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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2007

Crtica del Capitalismo (II)

Carlos X. Blanco
Rebelin


En esta segunda parte de nuestro artculo, seguimos comentando el tomo I de El Capital de Karl Marx, como fuente inagotable de sabidura para el revolucionario. El anlisis de la mercanca, la conversin del hombre en cosa, en puro objeto mercantil, as como la conversin de las relaciones sociales y ecolgicas en pura y simple mercanca, es hoy un proceso creciente en manos de las multinacionales y los Estados imperialistas. El mundo convertido en Mercado slo podr imponerse definitivamente y sin contestacin popular por medio del "Fascismo Global".

Citamos segn la edicin del Fondo de Cultura Econmica, tomo I, Mxico, 2000.

A) LA CREACIN DE LA SOCIEDAD BURGUESA POR MEDIO DEL TRABAJO COMO MERCANCA.

La sociedad, bajo la trbida atmsfera neoliberal hace de todos unos individuos tomos separados unos de los otros, y separados de sus medios de vida. Los Derechos Humanos y toda la retrica de la iniciativa individual y sus milagros, extrada a partir de las inquietudes del burgus, el ms solitario y egosta de los seres por origen y esencia, se proyecta sobre el proletariado, que en rigor ha sido separado de un enjambre, desligado de sus camaradas por habrsele enajenado histricamente su comunidad (rural, gremial) y alejado de sus medios de produccin. Ahora el proletario, el menos "individualista" de los seres por naturaleza (por historia, por esencia y origen) compite con su camarada porque tambin es ste vendedor de lo nico que tiene. Y compite como clase con las innovaciones tcnicas en vilo de que stas le reduzcan a una situacin de paro forzoso o de cada insoportable del salario. La mala soledad burguesa planea sobre las cabezas de los proletarios sin que stos se beneficien en modo alguno- de los derechos individuales que un da de revolucin burguesa le concedieron frente a la opresin aristocrtica. Ahora el trabajador - como individuo suelto- ya es propietario, s, pero slo de su fuerza de trabajo mientras su cuerpo aguante. Ahora el productor entra por medio del contrato en una relacin aparente de igualdad formal reconocida, que esconde la atroz desigualdad material existente como base de partida. Mientras tanto, el capitalista vive de prestado gracias a una dominacin que se debe explicar, ante todo, histricamente (por la acumulacin originaria en cuyo proceso se "incrustan" asentadas y desarrolladas las leyes capitalistas). El capitalista vive de prestado gracias a su dominacin sobre el obrero, ya que ste " ... adelanta en todas partes al capitalista el valor de uso de la fuerza de trabajo y el comprador la consume, la utiliza, antes de habrsela pagado al obrero, siendo por tanto, ste el que abre crdito al capitalista" (p. 127).

La fuerza de trabajo es una mercanca enteramente ligada al hecho radical de ser un viviente. Hablar de su produccin es tanto como referirse a su reproduccin de sus medios de vida. La naturaleza de la fuerza de trabajo hunde sus races en la dinmica cclica misma de la conservacin del ser vivo. Es ella la actitud del ser vivo y se pone en prctica por medio del ejercicio. Este se considera un ciclo biolgico por el que se paga, y supone el comienzo de cada ciclo (diario) en condiciones idnticas de salud, vigor, energa, etc. si ese individuo no se quiere considerar una suma de fuerzas derrochables y sustituibles al trmino de su corta vida sin costo aadido para el comprador de su fuerza de trabajo. La Inglaterra victoriana conoci efectos mdicos de la "decadencia de la raza" debido a ese afn estrujador que la burguesa manifest sobre las capas populares: disminucin de la talla o del nivel intelectual, carencias fisiolgicas, taras diversas transmisibles a la descendencia, escasez de tropa apta para la guerra. El individuo fue visto como un simple saco de fuerza que se poda esquilmar y sustituir. Lo mismo ocurre en los pases del llamado tercer mundo, donde la abundancia de manos muertas permite a los patronos despreocuparse de la reposicin fsica de los individuos. El nivel relativamente alto de educacin es una especie de seguro para el trabajador a la hora de saber que tiene garantizada la posibilidad peridica de descansos y una relativa autonoma en la gestin de sus esfuerzos sin llegar a la extenuacin por desnutricin o la muerte por fatiga. La clase burguesa confa en la alta tasa procreadora de los pobres y los poco instruidos para as garantizar su rpida reposicin. La relacin entre el nivel de educacin y la tasa de procreacin es estrictamente econmica, y por ello no ha menester la postulacin de mecanismos mentales conscientes interpuestos. Esa fuerza de trabajo instruida, proporcionalmente mayor en los pases "avanzados", equivale a un mayor nmero de medios de vida, a un mayor valor por tanto de esa mercanca. Y no es cosa de ser esquilmada, confiando en una fcil reposicin reproductora. Hay aqu un crculo causal que no puede entenderse salvo de forma dialctica. El trabajador tiene contrada una suerte de pliza de seguro, o lo que es anlogo, lleva en s una inversin hecha con el nivel de instruccin elevado. Todo trabajador, aun el ms descualificado, "abre crdito al patrono" (p. 127) pues adelanta su fuerza de trabajo, siempre antes de habrsele pagado este. El trabajo de mayor nivel de instruccin abre un crdito "de mayor valor", su fuerza no es fcilmente repuesta en el mercado de trabajo, y el patrn se asegura mejor la continuidad de esta en el punto de comienzo de cada ciclo o jornada, conservndole ntegra, antes que confiando en su reproduccin sexual y familiar, cuyo ciclo se extiende a ms largo plazo. Slo a fines del siglo XX se ha podido constatar la gran presin ejercida sobre los trabajos altamente cualificados en virtud de la abundancia de universidades y escuelas profesionales y tcnicas. La masificacin de los estudios no obligatorios, y la prolongacin de los obligatorios hasta edades ms avanzadas constituyen medios ideales para reducir el valor de la mano de obra de calidad y de tipo intelectual, en aras de una consolidacin de la proletarizacin de todo potencial trabajador asalariado y reservar la cspide de la pirmide a una elite de ingresos inalcanzables y con dominio de unos arcanos slo reservados a ellos. El "adelanto" que el trabajador asalariado puede hacer en zonas muy pobladas por titulados superiores y altos tcnicos en determinadas comarcas y pases es menor en trminos relativos, porque todo trabajador compite, como vendedor de su propia mercanca (la fuerza de trabajo) con los dems vendedores que ofertan la suya, y que artificialmente abundarn por iniciativa estatal planificada.

