Portada :: Opinin :: La Izquierda a debate
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-05-2007

Crtica del Capitalismo (I)

Carlos X. Blanco
Rebelin


En mi juventud universitaria hube de padecer la docencia intoxicadora de aquellos que ya trataban a Marx como un "perro muerto". Antes, tambin ocurra que al propio Hegel, aun necesitado de ser puesto del revs en pro del Materialismo, lo trataban muchos acadmicos de Europa como tal perro muerto. Eso lo hacan unos mediocres que no llegaran nunca a la suela de sus zapatos, y contra stos se levant Marx, defendiendo a Hegel, este maestro suyo que, idealista y reaccionario, fue no obstante un cimiento de la ciencia ideolgica de la revolucin con su Filosofa Dialctica. Hoy en da, algunos filsofos se las quieren dar de "originales", planteando incluso un "materialismo" que, si renuncia al marxismo, no tiene ms remedio que degenerar en positivismo y naturalismo, "ismos" por lo dems, de cariz reaccionario. Desconfiemos de las marcas de fbrica pretendidamente originales, y ms an de quienes pretenden usurpar el rtulo de "Materialismo Filosfico" enmendando la plana a Marx, Engels, Lenin. An estamos a la sombra de estos tres hombres.

Con este cimiento hegeliano se pudo escribir El Capital. Por muchas que sean las crticas y readaptaciones que se puedan hacer al fundador del Materialismo Histrico y Dialctico, no me caben dudas acerca de la vigencia de Marx a la hora de analizar dialcticamente nuestra sociedad, el Capitalismo. De hecho, en El Capital nos encontramos los fundamentos de crtica revolucionaria de una sociedad que, si bien econmicamente ya no es exactamente la que su autor analiz en la Inglaterra de mediados-finales del siglo XIX, si es un desarrollo canceroso de ella, un "agravamiento" potenciado y globalizado de la misma enfermedad detectada en aquellos tiempos. En otros escritos he designado esta nueva fase actual con el nombre de Fascismo Global. Esto es: el Capitalismo mundial, el mercado convertido en un mundo y el mundo forzado a vivir reducido a ser un mero Mercado, un engendro que no puede seguir existiendo sin desnaturalizar todo cuanto encuentre a su paso, a saber, personas, ecosistemas, relaciones sociales. Al partir de una premisa que engendra metstasis cancerosa en la sociedad, tal sistema econmico de produccin no puede continuar ms adelante sin valerse de los sistemas imperial-fascistas ms globales en extensin, potencia, y con un cariz ineludible. El mal comenz al reducirse el mundo a un mundo de mercancas, y con ello la propia conversin del hombre y su trabajo en cosa, en mercanca. Nota: cito pginas de K. Marx, El Capital a partir de la edicin del Fondo de Cultura Econmica, Mxico, 2000, tomo I.

A) EL ANLISIS DIALCTICO DE UNA FORMACIN SOCIAL.

El estudio cientfico de la Mercanca es ms difcil de comprender que otras categoras concretas de la economa poltica. Es ms fcil estudiar el organismo desarrollado que la simple clula (Prlogo a la 1 Edicin de El Capital, de Karl Marx,). Slo disponemos de la capacidad de abstraccin, que disocia en la mente lo que no es separable fsica ni qumicamente. Estos elementos abstractos analizados son: la forma de mercanca y la forma de valor. El mtodo que el crtico de la economa poltica precisa descubrir en el seno de la sociedad burguesa para dar con su ley fundamental es un mtodo analtico-dialctico. Mediante el anlisis se disocian los elementos imprescindibles para el funcionamiento dinmico del sistema capitalista. Cada uno de ellos es una suerte de clula funcional que explica el todo social (bajo el aspecto de su modo de produccin). Es anlisis abstracto porque estos elementos son unidades formales que no pueden darse al margen de un contexto material sin el cual no se daran causalmente esos elementos. La dialctica entra en juego desde el momento en que han de tomarse juntos esos trminos en su interaccin recproca, la cual da lugar a negaciones, contradicciones y momentos superadores que dan cuenta de la trayectoria histrica del sistema mismo, que no es mecnico (vale decir, esttico en cuanto a la fundacin de sus reglas) sino errtico a largo plazo y autolegislado.

B) FONDO HISTRICO-ANTROPOLGICO DE LA EMERGENCIA DE LA MERCANCA. APARICIN DE LA SOCIEDAD CAMBIARIA. LA APARICIN DEL VALOR DE CAMBIO Y DEL REDUCCIONISMO CUANTITATIVO.

