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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-05-2007

Escudo antimisiles: La irresistible carrera de George W. Bush

Higinio Polo
El viejo topo


La evidencia del desorden planetario frente a la profeca sobre la llegada de un mundo ms seguro que lanz la propaganda liberal tras la desaparicin de la URSS, y la catica globalizacin en curso, junto al estallido de nuevas guerras y la preparacin de otras, casi siempre por iniciativa de Washington, son fuentes de preocupacin en todo el planeta, en unos aos de transicin desde un espejismo unipolar a un escenario estratgico ms complejo donde se dibuja ya la decadencia del predominio norteamericano, an hegemnico, gobernado por un poder econmico y militar que, pese a los contratiempos estratgicos sufridos y pese a las tendencias que se anuncian, se resiste a admitir que debe compartir reas de influencia con otras potencias globales. Por eso, el rumbo que muestra la accin internacional norteamericana augura un progresivo enfrentamiento entre pases, porque la guerra es, de nuevo, el principal recurso exterior de Washington. No es casualidad que Putin haya dicho que el empeo norteamericano en afirmar su poder solitario sobre el mundo es una frmula hacia la catstrofe: incluso estadistas de pases aliados de Washington creen lo mismo aunque no lo manifiesten en pblico.

As, el pasado 10 de febrero, en la Conferencia de Seguridad celebrada en Munich, el presidente ruso, ante representantes de cuarenta pases, plante con mayor claridad que nunca los problemas que crea en el mundo la poltica norteamericana. Qu dijo Putin? Sostuvo que la seguridad internacional abarca ms cuestiones que la mera estabilidad militar: implica la estabilidad econmica, el combate contra la pobreza, la seguridad econmica y el desarrollo global. Especulando con el concepto de un mundo unipolar, Putin afirm que quienes lo defienden se refieren a un centro de fuerza, de decisin: un mundo con un patrn, que es inaceptable y, adems, imposible. El medido discurso preparado por el Kremlin mantuvo que es el intento de introducir ese concepto de mundo unipolar, convertirlo en real con el recurso a acciones unilaterales, ilegtimas, que no han resuelto ningn problema, lo que est complicando los asuntos internacionales. Putin afirm que los Estados Unidos estn superando sus fronteras nacionales, imponiendo su poltica a otros: A quin le gusta eso?, se pregunt. Nadie se siente seguro. Frente a esa realidad, postul un equilibro razonable, entre intereses diversos, con la ONU como fuente de legitimidad: criticando al ministro de defensa italiano (que haba dicho que el uso de la fuerza era legtimo si as lo decida la OTAN, la Unin Europea o la ONU) Putin dijo que solamente la ONU poda tener esa responsabilidad.

Defendi tambin la reduccin de armas nucleares: Rusia y Estados Unidos acordaron en su da la limitacin de misiles estratgicos hasta un nmero de 1.700-2.000 cabezas nucleares para finales de 2012. Junto a ello, Putin llam la atencin sobre el peligro de militarizacin del espacio. En el aire estaba la crtica norteamericana a China por el lanzamiento de un misil antisatlite sin reparar, interesadamente, en que, como record Putin, Estados Unidos hicieron algo semejante ya en los aos ochenta. La contrariedad norteamericana radica en la constatacin de que, como titul The New York Times, China desafa la hegemona espacial de Estados Unidos, aadido al hecho de que Pekn se niega a aceptar la imposicin norteamericana: debe recordarse que Bush haba decretado, en octubre de 2006, que su pas se reservaba el dominio del espacio, al tiempo que se negaba a negociar cualquier tratado que pudiera limitar la accin de Estados Unidos en el cosmos.

