Sammy Sosa utiliz el 25 de febrero de 1999 en un juego de exhibicin en la Ciudad Universitaria de Caracas. Ese da el Presidente ponch al pelotero dominicano y Sammy le respondi con seis jonrones. Este no es cualquier bate dijo con picarda. Con este les voy a conectar un jonrn a los gringos el da del referendo. Ya lo vern.

Y as fue.

El bate de Sammy Sosa

Van a creer que es mentira, pero yo ponch a Sammy Sosa. La culpa la tuvo l. No durmi esa noche, mientras que yo me acost temprano. El negro parece que se fue a parrandear y lleg como a las cinco de la maana... Lo despertaron a las diez. No se quera levantar. Con el estadio repleto, el anuncio de Chvez contra Sammy Sosa, y toda una porfa en los medios. Finalmente, el compadre se levant, se dio un bao, y en eso me dijeron que haba ido a un mdico, porque estaba muy dbil en realidad no haba dormido en dos noches. Se tom algo as como un estimulante. Me decan: Usted est loco, Presidente, cmo le va a pitchear a ese hombre, que pega unos batazos a no s cuntos kilmetros por hora.

Lleg el negro all y le tir una recta afuera. La dej pasar. Detrs me dio un foul y luego, vino una curvita. Ah, ponchado! Luego me propin seis jonrones seguidos. Todava andan buscando las pelotas por La Guaira. Miren como quedaron marcados los pelotazos. Claro, si bate con este bate! l me lo regal y yo le mand a poner un barniz para preservar la mancha de los pelotazos. Que se preparen, porque con este bate voy a conectar un jonrn, como ese que voy a dar el 15 de agosto, en el referendo. Cmo fue que le dije a Fidel?... Agchate, Fidel, que la pelota va a pasar por arriba de La Habana, hasta la Casa Blanca. Y si ves que no llego, dame un impulsito. Pero con este bate de Sammy Sosa, ah s que el batazo no para hasta Washington...

Jugando con Gabi y Rosins

Anoche estuve jugando con Rosins y les voy a mostrar lo que ella y mi nieta Gabi pintaron. Primero, hicieron un dibujo entre las dos, porque estoy ensendoles a colorear un leo. En un descuido mo se embadurnaron las manos con leo rojo y las pegaron en la pared. Una embarradera...! Tuve que buscar alcohol para limpiarles las manos. Estaban como posedas por el uh! ah!. Fjate lo que dice aqu: Uh, ah! Chvez NO se va.

Las dos se aman, se ven y es una locura. Una locura!, y si se renen conmigo, locura al cuadrado, o al cubo. Ellas se dividen siempre el espacio: Gabi pinta de un lado y Rosins del otro. Aqu Gabi pint una ola parece una roca, pero es una ola, y Rosins dibuj otra por aqu. Gabi puso el barco de rojo, y Rosins tambin les dio ese color a su barco y al chinchorro que est en la costa. Por qu todo rojo?, les pregunt. Porque estamos en tiempos de rojo contestaron.

Despus, entre ellas estaban hablando de Florentino, mientras Rosins pintaba la bandera. Y esa bandera?, le pregunt. Dijo la nia: Bueno, porque yo soy bolivariana y revolucionaria! Y Gabi: Yo tambin soy bolivariana y revolucionaria.

Mam y pap

Cuando mi pap conoci a mi madre, l andaba en un burro negro vendiendo carne. Esos cuentos yo los o de nio, pero mi mam siempre me dice: Este Huguito s que inventa. Eso no era as. Y bueno, cmo era, pues?, porque ese es el cuento que me contaba la abuela.

Pap era un negro buen mozo, alto, esbelto, y la conoci a ella, catira. Pap tena 21 aos... Cuando Adn naci, en 1953, mi mam tena apenas 18. Era una muchachita... Toda la vida juntos, y cmo han pasado cosas esos viejos!

Mi mam cuenta que el 4 de febrero de 1992, apenas sali la noticia de la rebelin, dijo: Ah est Hugo. En cambio, mi pap, que ese da estaba en una finquita ocupndose de unos cochinos, se enter por alguien que pasaba en bicicleta: Hugo, hay un alzamiento militar. Dicen que mi pap se qued tranquilo. La persona le pregunt: Y usted cree que fue su hijo...? No, l no se mete en eso. Pero mam, inmediatamente, se puso las chancletas y sali a buscar a Cecilia: Ay, Cecilia! Ay, Cecilia, es que hay un alzamiento y el Huguito debe de estar en eso. Qu cosas!

Recuerdos de Sabaneta

Se me aguan los ojos cuando leo lo que ustedes han escrito de Sabaneta. Por ejemplo, eso que les dijo Flor Figueredo.

Mara nos dijo que cada vez que usted pasa por all, ella lo busca para llevarle un dulce.

Ah!, Mara Chvez, all en Santa Rita. Fueron a Santa Rita?

S.

Nosotros bamos hasta en bicicleta. Est enferma del corazn la Mara.

Nos cont que padece de una broma en el corazn y que por eso ya no le puede traer dulces a Miraflores.

Ella me lleva los dulces a dondequiera y se mete entre los soldados: Djeme pasar, que yo soy la ta abuela.

Y Joaquina Fras record que su abuela Rosa Ins llor desconsolada porque usted no tena zapatos para ir a la escuela.

Ah!, las alpargatas viejitas que hicieron llorar a mi abuela... Rosa Figueredo est viejita, verdad? Ella era muy amiga de mi abuela. Abuela viva en una esquina y Rosa Figueredo en la otra, a una cuadra, y eran ms o menos de la misma edad. Mi abuela muri muy joven.

Qu sentimiento tan bonito recib cuando le lo que dijo Flor Figueredo. Ella era muy bella. Fue novia de un espaol, un canario, y yo la celaba. Flor se la pasaba en nuestra casa, porque era amiga de mi mam. Recuerdo que un da me toc dar un discurso en honor del primer obispo que nombraron en Barinas, monseor Rafael ngel Gonzlez Ramrez. El obispo visit Sabaneta. Yo estaba en sexto grado y me designaron para decir unas palabras a travs de un microfonito. Flor Figueredo, tan linda, me dio un beso. Me sent en las nubes. No se me olvida que me dijo: A Huguito le va a gustar dar discursos, mira qu bien lo hace.

Las fotos

Mi abuela era una mezcla de negro con indio. Mi mam, catira y coqueta, coqueta. La recuerdo cuando bamos a los toros coleados durante las fiestas patronales de octubre en honor a la Virgen del Rosario, que es la patrona de Barinas. Mam se pona lindsima esa noche y yo la celaba de cualquiera que se le acercara. Me pona siempre pegadito a ella. Era y sigue siendo muy linda; s, muy linda. Mi pap noble, muy noble.

Mi mam tuvo puras hermanas: Edilia, Edith, Rosario, Elvira... El nombre de casi todas empieza por E. Son las hijas de mi abuela Benita, que en paz descanse... Consiguieron hablar con Silva?

S, y con Egilda Crespo, la maestra suya de cuarto grado...

Silva me daba sexto grado y lo cambiaron. Recuerdo el da en que se despidi en el aula. Yo me puse a llorar y l me llam: Huguito, venga, no llore. Me llev para el pasillo y me abraz.

Yo rivalizaba con Juan, un hermano de l que tena la edad de Adn. No nos soportbamos, porque nos enamoramos de la misma muchacha, de la Coromoto Colmenares, una de las dos que me comieron los dulces de lechosa araas de mi abuela. Les voy a contar un secreto: ellas no me comieron los dulces de lechosa; yo dej que se los comieran. Claro, los adultos no se enteraban muy bien de esas cosas. La Coromoto me gustaba; era linda la Coromoto, y mayor que yo...

Silva tena un gran espritu de superacin. Lo nico malo que le vea era que llegaba a los recreos y se la pasaba conversando mucho, de manera sospechosa para m, con Egilda, la maestra. Eso fue en cuarto grado, pero luego fue mi maestro en el sexto, y le tom mucho cario y le tuve un gran respeto...

Egilda era suplente, porque la titular de cuarto grado sali embarazada. Se llamaba Luca Venero. Le dieron permiso y trajeron a esta muchacha de Santa Rosa. Las hermanas Crespo son bellsimas. Jams me olvid de Egilda.

Cuando estaba preso en Yare, me pidieron que escribiera el prlogo de un libro de Zamora, sobre la Batalla de Santa Ins. Al hacerlo, rememor los tiempos de la escuela Julin Pino, y habl de la maestra. Alguien le avis a ella, porque ese prlogo sali en un suplemento dominical que publicaba Nelson Luis Martnez. Egilda me mand una carta a la crcel y luego fue a visitarme con mam al Hospital Militar, donde me haban operado. A la maestra la conoc enseguida, por esos preciosos ojos azules que me fascinaron cuando era un nio.

Luis Reyes Reyes

De cadetes nos veamos en Barinas durante las vacaciones, y en el abrazo de Ao Nuevo. l pasaba por mi casa y yo por la suya, a saludar a los viejos, a sus hermanos y en particular a la negra Virginia, su hermana, con quien a veces salamos a las discotecas.

A Luis lo quiero mucho. Recuerdo cuando ramos muchachos en Barinas y jugbamos bisbol. l no era malo como jugador, pero su equipo... Slo ganaron un juego y los muy pcaros lo aprovecharon muy bien. El dueo del almacn Todo as se llama el equipo donde jugaba Luis era un rabe que financiaba la franelita, la gorra, los guantes... El rabe no saba nada de bisbol.

El equipo con que yo jugaba, el Transporte, era bueno y casi nunca perda los campeonatos. Yo era pitcher de relevo. Uno de esos das en que nos enfrentamos, invitaron al rabe y tuvieron tan buena suerte que ganaron. Creo que fue la nica vez en la historia de Barinas que nos ganaron en el bisbol. Todo por un error: un batazo entre dos. El rabe bot la casa por la ventana. Hasta mand a matar una vaca. l estaba convencido de que eran los campeones, a pesar de que Luis y su gente estaban en el ltimo lugar.

Ana Domnguez de Lombano

Hay ancdotas que se cruzan con el tiempo y se pueden confundir. Pero estoy seguro de que conoc a Ana, la hija de Maisanta, en 1979, y fui solo a su casa la primera vez. A los pocos das regres con mi mujer y mis hijos. En ese tiempo me pasaba la vida en los cuarteles hablando de Maisanta y declamando el poema de Andrs Eloy Blanco, que habla de ese guerrillero. Se convirti en un arma de batalla, en una arenga revolucionaria con arpa, cuatro y maracas. Imagnate t, 200 soldados y yo ah parado con un micrfono: En fila india, por la oscura sabana, / meciendo el fro en chinchorros de canta, / va la guerrilla revolucionaria. Ah le pona el nfasis, en lo de la guerrilla.

Estbamos ese ao en unas maniobras con el Batalln de Tanques. Antonio Hernndez, un compaero de mi promocin hoy cnsul nuestro en Miami no fue a la maniobra. Se qued en Maracay. Cuando regres, l haba ledo por casualidad en el diario El Siglo un artculo escrito por Oldman Botello, Maisanta, el general de guerrilla. Mira, Chvez, lo que consegu. Agradec muchsimo que hubiera reparado en este texto, porque yo andaba empeado en escribir el libro que nunca he escrito, pero no pierdo las esperanzas de hacerlo algn da.

Ya estaba investigando. Haba venido incluso a este mismo Palacio de Miraflores, a la sala del Archivo Histrico y una vez hasta me prestaron un documento, que vaya usted a saber dnde est, porque lo perd en los allanamientos que siguieron al 4 de febrero.

Tena unas cajas llenas de materiales: documentos, apuntes, casetes... Lo que ms me llam la atencin de aquel artculo fue la revelacin de que en Villa de Cura viva una hija de Pedro Prez Delgado. Haba una foto del autor del artculo y sal para Maracay a buscar al hombre. Recuerdo que llegu a una ferretera que queda en la esquina de la plaza Bolvar, y empec a mostrar la foto y a preguntar por l. Un seor me dijo: Ah!, ese es el diputado. Dnde lo consigo? Ah, en la Asamblea Legislativa. Botello era diputado regional del Estado de Aragua, del Movimiento al Socialismo (MAS). Esper como dos horas en la Asamblea y cuando iba saliendo, su secretaria le indic que un oficial lo estaba buscando.

Me explic y me grafic en un papelito cmo llegar a la casa de la hija de Maisanta, y nunca se me olvid: buscar la Plaza Bolvar, a la izquierda tres cuadras, y en la Avenida Sucre dos cuadras ms all, hasta Villa Las Palmas. Fui a ver a Ana sin permiso de mis jefes, porque no poda esperar ni un solo da. Villa de Cura es un pueblo pequeo, que queda como a media hora de Maracay.

Cuando toqu a la puerta, efectivamente, abri su hijo Gilberto Lombano. Traa en sus brazos a una nia, la nieta de Ana. Despus sali. De inmediato tuve una gran empata con Ana, que tiene una gran personalidad.

Ella cuenta que cuando usted le dijo que era bisnieto de Maisanta, le respondi: No me lo tienes que decir.

Eso dijo, y que me pareca mucho a su hijo Rafael. Y, bueno, aquella casa se convirti tambin en la ma. Desde entonces iba para all casi todos los fines de semana que tena libre, con Nancy y con los nios. Rosa estaba chiquitica y Mara recin nacida. Tienen una de esas casas coloniales grande, con un patio ms bien pequeo, donde jugbamos a la bola criolla. Y hay un rbol en el medio, me acuerdo. Con uno de sus hijos, que es tremendo boxeador, bebamos cerveza, cantbamos, salamos al pueblo. Me encanta Villa de Cura.

A Ana le extravi algunas reliquias. El pap de Maisanta fue coronel de Zamora. Se llamaba Pedro Prez Prez y era indio. Su foto la perd. Ese es un dolor que cargo con esa vieja: las fotos se me perdieron. El 4 de febrero de 1992 tena entre mis cosas las fotografas originales que ella me haba prestado unos das antes, para que les sacara unas copias. Estaban en el maletn donde guardaba buena parte de mi investigacin sobre Maisanta. Ojal algn da aparezcan.

Vi cuando se conocieron y lloraron juntas nuestras familias. Le cont a Ana: Mira, t tienes dos hermanos all. Uno, que ya muri y que era mi abuelo Rafael Infante, y otro que an vive, Pedro. Comenc a relatarle de dnde vena yo. Le llev fotos de mi mam, de mis hermanos. Un da le dije a Ana: Vmonos para Barinas a unas vacaciones. La llev tambin a Ospino, a la casa donde naci su pap y que slo conservaba el patio.

Fuimos tambin a Guanare, a una urbanizacin en la que cada calle tiene el nombre de un poema de Andrs Eloy Blanco. La calle Maisanta es corta, de gente de clase media. Pero hay otro lugar en Guanare que fue para ella la cumbre de ese viaje: el sitio donde logr ubicar a mi to abuelo Pedro, el otro hijo de Maisanta.