El fondo, acaso neoltico, que es la gran precondicin histrico-antropolgica de la emergencia del capitalismo, estriba en el auge del valor de cambio, concepto que de por s constituye un logro del cerebro humano pero logro intelectual dable nicamente tras repetidas prcticas y ceremonias consuetudinarias. Como tipo de funcin, esta aplicacin de un valor de cambio presupone

a) la heterogeneidad cualitativa de mercancas que, en distintas manos (inicialmente ex hypothesi en distintos grupos diferenciales) se complementaran, satisfaciendo necesidades sociales biunvocamente.

b) La abstraccin de tipo reductor. Los grupos sociales, tomados de dos en dos saben reducir pares de clases de mercancas a una tercera substancia abstracta: el valor de cambio, que en un principio no es una tercera mercanca sino ms bien una cuantificacin de la mercanca A y de la mercanca B, tal que se puedan establecer las equivalencias en forma de relacin. Tantas unidades x de A en relacin tantas y de B. xA yB

El cuantitativismo que, sobre un fondo neoltico de intercambios se exacerba en los albores de la civilizacin humana es uno de los ms prodigiosos cambios cognitivos, requisito necesario pero del todo insuficiente para el advenimiento del modo de produccin capitalista. La nueva bilateralidad de los intercambios econmicos, tanto x de A por tanto y de B, esconde el trmino medio que realmente permite el desplazamiento de las mercancas de unas manos a otras, la satisfaccin biunvoca de necesidades y la operacin reparadora de valor que obliga modificar el cuanto (x e y) en los distintos intercambios. La mente opone unas mercancas a otras, las reconoce como miembros de clases cualitativamente distintas y tras esa distincin las compara de acuerdo con la nica categora disponible una vez excluidos en la abstraccin los universos cualitativos que separan a una de la otra: la cantidad. Nada hay en los interiores de una mercanca A y de otra B que permita comparaciones de valor (de cambio) ni asigne a esas comparaciones pares de nmeros concretos, tantas x de A por tantas y de B. La esencia ntima de A y B, de existir cosa semejante, consiste en mudar con respecto a la asignacin numrica de la x y de la y (de las cantidades). No puede ser el valor de uso de A y B. El valor de uso, y Marx se encarga de mostrrnoslo, viene a ser un concepto inmensurable, imposible de cuantificar. Es relativo respecto a la cultura y a la poca. Es ambiguo en cuanto a los distintos miembros o sujetos estimadores dentro de una misma sociedad y con l resulta imposible dar un paso en la ciencia econmica. Marx se aleja del esencialismo o del naturalismo de una manera absolutamente definitiva, como no se haba visto antes en la filosofa. Ni en A ni en B se pueden ver esencias que permitan entender la funcionalidad de las mercancas como categoras. Ni tampoco cabe divisar en ellas una escala pre-dineraria de valoracin social de las cosas. Es en el proceso causal de la produccin de las mercancas donde debemos mirar: el trabajo humano abstracto, distinto para A, B, y C es la fuente categorial de las cantidades (variables) x,y,z que se requieren en cada intercambio: "Aquel algo comn que toma cuerpo en la relacin de cambio o valor de cambio de la mercanca es, por tanto, su valor" (p. 6)

El trabajo es el tercer trmino base para la reduccin que establece Marx de la heterogeneidad cualitativa. Las mercancas al enfrentarse entre s por parejas y al someterse a una lgica del intercambio cobran toda su vida del espritu que las anima: el trabajo humano abstracto, medido ya en horas. Ese trabajo humano abstracto posee su homogeneidad, la que ciertamente falta en el universo de las mercancas, por la propia medicin del tiempo que, en la ciencia fsica moderna es considerado una substancia homognea. Lo es, porque una hora de trabajo es igual a cualquiera otra. Y se debera decir ms: normativamente han de ser tratadas las unidades temporales como homogneas en sentido estricto, haciendo abstraccin de fenmenos como la fatiga, la estacin del ao, del turno, etc. El trabajo humano abstracto se torna homogneo porque la ciencia modera hace homogneo el curso mismo del tiempo, con independencia de todas las alegaciones metafsicas que se puedan dar al respecto, dado que esos intervalos no son ms que nuestras mediciones, a saber, operaciones normativas que excluyen toda subjetividad y toda variacin cualitativa del proceso humano de trabajo. La normatividad toma como punto de referencia absoluto la existencia de un reloj oficial, al que se ajustar toda fbrica o taller. Asimismo, la diversidad cualitativa del trabajo es reducida, acaso brutalmente, a la medida en horas que requiere el producto como producto social, como promedio al nivel tcnico disponible en una formacin social.

1. La capacidad productiva del trabajo depende (p. 7):

1. De la destreza del obrero. 2. Del nivel de progreso de la ciencia y de sus aplicaciones. 3. Del volumen y eficacia de los medios de produccin. 4. De las condiciones naturales.

