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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-04-2007

Algunas consideraciones propositivas sobre la nueva poltica de tierras
La revolucin agraria en Bolivia.

Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos
Rebelin


El Ministerio de Desarrollo Rural y Agropecuario y Medio Ambiente ha elaborado la Nueva Poltica de Tierras y la ha presentado a las organizaciones sociales en Cochabamba los das 26, 27 y 28 de marzo, con la intencin de que las mismas puedan aportar con sus propuestas.

Hemos tenido la oportunidad de participar en la mencionada exposicin como representantes de la Comisin de Agricultura, Campesinado, Comunidades Originarias y Etnias del senado nacional. Gracias a esta oportunidad es que hemos podido realizar el presente artculo propositito.

La coyuntura poltica actual representada por un gobierno de cambio y, adems, con un presidente indgena, demanda de una profunda transformacin del pas, pero no solo a nivel estructural, sino tambin a nivel ideolgico y, por lo tanto, filosfico. La visin de realidad que el gobierno pretende implantar se circunscribe al mbito ontolgico y epistemolgico[1], ineludiblemente, y no as nicamente al poltico, econmico, educativo y cultural. El problema de impulsar cambios polticos sin incidir en la esencia ontolgica de los mismos, es que se convierten en cambios de forma que mantienen en vigencia la matriz filosfica colonizadora, etnocida, ecocida y genocida. Si bien, en la actualidad, las corrientes cientficas ms crticas instan por revoluciones epistemolgicas, se olvidan que en el cliz ontolgico descansa el germen de los paradigmas occidentales. Es algo as como cuando uno quiere matar a las hormigas que han invadido la casa o el jardn. Por mucho que uno intente deshacerse de ellas de miles de formas, siguen apareciendo sin reducir, ni siquiera, su nmero. La solucin es encontrar la matriz que alberga a los huevos de las hormigas y en la cual estas se reproducen. Permtannos aclarar que este ejemplo corresponde nicamente a nuestra necesidad de facilitar la exposicin, de ninguna manera se circunscribe a nuestra filosofa de vida la cual, muy contrariamente al ejemplo, no est de acuerdo con una relacin homicida con las hormigas ni con otro ser de la realidad.

Adems, es desde el espacio ontolgico que se puede plantear nuevos paradigmas y visiones de la realidad que no correspondan solamente a Occidente. Nos explicamos:

El tema filosfico, que tanto defendemos, ha sido desplazado hace mucho tiempo por la ciencia, desde que algunos filsofos negaron la existencia del ser en si (un ser espiritual) y abogaron por la existencia del ser pensante. En este momento, la preocupacin por la cuestin del ser fue enterrada por otra inquietud: qu es el conocimiento? A partir de la dicotoma cosa en si/ cosa pensada surge otra particin fundamental que rige la ciencia y el Derecho. Se trata de la separacin forma/esencia. La forma, el fenmeno, es el nico que puede conocerse mediante la razn. La esencia queda relegada a la filosofa, pero es infranqueable con la razn, por lo mismo, ininteligible. A travs de este postulado se logra, adems, repudiar toda forma de conocer la realidad que no enarbole la razn como el nico medio para realizar el proceso de conocimiento. De esta forma, las reflexiones en torno al tema ontolgico y a la esencia, se consideran innecesarios o, es ms, ni siquiera se toman en cuenta. As, cualquier estudio y reflexin cientfica se ha constreido a la forma[2].

Del mismo modo, toda propuesta poltica se remite a la forma y deja de lado el tema de la esencia. En este contexto, cmo esperamos realizar propuestas revolucionarias que tomen en cuenta otras visiones de la realidad y sus consecuentes sabiduras, si siempre partimos de ideas e iniciativas que se circunscriben a la propuesta filosfica occidental que considera a la razn y la ciencia como los nicos medios de conocimiento vlidos? Si no redefinimos el marco ontolgico o de la esencia, entonces cmo esperamos que se incluyan en las propuestas polticas otras visiones que no se remiten nicamente a la razn como medio de conocimiento y que, ms bien, tienen propuestas bastante diferentes que se remiten, s o s, a nuevos planteamientos ontolgicos?

Acerca de la colonizacin de las tierras y la modalidades de tenencia y uso de tierra ancestral.

Estamos ante una nueva etapa de colonizacin, que hemos venido a denominar recolonizacin, que se caracteriza por polticas a todo nivel (educativo, poltico, cultural, cientfico, tecnolgico, social y econmico) que se insertan en cada uno de los pases, ya no desde la ocupacin al modo de la colonizacin tradicional, sino desde la insercin, en el interior de cada uno de los pases, de la ideologa recolonizadora posmoderna, as como de las transnacionales que se instalan en sociedad con los propios estados, garantizando la produccin y reproduccin de capitales y sus respectivos excedentes de y desde el interior de los pases subdesarrollados. Si bien la tierra ha sido un eje central en toda tendencia colonizadora, el territorio recupera en la actualidad mayor nfasis. Es decir, no es solamente un espacio de tierra el que debemos proteger, sino tambin, el territorio con todos sus recursos renovables y no renovables ms la poblacin que vive en l y sus lgicas de convivencia con la tierra.