Este sera el caso paradigmtico, p.e. de Asturias, pas que lleva al menos tres dcadas exportando universitarios a toda Espaa. Tras su declive industrial con cierre de empresas manu militari, y una cada acusada de sus niveles de renta y productividad, los altos estndares educativos y culturales de su sociedad, incluyendo la universidad, no fueron (ni estn siendo) orientados hacia las demandas econmicas del pas asturiano, sino que se enquistan de forma dirigida por el Estado (y su caniche fiel, el Principado) como cantera de parados cronificados, o condenados a compensar el retraso cultural de otras zonas del Estado y "hacer misiones" como emigrados forzosos.

B) LA TRASTIENDA DE LA PRODUCCIN.

Tras la irreprochable apariencia de simetra jurdica de un contrato de compra-venta, la crtica de la economa poltica debe atreverse a ver "la trastienda de la produccin"

En la trastienda de la produccin, el hombre aporta, amn de sus fuerzas, una voluntad consciente y atenta (p. 131). Marx analiza el proceso de trabajo partiendo siempre de la especificidad humana que, aun brotando de un fondo genrico animal y prehistrico, se desliga de la direccin de los instintos y hace del trabajo un proceso en que el hombre acta de acuerdo con fines, y "cerrando" el bucle acta sobre las causas eficientes de la naturaleza, que el hombre manipula en su provecho, manipulacin dirigida por los fines con que se rige. El conocimiento de la "necesidad" imperiosa de la naturaleza redunda en una mayor "libertad" o mejor dicho, en la sustitucin de una necesidad primaria por otra derivada, secundaria y autoimpuesta, aquella de los fines o normas rectoras de las acciones del hombre, del agente sobre las causas naturales. Sea cual sea el modo de produccin, en el hombre es la accin, su trabajo, el nico campo que conecta la causalidad ciega de la naturaleza tambin presente en su propio ser corpreo- y las finalidades que la sociedad impone a su vida colectiva. La accin productiva del hombre crea un campo en torno de esos dos polos, ninguno de los cuales puede darse por separado.

El hombre, animal dotado de razn, acta sobre los objetos por medio de su accin, un sistema de energas que se transforman en trabajo, y slo en forma de trabajo trastoca la naturaleza y transforma las propiedades de sta. La razn, en s misma, es harto impotente para mezclarse con los objetos o "cosificarse" como uno ms de entre ellos, como quiera no se pretenda insertar en las secuencias cclicas de la accin misma.

Ya hemos descrito la accin racional del hombre como un campo de operaciones que incluye, necesariamente, los objetos y las transformaciones de stos. Operaciones y objetos (transformados) forman un campo de unin ontolgica sistmica. La clase de unin que se pretende en dicho campo es, precisamente, la unin dialctica de trminos contrastados y hasta opuestos a priori, pero unin de cuya co-presencia forzada han de brotar los dinamismos y los cambios, tanto del lado de las operaciones (el sujeto) como de los trminos operados (objetos, que en ocasiones pueden hacer las veces de otros sujetos). En tal sentido, la teora "metablica" de Marx jams podr concebirse como una teora mentalista, ni siquiera en los clebres pasajes de la araa y la abeja en comparacin con el obrero (pps. 130-131), por ms que truenen con ese adjetivo despectivo el prof. Bueno y otros "renovadores" del marxismo que, al pretender darle la vuelta a Marx, ponen todo patas arriba. El famoso pasaje en que se compara el plan del obrero y la ejecucin de la araa precisamente seala lo que una psicologa comparada elemental encuentra en el continuo que, desde el plano mismo de las operaciones, ha de estudiarse como real y efectivo. Ese continuo entre la araa como agente ejecutor (o la abeja, o cualquier otro organismo) y el obrero humano, no puede entenderse por apelacin a la mente o un programa interno. Las acciones de seres, con razn (mentalismo) o sin ella (instinto) forman siempre una red que ontolgicamente vinculamos a las operaciones y a los objetos operados, donde tambin hay continuidad. La red se entiende como efecto de cursos de actuacin operatoria, como sujetos y objetos que se movilizan y se adaptan a cada nueva fase del estado de cosas. Y en las diversas especies es irrelevante discutir acerca de una sustancia llamada "mente". El hombre como manipulador de herramientas, creador de instrumentos, homo faber, significa para Marx el organismo que por antonomasia se trasforma en rgano mltiple y verstil. El hombre mismo es rgano para s, y trueca en rgano lo que l toca: la tierra, otros hombres, su cuerpo, los animales, su cuerpo, cualquier ser, ya vivo, ya inerte. La teora "metablica" rechaza de plano cualquier interpretacin mentalista de la antropologa marxista, pues en las secuencias y ciclos de accin ya viene dado que el agente se transforma con el ejercicio.

Lo que Marx instaura, dentro del ms slido materialismo filosfico, es la idea de campo operatorio, en el cual la razn verdaderamente efectiva y causal es aquella que se hace operativa, y ya de inmediato (necesariamente) es convertida en accin y transformacin de un mundo de objetos (y sujetos). Que el grado y radio de operatoriedad ("libre") del humano es mayor que el de la araa es tanto como decir que posee mayor nmero de estrategias para actuar, mayor amplitud y profundidad de accin. La red que el ser humano teje con sus acciones abarca una totalidad social entera.