La mercanca existe enteramente ligada al proceso de cambio. Slo en tal proceso el valor con que se puede enfrentar A con B se puede expresar en tiempo de trabajo abstracto y socialmente necesario para producirla. Si no entra en un proceso de cambio, un artculo contiene ese valor potencial pero no expresado de forma real, en forma cambiaria, sino slo como consumo (productivo) de energas (fsicas, y de entre ellas, las musculares y nerviosas de los obreros), materias primas (de entre ellas, el alimento de los obreros quemado en su jornada), medios de produccin, etc. Adems de existir bajo ese aspecto fagocitador de energas y recursos, que es el consumo productivo, un artculo tambin existe como valor de uso, y antes de su produccin, no era sino una constelacin de valores de uso posibilitadores de su produccin. El artculo, ciertamente "vale" para alguien, le es til en algn aspecto de la vida a algn sujeto. Si se ha producido para lanzarlo al crculo de procesos cambiarios que su expresin acabada suponga un valor de uso para alguien es pre-requisito fundamental de todo comercio. Los valores de cambio son previamente valores de uso para poder equipararse. Estos valores de uso nunca concurren directamente en los intercambios. Poseen un carcter ligado a los sujetos y las condiciones de su produccin y consumo. Su utilidad es por completo independiente (desde el punto de vista lgico) del trabajo requerido para su ulterior disfrute. Hay muchos valores de uso "gratuitos", dados por la Madre Naturaleza, o producidos directamente por sus consumidores. Slo en cuanto resultan de un trabajo humano abstracto y enfrentados a otros valores que contienen un cuanto de ese trabajo podemos hablar de valores de cambio.

El valor de cambio requiere que los valores de uso encierren una utilidad para otro, que socialmente los requiera, y los logren por medio de un acto de cambio. Si no se da ste, no hay valor de cambio. En este acto de intercambio de mercancas de distinta clase A y B- se estn intercambiando (equiparando) en realidad, y a un nivel ms profundo, los distintos trabajos humanos empleados diferentemente para producir A y producir B. Se debe comprender bien que el germen de nuestro capitalismo, es decir, el haber entrado la historia humana en el curso de la sociedad cambiaria, representa el definitivo triunfo de una lgica de la cuantificacin diferenciada de los valores en funcin del trabajo socialmente requerido para producirlos. Todos los trabajos humanos, dado un mnimum de desarrollo de lo social, no pueden ser considerados iguales en virtud del desigual desarrollo tcnico y grado de esfuerzo humano requerido en estas o aquellas operaciones. Y tambin debe entenderse que por razn de la desigual situacin geofsica de cada sociedad, as como su organizacin social interna, etc., se conforma el complejo que permite precisamente explicar la equiparacin cuantitativa de mercancas heterogneas tanto en su naturaleza fsica como en su produccin social.

Es verdad de Perogrullo que si todas las mercancas valieran igual, no habra intercambio Y con qu medir la desigualdad? Contrapesando las cantidades x e y requeridas para A o B. Quiz fuera en ese momento neoltico donde hiciera su aparicin primera el valor de cambio con sus categoras ligadas (trabajo social, produccin, mercado, etc.). Los agentes del mercado albergan una especie de lgica compensadora, de justicia retributiva: "por tanta cantidad de esto, mucho ms de esto otro".

El anlisis que hace Marx de la mercanca es enteramente deudor del hilemorfismo aristotlico, desdoblando como hace todo el proceso y objeto en dos planos o principios: la materia y la forma. Esto rige especialmente en el caso de la categora trabajo ( p.10). Al proceder de esta manera, Marx supera todo gnero de prejuicios "modernos" en torno a la relacin didica sujeto-objeto, que traspasada a la Economa Poltica supondra que el productor fuera visto como sustancia modificante de un objeto igualmente sustancial. La relacin no es de tipo subjetivo. Las relaciones que se dan por el trabajo suponen que tanto los objetos a transformar, como los trabajadores son sistemas procesuales.

C) LA SOCIEDAD ABSTRACTA. LA ABSTRACCIN DEL TRABAJO.

La sociedad se volvi abstracta en cuanto que el trabajo pas a considerarse sustancia homognea, mensurable en cantidades o porciones igualmente homogneas. El trabajo simple compone estructuras de trabajo complejo a modo de multiplicaciones de aquellos "cuantos" simples que pasan a ser unidades de valor requerido para producir una mercanca. Pero, recordemos, el valor de cambio slo aparece en el acto de cambiar. Estos cuantos de trabajo humano, reducibles a una abstraccin de toda labor humana posible, al margen de su diversidad, y reducidos a su mxima simplicidad, son utilidades necesarias para producir el artculo. Se acumulan a lo largo del proceso, y esa acumulacin es el acrecentamiento mismo de su valor. El monto de utilidades que se han invertido en producir un artculo no garantiza per se un alto valor de cambio del artculo convertido en mercanca. Antes al contrario, el ms esmerado artculo producido, resultado de mprobos esfuerzos, utilidades y valores invertidos en l, es ruinoso al cambio si en el mercado abundan las mismas o semejantes mercancas con muy poco valor (tiempo de trabajo) requerido, acaso, por gracia de una mecanizacin del proceso productivo. Determinar el valor de una mercanca no es algo posible en abstracto con una medicin del tiempo de trabajo abstracto y socialmente necesario que ha requerido su produccin.

