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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-05-2007

Una resea de End Times de Alexander Cockburn y Jeffrey St. Clair
La muerte del cuarto poder

Stephen Lendman
Global Research

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens



Alexander Cockburn y Jeffrey St. Clair son ambos periodistas veteranos y autores que realizan la labor de denuncia de escndalos polticos y de publicar otros escritos investigativos que slo se encuentra en publicaciones estadounidenses en lnea y fuera de la tendencia dominante y en publicaciones polticas como la que publican y editan en conjunto: CounterPunch y su contraparte en la Red con el mismo nombre.

Cockburn es tambin un columnista regular en la revista The Nation y sus escritos aparecen regularmente en New York Free Press y en Los Angeles Times. Antes escribi regularmente para numerosas otras publicaciones incluyendo sorprendentemente la pgina editorial de extrema derecha del Wall Street Journal en los aos ochenta cuando su difunto editor Bob Bartley decidi tener un punto de vista alternativo y por cierto obtuvo uno excepcional que era un espejo frente al despliegue de colaboradores extremistas de extrema derecha a los que daba espacio regular permanente como lo hace su sucesor actual. Cockburn tambin fue autor, co-autor y co-editor de 18 libros, el ltimo de los cuales, junto con el co-autor St. Clair, es: "End Times - The Death of the Fourth Estate," (Tiempos finales la muerte del cuarto poder [la prensa]), que es el tema de esta resea.

St. Clair ha sido autor, co-autor y co-editor de 10 libros incluyendo su fuerte y extraordinaria denuncia posterior al 11-S del lucro con la guerra: Grand Theft Pentagon - Tales of Corruption and Profiteering in the War on Terror (Gran robo Pentgono Cuentos de corrupcin y lucro en la guerra contra el terror). Tambin ha trabajado como organizador y activista ecolgico, escribe para la revista ecolgica Forest Watch, el Anderson Valley Advertiser, y ha escrito para Friends of the Earth, Clean Water Action Project y Hoosier Environmental Council de su Estado nativo. Adems es editor colaborador de la revista In These Times y ha escrito para The Nation, The Progressive, New Left Review y otras publicaciones.

End Times Una coleccin de ensayos de Cockburn y St. Clair sobre el estado pattico de los medios impresos dominantes.

End Times - The Death of the Fourth Estate" [Tiempos finales la muerte del cuarto poder] es una coleccin de 50 ensayos de amplia temtica escritos en los ltimos aos bajo seis ttulos por tpicos, sobre todo por Cockburn y St. Clair con unos pocos por otros colaboradores, sobre el estado pattico de los medios impresos corporativos de la actualidad. Fueron dominantes en su cenit a mediados de los aos setenta, en la era de los Papeles del Pentgono Watergate pero ahora, dicen los autores, estn en un estado de decadencia inevitable, segn la caracterizacin del magnate meditico (identificado por Cockburn como MONSTRUO A ESCALA MUNDIAL) Rupert Murdoch, de una prolongada penumbra en el mejor de los casos.

Ms an, el estado actual del cuarto poder es sintomtico de la decadencia general de la sociedad con disparidades de riqueza sin precedentes, la nacin involucrada en interminables guerras de agresin ilegal, gigantes corporativos depredadores que gobiernan el mundo, y nuestra democracia en un sistema de mantenimiento vital, en su camino hacia el crematorio anunciado en una cobertura en primera plana de los principales proveedores de noticias indignas de ser impresas de la nacin. Esta resea cubre la descripcin de su decadencia por los autores, en una poca que el destacado historiador Gabriel Kolko llama el perodo ms peligroso en toda la historia de la humanidad cuando el tipo de noticias e informacin que ms necesitamos no es presentado por el cuarto poder dominante, suprimindolas para servir al poder. La esencia y el sabor del libro estn cubiertos por ejemplos selectos en una era de concentracin y desregulacin de los medios y de periodistas empotrados que se presentan como si fueran reales.

El libro apareci en das en los que la desconfianza del pblico hacia las noticias impresas y electrnicas tradicionales aumenta, mientras cada vez ms gente, hambrienta de informacin real, se vuelve hacia fuentes alternativas, que incluyen un nuevo mundo vibrante en lnea como CounterPunch que segn los autores recibe cerca de tres millones de hits diarios, 300.000 pginas vistas, y 100.000 visitantes nicos incluyendo a 15.000 lectores militares estadounidenses estacionados en todo el mundo, una seal de que muchos miles ms de estos visitan sitios similares y transmiten lo que averiguan a otras personas. Una indicacin esperanzadora, pero no segura, de una creciente tendencia demasiado poderosa como para que pueda ser detenida. Ms sobre eso al final.

El cuarto estado tiembla por el poder, sealan los autores, actuando en su lugar como cmplices en el considerable y continuo encubrimiento de todo lo que realmente importa lo que destruye su fiabilidad para suministrar noticias e informacin reales. A pesar de ello, como escribe el colaborador de End Times Ken Silverstein (co-fundador con Alex Cockburn de CounterPunch en 1993), hubo momentos en los que peridicos de gran formato como el Washington Post (New York Times y otros) hicieron lo que sus lectores deseaban y esperaban su trabajo de informar sobre las noticias y en suficiente profundidad como resultado de un trabajo investigativo inimaginable en los tiempos actuales de mentiras, encubrimiento en los que el periodismo se ha convertido en un centro de beneficios ms. Silverstein cita fines de otoo de 1974 como el momento de triunfo supremo del Washington Post pos-Watergate despus de que los periodistas Woodward y Bernstein se llevaran los laureles por derribar a un Richard Nixon que se excedi dandose a s mismo, tal como George Bush trata de imitarlo actualmente.