Sobre el establecimiento de nuevos sistemas antimisiles norteamericanos en Europa, Putin record que ningn pas problemtico (segn el criterio norteamericano: Irn y Corea del Norte) tiene capacidad para lanzar misiles de un alcance de hasta ocho mil kilmetros ni los tendra en un futuro previsible. Tambin es obvio que un hipottico lanzamiento de un misil de Corea del Norte contra Estados Unidos va Europa Occidental contradice las leyes de la balstica. As, concluy que las razones para desplegar un escudo antimisiles en Europa eran otras.

No era la ltima cuestin espinosa que abord el presidente ruso. Record que el Tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa fue firmado en 1999, y que, en los siete aos transcurridos, slo cuatro pases lo han ratificado, entre ellos Rusia. Los pases de la OTAN se niegan ahora a ratificarlo, utilizando como excusa la presencia de tropas rusas en Moldavia y Georgia. Y qu es lo que ha sucedido en este mismo perodo?, se pregunt Putin. En esos aos se crearon bases norteamericanas en Bulgaria y Rumania, con cinco mil soldados estacionados, de manera, concluy Putin, que la OTAN avanza sus unidades militares hacia las fronteras rusas, mientras que Mosc, que ha cumplido estrictamente el Tratado, no ha respondido a esa nueva realidad. No era extrao as que el presidente ruso afirmara que la expansin de la OTAN no est relacionada con la seguridad europea, sino que es una provocacin, que rompe con los compromisos que asumieron los propios dirigentes de la OTAN en 1990 (Manfred Woerner, entonces secretario general, asegur que no se destacaran tropas fuera del territorio alemn, como garanta de seguridad a Mosc), y que se preguntase a quin interesa esa expansin de la OTAN? Dnde estn aquellas garantas?

Critic adems a la OSCE (Organizacin para la Seguridad y Cooperacin en Europa) porque no est cumpliendo los fines para los que fue creada y se ha convertido en un instrumento para defender los intereses occidentales, destruyendo los equilibrios europeos. Pese a ello, Putin no hizo referencia a los acuerdos de Helsinki que han sido incumplidos en Yugoslavia, en Alemania y en la propia URSS aunque la diplomacia rusa no olvida que los nuevos precedentes de Montenegro y Kosovo, y las tensiones en su periferia (Osetia, Transdniestria, Abjasia, Osetia, Alto Karabaj, Chechenia), aunque tienen obvias races locales, son utilizadas por Estados Unidos como instrumento de presin sobre Mosc. No en vano, la tesis de Brzezinski sobre la conveniencia de desmembrar Rusia contina siendo uno de los vectores de la planificacin estratgica de Washington.

Putin no reclam el sviet, ni mucho menos; ni especul con una nueva guerra fra: quien lanz en los pasillos esa especulacin fue la diplomacia norteamericana, y sus opiniones fueron amplificadas de inmediato por los grandes medios de comunicacin mundiales, en un vergonzoso ejercicio de manipulacin. En Munich, Putin habl de nuestros amigos americanos, recordando (frente a las acusaciones de que Rusia utiliza su potencia petrolfera y gasstica para presionar polticamente) que ms de la cuarta parte de la extraccin de petrleo en Rusia est en manos extranjeras, y que no puede hablarse de que los intereses rusos participen de forma semejante en los sectores econmicos estratgicos occidentales, acusando as a Occidente de dar con una mano y arrebatar con la otra. Esa fue su intervencin en la Conferencia.