No recuerdo haber visto alguna vez a mi abuelo Rafael. Mis abuelos nunca fueron esposos, pero Rafael Infante s se cas despus. Antes de su matrimonio, tuvo dos hijas con Benita Fras: Edilia y Elena, y luego se fue para Barquisimeto. All tuvo otra familia y luego muri.

Un da pas por Guanare para hablar con mi ta Edilia, con la que siempre me gust conversar. Edilia, me he enterado de que tu to Pedro est vivo. Ustedes saben que esos casos de familia son muy delicados. Ella deca: Mi pap me dej y se fue, y no quera saber de los Infante. Pero me llev a conocer a Pedro, aunque no quiso entrar a saludarlo: l no me conoce, porque esa familia nunca nos visit. De todas formas, ella fue muy noble y me acompa hasta la entrada de la casa del to.

La casita estaba cerca de una pequea plaza. Toqu a la puerta y sali un nio siempre salen los nios a la puerta de las casas de los pueblitos, y llam: Abuelo, abuelo. Te juro, se apareci Pedro Infante y le dije: Maisanta, carajo.

Era un hombre de unos 80 aos, altsimo, con casi dos metros de estatura, un poco dobladito por la edad. Catire, como Pedro Prez Delgado. De tanto leer sobre mi bisabuelo y de mirar su foto, me sali del alma: Maisanta! El viejo se qued paralizado. Me le present y le ped: Su bendicin. Bendicin por qu? Porque usted es to de mi mam, y por tanto, mi to. Ah, muchacho, sintese. Usted es hijo de quin? De Elena. Ay, Elena, s! La hija de Benita, con quien vivi mi hermano Rafael. Yo s la quise. Dnde est ella? En Barinas, est viva todava muri poco despus, bastante joven, de un infarto. Era muy linda Benita Fras. Y a esa carajita Elena, claro que la conoc chiquitica, y le decan la Americana, porque era catira como nosotros.

Ah empezamos a contarnos cosas, y yo a preguntarle. Me confi que apenas recordaba a su pap, que probablemente nunca lo vio. Cuando Pedro Prez Delgado sali hacia la guerra en Apure, estos nios tendran 4 5 aos. Pedro era mayor que Rafael. Maisanta se llamaba Pedro Rafael, y por eso a sus primeros hijos les puso su propio nombre.

Pedro muri muy anciano, despus de sufrir la muerte de su hijo. La ltima vez que lo vi, estaba deshecho por la prdida. Al muchacho lo conoc, un catire que quera ser militar, pero falleci tras accidentarse en una moto. Aquello termin de matar al viejo Pedro.

Hice todo lo posible para que Ana y Pedro se encontraran. Me dije: No puedo dejar de ver el encuentro de los hermanos. Ya yo era correo entre ellos. Tienes una hermana all, se llama Ana le dije a l. Fui en mi carrito con Nancy, los muchachos y Ana. Cuando Ana vio a Pedro, se puso a llorar. Ah!, mi pap otra vez. Se sentaron a hablar ah, no s cuntas horas. Los dej solos y me fui a dar una vuelta con Nancy. Luego seguimos a Barinas, para que Ana conociera al resto de la familia.

Pasamos unos das todos juntos, y Ana conoci a mi abuelita Rosa Ins, que muri en 1982, dos aos despus de aquel encuentro.

La infancia feliz

No recuerdo exactamente si Adn y yo dormamos de pequeitos en el mismo cuarto con nuestra abuela. Si los amigos del pueblo lo dicen, seguro que fue as, porque esa mujer nos tena mimados... como toecos. Vivamos en una casa de palma y cuando llova caa mucha agua dentro. Haba que poner perolitas, porque el piso era de tierra y se volva barro. Tena un pretil afuera, frente a una calle tambin de tierra. Con la lluvia, se armaba una laguna donde nos metamos a jugar con el agua a la rodilla. A Adn una vez le dieron una bicicleta. Se montaba en ella y atravesaba por la mitad de la laguna. Yo le deca: Oye, tienes una bicicleta acutica. Hacamos una especie de competencia que consista en cruzar la calle en bicicleta, para ver quin llegaba a la otra orilla sin mojarse demasiado. Claro, como a todo nio, a Adn no le gustaba prestar la bicicleta. Me la prestaba slo a m.

Fuimos unos nios muy pobres, pero muy felices. Dara cualquier cosa por regresar a esa infancia, aunque fuera por un minuto... No, sera muy poco: digamos que por un da.

La casa era bonita, con una cocina muy amplia donde la abuela siempre estaba trabajando. Tena un patio grande que para m era el mundo, todo el mundo. All lo tena todo, y aprend a caminar, a conocer la naturaleza, los rboles; cmo salan las flores y despus las frutas. Aprend a comer naranjas, pias, semerucas, una fruta redondita y roja como una cereza que abunda en el Oriente. Ah conoc el ciruelo, el mango. Haba aguacates grandotes, y tambin mandarinas y toronjas. Sembr maz y supe cmo se cosechaba y se cuidada durante el invierno, y cmo se haca la cachapa.

El nuestro era un patio de ensueos. Todo un universo. Haba almcigos, y Rosa Ins, adems, sembraba cebollino, cebolla, tomaticos pequeos y otras cosas para aliar. Desde pequeos, tanto Adn como yo, nos acostumbramos a trabajar a su lado. Bueno, Adn un poquito menos...

A mi hermano mayor no le gustaba mucho vender, al punto de que muchas veces yo lo ayudaba. A m s me gustaba. Hay cosas que uno no puede explicar por qu le gustan... Ah, claro, era la oportunidad para hablar con la gente y sobre todo para recorrer el pueblo. Me iba, por ejemplo, a un local en el que se jugaba a los bolos, una especie de bowling, pero que utilizaba una pelota de madera. Colocaban tres varitas y haba que tumbarlas. All venda las araas y tabletas cuadraditas de coco. Tambin pasaba por la plaza, por el cine...

La venta era una excusa para estar en la calle. Durante las fiestas patronales, gozaba. Mi abuela, adems, era muy generosa. Ella me deca: T vendes ocho araas que ya eso era un bolvar, y te quedas con una locha. Nunca me faltaba una locha en el bolsillo. Me iba al bolo, y hasta tena un cochinito. As aprend a trabajar.

Mi abuela me ense a leer y a escribir antes de entrar a primer grado. Utilizaba las revistas, en particular una que se llama Tricolor por los colores de la bandera y que todava publica el Ministerio de Educacin. Como pap era maestro de escuela llevaba las revistas a la casa. Mi abuela me ense a hacer las letras. Ella escriba bonito, con la letra redondita: todas las letras se parecen me deca.

Nos sentbamos en la noche, muy juntos. Ella en su sillita y yo a su lado. Los dos, espantando los jejenes. Nunca la llamamos abuela, sino Mam Rosa. Un da, en medio de sus lecciones, le coment: Mam Rosa, aqu dice rolo. Qu dice ah? Ella miraba y vea slo el ttulo de la revista Tricolor. Aqu dice rolo le repet. Puso una expresin que era muy comn en ella, como para decir: ests equivocado, o no me embromes. Chasqueaba la lengua y torca la boca en una mueca: Ah no dice rolo Cmo que no dice rolo ah? R-O-L-O, y le indiqu las ltimas cuatro letras de TRICOLOR, pero de atrs para alante. Muchacho, y cmo t vas a leer al revs? No es as, sino de izquierda a derecha. Cada vez que recordaba esa ocurrencia, ella se rea. Se la cont a mis padres y a todo el mundo. Mira, Huguito ya sabe leer, pero al revs.

Adoro a mis padres, pero tengo que reconocer que la educacin de Rosa Ins fue muy importante para m. La vida a su lado fue de forja y de espritu. Mi abuela era un ser humano puro como Luis Reyes Reyes. Ella era puro amor, pura bondad. No recuerdo haber visto alguna vez a Rosa Ins Chvez furiosa. Era una criatura con una extraordinaria estabilidad emocional y un sentido del humor muy especial. Cuando la casa se quedaba sola y ella llegaba, le preguntaba al viento: Cmo ests, Mara Soledad?

Ella fue la primera persona que nos habl de la guerra federal y de un general a quien le decan Cara de Cuchillo as llamaban a Ezequiel Zamora tambin, contaba cmo detrs de Zamora se fueron los hombres del pueblo y hasta un Chvez, que jams volvi. Ella sealaba con la mano: Se fueron para all, Huguito, hacia la montaa. En Sabaneta, en las tardes claras, se logra ver el Pico Bolvar. Para all, donde estn los cerros, por ah se fueron. Y en verdad fue por ah, por el camino de Barinas.

Su mam le habl del paso de los caballos, del sonido de las cornetas, del polvo que levantaba la caballera y de cmo mandaban a matar las gallinas para comer. Tambin de la tropa acampada junto al camoruco, un rbol muy antiguo que todava existe en Sabaneta y tiene por lo menos 200 aos.

Hablaba de la oscurana, que as llamaban al eclipse. A nosotros nos daba hasta miedo: Si hubieran visto, Huguito y Adn: lleg la oscurana y se fue el sol. Ese eclipse ocurri en 1910. Despus precis la fecha cuando revis los libros de geografa e historia. Ella deca que a no s quin se le ocurri gritar que el mundo se iba a acabar, algunos quemaron hasta el maizal, y por tontos, se quedaron sin cosecha. Otro quem la casa, y muchos corrieron para la iglesia: El mundo se va a acabar... El mundo no se acab, Huguito, porque al rato sali el sol.

Y su abuelo, el compaero de Rosa Ins, del que casi nadie habla?

Es verdad, casi nadie habla de l. Si supiera que hace poco vino pap y mientras almorzbamos, hablamos de mi abuelo. Pap, quin era mi abuelo? Por primera vez en casi 50 aos mi padre me cont: Mi pap era un coleador, negro, est enterrado por Guanarito. Eso queda cerca de Sabaneta, pero en el Estado de Portuguesa, pasando el ro Bocon. Me dijo que se llamaba Jos Rafael Saavedra.

l se fue del pueblo y se dej de la abuela. Posea tierra y ganado, y cuando mi pap tena casi 10 aos, este abuelo se puso muy enfermo y mand a decir que quera conocer a su hijo, a Hugo. La abuela no quiso dejarlo ir hasta Guanarito por temor a que se le quedase el muchacho por all. Claro, haba que entenderla, era un pueblo lejano y en esos tiempos no haba ni carretera.

En una ocasin lo coment con mi hermano: Adn, nosotros no conocimos los abuelos varones, pues. Del pap de mi pap ni siquiera sabamos su nombre, y al pap de mi mam tampoco lo conocimos. Vine a saber un poco de su vida investigando la historia del bisabuelo. Siempre estuvimos entre abuelas: Benita, Marta Fras que era la mam de Benita y muri ancianita, como de cien aos y Rosa Ins. Puras abuelas, noms.

Los juegos de Rosa Ins

Yo le echaba bromas y ella tambin a m; siempre andbamos con un jueguito en mente, como si furamos dos nios. Cuando era estudiante de bachillerato, vivamos Adn, Rosa Ins y yo en una casita en Barinas que ella alquilaba. Yo tena obsesin de bisbol: La pelota, la pelota, ya va a pelotear... me deca. Si amaneca lloviendo, yo amaneca refunfuando: No s para qu llueve tanto, cundo dejar de llover? Y miraba para el cielo, con el guante listo, y ella deca: Es que no le convena que hubiera juego hoy, le iban a dar un pelotazo o iban a perder.

Tenamos un radiecito de pila y a ella le gustaba or msica llanera: Huguito, bsqueme a Eneas Perdomo. Aos despus conoc a Eneas y cada vez que lo veo recuerdo a mi abuela. A m tambin me gust cantar siempre, pero no lo hago bien. Sin embargo, a ella le encantaba orme cantar rancheras, sobre todo, y alguna que otra llanera.

Por las noches me prestaba el radiecito. Me sentaba frente a una pequea mesita de madera que tenamos, donde yo haba dibujado un crculo. Usted me ray la mesa me dijo. Era parte de un juego que yo haba inventado: le puse colores a un crculo donde tena marcados los momentos ms importantes del bisbol: jonrn, bola, strike, doble play, triple, etc... En el centro haba un punto, que marcaba el eje por donde deba dar vueltas el cuchillo de cocina de Rosa Ins. En dependencia de donde quedara la punta del cuchillo, yo anotaba el resultado: bola, strike... A veces me pasaba horas jugando.

Usted se va a volver loco con esa pelota me deca Mam Rosa. Yo siempre jugaba a Caracas vs Magallanes. A veces solo, en ocasiones, con Adn, pero a l le daba flojera. Cuando jugaba con otra persona, cada uno tomaba un equipo diferente. Era muy divertido y yo lo disfrutaba muchsimo. A veces gritaba: Jonrn!, y armaba un lo por toda la casa. Pero, muchacho, se va volver loco usted deca Rosa Ins.

Me gustaba comprar unas pasitas de uva que costaban un medio y las pona encima de la mesa. Yo mismo me premiaba el juego con ellas. Cuando de verdad jugaban Caracas vs. Magallanes, escuchaba la radio y anotaba. Escriba mi score. Hasta recuerdo la alineacin: Gustavo Gil, primer bate; Jess Aristimuo, segundo bate; un gringo, Jim Holt, tercer bate; Clarence Gaston, centerfield; Harold King, quinto bate; otro gringo, qucher; Armando Ortiz, sexto bate... Anotaba inning por inning. Me concentraba en mi juego y, a veces, con los libros de la escuela delante, intentaba estudiar porque tena examen. Y, entonces, mi vieja quien, por cierto, nunca fue viejita porque muri relativamente joven, a los 69 aos, que saba que yo era magallanero, pasaba cerquita y me deca: Y Magallanes, cero. Y volva a pasar: Y Magallanes, cero. Abuela, djeme quieto que vamos a perder. Y volva: Y Magallanes, cero. Nunca se me olvidar.

Cuando empec los trmites para ingresar en la Academia, Rosa Ins no quera que yo fuera militar. Una vez la sorprend ponindole velas a los santos: A quin le est poniendo velas, mam Rosa?. Yo le pido a los santos para que usted se salga de eso. Yo era cadete: Pero, por qu? No me gusta. Eso es peligroso y, adems, usted, Huguito, es rebelde; algn da se puede meter en un problema.