La propia naturaleza del hombre, su corporeidad activa, hace de l un sistema transformador. Cuanto toca y cae bajo su radio de accin es convertido en instrumento. La tierra, y los dems productos de la naturaleza pasan de ser meros sistemas materiales desprovistos de poder operatorio, a sistemas operatorios que entran en combinacin de una forma intencional y con efectividad aumentada (pps. 131-132).

C) LA DOMINACIN DE LA NATURALEZA.

La socializacin de la naturaleza es el proceso de dominacin y despilfarro, pero igualmente es el proceso de su conversin en instrumento, en rgano obediente y ciego que prolonga el dinamismo de la formacin social englobando en ella todo producto, toda fuerza, cualquier sustancia.

La identificacin del capitalismo con el latido mismo del planeta y con la transformacin de la tierra es tambin un proceso de autoalimentacin destructiva que no est conociendo lmites. Si no se da antes una destruccin definitiva de la vida humana, saltar a los espacios exteriores. La ciencia ideolgica del marxismo, lejos de reducir el dinamismo de una formacin social a la incidencia de factores puramente tcnicos (el sistema seo y muscular de una sociedad) slo reconoce en ellos un papel de diagnstico metodolgico, el poder de realizacin de las distinciones oportunas, para fijarse no tanto en qu hace una sociedad, sino en cmo lo hace.

Las condiciones materiales, junto con los sistemas "vasculares" forman un todo econmico en el que los instrumentos mecnicos estn como empotrados. Con esto, el sistema econmico no agota la totalidad social, sino que conforma un aspecto reconocible dentro del organismo social. De entre todas las mercancas, de entre todos los procesos fsicos y sociales, la capacidad de trabajo puesta en accin es la nica que puede transformar las sustancias, objetos o procesos de suyo inertes y ajenos al todo social, en cuanto a dinamismo y vida. Ella hace que la tierra fructifique, hace que la sustancia devenga producto y el valor de ste lo toma del trabajo que ha ido absorbiendo en el proceso de produccin. Un dualismo fundamental, y al mismo tiempo su orgnica fusin, caracteriza el anlisis que Marx hace del proceso de produccin. Dualidad entre elementos pasivos, inertes o muertos, por un lado, y por otro, el nico elemento que, no precisamente por arte de magia, les insufla vida y pone aquellos en movimiento: la fuerza de trabajo humano entendido como capacidad susceptible de ser comprada-vendida por horas y puesta en ejercicio. La historia mundial, como ya venimos diciendo, ensea que el nmero de elementos inertes y an no valorizados va disminuyendo en este modo mundial de produccin. Raro es el objeto o sector de la naturaleza que no incluya los efectos de un trabajo anterior y, por tanto, de una valorizacin. El procedimiento de ingreso de los elementos naturales en la esfera productiva muchas veces no puede ser inmediato por razones de inaccesibilidad geogrfica, rechazo por parte de la cultura indgena, nivel insuficiente para la explotacin tecnolgica de determinados recursos, etc. pero tendencialmente todo entra en esta esfera productiva como lo que es: combinacin de materiales, trabajo humano y medios de produccin.

D) EL CONSUMO PRODUCTIVO. GASTO DE TRABAJO.

En el desarrollo del proceso de produccin se incluye el consumo, un consumo de tipo especial que es el consumo productivo. En este, se devoran cclicamente materias primas, medios de produccin y fuerza de trabajo. Todos los elementos que forman parte del proceso de produccin son extinguibles, y la fuerza de trabajo es tanto 1) la mercanca, como 2) el elemento vivo de la produccin. Bajo el aspecto 1, es un valor de cambio. Bajo el aspecto 2, es condicin y causa motriz de la produccin. Esa fuerza vivificante dota de movimiento y determinacin formal a los dems elementos impersonales. Y esa fuerza se gasta si no se produce un restablecimiento de los medios de vida necesarios y si el metabolismo del ser orgnico del hombre no procesa de un modo correcto. Las energas humanas de toda una formacin social no se vuelcan racionalmente hacia las jerarquas de necesidad que una sociedad consciente ha previsto (lo que es el comunismo). Ms bien, al captarse como fuerza de trabajo fraccionada en individuos-mercanca, comprada por manos privadas, la fuerza de trabajo se consume segn tasas diversas de explotacin al aplicarse de manera orientada a fines igualmente privados; todo el universo de fines, a su vez, como el producir este coche, este vestido, aquel cosmtico, etc. est subordinado a un nico y soberano fin: la ganancia del capitalista, comprador de fuerza de trabajo. Esa ganancia especfica del rgimen capitalista de produccin, llamada plusvala.

El trabajo del obrero, comprado por el capitalista se compara con el "fermento vivo" que se incorpora a los "elementos muertos". Todo producto consiste en esta especial interaccin de heterogneos. En el sector de la prctica ocurre lo mismo que en el de la teora, que no conoce otro tipo de conocimiento que el resultado de una interaccin entre sujeto y objeto. La fuerza de trabajo, como valor de uso, es til al patrono para "hacer fermentar" y "poner en movimiento" todos los dems medios de produccin. A su vez, el producto, que siempre es un valor de uso, no es producido realmente en cuanto que tal valor de uso. En el capitalismo se producen mercancas, lo que es tanto como decir que se producen artculos con valor (de cambio) de cuya venta el capitalista (disfrazado de comerciante o haciendo uso de agentes comerciales) obtendr un plusvalor (p. 138). El valor, y su incremento extra (plusvalor) obtenido tras todo un ciclo productivo capitalista, es sumamente abstracto e indiferente a su encarnacin en artculos de consumo visibles y tangibles. Estos revestimientos son medios para la expresin del valor; son objetos que sacan a la luz sus atributos de utilidad (para alguien), detrs de los cuales se encierra ese valor que circula valindose de los disfraces. El hilado o el algodn de los ejemplos marxianos, pasan a tomar mejor ropaje moderno bajo la forma de computadoras y telfonos mviles. Mas, como en el mito de Midas, todo pasa a transformarse en sustancia abstracta y homognea, de suyo invisible, el valor, que es trabajo humano abstracto inoculado a la materia inerte. El comprador de esa fuerza de trabajo es consumidor de la misma, y este consumidor, dentro de un modo de produccin capitalista, es siempre consumidor de trabajo ajeno, atrapado dentro de la estructura cristalina del producto, devorador de la fuerza viva detenida en las redes de un sistema productor de mercancas que es, por lo mismo, sistema devorador de las energas humanas. Energas que, en puridad, no se destinan al robustecimiento de la cultura, al engrandecimiento de una sociedad, al cultivo de su nobleza, sino a la produccin de frusleras. Las mercancas son la crcel del trabajo humano vivo, una vida reducida a mnimos, y stos mnimos en forma de esporas cercanas al estado de muerte. Una vida que ya ha sido entregada para su propia destruccin sacrificial.

El hecho de que un producto absorba valor, y que ste, de por s, no pueda ser medido de igual modo que las magnitudes de la fsica, ni pueda ser una entidad sensible u observable, ha sacado de quicio a los ms empiristas de entre los tericos del marxismo, que no son pocos. Especialmente stos abundan en pases occidentales entre los que ha primado un estudio de la ciencia econmica como si sta se tratase de una ciencia de la naturaleza, imitadora en lo que pueda de la metodologa cuantitativa y de la epistemologa de la fsica. El valor, que en nada tiene que ver con las magnitudes cientfico-naturales, es un resultado abstracto de las relaciones sociales, y stas, en su aspecto productivo, son siempre relaciones sociales de produccin por medio de las cuales la sociedad se crea a s misma, a sus hombres y a sus cosas, y tambin crea sus mismas necesidades de carcter especfico. El trabajo es conservador de valor y creador de nuevo valor. Como proceso y como capacidad slo es observable y material en el ejercicio, y ya por esto mismo, el trabajo es inseparable de la materia trabajada y de las relaciones sociales, tambin "trabajadas". El ejercicio de la capacidad de trabajo slo es mensurable, como ya va dicho, por el tiempo haciendo abstraccin de las distintas calidades y tipos de trabajo. El ejercicio de la capacidad de trabajo humano, o, ms en general, el ejercicio de la capacidad operatoria, es el nico referente objetivo, pblico y contrastable del concepto de materia en el sentido propio del marxismo, vale decir, del materialismo filosfico, lejos de toda consideracin metafsico-general de la materia, tal y como se estudia en la tradicin filosfica, al menos desde Aristteles. Materia no es sino lo que se puede hacer con ella, y lo que se hace de hecho con ella, su significado social, es inseparable del que la historia efectiva misma del espritu humano ha hecho con ella, esto es, la serie de operaciones que sujetos dotados de voluntad y entendimiento han desplegado sobre diversas capas que encuentran desigualmente "trabajadas" por otros sujetos y segn fases previas. Hasta los fsiles del Cmbrico, o las ms viejas rocas de la Tierra contienen "valor" inoculado en el mercado del conocimiento. Sin las operaciones (gnoseolgicas) pertinentes hubieran permanecido en la ms oscura ignorancia. Los medios de produccin (tanto de valor como de conocimiento) constituyen las capas ms recientes y refinadas para la segregacin o produccin de las capas novsimas de materialidad ( v.gr. realidad, racionalidad). Los medios de produccin no son sino una subclase especial y especializada de trminos al alcance operatorio, necesarios y rentables para una mayor y profunda transformacin de trminos ms inaccesibles o reacios a la operatoriedad humana. De suyo, no aportan nuevo valor a los productos elaborados. La parte de ellos que se consume productivamente, se transfiere proporcionalmente al producto de manera diaria. Esos medios (instrumentos, mquinas, etc.) son a su vez mercancas producidas y encierran su propio valor, pues en algn momento fueron creados con su valor. El universo de mercancas, incluyendo las que ya estn dejando de serlo para engrosar el universo de la basura y el de la chatarra, es un cementerio inmenso de las energas humanas. Los medios de produccin creados, junto con los ya obsoletos y fenecidos, constituyen una condicin objetiva de la supervivencia de la especie humana. Los medios de produccin utilizables lo son de la produccin, en el sentido dinmico en que una sociedad tiene que reproducirse produciendo, repetirse como ciclo que siempre se inicia partiendo del punto dejado en el estado anterior. Pero este "Espritu Objetivo" de hoy, es tambin una fuerza aplastante e imperativa, un determinismo atroz que incluye residuos crecientes de los medios de produccin y de los materiales ya movilizados, cadveres de la productividad, que convierten los problemas de la economa en problemas de ecologa, o mejor, de supervivencia global.

El consumo productivo es un consumo de valores de uso. En el caso de los productos que la naturaleza regala generosamente, en el supuesto (en la prctica, imposible) de comportar un tiempo de trabajo nulo en su aprovechamiento o extraccin, encontramos una destruccin devoradora desde el momento en que son conducidos a la industria: agua, madera, combustibles fsiles. Ellos no aportan valor de cambio slo en ese supuesto abstracto segn el cual estn al alcance de la mano, sin trabajo movilizado para su extraccin, transporte, acondicionamiento, etc. Pero, claramente, este no es el caso real. Las "externalidades" econmicas hace tiempo que son series de trminos, procesos y relaciones que se han incorporado centrpetamente en el crculo incesante de transformacin econmica del capitalismo mundial. La tierra toda, ocanos y ros, atmsfera y todo gnero de materiales (incluyendo ahora, los genes, p.e.) han pasado a ser sustancias a devorar por el sistema. En la medida en que sufren el contacto "antrpico" o "civilizador", ya poseen un valor dado de cambio que reaparece parcialmente en los productos elaborados en sucesivas fases, productos que ya son mercancas donde se ha creado este valor, el cual, al haber sido creado conserva la parte correspondiente del que les haba haban transmitido las mercancas medios de produccin precedentes.

