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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2007

Cmo impedir un enfrentamiento con Irn

Noam Chomsky
Rebelin

Traducido para Rebelin del ingls por S. Segu


Como iniciar un enfrentamiento con Irn

Previsiblemente, el anuncio por parte de George W. Bush de una crecida (surge) de tropas en Irak se ha producido a pesar de la firme oposicin a cualquier medida de este tipo por parte de los ciudadanos estadounidenses y de una oposicin todava mayor por parte de los (completamente irrelevantes) iraques. Adems, ha ido acompaado de una serie de ominosas filtraciones y declaraciones en Washington y Bagdad sobre cmo la intervencin de Irn en Irak va dirigida a perturbar nuestra misin de alcanzar la victoria, objetivo que es, por definicin, noble. Lo que sigui a continuacin fue un solemne debate sobre si los nmeros de serie de los artefactos explosivos improvisados (improvised explosive devices, IEDs) conducen a Irn y, en este caso, si llevan hasta los Guardianes de la Revolucin o a alguna autoridad todava ms alta.

Este debate ilustra de manera caracterstica un principio fundamental de la propaganda avanzada. En las sociedades ms represivas y brutales, la lnea del partido es objeto de proclamacin pblica y se debe obedecer... o atenerse a las consecuencias. Lo que uno piense es asunto suyo y no importa en absoluto. En las sociedades en las que el Estado ha perdido la capacidad de control por medio de la fuerza, la lnea del partido simplemente se presupone; en esos casos, se incita a desarrollar un vivo debate dentro de los lmites impuestos por una ortodoxia doctrinal no explcita. El ms brutal de los dos sistemas conduce, naturalmente, a la falta de credibilidad; la variante ms sofisticada da una impresin de apertura y libertad, y es mucho ms efectiva a la hora de transmitir la lnea del partido. sta, resulta incuestionable, ms all del pensamiento mismo, como el aire que respiramos.

El debate sobre la interferencia iran en Irak avanza sin ningn tipo de ridculo, a partir del supuesto bsico de que Estados Unidos es el propietario del mundo. En Estados Unidos no se entabl un debate similar, por ejemplo en 1980, sobre si este pas estaba interfiriendo en el Afganistn ocupado por los soviticos, y dudo de que Pravda, probablemente reconociendo lo absurdo de la situacin, llegara a mostrar su indignacin sobre ese hecho que los funcionarios estadounidenses y nuestros medios de comunicacin, en cualquier caso, no han hecho ningn esfuerzo por esconder. Quizs la prensa oficial nazi tampoco auspici parecidos debates solemnes sobre si los aliados estaban interfiriendo en la Francia soberana de Vichy, pero si lo hubiera hecho hubiera sin duda provocado en las personas sensatas un intenso sentimiento de ridculo.

En nuestro caso, sin embargo, incluso el ridculo claramente ausente sera suficiente, porque las acusaciones contra Irn forman parte de un redoble de declaraciones dirigidas a movilizar la aceptacin de la escalada de la guerra en Irak y de un ataque en Irn, pas calificado de fuente del problema. El mundo est horrorizado ante esta posibilidad. Incluso en los estados vecinos sunes, poco amigos de Irn, las mayoras consultadas prefieren un Irn nuclearizado a cualquier tipo de accin militar contra este pas. La escasa informacin de que disponemos nos permite saber que partes importantes de los servicios militares y de inteligencia de Estados Unidos se oponen a este ataque, junto a casi todo el mundo, ms an que cuando los gobiernos de Bush y de Blair invadieron Irak, en abierto desafo a una enorme oposicin popular en todo el mundo.

El efecto Irn

Los resultados de un ataque sobre Irn podran ser horrendos. Despus de todo, segn un reciente estudio sobre el efecto Irak elaborado por los especialistas en terrorismo Peter Bergen y Paul Cruickshank, basndose en datos provenientes del Gobierno y de la Rand Corporation, la invasin de Irak ha producido una multiplicacin por siete del terror. El efecto Irn sera probablemente mucho ms grave y duradero. El historiador militar britnico Corelli Barnett expresa lo que muchos piensan cuando afirma que un ataque sobre Irn equivaldra al lanzamiento efectivo de la Tercera Guerra Mundial.