Despus de su breve perodo triunfal, todo ha ido cuesta abajo, con medios corporativos ms concentrados y dominantes, convertidos en poco ms que guardas de nuestra polica nacional de control del pensamiento que nos sirven a diario un plato repleto de estupideces y propaganda, suprimiendo las verdaderas noticias que merecen ser publicadas pero que casi nunca lo son, o por lo menos no se encuentran donde sea fcil verlas. Es el estado pattico de la prensa impresa en la actualidad. End Times da en el blanco en su diseccin, ejemplo tras ejemplo, mostrando que hace lo que el intelectual escritor y decano de los periodistas, Walter Lippmann, calific en su da en los aos veinte de fabricacin del consenso (pblico) en un Estado nominalmente democrtico que no puede hacerlo por la fuerza.

"Manufacturing Consent" (Los guardianes de la libertad, en la edicin espaola) fue el ttulo utilizado por Edward Herman y Noam Chomsky para su fundamental libro de 1988 que explica el modelo de propaganda de los medios dominantes para programar la mente del pblico para que diga amn a cualquier agenda que sirva mejor la estructura del poder. Tambin fue el tema que el destacado autor, acadmico y crtico social Michael Parenti eligi para su libro de 1986 "Inventing Reality" (Inventando la realidad) explicando como esos medios fijan la agenda, definiendo en qu debemos creer o descreer, aceptar o rechazar, definiendo el alcance del discurso poltico respetable, canalizando la atencin pblica hacia direcciones que esencialmente apoyan el sistema poltico-econmico existente. En otras palabras, la idea es convertirnos en buenos ciudadanos sumisos, dispuestos a aceptar cualquier agenda deseada por los gobernantes supremos del universo an si los intereses de estos ltimos perjudican los nuestros.

En la actualidad, destacados peridicos de gran formato como Washington Post, Chicago Tribune, Los Angeles Times, y New York Times (junto con publicaciones de su propiedad) tienen un virtual control absoluto sobre la comunicacin de masas impresa junto con los principales editores de revistas de gran circulacin como Time y US News and World Report. Pueden utilizar su alcance e influencia (aunque est en decadencia) para destruir el mercado libre de ideas vital para una democracia sana que en el mejor de los casos est actualmente bajo un sistema de soporte vital en gran parte por el dao que esos peridicos y revistas infligen al cuerpo poltico.

La cada en desgracia del Washington Post

Ken Silverstein explic "The Fall of the Washington Post" (La cada del Washington Post) cuando Katherine Graham diriga el peridico y en 1974 seal que denuncias del tipo Watergate y reportajes similares ya no eran bienvenidas en la prensa y que pensaba que se debera... tener ms cuidado en cuanto a su papel. Graham inst a un retorno a lo bsico y a que los periodistas se condujeran de un modo ms deferente hacia las poderosas personalidades sobre las que escriban. Y as lo han hecho, como en el caso del delegado del editor gerente Bob Woodward, famoso por Watergate, que ahora lisonjea a George Bush en libros como Bush at War (Bush en guerra) y Plan of Attack (Plan de ataque), al ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan en Maestro, y a otros que ms vale ignorar.

Cockburn y St. Clair continan la saga en Woodward at Court diciendo para empezar que: Ha sido un otoo devastador para los que son considerados convencionalmente como los dos principales peridicos de la nacin, New York Times y Washington Post." El Times vio como su reportera estrella Judith Miller caa en desgracia, y el Post enfrent el desafo de encarar los mltiples conflictos de inters de su afamado empleado incluyendo su papel anteriormente ocultado (al pblico y a sus jefes) en la revelacin de que la mujer de Joe Wilson, Valerie Plame, trabajaba para la CIA.

En una embarazosa marcha atrs, Woodward tuvo que testificar en un testimonio de dos horas de duracin ante el fiscal especial Patrick Fitzgerald, a quien denunci en la televisin la noche antes de la acusacin de Lewis Libby en el caso como una bestia de fiscal, en su papel pos-Watergate de adulador jefe de George Bush y otros personajes poderosos de Washington. Cockburn y St. Clair especularon si la fuente de alto nivel (no revelada) para la filtracin de Plame fue Dick Cheney y terminan su artculo refirindose a Woodward pasando de Nmesis de Nixon a salvador de Cheney, pero lo mismo puede decirse del tipo de periodismo de apoyo al imperio que se encuentra por doquier en la prensa dominante, especialmente cuando se trata de temas como la guerra y la paz.

Los perros de la guerra

Los autores dedican toda una seccin al tema, llamada Los perros de la guerra. Nos dicen con qu facilidad se corrompe a los periodistas para que se puedan administrar las noticias a fin de que presenten slo informes favorables sobre algunos de los acontecimientos ms atroces. An ms sorprendente es la cita por los autores de una historia de Carl Bernstein de Rolling Stone en 1977, que estima que ms de 400 periodistas estuvieron aliados de algn modo con la CIA entre 1956 y 1976, dejando a los lectores que se pregunten cuntos lo hacen ahora en la era de George Bush en la que todo es posible y la ley del pas no pasa de ser un artefacto.

