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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-05-2007

Reflexiones crticas a propsito del ltimo informe de la OIT
Mujer/Trabajo: Detrs del empobrecimiento, la sobreexplotacin y las relaciones sociales de sexos

Charles-Andr Udry
Revista A lencontre


El 7 de marzo, la OIT (Oficina Internacional del Trabajo), publicaba su nuevo informe sobre Las tendencias mundiales del empleo de las mujeres, con ocasin del 8 de marzo. (1) Constata que las mujeres que trabajan son ms numerosas que nunca, pero que disparidades de situacin, de seguridad en el empleo, de salarios y de educacin entre hombres y mujeres contribuyen a la feminizacin de la pobreza entre los trabajadores.

Segn el estudio publicado, el nmero de mujeres presentes en el mercado de trabajo titulares de un empleo o en bsqueda activa de uno- alcanza niveles desconocidos. En 2006, la OIT ha estimado que las mujeres representaban 1,2 millardos de los 2,9 millardos de trabajadores en el mundo.

Sin embargo, cada vez ms mujeres estn en el desempleo (81,8 millones), segn el mismo estudio. Que aade: Cada vez ms (mujeres) estn confinadas a empleos poco productivos del sector de la agricultura y de los servicios, o tambin estn menos remuneradas que los hombres por puestos de trabajo comparables.

La OIT aade que la proporcin de las mujeres en edad de trabajar que disponen de un empleo, o que buscan uno, ha dejado de aumentar y declina incluso en ciertas regiones, en parte debido a un mayor nmero de mujeres jvenes que se dedican a estudiar ms que a buscar trabajo. Y tras los estudios?. Y qu tipo de "estudios"?. En cuanto a las cifras sobre el paro, parecen ms que discutibles...

El director de la OIT Juan Somavia (de nacionalidad chilena, ha accedido a sus funciones en 1999 y su mandato ha sido renovado en marzo de 2003 por una duracin de 5 aos), declara en la presentacin de este informe: A pesar de algunos progresos, demasiadas mujeres estn an bloqueadas en trabajos poco remunerados, a menudo en la economa informal, sin casi proteccin jurdica, poco o nada de proteccin social y una muy fuerte precariedad.

Aade: Promover el trabajo decente como instrumento fundamental del combate mundial por la igualdad entre hombres y mujeres es un trabajo a largo plazo que permitir aumentar las remuneraciones y desarrollar las oportunidades de empleo para las mujeres y sacar a las familias de la pobreza.

El informe indica sus buenas intenciones y las de la OIT: Se (quin?) debe dar a las mujeres la posibilidad de trabajar para salir, ellas y su familia, de la pobreza creando oportunidades de empleos decentes que les permitirn ejercer una actividad productiva y remuneradora en condiciones de libertad, de seguridad y de dignidad humana. En caso contrario, el proceso de feminizacin de la pobreza entre los trabajadores proseguir y se transmitir a la prxima generacin.

El informe seala tambin que, hoy, ms mujeres en edad de trabajar ocupan un empleo asalariado (47,9%) que hace diez aos (42,9%).

Con una sofisticacin socio-econmica muy particular, el informe pone de relieve que cuanto ms pobre es una regin, ms riesgo corren las mujeres, ms que los hombres, de ocupar empleos familiares no remunerados o de trabajar por su cuenta por pequeos ingresos.

Luego, haciendo coexistir un deseo y una constatacin, la OIT revela toda la ambigedad de este tipo de informe y, ms generalmente, de sus estudios: Acceder a un empleo asalariado y remunerado es una etapa esencial hacia la libertad y la autodeterminacin para numerosas mujeres. Sin embargo, en los pases ms pobres la proporcin de mujeres que se desempean como trabajadoras familiares auxiliares es mucho ms elevada que la de los hombres, y tienen menores oportunidades de convertirse en trabajadoras remuneradas y asalariadas. En frica Subsahariana y en Asia Sudoriental, cuatro de cada 10 son clasificadas como trabajadoras familiares auxiliares, en comparacin con dos de cada 10 hombres. En Asia Meridional las proporciones son de seis de cada 10 mujeres trabajadoras y nuevamente dos de cada 10 hombres, mientras que en Medio Oriente y frica del Norte es de tres de cada 10 mujeres y uno de cada 10 hombres.

El resumen del informe subraya que: En las ltimas Tendencias mundiales del empleo de las mujeres (2004), se estimaba que al menos 60 % de los trabajadores pobres en el mundo que, a pesar de tener un empleo, no ganan suficientemente para ponerse, ellas y su familia, por encima del umbral de 1 dlar por persona y por da, eran mujeres. Segn el estudio actual de la OIT: No hay razn para creer que esta situacin ha evolucionado considerablemente.

Detrs del empobrecimiento, la sobreexplotacin y las relaciones sociales de sexos

Todas estas constataciones del estudio de la OIT son cuidadosamente separadas de dos procesos.

