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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-05-2007

Materiales para el seminario"De Marx al marxismo latinoamericano: una aproximacin"
Antes de mayo *

Milciades Pea
Rebelin


*"mayo" hace referencia a la revolucin de independencia nacional argentina del dominio espaol ocurrida el 25 de mayo de 1810

UNIDAD I[1]

ANTES DE MAYO Formas sociales del transplante espaol al nuevo mundo

CAPITULO I: ESPAA Y AMERICA Porqu Estudiar a Espaa?

UNIDAD I1

ANTES DE MAYO Formas sociales del transplante espaol al nuevo mundo

CAPITULO I: ESPAA Y AMERICA Porqu Estudiar a Espaa?

Durante decenas de siglos las diferencias en el nivel de vida de las distintas comarcas del mundo civilizado fueron comparativamente pequeas. Existan aquellas, por cierto, pero el incremento de la poblacin, que la falta de medios de produccin adecuados no permita enfrentar con incrementos iguales o mayores en la produccin, mantena una mediocre igualdad entre la mayor parle de los habitantes de las distintas regiones. Haba, eso si, desniveles abismales entre el bienestar de unos muy pocos privilegiados y la zaparrastrosa miseria de la gran mayora. Pero hace unos trescientos anos este cuadro comenz a cambiar, de modo lento al principio, vertiginosamente despus.

Algunos contados pases acusaron un aumento paulatino de poblacin y tambin de capacidad productiva. Ellos devinieron entonces -combatindose entre si y sucedindose en el centro hegemnico las potencias directoras del mundo, las mas prsperas y las ms poderosas. Hablamos de Inglaterra, de Francia, de Alemania y de Estados Unidos. Su progreso fue producto del capitalismo industrial, esto es, de la ordenacin de toda la sociedad en torno a los intereses de la burguesa creadora de ese poder mayor que todas las coronas juntas: la industria moderna.

La burguesa desempe un papel innegablemente revolucionario en el curso de la historia. Hasta que ella no lo revel, no supimos cunto poda llegar a dar de si el trabajo del hombre. La burguesa produjo maravillas ms ciertas y mayores que las pirmides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales gticas. La burguesa no poda existir a no ser de ir revolucionando incesantemente los instrumentos de la produccin, vale decir el sistema de la misma, y con l, todo el rgimen social. Al contrario de cuntas clases sociales la precedieron, que tenan todas por condicin primaria de vida la intangibilidad del rgimen de produccin vigente, la poca de la burguesa se caracteriza entre todas las dems por la intensificacin y modificacin de la capacidad productora y sus mtodos, por una inquietud y una dinmica incesantes. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a s mismo, prescindiendo de todo aporte forastero. Ahora la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vnculos de interdependencia, todas las naciones. La burguesa somete al campo al imperio de la ciudad. La burguesa va aglutinando cada vez ms los medios de produccin, la propiedad y los habitantes del pas. Territorios antes independientes, o apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autnomos y sistemas aduaneros propios, se asocian y refunden en una nacin nica, bajo un gobierno, una ley y un inters nacional de clase y una sola lnea aduanera. A mediados del siglo XIX, a un siglo apenas de haber logrado su plena soberana sobre la sociedad, la burguesa haba creado energas productivas ms grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Nadie en los siglos pasados hubiera podido sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yacan soterradas tales energas y tantos elementos creadores (Manifiesto Comunista, 65).

Para tomar en sus manos el poder econmico y poltico, y estructurar la sociedad a su imagen y semejanza, la burguesa industrial tuvo que desalojar a los maestros de los gremios artesanos, a los seores feudales, en cuyas manos se concentraban las fuentes de riqueza. Su ascenso fue fruto de una lucha victoriosa contra el rgimen feudal. A medida que crecan los medios de produccin y transporte sobre los que cabalgaba la burguesa industrial, result que las condiciones en que la sociedad feudal produca y comerciaba, la organizacin feudal de la agricultura y la manufactura, en una palabra, el rgimen precapitalista de la propiedad, no corresponda ya al estado de las fuerzas productivas. Obstrua la produccin en vez de fomentarla. Habase convertido en una mltiple traba para su desenvolvimiento. Era menester hacerla saltar y salt. Vino a ocupar su puesto la libre concurrencia, con la constitucin poltica y social ms o menos democrtica a ella adecuada, que permita la hegemona econmica y poltica de la clase en ascenso (Manifiesto, 66). Tal fue la mentada revolucin democrtico burguesa.

El proceso se manifest en distintas formas en los distintos pases, y su expresin poltica fue diferente en cada uno. La consolidacin poltica de la burguesa se expres como violenta revolucin popular en Francia en 1789 y 1848, y en Inglaterra como guerra civil primero y luego, en el siglo XIX, como lucha por la reforma electoral y arancelaria. En Estados Unidos la lucha se produjo en torno a la evolucin de la esclavitud y culmin en la guerra civil de Norte contra Sur. En fin, en Alemania hubo conciliacin y mutuo acomodamiento de burguesa, nobleza y realeza bajo la direccin bonapartista de Bismarck.

Ni en Espaa ni en Amrica Latina ocurri nada comparable. De all proviene la esencial identidad entre Espaa y Amrica Latina. En el mundo moderno, la ex metrpoli y las ex colonias se caracterizan por su atraso y dependencia respecto a otras potencias. Ni una ni otras pudieron desarrollarse hasta hoy como naciones capitalistas industriales, vale decir, no han podido realizar lo fundamental de la revolucin democrtico-burguesa.

Sin embargo, tanto Espaa como Amrica Latina sirvieron a la expansin mundial y el triunfo del capitalismo industrial en Europa dnde estuvo confinado hasta fines del siglo XIX. El descubrimiento de Amrica abri nuevos horizontes e imprimi nuevos impulsos a la burguesa, atizando con ello el elemento revolucionario que se esconda en la sociedad feudal en descomposicin. Con el crecimiento de la burguesa brotaban necesidades nuevas que ya no bastaban a satisfacer los frutos locales sino que requeran productos coloniales y muy especialmente oro y plata. Y estos productos provenan de Amrica latina. Metrpoli y colonias sirvieron as al florecimiento del capitalismo industrial; entraron para beneficio en el remolino de la acumulacin capitalista. Ambas fueron engranajes decisivos en la estructuracin del moderno mercado mundial, en la difusin del intercambio mercantil por los cuatro confines de la tierra. Pero ni en Espaa ni en Amrica hispana jams hizo pie firme el capitalismo industrial. En su ausencia, la revolucin democrtico-burguesa se qued en ideal terico o caricatura poltica, sin llegar jams a una realidad triunfante.

Esa es, en sus fundamentos la famosa herencia que Espaa dej en sus posesiones de Amrica, herencia de la que la misma Espaa no se ha desprendido todava. Una funcin perifrica en la platea del capitalismo mundial, un raquitismo insuperable del capitalismo industrial interno. Y por lo tanto atraso, dependencia, estancamiento.

Por eso debemos estudiar a Espaa como capitulo primero de la historia latinoamericana. Las fuerzas histricas que generaron su fracaso como nacin moderna son las mismas que con igual resultado actuaron y actan sobre Latinoamrica.

Los Mitos Respecto a Espaa

Toda realidad ofrece cierto grado de resistencia al conocimiento. Pero en el proceso del conocimiento ste engendra a su vez para compensar su debilidad un andamiaje de mitos que a su turno contribuyen a hacer ms inaprensible a la realidad. Este proceso es particularmente activo en el campo histrico, y en el caso de la historia espaola reviste un carcter extraordinario. El binomio grandeza-decadencia de Espaa es un mito puro, y sin embargo todas las interpretaciones espaolas se aferran a l con inusitado fervor. Pocos quieren ver que en Espaa no hay ninguna decadencia, sino un permanente raquitismo de su desarrollo econmico. Apenas habra que asombrarse de que los historiadores burgueses, untuosos de leo sacro, llenen sus pginas con nostlgicas visiones de la grandeza espaola. Y lo malo es que hasta escritores marxistas han pisado el garlito y pretenden que Completada por la unificacin de Granada, la unificacin nacional corresponda verdaderamente al adelanto tcnico y cultural del pas. Ningn otro estaba en esa poca (fines del siglo XV) tan uniformemente preparado como Espaa para lanzarse al torbellino de la acumulacin capitalista que sigui al descubrimiento de Amrica". Y que por los aos del descubrimiento de Amrica el progreso econmico de la pennsula era uno de los mejores de Europa y que Espaa fue el primer imperio manufacturero y la primera organizacin centralista y burocrtica de la historia a partir de Roma (Munis, p. 11-13). Todo esto pertenece al reino de la fantasa qumicamente pura, sin la menor impura partcula de realidad.

Por lo pronto, la unificacin nacional de Espaa todava no se haba logrado en el siglo XV, recin comenz con los Borbones (Larraz, 17). Como lo advirti Marx, pese a la unificacin puramente externa realizada por los Reyes Catlicos, "Espaa, como Turqua, sigui siendo una aglomeracin de mal dirigidas repblicas, con un soberano nominal a la cabeza. En las distintas regiones subsistieron distintas leyes, distintas monedas, pabellones militares de distintos colores y distintos sistemas de tributacin (Marx, Espaa, 20). Bajo los Austrias, Espaa, era una federacin de cinco reinos autnomos Aragn, Castilla, Catalua, Navarra y Valencia dotados de parlamentos, constituciones, sistemas monetarios y aranceles aduaneros separados. Todava en 1700 estaba prohibido transportar metales preciosos de un reino a otro, porque estos se consideraban extranjeros entre s. (Hamilton, 192 y 204). Hay un fenmeno que caracteriza entre tantos otros el bajo grado de integracin econmica entre las distintas provincias de Espaa. La economa vasca estaba tan desintegrada del resto, que se lleg al punto de que en el siglo XVII el Fuero de Vizcaya prohiba la exportacin de mineral de hierro no solamente al extranjero sino al resto de Espaa (Salyer, Mercantilismo).

Cada uno de los reinos cuenta el impagable don Manuel Colmeiro en su verbosa, pero til Historia de la Economa Espaola se encerraba en su territorio, pona aduanas, fijaba derechos de entrada y salida y decretaba prohibiciones. Las mercaderas provenientes de Aragn eran extranjeras en Castilla, Navarra, Catalua y viceversa, de suerte que los mercaderes deban pagar derecho de peaje cuantas veces pasaban de una a otra zona fiscal.

La exhuberancia de la vida municipal, que en los primeros aos de la reconquista aislaba a las ciudades hasta el punto de parecer hijas emancipadas de la patria, se haba debilitado con el tiempo, formando pequeas naciones llamadas a formar una monarqua poderosa. Entretanto cada pueblo se gobernaba a su modo, sin hacer causa comn con los dems pueblos peninsulares; aunque obedeciendo al mismo soberano, celebraban cortes separadas, gozaban de distintos fueros, y en fin, conservaban su autonoma (Colmeiro). Verdaderamente, si se tiene en cuenta la realidad de Espaa bajo los Reyes Catlicos, bajo Carlos V y aun despus, se observa la supervivencia inalterada de las economas autnomas de cada uno de los cinco reinos peninsulares, sin que ninguna organizacin superpuesta y asimiladora abriese camino a la idea de que formaban parte de una economa nacional unitaria, se comprueba que la de cada reino no lleg a fundirse en el crisol de la nica nacionalidad. El aragons era considerado extranjero por el castellano, y viceversa. Si las barreras aduaneras interpuestas los disociaban econmicamente, el trato fiscal que se daban entre s no difera del que dispensaban a los extranjeros. Aun dentro del territorio de un mismo reino nuevas aduanas dificultaban el trnsito de los mercaderes y los sobrecargaban, sin averiguar si se trataba de mercancas obtenidas dentro del mismo pas. Si la diversidad de aduanas escinda a los reinos, los regmenes fiscales, monetarios y rentsticos eran tambin distintos (Carande, 101).

Faltaba, pues, en Espaa, antes, durante y despus de la conquista de Amrica poca en que se ubica el comienzo de su supuesta decadencia ese requisito bsico y a la vez consecuencia primarsima del desarrollo industrial capitalista, es decir, la unificacin nacional. Inglaterra y Francia, en cambio, ya haban avanzado largamente en este camino.

Causa y consecuencia de la falta de unidad nacional, en un crculo vicioso que se perpetuaba automticamente, era el atraso general de Espaa en el desarrollo del capitalismo industrial. Haba en Espaa, a no dudarlo, tantos o cuantos miles de tejedores, tantos o cuantos miles de paeros. Con enumeraciones de ese gnero consuelan sus inquietudes los nostlgicos de un pasado esplendor que nunca fue. Pero lo concreto es que en la incipiente divisin internacional del trabajo que ya comenzaba a estructurarse, Espaa apareca como un gran corral de ovejas abastecedoras de lana para la crecientemente prspera industria textil de Inglaterra. No es cierto que Espaa "pas a depender de la industria extranjera recin despus de la conquista de Amrica (Puiggrs, Colonia, 14). Siempre fue as.

La superioridad industrial de los flamencos durante la Edad Media es un hecho irrebatible de la historia econmica. Llegaron a crear la primera industria textil de exportacin a base de lana extranjera. Al iniciarse el siglo XVI Flandes comienza a ser desplazada por Inglaterra, que emprenda la industrializacin de su lana desbordando el mercado interno. Cuando se produca esta lucha industrial entre Inglaterra y Flandes, Espaa, bajo los Reyes Catlicos, converta el eje de su poltica econmica en la exportacin de lana en bruto. El contraste es suficiente para comprender que la Edad Media haba legado a Inglaterra y a los Pases Bajos una superioridad industrial que la Espaa del 1500 no recibiera de su pasado histrico. Econmicamente, Espaa tuvo una Edad Media inferior a Inglaterra o Francia (Larraz, 100). A excepcin de Barcelona y Valencia la industria de Espaa en el siglo XV fue muy escasa, teniendo apenas desarrollo. A consecuencia de esto le eran necesarios los productos de la industria extranjera. La lana que sala de Espaa en vellones tena que volver a adquirirla, a precio elevado, bajo la forma de paos flamencos, franceses y florentinos (Haberler). En 1548 las cortes de Valladolid se quejan de que la industria textil no es capaz de abastecer a la mayora de la poblacin y confan en la importacin de telas extranjeras {Carande, 163). Pese a una enorme produccin de lana fabricaban los espaoles los gneros de lana con poco arte -cuenta Colmeiro- llevndoles mucha ventaja en bondad y baratura Francia, Inglaterra y Holanda.