La Historia secreta de la CIA de Joe Trento, publicada en 2001 y citada en "End Times," nos dio una idea de su dimensin al citar grandes nombres involucrados en una operacin de la CIA bajo el nombre de cdigo "Mockingbird" (sinsonte) elegido sin demasiada sutileza ya que es el nombre de un pjaro conocido porque imita los reclamos de otras aves. Destacado columnista publicado en todo el pas durante todos los aos setenta, Joseph Alsop fue uno de ellos junto a su hermano Stewart. Otros notables dispuestos a promover los puntos de vista de la CIA incluan a Ben Bradlee (Newsweek y Washington Post), James "Scotty" Reston (New York Times), Charles Douglas Jackson (Time magazine), y Walter Pincus (Washington Post), entre otros.

La seccin tambin incluye el artculo de St. Clair How to Sell a War (Cmo vender una guerra). Es una lectura impactante, y tiene razn al sealar que la guerra ser recordada por cmo fue vendida, no por cmo fue librada. Tambin ser recordada por presentar una causa perdida e ilegal como una noble empresa. St. Clair explica que fue una guerra de propaganda, diseada por expertos en relaciones pblicas, promovida por especialistas de la manipulacin, todo apuntando a que nosotros como la audiencia elegida nos la tragramos como si fuera leche materna por lo menos la mayora de nosotros durante suficiente tiempo para que la maquinaria blica se desplegara y estuviera demasiado avanzada como para poder ser retirada hasta que final e inevitablemente la guerra sucediera y los planes mejor preparados se hicieran papilla.

A cargo haba gente como la experta en publicidad Charlotte Beers nombrada Subsecretaria de Estado para Diplomacia Pblica y Asuntos Pblicos (es decir propaganda previa a la guerra) por sus conocidas habilidades empresariales como una gran diva del sesgo. Fortune magazine la destac entre las mujeres ms poderosas de USA en 1997 por sus logros en la publicidad de Uncle Ben's Rice y del champ Head and Shoulders. El gobierno de Bush naturalmente pens que ella podra vender USA al mundo musulmn en su campaa Marca USA [Brand America] igual como lograba mercadear productos al por menor a consumidores ingenuos. Desplum a los contribuyentes de colosales 500 millones de dlares en el intento, y se qued desde octubre de 2001 hasta justo antes del comienzo del ataque de conmocin y pavor de marzo del 2003, pensando errneamente que se haba ganado la guerra antes de que comenzaran los verdaderos fuegos artificiales.

St. Clair explic que decenas de millones ms fueron utilizados para catequizar al pblico sobre el peligro para el mundo libre representado por Sadam y por qu haba que removerlo antes de tener la prueba decisiva que como vimos result ser una nube en forma de hongo segn la Consejera Nacional de Seguridad de la poca, Condoleezza Rice. A la cabeza de los mercaderes de amenazas estaba el pistolero peso pesado a sueldo de la capital y amaador de Washington, John Rendon, jefe del Grupo Rendon. Ha estado en Washington durante aos y antes obtuvo la tarea del gobierno de Bush de vender los bombardeos de Afganistn, seguidos por un montn de proyectos de relaciones pblicas sobre Sadam e Iraq, antes y despus de marzo de 2003. Fracas en la tarea de convencer a la ONU y a la OTAN antes de la guerra, pero no tuvo problemas en convencer al pblico de USA durante suficiente tiempo para que creyera que reventar a Iraq era la mejor manera de salvarlo y que as se sentira ms seguro en casa.

St. Clair tambin estudia el papel de otros actores en el proyecto de vender la guerra y la ocupacin incluyendo el jugado por Victoria Clark, de la firma de relaciones pblicas Hill & Knowlton, en su papel como secretaria adjunta de relaciones pblicas de Donald Rumsfeld en el Departamento de Defensa y de otros actores surtidos en los medios como la escritora y mentirosa acabada Laurie Mylroie, Charles Krauthammer del Post, Max Boot, y el papel principal interpretado a diario en las primeras planas del New York Times sobre todo por la actualmente desacreditada y despedida Judith Miller.

Cockburn le dedic merecidamente un captulo. Lo intitul bien: Judith Miller: Arma de destruccin masiva. Por cierto que lo fue, y cmo!, y se podra argir que sin esa ex periodista del Times, ahora cada en desgracia (u algn otro en su lugar), podra no haber habido una guerra de Iraq. Miller form parte del proyecto desde el primer da, presentando una porcin diaria de propaganda en lo que el crtico de los medios Norman Solomon llama las pulgadas cuadradas ms valiosas de bienes inmuebles mediticos en USA la primera plana del Times.

Miller nos present a Khidir Hamza, el autoproclamado fabricante de bombas de Sadam, posteriormente desvelado como impostor. Continu hacindolo a diario, utilizando como su fuente esencial al destacado exiliado iraqu y conocido estafador e intrigante, Ahmed Chalabi. Tambin fue poco ms que una taqugrafa/porrista del gobierno de Bush y del Pentgono, transmitiendo al pblico sus mentiras y engaos con suficiente eficacia como para vender una guerra, basada en mentiras del gobierno y suyas propias, que nunca habra ocurrido y hay muchos en la estructura del poder de Washington que ahora desearan que no hubiera sido as.

Cockburn escribe sobre su persona: Con Miller descendemos al nivel del comunicado de prensa directo. Si colocas todas las historias de Judith Miller de punta a cabo, desde fines de 2001 a junio de 2003, obtienes un cuadro desolado de una periodista con una agenda, manipuladas ambas y siendo manipuladas por funcionarios del gobierno de USA, por exiliados y disidentes iraques, toda un Arca de No de artistas de la estafa. Y agreg que la mayor parte de lo que escribi fue basura, basura que propuls el impulso de propaganda del gobierno de Bush hacia la invasin... Ella saba lo que estaba haciendo. Una cosa que no conoca o que excluy fue la opinin de Ben Franklin sobre las guerras de que: No existe algo como una guerra buena y no existe algo como una paz mala. Caso cerrado, y bien dicho respecto a una mujer que ignominiosamente recibi un Premio Pulitzer por su trabajo. Cockburn y otros solicitan que sea sonoramente retirado para completar una desacralizacin total.

