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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-05-2007

Ponencia presentada en el Congreso de la Organizacin de la Conferencia Islmica
Estereotipos sobre el Islam en la prensa occidental

Ricardo Lpez Dusil
El Corresponsal de Medio Oriente y Africa



La ponencia presentada por el director de El Corresponsal en el ltimo congreso de la Organizacin de la Conferencia Islmica, realizado en Bak (Azeribajn), del 26 al 28 de abril ltimo, fue una de las seleccionadas por el comit organizador para ser incluida en la pgina oficial del encuentro, que reuni a 194 participantes de 30 pases, que abordaron "El papel de los medios de prensa en el desarrollo de la tolerancia y la comprensin mutua".

La Organizacin de la Conferencia Islmica, integrada por 57 naciones, es la organizacin gubernamental ms grande del mundo despus de las Naciones Unidas.

Adems de dirigir El Corresponsal, Lpez Dusil es autor del libro Todos bajo un mismo cielo dilogos entre las culturas catlica, juda y musulmana (Edhasa, Buenos Aires, 2005).

El siguiente es el texto completo de su presentacin:

"As Salam Aleikum.

En primer lugar, agradezco la invitacin de la Organizacin de la Conferencia Islmica para participar en este foro y compartir algunas ideas con tan calificados expositores y asistentes a este encuentro.

Obviamente, en un encuentro de pensadores, religiosos e intelectuales islmicos es poco lo que puede aportar un periodista no musulmn sobre la religin que profesan. Y no es sa la intencin sino la de compartir con ustedes algunos aspectos sobre los estereotipos que se han construido y se siguen construyendo alrededor del Islam y la participacin activa que tiene el periodismo occidental en la instalacin de ese imaginario.

Nunca como en estos tiempos el factor religioso ha estado tan presente en el escenario de la discusin de ideas y polticas. Y nunca como a partir de septiembre de 2001 las relaciones con el llamado mundo islmico han suscitado tantos anlisis. Enfrentamos una poca de violencia global que mezcla fanatismos, conflictos geopolticos e intereses y en la que prevalecen visiones estereotipadas y maniqueas de los modelos que no responden a la propia cultura. La agenda poltica, hegemonizada bsicamente por los Estados Unidos, no slo se sirve de las presiones econmicas o el podero militar, sino tambin de un formidable aparato de propaganda que viene demonizando, y por ahora con cierto xito, la imagen del Islam en general y de los musulmanes y el mundo rabe en particular.

Obviamente, en la construccin de ese imaginario juega un papel central la prensa. Soy periodista, de manera que puedo permitirme una visin crtica de la manera en que generalmente es tratado el tema islmico en los grandes medios de prensa.

En primer lugar, quiero decir que cuando se habla de libertad de prensa o del periodismo de manera abstracta o terica suele excluirse, generalmente de manera deliberada, que detrs de la informacin, de la defensa de valores, de las presuntas o verdaderas vocaciones y sacerdocios hay un negocio formidable y, por supuesto, mucho menos romntico que la imagen inmaculada que por mucho tiempo ha gozado el ejercicio del periodismo. Esto que digo es una obviedad, pero como la prensa, por razones elementales, tiene buena prensa, muchas veces el pblico ajeno a la actividad no considera este punto.

La prensa es el nico producto que se vende a la mitad de su costo de fabricacin. Y esto puede ser as porque el verdadero negocio no es vender la informacin al pblico, sino el pblico a los anunciantes, de manera que el lector o televidente es, desde el punto de vista estrictamente comercial, el producto del que los medios de prensa se apoderan para ofrecer a sus anunciantes.

Por otra parte, desde mediados de la dcada del 90, el periodismo no qued ajeno al fenmeno de brutal concentracin de poder caracterstico de la globalizacin. Algunos analistas sostienen que el sector periodstico es el que ha sufrido mayor concentracin, junto con los sectores petroleros, el comercio de armas y la industria area.

Para entender la construccin de este imaginario, es indispensable abordar algunos datos relacionados con el control de los medios de prensa.