Un nuevo hecho confirma el atraso del desarrollo capitalista espaol. La mayor parte de las actividades comerciales e industriales se hallaban en manos de extranjeros, judos sobre todo, hasta su expulsin. Como los asuntos financieros se hallaban en manos de los judos antes de 1492 y en ellos se encontraba tambin circunscripto el pequeo comercio, qued a los espaoles slo el cambio de sus productos brutos con las manufacturas del extranjero y el transporte de estos tejidos por mar (Haberler). Los judos formaban en Espaa el mayor y ms poderoso grupo comercial, pasando por sus manos casi todas las operaciones de cambio con el extranjero (Klein). Los judos eran los financistas de los reyes, y disfrutaban por eso de privilegios que la raqutica burguesa espaola jams so. Gozaban los judos el privilegio de no ser apresados por deudas, y, como abusaban de ese privilegio para estafar a sus colegas cristianos, estos reclamaron en las cortes e retiro de tal privilegio a loa judos, pero el Rey Enrique II rechaz su pedido. Ahora bien: en todas las naciones, al comienzo de su desarrollo, los comerciantes son sobre todo extranjeros, y esta caracterstica perdura cuanto menos progresa el pas en el sentido capitalista industrial. En Inglaterra, por ejemplo el comercio exterior fue acaparado por extranjeros mientras el pas fue principalmente un exportador de materias primas. Esto cambi radicalmente al comps del progreso industrial britnico (Brentano, cit. por Len). Fue precisamente el retardo econmico de Espaa lo que les permiti a los judos conservar su posicin dominante mucho ms tiempo que en Inglaterra y Francia {Len, 81). Y la permanencia de los judos est indicando el atraso precisamente por que io que caracteriza ai capitalismo judo es su carcter comercial y usurario, es decir, explotador de un proceso de produccin ya existente y no, como el capitalismo industrial, portador de un nuevo y progresivo sistema de produccin, capaz de arrasar con el feudalismo (Marx, Capital, 2).

Y la expulsin de los judos no obedeci en lo fundamental a la presin de la burguesa espaola, ni fue sta quin los sustituy. A principios del siglo XIV Inglaterra expuls a judos e italianos, depositarios casi exclusivos hasta entonces de las empresas ms lucrativas, pero los oficios ms remunerativos de las finanzas inglesas pasaron a las manos de los ingleses mismos. Aqu nosotros sorprendemos un momento esencial de la formacin capitalista (Labriola, Capitalismo). Por el contrario, en Castilla, a partir de la expulsin de los judos se produjo un catico vaco en las transacciones comerciales, hasta que su lugar fue ocupado por italianos y flamencos (Klein). La burguesa espaola era demasiado atrasada y dbil para tomar en sus manos la herencia dejada por los expulsados. Despus de la conquista de Amrica el predominio de los extranjeros se acentu ms todava, porque comerciar con Espaa resultaba ms lucrativo que nunca. Las cortes de Segovia de 1532 denunciaron que los genoveses tenan el monopolio del comercio del jabn, y las cortes madrileas de 1552 protestaron porque los Fucar monopolizaban el azogue y toda la industria que en torno a l giraba. De modo que concluye Colmeiro no le faltaba razn a Sancho de Moncada cuando deca que los extranjeros negociaban en Espaa de 6 pares los 5 [Colmeiro).

El florecimiento de algunas ciudades se inserta tambin aunque parezca contradictorio en el cuadro del atraso general de Espaa. El privilegio de las ciudades de llevar una vida autnoma es la simtrica contrapartida del idntico derecho de los seores feudales, y, como tal, es un elemento caracterstico de la Edad Media. La autonoma de las ciudades fue progresiva en tanto sirvi de apoyo a las monarquas para poner en vereda a los nobles. Pero devino reaccionaria cuando intent perpetuarse contra la monarqua absoluta, que iniciaba la unificacin nacional, superando la autonoma local de nobles y ciudades en la unidad general de la nacin. El crecimiento del poder independiente de las ciudades por muy democrtica que sea su organizacin interna equivale en sntesis a la desintegracin del Estado Nacional, sin el cual no hay revolucin democrtico-burguesa posible. La independencia de las ciudades significa que a sus puertas es preciso pagar derechos de aduana, exactamente igual que en los puentes o caminos controlados por los seores feudales. Por eso, en ms de una ocasin, los seores feudales hicieron frente comn con las ciudades contra las monarquas absolutas defendiendo sus privilegios locales contra los intentos de unificacin nacional (Mercantilismo). Al aparecer el capitalismo seala Marx no slo se liquida la servidumbre de la gleba, sino que declina y palidece la existencia de ciudades soberanas, que es una de las manifestaciones del esplendor de la Edad Media (Capital, 1, 2).

Era tan agudo el espritu separatista de las ciudades espaolas que cobraban impuestos hasta sobre los artculos que los ganaderos trashumantes llevaban sobre el lomo de sus ovejas. Ciudades como Sevilla y Cdiz, ciudades de depsito de mercancas, defendan a toda costa sus privilegios particulares oponindose a la integracin de la economa nacional (Mercantilismo). Por otra parte, ninguna de las ciudades haba logrado transformarse en el centro econmico del pas, como ya lo era Londres en Gran Bretaa. Todo esto revela, no el podero de la burguesa espaola, sino su atraso, el que le impeda superar sus privilegios municipales para as lanzarse a la conquista del estado nacional. Mientras en Francia e Inglaterra el desarrollo del comercio y de la industria tuvo como consecuencia la creacin de intereses generales en el pas entero y con esto la centralizacin poltica, Alemania no pas de la agrupacin de intereses por provincias, alrededor de centros puramente locales (Engels, campesinos, 12). Estas palabras de Engels referentes a la Alemania del siglo XV sirven tambin como descripcin adecuada de la situacin espaola.

El exclusivismo local de las ciudades se vinculaba indisolublemente al rgimen corporativo y gremial, caracterstico del sistema de produccin medieval e insufrible para la industria capitalista. Es sintomtico que los adelantos industriales capitalistas surgieran siempre en ciudades nuevas, no corporativas, o en la industria campesina explotada por los empresarios capitalistas (Mercantilismo). Las nuevas manufacturas haban sido construidas en los puertos martimos de exportacin o en lugares del campo alejados del control de las ciudades y de su rgimen gremial (Capital, 1. 2). En Inglaterra y Francia la creciente burguesa industrial fue capaz de ignorar o socavar las reglamentaciones corporativas que trababan su desarrollo (Jaurs, I, 79). En Espaa, en cambio, lo exagerado de las trabas corporativas parecen estar en relacin directa con la incapacidad de la burguesa para derribarlas. Los fabricamos extranjeros que abastecan la mayor parte del mercado espaol elaboraban sus telas con entera libertad, de acuerdo a las conveniencias tcnicas y las preferencias del consumidor, especialmente de los nuevos consumidores americanos. En cambio la atrasada industria espaola segua fabricando estilos anticuados con tcnicas envejecidas rigurosamente fijadas por las reglamentaciones artesanales (Colmeiro). Por otra parte las industrias espaolas ms celebradas, como la de Sevilla, se caracterizaron siempre mucho ms por la calidad artesanal de su produccin que por su gran volumen y baratura (Carande, 254). Mas la revolucin industrial que multiplic el desarrollo capitalista se dej sentir precisamente en lo que Espaa no tena: en la industria textil productora de artculos baratos en gran cantidad.

La Debilidad de la Burguesa y la Ausencia de una Poltica Mercantilista

Nada revela tanto la extrema debilidad de la burguesa espaola como su incapacidad para influir decisivamente en la poltica del Estado inclinndola a su favor, al menos en esa variante conciliable con la monarqua, que era el mercantilismo. Lo que Adam Smith llam impropiamente sistema mercantil era en realidad, como indic List, un sistema industrial. La esencia de la poltica mercantilista era unificar la nacin. Como indica el mejor estudioso del problema, el mercantilismo procura disolver los exclusivismos locales de la Edad Media en un poderoso exclusivismo nacional que fortalezca al pas frente a sus competidores extranjeros. Proponiendo una rigurosa reglamentacin y planificacin de la economa nacional para sus transacciones con el exterior, el mercantilismo bregaba en todo momento por la libertad de comercio en el sentido de eliminar los particularismos localistas que dificultaban el trfico interno. Pese a la falsa versin acuada por Adam Smith, el mercantilismo no buscaba el oro por el oro mismo sino como medio de fortalecer la economa nacional, y por ello, mediante una balanza de pagos favorable, estimulaba el desarrollo industrial que permita exportar artculos manufacturados y comprar materias primas. Es evidente,-deca un ministro ingls ante el Parlamento en 1721 que nada contribuye tanto al aumento del bienestar pblico como la exportacin de manufacturas y la importacin de materias primas (List, 63).

En Espaa jams existi una poltica mercantilista. No hubo por de pronto unificacin real del pas ni liquidacin de los particularismos locales. A pesar de las protestas de los mercantilistas, cada uno de los cinco reinos discriminaba muy poco entre los otros 4 y las naciones extranjeras. De hecho, Castilla recaudaba el mismo tributo sobre las mercancas introducidas en el arzobispado de Sevilla desde el interior que sobre las tradas desde afuera (Hamilton, p. 196). Y una proteccin a la industria, base del mercantilismo, menos todava. Los reyes catlicos de quines se ha repetido, sin el menor fundamento, que se inspiraban en principios mercantilistas estimularon con reconocido fervor la ganadera pensando en la exportacin de lana como principal instrumento de su poltica econmica. Una concepcin mercantilista no se hubiera contentado con vender al extranjero la lana castellana; hubiera procurado que se la industrializase en Espaa, tanto ms cuanto que la produccin de gneros era insuficiente, al grado de requerir la importacin desde el exterior (Carande, 163). La poltica comercial de Espaa en el siglo XVI era la tradicin viva de la Edad Media, cuando las aduanas tenan un carcter puramente fiscal. Por eso la autoridad en vez de seguir la regla mercantilista de promover la exportacin y embargar la importacin, observamos que de ordinario se allana la entrada y entorpece la salida de gneros y frutos. Varias son las cosas que las leyes no permiten sacar del reino; pocas las que no pueden introducirse y muy raras veces se encuentra una palabra o se descubre un pensamiento del sistema mercantil (Colmeiro).

El nico elemento presuntamente mercantilista de la poltica espaola fue el afn por conservar los metales preciosos dentro de las fronteras del reino. Pero el parecido es slo aparente. El mercantilismo no slo buscaba acumular metales; explicaba que para lograrlo haba que exportar ms que lo que se importaba y para ello era preciso vender artculos manufacturados e importar materias primas. En cambio la poltica espaola no haca sino continuar la tradicin metalista de la Edad Media, que procuraba atesorar dentro de cada reino, feudo o ciudad, los metales preciosos por medios escuetamente policiales. Para los verdaderos mercantilistas, partidarios tericos y prcticos de la doctrina de la balanza de comercio, el derrame ininterrumpido de los metales preciosos de Espaa era prueba infalible de que su poltica superaba a la anterior, la cual se contentaba con prohibir la exportacin de metales preciosos, sin preocuparse del equilibrio de la balanza de comercio o del supervit de exportaciones. En efecto, Espaa segua aferrada a la vieja poltica metalista y por ltimo vise obligada a dejar que la plata fluyese de ella como la lluvia fluye del tejado (Mercantilismo). Mucho antes de este testimonio reciente del mejor conocedor del mercantilismo, Colmeiro haba observado ya que el afn de los Reyes Catlicos por conservar los metales preciosos no tena nada de mercantilista sino que significaba perseverar en la poltica comercial de la Edad Media.

Nada demuestra mejor la ausencia de una poltica mercantilista y la debilidad de la burguesa espaola efecto y causa operantes en accin recproca que la poltica ante las industrias de las colonias americanas. Para los mercantilistas las colonias no podan ser otra cosa que fuentes de materias primas requeridas por la metrpoli y mercado de las industrias metropolitanas. Por ello siempre que las colonias inglesas trataron de fomentar las empresas industriales, el Departamento de Comercio de la Gran Bretaa se hizo presente para impedirlo. Cuando Pennsylvania pretendi fomentar la industria del calzado, Inglaterra lo prohibi en virtud de que no poda esperarse la concesin de proteccin por las leyes a una manufactura que compitiera con la de Inglaterra por la desventaja que ello supona para ese pas. Tambin se vet una ley de Nueva York que trataba de fomentar el desarrollo de la industria de lienzos para velas de barcos, porque era ms ventajoso para Inglaterra que se importara a la metrpoli todo el camo recogido en las plantaciones con el objeto de elaborarlo. Y luego se vet una ley de Massachussets con el argumento de que la aprobacin de leyes para el fomento de las manufacturas que causaran desventajas en cualquier modo a las de este Reino ha sido considerada siempre como impropia. En este rubro nada era trivial para el Departamento de Comercio de Inglaterra, ni escapaba a su celo protector de la industria metropolitana. As lleg hasta prohibir la aprobacin de las leyes sancionadas en Virginia y Maryland que prevean la fundacin de nuevas ciudades, por cuanto las mismas deban conducir al establecimiento de industrias y atraer hacia s a hombres del campo dedicados hasta entonces a la produccin tabacalera (Haecker p. 148). Detrs de todas estas medidas estaba la burguesa inglesa, pronta a defender su industria y acrecentarla mediante la explotacin de las colonias.

Nada de eso ocurra en Espaa. Al contrario, cuando la afluencia de los metales preciosos extrados de Potos y la insuficiencia de la industria espaola provoc un colosal aumento de los precios y escasez general, las Cortes de Valladolid (1548) pedan a la Corona que se permitiese la libre importacin de productos extranjeros para Espaa y se prohibiese la exportacin de artculos espaoles a Amrica, para que as se aliviara la escasez en Espaa y se desarrollase la industria en Amrica... (Larraz, 62-4). Por cierto que no exista preocupacin alguna por proteger a la industria espaola, y las cortes presuntos rganos de la burguesa demostraban el acangrejado atraso de la burguesa espaola. Este criterio de combatir la escasez hundiendo a la industria en vez de aprovecharla para acelerar la acumulacin de capital, revela claramente la supervivencia del espritu de las ciudades medievales, cuya poltica comercial procuraba por sobre todo evitar la escasez y el alza de precios (Caranda, 161). Evidentemente, Espaa ejerci una poltica liberal para con la industria de sus colonias (Hamilton, 196). Las cortes continuaron reclamando en todo momento que se prohibiera la exportacin de gneros para Amrica, y a esas peticiones obedeci la poltica de poner trabas al comercio con las colonias, habilitndose un solo puerto y limitando los envos a las pocas oportunidades de flotas y galeones (Levene). De todo esto no se desprende, evidentemente, que las cortes tuviesen inters en fomentar la industria nacional (Haberler), ni que la burguesa espaola se sintiese demasiado ligada al desarrollo industrial de Espaa.

