Portada :: Mentiras y medios :: Jornadas Internacionales "El derecho a informar y estar informado". Caracas, 18-20 de mayo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-05-2007

Intervencin en las Jornadas Internacionales El derecho ciudadano a informar y estar informados. Caracas 18 al 20 de mayo de 2007
Otro periodismo tambin es posible

Pascual Serrano
Telesur


Son numerosas las ocasiones en que cuando participo en conferencias o tertulias sobre comunicacin alternativa donde asisten profesionales jvenes me preguntan sobre cmo afrontar la aparenta incompatibilidad entre servir a un modelo periodstico alternativo al de las grandes empresas y desenvolverse en un panorama dominante por estas empresas.

El modelo econmico vigente en el neoliberalismo arroja a los profesionales de la comunicacin a un futuro laboral que suele ser en gabinetes de comunicacin al servicio de imgenes corporativas y empresariales, o bien a medios de comunicacin con instrucciones precisas de servir diligentemente a accionistas y anunciantes. Medios donde no existe participacin colectiva en la toma de decisiones, donde los contenidos estn condicionados a presiones de lobbys empresariales, anunciantes que no permiten contenidos crticos hacia sus firmas y con agendas informativas pautadas por resultados de rentabilidad econmica a costa de empobrecer la investigacin periodstica o el trabajo riguroso.

Yo soy consciente de que los estudiantes aspiran a licenciarse en periodismo, trabajar de periodistas y vivir de ello. A esos profesionales yo les quiero siempre recordar que tenemos una obligacin moral, la obligacin moral de informar al mundo sobre tantas y tantas luchas de hombres y mujeres que combaten por su supervivencia y su dignidad. Ellos no organizan lujosas ruedas de prensa, ni invitan a cenar a los periodistas, ni ofrecen bonitos y esplendorosos dosiers de prensa en papel couch. Los jefes de las empresas que contratan a los jvenes periodistas no tienen ningn inters por llevar a la sociedad la verdad, ellos son dueos o asalariados al servicio de un proyecto econmico. No van a denunciar las masacres del gobierno kuwait si peligra la publicidad de las petroleras; ni van a informar de los despidos de una cadena de supermercados en plena campaa de Navidad; ni de las condiciones laborales de los trabajadores de un conglomerado bancario, si es una de las empresas accionistas de ese medio o se va a necesitar su financiacin.

A esos profesionales nunca hemos de cansarnos de explicarles que, cuando estn atravesando la impoluta moqueta de un ministerio acudiendo a una rueda de prensa de un ministro de trabajo, se acuerden de los inmigrantes sin papeles que viven en la clandestinidad, o de quienes trabajan doce horas al da en condiciones laborales precarias. Tambin ellos tienen muchos asuntos laborales para informar en rueda de prensa. Que cuando les llegue un dosier con brillantes grficos de barras y quesos de una petrolera que opera en Amrica Latina, piensen en esos indgenas que han expulsado de sus tierras para extraer el petrleo, ellos tambin podran facilitar muchos datos para un buen dosier de prensa.

Esas gentes tambin tienen derecho a ser odas, su voz tambin debe ser llevada a nuestras pginas, nuestras ondas o nuestras imgenes. Adems, es un derecho de los ciudadanos del mundo escucharles. Es el derecho ciudadano a informar y a ser informado, como reza el ttulo de estas jornadas.

Hubo un tiempo en que, bajo crueles dictaduras, los periodistas y los medios no gubernamentales levantaron la bandera de la resistencia. La causa de la libertad de expresin serva para reivindicar su trabajo en duras condiciones de persecucin y represin. Ha pasado el tiempo y el panorama actual es diferente. El despegue tecnolgico ha provocado que slo el acceso y el control de grandes tecnologas permitan poner en marcha en condiciones de igualdad un proyecto de comunicacin. Los profesionales independientes que servan con honestidad a su profesin han sido laminados y sustituidos por consorcios mediticos que tienen el control y la exclusividad para informar y filtrar el acceso a participar en sus contenidos. Refugiados en un uso prostituido de la libertad de expresin, se adscriben la exclusividad y la propiedad para decirle a los ciudadanos lo que deben conocer y lo que no, quines pueden ser odos y quines condenados al silencio, qu gobiernos tienen su bendicin y quines deben ser derrocados. Ellos ahora convierten ese derecho ciudadano conquistado con la lucha y la sangre de tantas generaciones en impunidad para la conspiracin y la desestabilizacin. Esos medios, que slo son emporios econmicos e intereses imperialistas bastardos, reniegan de cualquier mecanismo democrtico para su funcionamiento. Los pueblos que han logrado alcanzar mecanismos de eleccin, participacin y representacin para la vida poltica, asisten a la impotencia de una oligarqua de medios de comunicacin impermeable a cualquier mecanismo de control y participacin democrtica. Esos medios han heredado todas las perversiones de las dictaduras: silencian al dscolo, ignoran a la ciudadana, evaden las leyes y disfrutan de la impunidad.