Incluso los liberales rusos (que son pronorteamericanos) como Grigori Yavlinski, consideran que las nuevas instalaciones del escudo antimisiles que proyecta Bush en Polonia y Chequia son una provocacin. La oposicin comunista rusa reconoce que Putin ha cambiado la poltica exterior de los aos de Yeltsin, aunque no por ello le dedica elogios por su poltica global. Putin no amenaz en Munich: simplemente, pretendi cerrar la etapa de postracin y dependencia que Yeltsin impuso a la poltica exterior rusa. Tras casi quince aos de retroceso poltico de Mosc, atravesado por el desastre de la dcada de Yeltsin (cuyo gobierno, en trminos geoestratgicos, protagoniz una verdadera traicin a Rusia), Putin, aceptando la evidencia de la prdida de influencia rusa en Europa oriental, pretende hacer valer los intereses del pas en el espacio postsovitico, en las repblicas que formaron con ella la URSS. Es una pretensin razonable, y una equilibrada poltica norteamericana debera tenerla en cuenta, pero no ha sido as hasta ahora. La manifiesta contrariedad norteamericana por el discurso de Putin en Munich se explica porque, por primera vez en quince aos, se verbalizaba una oposicin tajante a su nuevo diseo estratgico, y, tambin, porque Washington ha empezado a encontrar dificultades en la aplicacin de su poltica, que no es otra que conseguir la incorporacin de todas las antiguas repblicas soviticas a su esfera de influencia, continuar presionando a Mosc, imponer la plena libertad en la zona para sus empresas y compaas petrolferas e, incluso, asegurar la colocacin de agentes suyos en los gobiernos de la periferia rusa: Georgia es un ejemplo acabado de los objetivos norteamericanos. En esa poltica cobra sentido la instalacin de un escudo antimisiles en Europa, cuyo objetivo no es Irn, ni Corea, ni oscuros terrorismos, sino Rusia.

Mientras, los planificadores de la poltica exterior rusa creen que el futuro vendr determinado por un esquema de cinco potencias (USA, China, Rusia, UE, India) donde Mosc podra desempear un papel equidistante entre occidente y las potencias asiticas. Algunos, en la estela de la OCS, hablan de un tringulo ruso-chino-indio que limite el poder norteamericano y se oponga a su penetracin en Europa y Asia. La reciente cumbre, en Nueva Delhi, de Sergei Lavrov, Li Zhaoxing y Pranab Mudherjee, ministros de Asuntos Exteriores de Rusia, China e India, va en esa direccin. El escenario se mueve.







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A finales de 2005, el presidente ucraniano, Yuschenko, (todava exultante por la victoria de la revolucin naranja) haba reclamado que los dirigentes de los pases blticos, del Cucaso y de Europa central cooperasen, siguiendo los mecanismos del recin creado Foro de la Comunidad de Opcin Democrtica, FCOD, un invento de la diplomacia norteamericana para seguir acosando a Rusia. Yuschenko afirmaba, con fingida candidez, que el foro slo pretenda estimular los principios democrticos en el rea, sin pronunciarse contra ningn pas. El foro fue impulsado por Ucrania y Georgia y apoyado por Rumania y Letonia, satlites norteamericanos en la zona. Desde Georgia, convertida en punta de lanza de los ataques cocinados en Washington, el gobierno acusaba a las tropas rusas de suministrar armamento a regmenes separatistas, aludiendo a Osetia y Abjasia, pretendiendo ignorar la evidente intervencin norteamericana, cuando, adems, segn los acuerdos firmados, Mosc retirar de Georgia sus ltimos soldados en 2008. La nueva doctrina militar georgiana haba sido elaborada en el marco de la cooperacin con la OTAN, y directamente supervisada por Washington. Saakashvili, el presidente georgiano, aprovech para acusar a Mosc de utilizar el aumento del precio del gas con fines polticos.

En las mismas fechas, Yuri Baluyevski, jefe del Estado Mayor ruso, declaraba que Rusia no se estaba preparando para una guerra nuclear, ni tampoco convencional, pese a lo cual critic a Estados Unidos por su poltica nuclear de doble rasero, que exige a Irn pero tolera a Israel. Baluyevski sealaba los intentos de la OTAN para debilitar la influencia rusa en las otrora repblicas soviticas, y subrayaba la importancia de la cooperacin militar en el seno de la CEI, que para los militares rusos debe ser una prioridad de la poltica exterior de Mosc. Baluyevski sealaba la evidente intromisin norteamericana en las revoluciones de colores, y adverta ya contra la intencin norteamericana de instalar sistemas antimisiles norteamericanos en el Este de Europa. Sus palabras se han revelado profticas.