Todos los nios tienen un sueo

Todos los nios tienen sueos y yo no tuve uno, sino dos. El primero naci uno de esos fines de ao en que mi pap, quien acababa de regresar de Caracas tras un curso de mejoramiento profesional del magisterio, me regal un ejemplar de la Enciclopedia Autodidacta Quillet. Eran cuatro tomos grandes y gruesos, con muchas figuras y grficos. Me los beb y viaj por el mundo a travs de las ilustraciones y las historias. Hasta un pequeo curso de alemn traan aquellos libros, y me empe, con mi primo Adrin, en aprender ese idioma. Adrin soaba con ser torero, miraba una foto y deca: Cuando yo est en la monumental de Valencia... Ese era su sueo, y el mo era ser pintor. Gracias a aquellos ejemplares empec a dibujar y, aos ms tarde, pas unos cursos de pintura en Barinas, durante el bachillerato. Sala del liceo por la tarde y me iba a la escuela de pintura Cristbal Rojas. Me daba clases una profesora bien bonita que nos adverta: Lo ms difcil de pintar son las manos, y nos pona unos moldes para que las dibujramos. Ella nos explic la tcnica del claroscuro y la combinacin de colores.

Mi otro gran sueo era el bisbol. Lo traa en el alma desde nio, pero fue en Barinas donde se consolid, cuando ingresamos en un equipo organizado en 1967 1968. Mi dolo era Isaas Ltigo Chvez, magallanero, un muchacho de Chacao que no era familia nuestra. A los 21 aos estaba ya pitcheando en las Grandes Ligas. Le decan Ltigo porque lanzaba como si tuviera un ltigo en la mano derecha. Nunca lo vi porque televisin uno nunca vea vine a verla de cadete, pero logr imaginarlo muy bien, gracias a un extraordinario narrador que tuvimos en Venezuela, Delio Amado Len. Lo escuchaba por radio: Se prepara Isaas Chvez, levanta una pierna... El Juan Marichal venezolano lanza una recta...; strike, el primero. Eso todava lo tengo aqu, dentro de la cabeza.

Nunca me olvidar de una noche en que escuchaba el juego en casa de mi mam. Estaba empatado. Anunciaron que Ltigo Chvez iba a relevar al ptcher que haba estado hasta ese momento y que empezaba a fallar. Venan a batear los tres mejores peloteros del Caracas, sin out: Vctor Davalillo, Csar Tovar y Jos Tartabull, que, creo, era cubano.

El Ltigo Chvez los ponch a los tres. Se arm un escndalo en la cuadra. Los magallaneros salimos corriendo para la calle: Los ponch a los tres! Qu alegra. El Ltigo era una leyenda. Yo hasta lo dibuj. Utilic como modelo una foto suya de Sport Grfico, una revista que persegua por toda Sabaneta y Barinas.

El 16 de marzo de 1969, un domingo, me levant un poco ms tarde. Mi abuelita Rosa estaba preparndome el desayuno, y encendi el radio para or msica y de repente: ltima hora, urgente, y sali la noticia, fue como si por un momento me hubiera llegado la muerte. Se haba desplomado un avin poco despus de despegar del aerdromo en Maracaibo y no haba sobrevivientes. Entre ellos iba el Ltigo Chvez. Terrible. No fui a clases ni lunes ni martes. Me desplom. Hasta me invent una oracin que rezaba todas las noches, en la que juraba que sera como l: un pitcher de las Grandes Ligas.

A partir de ah, el sueo de ser pintor fue desplazado totalmente por el de ser pelotero. Empec a darme a conocer en el ambiente beisbolero de Barinas, y al ao siguiente estaba en un campeonato zonal, como pitcher. Me decan que necesitaba fortalecer las piernas, y me pona a trotar. Corra todos los das. Mi abuelita: Se va a volver loco usted. Llegaba del liceo y empezaba a lanzar piedras y cosas contra una lata que pona junto a una palmera del patio. Hasta constru un dispositivo muy rstico para batear limones y perfeccionar los lanzamientos: Usted me est acabando con los limones deca Mam Rosa.

Se me meti una idea fija, pero fija, fija, de que tena que ser pelotero profesional. Estuve tres aos como pitcher abridor en Barinas. Eso me hizo dao, porque, adems de mi obsesin que ya era exagerada, me pusieron a pitchear en la categora superior, como relevo. El brazo no aguant.

Pesebre para Navidad

Nos contaba Adn que la primera vez que l lo vio llorar a usted con desconsuelo y dolor fue cuando muri Rosa Ins.

S, vale, eso fue impresionante. A inicios de los 80 sabamos que iba a morir muy pronto. Ella se enferm, y en unos pocos meses se aceler su mal. Recuerdo ese diciembre previo a 1982, un ao muy importante en mi vida, de muchos pesares, de dolor y ausencia, y tambin, de nacimientos.

Rosa Ins muri el 2 de enero de 1982. Estaba prxima la fecha de su cumpleaos. Ella naci el da de Santa Ins, el 18 de enero. Por eso le pusieron Rosa Ins, pero le gustaba ms que le llevramos flores el 30 de agosto, da de Santa Rosa.

Estaba muy enferma. Los mdicos decan que le quedaba poco tiempo de vida. Tena los pulmones muy desgastados. Casi no respiraba. Andbamos con dificultades econmicas y pap se la llev para la casa en Barinas. En diciembre de 1981 yo estaba trabajando en la Academia Militar. Cada diciembre sala de permiso, y me iba de inmediato para Barinas, sobre todo para estar con ella, en particular en esos aos en que vea que se nos estaba yendo.

En el ejrcito los permisos de descanso los daban por sorteo. Salamos el 24 el 31. Tuve muy mala suerte con los sorteos y sala siempre con guardia el 31, aunque en realidad nunca me import, nunca le di demasiada importancia a la Navidad, ms bien buscaba alejarme del bullicio para reflexionar; daba el abrazo de Ao Nuevo pero no me gustaba estar entre mucha gente. Prefera irme a la finquita de mi pap y estar solo con mi mujer, los muchachos, la abuela y los viejos.

Cuando sala libre el 24 de diciembre, uno se iba despus de los actos conmemorativos por la muerte de Bolvar. Inmediatamente buscaba a Nancy, a mis muchachos, la maleta y... para Barinas; rpido, directo. Dejaba a mi esposa en casa de su mam Rosa Colmenares ella tambin es de Barinas, y por supuesto, tambin a las dos nias. Hugo naci en octubre de 1982.

A veces me quedaba con Adn, que tena su casa en Barinas y viva con su esposa y sus nios. Me gustaba. Estaba en las afueras y era muy tranquila. Me pona a leer. Lo prefera porque en el barrio aparecan los amigos y la cerveza, un gento incontrolable. Adems, Adn y yo siempre hemos tenido una relacin muy especial. Pero ese diciembre me dije: No, me quedo en casa de mam, con la abuela. Met una colchoneta en el cuartico de Rosa Ins, donde apenas caba su camita, su ropa cuatro camisones y sus chancletas.

Slo tena seis das de permiso del 17 al 25 y aprovech y le hice el pesebre de Navidad. Tena alguna habilidad bueno, tengo, no la he perdido para los dibujos y para hacer figuritas. Picaba, por ejemplo, un cartn, le haca las casas y luego las pintaba con acuarela y le echaba escarcha. Tambin, agarraba una madera y le daba la forma de una vaca; buscaba en el monte y construa la granja; y sacos vacos de cal para armar algo parecido a los cerros, con unas ramitas. En la pared del fondo, pintaba el cielo azul y las estrellas, y unas lucecitas, unos animalitos. Un vidrio de espejo coloreado de azul era la laguna. A la laguna de Rosa Ins le pona un patico y en la orilla, piedrecitas.

A ella le encantaba verme construir su pesebre. Se sentaba a mi lado y me ayudaba. Me pasaba las cosas y me daba ideas. Huguito, y por qu no le pone esto? A veces le deca: Djeme quieto, Mam Rosa, porque ella inventaba tambin y de vez en cuando chocbamos, pero siempre con mucho cario. Mire, por qu le qued tan alto ese cerro? Bueno, no est alto. No, s est muy alto, pngalo ms bajito. Ella diriga, pues.

Ese diciembre record que Adn tena guardada una caja con algunas cosas de pesebres anteriores creo que todava Carmen, la esposa de Adn, las guarda. Haba figuras de porcelana y otras de plstico, que se conservaban para el ao siguiente. Recuerdo una gallinita de plstico que tena un pollito arriba, y a Rosa Ins le gustaba mucho. Y ese pollito qu hace ah arriba?, y se rea. Tambin, haba dos vacas que movan la cabeza. Una vez conseguimos algo que le encant: un mueco al que uno le daba cuerda y tocaba el tambor: ta, ta, ta, y ella me deca: Pngame tambin al tamborero por ah.

Cuando en ese diciembre comenc a armar el pesebre en una esquina del cuarto, ella se sent en su cama. Estaba muy flaquita ya, y recuerdo su sonrisa. El 24 estbamos todos all con ella, en nochebuena. Lleg el da de la despedida. Tena que regresar a Caracas, a la Academia. Era el 26 de diciembre. Me pidi que le diera un masaje en la espalda. Ya tena fuertes dolores. Huguito, cheme Vicks Vaporoub. Se untaba aquel ungento para cualquier cosa, lo ola cuando tena gripe o si le dola algo: para el brazo, Vicks Vaporoub; para la cabeza, Vicks Vaporoub. Yo le deca: Eso sirve para todo? S me contestaba. Se acost boca abajo y yo le abr el camisn por detrs mucho pudor tena ella: brame slo un poquitico, le ech el Vicks Vaporoub y le pas la mano por la espalda. Hice eso otras muchas veces y siempre se quedaba dormida.

Pero ese da, cuando me desped nunca se me olvidarn sus ojos, porque fue la ltima vez, ella estaba acostada despus del masaje y se sent: Ya se va, Huguito? Nosotros no nos tutebamos, haba mucho amor y un gran respeto. Le respond: Ah estn Nancy y las nias; pdanle la bendicin a la abuela. Era 1981, Rosa tena casi cuatro aos y Mara estaba chiquita y enferma. Mara naci con problemas de salud y mi mam utilizaba una expresin: Esta muchachita es suceda, que quiere decir que le sucede mucho. As les dicen en Venezuela a los nios que son enfermizos o se caen y se aporrean constantemente.

Nancy y las nias salieron del cuarto, me qued solo un rato con Rosa Ins. Me costaba mucho irme, pero tena que hacerlo. Cuando ya me iba a despedir, le di un abrazo y me puse a llorar, y ella me dijo: Calma, y me agarr por los brazos y me dijo: No llore, hijo, no llore; con tantas pastillas y tantos remedios a lo mejor me curo. Yo llor y llor, abrazado a ella. Saba que le haban trado unas pastillas muy fuertes para el dolor. Ella no saba cun fuertes eran esos remedios, ni lo poco que le quedaba de vida; pero yo s. Me haban enseado la ltima radiografa de sus pulmones destrozados.

Con ese consuelo que le daba, Rosa Ins demostr que en aquel momento le dola ms el dolor suyo que el de ella...

A lo mejor me curo, no llore. Yo le vi los ojos, vale, y algo me deca por dentro: No te voy a ver ms, Mam Rosa... Ah, esos ojos. En ese momento sent que ella se iba. Me fui a Caracas manejando y llorando. Creo que me par un rato en la carretera para mirar la sabana. Iba solo, porque Nancy se qued en Barinas con los nios para pasar el 31 con su mam.

Un dolor de ausencia definitiva

En ese tiempo yo era teniente y mi cargo era jefe del Departamento de Deportes de la Academia Militar. Tena un buen jefe, un coronel patriota que, antes que nosotros, anduvo en una conspiracin. Yo no lo saba en ese momento, pero lo intua.

Durante la formacin, me le present: Mi coronel, necesito hablar con usted algo personal, y le cont. Una de las cosas que ms tema de cadete era que a mi abuela le pasara algo, porque nos decan que slo haba permiso para ir a la casa si le ocurra algo a los padres, y yo me preguntaba a m mismo: Y mi abuela? Si le pasa algo a mi abuela, me darn permiso? Me voy, aunque sea escapado pensaba.

Le expliqu a este buen hombre: Mire, mi coronel, mi abuela est muy enferma y los mdicos dicen que no le quedan muchas semanas. Quisiera que usted me d un permiso, al menos una semana cuando regresen los que estn descansando volvan el 4 de enero. Vaya me respondi. Yo le present la boleta. Sin embargo, no dio tiempo a nada.

Llam a la casa el 31 de diciembre y habl con mi mam y con Adn. l me dijo: Sigue mal. Pero habla? S, pero le duele mucho; se est yendo. Adn estaba muy triste, porque l tambin la quiso mucho tal vez ms que yo.

Amaneci el 1 de enero. Esa fecha para nosotros tambin era muy significativa, porque marcaba el aniversario de una rebelin militar, protagonizada en 1958 por Hugo Trejo que era un viejo coronel, todo un lder. En 1981 an viva e influy mucho con su prdica revolucionaria. Adems inspir a un grupo de militares entre ellos al General Jacinto Prez Arcay, que fue su alumno, y tambin sembr en nosotros, indirectamente, un nimo de rebelda frente a los problemas que estbamos viendo en la institucin y en el pas. Me gustaba hablar con l. Ya tena el pelo blanquito; era un hombre impecable, pulcro, que me hablaba del proyecto nacional, de Bolvar, de cmo los adecos traicionaron a la democracia y cmo lo echaron a l de la Fuerza Armada.

El 1 de enero era da libre. Entregu mi guardia a las nueve de la maana y me fui en un carro que yo tena, un bicho viejo y envenenado botaba tanto aceite de la caja, que se poda seguir el rastro fcilmente por la mancha que iba dejando en el camino.

Me fui a Macuto, donde el coronel Trejo tena una casita muy bonita con vista al mar. Iba a escucharlo cada vez que poda. Una vez me dio una carpeta viejsima y me dijo: Hugo, este era nuestro proyecto, el Movimiento Nacionalista Venezolano Integral. Quiero que lo estudies. l saba que estaba sembrando y en nosotros encontr tierra frtil. Entonces apenas ramos un grupito de cuatro o cinco compaeros.

l me deca: Hugo, vas madurando. Pronto sers capitn y podrs comenzar a ser lder de oficiales. Ese grado es muy importante, preprate para ser un buen jefe de compaa. No te corrompas, este es un momento clave de tu vida. Efectivamente, en julio yo ascenda a capitn. Como Prez Arcay a quien en esa poca le haba perdido un poco la pista, Trejo fue un maestro. Muri poco antes del triunfo de diciembre de 1998.

Pas el 1 de enero con el coronel, pero me retir antes de lo acostumbrado, porque estaba pendiente de mi abuela. Regres a la Academia en Caracas, me di un bao y segu para Villa de Cura, a la casa de Ana, la hija de Maisanta.

Tena que presentarme el 3 de enero en la Academia, para recibir oficialmente el permiso, pero el da 2 era feriado y decid pasarlo con Ana. Llegu por la noche, en aquel carro endiablado que uno hasta empujaba el asiento para que anduviera un poquito ms rpido. Llegu all: Feliz ao, vieja! djame aclarar antes que Ana tampoco es una vieja, tiene 91 aos y parece una muchacha.