Este tiempo, sea el que sea, viene contrastado por la relacin de valor ms simple "que es la relacin de valor de una mercanca con otra concreta y distinta, cualquiera que ella sea" (p. 15).

La cantidad de tiempo para A slo da valor (de cambio) a esa mercanca (slo) en relacin con la cantidad de tiempo que se requiri para B. Las mediciones de tiempo de trabajo socialmente necesario para A, B, C, pueden ser de lo ms azaroso y contingente. La ley social del valor slo aparece en los balances que, por pares de mercancas (A,B) se establecen en el proceso de intercambio.

Por otro lado, jams debe olvidarse que el trabajo en el sistema capitalista es tratado como una mercanca, adems de un despliegue y gasto de energa fsica que es til o valiosa (valor de uso) para alguien. Como tal mercanca, posee un valor social que ser diferente segn la cualidad o las inversiones previas hechas para desarrollar esa labor con eficiencia, rendimiento, etc. Hay trabajos peor pagados que otros, y ellos se ven afectados por vaivenes de oferta y demanda, y toda suerte de contingencias que en el capitalismo afectan a las dems mercancas. En el Antiguo Rgimen y en las sociedades ms arcaicas an, la "estimacin" o "prestigio" social de los oficios acaso tuviera la transparencia suficiente para darse una asignacin directa de la sociedad de unos valores de cambio diversos a los distintos empleos de la fuerza de trabajo, sin la mediacin del trabajo como una mercanca suelta, al lado de otras. Ello no obsta para que el trabajo no fuera, al menos en parte, mercanca como tambin la tierra, por ms que sufriera fuertes restricciones en su compra, venta, alquiler, usufructo, etc. Por lo dems, incluso en sociedades "empotradas" donde el capitalismo no apareca en un estado puro ni hegemnico, y por ende, no poda liberar la mercanca en su estado puro, el proceso de trabajo no dejara de mantener el carcter dual que Marx asigna a toda mercanca: valor de uso, valor de cambio. La emergencia de los mercados (tan remota es en la historia) y de los intercambios ( p.e. tribales) hace del trabajo comunitario que en parte sea mercanca, sin que por ello el trabajador individual se "venda" parcialmente como mercanca al modo del obrero moderno, el asalariado en tiempos capitalistas. Todo trabajo, aun no siendo asalariado y de cariz feudal o comunitario, tendr ese doble aspecto del valor de uso y del valor de cambio en cuanto participa del mercado.

Una hora gastada en el taller del orfebre es creacin del valor de uso, por cuanto que la pieza le valdr a un sujeto para algo, o para su comunidad, o para otra fornea. Una comunidad o tribu ajena, en cuanto que entra en actos de intercambio con la primera busca utilidad. Ese orfebre arcaico puede ser trabajador comunitario que slo obtiene los beneficios sociales de su comuna, como resultado del reparto de excedentes y como consecuencia de un intercambio intracomunal de servicios. El no "vende" sus horas, como quiz no venda sus piezas elaboradas, pero s las contrabalancea su comunidad cuando entra sta en relacin de trueque con otros valores de uso, que al instante se transfiguran en mercancas. Se hecha de ver que valor de uso y valor de cambio son categoras enteramente dialcticas en la vida social pre-capitalista y que obligan a una investigacin fluida, dinmica, de todo gnero de formaciones. En ellas, las "estructuras sociales", lejos de ser rgidos corss (no obstante, invisibles, slo inteligibles), constituyen ms bien transfiguraciones unas de otras. Este tipo de conceptos dialcticos ciertamente nace en parejas. En el intento de desentraar uno en sus componentes, ha de aparecer el otro como mediacin-conjugacin. El ser humano como animal social, llegado un momento dado de su desarrollo, se envuelve de valores de uso slo por la creacin de un sistema de cambio, y por ende, de valores de cambio, desapareciendo la autonoma del valor de uso. La autosatisfaccin simple de necesidades, la creacin directa de utilidades, el trato funcional primigenio con cosas "que valen" a alguien ya no son funciones posibles inteligibles de manera absolutista. Cada cosa o servicio, siendo lo que vale, "suelta" respecto a toda otra cosa o servicio, entra en relacin dialctica con otras, se contrapesan los tiempos invertidos y ya se presuponen entonces los intercambios proto-comerciales, dentro o fuera de una comunidad.