Washington ha seguido aplicando su poltica de hechos consumados. En mayo de 2006, Estados Unidos anunci su apoyo a la incorporacin de Ucrania y Georgia al plan de accin para su ingreso en la OTAN, pese a que todos los estudios indican que la poblacin ucraniana, por ejemplo, se opone mayoritariamente al ingreso, con cotas superiores al ochenta por ciento de los ciudadanos. Washington no retrocede por ello: pese a que prefiere que el gobierno de Kiev fuerce la integracin sin consultar a la poblacin, no descarta la posibilidad de falsificar un referndum si, finalmente, hubiese que convocarlo. Por las mismas fechas, Alexander Yakovenko, viceministro ruso de asuntos exteriores, denunciaba la financiacin norteamericana y europea, sin citarlas, de ONGs rusas, como ejemplo de injerencia. Es otro de los instrumentos de intervencin norteamericana en Rusia.

En la prctica, Estados Unidos ha creado un bloque regional en la Europa oriental que se dirige contra Mosc, pero tambin contra Europa occidental. Letonia y Estonia tienen serias deficiencias democrticas, que invalidan su poltica, plegada a los intereses norteamericanos, por no hablar de la Polonia revanchista de los hermanos Kaczyński. En Vilna, la capital lituana, (con ocasin, el mismo mes de mayo, de una Conferencia internacional de pases del Mar Negro y del Mar Bltico, que define un mbito geogrfico absurdo, pero diseado por el Departamento de Estado norteamericano con un claro contenido antiruso), el vicepresidente Richard Cheney pronunci un agresivo discurso contra Rusia, tan severo que llev a los periodistas presentes a especular con el espectro de una nueva guerra fra. La implcita amenaza contra Mosc, y la spera advertencia de que Washington tiene intereses nacionales en toda la periferia rusa, mostraba la ambicin norteamericana y el deseo de reducir la influencia rusa en el rea: Estados Unidos da por consolidado su dominio sobre la Europa oriental (desde Polonia, Chequia, Hungra, Rumania, Bulgaria, hasta los pases blticos) y se dispone a seguir incorporando pases-cliente, como Georgia y Ucrania, sin olvidar intervenir solapadamente en los focos de conflicto en el interior de Rusia, con tres instrumentos principales: la presin diplomtica, el apoyo a ONGs mercenarias y la utilizacin de provocaciones terroristas. Robert Gates, el nuevo responsable del Pentgono, mostr en la cumbre de Sevilla su preocupacin por la, segn l, imprevisible evolucin de Rusia, China, Irn y Corea del Norte: era una nueva vuelta de tuerca en la carrera hacia adelante para conseguir que el Congreso norteamericano aumente los recursos militares. El presupuesto del Pentgono asciende a ms de 620.000 millones de dlares, el doble de lo que Estados Unidos gastaba en los momentos ms tensos de la guerra fra, y es veinticinco veces superior al presupuesto militar ruso.

Existen desencuentros en la exploracin del espacio: Rusia y Estados Unidos mantienen la EEI, Estacin Espacial Internacional, pero se ha puesto fin a la cooperacin espacial de finales de los noventa. De hecho, Washington pretende liquidar la EEI (un proyecto conjunto de Estados Unidos, Rusia y la Unin Europea), cuyos acuerdos terminan en 2010, para centrarse en sus propios proyectos. Es grave: se liquida as un proyecto de colaboracin, para entrar en una espiral de enfrentamiento inevitable, que Washington tiene esperanzas de ganar. Sabe que Rusia no puede mantener por s sola la estacin (la Unin Europea es, a estos efectos, mera comparsa) y Estados Unidos quiere acabar con la supremaca rusa en el lanzamiento de cohetes espaciales (que sigue conservando). Las presiones diplomticas norteamericanas sobre clientes europeos y asiticos de la cosmonutica rusa han empezado a aumentar. Como era previsible, Anatoli Perminov, director de la Agencia Espacial rusa, declar que su pas no participar en el programa norteamericano a la Luna.