Amanec en casa de Ana. Haba un familin grande all. Estaban sus hijos Rafael y Gilberto, las muchachas; todos, menos Isaas, que viva en Isla Margarita. Recuerdo que me levant como a las nueve de la maana del da siguiente y andaba con el cabello muy crecido; quiero decir, largo pero enrollado. Sal a afeitarme a la barbera. Fui solo, a pie, porque el carro ya casi ni rodaba. Cuando regres vi en la cara sombra de Ana la noticia terrible que estaba esperando: Te llamaron de Barinas, pero no me dijo nada ms. Agarr el telfono y llam a la casa de mi mam. Me respondi Anbal, mi hermano, llorando: Se muri la vieja.

Me puse a llorar en el patio, desconsoladamente: Ay, Ana!, maana me iba a verla otra vez, y la voy a encontrar muerta. Ha muerto la vieja. Sal inmediatamente, y el carro no avanzaba. Saba que no llegara a Barinas. Regres a la Academia. All conocan la noticia. Me llevaron a la terminal del Nuevo Crculo, de Caracas, pero ese da no se consegua pasaje para ningn lado. Llam a Adn, llorando, desde un telfono pblico. Haba alcanzado un puestico disponible en un autobs que iba para Trujillo. No llegaba hasta Barinas, sino que se desviaba antes, en Guanare: Adn me voy en un autobs de la lnea tal, salgo a media noche, esprame en la alcabala de Guanare.

Y, en efecto, cuando llegu a aquel lugar estaban esperndome Adn y un primo nuestro, Narciso Chvez, hijo de Ramn Chvez, un hermano de Rosa Ins al que vi morir joven, en Sabaneta. Cuando llegamos estaban velando a la abuela en casa de mam. El 3 de enero la llevamos en hombros al cementerio. Me puse el uniforme verde olivo y ayud a cargar el atad. La enterramos en Barinas; all est la vieja. Esa misma noche escrib un poema. Sabe que a m el dolor siempre me ha dado por escribir? Particularmente, ese dolor de ausencia definitiva, ese dolor que es espiritual, pero tambin fsico. Igual me ocurri cuando muri Felipe Acosta Carlez.

La Academia militar

Desde nio me gust la vida militar. Cuando miro hacia atrs, me veo jugando a la guerra en el patio de Mam Rosa. Inventamos unos fuertes militares con latas de zinc y tablas, y nos lanzbamos a conquistarlos. Primero, nos tirbamos frutas secas de almendras, pero, despus, piedras. Una vez le dimos una pedrada a mi hermano menor y le rompimos el coco, y ah se acabaron los juegos de guerra.

Claro, tenamos reglas: si alguno era alcanzado por un almendrazo deba darse por muerto y salir del juego, pero Adn nunca caa herido. Uno le pegaba dursimo con una fruta de aquellas y l gritaba: No, no me dio, slo me roz. Una vez le dimos en el centro del pecho, y l: No salgo, porque yo tengo aqu un mdico que ya me cur. Yo deca: Adn es brujo, porque se pasa la mano as y se cura la herida.

Cuando llegu a la Academia me encant. Francamente, yo haba querido estudiar fsica y matemtica, y adems, ser pelotero profesional, con los Magallanes. Esa era mi meta, a la que le dediqu mucho entrenamiento, especialmente, a cmo se agarra la pelota, a la tcnica del picheo. Pero la vida militar me apasion, hasta el punto de que lo subordin todo a ella.

Cuando entr en la Academia, Adn, que me lleva un ao, ya estaba en la Universidad de Los Andes, en Mrida. Le dije a mi pap que quera estudiar lo mismo que mi hermano. En Barinas no haba universidad. Mi pap me dijo: Bueno, nos vamos a Mrida a hablar con tu primo ngel para el cupo. A mi padre y a mi madre tendremos que agradecerles toda la vida que pudiramos estudiar, aun siendo una familia sin recursos. Ellos siempre nos dieron ese impulso, con miles de sacrificios.

Pero en Mrida no se jugaba bisbol profesional, y le dije a mi padre: No, si no hay bisbol en Mrida, no voy. Estaba en ese dilema, buscando la manera de irme a Caracas, cerca del Magallanes, cuando nos llevaron a una conferencia en el Auditorio. Un teniente del Fuerte de Tabacare, de Barinas, dio una charla sobre la Academia Militar a todos los muchachos del quinto ao del bachillerato. Esta es la ma, me voy para Caracas. Pensaba que luego poda pedir la baja y quedarme en la capital, a tiempo completo en el bisbol. Era como un trnsito, como un puente, y comenc a prepararme para los exmenes fsicos.

Tena un gran amigo, Angarita, que en aquel momento estaba en el primer ao de la Academia. Cuando lleg a Barinas en Semana Santa, habl con l y me consigui los folletos para presentarme a los exmenes que se hicieron en Barinas y aprob aquellas primeras eliminatorias sin problemas.

Poco despus trajeron un telegrama a la casa donde deca que me presentara en la Academia: Qu t vas a hacer en Caracas en una escuela militar?, y pap asombrado. Yo present examen. Cundo? A mam le gustaba la idea y me apoy, finalmente, pap lo acept: Bueno, hijo, vaya pues. Me consigui el pasaje del autobs, y me vine solo, asustado, a presentarme al examen definitivo de la Academia. Era la primera vez que vena a Caracas.

Regres a Barinas muy alegre, porque haba aprobado tambin los exmenes de la Academia, y tena que presentarme nuevamente en la escuela. Pero me rasparon en qumica, en el bachillerato. Modestia aparte, era la primera vez en mi vida que raspaba una materia, pero esta vez s me haba ganado la mala nota. No estudi qumica, no me gustaba. Tena un profesor al que le decamos Venenito, que no perdonaba.

Me salv el bisbol

En la Academia no aceptaban a nadie con una materia raspada. Lo saba, sin embargo, me aventur a regresar, porque me quedaba una entrevista final. En ese encuentro dije que tena una asignatura raspada. Bueno, si lo rasparon, usted no puede entrar. Mis exmenes fsicos eran excelentes; las notas, hasta ese momento, excelentes. En el expediente hace poco lo vi, escribieron incluso que tena habilidades. Hay un nico chance me dijeron, como deportista. Usted juega algn deporte? Me salv el bisbol!

Picheaba, pero ya padeca de dolores en el brazo. No aguantaba ms de cinco innings. Despus de una sesin de lanzamientos, me pasaba como cinco das con hielo. En ese tiempo no haba mdicos que alertaran a los deportistas sobre estos padecimientos profesionales. Por suerte, tambin jugaba primera base y era buen bateador. Jugu, incluso, primera base regular y haba ido a los nacionales ese ao, en Barquisimeto.

A los raspaos nos mandaron al estadio por cierto, el mismo donde jugamos con los peloteros cubanos la ltima vez que vinieron a Caracas. Vamos a probar si ustedes juegan de verdad. Cuando entramos al campo, vi a Jos Antonio Casanova, quien fuera uno de los campeones mundiales de bisbol profesional y shortstop de los Senadores de Washington. Tambin figur como manager del Caracas durante varios aos. Entonces era el entrenador de la Academia, mientras que Bentez Redondo un cuarto bate famoso en los aos 40 y 50, que lleg a las Grandes Ligas se desempeaba adems como entrenador. Cuando los vi, me dije: Aqu llegu al Olimpo.

Estos viejos eran muy inteligentes. Yo andaba con una camisita, un pantaln, unas botas... Y lo primero que nos pidieron fue que nos pusiramos los uniformes deportivos. Algunos no saban ni calzarse las medias. Yo me uniform rpidamente y sal con el guante, de primero, a calentar. Se dieron cuenta de que saba, de que no era la primera vez que jugaba.Y usted, zurdo, qu hace?, me preguntaron. Yo pitcheo, y estaba de primero ah. Bueno, vaya. Pero me dola el brazo. Ah!, salga, salga. Me eliminan como pcher. Bentez Redondo, que ya est viejito, se me acerc: Zurdo, usted juega alguna otra posicin? Primera base, y outfielders, respond. Me pusieron a batear frente a un negrito de Maracaibo y conect tres lneas bellas, derechitas, derechitas, como esas que voy a meter el 15 de agosto en el jardn de la Casa Blanca...

Las cartas

Entr en la Academia con el compromiso de estudiar qumica y aprobarla en octubre. Recuerdo que tenamos que enviar semanalmente una carta. Era una obligacin, pero a m me gustaba. No slo le escriba a mi familia, sino a medio mundo. Este por qu entrega tantas cartas, si con una basta? se preguntaban. Cierta vez un compaero, Luis Silva, me pidi que le escribiera una para Rufo Bonet. Ese quin es? El perro de mi casa. Para m que estaba harto de esa obligacin.

La primera carta que escrib en la Academia, una semana despus de iniciados los estudios, fue para Rosa Ins. Ella la guard siempre, y seguramente la conserva an Carmen, la esposa de Adn que ador a mi abuela, tanto como ella a Carmen, y ha conservado todas sus cosas. La carta deca: Mam Rosa, cudeme a Tribi un gato que mi abuela me regal.

A usted tambin le decan Tribiln en Sabaneta...

Es verdad, y por eso, probablemente, mi abuela le puso Tribiln al gato. Pues bien, le peda que me cuidara al animalito y aada que haba presentado mi primer examen de un fusil Fal y haba obtenido 100 puntos. Ya me estaba sintiendo en mi ambiente.

Me sent como pez en el agua en la Academia Militar, que todava es para m y lo ser toda la vida un recinto sagrado. Pas trabajo all, pero nunca lo sent como una carga. Ni siquiera cuando me afectaban seriamente las hemorragias nasales, que comenc a padecer despus de un accidente en Sabaneta. Tengo el tabique desviado debido a aquel golpe. Ocurri cuando yo tena ocho o nueve aos, e iba con Adn corriendo, huyndole a un camin. Fue un Da de Reyes. Mi pap nos haba regalado medio bolvar a cada uno y nos fuimos a comprar un juguete o un suplemento, no recuerdo bien. Quisimos pasar primero que el camin y yo, que iba de segundo, tropec con una piedra y me golpe la nariz con el filo de la acera. Me qued desmayado y con mucha sangre. Adn se asust y se fue corriendo hasta la casa con Ivn Jimnez, un muchacho bajito, gordito Jatajata, lo llambamos, y ellos le dijeron a mi mam que me haba matado un carro. All fue mam llorando y mi abuela detrs. Por suerte, slo estaba noqueado. A partir de ah me qued esa debilidad en la fosa nasal, que se me recrudeci de cadete debido a las largas marchas, el ejercicio y el peso del casco de acero. Una noche despert medio ahogado por la sangre. Luego me cauterizaron y santo remedio.

Me sent soldado desde el principio

Cuando me vest por primera vez de azul, ya me senta soldado. Vinieron pap, mam y Adn al acto de investidura de cadete. Fue como a los tres meses de entrar a la Academia. Cuando me vio tan flaco, mam se puso a llorar: Qu le han hecho a usted aqu, hijo? Pero yo estaba feliz. En ese acto, a todos los muchachos recin llegados a la escuela nos entregaron la daga y nos permitieron salir a la calle. Era mi primer fin de semana como cadete en Caracas y con mi familia. Visitamos a unos parientes, nos quedamos en un motelito y nos tomamos una foto en la plaza Miranda.

No slo me senta un soldado, sino que en la Academia afloraron en m las motivaciones polticas. No podra sealar un momento especfico. Fue un proceso que comenz a sustituir todo lo que hasta ese momento haban sido mis sueos y mi rutina: el bisbol, Magallanes cero, la pintura, las muchachas...

Sabes lo que hice en mi segundo permiso de salida? Compr unas flores y fui al Cementerio General del Sur, de guantes blancos y uniforme azul. Dnde est la tumba del Ltigo Chvez? le pregunt al sepulturero. Me indic un lugar lleno de monte. Me quit los guantes y limpi la tumba. Fui como a disculparme, a rendirle una explicacin. No sera como l. Ya era un soldado.

La pasin poltica

Adn fue uno de los que ms influy en mis actitudes polticas. l es muy humilde y no lo dice expresamente, pero tiene una gran responsabilidad en mi formacin. Mi hermano estaba en Mrida y era militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Yo no lo saba, slo me llamaba la atencin que l y sus amigos iban todos de pelo largo, algunos con barba. Aparentemente yo desentonaba con mi cabello cortico, mi uniforme.

Me senta muy bien en ese grupo. Nos bamos, por ejemplo, a un bar de muchachos, cerca de la casa de mi mam. Particularmente a uno, que se llamaba Noches de Hungra, o al Capanaparo, donde cantaba Betsaida Volcn, una mujer bellsima.

Estaba naciendo el MAS, y yo andaba por ah. Otros Vladimir Ruiz y los hijos de Ruiz Guevara, un viejo comunista estaban fundando la Causa R. ramos amigos, y me aceptaron con uniforme y todo. Tambin hubo su discusin, claro. Cierta vez uno de esos muchachos, un hombre joven, me dijo: Este uniformado debe ser uno de esos parsitos. Casi nos entramos a golpes, pero el grupo me defendi. Respeta, vale, que este es Hugo Chvez, amigo nuestro.

Haba una gran discusin poltica y muchas lecturas. Ah me fui interesando por el tema social, aunque si miro ms atrs, siempre tuve, desde nio, simpatas por los rebeldes. Esa zona de Sabaneta fue una zona insurgente. De mi pueblo, varios se fueron a la guerrilla, y mi padre estuvo vinculado al Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), de tendencia socialista, dirigido por el viejo Luis Beltrn Prieto Figueroa. Aunque tena esa inclinacin hacia la izquierda y el camino abonado hacia las preocupaciones polticas, nunca me incorpor a partido alguno. En una ocasin asist con Adn a una de sus reuniones, como oyente, vestido de civil.

Fueron dos los acontecimientos que dispararon en m una vocacin poltica, que radicalizaron mi pensamiento. En primer lugar, el hecho de haber formado parte de un experimento educativo en la Fuerza Armada, conocido como el Plan Andrs Bello. Nos hicieron exmenes muy rigurosos y, ya en la Academia, nos aplicaron un filtro. Entramos 375 y nos graduamos 67. Hay un corte bastante profundo entre la vieja escuela militar y la nueva, con un grupo de oficiales de primera lnea, entre ellos el director de la Academia, que es nuestro actual embajador en Canad, el general Jorge Osorio Garca. Tambin, Prez Arcay, Betancourt Infante, Pompeyo Torralba...

Ese grupo de oficiales se dio a la tarea de forjar aquel ensayo a conciencia. Incorporaron tambin a profesores civiles y se preocuparon por darnos una formacin humanista. Con ellos estudiamos Metodologa, Sociologa, Economa, Historia Universal, Anlisis, Fsica, Qumica, Introduccin al Derecho, Derecho Constitucional... El Consejo Nacional de Universidades (CNU) exiga estudios superiores para avalar la licenciatura.