Cules son los planes de esa camarilla cada vez ms desesperada que acapara el poder en Estados Unidos? No podemos conocerlos. Esta planificacin de Estado se mantiene por supuesto en secreto por razones de seguridad. Un anlisis de algunos documentos desclasificados revela que esta afirmacin tiene mucho de cierta, aunque nicamente si entendemos por seguridad la del Gobierno contra su enemigo nacional, la poblacin en cuyo nombre gobierna.

An en el caso de que la camarilla de la Casa Blanca no estuviera planeando la guerra, el despliegue naval, el apoyo a los movimientos secesionistas y las acciones terroristas contra Irn, junto a otras provocaciones, podran desembocar fcilmente en una guerra accidental, a la que las resoluciones del Congreso no supondran una barrera infranqueable. En general, dicha resoluciones incluyen invariablemente determinadas excepciones en aras de la seguridad nacional, abriendo con ello cauces de un tamao suficiente para permitir el paso de varios grupos de combate navales con portaaviones y su ubicacin en el Golfo Prsico, tan pronto como determinados lderes faltos de escrpulo realizan declaraciones catastrofistas, como por ejemplo las de Condoleezza Rice cuando hablaba de las nubes en forma de seta sobre las ciudades estadounidenses. Adems, la preparacin del tipo de incidentes que justifica estos ataques constituye una prctica absolutamente familiar. Incluso los peores muy monstruos echan mano de justificaciones de este tipo y adoptan este mecanismo: por ejemplo, cuando Hitler deca defender a la inocente Alemania del terror salvaje de los polacos en 1939, despus de que hubieran rechazado sus sensatas y generosas propuestas de paz.

La barrera ms efectiva a la decisin de la Casa Blanca de iniciar una guerra es el tipo de oposicin popular organizada que llen de miedo al liderazgo poltico-militar en 1968, hasta el punto de hacerlo reticente a enviar ms tropas a Vietnam, por temor, como hemos sabido por los Papeles del Pentgono, a que necesitaran estas tropas para controlar el desorden civil interno.

No cabe duda de que el gobierno de Irn merece una dura condena, entre otras por sus recientes acciones, que han acentuado la crisis. No obstante, sera til preguntarnos cmo actuaramos nosotros si Irn hubiera invadido y ocupado Canad y Mxico y estuviera arrestando a representantes del gobierno de Estados Unidos en esos pases basndose en razones de resistencia a la ocupacin iran (llamada liberacin, por supuesto). Imaginemos tambin que Irn estuviera desplegando masivas fuerzas navales en el Caribe y lanzando amenazas crebles de lanzar una oleada de ataques contra una amplia gama de instalaciones nucleares y de otro tipo en Estados Unidos, si el gobierno de este pas no aceptara liquidar inmediatamente todos sus programas de energa nuclear (y, naturalmente, desmantelar todas sus armas nucleares). Supongamos que todo esto sucede despus de que Irn hubiera derrocado el gobierno de Estados Unidos e instalado un innoble tirano (como Estados Unidos hizo en Irn en 1953), que luego hubiera apoyado una invasin rusa de Estados Unidos capaz de matar millones de personas (como Estados Unidos apoy la invasin de Irn por Sadam Husein en 1980, que caus la muerte de centenares de miles de iranes, una cifra comparable a millones de americanos). Nos quedaramos acaso observando todo esto tranquilamente?.

Resulta fcil comprender una observacin realizada por uno de los principales historiadores militares de Israel, Martin van Creveld. Despus de que Estados Unidos invadiera Irak, sabiendo que este pas estaba sin defensa, afirm: Si los iranes no intentaran fabricar armas nucleares, estaran locos.