La falta de cooperacin espacial es muy significativa porque afectar a los planes militares y al despliegue del nuevo escudo antimisiles norteamericano, que, segn los planes del Pentgono, ser ampliado en los prximos aos, con el objetivo de conseguir la definitiva hegemona militar. Por eso, el gobierno Bush proclam a finales de 2006 que se reservaba el espacio para asegurar la defensa del pas: otorgndose el papel de guardin del cosmos, Washington pretende controlar el sistema de observacin espacial que, adems, quiere que sea nico y que permanezca en sus manos, acaparando as las comunicaciones, asegurando su dominio tecnolgico y supervisando el desarrollo de nuevos sistemas espaciales. En esencia, un monopolio norteamericano sobre el cosmos.

Segn fuentes militares, el sistema antimisiles que Estados Unidos pretende instalar en Polonia y Chequia estara compuesto, en el caso polaco, de diez unidades de misiles con un alcance de seiscientos kilmetros y una velocidad de cinco kilmetros y medio por segundo. Los misiles balsticos alcanzan velocidades superiores, por lo que no seran eficaces contra el actual armamento ruso, pero sientan un precedente para instalar nuevos sistemas en Europa, muy cercanos a las fronteras rusas, y, adems, Washington piensa continuar desarrollando mejores mecanismos de interceptacin y de mayor alcance. Para justificar el despliegue del escudo, Washington esgrime la amenaza de Irn y Corea del norte, pero ese argumento no es creble, entre otras razones porque si fuera cierto podra desplegar el escudo en Turqua, orientado hacia Irn, y en Japn, ms cercano a la pennsula coreana. Menos creble an es que esos sistemas sean un escudo contra ataques terroristas, como abusivamente ha presentado la diplomacia norteamericana. Con razn, Putin se preguntaba en Munich acaso los terroristas tienen armas balsticas?

El nuevo radar que Estados Unidos ha previsto instalar en Chequia (cuyo radio de accin sera posteriormente ampliado con instalaciones martimas y en el espacio) es rechazado mayoritariamente por la poblacin checa: segn todos los sondeos disponibles, apenas un veintiocho por ciento de los habitantes aprobara esa medida. Pese a ello, el gobierno conservador de Mirek Topolanek estima, pese a las evidencias, que aumentar la seguridad en su pas y en Europa. El Partido Comunista checo, KSCM, que reclama un referndum sobre la cuestin y est impulsando una campaa de recogida de firmas, denuncia la posicin del gobierno y de los partidos de derecha, as como del partido socialdemcrata, que pretenden conseguir el apoyo popular a las instalaciones norteamericanas, asegurando para ello que crearn puestos de trabajo. Algo parecido a lo expuesto por Topolanek planteaba el primer ministro polaco, Jarosław Kaczyński, cuando, tras hablar con Condoleezza Rice sobre el despliegue de los nuevos misiles en Polonia, afirm que su gobierno consideraba beneficiosa esa decisin, tanto para su pas como para Europa, pese a que tambin la mayora de los ciudadanos polacos se opone a la instalacin de los misiles norteamericanos. La condicin de pas satlite de Polonia quedaba al descubierto por la premura de las consultas: a finales de enero de 2007, la ministra de Asuntos Exteriores polaca, Anna Fotyga, declaraba que su gobierno estaba estudiando la propuesta norteamericana, y que no estaba an preparado para adoptar una decisin definitiva. Las presiones norteamericanas allanaron el camino: quince das despus de esa declaracin de Fotyga, el gobierno de Varsovia haba aceptado el despliegue de los misiles. Al respecto, el secretario general del Partido Comunista ruso, Guennadi Ziuganov, lamentaba la decisin del gobierno polaco, que contribuye a la tensin, al tiempo que recordaba que en Polonia estn enterrados seiscientos mil soldados soviticos que liberaron el pas del nazismo. Pero la espiral armamentista se ha iniciado: rizando el rizo, el primer ministro Jarosław Kaczyński afirmaba a finales de febrero que el rechazo ruso al escudo norteamericano supone una amenaza para Polonia y debe responderse a ella.