Para la recolonizacin, continuar con el etnocidio es esencial. Eliminar las lgicas de uso y tenencia de tierra que no convienen a la lgica capitalista de explotacin y acumulacin de tierras es, todava, un objetivo de la expansin del modelo civilizacional occidental. No olvidemos que muchas de las comunidades indgenas/originarias viven en tierras con recursos importantes as como tambin con caractersticas de fertilidad que todava ofrecen buenas posibilidades de produccin, en comparacin con otras tierras que ya han sido deterioradas y erosionadas.

En este marco, velar por la proteccin y recuperacin de estas lgicas ancestrales es una tarea importante del gobierno como parte de su perspectiva de descolonizacin. En este sentido, es crucial tener cautela respecto a los marcos ideolgicos que se utilizan debido a que, a pesar de toda su mejor intencin, pueden ser solamente entes funcionales al sistema etnocida, ecocida y genocida occidental. Es lo que sucede con el discurso posmoderno que ha penetrado en Bolivia aproximadamente desde la ratificacin del convenio 169 de la OIT en Bolivia por la Ley 1257 del 11 de julio de 1991, con la cual se materializa la entrada del glosario de la otredad y el pluralismo, o tolerancia en la heterogeneidad. Detrs de su lxico incluyente y de dilogo, se esconde el problema crucial que enfrenta nuestro pas: la colonialidad del poder. Este discurso se caracteriza por ocultar la relacin dominado-dominador por considerarla innecesaria debido a que el discurso ya asume de por s la interculturalidad o relacin tolerante entre diferentes. Este hecho es por dems peligroso ya que pretende sobrepasar la esencia del problema de las relaciones culturales e instaurar polticas pluralistas que no harn ms que agudizar el problema en tanto su germen, su semilla, no es incluyente y, principalmente, no ha resuelto el tema de la confrontacin y antagonismo entre clases, entre culturas, entre civilizaciones y entre visiones filosficas.

Las propuestas polticas deben asumir esta realidad para plantear una solucin a los problemas. La descolonizacin no es solamente un problema de los oprimidos, es tambin concerniente a los considerados opresores. Si no cambiamos los paradigmas que edifican la identidad de todos los integrantes de nuestro pas, sean de un bando o del otro, entonces los esquemas se reproducen. Es decir, la revolucin es ms complicada de lo que parece pues consiste en reconocer que los esquemas colonizadores estn en cada uno de nosotros. Debemos buscar nuevos marcos ontolgicos, gnoseolgicos y epistemolgicos que se constituyan en propuestas complementarias a la filosofa (con sus respectiva ontologa, gnoseologa y epistemologa) de Occidente.

En general, las propuestas de cambio se circunscriben a los marcos filosficos occidentales, constituyndose en cambios de forma que reproducen el germen de las desigualdades y contradicciones de este sistema. Es ese germen el que debemos atrevernos a cuestionar y cambiar. La propuesta originaria aporta en ese sentido. Lo originario es portador de un nuevo marco ontolgico que no separa al ser de la realidad, un marco gnoseolgico que no separa al sujeto del objeto y un contenido epistemolgico que no propone a la razn como la nica potencia capaz de realizar conocimiento, sino tambin plantea a la intuicin, los sueos, las visiones, los instintos y otras potencias que Occidente ha desvalorizado.

La lgica o sabidura de uso y tenencia de tierra ancestral se circunscriben en este molde filosfico por lo siguiente. El ser humano no se concibe separado de la tierra, es parte de ella y, ms all de eso, es la tierra misma (ontologa de unidad ser-naturaleza o ser-realidad); el ser humano no concibe a la tierra como un objeto de conocimiento separado del sujeto cognoscente (gnoseologa); y finalmente, el ser no observa racionalmente a la realidad, sino, la suea, la intuye, la siente y, en general, se relaciona con ella en una interaccin complementaria entre semejantes, anulando la dicotoma vivo-no vivo y ser humano-naturaleza.

La lgica de propiedad comunitaria de la tierra (y de la propiedad en general) deviene de la ontologa y epistemologa occidental debido a que asume que la tierra es un recurso externo al ser humano y, asimismo, considera a la naturaleza como un ente sin espritu; el hombre es el nico que contiene en s mismo al ser en s o espritu y a la razn. Esto le quita a la misma su autonoma de ser en, por y para s misma, convirtindola en un ente dispuesto a expensas de las decisiones que el ser humano tome por ella. La sabidura ancestral, por el contrario, considera a la naturaleza como un ser vivo con todo lo que esto implica, es decir, es un ser que s tiene la autonoma de ser en, por y para s misma, lo que anula el antropocentrismo occidental.