- El primero: La desestabilizacin de la situacin esencial de los/as asalariados/as a escala mundial. Esto bajo los golpes de la puesta en competencia de los trabajadores y trabajadoras, casi en tiempo real y en un mercado mundial de trabajo cada vez ms efectivo y sobre el que pesa con todo su peso un ejrcito de reserva mundializado (el desempleo en todos sus grados), cuyas componentes son explotados, sometidos, esclavizables (y asesinables) a discrecin.

Esta puesta en competencia se opera por procedimientos (a menudo complementarios) como: las deslocalizaciones, la puesta en competencia organizada en el interior por las sociedades transnacionales; el empleo masivo de una mano de obra sin derechos -3 millones en Italia segn el ltimo estudio de la CGIL (Il Manifesto, 6 de marzo de 2007), de ellos 500.000 inmigrantes; la subcontratacin en cascada; los retrocesos de la proteccin legal, dicho de otra forma la nivelacin por abajo del derecho del trabajo que, en sustancia, fu producto de las conquistas directas o indirectas de las luchas de los asalariados/as; por la multiplicacin de los estatutos, que llega hasta a la vuelta del trabajo por jornada, incluso en los pases europeos; el lugar adquirido por las firmas de trabajo temporal en el mercado de trabajo (desde Adecco, Manpower hasta las oficinas que estn al borde de la ilegalidad ms absoluta); la crisis del mundo agrcola que conduce a la expulsin de centenares de miles de personas de sus pequeas propiedades agrcolas o de su empleo (en este sentido, el auge del bioetanol bajo el impulso de las firmas occidentales y del agrobussines ilustra uno de los mecanismos que golpean a las familias campesinas de los pases de la periferia).

Las figuras sociales de estos trabajadores y trabajadoras pueden declinarse sin fin y trgicamente: la del obrero de la construccin chino concurrente del bengal- que construye un palacio en los Emiratos Unidos o en Arabia Saudita; la de la mujer que proviene de las Filipinas y sirve de mano de obra semiesclava en una familia de Beirut; la de la dependienta de un bar especializado de Zurich, que viene de Moldavia; sin nombrar a las limpiadoras portuguesas que aseguran en las oficinas y las familias respetables que la limpieza helvtica sea perenne y que efectan esta tarea tras haber trabajado ya toda la jornada.

- El segundo: en una economa mundial fuertemente jerarquizada, es decir en la que los pases imperialistas y en transicin hacia economas dominantes (como Corea del Sur) dictan las reglas del juego y extraen directa o indirectamente recursos importantes de los pases de la periferia, la situacin de las mujeres trabajadoras (pues todas lo son, incluso si no son asalariadas) adquiere configuraciones que ponen ms visiblemente de relieve su pobreza.

En ltima instancia, esta pauperizacin no es sino la expresin fenomenolgica (y engaosa) de su sobreexplotacin y de su opresin. Una sobreexplotacin que es, de hecho, camuflada por el trmino de empobrecimiento mayor de las mujeres, entre otras monoparentales.

Dos ejemplos. Una mujer que vende buuelos en una carretera en Bolivia, en Mxico o en otra parte participa de un proceso de reproduccin de la fuerza de trabajo cuyo precio ha alcanzado el mnimo fsico. Este mnimo fisiolgico, de forma artificiosa y reificada, est representado por la referencia del Banco Mundial a un dlar por da para fijar el lmite de la indigencia y a dos dlares para el de la pobreza....

Aclaremos. El trabajador (masculino) que va a comprar este buuelo, al precio ms bajo, va a poder alimentarse (sobrevivir) y a partir de ah buscar un trabajo de jornalero o precario, pero ms regular, que le permitir subsistir y hacer vegetar a su familia.

La mujer que ha producido ese buuelo ha movilizado a menudo a su hija para ayudarle, de ah una desescolarizacin precoz o parcial de una parte de las nias. Esta movilizacin de la hija se inscribe en el lugar del trabajo domstico que supone una especie de disponibilidad del tiempo de las mujeres al servicio de la familia (con marido o monoparental).

La hija o la hermana puede tambin fabricar y vender buuelos, bajando su precio de venta al mximo (consiguientemente el valor de su fuerza de trabajo) a fin de encontrar un comprador o compradora, en un mercado en tensin. El comprador es un o una asalariada precarizado/a. Estas mujeres (adultas, adolescentes o nias) efectan este trabajo para completar una renta muy dbil de una hermana o de una madre que, por su parte, est confinada (segn el trmino de la OIT) a un trabajo subpagado, por tanto que sufre una sobreexplotacin evidente, puesto que no le permite reproducir su fuerza de trabajo para ella y su progenitura.

Igual que estas relaciones sociales de explotacin que se articulan con las relaciones sociales de sexo (la asignacin a toda la gama de los trabajos domsticos, en y fuera del hogar), el sustrato de la sobreexplotacin de las mujeres no es puesto de relieve. A partir de ah, la doble lucha contra la explotacin, la opresin y la emancipacin no ser puesta al orden del da, poltica y prcticamente. Lo que har la dicha, o al menos la renta, de las buenas almas asalariadas por las ONGs (Organizaciones No Gubernamentales) que son, cada vez ms, COG (Casi organizaciones Gubernamentales)

Qu empleos decentes?