A propsito de la amenazante instalacin en tierras polacas, Sergei Ivanov, ministro de Defensa ruso, asegur que nadie conseguira arrastrar a Rusia a una nueva carrera de armamentos, y aunque no cit a ningn pas es obvio que se refera a Estados Unidos. Ivanov es consciente de que uno de los objetivos norteamericanos es abortar el fortalecimiento ruso arrastrando al pas a una nueva carrera armamentista. Ivanov declar a Der Spiegel que la instalacin, por primera vez en la historia, por Estados Unidos de armas antimisiles en Europa tiene repercusiones estratgicas, y Rusia debe responder. La respuesta ser asimtrica, pero eficaz, segn las declaraciones de responsables militares rusos, atendiendo a la nueva realidad: los servicios secretos rusos, FSB, establecen que los dos focos ms peligrosos para su pas son la inestabilidad en Oriente Medio y el intento norteamericano de aumentar sus fuerzas militares en las fronteras rusas. Nikolai Patrushev, director del FSB, citaba a finales de enero el nuevo despliegue de la OTAN en Europa oriental y en el sur de Rusia (Cucaso), y las disputas de Abjasia, Transdniestria y Osetia del sur, como cuestiones ms preocupantes para la seguridad de Rusia.

Cuando Reagan anunci la IDE, Iniciativa de Defensa Estratgica, la idea del Pentgono era instalar un escudo antimisiles en el espacio. Ese proyecto fue abandonado tras la desaparicin de la URSS, aunque Clinton decidi en 1999 desplegar nuevos sistemas de defensa antimisiles en Estados Unidos (que se encuentran en silos subterrneos en Alaska y Maine, y que cubren por el norte y por el sur todo el continente euroasitico). Despus, Bush abandon unilateralmente, en diciembre de 2001, el Tratado de Misiles Antibalsticos, ABM, que se haba firmado con la Unin Sovitica en 1972, contrayendo una grave responsabilidad en la ruptura de los equilibrios mundiales.

El proyecto de escudo a instalar en Polonia y Chequia no es el nico paso agresivo dado por Washington. A principios de febrero de 2007, Estados Unidos trasladaba el mayor radar de que dispone sobre una plataforma flotante (que es, adems, el mayor del planeta) desde Pearl Harbor hasta Adak, en las islas Aleutianas. Ese radar, que forma parte del sistema antibalstico norteamericano, est orientado ahora hacia la pennsula siberiana rusa de Kamchatka, y conectado a los misiles desplegados en Alaska que vigilan toda la Siberia Oriental y China. Pocos das despus, Robert Gates anunci en el Congreso la necesidad de reforzar la capacidad militar norteamericana, colocando a Rusia y China entre los potenciales adversarios y utilizando conceptos ambiguos que llevaron a muchos analistas a preguntarse si se preparaba una guerra contra Rusia. Por su parte, el almirante retirado Michael McConnell, nombrado a finales de febrero nuevo responsable de Inteligencia norteamericano (en sustitucin del siniestro John Negroponte), proclamaba que haba que prestar ms atencin a Rusia, escenificando as el final de la cooperacin con Mosc, aunque visto desde una perspectiva global esa cooperacin fue, en los doce aos posteriores a la desparicin de la URSS, mera sumisin rusa a los planes norteamericanos. Apenas unos das despus, el vicepresidente Cheney criticaba el creciente poder militar chino.