En los Estados Unidos, en 1945, ocho de cada diez diarios pertenecan a propietarios independientes; hoy, en cambio, el 85% depende de grandes grupos, que adems se van fagocitando entre s, por lo que son cada vez menos y al mismo tiempo ms poderosos. En Europa la concentracin es an mayor, y a ella slo sobreviven un reducido nmero de imperios mediticos: Berlusconi, Bertelsmann, Murdoch, Hachette, Hersant...

Este fenmeno se da de manera simultnea con otro no menos importante: el crecimiento del capital necesario para la creacin de nuevos medios. De manera que cuando hablamos de la prensa libre en Occidente, deberamos aadir que es libre siempre y cuando tenga los recursos suficientes para su existencia. De ese modo es el Norte el que informa al Sur, que permanece en silencio. La visibilidad o invisibilidad del Sur quedan por lo tanto sujetas a la voluntad del Norte. Se reproduce as un moderno sistema de colonizacin de las ideas. Quiz la batalla futura que deba darse por un mundo ms justo sea la de la "descolonizacin de la informacin".

Voy a citar algunos datos para saber dnde estamos parados cuando hablamos de medios de informacin:

- EEUU, Japn y la Unin Europea controlan el 90% de la informacin y la comunicacin de todo el planeta.

- Slo cinco agencias de prensa distribuyen el 96% de las noticias mundiales.

-Desde hace 25 aos, cuatro de cada cinco mensajes emitidos en el mundo provienen de los Estados Unidos o de empresas de capital norteamericano. Lo que se aade como fenmeno relativamente reciente es la inversin en las nuevas tecnologas y en el sector de la imagen: actualmente, el 80% de los programas audiovisuales que se producen en el mundo (ya sea televisin, vdeo o cine...) son norteamericanos.

- EEUU controla el 71,5% de todos los programas de TV que se difunden en Europa y el 80% de las salas de cine.

- De cada 100 palabras de informacin internacional que se difunden en Amrica latina, 90 provienen de 5 agencias de prensa internacionales (la norteamericana Associated Press, la britnica Reuters, la francesa France Press, la espaola EFE y la italiana ANSA). Y de ese 90 por ciento, el 70 por ciento corresponde slo a dos agencias: la norteamericana AP y la britnica Reuters.

- De las primeras 300 empresas internacionales de informacin y comunicacin, 144 son norteamericanas, 80 son de la Unin Europea y 49 japonesas. Es decir que de las 300 empresas de informacin ms importantes, 293 son de los Estados Unidos, de Europa o de Japn y slo 7 de otras naciones.

- En materia de medios audiovisuales, el magnate de la televisin Rudolph Murdoch controla, de manera directa o indirecta, la informacin y el entretenimiento visual que consumen 3000 millones de personas, es decir, casi la mitad de la poblacin mundial.

Quin decide lo que deben decir los medios? Quin da al periodista su materia prima? De hecho, casi siempre las mismas fuentes: gobierno, administracin y empresas. Como alimentarse de las fuentes institucionales es ms barato, cada da hay numerosas informaciones preparadas de antemano, tomadas de los servicios de informacin al pblico que todos los gobiernos, empresas y entidades tienen, incluido el ejrcito. Es tan obvia la influencia de la prensa en la toma de decisiones, que en los ltimos aos ha cobrado mayor importancia el periodismo institucional o de empresas. Cuando hablamos de "hacerle la prensa" a un producto, a un poltico o a un libro nos referimos a darle a los medios de prensa una noticia previamente digerida que ayude a imponer en la consideracin del pblico nuestro producto, sea ste un objeto, una poltica o una idea.

En ese contexto, el ejercicio del periodismo independiente debe sortear numerosas dificultades para mantenerse al margen de las necesidades y operaciones del poder.

Cuando Estados Unidos haba decidido iniciar su ofensiva militar en Afganistn, el secretario de Defensa norteamericano fue lo suficientemente claro cuando anunci que los periodistas acreditados en el Pentgono no podran acompaar a las tropas y record una frase de Churchill, que alguna vez dijo que "la verdad a veces debe ser cuidada por los guardaespaldas de la mentira", lo que obviamente es la legitimacin de la mentira con fines patriticos. Al mismo Churchill se le atribuye otra frase terriblemente cnica: "la responsabilidad por asumir como ciertas las promesas de los polticos corren por cuenta de quienes las creen".