Tanto las concepciones de propiedad comunitaria como la de la propiedad privada que son contempladas en la Nueva Poltica de Tierras, son hijas de la filosofa occidental que no considera a la naturaleza como un ser vivo. En este contexto, cuando se alude a la modalidad de propiedad comunitaria como ancestral, se est cayendo en un error debido a que lo ancestral parte de los parmetros filosficos no occidentales mencionados arriba. Si, por un lado, la modalidad de propiedad comunitaria s existe, por otro, no corresponden a los paradigmas originarios o ancestrales. En sntesis, si hablamos del modelo de tenencia y uso de la tierra comunitario como si fuera ancestral, entonces no podemos adjetivarlo como un modelo de propiedad. Por otra parte, lo originario no se circunscribe nicamente a la organizacin comunitaria. La tendencia a inclinarse hacia un solo lado del pndulo o de las dicotomas (vivo-no vivo, comunitario-individual, sujeto-objeto, etc.) es caracterstica de Occidente. El pensamiento originario tiende a unificar los dos extremos de cada dicotoma. Por ejemplo, en el caso especfico de la dicotoma individual-comunitario, lo ancestral no se posiciona en los extremos, sino que asume una inter e intracombinacin de ambos. Las comunidades y ayllus siempre se han organizado tanto de forma individual, como familiar y comunitaria, asumiendo a todos los seres de la naturaleza y la realidad como parte del individuo, la familia y la comunidad.

Esto implica que dicha poltica est siendo excluyente de la filosofa originaria y su correspondiente concepcin de la tenencia y uso de la tierra que no asume la propiedad, sino que reconoce a la tierra como un ser vivo con el cual se relaciona de forma complementaria, as como se dan las relaciones entre seres humanos. Por ende, asumen que entre la tierra y el ser humano se da una relacin intercultural. Si bien esta concepcin est desapareciendo gracias a las viejas y nuevas arremetidas colonizadoras, an persiste en algunas comunidades y ayllus en nuestro pas. Dejar de tomarla en cuenta es excluir a una parte de la poblacin boliviana que detenta lgicas y prcticas ancestrales que se pasan por alto. Solamente se toman en cuenta las lgicas que ya han asumido la esencia filosfica occidental.

La Revolucin Agraria. Reconduccin comunitaria de de la Reforma Agraria es el logo que se ha utilizado para denominar a la Nueva Poltica de Tierras. El trmino de revolucin implica realmente cambiar las lgicas colonizadoras y devolverle a lo ancestral el lugar que hasta ahora se le ha negado. Consideramos que si no se reconoce la lgica de NO PROPIEDAD de la tierra, entonces no se est llevando a cabo una revolucin pues nicamente se estn cambiando aspectos de forma dentro de la filosofa occidental, dejando de lado, una vez ms, la filosofa ancestral.

Acerca del territorio y las nuevas polticas colonizadoras del mismo. Caso especfico de los Biocombustibles.

Como apuntamos ms arriba, el territorio es eje central de las nuevas tendencias colonizadoras, las que requieren en la actualidad, grandes porciones de tierra para producir y explotar recursos naturales. Las nuevas polticas concentradas en los biocombustibles son parte de este contexto y se circunscriben a los siguientes elementos:

a) La arremetida de los organismos multilaterales y convenios bilaterales que promueven falsos argumentos y beneficios de la industria bioenergtica, cuando en realidad, toda la informacin al respecto demuestra que los biocombustibles agudizan la filosofa de explotacin de la tierra y de erosin de la diversidad gentica y de la sabidura ancestral del manejo de la misma. Esto atenta contra la descolonizacin y la soberana alimentaria que propone la Nueva Poltica de Tierras.

b) La imposibilidad de lograr un verdadero cambio de matriz energtica debido a que se necesitara 3 mundos para cubrir la demanda mundial de bioenerga. Este hecho va en contra de la fachada discursiva que intenta mostrar a la bioenerga como una alternativa ecolgica. Por lo mismo, atenta contra las bases de la Nueva Poltica de Tierras.

c) Se devela otra faceta del recolonialsimo encubierta en la estrategia bioenergtica: la apropiacin de las tierras del sur y la reinsercin de los intereses globales, cancelando la soberana nacional y proporcionando trabajos (esclavistas) y la destruccin de la filosofa, economa, sabidura, cultura, sociedad del otro, el no occidental, el indgena/originario.

PROPUESTA.

De acuerdo a la contextualizacin que acabamos de realizar proponemos lo siguiente:

a) El diagnstico de la Nueva Poltica de Tierras (as como en la propuesta en general) se olvida de una tercera[3] modalidad de uso y tenencia de tierra: aquella que no concibe la propiedad ni privada ni colectiva, sino que asume a la tierra como un ser con el que establece relaciones inter e intraculturales. La tierra es parte de la familia y de la comunidad, no es propiedad.