Espaa, Intermediaria Comercial

El monopolio del comercio con sus colonias que Espaa se reserv, slo sirvi para enriquecer al comercio de Sevilla o Cdiz y a la industria y el comercio extranjeros que se movan detrs de aqul. Llegaron a ser las Indias propiedad de una sola ciudad del reino, y las provincias interiores de Espaa y las que ocupaban el litoral del mar Cantbrico o del Mediterrneo apenas podan gozar los beneficios del comercio de Amrica por el recargo de los tributos al paso de las aduanas de tierra, de los derechos municipales y otras gabelas (Colmeiro). Y era fatal que as ocurriera, dada la escasa capacidad de la industria espaola y la ausencia de cualquier poltica favorable a su desarrollo. En el archivo de negocios extranjeros de Francia se encontr una memoria sobre el Comercio de Cdiz con las Indias en 1691, que contiene datos reveladores. La participacin de los espaoles era cinco veces menor que la de los franceses y tres veces menor que la de los ingleses. Tan corriente se volvi el empleo de comerciantes espaoles como testaferros de los capitalistas extranjeros que, dice la memoria, ni las cortes de Madrid ignoran estas secretas inteligencias, mas lo disimulan por poltica (Larraz, 144). Por otra parte muy poco tiempo demoraron Inglaterra y Francia en mantener relaciones directas con las Indias y abastecer la mayor parte del mercado colonial va contrabando. El comercio con las Indias va Sevilla-Cdiz se redujo extraordinariamente, y cuanto subsisti qued sojuzgado por los extranjeros (Larraz). Pretender que el monopolio ultramarino le permitiera a Espaa acaparar el comercio con Amrica, no fue ms que una ilusin. Espaa no tena industria con qu abastecer ese mercado; apenas poda servir de intermediaria, y muy pronto el contrabando redujo su importancia incluso en esta funcin (Carande, 157).

Casi con unanimidad los folletos mercantilistas sealaban que la poltica econmica de Espaa se basaba en principios radicalmente opuestos a los que el mercantilismo consideraba exactos (Mercantilismo). Para los mercantilistas, Espaa era el exacto modelo de lo que no haba que hacer. He ah una prueba terminante de la ausencia de toda poltica mercantilista en Espaa, consecuencia de la debilidad de la burguesa hispana, que se expresaba tambin en la composicin social de las dbiles corrientes de opinin que propiciaban en Espaa una poltica mercantilista. En Inglaterra y Francia los tericos del mercantilismo eran en su gran mayora hombres de negocios, exponentes lcidos de la pujante burguesa (Mercantilismo). Lo contrario suceda en Espaa, donde los escasos mercantilistas se reclutaban en los alrededores de la Corte y en el clero (Hamilton, 197). La burguesa espaola era incapaz de elaborar el pensamiento burgus. La tarea recaa en otras clases y grupos sociales que estaban demasiado lucrativamente vinculados al estancamiento de Espaa para intentar nada serio en el sentido de superarlo.

Como ha observado Carande, al estudioso de las ciudades medioevales de Castilla y de los otros reinos peninsulares le sorprende el exiguo peso que tuvo, en comparacin con otros pases, el tipo de ciudadano patricio enriquecido con el ejercicio de actividades industriales o mercantiles. Sedes de floreciente economa, cuyo comercio estuviera, exclusivamente, en manos espaolas, no se encuentran en el pas. El gobierno local de las ciudades de Castilla lo detentaban caballeros o hidalgos, agricultores o artesanos, algunos letrados, pero rara vez mercaderes, debido a su exiguo nmero, ms que a una eliminacin sistemtica. Es sabido que cuando los judos fueron expulsados, sus puestos pasaron no a la burguesa espaola sino a los comerciantes extranjeros.

El estudio de la poltica de los representantes de las ciudades ante las cortes denuncia con mayor nitidez todava la debilidad de la burguesa espaola. No slo hay incoherencia total en la poltica propuesta por las ciudades, sino que hay una permanente desorientacin que tiende a resolverse en el apoyo a la tradicional poltica de las ciudades medievales, completamente opuesta al desarrollo del moderno capitalismo industrial.

El Raquitismo Estructural de Espaa

No puede hablarse seriamente de decadencia de Esparta ni do que la raz de la decadencia se encuentra en los cargamentos de metales ricos procedemos de Amrica (Munis, 17) o de que su pobreza se debi a los metales preciosos que ahogaron el desarrollo manufacturero espaol (Puiggrs, Colonia, 118). Cabe preguntar porque no lo ahogaron en otros pases. Hubo en realidad raquitismo estructural, crisis de estructura, que indudablemente fue agravada por la inflacin que originaron los metales procedentes de Amrica. Pero tambin Inglaterra y Francia soportaron la inflacin. Slo que en ellos sirvi para acelerar vertiginosamente la acumulacin del capital, mientras que en Espaa arruin a la endeble industria. Si los cimientos de su economa se resintieron fue por su propia debilidad (Carande, 59). Esta debilidad de la economa espaola era la de su burguesa. Y esto explica el fortalecimiento de la nobleza y la Iglesia, que perpetuaron los obstculos al desarrollo capitalista industrial democrtico-burgus. El mayorazgo, que impeda la comercializacin de la propiedad de una familia o de una orden religiosa fue una institucin poltica que fortaleci a la nobleza y a la Iglesia en detrimento del desarrollo capitalista. El clero fue ganando de grado en grado el privilegio de la inmunidad de sus bienes hasta hacerlo extensivo a todos los que pertenecan a las iglesias y los monasterios.

Protegido por esta inmunidad, el clero continuaba aumentando sus heredades y posesiones en virtud de mandas y legados de personas piadosas, de donaciones entre los ricos y compras que hacan con el sobrante de sus rentas, de su derecho a heredar a la multitud de hombres y mujeres que entraban en las congregaciones religiosas, y por ltimo, con el beneficio de sus tratos y comercios, pues negociaban en ganados y lanas, abran boticas y tabernas (Colmeiro). Durante el siglo de decadencia la Iglesia parece haber sido la nica institucin que creci. Mucho antes del final de la Edad Media la extensin de la mano muerta y el aumento del nmero de conventos fueron condenados en las cortes y en los escritos de los filsofos morales; pero a lo largo del siglo XVI la Iglesia gan terreno y en el XVII progres a trancos de gigante. En 1619 el Consejo de Castilla informaba que el excesivo nmero de clrigos e instituciones eclesisticas estaba arruinando a Espaa, y los economistas espaoles del siglo XVII concuerdan casi unnimemente en este juicio. Hay razn para creer que la cifra conjunta de sacerdotes, religiosos y monjas se duplic aproximadamente en ese siglo, y se elevaba al final del perodo a casi 180.000 en una poblacin total de menos de 6 millones de habitantes. El celibato eclesistico contribua a la despoblacin, y la distribucin indiscriminada de limosnas agravaba el ya grave problema de la ociosidad y la vagancia. Aunque se ha exagerado generalmente la incompetencia de la Iglesia como terrateniente, el aumento de la mano muerta que acompaaba a la expansin eclesistica fue probablemente uno de los factores de la decadencia agrcola. Durante el siglo XVII la censura religiosa sobre la palabra escrita y hablada sofoc sin duda en todos los pases europeos el progreso intelectual, del cual ha dependido siempre en gran medida el progreso econmico; pero debido a la dura mano de la Inquisicin, la interferencia de la Iglesia en el saber fue en Espaa dnde alcanz mayores Proporciones" (Hamilton, 128).

El creciente predominio de la Iglesia perpetuaba el estancamiento de la economa espaola. Y este estancamiento dejaba sin trabajo productivo a grandes ncleos de poblacin, cuyas nicas ocupaciones posibles eran la vagancia a secas o la vagancia religiosa untada en leo. Y esto, a su turno, reforzaba el peso de la Iglesia. "Debemos en justicia disculpar la inclinacin de los espaoles refugiarse en lo sagrado. Pocas eran las profesiones que convidaban con esperanzas de fortuna (Colmeiro). La potencia que as gan el catolicismo fue una traba suplementaria de tipo superestructura! para el desarrollo capitalista, porque es bien sabido que en contraposicin al protestantismo, verdadera ideologa del capitalismo en la etapa de la acumulacin primitiva, la religin catlica fue en su esencia y apariencia la religin del feudalismo. Marx seal que la confiscacin de los bienes eclesisticos fue una de las fuentes de la acumulacin primitiva. El patrimonio eclesistico era el baluarte religioso detrs del cual se atrincheraba el rgimen antiguo de propiedad territorial. Al venirse aqul a tierra ste no podr mantenerse en pie (Capital 1, 2).

As ocurri efectivamente en Inglaterra, y posteriormente en Francia. Pero en Espaa fue la Iglesia quien confisc a la nacin para afianzar su propia acumulacin. (Ver Bag, 43, sobre lo sucedido en Inglaterra, dnde la Iglesia romana era como en todo el continente europeo el ms grande propietario territorial y el principal sostenedor del rgimen territorial).

Junto a la Iglesia crecieron tambin los latifundios de la nobleza a causa de los mayorazgos, y las vinculaciones (Hamilton y Colmeiro). De este modo qued efectivamente bloqueado el camino de la revolucin democrtico-burguesa. La mendicante burguesa espaola, como su colega rusa o polaca, no tena fuerza alguna que oponer a las potencias del pasado. Todava a comienzo del siglo XIX la iglesia espaola posea 9.000.000 de fanegas, la nobleza 28.000.000 y la clase plebeya 17.000.000, pero la mayora de las tierras nobles y plebeyas estaban amayarozgadas y, por tanto, imposibilitadas de enajenacin, lo cual cerraba el camino para aumentar la clase de pequeos propietarios. Muy pocas eran, en efecto, las localidades dnde estos predominaban. (Altamira cit. por Bag, Economa 152).

Se ha afirmado muchas veces que la insurreccin de las comunidades de Castilla contra Carlos V fue la eclosin de la revolucin democrtico-burguesa, en que la supuestamente progresista burguesa espaola (Puiggrs, Colonia, 13) se levant frente al feudalismo y cay derrotada. Recin entonces habra comenzado la decadencia de la burguesa hispana. La insurreccin de los comuneros sera se afirma un movimiento de la burguesa manufacturera impregnado de gran vigor y clarividencia en cuanto al progreso del pas (Munis, 20) extirpando as no slo los fundamentos econmicos del desarrollo nacional sino los derechos polticos del tercer estado y de las masas populares (Ramos, Amrica, 25). No hay un solo hecho que sustente estas generalizaciones apresuradas. Con su clarividencia habitual, Marx observ que en el fondo de la insurreccin castellana se agitaba la defensa de las libertades espaolas medievales {Espaa, 17). Pero estas libertades, precisamente por ser medievales, nada tenan que ver con la burguesa manufacturera ni con el progreso del pas en sentido capitalista. Eran libertades no slo de reunin y asociacin, sino tambin de gravar en las puertas de la ciudad los productos extranjeros provenientes de otras regiones de Espaa. Es decir, la libertad del separatismo y el localismo contra la unificacin general de la nacin. El desarrollo capitalista recin entra en su fase moderna propicia al desarrollo de la burguesa industrial cuando obtenida la unidad nacional bajo la frrea direccin de la monarqua absoluta, los elementos varios de la sociedad quedan mezclados y unidos hasta permitir a las ciudades el cambio de la soberana e independencia local de la Edad Media por el gobierno general de la burguesa (Marx, 19). La insurreccin de Castilla en cambio no tena otro objetivo que el puramente negativo de defender sus privilegios medievales contra el absorbente centralismo de la monarqua.

Pero el centralismo absolutista de la monarqua espaola solo tena una semejanza aparente con el absolutismo ingls o francs. Fue en el siglo XVI cuando se establecieron las grandes monarquas, que se constituyeron, en todas partes, sobre la decadencia de las clases feudales en continuos conflictos, la aristocracia contra las ciudades. Pero en los otros Estados europeos la monarqua absoluta se presenta como un centro civilizador, como la iniciadora de la unidad social. En Esparta, por el contrario, mientras la aristocracia se sumerga en la degradacin sin perder ninguno de sus peores privilegios, las ciudades perdan su poder medieval sin ganar en importancia moderna. Por lo tanto, la monarqua absoluta en Esparta slo superficialmente parecida a las monarquas de Europa, debe ms bien ser incluida dentro de las formas de gobierno asiticas. Esparta, como Turqua, sigui siendo una aglomeracin de mal dirigidas republiquetas, con un soberano nominal a la cabeza. El despotismo cambi de carcter en las distintas provincias; pero por desptico que fuese el gobierno, no impidi que en las provincias subsistiesen distintas leyes y costumbres, distintas monedas, pabellones militares de variados colores y variados sistemas de tributacin. Este despotismo oriental atac el gobierno propio de los municipios slo cuando se opona a sus intereses directos, pero permita alegremente a estas instituciones perdurar, siempre que tomaran sobre s la carga de hacer algo y le ahorrasen la complicacin de la administracin popular (Marx, 19-20).

El carcter peculiar del absolutismo centralista esparto! se corresponde perfectamente bien con la naturaleza especialsima del grupo social en que respald su poltica de unificacin burocrtica de Esparta. Desde luego, la monarqua, a partir de los Reyes Catlicos, aprovech el antagonismo entre la nobleza, las ciudades y la Iglesia para debilitar a los tres. Pero su respaldo directo fueron los ganaderos trashumantes, agrupados en el Honrado Concejo de la Mesta. La vida pastoril trashumante tuvo una evidente influencia en la destruccin de las fronteras de la Edad Media, que haban impedido todo progreso en las actividades comerciales.