El Plan Andrs Bello contribuy enormemente a nuestra formacin, aun cuando no basta con l para entender lo que ha ocurrido en la FAN. Hay otros muchos factores, porque tambin han salido de ah unos cuantos traidores. De mi promocin, y de las que vinieron despus, he recibido solidaridad y una compenetracin mayor de las que imaginaba. Sin duda, los que se prestaron al golpe de abril de 2002 fueron graduados anteriores a nosotros, especialmente de la promocin inmediatamente anterior, que ha sido la ltima lnea de retaguardia de la oligarqua, el ltimo araazo del fascismo y del anticomunismo.

El segundo acontecimiento, asociado a lo anterior, fue el descubrimiento de Bolvar. Comenc a leer vorazmente de todo, pero en particular sus propios textos y los materiales relacionados con su pensamiento y su biografa. Noche tras noche me iba para las aulas a estudiar, despus del toque de silencio, a las nueve. Nos permitan estar all hasta las 11 de la noche, y a veces me quedaba. En ocasiones me encontraron all dormido, encima de un pupitre y con un libro abierto. Recuerdo a un brigadier colombiano, que hoy es general en su pas, quien un da me encontr as y pens que me iba a castigar. Me dijo: No, no, lo felicito, cadete, por su espritu de superacin.

La primera vez que o a Fidel

La palabra guerrilla, como les dije, nos era muy familiar. En algn momento uno oy el nombre de Fidel y el del Che, y no lo olvid ms. En 1967 tena 13 aos y estaba en primer ao de bachillerato, en Barinas.

Recuerdo haber escuchado por radio que el Che estaba en Bolivia, y yo me pregunt: Por qu est solo? Una vez se lo cont a Fidel: Fjate como es la vida, Fidel. Yo tena 13 aos y oa por radio que el Che estaba en Bolivia y lo tenan rodeado. Era un nio y pregunt: por qu Fidel no manda unos helicpteros a rescatarlo? Me imaginaba una pelcula. Fidel tiene que salvarlo. Cuando mataron al Che: Por qu Fidel no mand un batalln, unos aviones. Era infantil, pero demostraba una identificacin absoluta con ellos, un punto de vista marcado por las simpatas que perciba en Barinas hacia ambos lderes.

Varios aos despus, en 1973, estbamos en las montaas, cerca de Caracas, en los entrenamientos con los aspirantes a cadetes que llegaban a la Academia Militar. Para entretenernos, escuchbamos noticias y msica en los radios militares. Una de aquellas noches haba un fro de espanto. Estbamos en Charallave, a unos treinta kilmetros de Caracas, y me acompaaban Pedro Ruiz Rondn compaero de mi pelotn, y otro brigadier cuyo nombre no recuerdo. A escondidas de los oficiales, empezamos a calibrar uno de eso viejos radios GRS-9 de tubo, que tenan una manigueta para cargar la energa. De repente, se escuch a alguien hablando, una voz que no conocamos y que denunciaba el golpe de Estado en Chile y la muerte de Allende: Esto est bueno dije yo. Era Fidel, a travs de Radio Habana Cuba.

Se nos grab una frase para siempre: Si cada trabajador, si cada obrero, hubiera tenido un fusil en sus manos, el golpe fascista chileno no se da. Aquellas palabras nos marcaron tanto, que se convirtieron en una consigna, en una especie de clave que slo nosotros desentrabamos. Cada vez que vea a Pedro Ruiz amigo entraable que muri hace un ao y medio, uno de los dos empezaba diciendo: Si cada trabajador, si cada obrero... El otro completaba la frase. Lo hacamos dondequiera que nos veamos. La ltima vez que nos encontramos, en un avin, me repiti: Si cada trabajador...

Pepito Rangel

El ao 1973, en la Academia Militar, est marcado tambin por otro hecho: recibamos en la escuela a los nuevos cadetes. Yo era brigadier y en el primer pelotn que me asignaron estaba Jos Vicente Rangel valo. Cuando mencion su nombre se par el nuevito: Presente! Le dije por bromear: Usted es familia del comunista? Es mi pap. Me qued fro. Ah, muy bien, sintese. Despus lo llam, le ofrec disculpas y nos hicimos amigos.

Conoc a Jos Vicente, el padre, porque iba con Anita, su esposa, a visitar al cadete los viernes por la noche. Me gan una reprimenda una vez porque me gustaba hablar con Rangel, que era el candidato presidencial de la izquierda, del MAS. En diciembre de 1973 hubo elecciones y gan Carlos Andrs Prez.

Un teniente me llam a contar: Brigadier, por qu usted habla tanto con ese comunista? Se haba dado cuenta de que me atraa conversar con el aspirante a presidente. En otra ocasin, me enter de que haban tomado la decisin de botar a Pepito Rangel de la Academia y le estaban buscando la falla. Oigo el comentario y llam a su padre. Me atendi Anita: Necesito hablar con usted sobre su hijo, pero a su casa no puedo ir. Ella me dijo que me esperara en un restaurante.

Por alguna razn no pude ir al encuentro. Poco despus, a los que jugbamos bisbol, nos concentraron en un edificio que llambamos la Villa Olmpica. Se acercaban los juegos entre institutos y a los deportistas nos separaban del resto del batalln para poder cumplir un rgimen especial: dormamos un poco ms, recibamos atencin mdica directa, alimentacin especial. Nadie se meta con nosotros. Era marzo de 1974. Ah me encontr con Luis Reyes Reyes varias veces, y en una oportunidad hasta le conect un triple que todava no me ha perdonado.

En eso lleg el jovencito Rangel vestido de civil. El muchacho haba ido a despedirse de m. Pas por el dormitorio y me dijo: Vengo a despedirme; me han dado de baja. Nos dimos un abrazo: Saluda a tu pap, a tu mam. Llevaba entonces un diario y escrib: Hoy se fue de baja Jos Vicente Rangel valo, era una esperanza. Fjate, era una esperanza. De dnde saqu yo esas tres palabras? Dentro de m ya andaba un huracn.

Omar Torrijos y Juan Velasco Alvarado

Les quiero contar otro hecho, porque si no esta historia no se entiende. El derrocamiento de Allende gener en m y en otros muchachos un gran desprecio hacia los militares gorilas que dirigieron el golpe. Pinochet nos resultaba repulsivo.

Trab amistad con cuatro muchachos panameos que estudiaron conmigo, particularmente con un gran amigo, Antonio Gmez Ortega. l me habl de Torrijos y un da me trajo la revista de las Fuerzas Armadas, con fotos en las que se vea al Presidente dando un discurso, con campesinos, con cadetes. Admir la diferencia del lenguaje en aquel militar y me deca: Torrijos s tiene un gobierno popular, distinto, progresista; pero Pinochet no es el camino, porque l est exactamente en el otro extremo. Tena 20 aos y ya andaba yo ubicado, pues.

Ese mismo ao, en diciembre, conoc a Juan Velasco Alvarado, a partir de uno de esos hechos totalmente casuales que aceler en m el proceso interno, de forja, de enrumbamiento poltico. Se cumplan 180 aos de Ayacucho y en la Academia Militar me pasaba el da hablando de Bolvar. Siendo alfrez todava, me enviaron varias veces a dar conferencias a la tropa. El capitn Carrasquero Sabala, que era el jefe del cuarto ao, me llam: Chvez, hemos escogido a 12 muchachos para ir en una comisin a Ayacucho. Va la escolta de la bandera y un grupito ms. Como usted es de los bolivarianos ya nos llamaban as a varios de nosotros, Ortiz Contreras entre ellos, lo hemos escogido. Se imaginarn qu alegra.

Esa noche me fui para la biblioteca haba tambin all una bella bibliotecaria, pero primero el libro, primero la patria y comenc a estudiar qu estaba ocurriendo en el Per. Descubr el Plan Inca y que all se estaba produciendo una revolucin dirigida por un militar nacionalista. Pasamos en Lima varios das, haciendo preguntas a todo el mundo, alimentndome de aquel proceso e intercambiando con cadetes colombianos, panameos, peruanos y chilenos. Me hice amigo de un chileno, y le reclamaba mucho por lo de Allende. Nunca se me olvidar su nombre: Juan Heiss.

Nos llevaron a la casa de gobierno y all estaba Velasco, en una recepcin dedicada a los oficiales y cadetes, donde ofreci unas breves palabras y nos hizo llegar dos libritos, La Revolucin Nacional Peruana y El Manifiesto del Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada de Per. Despus de escuchar a Velasco, me beb los libros hasta aprenderme de memoria algunos discursos casi completos. Conserv esos libros hasta el 4 de febrero de 1992. Cuando me apresaron, me lo quitaron todo.

Les cuento todo esto porque la toma de conciencia poltica no fue automtica. Sin lugar a dudas estos hechos dispararon mis convicciones a un determinado estado espiritual. Y ya de ah no he retrocedido, pues.

Bolvar

A mi promocin le dieron el nombre de Bolvar. Ese fue para m un da de emocin y jbilo. Se oponan algunos viejos militares, quienes argumentaban que el nombre de Bolvar era muy grande para un grupo, que sera enorme el compromiso que llevaramos, que ya haba otra promocin llamada de esa manera la de 1940. Aun as, nos dieron ese nombre y a partir de entonces no fuimos otra cosa que los bolivarianos, y nos sentamos como tales.

Desde la Academia, no slo imparta de vez en cuando algunas charlas a los soldados sobre el pensamiento del Libertador, sino que cuando me tocaba sancionar a los cadetes, jams les impona un esfuerzo fsico dar vueltas al patio corriendo, que era lo que se haca, sino que los paraba en grupitos frente a la estatua de Bolvar. Les lea sus textos, o los llevaba a un saln de clases, a la hora del casino y de la diversin, y les contaba pasajes de la Campaa Admirable.

Esa pasin por Bolvar comenz en aquellos aos, estudiando la Historia Militar con el general Jacinto Prez Arcay y con el comandante Betancourt Infante, que era otro excelente instructor de Historia. Prez Arcay les cont a ustedes el lo del cual me salv, luego de una conferencia en la casa natal de Bolvar, en la que me enfrent pblicamente a alguien que dijo que el Libertador era un tirano.

En mi intervencin de ese da trat de argumentar la situacin que afront Bolvar. S, l gobern realmente bajo dictadura; pero una cosa es una dictadura por necesidad, por obligacin, debido a la anarqua, y otra, tiranizar a un pueblo. En una ocasin, le dijo a su pueblo: No me pidan que hable de libertad, cmo hablar de libertad, si he asumido la dictadura?

Frente a aquella tendencia antibolivariana, de descrdito a su figura, comenc a argumentar con datos histricos esa situacin. Ah!, entonces alguien dice una mujer: Estos son unos pichones de dictadores, le repliqu duro y se abri el debate. Despus se par un profesor de historia del MEP y defendi mi posicin. La novedad lleg a la Academia. Tuve que hacer un informe el domingo por la noche y Prez Arcay me salv de aquel lo que hubiera podido costarme la expulsin de la Academia por emitir opiniones polticas.

Cuando Carlos Andrs Prez me entreg el sable de graduado en la Academia, ya yo traa el acimut, la brjula perfectamente orientada. El Hugo Chvez que entr all fue un muchacho del monte, un llanero con aspiraciones de jugador de bisbol profesional. Cuatro aos despus, sali un subteniente que haba tomado el rumbo del camino revolucionario. Alguien que no tena compromisos con nadie, que no perteneca a movimiento alguno, que no estaba enrolado en ningn partido, pero saba muy bien a dnde me diriga. Como dijo Jos Ortega y Gasset, soy yo y mi circunstancia. Hugo Chvez ya era el hombre y su circunstancia.

Otro tipo de militar

Llegu a Barinas de subteniente, con cierta ventaja sobre otros oficiales. Tena muchos deseos de cambiar las cosas y estaba, adems, en mi patio. A lo mejor si me hubieran mandado a Maracay, no hubiera podido participar en tantas cosas.

Con mi primer cheque pagu un hotel cerca de la Plaza de Venezuela. Tena un sueldo como de 2.000 bolvares, que era una cifra ms o menos importante en esa poca. A los pocos das me le aparec a Rosa Ins con una nevera, una cama nueva, unos muebles, un ventilador, un radio grande... Pero casi no tena tiempo de salir del cuartel. De lunes a viernes siempre dorma en el batalln que quedaba fuera de la ciudad.

Los viernes en la tarde, cuando no tena guardia, me pona mis jeans, mis botas de goma y mi camisita, y aparentemente era el mismo Huguito de antes, en la casa de la abuela. En Barinas estuve desde julio de 1975 hasta mayo de 1977. Fueron casi dos aos, muy importantes en mi vida. Era el mismo Huguito y a su vez otro, forjado como soldado. Me met en varios los. Primero, Bolvar. Empec pintando su rostro en el cuartel y haca notar cun en serio me tomaba su obra.

Fui el primero del Plan Andrs Bello que lleg a ese batalln, y algn oficial trat de humillarme llamndome, no por mi grado, sino por el ttulo universitario, en tono despectivo, irnico: Licenciado Chvez... Cuando me llamaba as, no le responda. Subteniente Chvez... Ordene, mi Capitn. Es decir, empec dndome a respetar. En una ocasin me increp: Por qu no me responde cundo le digo licenciado? Soy subteniente y licenciado. Por responderle de esa manera me impuso un castigo que me negu a cumplir. Adems, me grit delante de unos soldados a los que yo les imparta clases de comunicaciones, que era mi especialidad. Le contest: No me grite delante de subalternos, mi capitn! Vngase conmigo! Vamos. Y nos fuimos a ver al comandante.

Ah empezaron mis los, porque yo era respondn, pues. Por otra parte, andaba en varias actividades al mismo tiempo. Por ejemplo, jugaba bisbol. Todava picheaba, tiraba duro la recta, jugaba primera base, cuarto bate. El primer jonrn que se dio en el estadio de Barinas lo di yo una noche preciosa en la que me iban a arrestar.

Al capitn aquel no le gustaba el deporte. Me deca: Eres militar, o eres pelotero. Nunca pude convencerlo de que poda ser las dos cosas a la misma vez. Dedquese al deporte con los soldados. Estoy dedicado, mi capitn. El equipo de los soldados era bueno, pero quera jugar en el bisbol organizado. Tena solo 22 aos.

Un da me llam el entrenador Encarnacin Aponte y me invit a jugar en el equipo de Barinas, frente a otro de Caracas que llegaba ese fin de semana. Estaban inaugurando el estadio, pues haba un campeonato nacional programado ese ao en Barinas. l necesitaba un zurdo. Pide permiso, me deca. Si lo pido no me lo van a dar. Finalmente, me fui para el estadio sin el permiso. Los visitantes eran del equipo Ascenso, del Distrito Federal. En la primera entrada met un batazo, un tubey. Despus me toc batear otra vez. No saba que estaban narrando el juego por la radio local: Radio Barinas trasmitiendo...