En escenarios de conflictos, el periodista, aunque se esfuerce por mantener una posicin equidistante y neutral, no puede evitar enfrentarse a dificultades operativas concretas en el terreno, fundamentalmente el dilema de exponerse a la manipulacin de alguno de los actores, en caso de trabajar en alguna de las filas, o a enormes riesgos para su vida si opta por desplazarse de manera independiente.

Los medios de comunicacin funcionan frecuentemente como verdaderas armas de control social. A veces, por propia voluntad y otras tantas por efecto de presiones o manipulaciones desde el poder.

Existe una autntica ingeniera de la persuasin, de manera que si queremos superar ese tipo de analfabetismo que muchas veces nos proponen, debemos aprender a decodificar el lenguaje de los medios y la jerarqua selectiva que se les da a las noticias. La lectura crtica de las informaciones emanadas desde el poder es un ejercicio indispensable, en primer lugar para los propios periodistas y luego, para los receptores de las noticias.

La manipulacin de la opinin pblica es, ciertamente, muy antigua, pero quisiera hacer una breve referencia al perodo moderno y cmo los medios de comunicacin y la desinformacin se ubican en este contexto.

Como bien seala el semilogo norteamericano Noam Chomsky, la primera operacin moderna de propaganda llevada a cabo por un gobierno ocurri en los Estados Unidos bajo el mandato de Woodrow Wilson. ste fue elegido presidente en 1916 como lder de una plataforma electoral que podra calificarse de pacifista cuando promediaba la Primera Guerra Mundial. La poblacin norteamericana de entonces era mayoritariamente opositora a la idea de involucrar a los Estados Unidos en la guerra; sin embargo, la administracin Wilson haba decidido que el pas tomara parte en el conflicto. Haba, por lo tanto, que inducir en la sociedad la idea de la obligacin de participar en la guerra, para lo cual se cre una comisin de propaganda gubernamental, conocida como Comisin Creel, que en slo seis meses logr quebrar la vocacin pacifista de la poblacin y convertirla en una sociedad profundamente histrica, dispuesta a combatir el peligro que significaba para el mundo no ya la Alemania en guerra sino los alemanes en general.

La Comisin Creel alcanz un xito extraordinario que conducira a otro mayor todava: usando la misma metodologa, al final de la guerra, logr avivar el terror al comunismo, lo que permiti la destruccin de sindicatos tachados de filocomunistas y establecer restricciones a la libertad de prensa y de pensamiento poltico. El poder financiero y empresarial y algunos medios de comunicacin adictos fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operacin, de la que, a su vez, obtuvieron toda clase de beneficios.

Los medios utilizados fueron muy amplios. Pero el ms burdo y al mismo tiempo ms efectivo fue la fabricacin de relatos de atrocidades que supuestamente cometan los alemanes, en las que se incluan nios belgas con los miembros arrancados y todo tipo de perversiones inventadas por el ministerio de propaganda, cuyo autntico propsito en aquel momento -tal como queda reflejado en la desclasificacin de sus deliberaciones secretas- era el de dirigir el pensamiento de la mayor parte del mundo.

El principio moral que sustenta estas polticas es la creencia nunca confesable por las dirigencias de que la opinin pblica en general est incapacitada para comprender a fondo los intereses nacionales, por lo que resultara impropio e inmoral permitir que lo hicieran. Hay que domesticar al rebao desconcertado, utilizando la misma lgica que nos dice que sera incorrecto permitir que un nio de tres aos cruce la calle solo. As como no damos a los nios de tres aos este tipo de libertad porque partimos de la base de que no saben cmo utilizarla, negamos a los individuos del rebao desconcertado la participacin activa en la discusin de las ideas.

Reinold Niebuhr, uno de los intelectuales dilectos de Kennedy, afirmaba que la racionalidad es una habilidad al alcance de muy pocos y que la mayora de la gente se gua por emociones e impulsos. Aquellos que poseen la capacidad lgica tienen, entonces, que crear ilusiones necesarias y simplificaciones acentuadas desde el punto de vista emocional, con objeto de encaminar a una masa desvalida e ignorante. Este principio se ha convertido en un elemento sustancial de la ciencia poltica contempornea.

