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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2007

Ecuador: cita con la historia

Atilio A. Boron
Rebelin


Rafael Correa quiere refundar el estado ecuatoriano. Se trata de una maniobra populista o responde a una necesidad histrica? La derecha dice que lo primero, y la propaganda para descalificar la iniciativa presidencial apel a las tcnicas usuales en estos casos: campaa de terror, mentiras que parecen verdades, y todo tipo de chantajes. Si gana el s, decan los sedicentes custodios de la democracia y la libertad tan valorados por George W., es votar por el caos, el autoritarismo presidencial, el aborto, el comunismo. Incluso lleg a decirse que, envalentonado por su triunfo, Correa expropiara las tierras de las comunidades campesinas!

Afortunadamente esta campaa no parece haber sido demasiado eficaz para formatear la conciencia poltica de las masas ecuatorianas. Su notable triunfo contra el multimillonario Noboa en las elecciones presidenciales pasadas fue una primera seal de los lmites con que tropiezan tales ardides; la paliza electoral infligida el da de ayer lo ratifica y, de paso, confirma que el llamado hecho por Correa obedece a razones profundas e impostergables por lo que el triunfo del s a la convocatoria de una constituyente debe ser saludado como un avance poltico de primera magnitud.

Son muchos los datos que abonan esta interpretacin. Una encuesta realizada en 18 pases de Amrica Latina por Latinobarmetro a mediados del 2006 demuestra que Ecuador y Bolivia son los dos pases con la mayor proporcin de ciudadanos que dicen que puede haber democracia sin partidos polticos y sin congreso. En el caso del Ecuador las cifras son de un 45 y un 42 por ciento respectivamente; en Argentina 64 y 71 por ciento. En buenas cuentas, casi la mitad de la poblacin ecuatoriana, harta de los engaos, las maniobras y las corruptelas que se manifestaron con inusual intensidad en ese pas cree que es posible construir un rgimen democrtico sin partidos ni congreso. Si observamos la proporcin de gente que cree que el gobierno favorece a unos pocos privilegiados en lugar de hacerlo a favor de todo el pueblo los resultados son escandalosos. Slo el 11 por ciento de los ecuatorianos creen en lo segundo; 89 por ciento, en cambio, cree -con razn!- que se gobierna a favor de los ricos y poderosos, siendo estos guarismos los ms extremos de toda Amrica Latina. Lo interesante del caso es que pese a estas decepcionantes realidades los ecuatorianos siguen teniendo confianza en la democracia: el 54 por ciento dice que es preferible a cualquier otra forma de gobierno, una cifra similar a la de Chile (56 por ciento) y superior a la de Colombia (53 por ciento) y Brasil (46 por ciento). Esta virtuosa persistencia del apoyo a la democracia es tanto ms loable si se tiene en cuenta que cuando se le pregunt a los entrevistados si se hallaban satisfechos o ms bien satisfechos con el funcionamiento de la democracia en Ecuador apenas el 22 por ciento respondi afirmativamente.

Conclusin: la propuesta del presidente Correa es razonable y necesaria porque intenta subsanar la profunda deslegitimacin que ha sufrido la democracia a manos de gobiernos pseudo-democrticos que una y otra vez traicionaron el mandato recibido en las urnas. No por casualidad grandes movilizaciones populares desalojaron a tres presidentes en menos de diez aos. Una de las ms distinguidas socilogas ecuatorianas, Ana Mara Larrea, caracteriza a la constitucin de 1998, surgida luego del derrocamiento de Abdal Bucaram, como esquizofrnica: de avanzada en la formalizacin de los derechos medioambientales, de los pueblos indgenas y afroecuatorianos, de las mujeres, de los nios y jvenes y de los discapacitados pero, al mismo tiempo, su talante neoliberal consagra un estado ausente, dbil, sin adecuados organismos de control democrtico y perpeta un sistema poltico (partidos y congreso) con escandalosos niveles de irresponsabilidad y corrupcin, lo que impide que los derechos que contempla puedan materializarse.

Con el triunfo del s se abre un proceso tendiente a poner fin a esta intolerable escisin entre derechos constitucionales que se convierten en letra muerta y un orden democrtico deslegitimado e inoperante. El objetivo de la reforma ser reconstruir al estado, crear dispositivos que garanticen la redistribucin de la riqueza y la justicia social, la defensa de la soberana nacional y la nacionalizacin de los recursos naturales. Claro que nada de esto podr lograrse sin vencer la encarnizada resistencia de las clases dominantes y sus aliados en Washington. Tal como se ha dicho una y otra vez, quien pretenda reformar nuestras sociedades no tendr que vrselas con hidalgos adversarios prestos a reconocer que su ciclo poltico ha concluido sino con feroces enemigos dispuestos a responder con los horrores de una sangrienta contrarrevolucin la osada de pretender cambiar un orden que sus beneficiarios no slo n justo sino tambin natural e inmutable. Correa ha triunfado y demostr no slo sabidura para planear y ejecutar su estrategia de construccin de poder sino adems el valor y la audacia que requieren todas las grandes iniciativas polticas. Ecuador necesita este acto fundacional, y parece haber encontrado el personaje capaz de encarnar esa necesidad histrica. Puede sonar demasiado hegeliano, pero como Marx se encarg de demostrar la historia es siempre un proceso dialctico en donde los grandes procesos estructurales requieren de la aparicin de ciertos sujetos colectivos e individuales. En los ltimos diez aos Ecuador vio nacer a los primeros. Ahora parece haber encontrado a su lder. Enhorabuena!



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