Es evidente que ninguna persona en su sano juicio desea que Irn, o cualquier otra nacin, desarrolle armas nucleares. Una resolucin razonable de la actual crisis permitira a Irn desarrollar su energa nuclear, de acuerdo con sus derechos como firmante del Tratado de No Proliferacin de Armas Nucleares, pero no armas nucleares. Es factible esta solucin? Lo sera, con una sola condicin: que Estados Unidos e Irn fuesen sociedades democrticas en correcto funcionamiento, en las que la opinin pblica tuviese una repercusin significativa a la hora de establecer las polticas pblicas.

En realidad, esta solucin cuenta con el apoyo mayoritario de iranes y estadounidenses, que en general estn de acuerdo en estas cuestiones nucleares. El consenso iran-estadounidense incluye la completa eliminacin de las armas nucleares en todo lugar (82% de estadounidenses); y si esto no puede conseguirse, debido a la oposicin de las lites, entonces por lo menos el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en Oriente Prximo que incluya tanto los pases islmicos como Israel (71% de estadounidenses).

El 75% de los estadounidenses prefieren mejorar las relaciones con Irn que lanzar amenazas de fuerza. En pocas palabras, si la opinin pblica tuviese una influencia significativa en las polticas de estado en Estados Unidos e Irn, la resolucin de la crisis sera cuestin de poco tiempo, como tambin lo sera la consecucin de soluciones de amplio alcance al desorden nuclear global.

Promover la democracia... en nuestro pas

Estos elementos sugieren que una manera posible de impedir que la actual crisis estalle, produciendo quizs algn tipo de versin de la Tercera Guerra Mundial, consiste en una propuesta ya familiar: la promocin de la democracia, esta vez en nuestro propio pas en el que tan necesaria resulta. La promocin de la democracia en nuestro pas es sin duda viable y, aunque no podamos llevar del este proyecto directamente a Irn, podramos tambin actuar de modo que mejorasen all las perspectivas de los valientes reformistas y opositores que luchan precisamente por conseguirla. Entre estas figuras que son, o deberan ser, conocidas por el gran pblico, estaran Sad Hajjarian, la Premio Nobel de la Paz Shirin Ebadi y Akbar Ganji, as como aquellos cuyos nombres, como de costumbre, no figuran en ningn lugar, entre ellos los activistas sindicales de los que tan poco conocemos; un ejemplo de este grupo pudieran ser los trabajadores que elaboran el Iranian Workers Bulletin.

La mejor manera de potenciar las perspectivas de una promocin democrtica en Irn consiste en dar un giro radical a las polticas estatales en Estados Unidos, de modo que reflejen la opinin popular. Ello implicara cesar de lanzar amenazas continuas que slo son regalos para los sectores iranes ms intransigentes. Estas amenazas son condenadas con amargura por los iranes que estn realmente interesados en la promocin de la democracia (a diferencia de esos supporters que lanzan sin cesar eslganes democrticos en Occidente y a los que se considera grandes idealistas, a pesar de su conocido odio hacia la democracia).

La promocin de la democracia en Estados Unidos podra tener consecuencias de mucho mayor alcance. En Irak, por ejemplo, se iniciara un calendario de retirada, inmediata o muy prxima, con arreglo a los deseos de la abrumadora mayora de iranes y de una importante mayora de estadounidenses. Las prioridades presupuestarias federales sufriran un cambio de 180 grados. En aquellas reas en las que aumenta sin cesar el gasto, como las recientes facturas militares destinadas a las guerras de Irak y Afganistn, habra una reduccin; en aquellas reas en las que el gasto es estable o se reduce (sanidad, educacin, formacin profesional, promocin de la conservacin de la energa y fuentes de energa renovables, subsidios a los veteranos de guerra, financiacin de la ONU y las operaciones de paz de la ONU, etc.), se incrementara radicalmente. Las reducciones fiscales del presidente Bush que favorecen a personas que gozan de ingresos de $200,000 por ao o superiores quedaran inmediatamente suprimidas.

Con ms democracia, EE UU contara ya desde hace tiempo con un servicio de asistencia sanitaria de mbito nacional que sustituyera al actual sistema privatizado, que tiene un coste per cpita dos veces mayor que el de sociedades de parecido nivel, a la vez que tiene los peores resultados del mundo industrializado. Tambin habra ratificado del Protocolo de Kioto para la reduccin de las emisiones de dixido de carbono y habra iniciado medidas an ms radicales de proteccin del medio ambiente. Permitira, al mismo tiempo, que la ONU llevase la iniciativa en las crisis internacionales, incluyendo la de Irak. Despus de todo, segn las encuestas realizadas ya a partir de la invasin de 2003, una gran mayora de estadounidenses desean que la ONU se haga cargo de la transformacin poltica, la reconstruccin econmica y el orden civil en ese pas.

Si la opinin pblica contase, Estados Unidos aceptara las restricciones de la Carta de las Naciones Unidas relativas al uso de la fuerza y opuestas al consenso bipartidista segn el cual este pas, por s solo, tiene derecho a recurrir a la violencia en respuesta a potenciales amenazas, reales o imaginadas, incluyendo las amenazas a nuestro acceso a mercados y recursos. Estados Unidos, junto con otros pases, debera abandonar el derecho de veto en el Consejo de Seguridad y aceptar la opinin mayoritaria incluso cuando sta le es adversa. Las Naciones Unidas estaran autorizadas a regular la venta de armas, mientras que EE UU reducira estas ventas e instara a otros pases a hacerlo, lo que sera una contribucin importante a la reduccin de la violencia a gran escala en el mundo. Las cuestiones sobre terrorismo seran tratadas por canales diplomticos y con medidas econmicas, no con la fuerza, de acuerdo con la opinin de la mayor parte de especialistas en este tema, a todo lo cual se oponen diametralmente a las polticas practicadas en estos momentos.

Adems, si la opinin pblica tuviese influencia en las polticas, Estados Unidos habra restablecido sus relaciones gramticas con Cuba, en beneficio de los pueblos de ambos pases (adems de, incidentalmente, su propia agroindustria estadounidense y sus empresas energticas, entre otros sectores), en lugar de seguir siendo prcticamente el nico pas del mundo en imponer un bloqueo (con el nico respaldo de Israel, la Repblica de Palau y las Islas Marshall). Washington se unira as al consenso internacional de un acuerdo basado en dos estados para la resolucin del conflicto israelo-palestino, que (junto a Israel) ha bloqueado durante treinta aos con escasas excepciones temporales y que sigue bloqueando con sus palabras y, ms importante, con sus hechos, a pesar de algunas mendaces declaraciones de compromiso con la diplomacia. Asimismo, Estados Unidos equiparara la ayuda de Israel a la de Palestina, suprimiendo su ayuda a cualquiera de las partes que rechazarse el consenso internacional.

La demostracin de estos aspectos puede consultarse mi libro Failed States: The Abuse of Power and the Assault on Democracy 1, as como en la obra de Benjamin Page (con Marshall Bouton) The Foreing Policy Disconnect 2, que tambin proporciona pruebas abundantes de que la opinin pblica, en lo que respecta a los temas de poltica exterior (y probablemente tambin a los de poltica interior) tiende a ser coherente y consecuente a lo largo de largos periodos de tiempo. Los estudios relativos a la opinin pblica deben ser tomados con precaucin, pero ofrecen sin duda aspectos muy sugestivos.

Aunque no sea la panacea, la promocin de la democracia en nuestro pas representara un paso decidido hacia su transformacin en un socio responsable del orden internacional (aceptando el trmino que se utiliza para nuestros adversarios), en lugar de ser objeto de miedo y desprecio en gran parte del mundo. Aparte de ser un valor en s misma, una democracia operativa en nuestro pas contendra un elemento prometedor para tratar de manera constructiva muchos de los actuales problemas, nacionales e internacionales, incluyendo aquellos que, literalmente, amenazan la supervivencia de nuestra especie.

Notas:

1 Pendiente de traduccin

2 Idem.



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