El valor de cambio, por su parte, solo existe en la relacin de pares de valores de uso. Nadie desea cambiar lo que no es til. Una misma mercanca se trueca en valor de uso y en valor de cambio en funcin de la utilidad que revista para el comprador, o con la base de su encuentro con otra mercanca que le sirva de espejo en la circulacin. Ese artculo A slo es mercanca reflejada en el espejo de la mercanca B que a su vez deja de ser simple artculo y deviene mercanca para dotarse de su particular valor de cambio. Este verse en otra, este "tomar la pelleja natural de otra mercanca como su forma propia de valor" (p. 23) es la condicin de superacin de toda supuesta reflexin de una mercanca A que se autopone en el mercado, afirmativa de su mismo valor. Este valor de cambio necesita ser una forma relativa. El valor de la mercanca no es medida de una magnitud fsica absoluta, ni valor graduado en torno a una escala fija. Es absoluto y homogneo el tiempo requerido, medido en intervalos y con entera abstraccin de la cualificacin o intensidad de la capacidad productiva, como ya se ha visto. Pero este tiempo de trabajo invertido no se traduce en el valor si este valor A producido no toma forma relativa ante el valor B, y as equipararse los tiempos abstractos invertidos en A y en B. El valor de A no ser nunca algo natural ni intrnseco a una pretendida esencia del objeto. Cuanto hay de natural en el estudio de la mercanca se limita a la capacidad transformadora de la naturaleza al ser, podramos decir, el "vaciado" de las operaciones humanas y formar la imagen, como en negativo de las disposiciones o formas que dimanan de la accin humana, ella misma dependiente de su carcter de ser natural y sometido a las leyes fsicas de toda materia, objeto de transformacin. El trabajo humano abstracto que transforma los objetos materiales y que puede pagarse como una mercanca ms, y medirse como sucesin de intervalos temporales homogneos es, en rigor, la fuerza de trabajo, la nica contextura natural del hombre que "cristaliza" en productos, en artculos objetivos elaborados. Una formacin social con un mnimo grado de desarrollo mercantil llega al punto de convertir en hbito la medida del trabajo social acumulado en su seno (en principio, un trabajo comunitario o estamental, y slo despus individualizado por la sociedad) en funcin de los intercambios comerciales de los que dimana el valor de cambio. Si los intercambios pasan de ser espordicos o casuales a convertirse en hbito regular de valorizacin del trabajo social, estamos ya cruzando un umbral: el del fetichismo de la mercanca.

D) LA PRODUCCIN Y LA DOBLE RELACN MATERIAL-SOCIAL ENTRE PERSONAS Y COSAS. OPACIDAD DEL CAPITALISMO. TRANSPARENCIA CIENTIFICA DEL COMUNISMO.

Marx describe en estas pginas inmortales de la filosofa, la materialidad social que rige la produccin y el intercambio.

I. Relaciones materiales entre personas y II. Relaciones sociales entre cosas.

Es especialmente interesante resaltar que la lgica de la produccin-mercado es decir, la lgica del (nacimiento) de la economa poltica, se asemeja a un lenguaje jeroglfico donde los signos son diversas envolturas materiales que emanan de un uno, el trabajo humano abstracto. Esta unidad, casi plotiniana, necesita entenderse a s misma, no obstante como pluralidad encarnada de emanaciones suyas (p. 39). La sociedad trata de hacer una "lectura" de su produccin traspasando la frontera de homogeneidad y pureza del trabajo, que tambin era diverso y plural en origen, pero reducido a su factor comn de productividad social.

La comprensin cientfica del comunismo, lejos de toda versin utpica o futurista, ha de pasar por una ntida traduccin de la produccin colectiva de la sociedad en servicios y productos directamente autoabastecidos y distribuidos por los propios productores, una vez que el mercado ha desaparecido como jeroglfico social o como encarnacin fetichista del trabajo social colectivo. La valoracin ser la directa que corresponde con la participacin de los trabajos individuales en el trabajo colectivo. Las individualidades son diversas, en capacidad y en necesidad. Con lo que el comunismo es el triunfo de la diversidad de los trabajos, venciendo sobre la homogeneidad brutal del trabajo abstracto como medida del valor de cambio. La desaparicin del mercado, en su forma ms radical, no debe confundirse con su existencia subordinada o marginal, tal y como se ha conocido en la historia como modos de produccin pre-capitalistas. La reflexin que hace Marx sobre el modo de produccin feudal es muy significativa. El feudalismo, nos guste o no, es un modo de produccin mucho ms transparente incluso a los ojos de sus propios protagonistas (o vctimas) (p. 42).