Los campos de la muerte para periodistas independientes no-empotrados en Iraq, tambin fue incluida. Han sido tristemente clebres (los peores en el mundo desde lejos) con ms de 130 muertes ilegtimas de las que se ha informado desde marzo de 2003, incluyendo las de aquellos que fueron deliberadamente seleccionados para ser eliminados por USA u otras fuerzas a fin de silenciarlos. En tiempos de guerra, la primera vctima es siempre la verdad y los empotrados de los medios corporativos se complacen en mantenerlo as, y el Pentgono est listo para atacar a cualquiera que informe sobre lo que Washington no quiere que se conozca. El tema es tratado en la contribucin de Christopher Reed intitulada Have Journalists Been Deliberately Murdered by the US Military? (Han asesinado deliberadamente a periodistas los militares de USA? as como en ejemplos citados por Cockburn y St. Clair en sus ensayos. Reed menciona a Terry Lloyd, corresponsal de guerra snior no empotrado de la britnica Independent Television News (ITN) muerto cerca de Basora en el tercer da de la guerra. Una corte de justicia dictamin sobre su caso calificndolo de cuasidelito de homicidio a manos de Marines de USA, pero el ataque deliberado en su contra es slo uno entre muchos otros.

Al-Jazeera fue atacada por primera vez en noviembre de 2001, cuando un misil estadounidense destruy sus oficinas de Kabul en Afganistn. No fue un accidente. El Pentgono acosa tambin repetidamente al canal noticioso rabe en Iraq, lo ha clausurado ocasionalmente, y en 2003 atac sus oficinas en Bagdad desde el aire, matando a uno de sus corresponsales e hiriendo a otro. Otro caso de homicidio premeditado fue el del veterano cameraman Mazen Dana atacado por un tanque de USA a plena luz del da mientras filmaba fuera de la prisin Abu Ghraib en Bagdad. En otra ocasin, un tanque de USA dispar directamente, sin provocacin alguna, contra el Hotel Palestine donde resida la mayora de los periodistas internacionales no-empotrados matando a periodistas de Reuters y de la red espaola Telecinco.

Por suerte, a pesar de los evidentes peligros para su seguridad, periodistas independientes no-empotrados (como el hermano de Alex, Patrick Cockburn) publican noticias genuinas sobre la guerra, de manera que otros como Reed, A. Cockburn y St. Clair puedan difundirlas a muchos otros en USA y en todo el mundo. Nada de esto se muestra, sin embargo, en el Peridico de Evidencia al que los autores dedican toda una seccin, con ejemplos que siguen a continuacin.

El prolongado y alarmante historial del New York Times

El New York Times [NYT] gusta de llamarse el peridico de evidencia que informa de Todas las noticias que merecen ser impresas. Una etiqueta ms adecuada sera que se calificara de lo ms prximo en los medios comerciales a un ministerio oficial de informacin y propaganda. El antiguo periodista de muchos aos del NYT, John Hess, lo dijo como sigue: Nunca vi una intervencin en el extranjero que el Times no haya apoyado, nunca vi un aumento de tarifas... alquiler... o de servicios pblicos que no haya aprobado, nunca vi que tomara la parte de los sindicatos en una huelga o un paro forzoso, o que propugnara un amento para trabajadores mal retribuidos. Y no me lleven a hablar de la atencin sanitaria universal y de Seguridad Social. As que, por qu hay quien piense que el Times es liberal?

Cockburn tambin tiene mucho que decir sobre el Times, y reflexion en su ensayo en el Times sobre Rosenthal cuando A.M. Rosenthal falleci en mayo de 2006, diciendo que l salv al Times como editor ejecutivo en los aos setenta realzando su cobertura y al mismo tiempo sembrando las semillas para las actuales dificultades del Times al acoger a gente como Judith Miller y el resto del personal del peridico que saba lo que el jefe quera y no se atrevieron a producirlo bajo Rosenthal hasta mediados de los aos ochenta, y para sus sucesores ms adelante.

El Times deseaba la guerra en Iraq y sirvi generosas raciones de mentiras para lograrla con la ayuda de Michael Gordon a Miller para informar sobre historias falsas como la de los tubos de aluminio para el enriquecimiento de uranio, que era puro camelo, as como muchas otras, en un tamboreo diario de desinformacin alarmista. Cuando todo comenz a salir a la luz, lo mejor que el Times supo hacer fue lanzar unos pocos graznidos ahogados en un editorial de 1.100 palabras admitiendo que estaba equivocado, sin mencionar una sola vez el papel dirigente que Miller jug al justificar la guerra, que deshonor al Times e hizo que la despidieran.

El Times tambin es tristemente clebre por reescribir la historia cuando se aclara su fraudulento primer borrador. Lo hizo en septiembre pasado afirmando que La posibilidad de que Sadam Husein podra desarrollar armas de destruccin masiva y entregarlas a terroristas fue la razn primordial dada por Mr. Bush en 2003 para ordenar la invasin de Iraq. Los informes de Miller sobre la existencia de evidencia clara de que las posea antes de la guerra se convierte en slo una posibilidad en el habla del Times. Este tipo de revisionismo es costumbre estndar en el NYT y un ejemplo ms de su desvergonzada deferencia ante el poder.