Las marchas de los pastores con sus rebaos, largas y metdicas, extendieron el mercado de los productos pastoriles ms all de los lmites locales e incluso allende las fronteras. (Klein). Pero las ciudades y las rdenes eclesisticas, y la nobleza oponan toda clase de trabas a la peregrinacin de los ganados mestenos, sea para obtener fondos, sea para proteger a la agricultura y ganadera locales agrupadas en torno a la ciudad. Desde luego, los ganaderos mesteos aspiraban a la neutralizacin. El nacimiento de un fuerte poder central fue un blsamo para los maltratados ganaderos, pues les proporcion un aliado y un defensor contra las constantes exacciones de los recaudadores de arbitrios locales (Klein). Y a su vez la monarqua no dispona de instrumento ms adecuado para derribar el localismo que migraciones de la Mesta esa gran marea de la nica riqueza del pas con su flujo y reflujo a travs de la pennsula (Klein). La monarqua deleg en la Mesta en forma de privilegios, funciones administrativas y hasta judiciales y fiscales que correspondan al Estado central, y de este modo las ciudades, los monasterios, las casas mobiliarias, las rdenes militares, descubren en la Mesta, con razn, un poderoso freno de las inmunidades y mercedes que tradicionalmente gozaban.

De este modo la Mesta fue sin duda un instrumento centralizador favorable a la unidad nacional. Pero el slo hecho de que la monarqua delegase en una institucin particular de mbito nacional, a diferencia de las ciudades funciones propias del Estado, demuestra las debilidad de la propia monarqua en cuanto moderna monarqua absoluta, en cuanto estado soberano nacional, independiente de todo otro poder dentro de las fronteras en que ejerca su autoridad. Pero hay ms. Si la Mesta impulsaba a Esparta hacia adelante en el sentido de la unificacin nacional, tenda en cambio a detenerla en el sentido del desarrollo industrial, Su inters bsico era la exportacin de lana, y la industria textil espaola le resultaba un estorbo, igual que a los comerciantes que vivan de la exportacin de lana y la importacin de manufacturas extranjeras. Cuando Carlos V intent limitar la exportacin de lana a la mitad de la produccin anual, propiciando as la industria paera nacional, surgieron tales protestas por parte de la poderosa Mesta de quin la Corona dependa para obtener emprstitos y de los gremios de Burgos dnde se almacenaba la lana para la exportacin que se restaur la antigua proporcin de 2/3 para la exportacin y 1/3 para el consumo nacional (Klein).

El doble papel de la Mesta y la naturaleza asitica del centralismo regio manifestaciones de la debilidad de la mendicante burguesa espaola ponen de manifiesto la tragedia de Esparta; tragedia en el sentido hegeliano: situacin que no tiene ninguna salida hacia adelante. No hay en Espaa ninguna clase con intereses y fuerza como para emprender el camino de la revolucin democrtico-burguesa. La dbil burguesa slo acierta a defender sus privilegios locales, medievales, revelando as su incapacidad para elevarse a clase nacional. Pero el centralismo monrquico que no se respalda en la burguesa contra los nobles sino predominantemente en los ganaderos trashumantes contra los nobles y las burguesas locales tampoco busca una real unificacin nacional basada en el desarrollo capitalista. Apenas le interesa el absoluto control burocrtico para expoliar a todas las regiones y satisfacer las voraces necesidades de sus camarillas. En fin, la organizacin que ms potentemente se interesa en realizar la unidad de la nacin la Mesta de los ganaderos es por su misma naturaleza hostil al desarrollo del capitalismo industrial. Ningn grupo social acta acorde a las tareas que el desarrollo del capitalismo industrial les habra asignado; sus intereses los orientan hacia otra cosa, hacia una peculiar combinacin de intereses progresivos y regresivos que las neutraliza como motores de la revolucin democrtico-burguesa. El caso ms pattico de esta combinatoria endiablada lo dan la burguesa, que defiende sus libertades locales, pero se opone a la unificacin de la nacin y el desarrollo consiguiente de un gran mercado interno, y los ganaderos trashumantes, que presionan intensamente por la unificacin nacional, pero se oponen al desarrollo de la industria asignando a Espaa la funcin de exportador de lana supeditados crnicamente al industrialismo forneo.

Desde luego, no es slo en Espaa dnde se da esta situacin sin salida en que los intereses nacionales de todas las clases se entrecruzan y combinan para perpetuar el estancamiento y bloquear el camino hacia la revolucin democrtico-burguesa. Igual situacin encontramos en Rusia, en Italia, en China, en general en todos los pases que comenzaron el siglo XX sin haber logrado los objetivos de la revolucin antedicha.

Los Reinos de Espaa eran solo Indias de Extranjeros''

Posiblemente el factor ms importante en la modelacin del carcter peculiar del desarrollo histrico espaol sea la reconquista, esa obstinada lucha de casi ocho siglos contra la dominacin rabe. Por de pronto la reconquista -convirtiendo a Espaa en un gigantesco campamento durante siglos impidi el desarrollo de una agricultura prspera, y estable, ocasionando el predominio de la ganadera. Pero el capitalismo industrial slo puede surgir de las entraas de la economa agrcola en evolucin, nunca del pastoreo. Los moros y los cristianos se hacan una guerra cruel taladrando los rboles, incendiando las mieses, robando o destruyendo los ganados, poniendo a saco los lugares desguarnecidos, haciendo cautivos y llevando la tierra a fuego y sangre. Estos saltos y correras se repetan alternativamente por una y otra parte, y entonces el labrador perda su hacienda y quedaba arruinado (Colmeiro). Cmo extraar entonces la predileccin por la ganadera. Y el predominio de sta a su turno dej libre una gran masa de poblacin la ganadera demanda mucho menos mano de obra que la agricultura que hubo de volcarse a la guerra y la aventura conformando as el gusto espaol por las hazaas heroicas y su desapego por las actividades productivas (Carande, 102-6).

Por otra parte la reconquista, consumiendo las energas de la poblacin, no fue clima propicio para el surgimiento de una clase capitalista nacional, en el doble sentido de que fuera espaola es decir, no extranjera y de que sus intereses abarcaran todo el pas y no fueran puramente locales. Hasta su expulsin, los judos fueron el sector ms fuerte. Luego esta posicin la ocuparon otros extranjeros. Adems otro aspecto del mismo problema las mayores inversiones de capital en Espaa no pertenecan a la burguesa espaola sino a los grandes banqueros internacionales de la poca. En Francia la burguesa fue duea rentista del Estado antes de apoderarse de l polticamente (Jaurs 1,56). En Espaa los dueos del Estado eran rentistas extranjeros, cuyo inters era sostener a la monarqua como la soga sostiene al ahorcado en detrimento de cualquier aspiracin de apoderarse del Poder que pudiera alimentar la burguesa espaola. Si el crdito del Estado fue uno de los primeros medios de desarrollo poltico de la burguesa (Jaurs, I. 58), en Espaa, puesto en manos de banqueros extranjeros, sirvi precisamente para anonadar el desarrollo poltico de la enclenque burguesa nacional.

Todo eso quiere decir que Espaa ya en la poca de su esplendor imperial era una nacin semicolonial, abastecedora de lana para la industria extranjera y cuya economa se hallaba controlada por extranjeros y en manos de ellos. La similitud con Rusia es en este sentido pasmosa. Como ocurra en Rusia, las lneas magistrales del comercio y las finanzas espaolas conducian al extranjero, asignando un papel dirigente al capital comercial y bancario del exterior, dando un carcter colonial a todo el movimiento capitalista en Espaa (ver Trotsky, Historia, I, 26).

Las operaciones de crdito, concertadas por Carlos V, decidieron, con su larga serie de emprstitos, que camino seguiran muchos de los tesoros de las Indias. Hacia Flandes, Alemania e Italia, pasando o no por Medina, salieron, en pago de capitales anticipados por los banqueros, sumas inmensas acompaadas de cantidades tan grandes de intereses y de cambios acumulados durante varios aos, en ocasiones muchos aos, que llegaban con creces a duplicar el volumen del capital recibido (Carande, 225). Los comerciantes espaoles tuvieron que padecer la concurrencia forastera en buen nmero de sus propias actividades, desplazados por los extranjeros que las ejercan dentro del pas. El dictamen de las Cortes de Valladolid en 1548 merece ser transcripto: Que habiendo sido socorrido V.M. en Alemania y en Italia, ha sido causa de que vengan tanto nmero de extranjeros que, no satisfechos con los negocios de V.M. de cambios y consignaciones, y no contentos con que no hay maestrazgos, ni obispados, ni Estados que no arrienden y disfruten; compran todas las lanas, sedas, hierro y cueros y otras mercaderas y mantenimientos que es lo que habla quedado a los naturales para tratar y vivir. Desde luego, si los extranjeros acaparan tantas manifestaciones del comercio en la pennsula y tan grande es la parte de beneficio obtenida en Espaa (Carande, 168), la debilidad de la burguesa espaola es, pues, algo ms que una presuncin.

Ya en 1528 se quejaban las cortes de que los genoveses fueran dueos de los grandes negocios, haciendo prstamos en gran escala que recaudaban luego con rditos inconcebibles y fabulosos (Corts, 1528), Las casas genovesas eran dueas absolutas de la industria del jabn, producto que a principios del siglo XV alcanz una gran importancia, as como tambin del trfico de la seda de Granada, la ms famosa de su tiempo. Las Cortes de 1542 hablan de los siguientes artculos que se hallaban monopolizados por los genoveses; cereales, lanas, seda, acero, etc. (Haberler).

En su Memorial al Rey para que no salga dinero del Reino, Luis Ortiz poda explicarle Enrique II que con las materias primas de Espaa y de Amrica adquiridas por las naciones extranjeras por un ducado, manufacturaban esos pases artculos que vendan despus a Espaa por 10 100 ducados. Ortiz se lamentaba de que los espaoles haban sufrido mayores agravios de los europeos que los que habla sufrido Amrica de Espaa. A cambio de los meta/es preciosos los espaoles les daban a tos indios bienes o brujeras de mucho o poco valor; pero mediante la compra de productos manufacturados con sus propias materias primas, Espaa estaba enriqueciendo a otros pases y convirtindose en el hazmerrer de las naciones (Hamilton, 198).

El capital extranjero sigui manejando las finanzas y el comercio de la nacin aun mientras la corona se empeaba en dictar reglamentaciones de exaltado nacionalismo econmico. En 1772 poca de Carlos IV los franceses tenan en sus manos el mayor volumen de as transacciones mercantiles que se realizaban en Cdiz, corriente principal del comercio hispano; 79 casas de comercio mayorista pertenecan a capitalistas franceses, despus de los cuales venan en importancia los capitalistas italianos y los ingleses (Altamira, cit. por Bag, Economa, 152).

Las Cortes de Valladolid de 1548 expresaron muy concisamente la realidad de la situacin al manifestar que los reinos de Espaa se empobrecan cada vez ms y vienen a ser como Indias de extranjeros (Levene).

Las deudas pblicas de las monarquas absolutas fueron uno de los motores ms importantes de la acumulacin primitiva. Los tipos exhorbitantes de inters permitieron cosechar beneficios fabulosos a los banqueros internacionales. Esas ganancias fueron factores importantes en la acumulacin del capital, la mayor parte del cual busc probablemente salida en la industria, el comercio y las finanzas (Hamilton, 5). En Espaa las ganancias fueron astronmicas, pero las inversiones en su economa nulas. Los banqueros no se contentaban con cobrar caros sus anticipos. Ms pedan y ms obtenan. Como grandes comerciantes, monopolizaban ciertos negocios; como acreedores de la corona administraban sus rentas; como industriales acaparaban las materias primas y las importaban transformadas, a expensas de las fuerzas productivas del pas (Carande, 5).

Marx seal que los emprstitos obtenidos por Inglaterra en Holanda arruinaron a Holanda y favorecieron la acumulacin del capital ingls. Con Espaa ocurri lo contrario. Se arruin ella y enriqueci a los banqueros internacionales. En pleno esplendor imperial fue en realidad un pas semicolonial. Sus colonias de Amrica no tendran un destino mejor que el de la Madre Patria.

Esquemas y Criterios

La raz de los mitos en torno a la supuesta prosperidad capitalista de Espaa es en el fondo una incapacidad para pensar dialcticamente y soportar esta contradiccin; que un pas atrasado en el desarrollo burgus capitalista haya descubierto y conquistado Amrica. Cmo de una nacin tan atrasada poda nacer el Imperio?

Si Espaa hubiera sido atrasada el descubrimiento debi haber sido realizado por Inglaterra. Tal es el esquema del sentido comn que no puede comprender que el desarrollo histrico no es armonioso y lineal sino contradictorio y desigual, con el resultado de que las superestructuras polticas nunca se corresponden mecnicamente como dientes de engranajes. El desarrollo de la joven burguesa europea, que cabalgaba sobre las crecientes fuerzas productivas, demandaba con urgencia la apertura de nuevas rutas sobre el globo, en lo cual ya estaba implcito el descubrimiento de Amrica. Lo lgico si por lgica entendemos la ausencia de contradicciones y el esquematismo preestablecido hubiera sido que el descubrimiento corriera a cargo de las potencias con mayor desarrollo burgus y no de Espaa, que marchaba a la retaguardia. Pero semejante lgica abstracta es extraa a la historia. Fue Espaa quin por una combinacin de procesos superestructurales descubri Amrica, lo que no es sino una temprana manifestacin de la ley del desarrollo desigual, comn a toda la historia, y particularmente visible en el capitalismo. Pero a la larga la estructura econmica hizo sentir su accin y Espaa perdi bien pronto el monopolio de sus colonias y se transform en agente intermediario de Inglaterra y Francia, que luego habran de heredarla como metrpolis econmicas de Amrica Latina.

Pero el pensamiento formalista esquemtico aunque hable lenguaje marxista no puede comprender ese entronque desigual de estructura y superestructura. A la grandeza imperial de Espaa necesita inventarle una base de prosperidad capitalista que nunca tuvo. Del mismo modo, fosilizado su pensamiento por el esquema general de la revolucin democrtico-burguesa en los pases dnde triunf antes de finalizar el siglo XIX, no comprende que en los pases atrasados se da una combinacin de intereses de clase completamente distinta. Y no puede ni imaginarse que en Espaa no es la burguesa raqutica y mendicante, aferrada todava a los privilegios locales de la Edad Media, quin se esfuerza por lograr la unidad del pas sino los ganaderos trashumantes. Pero una unidad a su modo, desvinculada del desarrollo industrial interno, teniendo as un carcter simultneamente progresivo-regresivo.