Conscientes del impacto mundial de esas iniciativas, algunos responsables norteamericanos pretendieron acallar las crticas siguiendo un guin tranquilizador que, sin embargo, no aportaba nuevos elementos. As, negando la evidencia de que el despliegue de nuevos sistemas militares nunca es una medida amistosa, el general norteamericano Bantz Craddock, nuevo jefe de las fuerzas de la OTAN en Europa, manifestaba en Varsovia que Rusia no tena nada que temer a consecuencia de las nuevas instalaciones norteamericanas en Europa oriental. Fiel a la tradicin intoxicadora de su diplomacia, el embajador norteamericano en Ucrania, William Taylor, intervena asegurando que su pas no entenda el rechazo de Mosc a las nuevas instalaciones, al tiempo que, en flagrante contradiccin, aseguraba que el gobierno ruso haba reconocido que el sistema antimisiles previsto para desplegar en Polonia y Chequia no era una amenaza para Rusia. Aadiendo nuevos elementos de preocupacin para Rusia (en una muestra de torpeza, o bien de calculada presin), Taylor aseguraba que no haba negociaciones en curso para la instalacin de parte de esos sistemas en Ucrania. El 23 de febrero, Henry Obering, jefe de la Agencia antisimiles norteamericana, mientras reiteraba que el despliegue no estaba dirigido contra Rusia, anunciaba que, dentro de cuatro aos, el primero de los misiles del nuevo sistema estara operativo en Polonia.

Rusia dispone ahora de mayor capacidad presupuestaria para hacer frente a los cambios en el equilibrio estratgico. Gracias a ello, el Ministerio de Defensa ruso ha decidido instalar diecisiete nuevos misiles balsticos intercontinentales y lanzar cuatro satlites. Para los prximos ocho aos, Rusia quiere modernizar sus Fuerzas Nucleares estratgicas con treinta y cuatro misiles instalados en silos y sesenta y seis sistemas de misiles Topol-M que se emplazan en tierra, cincuenta nuevos aviones con capacidad para misiles estratgicos y ocho nuevos submarinos, adems de mejorar sus sistemas defensivos de radar. Yuri Baluyevski, jefe del Estado Mayor ruso, anunciaba a mediados de febrero que Rusia podra abandonar el Tratado sobre eliminacin de misiles de corto y medio alcance (INF, segn las siglas norteamericanas), como respuesta a los planes de Washington. Ese Tratado fue firmado en 1987, y obligaba a que no se fabricasen, ensayasen ni instalasen misiles de corto alcance (entre quinientos y mil kilmetros) y medio alcance (entre mil y cinco mil quinientos kilmetros), que Estados Unidos ha violado, al tiempo que se desmantelaban los misiles existentes de esas caractersticas. El Tratado sobre defensa antimisiles descansaba sobre la idea de que si se eliminaba la posibilidad de lanzar un primer ataque nuclear, impidiendo el despliegue de sistemas antimisiles, tanto Estados Unidos como la URSS seguiran expuestos a la destruccin mutua asegurada y eso mantendra la paz. Por el contrario, si un pas crea estar a resguardo de un primer ataque, poda caer en la tentacin de ser el primero en lanzarlo: esa concepcin fue compartida por los estrategas soviticos y norteamericanos, y esa arquitectura de seguridad es la que est destruyendo el gobierno de Bush.

Adems, como apunt Baluyevski, el despliegue de nuevos sistemas antimisiles llevar a una carrera por perfeccionar misiles en todo el mundo. Una nueva carrera de armamentos: esa es la responsabilidad que contrae Estados Unidos con su imposicin sobre Polonia y Chequia. Los militares rusos confan en los nuevos misiles Topol M, con base en tierra, y Bulava 30, que se despliegan en el mar, para responder a la nueva amenaza. Las palabras de Baluyevski, que fueron matizadas por el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, eran una lgica reaccin a los planes del Pentgono en Europa oriental. El propio Lavrov declar a finales de febrero que, si esos sistemas se instalaban finalmente, Rusia respondera, al constatar que las nuevas armas norteamericanas slo podan tener como objetivo el territorio ruso. Algunos sectores del ejrcito ruso han manifestado incluso su temor de que Estados Unidos fuerce la situacin instalando nuevos componentes de esos misiles en los pases blticos, antiguas repblicas soviticas.