En ese tiempo no haba bate de aluminio, pero tena uno de madera muy bueno... Mi hermano Narciso, que estudiaba en Estados Unidos, me mand de regalo aquel de marca Adirondack, un bate largo como ese de Sammy Sosa, pero liviano. El pitcher de Caracas tir una curvita y le di: Praaa!, y veo que la bola se va..., se va..., se fue de jonrn.

Estaban trasmitiendo por radio, y en el batalln los soldados lo escuchaban. Ya eran ms de las nueve de la noche, hora de silencio en el cuartel. Armaron tal escndalo Eh, jonrn! Viva mi teniente! que se despert el capitn y fue a ver qu pasaba: Oye, prendan la luz, qu lo es este? Capitn, estamos muy contentos porque mi teniente Chvez meti un jonrn. Cmo?! Chvez Fras? S. Al da siguiente me pidi arresto por violar una orden. Apel al comandante. Me franque: Mire, comandante, aqu en este batalln hay unos diez subtenientes. Si usted va por la noche a Guayanesa un burdel famoso en Barinas, los consigue all con unas mujeres y una botella de ron; o en el casino militar, con sus novias, bailando, tomndose unos tragos. En cambio, a m me gusta el deporte. No puedo entender que me vayan a arrestar por jugar bisbol, por poner en alto el nombre del batalln que usted comanda. Toda Barinas haba odo en la radio que me haban presentado como el subteniente del Batalln de Cazadores. Y sigo: Comandante, no cree que es mejor que yo est en el bisbol y no de tragos y mujeres? El comandante me respondi: Usted tiene razn. Le doy permiso para jugar. Desde ese da nadie ms me molest, y el capitn disgustadsimo.

El Batalln se acerc al pueblo

El capitn me andaba cazando cualquier falla. Jugaba al bisbol en el equipo de Barinas, dos o tres veces a la semana. Generalmente sala del cuartel vestido de campaa que era el traje diario, porque integrbamos un batalln antiguerrilla, me montaba en un Volkswagen que yo le haba comprado al comandante y, luego, me cambiaba en el dugout, junto a un soldado llamado William, de Barquisimeto, que era tremendo short-stop. Era muy usual salir de pronto para la frontera. Sin embargo, como mi especialidad era la de comunicaciones, no tena que patrullar con pelotones. Acompaaba al comandante en los puestos de comando. El oficial de comunicaciones, por doctrina, est siempre cerca del comandante, asesorndolo para las transmisiones por radio. Eso me permita estar cerca del jefe y del segundo.

Por esa cercana, y porque me tomaba el bisbol a la tremenda, el comandante me pidi que me encargara del deporte en el batalln. Como conoca al jefe del Instituto Nacional de Deportes en Barinas, y a los deportistas no slo de bisbol, sino de ftbol y de bsquetbol, consegu entrenadores gratuitos. Era una especie de Misin Barrio Adentro, pero a pequea escala. Recuerdo a un uruguayo, el profesor Mndez, que iba dos veces a la semana a darles charlas y a preparar al equipo de ftbol, sin pedir nada a cambio.

Fuimos campeones dos aos seguidos en los juegos inter-batallones: en bisbol, ftbol, voleibol, bsquetbol y atletismo. Me dediqu a convertir la sabana donde jugbamos en un campo de bisbol. Hicimos un estadio con las medidas reglamentarias. Conseguimos arena blanca y arena roja, y un camin para transportarlas; picbamos rectngulos de tierra con la grama; levantamos una cerca de palitos, y ese campo se puso bonito. Construimos dos dugout, dos casitas, y cuando vinimos a ver, tenamos tremendo estadio. Lo inauguramos con una fiesta que pareca una feria.

El comandante me autoriz para que el equipo de Barinas entrenara en nuestro estadio, que pas a ser el mejor de Barinas despus del Cuatricentenario, y le dimos acceso a todo el que quera ir a vernos. Me nombraron encargado de la campaa para la captacin de aspirantes a la Academia Militar. Recorr todos los liceos del Estado Barinas, unos diez, para darles charlas a los muchachos de quinto ao, y motivarlos. A algunos los llev a Caracas y hoy ya son coroneles.

Tambin, me autorizaron a escribir una columna en el diario El Espacio, de Barinas. Sala los jueves, bajo el ttulo: Proyeccin patritico cultural Cedeo Manuel Cedeo fue un general de nuestra independencia, y as se llamaba tambin nuestro batalln. Era una columna que me gustaba mucho y la gente me deca que era muy bonita, hablaba de historia y de la unin cvico-militar. Escriba, por ejemplo: Bajo el sol calcinante de los llanos, todas las tardes, los soldados del Batalln Cedeo se dirigen a hacer deportes tal, tal y tal, mientras otros salen al huerto... Porque hicimos un huerto y tambin tenamos unos conejos, unas siembras de lechosas, parchitas... Era tambin una especie de Plan Bolvar 2000.

De cuando en cuando pasaba por Radio Barinas a promover la captacin de aspirantes. Haba un guin que a uno le mandaban desde Caracas, pero yo le aada cositas. Jams les dije que tendran un sueldo seguro, sino que les hablaba de Bolvar y lo que de l dijo Mart. Lo haba ledo en uno de los libros de Prez Arcay y me lo aprend de memoria y hasta lo pint en las paredes con ayuda de los soldados, a quienes tambin les di clases de pintura.

Fue una etapa muy intensa, en la que andaba metido en el deporte dentro y fuera del batalln, haca periodismo y campaas para captar estudiantes, y cuando se elegan las reinas en Barinas, haca la presentacin. No me faltaron cosas que hacer, hasta me hice animador de bingo. Lo ms importante fue que el Batalln de Cazadores comenz a tener otro perfil: ya no era una tropa antiguerrillera separada del pueblo, odiada a veces por la gente, sino la de unos muchachos que participaban en la vida deportiva y cultural de Barinas.

Los primeros signos de rebelda

El dolor dispar en m muchas cosas. El ao 1982 fue de muerte y de vida. Naci mi hijo Hugo. Ascend a capitn. Fue, tambin, el ao del Samn de Gere. Ya estaba prcticamente consolidado como militar, despus de haber pasado por muchas dificultades, por dudas: me quera ir, no me quera ir...

En la profesin militar, la Orden de Mrito es muy importante. Eres de los primeros o eres de los ltimos. Por tanto, ser de los primeros es muy importante para el militar, particularmente para quienes hemos tomado la carrera como un apostolado. Me gradu con el nmero siete en la Academia, y ramos 67. Sin embargo, llegu a teniente entre los ltimos, porque tuve muchos problemas. Como vaticinara mi abuela, era rebelde, pues.

Discuta con los superiores, nunca me quedaba callado. Tuve un lo serio en un campo antiguerrillero, porque vi cmo torturaban a unos campesinos, supuestos guerrilleros, prisioneros de guerra. Les estaban pegando con un bate forrado en una cobija y daban unos gritos tremendos. Se notaba que eran pobres gentes, casi muertos de hambre, flaquitos. Me enfrent al coronel: No, yo no acepto esto aqu, y le quit el bate y lo lanc lejos. Luego el coronel hizo un informe en mi contra, acusndome de haber entorpecido el trabajo de Inteligencia... Llegu incluso a pensar en irme para la guerrilla y hasta fund en 1977 un ejrcito: el Ejrcito de Liberacin del Pueblo de Venezuela. Ahora me ro cuando lo recuerdo, porque sus miembros no llegbamos a diez.

Despus de graduarme en la Academia y pasar por Barinas, form parte de un batalln antisubversivo, primero en Cuman y luego en San Mateo, en Anzotegui. Estudiamos lo que era la guerra subversiva, pero ya yo me lo cuestionaba todo. Creo que desde que sal de la Academia ya estaba orientado hacia un movimiento revolucionario. Andaba muy inquieto, conversaba mucho con Adn y con otros compaeros de la izquierda. A esta influencia, se uni la investigacin histrica sobre Maisanta. Todo ello fue alimentando mi sentimiento de rebelda. En esa etapa comenc a leer a Fidel, Che, Mao, Plejanov, Zamora..., y libros como Los peces gordos, de Amrico Martn; El papel del individuo en la historia; Qu hacer? Y, claro, ya haba empezado a estudiar profundamente a Bolvar.

Por cierto, algunos de aquellos libros aparecieron en la maletera de un Mercedes Benz viejo y agujereado por los tiros, que encontramos casualmente en un puesto antiguerrillero. El carro llevaba no s cuntos aos all, arrumado dentro del monte. Agarr aquel botn, recompuse los libros, los mand a empastar, me los le y los guard. Creo que todava conservo algunos por ah. Por tanto, me hice un hombre de izquierda a los 21 22 aos.

Cmo definir polticamente a una persona que se ha declarado maosta, guevariano, marxista, bolivariano, peronista...?

Sencillamente soy un revolucionario.

No permitiramos que nos tragara la corrupcin

Desde los primeros das en Barinas comenc a percibir corruptelas, inmoralidad y arbitrariedades en algunos oficiales superiores. Y ya no dejara de luchar contra ellas en los cuarteles. Un punto muy vulnerable, por ejemplo, era la comida de la tropa. Cuando tena guardia oficial de inspeccin se le llama sola irme a las cuatro o las cinco de la maana al rancho donde preparaban los alimentos. Esperaba a que llegara el camioncito del proveedor, con el queso para el desayuno y la carne para el almuerzo.

Pona los alimentos en la tabla del dietista. Qu le toca a cada soldado? 80 gramos de quesome decan, por ejemplo. Sacaba la cuenta y la mayora de las veces haba menos de lo que estaba fijado. O nos entregaban unas botas de montaa que se daaban en la primera marcha. Lo anotaba en el libro de novedades: Se detect una irregularidad... Haba mil maneras de robar. Y luego, los atropellos en el Oriente contra los supuestos o reales guerrilleros.

Todo eso fue conformando un sentimiento de resistencia ante las negligencias y arbitrariedades con que me topaba en los cuarteles y que trascendan la vida militar. Empec a mirar al pas y a tratar de buscarle explicaciones a la contradiccin en que me encontraba. Senta que a mi alrededor gravitaban situaciones, conflictos cotidianos, muy alejados de los principios bolivarianos y de los valores en los que nos habamos educado. Entonces apareci esa pregunta incmoda para la lite militar y poltica, pero que se caa de la mata: Qu democracia es esta que enriquece a una minora y empobrece a una mayora?

Ya Juan Prez Alfonso, uno de los fundadores de la OPEP, haba lanzado su alerta de que nos hundiramos en el excremento del diablo como llam al petrleo, y haban pasado otras muchas cosas. Carlos Andrs Prez haba entregado la presidencia en 1978 al destaparse los hechos de corrupcin que lo comprometan a l y a su amante, y no era el nico. Uno se encontraba en los peridicos todos los das escndalos de corruptela y el cinismo de los gobernadores y polticos que se haban enriquecido a costa del pueblo.

Poco a poco me fui enrolando en una especie de campaa en la que, por supuesto, involucr a mis amigos militares. Dumas Ramrez, por ejemplo, se vincul al movimiento desde que era capitn. Tambin, logr captar a Jos Angarita. Nunca ms lo he visto. Y otros ms jvenes, como Pedro Carreo, Jimnez Giusti... Casi todos de Barinas, incorporados al movimiento tras un trabajo de aos. Cuando hicimos el Juramento del Samn de Gere en 1982 ese ao de muerte, de vida, y de compromisos, ya haba cuajado la conciencia de la necesidad de cambiar el estado de cosas, si no queramos que ese ambiente que desprecibamos nos tragara a todos.

El Juramento de Samn de Gere

Andaba con Bolvar para arriba y para abajo. Daba charlas, reproduca sus pensamientos, compraba libros para regalarlos a los soldados y oficiales, y algunos deben tener ejemplares de los que yo les dedicaba con mi puo y letra, en un afn de cultivar el pensamiento del Libertador, de Zamora, de Maisanta.

Y no era yo solo el que lo haca, sino tambin varios de mis compaeros, con quienes comparta la pasin bolivariana. Seguramente por esa razn me invitaron a que le hablara a la tropa. Mi jefe, en el regimiento de paracaidistas, era el coronel Manrique Maneiro, a quien le decamos el Tigre, porque era de piel muy blanca y tena los ojos rayados. El 16 de diciembre de 1982, en la tarde, me llam: Chvez, quiero que maana reunamos a todo el regimiento de paracaidistas y que usted pronuncie unas palabras para conmemorar la muerte de Bolvar.

Me entusiasm muchsimo y llam a todos los batallones para transmitirles la orden de mi comandante. En ese momento era jefe de la ayudanta del coronel y auxiliar de inteligencia del Estado Mayor del Regimiento de Paracaidistas en Maracay. A la una de la tarde ya estaba lista la formacin. El oficial que estaba anunciando la ceremonia me pregunt: Dnde est su discurso escrito para cuando me lo pidan? Le respond: Mi mayor, no tengo escrito el discurso. Yo voy a decir unas palabras. Bueno, pero segn el reglamento uno tiene que saber antes qu es lo que usted va a decir. A esas alturas, ya l no poda hacer nada, as que comenc a hablar.

No era la primera vez que lo haca de esa manera. Un Da de la bandera me pusieron a hablar en Barinas, cuando era subteniente, y mi discurso fue un reclamo. Tambin levant su roncha, porque me pidieron las palabras por escrito, y les dije: Yo no escribo discursos.

En Maracay, aquel 17 de diciembre, comenc recordando a Mart: As est Bolvar en el cielo de Amrica, vigilante y ceudo, [...] porque lo que l no hizo, sin hacer est hasta hoy. Y enlac con la situacin de ese momento: Cmo no va a tener Bolvar qu hacer en Amrica todava, con tanta pobreza, con tanta miseria; cmo no va a tener qu hacer Bolvar... Cuando termin el discurso como de media hora no era una cadena, ni un Al Presidente sent, de inmediato, la enorme tensin de los oficiales. Se rompi la formacin y salimos trotando, uno al lado del otro. El mayor Flores Giln nos mand a parar en firme y me dijo con un tono muy duro: Chvez, usted parece un poltico.

En ese tiempo decirle poltico a alguien, sobre todo en un cuartel, era una ofensa. Se haba degenerado tanto la poltica, que era como si a uno le dijeran embustero, demagogo, qu s yo, algo muy despectivo. Felipe Acosta Carlez fue ms rpido que yo al responderle: Mire, mi mayor, el capitn Chvez no es ese poltico que usted dice. Lo que pasa es que as pensamos lo capitanes bolivarianos y cuando uno de nosotros habla de esta manera, ustedes se mean en los pantalones.