El marxismo ensea a buscar las claves para entender el proceso histrico en los intereses de clases y grupos. Ese mtodo permiti advertir que en Inglaterra, Francia y Alemania, la burguesa, llegada a cierto grado de desarrollo, tena tales y cuales intereses, entre ellos la unidad del pas. El esquematismo disfrazado de marxismo saca de all la conclusin de que en todo el mundo todas las burguesas tuvieron iguales intereses y se dedica lupa o telescopio en mano a descubrir o inventar burguesas progresistas, y cada vez que aparece una realizacin poltica que en Francia o Inglaterra fue impuesta por la burguesa grita: he ah la burguesa, aunque en el pas en cuestin ella se haya opuesto a tal poltica. Los elementos peculiares de cada situacin nacional se les escapan por entero y no ven nada de lo que es sin embargo caracterstica de los pases atrasados: el desarrollo combinado, es decir, la coexistencia de etapas distintas del desarrollo histrico, la trasposicin de tareas y clases, la realizacin de tareas progresivas por clases reaccionarias que dejan su sello de reaccin en todos los elementos de progreso y la temprana ordenacin reaccionaria de las clases progresistas de acuerdo al esquema clsico trazado por el Manifiesto Comunista en base al desarrollo de la revolucin democrtico-burguesa en Inglaterra y Francia.

Para esta gente ser siempre un misterio tan impenetrable como el de la Santsima Trinidad ese mtodo concreto de anlisis histrico -el nico verdaderamente marxista que le permite a Engels descubrir que al comienzo del siglo XVI la clase ms nacional de mayor espritu nacional en Alemania no ora la burguesa sino la nobleza, ya que sta era poderosa cuando era poderoso el Imperio y Alemania estaba unida. (Engels, Campesinos, 20, 97).

CAPITULO II: LA COLONIZACIN DE AMERICA Sangre, Lodo y Civilizacin

Amrica estaba fuera de la civilizacin propiamente dicha cuando don Cristbal Coln pis su tierra por primera vez. Cierto es que los mayas quiz hubieran podido ensearle astronoma a los europeos. Cierto es que los caminos y acueductos incsicos eran admirables. Pero en su conjunto las ms avanzadas sociedades indgenas de la Amrica precolombina se hallaban recin en el estado medio de la barbarie. An no saban laborar el hierro, y por eso no podan prescindir de sus armas e instrumentos de piedra. La colonizacin espaola cort, desde luego, toda posibilidad de ulterior desarrollo autnomo, pero aport, simultneamente, un sistema de produccin superior, incorporando Amrica al mercado mundial. Por eso pudieron triunfal, un puado de conquistadores contra las multitudes indgenas que se les opusieron. Aunque ese sistema de produccin trado por Espaa se alimentaba de carne indgena masacrada en minas y obrajes.

Algunos tericos populistas condenan a posteriori la colonizacin espaola (o inglesa) partiendo de la lamentable tontera de que la misma fue inhumana. Pero no se puede condenar la colonizacin ni tampoco la esclavitud que prevaleci en la antigedad dado el hecho irrefutable de que resultaba econmicamente necesaria. Era en su momento el nico camino abierto a la humanidad para que una parte de ella pudiera ascender explotando al resto, a un creciente dominio sobre la cultura; preparando asi, objetivamente y pese a sus deseos, las bases para la emancipacin de toda la humanidad.

Condenar la colonizacin espaola es moneda corriente entre las corrientes indoamericanas como el aprismo, que pretenden dar a la lucha por la emancipacin de Amrica Latina el carcter de reconquista de un supuesto esplendor precolombino, que la colonizacin habra truncado. Pero semejante grandeza pretrita y semejante frustracin no es ms que una ilusin antihistrica: la ilusin que la piedra, la llama, y el maz eran superiores al hierro, la rueda, el caballo, la vaca, el trigo, la vid que trajeron los espaoles. Y, como toda ilusin, esta constituye una traba para la accin eficaz.

Por otra parte, slo el cinismo "ensotanado" de un catlico como Sierra puede suponer que Espaa quera elevar al indio (Ideas, 105) o que los negros eran bien tratados en Hispano Amrica (Historia, 3,26). Si hubo pocos negros fue sencillamente porque las civilizaciones indgenas que los espaoles encontraron en Amrica proveyeron suficiente masa de hombres para explotar, suerte que no tuvieron los ingleses a quienes no qued ms solucin que llevar negros a sus colonias.

En cuanto a los indios, el testimonio de Tupac Amaru entre tantos otros-escribe con propiedad cules eran las alturas evanglicas hasta dnde los indios eran elevados por Espaa.

Nos oprimen en obrajes, chorillos y caaverales, cocales, minas y crceles en nuestros pueblos, sin darnos libertad en el menor tiempo de nuestro trabajo; nos recogen como a brutos y ensartados nos entregan a las haciendas para laborar, sin ms socorro que nuestros propios bienes y a veces sin nada. Es la pintura de un sistema de explotacin de quince y ms horas de labor cotidiana, abonadas con dos reales miserables y a veces con simples vales que ni siquiera se pagan. Y entre los vejmenes salen a relucir los tratos brutales en la mina de Potos, donde los indios rinden la vida con vmitos de sangre. En fin, bastar citar algunos prrafos de una condena de muerte dictada por la Real Audiencia de Caracas para borrar cualquier duda. Dice la cristiansima y muy catlica condena: que sea sacado de la crcel, arrastrado a la cola de una bestia de albardo y conducido a la horca... que muerto naturalmente en ella por mano del verdugo, le sea cortada la cabeza y descuartizado; que la cabeza se lleve en una jaula de hierro al puerto de La Guaira... que se ponga uno de los cuartos a la entrada del pueblo de Macuto y as los dems en distintos lugares (citado en Guiaz, Epifana, 46 y 53).

Todo esto quiere decir que los espaoles demostraron ser tan buenos como cualesquiera otro, incluso tanto como los ingleses, para explotar brutalmente el trabajo humano que encontraron en Amrica (as como el que importaron de frica). Resultarla un exceso de candidez polemizar aqu con Sierra quin sostiene la ocurrente teora de que la revuelta encabezada por Tupac Amaru se debi a los excesos de un inspector (Historia, 3) o con la opinin de otro defensor de la piadosa Espaa para quin todo fue obra de las intrigas que llevaban a cabo los agentes britnicos (Palacio I, 142).

Igual que toda la etapa de la acumulacin primitiva capitalista de la cual fue parte integrante y principalsima la conquista y colonizacin de Amrica derraman sangre y lodo por todos sus poros. Como afirma Marx en El Capital del sistema colonial cristiano dice un hombre que hace del cristianismo su profesin: "Los actos de barbarie y desalmada crueldad cometidos por las razas que se llaman cristianas contra todas las religiones y todos los pueblos del orbe que pudieron subyugar no encuentra precedentes en ninguna poca de la historia universal ni en ninguna raza, por salvaje e inculta, por despiadada y cnica que ella sea (1, 2).

Esto demuestra el carcter esencialmente inhumano del capitalismo, pero no puede servir de argumento para negar el tremendo salto adelante de las fuerzas productivas que la humanidad logr mediante este sistema de explotacin. Y la conquista y colonizacin de Amrica calificada por Marx como cruzada de exterminio, esclavizacin y sepultamiento de la poblacin aborigen en las minas no fue ms que un eslabn en la expansin mundial del naciente capitalismo.

El Mito de la Colonizacin Feudal

Durante muchos aos se ha repetido que la colonizacin espaola en Amrica tuvo un carcter feudal (Maritegui fue, entre los marxistas, uno de quienes ms temprano y con mayor nfasis insisti en esta tesis. (Siete Ensayos, 12). Aparte de que Coln descubri Amrica esa es quiz la afirmacin ms repetida acerca de la colonizacin espaola. Nosotros en cambio, sostenemos que el contenido, los mviles y los objetivos de la colonizacin espaola fueron decisivamente capitalistas. Vale la pena discutir al respecto? Si se tratara de una cuestin acadmica (tal como el origen exacto de la palabra gaucho, por ejemplo) no valdra la pena detenerse en la cuestin. Pero determinar el exacto carcter de la colonizacin espaola tiene una importancia nada acadmica. Baste decir que la conocida teora sobre el carcter feudal de la colonizacin sirvi durante largo tiempo a los moscovitas criollos como teln de fondo para afirmar que la Argentina muestra an hoy en su estructura rasgos inconfundiblemente feudales (Puiggrs, Colonia, 23) y para enrollar la madeja de una fantasmagrica revolucin antifeudal que abrira el camino a una supuesta etapa capitalista.

Atados a sus dogmas y compromisos polticos y frenados por su propia incapacidad, los tericos comunistas posteriores a Puiggrs usan su definicin de la colonia como sociedad feudal slo para oponerse al socialismo en la Argentina de hoy, puesto que significara "proponernos hoy tareas histricas inexistentes (Paso, Colonia, 9.). Y su negativa al socialismo se extiende no slo a Amrica Latina sino incluso al frica donde Leonardo Paso (curioso ejemplar marxista) ve negativamente el paso a las formas colectivas de propiedad de la tierra porque es un salto de etapas histricas muy importantes para ponerse a la altura de los pueblos ms adelantados (dem, 118). Y esto fue escrito cuatro aos despus de la Revolucin Cubana!

Sergio Bag ha sealado correctamente que las colonias hispano-lusas de Amrica no surgieron a la vida para repetir el ciclo feudal, sino para integrarse en el nuevo ciclo capitalista que se inauguraba en el mundo. Fueron descubiertas y conquistadas como un episodio ms de un vasto perodo de expansin comercial del capitalismo europeo. Muy pocos lustros despus de iniciada su historia propiamente colonial, la orientacin que van tomando sus explotaciones mineras y sus cultivos agrcolas descubren a las claras que responden a los intereses predominantes entonces en los grandes centros comerciales del viejo mundo (Bag, Economa, 104).

Nadie, ni aun los obcecados teorizantes del feudalismo colonial, han negado que el descubrimiento y conquista de Amrica tuvieron objetivos perfectamente comerciales. Efectivamente, cuando castellanos y portugueses tocan las costas americanas la existencia de un activo mercado internacional europeo es un hecho desde hace mucho tiempo. Las explotaciones del extremo oriente, las factoras que se establecen en las costas de la India, el reconocimiento y despus el trfico con las costas africanas, el descubrimiento y colonizacin de Amrica, son meros episodios de esa formidable revolucin comercial que est conmoviendo a Europa. Hay en el viejo mundo un mercado internacional que absorbe con avidez una cantidad de productos de otros continentes. Castellanos y portugueses, al ponerse en contacto con esta nueva realidad americana, estuvieron movidos por una misma necesidad, por un igual propsito: hallar algo que pudiera ser vendido en el mercado europeo con el mayor provecho posible (Bag. Economa, 66). De modo que el objetivo de la colonizacin y conquista fue eminentemente capitalista: producir en gran escala para vender en el mercado y obtener una ganancia.

Hay por lo tanto, una neta diferenciacin con los procesos de colonizacin realizados en el seno del feudalismo europeo, tales como el desplazamiento de los germanos hacia el Este, cuyo nico propsito era obtener tierra para subsistir. La pequea economa agraria y el artesanado independiente indic Marx forman en conjunto la base del rgimen feudal de produccin. El rgimen feudal en la agricultura supone que el seor no puede explotar toda la tierra por s mismo o por un administrador, entonces concede parcelas a los campesinos, que se convierten en pequeos propietarios, pero sometidos a una multitud de censos y apretados con lazos personales innumerables. La produccin feudal se caracteriza por la divisin del suelo entre el mayor nmero posible de tributarios. Por eso estaba salpicado de pequeas explotaciones campesinas, interrumpidas slo de vez en cuando por grandes fincas seoriales. El siervo de la gleba, aunque sujeto a tributo, era dueo de una parcela de tierra (Marx, Capital, 2, 3). Es decir que por paradoja! que esto resulte a primera vista, el rgimen feudal supone la pequea propiedad de la tierra. De ah la pequea escala de la produccin disponible para el mercado y el reducido volumen del intercambio.

Ahora bien, el sistema de produccin que los espaoles estructuraron en Amrica era francamente opuesto a esta estructura bsica del feudalismo. Si alguna caracterstica bien definida e incuestionable es posible encontrar en la economa colonial os la produccin en gran escala (minas, obrajes, plantaciones) para el mercado. Desde los primeros tiempos del rgimen hasta sus ltimos das, ella condiciona toda la actividad productiva (Bag, Economa, 117). Es posible que las primeras encomiendas hayan tendido a ser autosuficientes, pero en todo caso, ello estuvo perfectamente condicionado al hallazgo de metales preciosos. Descubierto el metal, la unidad autosuficiente se quiebra, con estrpito. Los indios comienzan a producir para el mercado europeo o local, y el seor vive con la mente puesta en el mercado. Adems de metales preciosos, Potos y la zona adyacente no producan prcticamente nada. De otras regiones del virreinato le enviaban alimentos y los ms diversos productos. De todas partes del mundo le llegaban objetos de lujo. No puede darse un caso ms claro de produccin para el mercado.

Es falsa incluso la suposicin de que el monopolio comercial espaol impeda a las Amricas comerciar en gran escala. Como se sostiene en un trabajo reciente, las colonias reciban toda clase de mercaderas europeas y a precios bajos; podan exportar sus productos a otras naciones sin ms prohibicin que para el oro y la plata; que efectuaban el comercio de trueque con las colonias extranjeras; que reciban en sus puertas a naves negreras de cualquier pas y comerciaban con ellas; que utilizaban naves de potencias amigas y neutrales, y que, en general el mercado americano estuvo saturado de manufacturas europeas (Villalobos, Comercio, 10). La corriente comercial no se detena en los puertos, sino que penetraba profundamente en el interior del continente. En 1786 sealaba un comerciante que en Chuquisaca todas las plazas se hallan abarrotadas de gnero (citado en Villalobos, 57). Los trabajos de Levene (Investigaciones) as como otros ms recientes (Halpern, Ro de La Plata) sealan claramente las fuertes vinculaciones de todas las regiones de la Amrica Espaola entre s y con las potencias extranjeras.

Buenos Aires fue otra ciudad colonial que en el siglo XVII haba adquirido la tonalidad de una tpica concentracin urbana de la poca del capitalismo comercial en Europa. Era la puerta de entrada de una incesante corriente de mercaderas que se distribuan despus en una vasta zona que alcanzaba al Alto Per (Bag, Economa, 129). En el Noroeste argentino, que se ha querido presentar como prototipo de colonizacin feudal, los obrajes fabricaban tejidos que llegaban a exportarse por los mercados de Chile, Potos, Buenos Aires, e incluso Brasil (Levene, investigaciones, 1,7).

Buenos Aires fue fundada por segunda vez en 1580 para abrir puertas a la tierra como solicitaba el licenciado Matienzo una dcada antes (Fitte, Hambre, 264). Siete aos despus, la aldea que apenas contaba 60 pobladores, enviaba sus primeras exportaciones de gneros confeccionados en Tucumn con destino al Brasil. Aunque ese 2 de setiembre se recuerda ahora como el da de la industria fue en realidad el primer esbozo de la pujante fuerza comercial de Buenos Aires y el origen de una poderosa burguesa intermediaria.