La vida til de los productos semielaborados y de las mquinas y dems medios de produccin contiene (distribuida en una cantidad determinada de unidades discretas producidas) la totalidad del valor conservado de la sustancia, instrumento o mquina que ha contribuido a crear valor nuevo. Su creacin multiplicada es la condicin de la conservacin del viejo valor, pese a que en su aspecto de valor de uso es objeto de consumo y haya podido ser devorado. As, p.e., una porcin importante de bosque ha podido ser talada para la industria maderera. El valor de uso de ese sector boscoso ha desaparecido para siempre con la deforestacin deliberada. La incorporacin de la madera a las serreras consiste en una mutacin del tipo de valor de uso (el valor de uso es relativo siempre, y comporta desapariciones, que se llamarn sumideros o actos de consumo). De ser un valor de uso generalizable a muchas especies, incluyendo al hombre, y de este, incluyendo al habitante carente de dinero y beneficiario de un entorno natural que le ha sido legado, ha pasado a ser un valor de uso para el empresario maderero o para el fabricante de muebles, que si guardan en sus manos e instalaciones tales valores de uso es porque se han apropiado del mismo por tratarse tambin de un valor de cambio, y por ende, susceptible de enajenacin. Que ya tuvo la madera un valor de cambio en cuanto que se ha pagado por su tala y transporte, es evidente.

E) PROGRESISMO. ECOLOGISMO.

Los apstoles del capitalismo y del progresismo sostienen, de mltiples maneras, que el valor no se destruye, slo se transforma para poder aumentar. Hablar de crecimiento es hablar de aumento social de valor (de cambio). La alerta del ecologismo, al hacer ver que determinadas utilidades universales y naturales s se destruyen, exige hoy, ms que nunca, de una reflexin sobre esta distincin entre valores de uso y valores de cambio. Nuestro bosque del ejemplo desaparece para siempre si no ha sido replantado. Desaparece de forma absoluta porque como valor de uso ha sido consumido, primero productivamente, y al final de la cadena circulatoria, definitivamente. El valor de cambio que ha ido creciendo por la sucesiva incorporacin de fuerza de trabajo, deviene finalmente en plusvala, suministrada por el reguero de sangre y sudor, de fuerza humana. Fuerza la cual es la nica fuente de otros valores de uso, fuente que junto a otros materiales, medios, instrumentos, etc. est destinada a su consumo o destruccin. La miseria de la ecologa estriba en que antepone en sus anlisis y reflexiones el tema del agotamiento definitivo de ciertos valores de uso que dan en llamar "recursos naturales", al tema del agotamiento y explotacin de la fuerza humana de trabajo. Al poner por delante las "cosas" y despus a las "personas" diremos que cometen un crimen contra el humanismo? No nos interesa ese crimen, ni menos an fiscalizarlo, pues entraramos en una supuesta defensa de la dignidad a priori de unos seres frente a otros, o bien en una metafsica de la complementariedad de ambas clases. Pero lo que si diremos, en ataque frontal al ecologismo, es que se olvidan de la conexin fundamental, a saber: que el agotamiento masivo de los recursos naturales est inextricablemente unido a la larga historia de explotacin del hombre por el hombre. Este es el pecado del ecologismo. No un pecado de signo tico o metafsico, sino relacionado directamente con su obtusa percepcin de las verdaderas relaciones entre los fenmenos.

F) CAPITAL CONSTANTE Y CAPITAL VARIABLE.

La parte constante de capital es aquella parte en la que no cambia la magnitud de su valor en el proceso de produccin. El valor de una mquina, instrumento o edificio, es el valor medido en tiempo de trabajo que ha supuesto su produccin. Su vida til, en trminos de valor de cambio, es la suma de valor que va aportando a todos los productos que ha contribuido a producir. Este capital constante ha de recibir el "fermento" de la fuerza de trabajo humana, que cambia el valor de los productos y es causa motriz de la accin de las mquinas, instrumentos, materiales, etc.

La fuerza de trabajo crea un valor en dos partes: una parte consiste en una mera reproduccin del propio valor equivalente, y otra consiste en un remanente, un valor creado de ms, es decir, la plusvala (p. 158). La parte constante y la variable del capital social varan de unos momentos a otros, de unas comarcas a otras, y dentro de una formacin social dada, de unas ramas de la industria a otras. Pero es incuestionable que ambas partes componen orgnicamente el capital, tanto los capitales individuales como el capital social de una formacin. El lazo es orgnico, y no se puede esperar sino que ambas partes vivan juntas y guarden una proporcionalidad inversa cambiante. El proceso histrico entero de la economa poltica capitalista podra describirse como el relato de esta cambiante proporcin entre c (capital constante) y v (capital variable), sabiendo por lo dems que todo curso de industrializacin creciente en una formacin socieconmica es un proceso de crecimiento de c. Ahora bien, esa c, cada vez ms engrosada y ciclpea, de dnde procede? Ella es la cuanta de trabajo humano valorizado (valor-trabajo) y, por as decir, atrapado en las crceles de su ocultacin: maquinaria, fbricas, etc. Trabajo atrapado en medios de produccin, con el nico fin de producir capital. Por tanto, el verdadero motor que hace que c se desproporcione y haga sombra sobre v es la parte variable del capital mismo, con lo que llegamos a una verdadera relacin dialctica entre las dos partes componentes del capital. De la parte variable del capital, nicamente se obtiene la plusvala, por medio de valor extra que crea la fuerza de trabajo comprada por el capitalista, forzada a trabajar por ms tiempo del que se le paga a cambio de su desempeo. Con el capital variable invertido en fuerza de trabajo, se estruja a sta y el capital tanto individual como social- engorda gracias a esta diferencia positiva de valor o aumento. El capital constante invertido en medios de produccin es slo una condicin pasiva e inerte para que se produzca tal aumento. La tendencia de la sociedad industrializada del capitalismo, exigente de grandes innovaciones tecnolgicas, consiste en ir destinando fracciones importantes de plusvala al engorde del capital constante, que de unos valores primitivos va ganando terreno en lo que hace a su mayor peso o proporcin frente a v. La cuota de plusvala p/v expresa el grado de explotacin de la fuerza de trabajo por el capital (p. 165). Todo trabajo, en efecto, se divide en jornadas, cuyas fracciones horarias son unidades temporales de pago y de produccin. Parte de la jornada el obrero se dedica a (re)producir los medios de vida suyos y de su familia. Es la parte que se da en llamar "tiempo de trabajo necesario". La segunda parte, de duracin variable segn la cuota de plusvala existente, no (re)produce ese valor de sus medios de vida, sino que produce un valor extra debido a un tiempo excedente de labor que es destinada directamente a los bolsillos del capitalista, en concepto de valor de ms (plusvala). Este hace que el capital inicial que el empresario ha invertido en c y en v aumente y de esa plusvala recabada en cada ciclo, una fraccin se reinvierta en c, haciendo de ella una c crecida o mejorada (c'), y en v, haciendo de ella una v crecida o mejorada (v'), ms otra parte de la plusvala que se destina al lujo, al consumo suntuario (que hace las veces, muy a menudo, de "gasto de representacin" de la clase capitalista). El capitalismo es una sucesin cclica de procesos productivos en sus ms diversas ramas, y el objetivo ltimo, tanto de cada capitalista individual, como del resultante social del sistema, es la obtencin de plusvala, la cual no puede darse sin toda una gama de proporciones entre c y v, as como una floracin tambin diversa de cuotas de plusvala, segn la historia contingente y el desigual desarrollo de las distintas ramas de la produccin, el nivel tcnico, etc.