Los Estados Unidos crearon, en la dcada de 1920, los cimientos de la industria de las relaciones pblicas. Tal como decan sus principales mentores, su compromiso consista en controlar a la opinin pblica. Basados en el xito de la Comisin Creel y del "miedo rojo", y de las secuelas dejadas por ambos, las relaciones pblicas experimentaron una enorme expansin, obtenindose grandes resultados a la hora de conseguir una subordinacin total de la gente a las directrices procedentes del mundo empresarial.

Las relaciones pblicas constituyen una industria que mueve, en la actualidad, presupuestos en torno del billn de dlares al ao, y desde siempre su cometido ha sido el de controlar a la opinin pblica, que es el mayor peligro al que se enfrentan las corporaciones.

Como contraparte a la enorme concentracin de grandes medios a los que me refer anteriormente, la creciente irrupcin de las nuevas tecnologas (especialmente Internet) abri una fisura en ese enorme dique informativo aludido, con voces verdaderamente independientes de los grandes poderes. El problema que ahora debemos enfrentar desde el lugar de receptores no es el de la falta de informacin sino el de la subreabundancia de ella y la manipulacin a la que es sometida.

Ciertamente, la aparicin de Internet facilit la entrada en el mundo de la informacin de actores que de otra manera estaran silenciados. El problema, aqu, no es la posibilidad de incorporar informacin, sino la de hacerla "visible". Aun cuando hay gran diversidad de buscadores, en la prctica su uso constituye una forma oligoplica a escala mundial pues unos pocos -Google, Yahoo, Lycos, Altavista- acaparan la mayor parte de las bsquedas. Al efectuar una bsqueda determinada se obtiene una lista de pginas web ordenadas por criterios propios del buscador, lo que significa una jerarquizacin de la informacin no controlada por el receptor. Pero tampoco nos permite el acceso a toda la informacin que dice haber encontrado. Por ejemplo: si pedimos a Google que rastree las pginas referidas a "la sociedad de la informacin", nos indicar que ha encontrado ms de un milln y medio de entradas, pero solamente nos dar acceso a unas 800, es decir, slo el 0,05% de lo existente.

Cre necesario hablar primeramente del principal instrumento empleado en ese proceso de demonizacin del mundo islmico para referirme ahora a una cantidad de fbulas y estereotipos que se usan corrientemente para situar a todo aquello que suene a islmico en el lado del enemigo.

En primer lugar -y podra resultar innecesaria esta aclaracin en este auditorio- hablar de mundo islmico es una generalizacin tan amplia como la de hacerlo del mundo catlico, en el que estn incluidos, por ejemplo, Italia y Bolivia. La visin de totales responde obviamente a visiones totalitarias. Si consideramos que actualmente profesan el Islam unas 1200 millones de personas, es decir, el 20 por ciento de la poblacin mundial, la pretensin de situar ese enorme colectivo de personas en una misma clasificacin es en el mejor de los casos una muestra de ignorancia y en el peor, un eje estratgico alentado por el integrismo conservador que encontr en la islamofobia la contraparte necesaria para sostener sus polticas de exclusin social y dominacin econmica.

La otra asociacin ridcula frecuentemente usada en Occidente es la de musulmn y rabe, dado que los rabes, aunque mayoritariamente musulmanes, son slo el 20 por ciento de los musulmanes del mundo.

Si uno apela al imaginario dominante en Occidente de hace 50 aos, pensar en un musulmn o en un rabe tena connotaciones absolutamente distintas de las de hoy. Las mujeres, por ejemplo, remitan en el imaginario de nuestros padres o abuelos a la idea del refinamiento, la sensualidad, la atmsfera de las mil y una noches, el harn y la danza del vientre. Hoy, curiosamente, la imagen de la mujer musulmana que se transmite es la de la sumisin, la oscuridad, la represin. Entre una y otra imagen no hay otra cosa que una colosal carga de prejuicios y una visin estereotipada y etnocntrica. Posiblemente, una y otra imagen estn igualmente lejos de la verdad. El tema central es que la imagen de aquellos aos era inofensiva y la que pretende difundirse hoy claramente ofensiva y peligrosa.

Es tan ampliamente conocido el tema de las armas de destruccin masiva que se le atribuy falsamente a Saddam Hussein que no hace falta que vuelva sobre ese tema. Por otra parte, esas acusaciones fueron tan burdas que era obvio que caeran por su propio peso.

Hay aspectos, sin embargo, ms sutiles. Por ejemplo, la mayor parte de las veces que la prensa se refiere a un clrigo shiita le agrega el adjetivo "radical", como si no existieran clrigos shiitas que no lo sean. Obviamente, la mayor parte de los periodistas que repiten las presuntas arengas de estos clrigos no hablan rabe ni fars, por lo que la interpretacin de sus sermones siempre viene del mismo traductor: la prensa militar o las grandes agencias de noticias que, como hemos visto anteriormente, tienen monopolizado el mercado de la informacin internacional en Occidente.

Durante los 20 aos que dur la ocupacin militar israel del Lbano, los contendientes principales fueron el Hezbollah, calificado casi siempre como "grupo terrorista", y el Ejrcito del Sur del Lbano, que no era otra cosa que una milicia irregular financiada, entrenada y equipada por Israel, es decir, una milicia de mercenarios. La simplificacin de estos enfrentamientos en la prensa presentaba los combates como si hubieran sido librados por una banda terrorista de un lado y un ejrcito, es decir, tropas regulares, por el otro. Obviamente, este comentario no implica ningn juicio de valor sobre la naturaleza de los contendientes ni sobre sus estrategias de combate ni implica adhesin a sus objetivos o visin del mundo.

Otro fenmeno al que la prensa le dio amplia difusin fue al de las acciones de los terroristas suicidas. Sistemticamente se los busc asociar a la naturaleza del Islam, segn el cual los fanticos que se inmolaban podan hacerlo porque la religin les prometa el encuentro con vrgenes en el Cielo. Ese argumento empez a caer cuando surgieron entre los suicidas voluntarios no religiosos. Tampoco nadie supo explicar por qu no andaban suicidndose otros musulmanes devotos en otras partes del planeta en las que no haba conflictos armados.

Si uno se permitiera desmenuzar el lenguaje utilizado por los medios de prensa en el tratamiento de la guerra en Irak, encontraremos que los enfrentamientos casi siempre son entre "terroristas" y "militares", lo que implica, al ser simplificado el conflicto en esos trminos, un juicio de valor subyacente y obviamente favorable a los intereses del Norte. Tendra una connotacin diametralmente diferente en la opinin pblica calificar a las partes como "tropas invasoras" y "milicias de la resistencia".

Todo el mundo parece saber con claridad de qu hablamos cuando usamos el trmino terrorismo. Sin embargo, las Naciones Unidas no lograron establecer an una definicin universalmente aceptada del trmino por sus estados miembros. De tal manera, ese vaco abre las puertas para que el uso del trmino "terrorismo" sea, antes que una categorizacin jurdica, una definicin poltica, que siempre ser funcional a quienes ejerzan el poder o fijen la agenda poltica internacional. No sern los hechos concretos sino los intereses polticos los que nos digan entonces qu es el terrorismo.

En el caso particular de Irak, tambin emergi otra categora de combatiente hasta entonces desconocida: la de los "contratistas", combatientes privados no sujetos a las normas que rigen las acciones militares pero subordinados a mandos regulares. Estos "contratistas", o mercenarios para ser ms precisos, generalmente son militares o ex militares reclutados en pases del tercer mundo.

En la guerra, la palabra es una parte sustancial del botn del que las partes pretenden aduearse. Tener el dominio de la palabra permite la instalacin de eufemismos tales como "guerra preventiva", que podra traducirse como "guerra por las dudas"; "clula dormida", que formalmente no quiere decir nada, dado que una clula lo es si est operativa o si no no es nada; "asesinato selectivo" para morigerar el concepto llano de asesinato; "daos colaterales" para justificar el asesinato de no beligerantes. Recientemente, la prensa espaola hizo pblico que las autoridades marroques haba detenido a "inmigrantes ilegales", obviando el detalle de que no eran inmigrantes, dado que no haban alcanzado a dejar su pas, y tampoco ilegales. "Ilegal", en este caso, se us como sinnimo de "marroqu".