Cockburn y St. Clair informaron anteriormente sobre un ilustre ejemplo de lo que llamaron una de las mayores humillaciones de un peridico nacional en la historia del periodismo. Fue sobre el papel crucial del Times en la trampa para incriminar a Wen Ho Lee desde el 6 de marzo de 1999, en la historia de James Risen/Jeff Gerth Breach at Los Alamos (Infraccin en Los Alamos) que afirmaba que un cientfico de laboratorio no identificado entreg a la Repblica Popular China secretos nucleares robados. Condujo a que Lee fuera arrestado, despedido y detenido sin fianza en confinamiento solitario durante 278 das que terminaron cuando se declar culpable de la acusacin diluida de haber bajando inapropiadamente Datos Confidenciales y cuando el juez James A. Parker pidi disculpas por el abuso de poder del gobierno por el que el Times nunca acept responsabilidad alguna.

Luego est el trabajo de Cockburn-St. Clair sobre el periodismo con guantes de seda del NYT sobre el espionaje ilegal sin mandatos judiciales de la Agencia Nacional de Seguridad, en violacin de la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA) de 1978. El Times retuvo la informacin sobre la historia durante un ao, mantenindose mudo en deferencia al pedido del gobierno de Bush, dejando luego de lado una informacin completa sobre el caso, cuando finalmente lo public.

Podran darse interminables ejemplos de la traicin a la confianza del pblico por parte del Times, al servicio del poder. Un caso impresionante data del escrito en 1945 del reportero cientfico William Laurence sobre el Proyecto Manhattan, quien junto con su tarea en el Times estaba tambin en la nmina del Departamento de Guerra como consultor de relaciones pblicas/porrista/propagandista que escriba comunicados de prensa sobre el programa de armas atmicas. Su trabajo era engaar al pblico encubriendo inicialmente lo que sucedi realmente en el primer ensayo de una bomba atmica en Alamogordo, Nuevo Mxico. A partir de ah, fue cosa de vender el programa, mentir sobre el horror de Hiroshima y Nagasaki en el terreno, y luego negar lo que el historiador-abogado Jonathan M. Weisgall llamara ms tarde el silencioso terror nuclear de la radioactividad y la radiacin y el que la enfermedad por radiacin mataba gente. Era un mentiroso tan bueno que gan por ello un Premio Pulitzer y lleg a volar en el avin que bombarde Nagasaki, describindolo ms tarde en el Times con un sobrecogimiento religioso. Pero la duplicidad del Times no termin ah.

Beverly Ann Deepe Keever, en su libro de 2004 "News Zero" (Noticias cero) document el papel central que el Times jug durante aos ms tarde creando percepciones falsas y engaosas sobre la naturaleza y los peligros de la energa nuclear en cualquier forma y los efectos letales de la radiacin. Ms que cualquier otra fuente, el Times enga deliberada y falazmente al pblico, a las personas de opinin influyente, a los trabajadores de la produccin, a los mineros de uranio, a los soldados estadounidenses expuestos a la radiacin, a los isleos del Pacfico expuestos a los ensayos, y a todo el que viva cerca de sitios de ensayos nucleares o donde se producen, procesan o utilizan materiales nucleares. Hasta hoy, poco ha cambiado en el Times y la forma en que informa sobre este tema vital se hace cmplice al ocultarlo a sus lectores.

Ms ejemplos de la duplicidad del Times incluyen el apoyo tendencioso del peridico para todo lo que tiene que ver con los negocios, porque es un actor importante en la gigantesca comunidad corporativa. De modo que mostr un enrgico apoyo al NAFTA a pesar de que era obvio antes de que fuera aprobado que resultara en la prdida de cientos de miles de puestos de trabajo en sus tres pases firmantes, incluyendo numerosos puestos bien remunerados en USA.

Antes, lleg tarde en historias importantes como el escndalo de Ahorros y Prstamos de los aos ochenta y luego mostr poco entusiasmo en la informacin sobre cmo la excesiva desregulacin bancaria y las concesiones a Wall Street lo haban causado. Lo mismo sucedi con la cobertura del escndalo de ms de 20.000 millones de dlares del Banco de Crdito y Comercio (BCCI) en 1991, y desde marzo de 2003, no inform sobre el mal uso megamillonario de dlares del contribuyente por gente como Halliburton, Bechtel, todo el establishment de la defensa, y otros aprovechados de la guerra que se beneficiaron inmensamente con el proyecto en Afganistn e Iraq. Pero los lectores de esta resea pueden obtener toda esta repugnante historia relatada sorprendentemente en el libro de 2005 de St. Clair "Grand Theft Pentagon" [Gran robo Pentgono] que muestra lo lucrativas que son las guerras y por qu libramos tantas.

La situacin actual del principal peridico del planeta, nos dice mucho sobre la mala calidad del resto de los medios dominantes. Cockburn explic parte del problema en su ensayo sobre Katherine Graham del Post intitulado She Needed Fewer (political) Friends, (Ella necesitaba menos amigos (polticos). Cenaron en su casa en Georgetown y aparecieron en masa en su funeral en julio de 2001, porque ella era uno de ellos. Mucho antes de que corrompieran el Post de Graham, los negocios se hacan de esa manera en el Times, mejor recordado durante los mejores aos de James "Scotty" Reston, el ms influyente y ms ledo periodista de su poca. Se paseaba con facilidad por las salas del poder, fraternizaba con sus moradores, y mancillaba su objetividad dndoles mano libre para hacer casi cualquier cosa sin temor a que l fuera a pedirles que rindieran cuentas.