El coronel Manrique Maneiro mand a poner en firme a todo el mundo e impuso silencio. Asumi la responsabilidad de lo que haba pasado con una mentira piadosa: Seores, quiero que sepan que todo lo que el capitn Chvez dijo, l me lo coment anoche en mi oficina. Nadie se lo crey, pero salv la situacin por el momento. Cuando nos retiramos, Felipe Acosta Carlez, que era un caballo de batalla, me invit a trotar para liberar un poco de presin.

Con nosotros dos sali tambin el capitn Jess Urdaneta y el teniente Ral Baduel, a quien aprecibamos como si fuera compaero de la misma promocin. Siempre le hemos tenido un gran respeto por su nivel, por su don de gente, su forma de ser, su calidad como amigo.

Fuimos a quitarnos el uniforme de campaa y a vestirnos de deporte. Como no consegu las botas, me puse los zapatos de softbol con tacos de goma. Eran poco ms de las dos de la tarde. Fuimos a La Placera y luego en direccin al samn. Cuando llegamos al rbol los invit al juramento. Claro, estaba fresquecito todo lo que haba ocurrido y andbamos con la indignacin por dentro. Utilizamos el juramento de Bolvar: Juro por el Dios de mis padres, juro por ellos, juro por mi honor y juro por mi patria que no dar descanso a mi brazo, ni reposo a mi alma, hasta que hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder espaol. Le cambi la ltima expresin, por esta otra: ...por voluntad de los poderosos. Lo repet y ellos lo escucharon. Al regreso, yo no aguantaba el dolor de las piernas y agarr un carrito junto con Baduel.

A partir de ah tomamos este asunto con mucha seriedad. Entre los detalles que conversamos aquel da estuvo cmo empezar a captar oficiales, segn un principio riguroso: si tenamos algn candidato, se aceptara en el movimiento slo por consenso. Nadie estaba autorizado a incorporar a otro por la libre, tenamos que ser muy cuidadosos.

As quedamos. Pero al da siguiente estaba en mi oficina, y sent la llegada de un carro, un auto deportivo, de marca Mustang. Era Felipe: Mire, compadre, compadre l hablaba as, no?, ven ac, ven ac. Y salimos. Al frente del comando estaba el carro: Mira, mira, ya tengo un subteniente listo. Le digo: Coo, catire, no dijimos que era con calma?, vale, hasta que no haya consenso. Me respondi: Estoy seguro de que este carajito es bueno... Est dentro del Mustang, chico, y por lo menos asmate para que l vea que lo que estamos haciendo es de verdad; no vaya a pensar que yo estoy inventando aqu. Cuando me asom, el muchacho era nada ms y nada menos que Ronald Blanco La Cruz.

Nace el movimiento bolivariano

Ya yo andaba en reuniones con algunos movimientos militares como el de Trejo, que no acababa de cuajar, y polticos como el de Douglas Bravo. Siempre insista en la unidad, y una vez logr reunir a Trejo con Bravo en Maracay, antes de 1982, y hasta les invent un verso : Comandante Trejo, comandante Bravo, / juntos haremos la Revolucin, carajo!

Se haban constituido varios grupos, pero no exista nada formal hasta el da del juramento. A partir de ese da nos dimos a la tarea de conformar un movimiento, amparado en el concepto del rbol de las tres races, intentando articular ideolgicamente las concepciones que mejor se adaptaban a la realidad venezolana y, en particular, al contexto en el que nos movamos.

Nos dimos cuenta de que la ideologa que Douglas Bravo defenda no iba a tener eco en las fuerzas armadas. El marxismo chocaba con la naturaleza misma del cuerpo militar profesional. Era muy difcil mezclar abiertamente a Marx y a Lenin con nuestra formacin prusiana. Al nico que logr llevar ante Douglas fue a Luis Reyes Reyes; otros grandes amigos se negaron: Conspirar con Douglas? T ests loco. Comprend que por ah no andaba la cosa.

Por eso, acudimos de lleno al pensamiento bolivariano, a su ideologa, nutrindonos de todo lo dems. Comenzamos a investigar. Designbamos grupos con tareas especficas: el estudio del pensamiento de Bolvar, Miranda, Zamora, Simn Rodrguez...

As fue cuajando como un pensamiento diverso, que dio sus primeros frutos a finales de los ochenta, particularmente despus del Caracazo, en febrero de 1989. Esta rebelin popular le dio un gran impulso al movimiento. Cuando se produjo, reanudamos con ms fuerza las reuniones y conspiraciones. Ya nuestro trabajo ideolgico, poltico, organizativo, estaba consolidado.

Pero en aos anteriores a 1989, pasamos por etapas en las que llegamos a pensar que el movimiento se haba acabado, que se haba venido todo abajo. Estaba muy aislado y vigilado. Me pas tres aos metido en las sabanas de Elorza, sin darme cuenta al principio de que esa experiencia era exactamente lo que me faltaba para conformar una visin integral de mi pas.

Con los indios de Elorza

Siento que en Elorza termin por descubrirme a m mismo. Ah segu el rastro de Maisanta, que estaba fresco todava en la memoria de los pobladores ms viejitos. Encontr a una seora en un fundo llamado Flor Amarillo, que me indic el lugar donde lo haba visto cuando era nia. Me dijo: Lleg por ah, donde usted amarr el caballo, se acerc a esta casa y vio a mi abuela y a mi mam de luto. Y por qu estn de luto?, dnde est mi compadre? dijo Maisanta. Las mujeres salieron llorando y le explicaron que haba llegado un coronel del gobierno de Gmez a preguntar por el padre de familia, y como no lo encontr, secuestr a una de las muchachas de la casa. Por eso la mam y la abuela de aquella seora estaban de luto, como si penaran a una muerta. Cuando lleg Maisanta, haca como una semana que el coronel gomecista se haba llevado a la muchacha, que era ta de la seora que me relat la historia.

Aquel hombre alto deca ella pregunt: Por dnde se fueron? Cogieron por el camino hacia las sabanas de Alcornocal, hacia el Cao Caribe. Est bien, ya vuelvo. A los pocos das regres con la muchacha. La rescat y la entreg a la familia. Muchos aos despus, esta viejita lloraba de agradecimiento al mencionarle el nombre de Maisanta. Cuando le expliqu que yo era su descendiente, me respondi: Quiero decirle que a su bisabuelo lo hemos adorado en esta casa.

Sesenta y tantos aos despus, encuentro en aquella tierra los rastros de las batallas y las esperanzas de Pedro Prez Delgado, as como las de los indios yaruros y los cuivas. Me involucr en sus dolores hasta el alma. Aprend a quererlos. A su lado viv experiencias terribles y, tambin, hermossimas. Los indios fueron atropellados toda la vida y yo lo saba, pero vine a tomar conciencia de eso all, cuando era capitn en su mismo territorio, viviendo a su lado.

Mi primer encuentro con los indios fue una gran batalla en la ribera del Cao Caribe, en Apure, cerca de la frontera con Colombia. Llegaban los terratenientes hasta el escuadrn de caballera para denunciar a los indios. Al cura de ese pueblo, Gonzalo Gonzlez que ya no es cura, se cas y sigue viviendo all con su mujer lo quise y lo quiero mucho. l me dijo cuando llegu a ese lugar: Mire, capitn, muchos de esos seorones que usted ve ahora por aqu, que tienen hatos y son ricos, salan hace veinte aos a matar indios, como quien mata venados. Los masacraban y los echaban de las tierras, pues. Me cont cmo hasta los quemaban vivos.

Hubo un caso famoso, conocido como la mataza de La Rubiera. Invitaron a unos indios a trabajar en un fundo. Ellos fueron con sus nios, porque los indios no dejan a sus criaturas. Cuando estaban comiendo en un rancho, llegaron unos hombres blancos y los machetearon a todos. Slo dos sobrevivieron. Se tiraron al ro y llegaron al pueblo dos das despus, buscaron al cura, que los escondi y luego los trajo para Caracas, donde reventaron el lo. Realizaron la investigacin y encontraron los cadveres quemados. Todos esos cuentos me los hizo el cura.

A mi comando llegaban quejas de los ganaderos y siempre les deca: Eso no es problema mo, sino de la polica; vaya al pueblo y haga la denuncia. Nuestro escuadrn quedaba llano afuera. Los ganaderos empezaron a decir que yo no colaboraba, porque estaban acostumbrados a que el ejrcito atropellara a los indios y yo siempre les deca que esa no era mi tarea.

Pero un da lleg una seora muy pobre, llorando: Que los indios me robaron dos cochinos. Tena una alcanca y la rompieron y botaron el dinero. Eran puros fuertes de plata. Me dio dolor y sal a ver qu pasaba con los indios. Seleccion unos 15 soldados y nos fuimos con un baqueano un viejo rastreador que haba sido soldado de las tropas de Prez Jimnez. Aquel hombre me ense mucho ese da. En algn momento me dijo: Huele a indio. Yo no ola nada. Aqu orinaron y fue una mujer. Cmo sabe que es mujer? Porque deja pocitos..., mientras que el macho lo riega todo... Era un experto en cacera de indios.

De pronto, me advirti que los indios estaban cerca. Los vi con los binoculares. Estaban debajo de una mata de mango comindose las frutas. Ingenuamente, le dije al sargento: Vamos a rodear la mata. El baqueano me advirti que no iba a poder llegar hasta ellos. Voy a tratar. Tenga cuidado. El viejo me acompa, valientemente. Me puse el fusil en bandolera, con el can hacia abajo y di la orden de que nadie disparara, salvo si yo lo ordenaba.

Cuando los indios me vieron improvisaron un extraordinario e inmediato dispositivo de defensa. Fue como si hubieran salido veinte rayos de la mata de mango. Se dispersaron como un celaje en el monte, incluidas las mujeres con sus hijos. En un abrir y cerrar de ojos los hombres me dieron batalla. Sacaron sus cuchillos y se nos vino encima una lluvia de flechas. A m me pas una tan cerca que por poco me alcanza en la cabeza.

Con tantas cosas que haban pasado, ellos pensaban que bamos a atacarlos. Agarr la pistola y dispar al aire. Mand a los soldados a que se replegaran. Incluso, hubo hasta un encuentro fsico entre un indio y dos soldados, pero por suerte no hubo heridos. Si llega a haberlo, me meto en tremendo lo, porque yo no tena autorizacin para ir a perseguir indios.

Trat de tranquilizar a los soldados: Aqu nadie dispara, y los indios se fueron. En ese momento o en la espesura los gritos de una india. Era pleno invierno. Llegamos a la orilla del Cao Caribe que estaba crecido y muy caudaloso y veo a una mujer en el medio del agua, que cargaba a su nio en cuadril, un beb peloncito. Con una mano sujetaba al muchacho y con la otra, nadaba aguantando un cuchillo. A mi lado estaban los soldados y el baqueano. Nunca en mi vida olvidar los ojos de aquella mujer que me lanz una mirada, un relmpago de odio, y me impact. Se hunda en el agua, con el nio, y sala otra vez. Yo estaba angustiado: Se va a ahogar. Sabe lo que me dijo el baqueano? Capitn, disprele. Y no era un mal hombre ese, hasta donde yo lo haba conocido. Me sorprendi: Cmo? Mtelos, esos son animales, y ese carajito cuando crezca va a echar flechas tambin.

Por supuesto, no lo hice. Me asegur de que la mujer finalmente cruzara el ro y se reuniera con los suyos. Me sacudieron dos cosas aquel da: primero, la respuesta de los indios al verme uniformado, y aquel mtelos, que son animales. Estuve varios das reflexionando sobre eso.

T sabes qu pasa todava con los indios? Si te ven a ti con unos indios, dicen: Por ah pasaron diez indios y un racional. Todava se oye eso, a estas alturas. Y lo comenta a veces gente humilde, pobre, campesina. Me preguntaba cmo cambiar semejante situacin, qu hacer? Ah es donde interiorizo ese drama, la estructura social salvaje y profundamente excluyente de la sociedad rural venezolana.

Me fui a la biblioteca de San Fernando de Apure, a la Oficina Regional de Asuntos Indgenas para estudiar la poblacin indgena y ubicar en un mapa dnde vivan. Me hice amigo de Arelis Sumvila, una sociloga de la Universidad Central de Venezuela (UCV), que llevaba como veinte aos estudiando a los cuivas y a los yaruros. La llam. Me dej crecer el cabello y me fui en una de las expediciones de Arelis, a visitar indios, vestido de civil, con otros dos muchachos. Ella nos present como estudiantes, que realizaban una investigacin.

Pas entre los indios varios das, durmiendo y comiendo con ellos, tratando de entender su mundo. Me acogieron como a un amigo. Me fui y luego, como a las dos semanas, regres uniformado. Primero se alebrestaron, y yo me quit la gorra y llam por su nombre al capitn indio: Vicente!... Ellos se quedaron paralizados, porque respetaban mucho a Arelis. Nos sentamos a hablar, y al rato estaban los soldados como si nada, entre ellos. Ah comenz un proceso de acercamiento, que termin en una adoracin mutua.

Cuando esos indios iban a Elorza ellos andan siempre juntos, llegaban al patiecito de mi casa y Nancy, la madre de mis tres muchachos mayores, compraba pan y haca comida para 60 70 personas. Un da Nancy me dio las quejas: Cmo es posible? Mira, esos indios me llevaron las pantaleticas de las nias. Ella tena ropa recin lavada sobre la cuerda del patio. Le expliqu: Ellos no tienen idea de la propiedad privada; no tienen nocin de que esto es tuyo y esto es mo. Toman lo que necesitan, como se toman las frutas de los rboles o los peces en el ro.

Me contaron aos despus que dos jvenes capitanes indios estaban en Caracas el 4 de febrero de 1992. Haban venido a la universidad con la amiga sociloga. Cuando transmitieron mi alocucin en la televisin, uno de ellos se puso a llorar y dijo: Ese es Chivas Fras nunca lograron pronunciar Chvez Fras. Yo saba, yo saba...

Nuestro rechazo absoluto a la ideologa imperial

A partir de la llegada de mi generacin a la FAN, la influencia de Estados Unidos fue disminuyendo progresivamente. En nosotros creci un sentimiento nacionalista, que surga entre los militares venezolanos. Por ejemplo, cuando nosotros llegamos a los campos antiguerrilleros, ya no haba asesores gringos. Cada vez iban menos oficiales a estudiar a las academias militares norteamericanas. Yo estuve a punto de ir a Estados Unidos, pues qued en primer lugar en uno de los cursos y me corresponda, segn el reglamento, optar por estudios superiores en el exterior, que casi siempre eran en ese pas.

No fui, pero como ustedes han comprobado en las entrevistas, muchos de los que asistieron a esos cursos, no slo no se envenenaron con la instruccin norteamericana, sino todo lo contrario, reforzaron su sentimiento nacionalista. El proceso ideolgico que se fue gestando en los cuarteles tom distancia del imperialismo. Estudibamos a Bolvar, y la consecuencia lgica fue el rechazo absoluto de la ideologa imperial.