En las universidades y en los grandes eventos de comunicacin se habla mucho de imparcialidad, independencia y objetividad del periodismo. La informacin es una guerra, una guerra entre modelos sociales. Entre apologetas de un mundo desigual, injusto, mandando por depravados y autnticos terroristas que imponen a sangre y fuego un modelo econmico que condena a muerte a miles de personas en todo el mundo y los que apostamos por estar al servicio de los grupos, movimientos, intelectuales y luchadores que todos los das se juegan la vida por defender otro modelo de mundo posible. Los primeros informan de los oscar del cine, las ruedas de prensa de los grandes conglomerados empresariales o las declaraciones de representantes de instituciones financieras internacionales del mundo rico. Frente a ello, muchos periodistas hemos decidido informar de los crmenes que cometen los paramilitares en Amrica Latina, de cmo son perseguidas las minoras tnicas ahora en el Kosovo otanizado, de las cifras de pobreza de EEUU que todos ocultan, de cmo estn conspirando para provocar un golpe de estado en Venezuela o de cmo se levantan los indgenas en Bolivia o en Ecuador. Me temo que esta visin del periodismo es otra de las tantas cosas que no se enseaba en la universidad. Como dice Howard Zinn, no se puede ser neutral viajando en un tren en marcha que circula una velocidad enloquecida y que no dispone de frenos.

Ellos hablan de neutralidad periodstica con periodistas empotrados entre las filas del ejrcito estadounidense en Iraq, de pluralidad informativa cuando sus redactores no salen de la sala de prensa de la Casa Blanca y nunca han visitado un suburbio de Washington o Nueva York, de imparcialidad mientras siguen estigmatizando en sus informaciones a los gobiernos que cometen el delito de recuperar sus recursos naturales para el pueblo; de objetividad pero sus pginas y espacios informativos estn reservados para el oropel, el lujo y el glamour de famosos y grandes fortunas. Ellos silencian cientos de miles de hombres y mujeres que han recuperado la vista gracias al trabajo de gobiernos dignos, ignoran las campaas que han logrado que millones de personas aprendan a leer y a escribir, ocultan las movilizaciones de pueblos que exigen tierra y libertad y les llaman terroristas.

No, no se trata de convertir el periodismo en panfleto, pero s de decir bien alta la verdad y la voz de los sin voz, condenados al ostracismo por un modelo comunicacional miserable al servicio del mercado. A todos los periodistas les digo que esta es una profesin noble y vocacional que ha sido convertida en miserable por los dueos de las empresas que nos obligan a trabajar al dictado de sus intereses. Debemos recuperar la dignidad y servir a la comunidad, a la justicia social, a la soberana de los pueblos y a las libertades. No ser periodismo si no se hace as, como no es medicina curar slo a quienes tienen dinero para pagarla. Llevar esa causa y esos principios a los medios empotrados en el mercado es tarea difcil, no lo voy a negar. Por eso es imprescindible que todo periodista ponga al servicio de esos ideales sus conocimientos y su trabajo si quiere que la decencia sea emblema e insignia de su vida y su profesin. Los movimientos sociales, los sindicatos, las organizaciones comunitarias, los precarios medios alternativos estn necesitados de profesionales comprometidos con otro modelo de periodismo, humanista, social, que apueste por otro orden social ms justo. Ni siquiera hablo de militancia, hablo de decencia. La decencia es lo que diferencia al bilogo que trabaja para una multinacional de transgnicos o para una organizacin ecologista, al abogado que defiende los intereses de una multinacional o los de los trabajadores que exigen un sueldo justo, el militar que dispara contra el pueblo refugindose en rdenes de superiores o el que combate al lado de la gente. Ninguno de ellos puede ser neutral, ni imparcial, ni objetivo.

Maldigo al poeta que no toma partido, dijo Gabriel Celaya. Yo maldigo al periodista que no toma partido por los pobres, los sin voz, los indgenas, los trabajadores, los humillados, los olvidados, los que sufren, los que resisten, los que luchan.

www.pascualserrano.net



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