Es evidente que "ms transparente" no significa mejor ni ms igualitario. Desde un punto de vista jurdico, la edad media y el antiguo rgimen no eran en absoluto sistemas deseables desde ninguna escala de valores sostenible, ninguna que contenga el igualitarismo como principio radical. La desigualdad de los individuos, formalmente, era de hecho la mejor definicin para entender estos sistemas. La distincin que el comunismo extiende sobre estos sistemas pre-capitalistas reside en la unin esencial que hay entre la transparencia del sistema productivo y la radical igualdad de productores.

El mercado supone el gran sistema semitico por medio del cual emisores y receptores hacen valer su produccin, sus valores necesitando siempre al otro para la operacin misma de hacer valer. El comprador ve en la mercanca A un valor de uso y busca el equivalente que en B pudiera ofrecerse al vendedor. Ambos sujetos son emisores y receptores que emplean una estructura social especial y sancionada, el mercado, en la cual las mercancas hacen como de agentes o embajadores, no siempre inmediatos, pues es sabido que el mercader no tiene por qu coincidir con la figura de su(s) producto(res) directo(s), y en tal caso, son estos comerciantes e intermediarios los representantes de un trabajo humano, individual o social movilizado y finalmente cuajado en producto. El fetichismo culmina en la equivalencia buscada entre pares de mercancas A y B, y el hecho consabido del carcter enajenable de cada mercanca.

El desplazamiento de la mercanca de una mano a otra, no parece mgico sin contamos con la metfora semitica de los mensajes, que tambin conocen diversos portadores a su paso, y codifican funcionalmente a los agentes, pasando de emisores a receptores en cada proceso de intercambio. El proceso de cambio en una comunidad primitiva supone la apertura de esta -al completo- hacia un medio exterior formado por comunidades circundantes. El acceso de stas comunidades, antao cerradas, a las grandes corrientes circulatorias del exterior es, nada menos, que el relato de la incorporacin de las formaciones sociales a una historia universal. La apertura de la antiqusima Tartessos a los comerciantes fenicios y griegos hace que la identidad de sta se fundiera con la de las grandes culturas del Mediterrneo, formando un todo con ellas. El Oriente Medio y el Mediterrneo en todas sus costas acabaron siendo el escenario circulatorio de los grandes procesos comerciales (y despus, econmico-polticos y militares del mundo antiguo). La estratificacin intra-comunitaria apareci a medida que la produccin se orient crecientemente hacia esas arcaicas formas de exportacin, bien fronteriza, bien fluvial o costera. A la par, se desarroll no ya slo la especializacin interna del trabajo social en una formacin, sino la especializacin de las propias mercancas en el momento en que algunas de ellas ms manejables, ms transportables y enajenables- revisten un carcter social y privilegiado. La estratificacin social (divisin del trabajo) levanta jerarquas porque el valor de los distintos trabajos ya no puede ser el mismo dentro de una sociedad "abierta" a la exportacin y contrabalanceada por series de mercancas que la sociedad fornea enfrenta en los intercambios. Al no valer todas las mercancas lo mismo, no todos los trabajos dentro de la totalidad productiva valen lo mismo, y los hombres son condenados a la especializacin. La mercanca dinero, entonces, lejos de constituirse en un simple signo, es la mercanca privilegiada que, fcilmente enajenable y divisible o multiplicable (a voluntad), reproduce con carcter discreto pero fraccionable. La homogeneidad misma que posee el tiempo de trabajo abstracto y simple otorga valor a las mercancas, pero ahora el dinero realiza ese mismo valor en el proceso del cambio. Es el tipo de mercanca que exhibe un carcter necesario de representante de mercancas diferentes en cantidad y con cualidades variables y que se opone a una determinada cantidad de dinero. El fetichismo que el mundo moderno experimenta ante el dinero hace muchos milenios que comenz, es un desarrollo natural del fetichismo de la mercanca (p. 55).

E) LA ESCLAVITUD DEL DINERO.

Las distintas funciones que el dinero desempea en la sociedad sirven a los efectos de agilizacin de lo que Marx llama "metabolismo social". La totalidad social, concebida de un modo organicista, incluye en todo momento series de transformaciones o conversiones operadas entre esferas necesariamente vinculadas, que se remiten unas a otras. Las esferas de la produccin, a saber, el cambio y el consumo, se remiten entre s, aunque Marx concibe a la esfera productiva la prioritaria en el anlisis, acorde con su teora en la cual el trabajo humano transforma la materia e identifica sus modos productivos con los modos de existencia social. Los artculos producidos pasan a ser mercancas en el acto de cambio donde el valor que se les ha incorporado en su produccin se realiza y se expresa, por medio de un equivalente de otra mercanca cualquiera, o por una expresin del valor de dinero, que es una mercanca ms.

