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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2007

La imposicin ideolgica en el contexto poltico actual: la interculturalidad

Maya Rivera Mazorco y Sergio Arispe Barrientos
Rebelin


Hemos tenido la oportunidad de compartir con varias personas con espritu de cambio en Bolivia. Algunas son parte del gobierno, otras son parte de instituciones privadas, otras son impulsoras y/o ejecutoras de proyectos. Un recurrente comentario ha sido el de que no debemos inscribirnos al mbito ideolgico porque este solo aporta a la recolonizacin. En este contexto, unos dicen que se deben utilizar metodologas corporales en los talleres de socializacin y de trabajo de nuevas polticas, sin incidir en aburridas charlas sobre aspectos tericos. Otros se atienen a que proponer cambios conceptuales e ideolgicos no sirve para nada en los distintos proyectos ya que jams se relacionan con la prctica; proponen entonces, remitirse a aspectos tcnicos que vayan directo a la prctica en el campo ms que todo, ya que estamos hablando de polticas de cambio que pretenden beneficiar al campesinado y a los indgenas, a modo de equilibrar el constante olvido por parte de las polticas de gobierno anteriores hacia este sector fundamental del pas.

En sntesis, lo que se est proponiendo es que se pase por alto el mbito terico, conceptual e ideolgico, y se incida en aspectos prcticos. Ante esto tenemos mucho que decir.

En primer lugar, no podemos negar que esta reflexin est bien fundada en el entendido de que todos los paradigmas utilizados por nuestro pas son importados. En este sentido, escapar de esta imposicin terica y asumir solo prcticas que nazcan de los propios bolivianos parece, para algunos, ser una salida a la colonizacin ideolgica. El problema de asumir este tipo de cambio es que no visualiza un aspecto fundamental: intentar escapar de lo ideolgico para incidir en lo prctico, desde la propia idiosincrasia de nuestra identidad boliviana, sin asumir que los paradigmas externos ya se han hecho parte de esta propia identidad, es decir, sin reconocer que la colonizacin ideolgica ya ha surtido efecto en la cotidianidad de nuestro pas, es extremadamente peligroso ya que pretende descolonizar mediante prcticas que, directa y/o indirectamente, ya han sido colonizadas desde lo ideolgico.

El meollo del asunto, en realidad, incide en que, sea cual sea la posicin de cada persona o colectividad, la esencia de la reflexin radica en que se concibe que la teora esta separada de la prctica, que el decir est separado del hacer. Asimismo, esto implica que se asume una ruptura entre lo material y lo inmaterial. Se cree que la palabra, escrita o hablada, no es materialidad en tanto no representa un objeto o una realidad visible y palpable. De este modo, se piensa que se puede incidir el lo prctico o en lo visible y palpable, para escapar de lo ideolgico o lo no visible, no palpable.

Este contexto es extremadamente alarmante si consideramos que la filosofa dicotmica que separa a lo material de lo inmaterial deviene de Occidente; es una imposicin ideolgica. Por otro lado, si reconocemos que gran parte de la identidad propia y no alienada de nuestro pas radica en la matriz civilizacional indgena-originaria, no podemos asumir la escisin teora-prctica como un pensar-sentir-hacer propio de nuestra identidad debido a que las culturas originarias, en su esencia, no vivan (y las que persisten tampoco) esta dicotoma. Para lo originario la energa-materia es una sola cosa. La palabra es material, existe como un ser de la realidad que tiene autodeterminacin, es decir, es un ser con su propia identidad. La palabra hablada se hace tutano en las personas, en la naturaleza, en el cosmos. La palabra no est separada de la prctica; la palabra es prctica y viceversa, en combinacin e intracombinacin, sin ningn tipo de separacin.

Es por dems evidente, por lo menos para nosotros, que Occidente sabe y siente esta realidad y es por eso que sus polticas colonizadoras utilizan a la ideologa como un pilar fundamental para ejercer sus prcticas polticas, culturales, sociales, econmicas, cientficas y artsticas. Si no fuera as, entonces la evangelizacin y la colonizacin no habran incidido en la alienacin identitaria que todos conocemos. Los originarios habran tenido la posibilidad de pasar por alto la imposicin de las distintas doctrinas, y habran mantenido sus prcticas tradicionales intactas. En general, el hecho de habrseles prohibido hablar-hacer su identidad ha permitido la colonizacin. Se les ha prohibido la palabra y, por ende, el hacer y viceversa.