En la actualidad, los valores de las elites del cuarto poder se identifican con los personajes que cubren porque son tan bien pagadas por su trabajo. Es lgico que quieran proteger sus altos salarios y posiciones destacadas no mordiendo jams las manos poderosas que los alimentan. Ellos, y sus aspirantes ms jvenes y prometedores, tienen lo que Cockburn llama un comps incorporado en sus cabezas para saber qu hacer y cmo complacer al jefe. Cualquier divergencia podra significar una retribucin rpida y desastrosa con reasignacin a Siberia o a escribir obituarios, o una invitacin para que se busquen otra lnea de trabajo en una poca en la que es difcil determinar la diferencia entre la prostitucin y el as llamado periodismo al estilo de los medios corporativos.

Ms ejemplos de la cada en desgracia del cuarto poder

El libro tiene un vasto alcance y est lleno de ejemplos de cmo la traicin de la confianza del pblico por parte del cuarto poder ha precipitado su cada en desgracia. Aparte de raras excepciones, los medios dominantes nunca informaron sobre lo que los autores publicaron en su sorprendente libro de 1998: "Whiteout: The CIA, Drugs and the Press" (Tormenta de nieve, la CIA, las drogas y la prensa), sobre la larga historia de la CIA en la participacin y en los inmensos beneficios del narcotrfico. En su ensayo What You Can't Say (Lo que no se puede decir), Cockburn explic que el libro mostr la verdadera cara del To Sam, (que la CIA no era una agencia delincuente sino que siempre sigui los dictados del gobierno, asesinando, torturando, envenenando, drogando a sus propios subordinados, aprobando actos de monstruosa crueldad desarrollados por nazis reclutados por USA en la posguerra).

El periodista investigativo ganador del Premio Pulitzer, Gari Webb, tambin lo dijo y consigui espacio en la prensa dominante en el peridico bandera de Knight Ridder, el San Jose Mercury News para su serie en tres partes de 20.000 palabras de 1996 Dark Alliance (Alianza sombra) que fue posteriormente expandida en su libro de 1999 de 550 pginas con el mismo ttulo. Trataba de la CIA, de los Contras nicaragenses en los aos ochenta, y de la distribucin de cocana crack en Los ngeles en la poca. Provoc atencin nacional y lo que los autores llaman uno de los ataques ms venenosos y estpidos en cuanto a los hechos, contra la competencia de un periodista profesional en los tiempos recientes por parte de sus colegas en el New York Times, Washington Post, Washington Times, LA Times, American Journalism Review, e incluso se sum la revista progresista Nation, por (des)cortesa de su colaborador David Corn, que se las da de liberal pero que a menudo no acta como tal. Le cost a Webb su carrera y su matrimonio y finalmente su vida en un aparente suicidio en diciembre de 2004, como resultado de su depresin porque su carrera estaba arruinada.

Los autores tambin escriben sobre la historia de "Black Paranoia" (Paranoia negra) que es fcilmente justificada por la larga historia de abusos de blancos contra negros. Un ejemplo fue el de los 600 hombres negros pobres reclutados en 1932 en Macon County, Alabama, para un estudio del Servicio de Salud Pblica de USA que los utiliz como conejillos de indias. Cuatrocientos fueron infectados con sfilis, les mintieron y les dijeron que los estaban tratando para mala sangre, y slo les dieron un suplemento de aspirina y hierro para que los investigadores pudieran controlar el progreso natural de la enfermedad. Despus que la penicilina apareci como una cura en 1943, los sujetos del estudio nunca la recibieron y 100 de ellos murieron por negligencia con una sobredosis de racismo. Los autores citan a la doctora Vanessa Gamble, profesora asociada de historia de la medicina en la Universidad de Wisconsin, Madison, que dice que este tipo de experimentos datan de ms de 100 aos, usualmente hechos por blancos con esclavos y negros libres ms que con blancos pobres.

Luego hay la horrible historia de fisgoneo contra negros realizado en el caso ms tristemente clebre por el FBI contra Martin Luther King y en el infame programa COINTELPRO iniciado en 1956. J. Edgar Hoover dijo que era para denunciar, desorganizar, descarriar, desacreditar o neutralizar por otros medios (queriendo decir asesinar) a organizaciones negras como los Panteras Negras que el FBI quera destruir, lo que ms o menos logr.

La incursin en la droga de Nixon y despus la de Reagan-Bush-Clinton y ahora la guerra total de GW Bush en su contra es realmente una guerra sobre todo contra los negros. Ha llevado a que USA tenga la mayor poblacin carcelaria del mundo con ms de 2,2 millones, con ms de 1.000 prisioneros nuevos colocados en sus jaulas cada semana en un complejo carcelario-industrial floreciente que ahora es un gran negocio que excede los 40.000 millones de dlares al ao y sigue creciendo, en el que los negros constituyen la principal fuente de ingresos. Los negros representan la mitad de la poblacin carcelaria, ms de la mitad estn all por ofensas no-violentas, y la mitad de estas estn relacionadas con la droga. Mientras estn dentro, estos y otros prisioneros son explotados por contratistas privados como esclavos de facto por deudas convirtindolos en la fuente ms barata y fcil de trabajo casi-gratuito que no sea esclavitud y un motivo ms por el que la paranoia negra es real.

Muestran tambin otros ejemplos, con el colaborador Ishmael Reed que escribe sobre How the (white-controlled) Media Use Blacks to Chastise Blacks (Como los medios controlados por los blancos usan a negros para reprobar a los negros) dejando que digan y escriban el tipo de cosas que pueden permitirse con ms facilidad sin que sean llamados racistas. Gran parte es para culpar a la vctima tal como funcionarios del gobierno de Reagan lo hicieron con las madres solteras negras empobrecidas, satanizndolas como reinas de la asistencia social para ayudar a justificar el ataque de Reagan contra servicios sociales esenciales que consideraba innecesarios.

Agrguese el modo como se realizan ahora las elecciones, con registros de votantes depurados de negros y su intimidacin, como sucedi en Florida donde a muchos se les impidi que llegaran a votar, a otros no se les dej entrar despus de su llegada, y a an ms votantes negros legtimos se les obstruy con largas filas, demasiado pocas mquinas de votar y locales que cerraban temprano para impedir que la gente negra votara equivocado. El cuarto poder hizo la vista gorda, pero St. Clair escribi sobre el tema en su ensayo What You Didn't Read About the Black Vote in Florida (Lo que no leste sobre el voto negro en Florida). Utiliz la caracterizacin que Edward Herman escogi para su libro de 1984 "Demonstration Elections" diciendo que demostraron lo podrido que es todo el sistema en todo el pas.

Y luego existe la tortura, que los autores dicen que es tan estadounidense como la tarta de manzanas. Tiene lugar rutinariamente en el sistema interior Gulag de prisin de USA sobre el que el autor escribi en un ensayo de inicios de 2006 con el mismo nombre, llamndola un crimen contra la humanidad y una vergenza para la nacin. El cuarto poder nunca informa al respecto y se sinti abochornado cuando tuvo que hacerlo despus del estallido de los escndalos de Guantnamo y Abu Ghraib, pero ech rpidamente marcha atrs una vez que pas la excitacin.

El lado de la historia en CounterPunch

La parte final del libro incluye algunas de las partes ms interesantes que slo podemos tocar brevemente aqu. Una es el ensayo de Cockburn sobre El Gran Comunicador [Ronald Reagan, N. del T.] que no necesita ser identificado fuera de la mencin de lo mal que lo hizo excepto para verdaderos creyentes de la lnea dura que se agarraban de cada una de sus palabras tal como lo hacen con GW Bush, como si fuera el Evangelio. En el caso de Reagan, Cockburn escribi algunas lneas clsicas que dicen La verdad para l, era lo que l mismo deca en ese momento. Fue ms lejos que George Washington ya que era incapaz de decir una mentira y era incapaz de decir la verdad, porque era incapaz de detectar la diferencia.

Mark Hertsgaard escribi sobre la deferencia con la que la prensa trat a Reagan en su libro de 1989 "On Bended Knee" en el que explica que nunca trat de criticarlo hasta que el escndalo Irn-Contra estall en 1986 y entonces hizo lo posible por ser indulgente. Todo fue por un terrible presidente, que jams fue tan popular como pretenda la prensa, que presidi sobre un carnaval de corrupcin y codicia que slo ha sido excedido por el gobierno de Bush, hasta ahora. Pero cuando muri en junio de 2004, los medios prcticamente pasaron interminables das publicando ampulosos panegricos, suprimiendo su cruel indiferencia por los menesterosos y el legado de tierra arrasada que dej tras de s en Centroamrica, Oriente Prximo, frica y otras partes del mundo donde no ser tan fcilmente olvidado, si algn da llegan a olvidarlo.

Gore, Clinton y Kerry son merecidamente reprobados en un tro de ensayos. Muestran a Gore como un pasado consumidor de marihuana mezclada con opio y cocana que se present de otra manera en 2000, cuando los autores escribieron sobre su persona como si fuera un partidario de la lnea dura, defensor del mantenimiento de la ley y el orden que apoyaba la pena de muerte, algo muy diferente de la imagen que trata de proyectar ahora como amigo del planeta. Clinton, por otra parte, quera en aquel entonces una oficina en Harlem para despojarse de su imagen como un rprobo moral y criminal de guerra pero conservar la parte falsa que lo presentaba como hombre del pueblo que siente nuestro dolor.

Y luego est John Kerry al que los autores dan dos veces ms espacio que al ex presidente y vicepresidente combinados. Es para contar la historia del graduado de Yale de 1966, de la sociedad elitista secreta Skull & Bones [Bandera pirata], que entr a la Armada y ametrall al mundo desde su patrullero Swift en Vietnam. Al hacerlo, obtuvo las Estrellas de Plata y Bronce, tres Corazones Prpura, y el oprobio del antiguo CNO (siglas en ingls por oficial jefe naval, Vietnam) almirante Elmo (Bud) Zumwalt por ser un can por la libre que mat a demasiados civiles no-combatientes y por atacar a otros objetivos no-militares. Fue tan entusiasta y descontrolado que el almirante virtualmente tuvo que ponerle camisa de fuerza para contenerlo, diciendo que Kerry ya tena entonces grandes ambiciones y que su servicio en Vietnam podra acompaarlo si trataba de hacer lo mismo en la escena nacional.