La circulacin de mercancas exuda constantemente dinero (p. 72). La regla de sustitucin de una mercanca A por otra B necesita siempre de un tercer factor, D que es el dinero. El acto nico que formalmente encierra una compraventa requiere no solamente la relacin entre dos mercancas, un valor relativo, sino un desarrollo ilimitado de equivalencias que A debe guardar con la totalidad de mercancas potencialmente susceptibles de ser contrapuestas a A. El dinero es aquel tipo de mercanca general que entra en el bolsillo del vendedor en el mismo momento en que la mercanca pasa a manos del comprador. Conceptualmente, la mercanca se ha "metamorfoseado" en un primer lugar, pasando a convertirse en objeto ya vendido, y ubicado en el haber del comprador. El dinero que ha costado la mercanca al comprador es una especie de reaccin o contramovimiento de la enajenacin que la mercanca ha experimentado. No es lo mismo en A el valor-trabajo contenido en su produccin, traducida en tiempo, ni el valor de cambio con el que se balancea ante x cantidad de mercanca B como equivalente ni menos an con el precio que en valor-dinero esa mercanca ha costado, gravitando por encima, por debajo o alrededor del valor de cambio susodicho. Hay toda una cadena de mediaciones desde que trozos de materia elaborados por el sudor y la accin humana fueron dotados de valor, hasta que en una economa dineraria la mercanca es objeto de la circulacin.

Las dos esferas que se necesitan en el mbito ontolgico, produccin y circulacin, se enfrentan al mismo tiempo en esa unidad formal que es el acto de compraventa. En la sombra, como en toda relacin didica, asoma el tercer elemento que triangulariza el problema: el tercero de la discordia y de la superacin, el consumo. La mercanca, al ser objeto de cambio, trmino de circulacin, gravita hacia el consumidor que ve en ella un valor de uso, pero su uso (o consumo), en efecto, slo se satisface mudndose en valor de cambio. Tal mutacin, y tal movimiento de enajenacin, con el consiguiente cambio de manos, precisa, en un medio social no rgido para la circulacin, del dinero. El movimiento de ste refleja, en realidad, el movimiento de todas las dems mercancas (p. 75). Estas se salen de la esfera de la circulacin cuando quedan "atrapadas" de forma definitiva en su condicin de valores de uso y tal trampa o sumidero es lo que llamamos consumo. La produccin social renueva sin cesar esta prdida de mercancas, salidas de una rbita circulatoria y sumidas en la consumacin. Slo la mercanca privilegiada que es el dinero se mantiene en permanente circulacin (p. 77).

"La circulacin es como una gran retorta social a la que se lanza todo para salir de ella cristalizado en dinero." (p. 89).

Esta retorta se hace mundial al despuntar el siglo XVI, y ese es el mojn en que el capitalismo stricto sensu pasa a ser el modo de produccin imperante en el globo tras su incubacin milenaria en las formas precedentes de economas mercantiles y dinerarias.

El dinero no es de suyo capital y urge conocer cmo se da esta conversin. En una sociedad mercantil pre-capitalista, el dinero puede aparecer ante los ojos de sus agentes como simple medio de pago que permite la enajenacin de la mercanca y su "empuje" o desplazamiento a otras manos.

M D - M

La interposicin del dinero (D) en el trfico de las mercancas ya supone una superacin del trueque directo M-M de las sociedades primitivas y poco desarrolladas. La interposicin de D da la apariencia de un gasto, un consumo de dinero. Pero en el ciclo en el cual el dinero se adelanta, y la mercanca es el medio para que D retorne, y adems retorne acrecentado D-M-D es donde se deja ver el origen del capital, el acrecentamiento o reproduccin de D, que se representa D.

Si ya de por s el dinero es una mercanca general, o digmoslo de una forma ms precisa, la mercanca en general, que "ha borrado todas las huellas de sus valores especficos de uso" (p. 106), ese dinero acrecentado y dotado adems de la capacidad orgnica de seguir creciendo, es el capital.

F) EL CANCER DEL CAPITALISMO.