G) LA CUOTA DE PLUSVALA.

La cuota de plusvala expresa siempre una presin sobre el obrero, y la tendencia, digamos, natural del capitalismo (implcita en su misma esencia) consiste en incrementar al mximo esa presin. Las barreras que una historia de lucha sindical impone obligan al capital a presionar (a invertir) sobre el otro elemento orgnico del capital, el capital constante. Mejorado ste, y dotado de mayor valor dentro de cada capital individual, aumenta la "productividad" incluso en condiciones de altos salarios, pero stos slo se pagan a una restringida porcin de la poblacin obrera. En los ltimos tiempos (aos 80 en adelante), en plena orga "neoliberal", del mundo desarrollado (lase, con una c social de muy alto valor, gigantesca) la clase burguesa ha logrado dinamitar las tradicionales defensas de la clase obrera. La agona del capitalismo solo se prolonga a costa de la agona de la clase obrera, rizando el rizo de la explotacin. Fue entonces cuando los tericos de la "sociedad del ocio" y los utopistas de la tecnologa, ignoraron (lase, ocultaron) la raz misma de la explotacin y la esencia del capitalismo. Imaginando un mundo lleno de mquinas y robots que puedan hacer los trabajos pesados, convierten las historias de ciencia-ficcin en simples cuentos para nios, obviando que la dinmica de nuestro mundo es la dinmica del capitalismo, y que ste slo puede vivir acrecentando capital. Esto se logra solamente por una va: explotando la fuerza viva del trabajo. Como ha escrito Marx:

"...y el capital no tiene ms que un instinto vital: el instinto de acrecentarse, de crear plusvala, de absorber con su parte constante, los medios de produccin, la mayor masa posible de trabajo excedente. El capital es trabajo muerto que no sale alimentarse, como los vampiros, ms que chupando trabajo vivo, y que vive ms cuanto ms trabajo vivo chupa." (p. 179).

Una sociedad que invirtiera la mayor parte de sus recursos en la mera conservacin de c, y se conformara con una explotacin nula de la fuerza de trabajo (o tendencialmente orientada hacia ese valor cero), no podr ser calificada de capitalista y hara que la frmula de composicin orgnica del capital (K=c+v+p) dejara de funcionar. Sera ya una sociedad en parte- comunista, posible con un nivel tcnico suficiente, al menos semejante al que ya ha acumulado el capitalismo actual. Una sociedad no necesitada de incentivos continuos para la innovacin. En el capitalismo, en cambio, hay una fluidez propia de la dialctica- continua entre c y v en cuanto a proporciones cambiantes y mutuamente implicadas en cada negocio, rama y formacin social. Sucesivamente, la presin que la clase capitalista ejerce en tecnologa o en explotacin laboral va tomando periodos cada vez ms cortos y frenticos en cuanto al ritmo. Ora sobre c, ora sobre v, y de nuevo sobre c, y as continuamente. Los lmites absolutos se hallan exclusivamente del lado de v. La jornada de trabajo presenta un limite natural que tiene que ver, ante todo, con la extenuacin de la propia vida orgnica del obrero. En tal sentido, la divisin internacional del trabajo, la deslocalizacin de las industrias multinacionales, y la bsqueda incesante de poblaciones obreras del mundo sumisas y dbiles (por las ms diversas razones) hace que los niveles mximos de explotacin del obrero estn realizndose a nivel mundial, sin trabas en muchos casos, por ms que la perspectiva eurocntrica de tantos "marxistas" les haya convertido a stos fcilmente- en reformistas y en "progresistas". Pero lo cierto es que hoy nos encontramos en esta situacin global de ultraexplotacin. La gran masa de valor invertido en forma c en el mundo desarrollado" fue buscando, a lo largo del siglo XX, nuevas formas de absorcin de trabajo, en mercados laborales apetecibles, indefensos, sin tradicin sindical. Dbiles por razones de rpida aculturacin en su devenir desde un modo indgena de subsistencia hasta su violenta incorporacin al modo de produccin capitalista. El capital excedentario de las metrpolis hubo de exportarse. La industrializacin de las antiguas colonias y de los pases perifricos fue condicin de las altsimas cuotas de plusvala, ya impensables en la metrpoli. Y su desarrollismo monstruoso fue posible por una doble combinacin que es la base del hoy llamado "tercer mundo":

1) Plusvala fugitiva que anhela volver cuanto antes a su matriz, a su lugar de procedencia cuando todava no era capital acrecentado, la metrpoli. 2) Disgregacin de las clases obreras locales, an no pertrechadas con estrategias defensivas viables, debilidad o corrupcin de los sindicatos locales, ausencia de burguesas nativas significativas que, al recibir su parte de plusvala, puedan reinvertirla localmente y as contribuir a un desarrollo capitalista endgeno de la formacin social perifrica.