Por ejemplo, Ronald Blanco La Cruz estuvo varios aos en una academia militar en Estados Unidos. Lo vi el da que regres a Caracas y me coment: Despus de estos dos aos en ese pas vengo ms convencido de que tenemos que hacer la Revolucin. Sinti el desprecio hacia los latinos, la subestimacin hacia nuestros pueblos. Como dira Mart, vivi en el vientre del monstruo y conoci sus entraas.

Por supuesto, Venezuela siente hoy como nunca el peligro del acecho norteamericano, que siempre estuvo y estar ah. Sin embargo, creo que el riesgo mayor ha quedado atrs. Los oficiales que se comprometieron con el golpe de Estado y con la contrarrevolucin estaban fuertemente conectados con la embajada y el gobierno norteamericanos. La mayora se fue. Se hizo un deslinde bastante evidente entre los aptridas y los patriotas. Estoy convencido de que nuestras fuerzas armadas, desde los cuadros mximos y los altos mandos hasta los cadetes, estn muy conscientes de eso.

La decisin de sacar la Misin Militar norteamericana de Fuerte Tiuna fue respaldada por la mayora de los oficiales. Ellos fueron incluso los que disearon el proyecto de hacer una escuela all. Un capitn me comentaba la posibilidad de traer a ese lugar a los indios y los pobres para que estudien y puedan disponer de dormitorios. Es decir, un hotelito y una escuela para que los venezolanos ms humildes pasen cursos sobre hidropnicos y organopnicos.

El riesgo de una nueva accin norteamericana siempre existir. Ellos nunca abandonarn la idea de captar, de comprometer a la gente contra una Revolucin que ha dicho claramente que el imperio es su principal enemigo. Pero encontrarn una gran resistencia dentro de la Fuerza Armada. No se puede subestimar la gran fortaleza ideolgica, doctrinaria y nacionalista de nuestros militares. Sobre todo eso, su gran sentimiento nacionalista.

Voy a salir con dignidad

El 4 de febrero de 1992 me llevaron preso unas horas despus del inicio de la rebelin. Cuando estaba en el Ministerio de Defensa, en la misma oficina donde hoy est Garca Carneiro all mismo me llevaron y al rato me vi sentado tomando caf, fumando, muy preocupado, y oyendo lo que hablaban los generales, me di cuenta de que iban a comenzar a bombardear a los muchachos de Maracay y Valencia. Me dirig a un almirante y le ped que me permitiera hablar con mis compaeros en esos lugares: Tienen que evitar ustedes una matanza; ya hemos depuesto las armas.

Incluso llegu a pedir un helicptero para ir a Maracay a hablar con Jess Urdaneta, que no quera atender razones de nadie. l me haba dicho el da anterior, en el mismo lugar donde diez aos antes habamos hecho nuestro juramento en el samn de Bolvar: Compadre, si esto falla, yo no me rindo. Urdaneta estaba dispuesto a inmolarse. Cort los telfonos y no quera recibir a nadie. Lo tenan rodeado y ya iban a bombardear el comando de los paracaidistas. En ese instante les ped a los oficiales que me permitieran ir en helicptero a hablar con l y convencerlo de que se rindiera. Pero no aprobaron esa solucin.

Se me ocurri entonces una idea quizs pueblerina, pero prctica: Manden a llamar a alguien de Radio Apolo, que lo oyen mucho en Maracay, y yo les transmito el mensaje por esa va. Ah surgi la idea de incorporar todos los medios incluida la televisin, que no fue exactamente a m a quien se le ocurri. Uno de los almirantes inspector de la Fuerza Armada dijo: Chvez, podramos llamar a los medios para que usted lance su mensaje de rendicin a toda la gente.

Estuve de acuerdo y as se hizo. Ellos queran entonces que escribiera mi mensaje y yo me negu de plano: No voy a escribir nada. Voy a llamar a rendicin. Les doy mi palabra de honor. Ped mi boina, mi fornitura, porque record a Noriega, a quien los americanos lo sacaron todo doblado, desmoralizado. Yo voy a salir con dignidad pens. Entonces sal y dije lo que ustedes ya conocen.

Despus, en la crcel, descubrimos que, antes de la rebelin del 4 de febrero de 1992, haban intentado asesinarme. Ocurri tres meses antes, en diciembre de 1991. El movimiento fue penetrado por ciertas organizaciones de extrema izquierda que ahora son de extrema derecha, grupos que siempre han sido mercenarios, algunos procedentes de Bandera Roja, de la gente de Gabriel Puerta Aponte y otros.

Bandera Roja infiltr el movimiento militar a espaldas de los comandantes. Haban estado incitando a los oficiales subalternos, a los capitanes y a un grupo de sargentos, para que desconocieran nuestro liderazgo. Yo me negaba a incluirlos a ellos en el comando. Tenamos informaciones de cules eran sus tendencias y sabamos que estaban empujando a un sector de las fuerzas armadas para que se lanzara a una rebelin contra nosotros, con la idea de apoderarse de la direccin.

Cuando detectamos la infiltracin, la combatimos muy duro. Recuerdo que ese diciembre llegu hasta aqu, hasta Miraflores, a conversar con unos oficiales que tenamos comprometidos. Vine a decirles, en persona: Nadie mueve un soldado si yo no doy la orden directamente. Ustedes conocen mi letra y mi firma. Hice lo mismo en el Batalln de Tanques y en el de los paracaidistas.

El primero que me alert fue el negro Chourio, que era teniente de mi batalln: Mire, mi comandante, me llamaron a una reunin y me dijeron que si yo estaba dispuesto a sacar el batalln a espaldas suyas. Esto es muy grave, se est cocinando una traicin. Despus de la alerta comenc a investigar con un grupo de comando. Logramos frenar lo que hubiera significado el aborto del movimiento. En ese momento, Bandera Roja discuti la posibilidad de matarme, de sacarme del medio, y planific el asesinato... Una noche, incluso, me invitaron a una reunin y yo fui, inocentemente. Pero los que tenan la misin no se atrevieron a atentar contra mi vida.

De eso me enter despus, en la crcel, cuando uno de los implicados en aquel intento de asesinato me hizo toda la historia, una noche en que estbamos cantando con una guitarra y viendo la luna por la ventana: Mire, mi comandante, yo tengo algo por dentro y quiero decrselo, porque ahora s lo conozco. Me haban convencido de que usted haba vendido la Revolucin, que estaba desmontando el movimiento, entregndolo a los generales, que haba negociado. Yo fui designado para matarlo. Me cont todo. Fue el nico intento de asesinato que conoc, as, por un testimonio directo.

Abril de 2002

Lo que ms me doli del golpe? Sin duda alguna: los inocentes que cayeron frente a este Palacio, abatidos por los francotiradores contrarrevolucionarios... Ese es uno de los dolores ms grandes de aquellos momentos terribles en abril de 2002, y luego hubo otros muchos, no? Los traidores duelen tambin. Pero al igual que me ocurri cuando me enfrent a la prdida de la abuela, tuve una reaccin de vida. Resurg con mayor vitalidad.

Deca Carlos Marx que a la revolucin le hace falta el ltigo de la contrarrevolucin. El ltigo duele, pero ensea si ese dolor se transforma en fuerza.

Sin embargo, usted, como San Francisco de Ass, ha perdonado mucho.

Perdn no es la palabra. En verdad no los perdono. Por ejemplo, la traicin de Luis Miquilena nunca la perdonar. Perdonar sera como justificar. Sera como decir: Est bien, te perdono y vamos a trabajar juntos... No. Los traidores estn all, en el otro extremo. No estn condenados por m. Ellos estn marcados y condenados por la historia.

Pero los golpistas estn en la calle...

No porque yo los haya perdonado. Ni siquiera me han dado esa posibilidad. Si se hubiera podido seguir un juicio civil o militar, como debi hacerse, y a mis manos hubiese llegado la decisin de indultarlos, no los habra indultado. Las condenas definitivas pasan por mis manos y me toca decidir, incluso, si un juicio de tal naturaleza contina o no, as de sencillo, segn nuestras leyes civiles y militares. Pero eso nunca ocurri. Si ocurriera, no los perdonara.

Firm la baja, por medida de expulsin disciplinaria, de algunos que fueron grandes amigos mos, y no me tembl la mano. No hay ningn perdn all. Existe la imagen de que soy, adems de noble, indulgente, y que he perdonado demasiado. No es as, entre otras razones porque en estos casos no me ha correspondido tomar una decisin acerca de esas personas.

Aqu vinieron a entrevistarme tres fiscales designados para el antejuicio. Aport todas las pruebas que tena a mi disposicin y fueron muchas para tratar de condenar a los golpistas. Slo que all en el Tribunal Supremo, all, los perdonaron. Fueron ellos, no yo. Si por m fuera, estaran presos. Claro, con todo respeto hacia sus derechos humanos: sin torturar a nadie, respetando su dignidad.

Algunos dicen que el da del golpe yo regres y mand para sus casas a un grupo de personas que estaban detenidas. Era lo correcto: ponerlos a la orden de la Fiscala. No poda mantener aqu, en un stano, a mujeres y hasta algunos nios que se haban quedado encerrados en el Palacio, mientras los peces gordos estaban fuera. As que lo primero que dije, cuando me informaron que tenan a todas aquellas personas aqu, fue que las soltaran. Ni siquiera las vi. S, he sido generoso. No me arrepiento de ello, sabes? No me arrepiento de ello.

Un padre

Su hija Mara Gabriela nos dijo hace un rato: Quiero a Fidel como a un abuelo, porque l quiere a mi padre como a un hijo.

Es verdad. Fidel es como un padre. As lo veo yo tambin, y una vez hasta se lo escrib. Desde hace mucho tiempo, l ha sido para m una referencia obligada. En la crcel le mucho La historia me absolver, Un grano de maz, sus discursos y entrevistas... Saben qu le ped a Dios en la crcel?: Dios mo, quiero conocer a Fidel, cuando salga y tenga la libertad para hablar, para decir quin soy y qu pienso. Pensaba mucho en eso: en salir para conocernos.

Luego se produjo el encuentro en La Habana ahora en diciembre se cumplirn 10 aos. Esa reunin fue para m maravillosa, y no olvidar aquel contacto, las primeras horas de conversacin. A medida que han pasado los aos, Fidel se ha venido erigiendo como un padre. As lo vemos mis hijos y yo, y hasta el nieto Manuelito, que dicen que se desternill de la risa cuando vio a Fidel.

El da que l entr a la casita de la abuela en Sabaneta tuvo que agacharse. La puerta es bajita y l, un gigante. Yo lo vea, no?, y le coment a Adn, mirndolo all, como si fuera un sueo: Esto parece una novela de Garca Mrquez. Es decir, 40 aos despus de la primera vez que escuch el nombre de Fidel Castro, l estaba entrando en la casa donde nos criamos. Recuerdo aquel acto en la Plaza Bolvar, que pusieron la tarima donde no era por un problema de seguridad: Ay, Dios mo! Esto es como una novela de esas que escribe el Gabo, pero en vez de 500 aos de soledad, nosotros tendremos 500 aos de compaa.

Fidel para m es un padre, un compaero, un maestro de la estrategia perfecta. Algn da habr qu escribir tantas cosas de todo esto que estamos viviendo y de los encuentros que he tenido con l... Se ha venido fraguando una relacin tan profunda y tan espiritual, que estoy convencido de que l siente lo mismo que yo: ambos tendremos que agradecerle a la vida el habernos conocido.

No voy a traicionar mis orgenes

No voy a traicionar mi infancia de nio pobre de Sabaneta. Inmediatamente despus que enterramos a la abuela Rosa Ins, en enero de 1982, me fui para la casa de Adn y all, en la noche, junto a una lamparita que l tena en su pequeo estudio escrib un poema dedicado a ella.

Me sali de un tirn. Fue una especie de juramento ante Rosa Ins, una memoria que es para m sagrada:

Quizs algn da,

mi vieja querida,

dirija mis pasos

hacia tu recinto.

Con los brazos en alto

y con alborozo

coloque en tu tumba

una gran corona

de verdes laureles.

Sera mi victoria,

sera tu victoria,

y la de tu pueblo

y la de tu historia.

Y entonces,

por la Madre Vieja

volvern las aguas

del ro Bocon,

como en otros tiempos

tus campos reg,

y por sus riberas

se oir el canto alegre

de tu cristofu

y el suave trinar

de tus azulejos

y la clara risa

de tu loro viejo.

Y entonces,

en tu casa vieja

tus blancas palomas

el vuelo alzarn.

Y bajo el matapalo

ladrar Guardin,

y crecer el almendro

junto al naranjal.

Y tambin el ciruelo

junto al topochal

y los mandarinos

junto a tu pial

y enrojecer

el semeruco

junto a tu rosal

y crecer la paja

bajo tu maizal.

Y entonces,

la sonrisa alegre

de tu rostro ausente,

llenar de luces

este llano caliente

y un gran cabalgar

saldr de repente.

Y vendrn los federales

con Zamora al frente,

y el catire Pez

con sus mil valientes,

las guerrillas de Maisanta

con toda su gente.

O quizs nunca, mi vieja,

llegue tanta dicha

por este lugar.

Y entonces,

solamente entonces,

al fin de mi vida,

yo vendra a buscarte,

Mam Rosa ma,

llegara a la tumba

y la regara

con sudor y sangre,

y hallara consuelo

en tu amor de madre

y te contara

de mis desengaos

entre los mortales.

Entonces,

abriras tus brazos

y me abrazaras

cual tiempo de infante

y me arrullaras

con tu tierno canto

y me llevaras

por otros lugares

a lanzar un grito

que nunca se apague.

Esos versos han sido y seguirn siendo mi compromiso con ella y conmigo mismo. Al lado de Rosa Ins conoc la humildad, la pobreza, el dolor, el no tener a veces para la comida; supe de las injusticias de este mundo. Aprend con ella a trabajar y a cosechar. Conoc la solidaridad: Huguito, vaya y llvele a doa Rosa Figueredo esta hallaca, este poquito de dulce. Me tocaba ir, en su nombre, repartiendo platicos a las amigas y a los amigos que no tenan nada, o casi nada, como nosotros. Y siempre vena tambin de vuelta con otras cositas que mandaban de all: Llvele a doa Rosa esto. Y era un dulce o alguna otra cosita de comida, que si una mazamorra o un bollito de maz. Yo aprend con ella los principios y los valores del venezolano humilde, de los que nunca tuvieron nada y que constituyen el alma de mi pas. Trat de decirle a Rosa Ins en ese poema que nunca voy a olvidar sus enseanzas y que nunca traicionar nuestros orgenes.


"Chvez nuestro", de Rosa Miriam Elizalde y Luis Baz. Editorial Hiru. www.hiru-ed.com



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