Caracterstica del Capitalismo Colonial

Pero se dir aunque la sociedad colonial produca para el mercado, las relaciones de produccin de dnde brotaba la mercanca (es decir, las relaciones entre los trabajadores y los propietarios de los medios de produccin) eran feudales, puesto que se basaban en la sujecin personal del trabajador. El error de este criterio reside en que la servidumbre no era el rgimen predominante en la colonia. La obra de Bag y las investigaciones de Silvio Zabala (amn de otras) revelan categricamente que en las colonias espaolas predomin la esclavitud en forma de salario bastardeado, siendo de menor importancia la esclavitud legal de los negros y el salario libre (Bag, Economa, 127). Es justo sealar que Maritegui reconoce esto parcialmente (Siete Ensayos, 356), pero el predominio de la esclavitud y el salario, a la vez que la poca importancia de la servidumbre en el sentido histrico-econmico nos confirma en la creencia de que el rgimen colonial del trabajo se asemeja mucho ms al capitalismo que el feudalismo (Bag, Economa, 102).

Bien entendido, no se trata del capitalismo industrial. Es un capitalismo de factora, capitalismo colonial, que a diferencia del feudalismo no produce en pequea escala y ante todo para el consumo local, sino en gran escala, utilizando grandes masas de trabajadores, y con la mira puesta en el mercado; generalmente el mercado mundial, o, en su defecto, el mercado local estructurado en torno a los establecimientos que producen para la exportacin. Estas son caractersticas decisivamente capitalistas, aunque no del capitalismo industrial que se caracteriza por el salario libre.

En este sentido la colonizacin espaola anticip la obra que el capital imperialista realiza en frica, en Asia y en algunas zonas de Amrica durante las ltimas dcadas del siglo 19 y primeras del 20, cuando los grandes consorcios imperialistas levantan sistemas de produccin hbridos, que siendo en lo esencial capitalistas, se asemejan bastante a la esclavitud. Pero si la ocupacin del mundo por el capital en el ltimo siglo colabor en impedir el surgimiento de las zonas atrasadas de la humanidad, no puede menos que recibirse con sorna la teora avanzada por ciertos catlicos que mientras los pueblos civilizados por Espaa y Portugal son baluartes de la civilizacin occidental, los pueblos conquistados por las naciones protestantes en aquellos en que no hubo sustitucin de poblaciones la civilizacin occidental slo ha penetrado en las lites (Puiggrs, Historia, 15). Pretender que la explotacin a sangre y fuego de los indios fue una obra piadosa para incorporar pueblos a la religin catlica, y nada parecida a los crmenes que cometan los protestantes, ser una teora que podr convencer a las seoritas de la Universidad del Salvador, pero de ninguna manera al ms tmido bicho pensante.

Por supuesto, el capitalismo comercial posee una variedad de rasgos feudales que se combinan con l sin modificar empero su estructura capitalista. Hay una etapa en la historia capitalista en la cual renacen ciertas formas feudales con inusitado vigor: la expansin del capitalismo colonial. En las colonias la posesin de la tierra, aparte del lucro que se busca en el trfico de sus productos, van acompaadas de ciertas reminiscencias feudales. El poseedor, compaa o individuo, aplica all su ley sin apelacin, gobierna sobre la vida y los bienes sin preocupacin jurdica o tica alguna, inventa en su beneficio todos los impuestos que su imaginacin y las posibilidades del lugar le permiten (Bag, Economa, 102).

Que a lo largo de toda la historia colonial hay en la Amrica Espaola un tipo de seor cuyos hbitos, cuya actuacin y cuya mentalidad guardan estrecha semejanza con el seor del Medioevo no puede caber la menor duda. El senhor do engenho.y el fazhendeiro de ganado o de caf, en Brasil; el encomendero, el minero, el latifundista, el cultivador de cacao y de azcar, el obispo, el ranchero, el estanciero en las colonias espaolas, tienen una marcada tendencia a considerarse seores absolutos dentro de sus dominios territoriales, jefes militares locales con menosprecio de la autoridad central, y a ejercer sobre sus subordinados una justicia de inspiracin feudal. Tambin puede decirse lo mismo de los propietarios de ingenios de las Antillas britnicas y de los plantadores de tabaco de Virginia y las Carolinas. Pero los seores feudales americanos tienen con los europeos algunas diferencias dignas de notarse: las bases materiales de sus riquezas no son feudos cerrados, unidades autosuficientes, sino minas que producen para el exterior, o indios encomendados, o ingenios, o estancias, o ranchos cuyos productos se exportan. Como dijera Bag, Amrica fue una concepcin de casta sobre una realidad de clases (Estructura, 102). Por su parte Aldo Ferrer, que siguiendo a Bag reconoce que la produccin en Amrica se destinaba al mercado mundial, explica el atraso argentino en los siglos XVII y XVIII por la falta de productos exportables y la consiguiente ausencia de capitalizacin (Economa, 32). Lo que ni siquiera se pregunta es por qu ninguna zona de Amrica espaola vinculada al mercado mundial y con abundante poblacin tuvo impulso para desarrollarse como sucedi en la Amrica del Norte. Definir la sociedad colonial como economa primaria de subsistencia" es, adems de falso, una manera de sustraerse mediante abstracciones econmicas, del estudio de las formas de produccin y propiedad. Que ese mtodo en Ferrer no es una casualidad lo prueba el hecho que para l el rasgo distintivo de la sociedad feudal era la ausencia de progreso tcnico y el consiguiente estancamiento de la productividad (Ferrer, Economa, 17).

Rodolfo Puiggrs, historiador de formacin stalinista que hace aos escribi historia argentina con el propsito de encontrar en ella o, en todo caso, inventar los elementos feudales a los cuales contraponer la correspondiente burguesa progresista, hizo un descubrimiento que, guardando las distancias, es por lo menos tan trascendental como el de Amrica. Se trata de que La conquista colonizadora traslad las formas de produccin... del feudalismo ibrico en decadencia y que luego Amrica dio oxgeno al agnico feudalismo... de la pennsula ibrica (Puiggrs, Espaa, 3). Siguiendo a Puiggrs, Leonardo Paso dice tambin que en Amrica la colonizacin fue feudal pero con injertos esclavistas (Colonia, 46 y 50). Y un apstol del disparate que escribi un libro titulado Amrica Latina un Pas dice que las colonias espaolas desarrollaban su economa sobre bases feudales (Ramos, 26).

Pese a las afirmaciones sobre la colonizacin feudal, el mismo Puiggrs reconoce que el descubrimiento de Amrica fue una empresa llevada a cabo por comerciantes y navegantes y tuvo objetivos perfectamente comerciales (Coloma, 9). Hay una evidente contradiccin entre esa afirmacin y la tesis sobre el carcter de la colonizacin, que Puiggrs esquiva con la teora del puente segn la cual los objetivos comerciales de la conquista de Amrica sirvieron de pasarela para que en estas tierras arraigara el feudalismo espaol. Evidentemente, Puiggrs y Ca. entienden por feudalismo la produccin de mercancas en gran escala con destino al mercado mundial, y mediante el empleo de concentraciones de mano de obra semiasalariada, similares a las que muchos siglos despus acostumbra levantar el capital financiero internacional en las plantaciones afroasiticas. Si esto es feudalismo cabe preguntarse con cierta inquietud qu ser entonces capitalismo. Pero esta pregunta no preocupa a Puiggrs, quien explica el carcter eminentemente feudal del dominio espaol en Amrica en base a que la Corona consideraba al nuevo continente feudo directo suyo y vasallos a sus habitantes, y no colonias en el sentido que desde el siglo XVII les ha ido dando a sus dominios comerciales (Puiggrs, Colonia, 16). Aunque parezca lo contrario, estas palabras no pertenecen a un especialista en derecho comparado, sino a un historiador que se proclama marxista. Pero nada es ms extrao al marxismo que el cretinismo jurdico, y nada ms revelador de un impenitente cretinismo jurdico que caracterizar como feudal la colonizacin espaola, no por la estructura de sus relaciones de produccin, sino por la forma jurdica que asume el vnculo entre las colonias y la Corona espaola. La forma que reviste la relacin entre las colonias y Espaa tiene, indudablemente, en lo jurdico, un acentuado color feudal. Pero, bajo esa forma jurdica, el contenido econmico-social de las colonias gira en torno a la produccin para el mercado y la obtencin de ganancias lo cual da a ese contenido un decisivo carcter capitalista, pese a todos los matices feudales que lo envuelven.

Nuevamente se tropieza aqu en la tesis de Puiggrs con el pensamiento esquemtico y formal, que tantos errores origina en el proceso del conocimiento; "Espaa era feudal"; luego, su colonizacin fue feudal. Perfecta deduccin formal y perfecto error. Los espaoles llegados a Amrica encontraron una realidad nueva, inexistente en Espaa; y el resultado fue que, aun cuando subjetivamente quisieran reproducir la estructura de la sociedad espaola, objetivamente construyeron algo muy distinto. La Espaa feudal levant en Amrica una sociedad bsicamente capitalista un capitalismo colonial, bien entendido, del mismo modo que, a la inversa, en la poca del imperialismo el capital financiero edifica en sus colonias estructuras capitalistas recubiertas de reminiscencias feudales y esclavistas. Este es precisamente el carcter combinado del desarrollo histrico. El pensamiento formal no capta esto, y por eso, en general, no capta absolutamente nada de lo esencial.

El Mito de la Superioridad de la Colonizacin inglesa

Mal que le pese a los espaolistas, la fabulosa desproporcin entre los destinos histricos de la Amrica de habla inglesa y la Amrica espaola reside en los diferentes procesos de colonizacin a que fueron sometidas. Pero, en qu aspectos de la colonizacin est el origen de la tremenda diferencia ulterior? Si es en la raza anglosajona habra que explicar la Amrica espaola como resultante de alguna inferioridad innata de la raza latina o, lo que es lo mismo, si el vertiginoso engrandecimiento de Norteamrica obedece a la superioridad de la raza anglosajona habra que explicar otro enigma. Por qu motivo esa raza anglosajona, que en el norte de los Estados Unidos edific el capitalismo ms progresista de la Tierra, slo fue capaz en el sur de Estados Unidos de levantar una sociedad esclavista, monoproductora y semicolonial respecto a Inglaterra, mucho ms parecida a la Amrica espaola que 'al norte de los Estados Unidos? En esto, como en todo, la raza que por otra parte nadie sabe bien en qu consiste no explica absolutamente nada. Vemos que la raza anglosajona cuando se instala en una regin monoproductora de tabaco o algodn, con mano de obra esclava a su disposicin, construye una sociedad similar a la que levanta la raza latina en base al trabajo del indio o a la volteada de vacas, y diametralmente opuesta a la sociedad que los anglosajones levantan en el norte de los EE.UU. dnde tuvieron que vivir de su propio trabajo como granjeros. Y esto significa que el factor determinante reside en la estructura de la sociedad y no en el plasma germinativo de espaoles o ingleses.

Ahora bien: si la teora de la raza es absurda, tambin lo es, y ms peligrosa porque se reviste de marxista, la tesis que se podra denominar de la herencia social. Segn esta tesis, Norteamrica progres porque recibi en herencia el desarrollo burgus de Inglaterra, mientras que el resto del continente se estanc en virtud de la herencia feudal espaola que le toc en suerte. Esta teora fue adelantada en un principio por Maritegui (Siete Ensayos, 12 y 58), pero es Rodolfo Puiggrs quin con su presunto marxismo ha logrado sembrar considerable confusin en torno del pasado y del presente del pas el que la desarrolla hasta el fin en los siguientes trminos, que no tienen desperdicio: Los ingleses que arribaron en el Mayflower y que siguieron llegando desde 1620 a 1640 dice trasplantaron al nuevo continente los grmenes de desarrollo capitalista que traan de su patria originaria. Transfirieron a Amrica sus hbitos de trabajo independiente, y su tcnica avanzada y no necesitaron del trabajo servil, sino que por el contrario, sta constitua un obstculo para el desarrollo del orden social que implantaban. Se instalaron en pequeas extensiones de tierra que trabajaron en forma intensiva. Esto afirma Puiggrs ocurri en el Norte de Estados Unidos. En cambio, la inmigracin verificada despus de 1648 estaba integrada, a diferencia de la primera, por elementos feudales encabezados por parte de la nobleza. Esa inmigracin se estableci en el Sur, en Virginia, y dice Puiggrs implant formas de produccin y hbitos de vida que correspondan a su origen feudal. La explotacin del trabajo de indios y negros, en forma servil y esclavista, constituy su base social. Mientras la corriente inmigratoria burguesa impuls la pequea propiedad rural y el desarrollo manufacturero, la corriente inmigratoria feudal se afirm en la gran propiedad territorial y en la economa domstica (Colonia 22-3). En la misma vena siguen los comentarios actuales del partido que rompi con Puiggrs y afirman que los colonizadores de Amrica del Norte arrasaban con las comunidades primitivas e instauraban, mediante el ingreso de colonos, el rgimen capitalista (Paso, Colonia, 40). Como se ve, la diferencia fundamental entre ambos consiste en que Paso ni siquiera seala la diferencia entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos.

En primer lugar es necesario sealar el carcter mstico de la teora puigrosista. Los ingleses trasplantaron los grmenes del desarrollo capitalista... transfirieron sus hbitos de trabajo independiente y no necesitaron del trabajo servil. Los grmenes en cuestin eran parece tan poderosos que resistan a todas las variaciones del tiempo y del espacio. En el nuevo continente los grmenes capitalistas seguan siendo capitalistas, y los grmenes feudales seguan siendo feudales. Puiggrs no parece ni sospechar siquiera que si en el Norte los ingleses no emplearon trabajo servil y se dedicaron a las pequeas explotaciones rurales, fue porque el terreno no permita hacer otra cosa, mientras que quiere decir, evidentemente, que si un feliz portador de los grmenes burgueses hubiera desembarcado no en el Norte, sino en el Sur, en Virginia, no se hubiera dedicado en modo alguno a cultivar algodn y tabaco empleando mano de obra esclava en grandes extensiones de tierra, sino que fiel a sus grmenes progresistas se hubiera dedicado a la pequea empresa agrcola. Y a la inversa, segn Puiggrs, si un retrgrado portador de grmenes feudales hubiera desembarcado en las ridas tierras de Plymouth, de seguro que, consecuente con sus grmenes, hubiera acaparado grandes extensiones de terreno pedregoso y puesto sobre ellas grandes masas de esclavos dedicados quin sabe a qu. Como se ve Puiggrs tiene el mismo criterio histrico que el catlico Sierra, segn el cual los espaoles se abstenan de exterminar indios porque eran catlicos (no porque el indio latinoamericano poda ser explotado)... mientras que los ingleses mataban sistemticamente los pieles rojas no porque estos no servan para ser explotados, sino porque... los ingleses eran protestantes...!

O sea que Puiggrs, Paso y Ca., en vez de explicar la conducta social por los elementos objetivos que la originan (tierra, disponibilidad de mano de obra, naturaleza de la produccin) eluden la explicacin cientfica con una tesis acerca de imponderables grmenes.

Un siglo antes que estos caballeros, Marx se burlaba ya de semejante teora, sealando el absurdo de imponer el capitalismo en las colonias dnde sobraba el terreno libre para ocupar: Desde luego dice descubri Wakefield en las colonias que la posesin de dinero, medios de subsistencia, mquinas y otros medios de produccin no da a un hombre el carcter de capitalista si falta el complemento, el trabajador asalariado, el otro hombre obligado a venderse voluntariamente. Descubri que el capital no es una cosa, sino una relacin social entre personas que se establecen mediante cosas. Nos cuenta, por ejemplo, esta triste historia: el seor Peel llev consigo de Inglaterra a Swan River, en Nueva Holanda, medios de subsistencia y de produccin por valor de 50.000 libras esterlinas. Fue tan previsor el seor Peel, que llev tambin consigo 3,000 personas de la clase trabajadora, hombres, mujeres y nios. Llegado al lugar de su destino, el seor Peel se qued sin un criado para hacerle la cama o llevarle agua del ro. Desgraciado el seor Peel que todo lo habla previsto, excepto exportar a Swan River las relaciones inglesas de produccin! (Marx, Capital, 1, 25).

Por otra parte, es totalmente errnea la afirmacin de Puiggrs de que la inmigracin feudal que se radic en Virginia lleg despus que la inmigracin burguesa que se radic en el Norte. Las cosas ocurrieron al revs. Los primeros colonizadores se establecan en Virginia hacia 1607, y el primer cargamento de esclavos negros lleg a Virginia en 1619 (Haecker, Proceso, 65). Y precisamente era Virginia a dnde se dirigan contratados por la Virginia Company los peregrinos que a raz de un accidente de navegacin anclaron en Plymouth. Si hubieran llegado a Virginia, los grmenes burgueses de estos peregrinos hubieran quedado en invernadero, y se hubieran dedicado a explotar esclavos con tanto empeo como el ms feudal de los plantadores (plantadores que, por lo dems, pese a Puiggrs, no tenan absolutamente nada de feudales, puesto que vivan pendientes y dependientes del mercado mundial para el cual producan mercancas en gran escala). Pero en el Norte de Estados Unidos el terreno slo permita cultivar el suelo en pequeas parcelas sobre las cuales el trabajo esclavo o servil tena escasa o ninguna utilidad. Fueron circunstancias tangibles de clima y terreno ms bien que diferencias msticas en los motivos o en los grmenes, lo que explica el contraste entre el Norte y el Sur de los Estados Unidos y del continente todo.

Adems de brindar pronta prosperidad, el tabaco dio decidido impulso al desarrollo social en el Sur de Estados Unidos, determin que la tierra deba ser cultivada, primordialmente no por pequeos terratenientes como los establecidos al Norte, en Nueva Inglaterra, sino ms bien por mano de obra servil dirigida por los amos de las grandes propiedades (Beard, Rise, 45). En cambio en el Norte el clima y el suelo de Nueva Inglaterra, sumados a la abundancia de tierra y la escasez de mano de obra, hicieron imposible una economa de plantacin como la surea. Los puritanos no prescindieron de las grandes plantaciones con esclavos porque tuvieran objeciones que hacer contra la servidumbre o la esclavitud; contrataban sirvientes blancos, se esforzaban por esclavizar a los indios y utilizaron a loa siervos negros siempre que en ello hubo beneficios que cosechar. Procedieron as porque descubrieron que en una tierra de largos inviernos, de campos erizados de piedra y de cosechas harto diversas, era econmicamente imposible realizar en gran escala la servidumbre. Como se hallaban, pues, regidos por factores que estaban ms all de su posible dominio, los puritanos se extendieron por Nueva Inglaterra bajo la direccin de los agricultores dueos de tierras libres; y quienes no podan soportar aquella ardua carrera o no amaban la ruda vida entre colinas y rocas, encontraron salida para sus capitales y energas en alta mar (Beard, Rise, 55).

Bases Reales de Dos Destinos Diferentes

Esta apreciacin de las diferencias entre la colonizacin realizada por los ingleses en el Norte y Sur de Estados Unidos ayudar a comprender la diferencia entre la colonizacin inglesa en el Norte de Estados Unidos y la colonizacin espaola desde Mxico a la Argentina, tan similar en lo fundamental a la colonizacin del Sur de los Estados Unidos.

En el Norte de Estados Unidos, los ingleses buscaban lo mismo que sus hermanos en el Sur, y que los espaoles ms al sur todava: buscaban metales preciosos o materias primas vidamente reclamados por el mercado mundial y mano de obra indgena fcilmente explotable e intercambiable por la carne africana. Su afn de cosechar oro no era menor que el de los espaoles. Se hubieran regocijado si hubieran encontrado, vencido y explotado a una antigua civilizacin americana otro Mxico u otro Per; y su trabajo en la India as lo revela, pero la zona geogrfica que cay en sus manos no rindi al principio el preciado tesoro. En lugar d indgenas que quisieran someterse a la esclavitud, en lugar de vetustas civilizaciones, maduras para la conquista, los ingleses encontraron un inmenso continente de tierra y selva virgen, apenas colonizadas por pueblos indgenas que preferan la muerte antes que el cautiverio (Beard, Rise,11). Y con el agravante de que slo en el Sur el terreno y la produccin eran aptos para emplear grandes masas de trabajo esclavo importado. Si los plantadores del Sur emplearon trabajo esclavo y los puritanos del Norte se decidieron a trabajar con sus propias manos, no fue por que unos portasen consigo grmenes feudales y los otros grmenes burgueses, sino porque el medio ambiente en que se radicaron no les permiti hacer otra cosa. Los puritanos del Norte no tenan escrpulos para esclavizar a sus semejantes, ya fueran de su propio color o de cualquier otro. Se esforzaban como los espaoles para reducir a los indios al estado de siervos y hasta cierto punto salieron airosos; pero el espritu altivo del piel roja lo converta en un mal elemento para trabajar bajo el ltigo (Beard, Rise, 105).

Marx que no crea en grmenes lo seal con exactitud y concisin: Aquellos hombres virtuosos del protestantismo, los puritanos de la Nueva Inglaterra, otorgaron en 1703, por acuerdo de su Asamblea, un premio de 40 libras por cada escalpado indio y por cada piel roja apresado; en 1720 el precio era de 100 libras. El Parlamento britnico declar que la caza del hombre y el escalpado eran recursos que Dios y la naturaleza haban puesto en sus manos (Marx, Capital, 1, 25).

En Amrica Latina los espaoles igual que los ingleses en el Sur de los Estados Unidos encontraron productos fciles de explotar en gran escala para colocarlos en el mercado mundial. Pero a diferencia de los colonizadores del Sur Norteamericano, no tuvieron que depender exclusivamente de la carne africana, porque encontraron enormes masas de mano de obra indgena fcilmente explotable. En las colonias espaolas cristaliz bien pronto un sistema de explotacin capitalista colonial en gran escala, basado en el trabajo del indio o del blanco proletarizado, con destino al mercado mundial. Desde su hora inicial, Amrica Latina vive fundamentalmente en funcin del mercado mundial, y cunto ms crece, ms se acenta esta caracterstica, que en rasgos generales la Independencia de Espaa logr acelerar. En el Norte de Estados Unidos, en cambio, prolifer una clase de pequeos granjeros que empleaban principalmente el trabajo familiar, acompaados por el inevitable ladero de la pequea agricultura, es decir, la industria artesanal. Esta clase venda en el mercado mundial, pero tambin intercambiaba entre s y con los artesanos, y a partir de ella fue entretejindose un extenso y slido mercado interno.

Esta clase necesitaba demasiado de la tierra y era demasiado numerosa y fuerte para permitir que ninguna clase terrateniente se la expropiara y frenara el desarrollo nacional en inters de la renta agraria. Por otra parte, la cercana del mar y la aspereza do la vida en la tierra, unida a la presencia de grandes bosques, facilitaba la vocacin nacional por el mar y la construccin de barcos, lo cual era en s mismo, aglutinante y punto de partida de una tradicin industrial. El suelo poco hospitalario de Nueva Inglaterra diriga, desde el principio, la industria de los puritanos hacia el mar, a la pesca, el trfico martimo, al comercio y todos los diversos intereses relacionados con empresas de esa ndole. Los bosques locales provean roble para maderas y tablones, pino para mstiles, resinas para la obtencin de trementina y alquitrn, los campos producan camo para la fabricacin de cuerdas; y haba minas de hierro para fabricar anclas y cadenas. Para qu iba a ser el hombre esclavo del suelo si poda dominar el ocano? A todo lo largo de la costa septentrional, especialmente en el litoral de Nueva Inglaterra, haba astilleros donde se hacan balandras y goletas magnficas (Beard, Rise, 90).

Sobre estas bases se estructur en el Norte de Estados Unidos una democracia igualitaria, sin ms desigualdad que la que surga del enriquecimiento y la destruccin originados por la competencia. O sea, el clima ideal para el florecimiento del capitalismo en todas sus formas y, especialmente, en su forma revolucionaria, es decir, el capitalismo industrial.

En Amrica Latina, en cambio, las caractersticas del terreno y la produccin, y la disponibilidad de abundante mano de obra indgena, facilit el temprano monopolio de la propiedad de bienes de produccin tierra, minas, vacas por una reducida minora privilegiada que se enriqueca vendiendo en el mercado mundial. La produccin colonial no estaba orientada por las necesidades de las comunidades nacionales, ni siquiera por los intereses de los productores locales. La produccin se estructur y se transform todas las veces que fue necesario para encajar dentro de un orden de cosas determinado por las metrpolis (Bag, Economa, 122). As qued frenado por falta de estmulos el desarrollo del mercado interno, y se estructur una sociedad oligrquica hostil al desarrollo de la agricultura basada en granjeros y al capitalismo industrial.

En los primeros artos del siglo XIX voces autorizadas lo indicaban de un extremo a otro del continente. Abad y Queipo, obispo de Michoacan, expona la situacin de Mxico: "Lejos de desmembrarse las haciendas se han aumentado de mano en mano. Y en el Ro de la Plata, al otro extremo de la Amrica Hispana, Manuel Belgrano escriba palabras que an corresponden perfectamente a la realidad: Hay potentados de Europa que no son seores de otras tantas leguas como los terratenientes hispanoamericanos (citado por Bag, Economa, 236). Mendoza, en su Historia de la Ganadera Argentina, dice que al finalizar el siglo XVIII la media docena de propietarios con ttulos perfectos posean centenares de miles de leguas cuadradas (98). En 1744 fue levantado un censo de Buenos Aires, y revel que sobre 6.000 habitantes que poblaban la campaa y 10.000 que habitaban en la ciudad, slo el 1% (186 personas) eran propietarias ... y posean 28.000 kilmetros cuadrados.

Sarmiento escribi que el error fatal de la colonizacin espaola en la Amrica del Sur, la llaga profunda que ha condenado a las generaciones actuales a la inmovilidad y al atraso, viene de la manera de distribuir las tierras. Slo falta agregar que el error era inevitable vista la presencia en Amrica Latina de mano de obra, minas o productos fcilmente explotables. Si los puritanos tripulantes del Mayflower hubieran tocado tierra en el mismo sitio que Pizarro o Hernn Corts, tambin ellos hubieran cometido gustosos el mismo error.

El Norte de los Estados Unidos constituy una verdadera colonia, es decir, un territorio virgen colonizado por inmigrantes libres (Marx, Capital, 1, 25). De ah la rapidez con que creci su poblacin europea, estructurando un considerable mercado interno y aportando todas las tcnicas y habilidades de la civilizacin europea. En la Amrica espaola, en cambio, los territorios coloniales eran en realidad, pases conquistados dnde con excepcin del Ro de la Plata los indios constituan la inmensa mayora de la poblacin, oprimida por una reducida minora de europeos, Todo cesara si ellos faltasen, deca de los indios una ley de Indias. La enorme cantidad de mano de obra disponible, la exhaustiva explotacin que de ella se hizo, y los buenos precios que se pagaban en Europa por los productos coloniales, permitieron una precoz y cuantiosa acumulacin de capitales en las colonias espaolas.

El ncleo de beneficiarios, lejos de irse ampliando, fue reducindose en proporcin con la masa de la poblacin, como se desprende del hecho cierto de que el nmero de europeos y criollos desocupados aumentara sin cesar (Bag, Economa, 113, tambin Estructura). Esta acumulacin de capital que es a la vez producto y signo del proceso capitalista, brotaba no del trabajo productivo de los colonizadores, sino de su ultra parasitaria explotacin de las espaldas indgenas.

Desde el vamos Amrica Latina nace pues con una caracterstica oligrquica y antidemocrtica tan antidemocrtica como lo era el Sur de los Estados Unidos por la elemental razn de que la aplastante mayora de la poblacin era semi o totalmente esclava o proletaria. La democracia burguesa, el hbito del autogobierno local que tanto admiraba Sarmiento en el Norte de Estados Unidos, no podan, desde luego, florecer en la Amrica Espaola.

En una sociedad en que la minora parasitaria de origen extranjero, viva del trabajo casi esclavo de las grandes masas indgenas tenan forzosamente que florecer la oligarqua y la dictadura militar como mtodos predilectos de gobierno.