Por otra parte, si se quiere paliar el tema de la comercializacin de tierras y su consecuente fragmentacin (minifundio), entonces es menester devolverle a la visin de no propiedad de la tierra su lugar y su valor en tanto el trmino de propiedad implica, de hecho, la posibilidad de compra y venta de tierras.

b) Consideramos que en la visin de la Nueva Poltica de Tierras, en la parte en la que se hace referencia a que Bolivia representa un ejemplo en el manejo adecuado y sostenible de los suelos, el agua, de los bosques y de la biodiversidad y, tambin, a los sistemas de conservacin manejados por comunidades indgenas acorde a sus conocimientos histricos, se debera aclarar que esta caracterstica es fruto de una visin que aun persiste en este pas, que asume a la naturaleza como un ser vivo o un conjunto de seres vivos que se relacionan con el ser humano en complementacin y complementariedad sin ningn centrismo ni dicotoma, hecho que posibilita el respeto a la madre-padre naturaleza. Incorporar en el texto esta visin ancestral, por primera vez en la historia de nuestro pas, aportara a la bsqueda de complementariedad entre Occidente y lo Indgena/Originario.

c) En las bases de la Nueva Poltica de Tierras se propone la descolonizacin. Nos parece que este concepto esta parcialmente definido. El problema con este concepto es que se asume, generalmente, que la descolonizacin se circunscribe nicamente a un cambio de lugar en la relacin dominador-dominado, que pone al segundo en el primer lugar. La descolonizacin debe estar definida de acuerdo a la incorporacin de una nueva visin de el uso y la tenencia de tierra (la de No PROPIEDAD) que puede ser asumida por aquellos que la consideren pertinente o inmanente a su identidad (sean estos de rasgos fenotpicos indgenas/originarios o no). Esta nueva visin ser la punta de lanza de la descolonizacin que se vaya a desenvolver en el interior de cada individuo de este pas que desee descolonizarse. En sntesis, consiste en dar la posibilidad a los bolivianos que as lo decidan, de autodeterminar su identidad de unidad con la naturaleza y desechar la identidad alienada de separacin y desequilibrio con la misma.

d) La categora revolucionaria debe ser reconsiderada, en caso que no se asuma la exigencia de incorporar el marco filosfico propositito de lo indgena/originario.

e) La Nueva Poltica de Tierras no considera la temtica de biocombustibles, lo que puede atentar contra los propsitos de la Nueva Poltica de Tierras.

CONCLUSION.

En el marco de lo expuesto en este documento, es preciso concluir que una propuesta revolucionaria (aunque esta caracterstica no es privativa de lo que apuntamos a continuacin) siempre est unida, inseparablemente, a un marco filosfico, a una visin de la realidad. Y, normalmente, los cambios propuestos no consideran que es desde este que deben plantearse y organizarse. Es preciso que la visin de la realidad occidental y su concepcin de propiedad de la tierra, vaya acompaada, no reemplazada, por la visin de realidad que no asume la propiedad de la tierra. De este modo, es preciso intentar que esta Nueva Poltica de Tierras se circunscriba a un marco de visin de pas (en la CPE) que asuma la autonoma, la autodeterminacin, la independencia, la soberana y la seguridad de Bolivia como nacin.



[1]El mbito ontolgico es la parte de la Filosofa que se preocupa por la cuestin del ser y su relacin con la realidad. Verbigracia, la ontologa que sigue Occidente asume que el ser est separado de la realidad, en cambio, la ontologa originaria reconoce la unidad inseparable ser-realidad. Por su parte, el mbito epistemolgico es aquel que se preocupa por el cmo accedemos al conocimiento del ser, es decir, a la metodologa de conocimiento. Normalmente, todas las propuestas de cambio se circunscriben nicamente al rea epistemolgica, lo que posibilita, por ejemplo, incorporar en las tecnologas agropecuarias la sabidura ancestral. El problema es que el marco ontolgico que se asume por dado y no se cuestiona corresponde a occidente, hecho que adecua tales sabiduras ancestrales a los marcos conceptuales occidentales. El reto es reconocer que as como existen distintos esquemas epistemolgicos (tecnolgicos), estos mismos tienen una esencia ontolgica diferente a la occidental, la cual es siempre dejada de lado, viabilizando, de esta forma, la colonizacin.

[2] Reflexiones sobre la Asamblea Constituyente: La confrontacin ideolgica Occidente/Originario. Artculo publicado el 2007-02-13 a horas 12:05:07 en Bolpress.

[3] El diagnstico reconoce nicamente la propiedad privada y la propiedad comunitaria de la tierra.



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