Por otra parte, es cierto que las teoras que vienen de afuera de Bolivia no corresponden con nuestra realidad. Por ejemplo, los paradigmas de desarrollo que ingresan en Bolivia, no hacen ms que provocar prcticas de involucin. Pero tambin es evidente que a medida que avanza el tiempo, estas polticas van cumpliendo muy bien su funcin: destruir la identidad en nuestro pas para implantar la lgica devoradora del capitalismo y del neo-neoliberalismo. En sntesis, las ideologas impuestas tienen su fruto en la prctica, no estn separadas. O acaso no nos parecemos cada vez un poquito ms a las ciudades desarrolladas?, no asumimos los valores de la modernidad poco a poco? No nos engaemos. Si bien estas imposiciones ideolgicas no se corresponden con nuestra realidad, s son coherentes con la realidad que quieren imponer y, de hecho, la imponen; el resultado son nuestras prcticas cotidianas que cada vez son ms conexas con los paradigmas de desarrollo, de calidad de vida, de calidad humana, de capital social y humano, de modernidad, de posmodernidad, etc.

Una caracterstica central del discurso es que es colonizador y para esto requiere que el ser humano crea en l. Con este cometido se compone de infinitas fachadas que esconden en su seno su verdadera intencin. Por esta razn es que se pretende dejar de lado el discurso para superar la colonizacin; pero eso es extremadamente difcil ya que el discurso est en todos lados: en la tele, en la escuela (sea en la ciudad o el campo), en los libros, en los productos de consumo en general, en las propagandas de todo tipo, en la vestimenta, en la radio, etc., etc. Para dejar el discurso de lado, inevitablemente habra que obviar la mayora de nuestras prcticas cotidianas.

Adems, y esto s que muestra cmo hasta la posicin que pretende dejar de lado lo ideolgico sigue muy aplicadamente los instructivos de los paradigmas impuestos, la interculturalidad, como discurso reciente que est teniendo cabida en todo Latinoamrica, propone, en general, dejar de lado la colonialidad del poder e incidir en las relaciones culturales basadas en el respeto mutuo, en la tolerancia, en la pluralidad. Y dejar de lado la colonialidad del poder significa sobrepasar la reflexin ideolgica para concentrarse en dar cabida, directamente, a la prctica de la interculturalidad en tolerancia y de forma complementaria. Pero la pregunta es: cmo se puede dar cabida a distintas culturas con sus propias visiones y prcticas de la realidad, si se est aceptando sin ningn tipo de crtica pasar por alto la esencia ideolgica de este sistema que es, precisamente, de corte occidental solamente? Nos explicamos. En este sistema en el que todo est estructurado en base a la filosofa occidental, no podemos instaurar prcticas no occidentales, sin un previo desestructuramiento de las leyes, las polticas educativas, las polticas econmicas, etc., etc., ya que todas son el fruto de Occidente. No podemos olvidar realizar una crtica a lo terico al momento de querer cambiar las prcticas. Eso es imposible.

Que conveniente para Occidente que los crticos de los pases a los cules pretenden recolonizar y re-evangelizar se desentiendan del legado ideolgico que les es impuesto cada da. Ahora estamos ante las nuevas corrientes cientficas y paradigmticas que estn ingresando en Latinoamrica con mucho xito. Tenemos las corrientes sistmicas basadas, muy a granes rasgos, en la complementariedad. El discurso de la interculturalidad se contextualiza en el marco de estas corrientes que, aunque parezcan ser revolucionarias, no hacen ms que reciclar el sistema. A pesar de mostrarse como tendencias que reflejan o se acercan al pensamiento originario, son bastante lejanas del mismo en su esencia por los siguientes motivos: no parten de la concepcin de unidad ser-realidad de lo originario ni de la concepcin no antropocntrica de lo originario, para la cual todo ser de la realidad se autodetermina, es decir, tiene racionalidad. Estas nuevas corrientes enmarcadas en la interculturalidad siguen poniendo al ser humano como la cima de la pirmide y como superior a los dems seres, especialmente porque asumen que el humano es el nico ser con capacidad de autorreflexin, tachando a la naturaleza de un ser sin esta capacidad y, por ende, inferior al ser humano. Asimismo, estn las corrientes humanistas que, en lugar de ayudar al ser humano a desenvolverse en un ser integral, afianzan con ms fuerza el antropocentrismo rotundo que es el que permite justificar el desequilibrio con la naturaleza, la realidad misma y, evidentemente, el mismo ser humano.

No podemos dejar de considerar que la teora de la hipercomunicacin basada en la teora de onda ha descubierto que la palabra puede generar cambios a nivel gentico, lo que implica que es innecesario el proceso de ablacin para obtener productos transgnicos con mejores caractersticas, por ejemplo. Esto evidencia que la palabra es materia y es prctica inherentemente. Los mismos descubridores de esta teora indican que los maestros espirituales de todo el mundo siempre supieron esto. Nosotros acotamos que la colonizacin desvaloriz este conocimiento y lo sigue haciendo sin darle cabida.

No importa cuan trabajado est el discurso de la interculturalidad, el pluralismo, el consenso, la tolerancia, la inclusin, etc., ya que ste se basa en ejes filosficos que no corresponden con la complementacin. Esto significa que no importa cuanto esfuerzo pongamos en realizar propuestas desde las prcticas e ideas de la gente de nuestro pas, ya que estas estn apoyadas, en un estrato profundo que escapa la mayora de las veces a nuestros sentidos (eso es la colonizacin), en el que las bases ideolgicas de Occidente ya se han hecho tutano en cada boliviano. Hay que ir al fondo de cada palabra para poder realmente descolonizarse de ella, para poder cambiar a cada boliviano, desde cada una de sus clulas. Esto significa ir a lo hondo de las prcticas tambin.

No interesa que asumamos nuevos marcos metodolgicos y prcticos que intenten reflejar nuestra propia realidad sin ningn tipo de imposicin, si los marcos filosficos que utilizamos y aceptamos se circunscriben a creer y vivenciar que la teora y la prctica son dos realidades separadas. No importa cunto intentemos descolonizarnos si no rompemos, primero, con nuestras concepciones dicotmicas que asumen que lo material est separado de lo inmaterial, que lo vivo se separa de lo muerto, que lo racional y lo irracional son dos ejes de una dicotoma, que el ser est separado de la realidad, y todo el sin fin de dicotomas que no reflejan el sentimiento-pensamiento ancestral originario.

Por ejemplo, si como parte de las polticas de tierras queremos hacer interculturalidad entre Occidente y lo Originario, entonces no podemos dejar de considerar que para lo ancestral la tierra es un ser vivo, una familia, un ser con el que el ser humano realiza inter-intraculturalidad. Esto implica romper con la idea generalizada y hecha carne en cada uno de nosotros de que hay una separacin entre lo vivo y lo muerto, entre lo orgnico y lo inorgnico, entre lo racional y lo irracional. Estos son ejes tericos-vivenciales occidentales. Mientras cualquier poltica se realice sin romper estos conceptos ideolgicos-prcticos, entonces las prcticas de cambio se orientarn a destruir la lgica de no propiedad privada que an persiste en algunas comunidades y personas, as como sus prcticas de complementacin en equilibrio con la tierra concibindola como un padre, una madre, un hermano, una hermana y una amiga o un amigo. Si no se critica la concepcin de lo vivo-no vivo de Occidente, entonces no daremos cabida a la posicin que no hace tal separacin (la originaria) y determinaremos prcticas colonizadoras dicotmicas, aunque creamos que estamos haciendo lo contrario.

En conclusin, tratar de huirle a los planteamientos ideolgicos y tericos por considerarlos innecesarios o colonizadores o perjudiciales, implica avalar abiertamente una teora, un discurso, un paradigma: el de la interculturalidad. Esta misma concepcin reacia a lo terico, es una unificacin inquebrantable con un marco ideolgico. La propuesta de este artculo recae, entonces, en realizar una profunda crtica del discurso-prctica de la interculturalidad y reconocer que, segn el sentimiento originario en el que no existen dicotomas, se debera hablar-practicar una inter-intraculturalidad. Esta misma consiste en que las relaciones culturales se dan de forma intercombinada e intracombinada, inseparablemente, entre las relaciones exteriores entre individuos y colectividades de todos los seres de la realidad y, tambin, se dan al interior de cada ser de la realidad, asumiendo que no existe separacin alguna entre lo interno y lo externo, entre lo vivo y lo muerto, entre lo material y lo inmaterial, entre lo racional y lo irracional, etc.



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