En cuanto a la creacin de empleos decentes para las mujeres, gran tema conclusivo del Informe de la OIT, habra en primer lugar que plantear una pregunta: los empleos creados en el mundo, entre otros en los llamados servicios o la industria, no implican, cada vez ms, flexibilidad, en el sentido ms amplio del trmino?

Y esto tanto en los pases del centro como en los de la periferia, incluso si existen diferencias cuantitativas y cualitativas en las modalidades de explotacin del trabajo asalariado entre estos dos espacios (centro y periferia).

Sin embargo, se expresan convergencias a escala mundial bajo los golpes de la restauracin conservadora. La flexibilizacin est en el centro de la reorganizacin de las relaciones de trabajo. Sin embargo, la flexibilidad est en relacin estrecha con las relaciones sociales de sexos. En efecto, el estatuto de las mujeres facilita la expansin del trabajo a tiempo parcial obligado (no elegido), con un salario de miseria y, conjuntamente, las formas de trabajo flexible de los hombres, pues la intendencia sigue, es decir, la carga del trabajo domstico (en sus diversas facetas) asumida, bajo forma de obligacin tambin (incluso si lo niegan las interesadas) por las mujeres.

Adems, es un poco cnico hablar de creacin de empleos decentes cuando mltiples investigaciones sociolgicas demuestran que, por ejemplo, en la industria electrnica en donde las mujeres tienen un empleo estable y asalariado- las condiciones de trabajo y de salario son execrables.

Es lo que explicaban, el 27 de febrero de 2007, las moderadas organizaciones de asistencia helvticas, Pan para el prjimo y Accin de Cuaresma: Tras la pantalla de nuestros ordenadores se encuentra una realidad de otra poca, ha declarado Chantal Peyer, responsable de la poltica de desarrollo en Pan para el prjimo. Para los empleados de este sector, esencialmente mujeres, son horarios demenciales, salarios bajos y una exposicin a productos txicos.

Jenny Chan, miembro de SACOM (Estudiantes y universitarios contra la mala conducta de las empresas), ha citado, en la conferencia de prensa del 27 de febrero de 2007, algunos casos de abusos contabilizados por su organizacin: trabajo de nios de menos de 16 aos, horas suplementarias obligatorias, salario mnimo no respetado y ausencia de seguridad social. En perodo de alta produccin, las obreras trabajan 12 horas al da, siete das a la semana, con horas suplementarias obligatorias. Las empleadas no son pagadas ms que 50 cntimos suizos la hora e inhalan sustancias txicas.

La industria electrnica es una de las ms txicas del mundo, segn la SACOM. Utiliza el plomo, el bario, el cromo o el cido ntrico. La inhalacin y la manipulacin de estos productos provocan problemas respiratorios y una tasa anormalmente alta de cnceres y de abortos entre las obreras.

Responder a las necesidades de empleos decentes y, conjuntamente, a la dignidad de las mujeres en todas sus dimensiones esa dignidad invocada en el prembulo de la Declaracin universal de los derechos humanos de 1948 (2) - implica una ruptura con esas relaciones sociales de explotacin y las relaciones sociales de sexos.

Plantear esta exigencia y no caer en la trampa, de hecho, semicaritativa el informe de la OIT- implica:

1 hacer emerger el contenido real de las exigencias (explcitas o implcitas) de las mujeres trabajadoras y a lo que esas necesidades/exigencias se enfrentan efectivamente, consiguientemente qu formas y tipos de dominacin reinan en la sociedad, en los planos de las mltiples relaciones sociales y de propiedad;

2 superar el anticapitalismo. Es decir, el pensamiento primitivo que permanece en el terreno de una negacin negativa. Dicho de otra forma, que no parte de las necesidades y reivindicaciones as como de las potencialidades (negadas, rotas a veces) existentes hoy en las sociedades que permitiran romper y superar el capitalismo.

Esto a fin de hacer emerger una concepcin de negacin positiva, una revalorizacin del socialismo como una modalidad de organizacin y de gestin de la sociedad, en la que los derechos sociales y democrticos as como una dignidad ampliada se convierten en los elementos de una emancipacin que hace de los seres humanos los actores comunes e interactivos de una mundializacin construida por las y los que la producen efectivamente, mientras que ellos/ellas no son sino sus objetos despreciados y por tanto sin dominio sobre su propia vida.

* Economista marxista, militante del Movimiento Por el Socialismo (MPS) y del movimiento en defensa de los trabajadores inmigrantes en Suiza. Redactor de La Breche (mensuario del MPS) y director de la coleccin Cahiers libres, Editions Page deux (Lausanne). Es profesor en la ctedra Economa de la Globalizacin en la Universidad de Venecia (Italia) y miembro de ATTAC.

Notas

1. Ver el informe de la OIT: http://www.ilo.org/public/spanish/employment/strat/download/getw07.pdf 2. Considerando que el reconocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana y de sus derechos iguales e inalienables constituye el fundamento de la libertad, de la justicia y de la paz en el mundo (1948).


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