El libro va mucho ms lejos, desde Billy Graham, el antisemita y partidario del asesinato masivo en Vietnam si las conversaciones de paz de Paris fracasaban, al apoyo y encubrimiento de la prensa de la matanza de la Fuerza Delta en Waco, a todas las noticias favorables a la guerra que merecan ser compradas de los obsecuentes actores del cuarto poder y de profesionales de las relaciones pblicas como el Grupo Lincoln contratados para colocar historias falsas en peridicos iraques y en la televisin al-Arabiya controlada por USA, sobre xitos militares del Pentgono en el pas, en circunstancias que el pblico local poda ver claramente que constituan puros inventos. Lincoln tambin tena un contrato ilimitado de 199 millones de dlares para operaciones psicolgicas (PsyOps) para mejorar su creatividad y la opinin pblica extranjera sobre USA, especialmente sobre los militares que necesitaban todo el acicalamiento posible.

La seccin final tambin cubri la disputa por el (poderoso) lobby israel que la prensa no puede admitir que existe. Cockburn dice que ha formado parte integral de la escena durante ms de seis dcadas y que cuestionar su existencia es como dudar que exista una Estatua de la Libertad en el puerto de Nueva York o una Casa Blanca en Pennsylvania Avenue. Parte del trabajo del lobby es suprimir verdaderas noticias sobre Palestina. Cockburn dice que escribi por primera vez sobre el tema en 1973 y que sigui despus denunciando actos injustificables de Israel: asesinatos diarios, incluyendo asesinatos selectivos, confiscaciones de tierras, demoliciones de casas, tortura, asentamientos ilegales en tierras ocupadas y una multitud de otras interminables degradaciones humanas para limpiar tnicamente todas las partes de Palestina que los israeles quieren para s. Trate de encontrar noticias al respecto en El Peridico de Evidencia. Sera slo posible si una publicacin llamada el Times operara en otro planeta e hiciera lo que los periodistas deberan hacer en ste su trabajo.

Hay mucho ms que esta resea no puede incluir, as que terminar con un aguijonazo bien merecido para un objetivo digno, antes de algunos comentarios finales. Es el artculo de Cockburn llamado Murdoch's Game (el juego de Murdoch) sobre el ponzooso rey de los magnates mediticos al que el autor califica (como dije anteriormente) un MONSTRUO A ESCALA MUNDIAL. Escribe sobre lo que el distinguido periodista crecido en Australia Bruce Page dijo en su crnica intitulada "The Murdoch Archipelago" (El archipilago Murdoch). Contiene material que los partidarios de Murdoch no querran ver repetido en un ambiente pulido, sobre uno de los bellacos del mundo (y) pirata global al que apoyan sin duda por sus algaradas en la esfera meditica con las que advierte a los dirigentes mundiales de lo que espera que hagan y lo que est dispuesto a ofrecer a cambio.

La esencia del libro de Page es que la tesis central de Murdoch es que quiere privatizar un servicio de propaganda estatal, manipulado sin escrpulos y sin respeto por la verdad a cambio de vastos favores gubernamentales como ser alivios impositivos, facilidades regulatorias y monopolistas con el mximo de libertad contra la posibilidad de que sus competidores obtengan demasiado de lo que Rupert Murdoch pretende para s mismo. El problema es que por lo general se sale con la suya, sobre todo en sitios que son ms importantes para los principales mercados y el mayor potencial de beneficios en un negocio en el que la informacin con noticias exactas ha sido descartada y todo lo que cuenta es la sociedad con gobiernos que asegure ingresos crecientes. Cockburn resume Murdoch's Game en la cita introductoria de Otelo: He rendido un cierto servicio al Estado, y lo saben.

Algunos pensamientos finales sobre lo que nos espera

Al comenzar esta resea, seal el hambre del pblico por noticias e informacin genuinas que lo llevan a orientarse hacia publicaciones progresistas y sitios en lnea en la Red que las suministran a audiencias crecientes, desilusionadas con lo que no encuentran en los medios dominantes. Pueden ser criticados estos ltimos? El material mencionado ofrece suficientes ejemplos que lo justifican.

Pero a medida que las fuentes alternativas de noticias ganan en prominencia e influencia, se forman lneas de batalla para preservarlas y mantenerlas libres del control estatal o corporativo. Es la batalla por la Neutralidad de la Red que nos enfrenta a nosotros, el pblico, contra los gigantes de las telecomunicaciones, de la radiodifusin y del cable, y lo que est en juego es la ltima frontera meditica de un Internet libre y abierto que representa la mejor esperanza de resucitar una democracia cada vez ms floja, que ahora en el mejor de los casos se encuentra en un sistema de mantenimiento vital. La defuncin de HR 5252 en el Senado (la as llamada Ley Contra la Neutralidad de la Red) en el Congreso 109 significa que corresponde al actual Congreso 110 solucionar el problema, sea manteniendo Internet libre y abierto o permitiendo que sea explotado por depredadores corporativos para obtener beneficios comerciales y permitirles que controlen su contenido para suprimir materiales como esta resea.

Los gigantes comerciales gastan 500 veces ms de lo que gastan los defensores del inters pblico, pero los ciudadanos preocupados se defendieron inundando el Congreso 109 con ms de un milln de cartas (y lo hicieron de nuevo en el 110 con ms de 1,6 millones) y salieron a las calles en 25 ciudades para entregar peticiones Salven a Internet a sus senadores el verano pasado, exigiendo que se opongan al intento corporativo de destruir la Neutralidad de la Red y que establezcan un rea pblica de informacin libre y abierta por Internet. Es posible ganar en este tema, pero slo con muchas ms cartas, correos, llamados telefnicos y accin innovadora de un pblico entusiasmado y movilizado que no est dispuesto a permitir que las empresas o el gobierno le arrebaten lo que ya nos pertenece y que no podemos aceptar que se pierda.

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Stephen Lendman vive en Chicago. Correo: [email protected]

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