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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-05-2007

Sobre populismos

Francisco Fernndez Buey
El Pas


Hoy en da, en los principales medios de comunicacin occidentales, se llama populismo a movimientos, gobiernos o regmenes muy diferentes y a veces de signo radicalmente contrario. Esto est creando mucha confusin, pues existe la tendencia a meter en ese mismo saco del populismo procesos y tendencias que son muy distintos por su orientacin, por los objetivos explcitamente declarados y por la actuacin en la prctica de los sujetos de referencia.

Desde el punto de vista de la historia de las ideas polticas, resulta llamativo que al hablar o escribir hoy en da sobre populismo casi nadie se acuerde del primer movimiento socio-poltico que est en la base del uso del trmino populismo en Europa. Vale la pena recordarlo. En Europa, el trmino populismo se us histricamente para calificar a los narodnik rusos de la segunda mitad del siglo XIX. Por qu un olvido tan generalizado? La reflexin a partir de esta pregunta arrojara mucha luz acerca de la confusin actual sobre el uso del trmino populismo, que casi siempre aparece ahora en una acepcin peyorativa.

Hay ah un cambio de orientacin muy notable en la historia de las ideas. Si se compara el tono positivo con que escriban sobre este populismo Franco Venturi, Isaac Berlin o, por ejemplo, Albert Camus, en El hombre rebelde, durante los aos que van desde la dcada de los cincuenta a la dcada de los setenta del siglo XX, con el uso actual del trmino populismo, pronto se llega a la conclusin de que se ha producido una inversin casi total en la acepcin de la palabra.

La cosa viene a cuento por el uso negativo del trmino populismo que habitualmente se hace al escribir ahora sobre algunos de los movimientos sociales y procesos polticos en curso en Amrica Latina (en Bolivia, en Ecuador, en Per, parcialmente en Venezuela, etctera). Pues, en mi opinin, esto tiene ms puntos de contacto con el narodnikismo (y tal vez con el primer populismo agrarista norteamericano) que con el tipo de populismo en que habitualmente se piensa cuando nombramos a lvaro Obregn (en Mxico), a Getulio Vargas (en Brasil), a Jos Mara Velasco Ibarra (en Ecuador) o a Juan Domingo Pern (en Argentina).

Los movimientos sociales y procesos polticos en curso en los pases latinoamericanos mencionados enlazan, en cierto modo, con los objetivos, metas y discursos de lo que fue el primer populismo ruso tanto en su crtica de los males de la modernizacin capitalista (ahora de la globalizacin neo-liberal) y de las tiranas elitistas (ahora de las oligarquas corruptas) como en su advocacin genrica del socialismo.

Estos movimientos socio-polticos se caracterizan por su defensa identitaria y/o nacionalista, de pueblos, comunidades o naciones pequeas histricamente excluidos/ as, cuya base social es mayormente campesina (neo-indigenista o neo-indianista) o urbana de origen campesino, pero cuya visin de las cosas ha sido reelaborada, como en el caso del populismo ruso del XIX, por una parte de la intelligentsia sensible a la diversidad lingstica y cultural.

Finalmente, estos movimientos enlazan con el narodnikismo por su vnculo con la defensa de la tierra, que en el caso del narodnichestvo se expresaba en la defensa de la comuna rural (o de sus restos) y que ahora (cuando se superponen lo pre-moderno, lo moderno, y lo post-moderno) se expresa en el ecologismo de los pobres, en la defensa de la soberana alimentaria de las comunidades, en la defensa de los principales recursos estratgicos y en la lucha contra la biopiratera como nueva forma de colonialismo.

Por supuesto, tambin ahora en Amrica Latina, como en la segunda mitad del siglo XIX en Rusia, hay quienes se dedican a echar flores sobre un pasado idealizado que no volver. Pero al analizar esas flores idealizadoras habra que intentar comprender de dnde salen comprendiendo el mundo en que viven quienes las echan, de la misma manera que Venturi, Berlin o Camus atendieron a las flores que los narodnikis echaban a la comuna rural rusa.

Hay varias vas de comprensin posible. Una es la va narrativo- ensaystica que inaugur John Berger en Puerca tierra. Otra es la que ha practicado Pere Casaldaliga al denunciar valientemente que, hoy como ayer, los abusos del capitalismo siguen presentes en la periferia. Y la tercera es una va analtica, la que ha seguido Ernesto Laclau al distinguir entre populismos y mostrar el disgusto que ha generado en las poblaciones latinoamericanas una realidad socio-econmica a la que slo las lites se atrevan a llamar democrtica.

En varios de los pases latinoamericanos aqu mencionados se est haciendo mencin explcita a la intencin u orientacin socialista de los procesos en curso. Habra mucho que discutir acerca del carcter (incluso tendencialmente) socialista de esos procesos. Pero para entrar de verdad en esa discusin antes habra que tener una nocin clara de lo que se entiende por socialismo hoy en Europa. Mientras tanto, hay una pregunta previa: por qu en Europa se acepta, por lo general, el nombre con el que se nombran a s mismos los partidos gobernantes (sabiendo como sabemos que sus programas apenas tienen nada que ver con el socialismo y en muchos casos ni siquiera con lo que se llamaba socialdemocracia) y, en cambio, al hablar de Venezuela o de Bolivia hay que llamar sistemticamente populistas a los que se llaman a s mismos socialistas?

Existe, por ltimo, un uso ms restringido del trmino populismo. Se refiere al modo de actuar o de ejercer la parte de poder que tienen, y que han logrado por va estrictamente democrtica, dirigentes como Chvez, Morales o Correa. Tambin en esto habra que precisar y distinguir. Una cosa es el talante personal de tal o cual dirigente y otra, bastante distinta, lo que se proponen actuando en un marco democrtico. Si priorizar asambleas constituyentes, potenciar la democracia participativa, tratar directamente con la parte de la poblacin a la que representan sometindose a su control, potenciar la iniciativa popular y el referndum constitucional o legislativo es populismo, entonces habra que llamar populista tambin al Kelsen de Esencia y valor de la democracia (y no recuerdo ahora bibliografa acadmica o hemeroteca periodstica que haya llegado a tanto).

Si, en cambio, de lo que se trata es de la sospecha en el sentido de que el talante personal, carismtico, de alguno de estos dirigentes puede conducir a la liquidacin de la democracia representativa (cosa, por cierto, de la que la mayora de los observadores internacionales dicen que no hay indicio), entonces sera mejor volver al viejo trmino de cesarismo, que es con el que se ha calificado tradicionalmente en Europa esa forma de relacin entre gobernantes y gobernados. Quedara por dilucidar entonces si cesarismo de izquierdas y cesarismo de derechas son simtricos, y ajenos ambos al espritu democrtico, o si la distincin que estableci Antonio Gramsci, entre un (buen) cesarismo de izquierdas y un (mal) cesarismo de derechas, sigue valiendo despus de lo que hemos aprendido desde los aos treinta del siglo XX.

Francisco Fernndez Buey es catedrtico de Filosofa de la Universidad Pompeu Fabra.


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