De manera que las ms importantes decisiones de Washington apuntan al estallido de nuevas guerras. Paul Craig Roberts, que fue subsecretario del Tesoro con Reagan, alarmado ante las consecuencias que podra tener un ataque norteamericano contra Irn, que podra llegar a ser nuclear, afirmaba recientemente que era imperativo detener la deriva guerrera y armamentista de Bush, para lo que peda un ataque internacional contra el dlar, para conseguir su hundimiento y detener as la poltica de Bush, que estara privado de la financiacin necesaria para la guerra. Craig recordaba que, como haba afirmado Putin, el presupuesto militar norteamericano es veinticinco veces mayor que el ruso. Craig, que califica de tteres norteamericanos a los pases de Europa central y oriental (los blticos, Polonia y Chequia, Rumania y Bulgaria), mantiene que la OTAN no es un tratado defensivo, sino un instrumento para consolidar el imperio norteamericano en el mundo. Sus palabras son reveladoras, porque no proceden de un peligroso comunista, sino de un miembro de los crculos de poder norteamericanos.

Zbigniew Brzezinski, asesor del Consejo de Seguridad Nacional en la presidencia de Jimmy Carter, anunci a principios de febrero en el Congreso norteamericano que era probable la fabricacin de un atentado incluso en el interior de Estados Unidos para justificar el ataque militar norteamericano a Irn. Brzezinski no es un pacifista, ni un moderado: baste recordar que postula la desestabilizacin de las regiones perifricas de Rusia como el mejor camino para acabar para siempre con la fortaleza rusa, incluso con el actual Estado ruso, y que vera con satisfaccin el desmembramiento del pas.

Todos esos indicios muestran la peligrosa situacin que ha creado Estados Unidos en el mundo, mxime cuando, adems de las instalaciones en su pas, Washington dispone en la actualidad de setecientas treinta y cinco bases militares en cinco continentes, que cuentan con un total de ochocientos cuarenta mil soldados, incluyendo a los acantonados en Estados Unidos. Dispone, adems, de convenios de cooperacin en otras doscientas cincuenta instalaciones militares ms en el exterior, gracias a acuerdos a menudo opacos o secretos con gobiernos de diferentes pases.

Estados Unidos (que se siente ganador de la guerra fra, aunque constata sus crecientes dificultades) se resiste a aceptar que no puede imponer un mundo unipolar, y que las tendencias estratgicas globales caminan hacia un esquema internacional de cinco grandes potencias: China, Rusia, India, Unin Europea y Estados Unidos. Para evitarlo, no duda en preparar la guerra. La ruptura unilateral del Tratado de Misiles Antibalsticos (ABM, firmado por la Unin Sovitica y Estados Unidos, y que fue una pieza clave del equilibrio nuclear y del mantenimiento de la paz en el mundo) que decidi Estados Unidos cre una peligrosa situacin. Ahora, Washington ha impuesto a Europa occidental un nuevo impulso guerrero y una cua de Estados-cliente (desde Polonia y Chequia hasta los pases blticos) entre Francia y Alemania, por un lado, y Rusia y China por otro. El nuevo escudo antimisiles es otro paso hacia la guerra. Tras haber incendiado buena parte de Oriente Medio, despus de haber invadido Afganistn e Iraq, y forzado a sus aliados europeos a una sumisin que traer consecuencias futuras, y mientras prepara la guerra contra Irn, el gobierno norteamericano aumenta la tensin en Europa oriental e impulsa la carrera armamentista en el espacio. Es un nuevo peligro para el mundo: la irresistible carrera (hacia la guerra) de George W. Bush.



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