La produccin social pervierte sus fines naturales, la produccin de valores de uso socialmente necesarios. El uso y valoracin de las cosas deja as de formar un continuo con las funciones vitales que un ser racional como es el hombre, debe y puede desarrollar. La aparicin del primer capitalista fue el origen del cncer de la sociedad humana. El valor de uso no puede considerarse jams, advierte Marx, como fin directo del capitalista. El capitalista, adems, busca la ganancia sistemtica, no aquella ganancia circunstancial que le puede traer la astucia o el azar. Con ello el cncer extiende su metstasis por el cuerpo social y las funciones sociales se subordinan a este nico imperativo: que el dinero "adelantado" por los capitalistas retorne a sus bolsillos acrecentado. Slo de forma subsidiaria los agentes, capitalistas y obreros, satisfacen sus necesidades y encuentran valores en el mercado, cuando la autosubsistencia no puede expandir ms su radio. El mercado da la apariencia de un equilibrio entre las partes concurrentes, comprador y vendedor, que slo es tal si atendemos a los valores de uso. La investigacin sobre el origen, naturaleza y leyes del capital, que Marx desarrolla de forma exhaustiva y voluminosa, parte del planteamiento del por qu el capital crece en manos de su poseedor, partiendo del supuesto de que en el mercado se contrastan sin embargo pares de mercancas equivalentes y no mediando necesariamente un engao en el intercambio comercial. Este engao es un hecho real en el comercio en todas las fases de su historia, y no es menos en nuestros das, en la fase tarda del capitalismo. Las races del engao se hunden en el suelo del poder coactivo que tiene en sus manos, si no el uso de la violencia fsica, s al menos el uso de la violencia verbal y mental y que, con eufemismo, se conoce como publicidad y propaganda. Con todo, el propsito analtico de El Capital se mantiene en la lnea de buscar las races de la plusvala dando por supuesto un honrado y equilibrado intercambio de equivalentes. Si cambian equivalentes no aparece el valor (p. 118). Es por ello que el comercio sirve para cambiar la distribucin de valores en una sociedad, haciendo que afluyan ms en un bolsillo que en otro, provocando enriquecimientos particulares, amontonando capital en unas manos en detrimento del capital que antes haba en otras. Para explicar la aparicin de la plusvala ha de haber una mercanca peculiar que forme parte del sistema econmico y que, de forma sistemtica, no sea pagada por su valor: no le sea dado un equivalente en dinero por una serie de razones histricas y estructurales que es preciso investigar. Esa mercanca es la fuerza de trabajo. El trabajo ocupa la posicin de gozne en el seno de una totalidad social. Es la suma de fuerzas que articula una sociedad. Como energa viva de origen humano (muscular, cerebral) se aplica sobre procesos naturales, transformndoles en los momentos y puntos adecuados. El trabajo como suma de fuerzas es el motor de la sociedad que permite su produccin y reproduccin, simple y ampliada. Es la sociedad misma vista desde un punto de vista dinmico y material: el prerrequisito de todas las dems facetas de la misma, incluyendo las espirituales. Pero la fuerza de trabajo es, igualmente, una mercanca ms dentro del modo de produccin capitalista. Entra dentro de la esfera del intercambio, de la circulacin. La sociedad capitalista quiere presentarse a s misma como una red enorme de mercancas circulantes. La produccin quiere ser presentada a s misma como el conjunto de medios y esfuerzos que abastecen las necesidades sociales. Pero estas necesidades lo son, ante todo, de ganancias capitalistas, por lo que la produccin entera se orienta hacia el mercado y no hacia la sociedad como tal. Tal produccin, seala Marx, tiene una trastienda (p. 128). Por debajo del trfico y trfago de la circulacin mercantil, como en un submundo oculto a las miradas del burgus, a las de cualquier consumidor-comprador, la masa humana es estrujada; su savia se exprime con insaciable sed vamprica y loca ansia de plusvala

La trastienda o submundo de la produccin es el proceso de consumo de fuerza de trabajo, idntico al proceso de produccin de mercancas y de plusvala. Siempre se da un consumo de fuerza de trabajo en la elaboracin de los productos. La nota que moralmente aguijonea a la dignidad humana y que ontolgicamente deshace a lo humano como ente separable de la mercanca y ms bien le funde en ella, en una espiral de cosificacin creciente es que el trabajo de millones de seres humanos no se orienta hacia la produccin de los objetos de sus necesidades comunitarias, sino a la produccin de mercancas que en s mismas no son sino un medio para conseguir el verdadero fin del capitalista, la produccin de plusvala que se realiza en el mercado. La plusvala como fin supremo de nuestro modo de produccin. Con ello, la comunidad se aliena de s misma, esto es, olvida sus fines inmediatos y se separa de su propia actividad vital: en el caso lmite, desaparece. La comunidad se ve substituida por una masa de cuerpos humanos ofrecidos en venta por horas para que as unos poderes, cada vez ms impersonales, acumulen plusvala. La concentracin de masas acumuladas cada vez mayores de plusvala es el polo de atraccin de todas las energas musculares y cerebrales- de la sociedad, quedando esta extenuada a la hora de reconocerse a s misma, a la hora de reconciliarse con su base material, con su existencia misma.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter