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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-04-2007

Anlisis desde el Magreb
Algo ms que un cambio de nombre

Txente Rekondo
Gara


L o que nadie pone en duda es la existencia de lo que algunos analistas han definido como un nuevo paradigma en el Magreb, que sera el resultado de la conversin de dos acontecimientos. El primero, la mayor coordinacin entre los grupos locales de la zona, y el segundo, la decisin del Grupo Salafista para la Predicacin y el Combate (GSPC), cuyo nuevo nombre es Al Qaeda del Magreb Islmico, de unirse a Al Qaeda. Este proyecto se mostrara como un reagrupamiento de grupos armados con bases slidas locales, y en ocasiones con sus propias agendas que, a su vez, colaborarn en una amplia red transnacional. Y una de las claves para entender esta evolucin la encontraramos en lo que algunos expertos han definido como el crculo completo, una especie de viaje de ida y vuelta. As, los viajes entre el Magreb e Irak de los militantes jihadistas vienen a completar un ciclo de entrenamiento, interrelacin y colaboracin entre ellos y con otras organizaciones de la rbita de Al Qaeda.

El primer paso lo daran en los campamentos mviles que el GSPC dispone en el Sahara, para, posteriormente, pasar a realizar acciones armadas junto a ese grupo en Argelia. Tras esas experiencias, los jihadistas iniciaran el viaje hacia Irak, donde logran todava una mayor veterana con su participacin en los enfrentamientos contra las fuerzas ocupantes, lo que les dotar adems de una mayor destreza en el manejo de las armas y en operaciones militares. Finalmente, algunos de ellos volvern a sus pases, bien para integrarse en los grupos existen- tes, bien para formar alguna organizacin nueva, tras lo cual seguirn las agendas de stas o bien esperarn rdenes de Al Qaeda para actuar.

Si bien el protagonismo directo de las organizaciones locales es uno de los pilares de esta nueva situacin, el papel que en todos estos acontecimientos desempea Al Qaeda tambin es reseable.

El surgimiento de Al Qaeda supuso una ruptura con la orientacin nacionalista de la mayora de los grupos islamistas que existan, confiriendo una nueva, de carcter global. El primer paso lo dio en el ao 1998 la Jihad Islmica de Egipto, liderada por Ayman al-Zawahiri, mientras que los ms recientes impulsos en esa direccin han provenido de la Gamaa al-Islamiyya egipcia y el GSPC, quienes el ao pasado siguieron los pasos del grupo de Al-Zawahiri.

A ellos habra que sumar cerca de otras cuarenta organizaciones que han anunciado su formacin y su lealtad a Al Qaeda y a sus objetivos estratgicos, lo que anuncia que el potencial de la ideologa que defiende aquella organizacin cobra una peligrosa capacidad operativa. En estos momentos, y a pesar de que el ao pasado Al Qaeda no cometiera atentados de gran envergadura, la llamada guerra asimtrica que mantiene se basa en tres puntos. En primer lugar est el liderazgo de Bin Laden y Al-Zawahiri, quienes a pesar del cerco al que les someten Estados Unidos y sus aliados han demostrado en los ltimos meses una importante capacidad para difundir sus comunicados y probablemente para coordinarse entre ellos. El segundo lo conforman esos grupos que se presentan como una red de redes, y en tercer lugar nos encontramos con el soporte ideolgico que teje todo ese entramado.

En el caso del norte de Africa ya hemos visto el salto cualitativo y cuantitativo que se ha producido, lo que puede representar a partir de ahora un serio motivo de preocupacin para Estados Unidos, Europa y sobre todo para los regmenes que gobiernan en esos estados norteafricanos.

Desde Washington se ha reaccionado con la creacin del llamado Grupo Antiterrorista Trans-Sahara, que lo forman EEUU y los gobiernos de Argelia, Marruecos, Mal, Tnez, Mauritania, Chad, Nger, Nigeria y Senegal. Al tiempo que algunos de estos gobiernos buscan la formacin de milicias paramilitares (en ocasiones armando a las tribus nmadas del desierto) para enfrentarse a los militantes islamistas que operan en esa zona del Sahara.

Estos movimientos islamistas tambin tienen sus implicaciones de cara a Europa, ms todava si tenemos en cuenta que Al Qaeda no disimula su intencin de buscar influenciar el devenir de esos pases, aprovechndose en ocasiones de citas electorales. Adems, ah estn los comunicados recientes, llamando a liberar el Islam, desde Jerusaln hasta el Andalus, o sealando a Francia y Estados Unidos por robar el petrleo y el gas natural de la ummah. Y los recientes ataques contra empleados de la empresa de construccin norteamericana Hallibur- ton o trabajadores rusos en Argelia.

A partir de ahora, si se cumple la lgica planeada por Al Qaeda y sus aliados locales, la situacin de inestabilidad en otra zona del mundo se aade al escenario mundial, y nuevos motivos se suman a una realidad que cada da es ms delicada y ms insegura para un mayor nmero de personas, a pesar de los cantos de sirena de Bush y sus aliados.



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