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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-04-2007

Abril de 1977, la consolidacin de una reforma dirigida

Colectivo Prometeo
Rebelin


 

 

 

Decir que los servicios de inteligencia de los Estados Unidos de Norteamrica han determinado la historia contempornea de buena parte de la geografa poltica mundial, es afirmar una obviedad, de por s, suficientemente conocida y sufrida. En lo que respecta a Espaa, reconocer que este personal ha diseado la poltica de los ltimos tiempos puede parecer, en primera instancia, una ocurrencia de desvariados, sin embargo son numerosos los argumentos que abundan sobre la intervencin del Imperio en la transicin democrtica.

Uno de los puntales reconocidos de este periodo es el de la consolidacin del rgimen monrquico encarnado en la figura de Juan Carlos de Borbn, por quien la administracin de EE.UU. apost inequvocamente apoyando la Operacin Lolita destinada a la preparacin de la sucesin del dictador. Antes, en los aos 1944-1945 haban impulsado un acuerdo entre Franco y el pretendiente Juan de Borbn, que prolongara el poder del primero alimentando en el segundo la ilusin de recibir un da la Jefatura del Estado. Ms tarde, en 1948, al confiar a Franco la formacin de Juan Carlos, la restauracin de la monarqua haba quedado enmarcada en las coordenadas que delinearon para Espaa.

Estas lneas maestras reconocan al dictador la facultad de elegir a su sucesor, lo que hizo en julio de 1969 en la persona de Juan Carlos, para sorpresa y decepcin de su padre que haba sido preterido. A Franco, el Imperio le reconoca autonoma para ejercer su soberana interior (1), pero en ningn caso la exterior, puesto que Espaa deba continuar dentro de la coalicin de la guerra fra que los EE.UU. lideraban.

Retener el control estratgico sobre Espaa despus de Franco, era un programa comn de la OTAN que no poda permitir que se repitieran los sobresaltos que se provocaron en su seno cuando en nuestro vecino Portugal triunf la revolucin de los claveles. Para ello era absolutamente necesario el control del proceso de sucesin previendo todo lo que pudiera ocurrir.

Muerto el dictador, desde los primeros tiempos de la transicin el sucesor apost inequvocamente por que Espaa se integrara en la Alianza Atlntica. Recordemos que Juan Carlos en su primer viaje oficial se dirigi a los EE.UU. donde recibi el respaldo incondicional. Legitimado ante el Imperio y ante los militares "por que haba sido designado por Franco", busc tambin su legitimacin democrtica, facilitando la recuperacin de las libertades civiles y polticas. Propsito cuya concrecin practica excluy la revisin crtica de la Dictadura, tanto en su origen como en su obra. Lo que posterg la recuperacin de la memoria histrica ciudadana y de sus races como nacin soberana y democrtica.

En la Espaa de 1977 el xito de la operacin reformista no slo se debi al papel jugado por Surez o por el rey, ni al objetivo de beneficiar la aplicacin de los postulados del Imperio, tambin dependi de la sustitucin de las movilizaciones de quienes reivindicaban el derecho de la ciudadana a recuperar sus libertades democrticas y la soberana nacional, por la apata y la indiferencia inherentes a una democracia controlada que legitimara la sucesin del franquismo sin alterar las estructuras socioeconmicas que lo sustentaban, excepto en lo que facilitara la circulacin del capital internacional.

Para alcanzar esta posicin era indispensable quebrantar la unidad de la oposicin antifranquista que desde los ltimos aos de la dictadura se agrupaba entorno a la Plataforma Democrtica, dirigida por el PSOE, y la Junta Democrtica, dominada por el PCE. Los primeros, que en el ao 1970 eran poco ms que un recuerdo de su historia, desde el Congreso de Suresnes, de octubre de 1974, fueron promocionados a todos los niveles, despus de que Isidoro y sus amigos desbancaran a Llopis con la ayuda de la socialdemocracia alemana y los servicios secretos de los americanos y del franquismo. Ambas formaciones lucharon en un principio por la ruptura democrtica, pero poco despus de su unificacin en la Platajunta se exterioriz un gradual cambio de postura motivado por la aceptacin de las propuestas reformistas formuladas por los neofranquistas que conducan la transicin. Cambio iniciado por el PSOE, en una carrera desbocada hacia los primeros puestos de la legalizacin de los partidos para concurrir con ventaja en las primeras elecciones generales.

Respecto al Partido Comunista de Espaa, cuenta Adolfo Surez en sus memorias que contact con Santiago Carrillo para ofrecerle la legalizacin previa aceptacin de la corona, la unidad nacional y sus smbolos, si se olvidaba de la Repblica. Carrillo le plante que primero se legalizara al Partido y acto seguido se asumira la propuesta. Surez acept y el ya famoso sbado de gloria de 1977 el PCE fue legalizado.

El mircoles de la semana siguiente en la reunin del Comit Central, el secretario general present una resolucin por la cual el PCE asuma las condiciones anteriormente citadas. La expectativa de instaurar la Repblica y devolver la democracia a nuestro pas, eje fundamental de la lucha de los comunistas durante el franquismo, era sustituida por la legalizacin del partido y la consustancial participacin en el triunfante proceso reformista impuesto por la oligarqua franquista reciclada, que segua a pies juntillas los dictados de la potencia mundial hegemnica. Cercano a la realidad el juego democrtico, se aceptaban las limitaciones de soberana popular legadas por la dictadura y su sistema socioeconmico, dejando a un lado el trabajo por una ruptura democrtica clara y concisa. De esta manera, lo que pensamos deba haber sido un acuerdo tctico, se convirti en las bases del diseo de una lnea poltica a largo plazo que marcara el devenir de la historia del PARTIDO.

Nota:

(1) Simbolizada en marzo de 1972 con el matrimonio de la nieta mayor de Franco con Alfonso de Borbn-Dampierre, hijo del primognito de Alfonso XIII que ser utilizado por Franco como posible pieza de recambio.



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