Hoy en da, frente a este panorama, la deslocalizacin del primer mundo ya no es aquella simple exportacin de capitales y recepcin pasiva de plusvalas que la metrpoli disfruta gracias a sus inversiones transatlnticas con las que la propia clase obrera europea, poniendo su cazo en calidad de perceptora subsidiaria jug a subirse a la clase media. La clase obrera de la metrpoli ya es invitada, aqu, all y acull, a disolverse como clase, a morirse socialmente, a desaparecer bajo ciertas envolturas extraeonmicas, que llamamos as por sus propias notas de pasividad: jubilacin, subsidio crnico, rentismo. La deslocalizacin de las empresas de la metrpoli no es una simple exportacin (o huida) del capital hacia los paradisacos mercados laborales de otras latitudes. Ms que eso, consiste en una maniobra de deslegitimacin objetiva de la resistencia obrera clsica, y de sus modos tradicionales de defensa, que el capital necesita emprender con urgencia. Porque el capital, al necesitar su aligeramiento como capital productivo de la metrpoli, slo conseguir hacerlo si reaparece en otros pases en donde la lucha de clases se agudizar, al tiempo que languidece relativamente en la metrpoli. El capital constante de la metrpoli necesita ser ms ligero, se inventa sus propias alas migratorias. Ya no puede absorber trabajo al nivel ni al ritmo exigido por el imperativo capitalista de acrecentar sin cesar. Las alas aparecen en cuanto que las antenas de las multinacionales detectan en pases lejanos la sustancia viva a la cual absorber con facilidad y eficiencia. Las descripciones que Marx traza, para nuestro horror, siendo como son muy austeras y precisas, sobre la jornada de trabajo (Cap. VIII), cobran plena actualidad al fijar la ms elemental atencin en la situacin del trabajo en todos estos pases perifricos que hacen las veces de minas apetitosas de plusvala. Las barreras fsicas y morales que puede tener la jornada de trabajo son all ms fcilmente demolidas, y el obrero deformado, castrado en su humanidad al robrsele sus ms elementales atributos, reaparece con fuerza. Vuelven esas notas hirientes a escena, a veces, lindantes con las propias de la esclavitud. Altas tasas de natalidad, junto con el adiestramiento en las molicies y el desarraigo que ya suponen una historia previa de emigracin del campo a la urbe, hacen que esa masa de "ganado humano" pueda ser "estrujada" al mayor rendimiento exigido y en el menor tiempo posibles (p. 209). Esa abundancia de oferta de manos y la ausencia de historia proletaria crean los contextos tpicos de nuevas acumulaciones que, al igual que la acumulacin originaria europea, se entremezclan con violencias y coacciones extraeconmicas. Slo con estos planteamientos marxistas se pueden explicar toda su bestialidad y con sus patologas horribles. Hoy el obrero vuelve a ser explotado incluso a costa de reducir su ciclo de vida gracias a la mera baratura del coste de su reposicin. Y tras la explotacin in situ de los indgenas, se incrementa la llamada hacia esa misma fuerza laboral que, fugitiva del infierno de la ultraexplotacin, se recluta para tapar los huecos dejados en la produccin y los servicios de la metrpoli capitalista. El "comercio regularizado, este trfico de carne humana" (p. 210) tiene lugar de nuevo, tal y como Marx conoci en el siglo XIX. La carne humana, nuevamente, se trajo al corazn mismo del paraso de la "calidad de vida" para as poder conservarla y aumentarla. Y "paquetes humanos se facturaron, provistos de etiquetas como fardos de mercancas..." (ibdem). Todos estos horrores se repiten al comenzar el siglo XXI, agravados en cantidad (afectan a muchos millones ms de personas en todo el mundo) y en diversidad de formas. A la movilizacin forzosa y compraventa de nios, por ejemplo, se unen su prostitucin universalizada, y el trfico transcontinental, legal e ilegal, de los mismos. El trfico de rganos, p.e., se ceba especialmente en ellos. El comercio de seres humanos localiza con celeridad las canteras de mujeres jvenes en apuros. Las "mafias" encargadas del trfico de emigrantes imitan a los estados, cuyo aparato, mafia de todas las mafias es modlico en la percepcin de ingresos por dicho comercio, establecimiento de cuotas, organizacin de contingentes, el control de los precios de la fuerza de trabajo requerida "a la carta", no slo por oficios y cualificaciones, sino tambin por colores de piel y acentos en el habla.

H) SOBRE LA COMPOSICIN ORGNICA DEL CAPITAL.

La llamada "composicin orgnica del capital", K= c + v + p, es una frmula que encierra realmente las relaciones fluidas y dadas en mltiples planos a partir de procesos histricos. As, el capital K tiene un origen histrico al ser "puesto de mando sobre el trabajo" (p. 248). El plano del "poder" en el que el capitalista "con ojos de Argos" inspecciona y regimienta el trabajo con mayor eficacia que en otros sistemas anteriores de trabajos forzados (ibdem), es un asunto claramente sealado por Marx. Pero, adems de ese nivel meramente etolgico y poltico, fundado en conceptos como los de "poder" y "coaccin", ha de tomarse en cuenta el plano jurdico, que dota de unas formas histricas especficas a todas esas conductas que crean relaciones asimtricas entre seres humanos: "la simple transformacin del dinero en factores materiales del proceso de produccin, en medios de produccin, transforma a stos en ttulos jurdicos y en ttulos de fuerza que dan a quien los posee derecho a reclamar de los dems trabajo y plusvala". (p. 248). El derecho sanciona una ya dada relacin de poder, quiz extrajurdica cuando se present en su forma previa, pero investido despus de unas formas articulables ("armonizables" desde el punto de vista de los juristas). La propiedad sobre los bienes ser la ficcin generalizable al mismo concepto de tiempo. Hay una propiedad sobre el tiempo: el tiempo de trabajo desempeado por otras personas. Algo comprable y vendible, algo enajenable tan slo desde la estpida mentalidad jurdica. Pero esa estupidez es necesaria, y por tanto, real para el ordenamiento formal del capitalismo. El dueo de la produccin es titular jurdico de los medios de produccin. En cuanto que estos no vienen del obrero, pues se les ha separado histricamente de l, los medios de produccin son prolongaciones del capitalista, son la cosificacin de una parte de su alma de capital. Al absorber el trabajo vivo que procede del obrero, cobran una vida que, de suyo, no tenan, como los vampiros segn dice Marx. En realidad, los medios de produccin (c) son instrumentos del capital para abalanzarse sobre el trabajo y poder as estrujarle, pues el trabajo es la nica fuente del valor extra.