Ro de la Plata: Maldicin de la Abundancia Fcil

El territorio actualmente argentino se inserta en el cuadr general de la colonizacin espaola con caractersticas particulares que lo diferencian del resto. Por de pronto, no existen dentro de sus confines metales preciosos. Mano de obra explotable la hay aunque no demasiado abundante en el Oeste y en el Noroeste. Pero no puede aplicrsela a nada que el mercado mundial demande con avidez, y que enriquezca fabulosamente a los explotadores del indio. Eso no significa sin embargo, que la actividad econmica tuviera un carcter puramente domstico, ya que existen industrias que producen para el mercado local y para la exportacin hacia las zonas mineras. Junto a ellas hay tambin empresas agrcolas explotadas con trabajo indio y mediante el trabajo de los propios colonizadores, especialmente all dnde, como en Cuyo, los indios escasean. Sobre estas bases se estructura una sociedad estable, alejada de los grandes centros del mercado mundial, y orientada hacia el mercado interno de las colonias; sociedad dnde vive y gobierna apaciblemente una oligarqua de terratenientes, dueos de obrajes y comerciantes. Debe destacarse que en la zona de San Juan y Mendoza, dnde los indios explotables eran particularmente escasos, los espaoles se mostraban tambin particularmente laboriosos, edificando una sociedad agrcola bastante productiva que exportaba a otras regiones de la colonia, vinos, aguardientes, trigo, harinas, frutas secas, tejidos, etc. En el Norte existi desde los primeros tiempos de la conquista una explotacin ganadera, agrcola e industrial basada sobre la mano de obra indgena.

En las estancias norteas la agricultura se diversific, se hizo mixta, no slo ganadera, sino que tambin se sembr trigo, cebada, maz, algodn, ail, vias, y se industrializ elaborndose aceites, harinas, paos, vinos, lienzos y toda clase de tejidos. El comercio y las industrias basados en el trabajo manual, constituyen el ms fuerte preservativo de la civilizacin en el Norte argentino (Coni, Contribucin, 12). No puede hablarse aqu de un orden feudal (Paso) porque esta definicin confunde, sugiriendo la imagen de una economa autosuficiente asentada en la servidumbre. Y, en realidad, se trataba de una sociedad precapitalista mercantilizada.

Pero otra era la regin que haba de eclipsar y dominar al resto del territorio argentino, hasta llegar a ser en el lenguaje universal sinnimo de la Argentina. Se trata del Ro de la Plata, zona tremendamente diferente del resto de las colonias espaolas. Por de pronto era la nica zona con caractersticas de verdadera colonia, moderna, es decir, de territorios vrgenes colonizados por inmigrantes libres. No hay aqu indios que se presten a trabajar para los amos espaoles porque los pampas eran como decan con desprecio los espaoles imposibles de domesticar. No hay tampoco metales preciosos, ni tabaco o cacao, ni nada que justifique el empleo de grandes masas de mano de obra esclava. Aqu el nico modo de sobrevivir es trabajar, y as debieron hacerlo desde un principio los colonizadores. Por todo esto el Ro de la Plata se parece extraordinariamente al Norte de los Estados Unidos. Y estas caractersticas del Ro de la Plata caractersticas de verdadera colonia, carente del provechoso lastre de una poblacin indgena a la cual explotar explica por qu el Ro de la Plata fue la zona donde ms temprano y ms completamente se afianz la moderna economa capitalista, donde ms creci la poblacin en el ms breve plazo y ello explica tambin por qu el Ro de la Plata se desprendi ms prontamente de las caractersticas de la colonia espaola.

Pero existe una decisiva diferencia entre el Ro de la Plata y el Norte de los listados Unidos. En esta regin de Estados Unidos la naturaleza ofreca tierra no demasiado frtil, explotable slo en pequeas extensiones, bosques slo utilizables en astilleros y mar que resultaba particularmente acogedor frente a la aridez terrena. All sin el trabajo intenso y productivo no haba forma de subsistir, menos an de progresar. Despus vino la expansin hacia el Oeste, donde haba enormes praderas que constituan la oportunidad dorada para que una clase terrateniente se apoderara de ellas y viviera plcidamente de la renta agraria. Pero ya entonces los granjeros yanquis tenan fuerza suficiente para matar en el huevo cualquier intento en ese sentido, y la propiedad de la tierra qued razonablemente al alcance de las grandes masas inmigrantes.

En el Ro de la Plata, en cambio, estaba la Pampa, ese enorme ocano de hierbas donde la teologa vacuna, si la hubiera, colocara seguramente el paraso. En un principio los colonizadores tuvieron que esforzarse para subsistir, pero slo en un principio. Despus pampa y vacas hicieron lo suyo. Para qu araar la tierra? Para qu salir a afrontar ro y mar, si la Pampa serva cueros y carne que el mercado mundial reclamaba con tanta avidez como el metal de Potos o el tabaco de Virginia? Pronto los colonizadores rioplatenses descubrieron que el camino de la fortuna no requera conquistar indios. Bastaba con acaparar tierras, no por la tierra misma, sino por las vacas que sobre ella crecan solas. As naci, creci, y se enriqueci a pasos de siete leguas una oligarqua propietaria de tierras y vacas, y una clase comercial ntimamente vinculada a aquella por lazos de sangre y pesos, que amontonaban cueros primero, carne despus, y los exportaban, acumulando capitales que se reproducan Automticamente. Como los plantadores del Sur de Estados Unidos, estas clases vivan pendientes de la exportacin, y su enriquecimiento no les exiga ni la iniciativa del burgus industrial, ni el trabajo personal del granjero. Las vacas se reproducan para ellos, y ellos juntaban tierras para las vacas. La agricultura les produca alergia y ponan el grito en el cielo cuando se hablaba de facilitar la proliferacin de los agricultores. La oligarqua estancieril y comercial se apropi de las riquezas de la Pampa, y con ello edific una civilizacin del cuero y la carne, basada mucho menos en el trabajo productivo del hombre que en la prodigalidad de la naturaleza.

Cuando ms tarde la Argentina se acopl a Inglaterra como una colonia econmica, pagaba con ello NO el tributo de haber sido descubierta y colonizada por Espaa en el perodo de la putrefaccin como dice una opinin insolvente de tantas (Ramos, Amrica, 48). Lo que pagaba, en realidad, era el precio de tener una naturaleza que permita a su clase dominante enriquecerse con escaso esfuerzo y nula iniciativa.

Geografa y Estructura Social

El dispar destino de las colonias inglesas y espaolas en Amrica est casi ntegramente contenido, en germen, en los distintos elementos naturales y humanos que los colonizadores encontraron en las distintas regiones. Las condiciones de la naturaleza exterior pueden agruparse econmicamente en dos grandes categoras: riqueza natural de medios de vida (fecundidad del suelo, abundancia de pesca, ganado, etc.), y riqueza natural de medios de trabajo (saltos de agua, ros navegables, maderas, metales, carbn, etc.). El capitalismo industrial se caracteriza precisamente por el uso intensivo y extensivo de los medios de trabajo que la naturaleza brinda (Marx, 1, 21).

Fue la fortuna de los colonizadores del Norte de Estados Unidos hallar una zona dnde los medios de vida no eran demasiado abundantes, sino ms bien escasos; no haba mano de obra indgena explotable ni productos que conviniera explotar importando esclavos, y dnde abundaba, en cambio, la riqueza natural en medios de trabajo, que hubieron por fuerza de desarrollar los propios colonizadores aplicndose al trabajo productivo agrcola e industrial. As se estableci una estructura social ideal para el capitalismo industrial. En el Sur de Estados Unidos y en Amrica Latina, por el contrario, ingleses y espaoles encontraron minas y/o climas frtiles y mano de obra indgena (que cundo se extingua o no bastaba poda ser reemplazada por sudor africano). Y semejante combinacin de factores arrojaba, sin mayor esfuerzo por parte de los colonizadores, todo aquello que el mercado mundial requera con elevados precios. La minora parsita que as se enriqueca sobre el lomo de una inmensa mayora semi o totalmente esclava o proletaria, viva pendiente del mercado mundial, desinteresada del trabajo productivo, de la diversificacin de la produccin que slo perjuicio poda acarrearle y de todo lo que poda facilitar el desarrollo de la industria capitalista. Ellos mismos eran capitalistas, pero capitalistas coloniales, capitalizadores del atraso y de las riquezas naturales apenas trabajadas por el hombre.

En el territorio argentino, la zona que ms se pareci a lo que era el Norte de los Estados Unidos en los primeros tiempos de la colonizacin puritana fue, quiz, en lo que a la evolucin del trabajo productivo se refiere, la zona de Cuyo. Pero esta zona se hallaba demasiado alejada de los puertos que conectaban con el resto del mundo, y no pudo recibir ms poblacin ni evitar el estancamiento al nivel de una sociedad precapitalista y mercantil, estable y medianamente prspera. Las restantes zonas del Norte y Noroeste no producan para el mercado mundial y tenan el estigma del trabajo indio esclavizado, sobre el cual se empinaba el parasitismo de los conquistadores. En Tucumn, 25 blancos vivan del trabajo de 3.000 indios. En Santiago del Estero, 12.000 indios mantenan a 48 parsitos (aos 1580-85, Coni). Pero un siglo despus el nmero de indios haba disminuido como caudal de ro en la seca, devorados por las minas del Alto Per o fugados al Chaco (Levene). All empez la crisis de estas regiones, porque los espaoles nunca pudieron reemplazar el trabajo perdido del indio.

La constante absorcin de mano de obra indgena que hacan los cerros peruanos en particular el insaciable Potos arruin a numerosas familias de la oligarqua mediterrnea en las regiones de Crdoba, Salta, Jujuy y sus alrededores. Los indios eran arrancados de las labores agrcolas, de la cra de ganado y de las manufacturas domsticas actividades que hacan bajo el control y para el beneficio de aquella mencionada oligarqua mediterrnea y trasladados en masa al Alto Per para ser arrojados en las minas (Bag, Economa, 84).

En el Ro de la Plata, dnde en trminos absolutos no escaseaban los medios de trabajo suministrados por la naturaleza estos eran relativamente escasos frente a la abundancia de medios de vida que la Pampa brindaba a torrentes. La expedicin de don Pedro de Mendoza trajo 44 yeguarizos y la Pampa los convirti en 80.000. Con las vacas ocurri algo semejante y siempre sin esfuerzo alguno por parte del hombre. Pocos hombres bastaban para levantar inmensas riquezas. Segn Azara, a principios del siglo XIX el cuidado de un capataz y diez peones era lo requerido por diez mil cabezas de ganado vacuno. Estos hombres dedicados a su oficio producan al ao varios millares de pesos ms que si hubieran aplicado sus esfuerzos a sembrar trigo.

Bliss desarrolla este clculo segn el cual once hombres bastaban para atender una estancia de ganado, y seala que producan tres veces ms que si emplearan sus esfuerzos en la agricultura, con la ventaja adicional que se trataba de un trabajo libre, en general de a caballo, que forj las caractersticas del habitante de las campaas (Bliss, Virreinato, 54). En esa relacin econmica y no en una confabulacin de los ganaderos se basa buena parte de la historia argentina. Medios de vida fcilmente explotables y lucrativamente comercializados con el extranjero, con escaso trabajo productivo por parte de los habitantes, eran los hilos con que se teja la vida de Buenos Aires a fines del Siglo XVIII.

La ganadera, columna vertebral de la economa rioplatense, no era tanto una ocupacin de los habitantes, en el sentido de trabajo productivo, como un medio de subsistencia que estaba al alcance de la mano. Esta distincin fue hecha ya por Sarmiento en su Facundo (obra tan rica en sagaces observaciones de este gnero como errnea en su tesis general). Marx indic que el suelo ms fructfero no es el ms adecuado para el desarrollo del sistema capitalista industrial. Este rgimen presupone el dominio del hombre sobre la naturaleza. Una naturaleza demasiada prdiga lleva al hombre de la mano como a nio en andaderas. No lo obliga, por imposicin natural, a desenvolver sus facultades. Y citaba Marx palabras de un economista ingls que vienen muy a propsito cuando se estudia el desarrollo de la rica zona rioplatense y su contraste con el Norte de Estados Unidos: Como la riqueza natural es la ms grata y beneficiosa, hace al pueblo negligente, orgulloso y expuesto a todos los libertinajes; en cambio, la segunda (la naturaleza hostil) impone el celo, la ciencia, la pericia, la sabidura de los Estados... Ni puedo imaginarme tampoco que haya peor maldicin para un pueblo que vivir sobre una zona de tierra en la que la produccin de medios de subsistencia y de alimentos se realice en gran parte de un modo espontneo y el clima exija o admita pocos cuidados en lo tocante a clima y techo. Claro est que tambin puede darse el extremo contrario. Un suelo que no d fruto por mucho que se lo trabaje es tan malo como el que da, sin trabajar, productos abundantes (Marx, Capital, 1. 23).

Con una visin que deberan envidiar muchos marxistas de este siglo, Alberdi deca que: La Amrica que da frutos sin trabajo y sin cultivo, ser poblada por ociosos y por esclavos, explotada por otros ociosos usurpadores. . . Dichosos los pueblos que tienen por morada un suelo pobre; ellos sern como la Prusia, como la Holanda, como la vieja Inglaterra en Europa y la nueva pobre produce al hombre rico (Alberdi, Obras, VIII, 198).

Resulta demasiado cmodo ser liberal a costa de Esparta y atribuirle a su colonizacin, supuestamente feudal (Sebreli, Historia, 13) el atraso posterior de Amrica Latina. En realidad se impone la conclusin de que el medio geogrficoen el amplio sentido de las disponibilidades de medios de vida, de medios de trabajo y mano de obra es la causa principal del fabuloso progreso del Norte de Estados Unidos, as como del atraso del Sur de ese pas, de Amrica Latina en general y del Ro de la Plata en particular. La Pampa alumbr una civilizacin del cuero que luego lo fue de la carne tan prspera pese a su carcter atrasado que hasta obnubil la conciencia de que se trataba de un pas atrasado, haciendo concebir la ilusin retrgrada de que con vacas poda construirse una gran nacin moderna. Antes escriba Jos Hernndez tan tarde como en 1874 no se admita la idea de un pueblo civilizado, sino cuando haba recorrido los tres grandes perodos del pastor, agricultor y fabril. En nuestra poca, un pas cuya riqueza tenga por base la ganadera, como la provincia de Buenos Aires y las dems del litoral argentino, puede, no obstante, ser tan respetable y, civilizado como el que es rico por la perfeccin de sus fbricas (Prlogo al Martn Fierro). Sin embargo, esa era precisamente la herencia que dej la colonizacin espaola en el Ro de la Plata: vacas, vacas, vacas, como deca Sarmiento; aprovechamiento pasivo de lo que la naturaleza brindaba. Es decir, herencia de atraso y de sumisin al comprador extranjero de lo que se sacaba de las vacas. Pero no hay en esto ni un solo gramo de feudalismo. Se trata de un capitalismo colonial, orientado haca el mercado exterior y desinteresado del mercado interno, es decir, del conjunto de la nacin.



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