En los Estados Unidos, una encuesta reciente de Gallup revel que el 39% de los norteamericanos admite tener prejuicios hacia los musulmanes, un tercio cree que los estadounidenses musulmanes simpatizan con la red terrorista Al Qaeda y casi un cuarto manifiesta que no querra tener a un musulmn de vecino. Otro estudio, aparecido en el Journal of Human Resources, muestra que los salarios para las personas de origen rabe o musulmn cayeron el 10% en los aos siguientes a los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Por otra parte, el Observatorio Europeo de Fenmenos Racistas muestra cmo el velo y el turbante, la mezquita y el inmigrante, son puntos de referencia de la fobia al Islam, de una intolerancia extrema en donde convergen el rechazo religioso, la xenofobia y el racismo.

Aunque no conozco a fondo el uso de estos mecanismos de persuasin en la propaganda desarrollada en naciones de Oriente, podra arriesgarme a dudar de que funcione de manera muy distinta.

Adems del uso de un discurso definido como "antiterrorista" por quienes fomentan la islamofobia, hay otro discurso que criminaliza al inmigrante musulmn, a quien se lo vincula al delito, el trfico de drogas y la prdida de fuentes de trabajo de la masa laboral local. Por supuesto, no trasciende que Europa recibe por cada euro que utiliza en asistir a estos inmigrantes tres euros por efecto de su trabajo. No es Europa la que ayuda a estos "inmigrantes ilegales" sino que son los "inmigrantes ilegales" los que contribuyen a la prosperidad europea. Los gobiernos omiten, y la prensa no lo ha difundido adecuadamente, que la inmigracin ilegal es instrumental a la economa del primer mundo, que obtiene mano de obra barata para los tareas que los trabajadores locales no quieren desempear. La inmigracin mantenida en la esfera de la ilegalidad permite flexibilizar y hasta ignorar las leyes que rigen las condiciones laborales. El mundo desarrollado aloja a millones de "trabajadores indocumentados" expulsados de sus pases por la pobreza. Cada tanto, algunos cientos de ellos son retornados a sus lugares de origen para mantener ante la opinin pblica la ilusin de que se trata de un fenmeno resistido por los gobiernos del primer mundo. Es francamente imposible que esas enormes masas de inmigrantes puedan permanecer en los pases de acogida sin la decisin de los gobiernos, el empresariado vido de mano de obra barata y la complicidad de los grandes medios.

Lo fantstico de estos fenmenos es la facilidad con la que se logran establecer y cmo lo ilusorio se parece a lo verdadero. Quienes trabajan con estas percepciones suelen tener en cuenta lo que sucede cuando alguien maneja un automvil por una ruta desierta. Irremediablemente, uno ve agua sobre la calzada, en el horizonte. Todos sabemos que se trata de una ilusin ptica. Lo realmente notable es que "vemos" lo mismo todos por igual, sin importar el sistema de creencias, la cultura o la formacin intelectual. Saber que estas ilusiones pticas existen debe servirnos para no incorporar a nuestro sistema de ideas "ilusiones de pensamiento".

As, la asociacin entre Islam y fundamentalismo como regla general es una ilusin del mundo de las ideas funcional al discurso dominante en Occidente y tambin a los mismos islamistas radicales, quienes, considerndose los nicos depositarios de la verdad revelada, pretenden representar al Islam en su totalidad.

La prensa occidental, salvo honrosas excepciones del periodismo escrito, no se ha mostrado lo suficientemente inclinada a reflejar el abanico de anlisis diversos representativo del pensamiento islmico de hoy. Tampoco suele tomar en consideracin que son los propios pases islmicos los primeros afectados por el ejercicio del terrorismo y la mayora de las veces de las represalias con las que se pretende combatirlo.

Al periodista le esperan en estos das desafos cada vez ms complejos. La revolucin de las comunicaciones ha acortado distancias entre mundos diversos, lo que ha hecho aparecer de manera ms clara lo diferente. Pero aunque las diferencias irrumpen como aquello que no es asimilable a la propia identidad, tampoco debe verse como lo hostil. La figura de lo diferente lleva las seas del extranjero y el sentido de su irrupcin -como seala el telogo Javier Melloni- es el de una alteridad que apela a la propia identidad. Es posible el respeto a lo diferente? Es posible apreciar lo diferente y su valor por ser diferente? Ciertamente es posible y es tambin el nico modo de entender las relaciones humanas. Muchas gracias".

http://www.elcorresponsal.com/modules.php?name=News&file=article&sid=4997



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