La plusvala absoluta se produce por medio de una prolongacin de la jornada de trabajo (p. 252) y el aumento de ella suele darse con un mantenimiento a unos niveles constantes de c, esto es, en las condiciones instrumentales estables y con los mtodos invariados de trabajo. Cuando la capacidad productiva mejora por razones tcnicas, cosa que ha ocurrido incesantemente en las sucesivas ramas industriales desde el siglo XVIII, la presin que el capital ejerce sobre la jornada de trabajo puede relajarse un tanto por esta va, al menos en aquellas ramas productivas en las que la revolucin tcnica ha penetrado ampliamente. En rigor, el capital compensa la resistencia obrera y la propia resistencia natural del cuerpo humano con una bsqueda de nuevas fuentes de plusvala, esta vez plusvala relativa: "...una cantidad ms pequea de trabajo adquiere potencia suficiente para producir una cantidad mayor de valores de uso" (p. 252).

La intensificacin de la capacidad productiva del trabajo repercute sobre el valor de la fuerza de trabajo. Esta fuerza es una mercanca que se mide o contrabalancea por el conjunto de medios de vida que precisa el obrero para reponer sus fuerzas. Como quiera que el valor de las mercancas disminuye a medida que aumenta la productividad, el valor de aquella parte de las mercancas que precisa el obrero tambin decae. "Por eso es afn inmanente y tendencia constante del capital reforzar la productividad del trabajo, para de este modo abaratar las mercancas, y con ellas los obreros"(p. 257). Una de las contradicciones del sistema capitalista reside en ese afn por producir ms y ms barato, que desemboca de forma ineluctable en producir mercancas menos valiosas.

La introduccin de mejoras en las condiciones de productividad, el aumento de sta y la desproporcin aumentada de c en detrimento de v es la va para producir plusvala relativa. La parte de la jornada laboral en que el obrero produce para s mismo es entonces menor con cada nueva mejora, aumentando la parte en que trabaja gratis para el capitalista, incluso manteniendo intocados los lmites de jornada laboral, cuando la ley marca con nitidez ese lmite, y esa ley se cumple, entran en accin todos los mtodos productivos de deteccin de plusvalas relativas, al abaratarse cada vez ms los medios de vida diariamente requeridos por los trabajadores.

La sociedad capitalista crea cada vez ms valor en trminos absolutos, y de ese valor acumulado socialmente, el capital social engorda por la parte de plusvala que se produce, tambin mayor cada vez. Pero en trminos relativos la tendencia es justamente de signo contrario. La produccin de un nmero cada vez mayor de mercancas, y la explotacin de un nmero cada vez mayor de obreros desemboca necesariamente en una capacidad cada vez menor de acumular la plusvala "esperada". La produccin de mercancas da a da ms baratas inunda los mercados, y esta masa ingente de frusleras y cachivaches, aun con precios bajos, termina estrellndose contra los enemigos mortales de la competitividad inter-capitalista, los gastos de publicidad y otras dificultades inherentes al consumo, en definitiva, enfrentndose a una crisis por sobreproduccin, y la consiguiente falta de realizacin de la plusvala. Las mercancas, aun manteniendo (altos) sus precios de mercado por recurso a ciertas trampas y artificios, objetivamente valen menos como consecuencia de haber sido producida en serie con mtodos perfeccionados y con planteamientos empresariales tpicos de la produccin relativa de plusvala. La misma mercanca-trabajo, como consecuencia de tales mtodos productivos, se ve afectada por esa minusvaloracin creciente, ya que el obrero produce ms en menos tiempo y sin embargo su hora de trabajo intensificada cada vez tiene menos valor de cambio. He aqu el carcter intrnsecamente contradictorio del capitalismo. El rgimen capitalista de produccin va creando estratos o niveles cada vez mayores de valor en la sociedad. Estos niveles, desde luego, estn muy desigualmente repartidos entre los individuos y clases que forman la totalidad social. La plusvala no realizada no puede estancarse ms all de un lmite en forma de tesoros y lujos suntuarios so pena de minar definitivamente los "cimientos dinmicos" del sistema mismo, que exige que al menos una parte significativa de tales bases acumuladas se "reinvierta", esto es, se arroje de nuevo al proceso de produccin (de valor). Lo hace en forma de nuevos capitales productivos individuales, redistribuidos en inversores mltiplemente combinados entre s, o bien en forma de viejos capitales productivos ms grandes, o quiz colosales. Pese a todo, este rgimen necesita vas de escape: despilfarro higinico de plusvalas que, slo secundariamente, toman funciones poltico-ideolgicas, como "gastos de representacin", "estado del bienestar", "proteccin de la cultura" y dems buenas causas, tan buenas que permiten al capitalismo sobrevivir achicando en su bote el exceso de valor extra sacado del jugo del trabajo humano. Por lo dems, el dominio de la clase capitalista como un todo se traduce en un peso desproporcionado a favor de la parte "muerta" del capital c sobre la parte "viva" v que, desde sus inicios, por la lgica interna del sistema, siempre ha sido subsidiaria de aquella. El valor atrapado en cosas inertes en las fases pasadas, ejerce su dominio sobre la fuente de valor que, nada ms producirse, ya pasa a engrosar el reino de los valores muertos o prisioneros en mercancas, cosificados.



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