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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-05-2007

Asamblea Constituyente: laberinto del poder

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


La poltica y la guerra

En qu se funda la tradicin del poder ejercido por unos pocos para mantener dominada a una gran mayora de ciudadanos? Quizs en el poder que se atribuyen los vencedores que con la fuerza en primera instancia son capaces de someter militarmente a los otros, y luego en definitiva como dice Foucault, invirtiendo a Clausewitz, la poltica es la continuacin de la guerra por otros medios. En definitiva los bandos no desaparecen, se estructuran de manera diferente, se camuflan, en casos se incorporan pero siguen siendo parte de una identidad diferente y sometida en su gran mayora.

Tanto los unos como los otros otorgan continuidad a la historia desde su propia perspectiva, los unos, los vencedores convierten la suya en la versin oficial y se la cuentan as a las nuevas generaciones buscando crear, hroes y mitos de la gloriosa repblica enfrentada con los espaoles y con los pases vecinos; en definitiva se mitifica a la repblica y a quienes han sido sus portadores. Son los personajes importantes los que en realidad hicieron una historia ausente de pueblo.

La historia oficial se muestra como continuidad de la historia universal donde las leyes y la forma de ejercer el poder son parte de un gran legado histrico depositado en los escogidos, los privilegiados, los que en definitiva hicieron posible la repblica y su relacin con el mundo. Discurso colonizador que exalta la relacin con el mundo a pesar de los muertos y el genocidio, no importando la condicin de dependientes, subordinados y sometidos en el orden mundial. Discurso renovado pero no creado por el neoliberalismo que por sobre la ciudadana y su bienestar sobrepuso la relacin con el mercado mundial.

La historia de los muchos

Los otros, los nadies en la historia oficial, sin embargo, no dejaron de contar su propia historia desde los vencidos, y en permanente resistencia ante quienes los haban invadido, y no slo eso, sino que histricamente se empecinaron en mostrar histricamente su otredad , el carcter subordinado y racista que tena el acceso al poder. En definitiva no slo encontramos la continuidad de la guerra plenamente expresada en el conflicto de clases, sino en el de identidades que han hecho este pas. Los unos sometidos y rebeldes, sosteniendo su identidad subterrnea e insurrecta, los otros buscando el sometimiento sin proyecto de pas para todos.

La historia clandestina de los muchos se afirmar en la exclusin de la que son parte, en la forma histrica de vivir el conflicto desde abajo, pero tambin en su peculiar forma de ser y pervivir en el espacio, en su relacin con los otros. Este proceso de enfrentamiento, en el que al enemigo se lo ve todos los das hace de la poltica el peculiar espacio en el que se van definiendo de manera todava ms marcada las identidades propias respecto a la sociedad que se quiere los muchos, los pueblos sojuzgados en transmisin oral y de habitus, hacen sentir al conquistador republicano que no son parte de su mundo inventado, que las leyes no son suyas y slo las sufren los oprimidos y que los proclamados cambios son en realidad ninguno.

En el siglo XX sin embargo la guerra silenciosa se hace cada vez ms visible por las contradicciones que no pueden ser ocultadas, y representantes indgenas empiezan a aparecer en la historia oficial, la historia olvidada empieza a ser socializada y compartida, entonces, en palabras de Foucault el papel de la historia, por tanto, ser el de mostrar que las leyes engaan, que los reyes se enmascaran, que el poder genera una ilusin, que los historiadores mienten. No ser entonces, una historia de la continuidad, sino una historia del desciframiento, del develamiento del secreto, de la inversin de la artimaa, de la reapropiacin de un saber tergiversado o enterrado. Ser el desciframiento de una verdad sellada

Este camino emprendido desde la misma colonia, se hace perspectiva poltica que suma y enfrenta desde los movimientos sociales, la posicin colonizadora de la minora en el poder son los Tupak Katari, los Zrate Willca, y tantos otros liderazgos indgenas las que marcaron la identidad propia en el enfrentamiento, en la evidencia de la diferencia en la condicin de guerra, y tantos otros que no slo se confrontaron sino que adems marcaron la diferencia que los separaba de quien los asuma como al enemigo interno.

Ni tan siquiera los intentos ciudadanos del 52, de la democracia liberal por su incorporacin, pudieron desbandar los ejrcitos en pugna. Ni siquiera las mltiples masacres sufridas, ni las arremetidas militares dispersaron a la mayora que envolva permanentemente a quienes desde el Estado pretendan sostener la institucionalidad de un Estado que en su raz se haba construido sin la mayora nacional.

Este es el contexto en el que debemos entender el proceso que vivimos en el pas, donde los aprestos de guerra en realidad han sido permanentes en la historia, y han ocasionado en los ltimos aos, el desgaste completo del discurso conciliador y republicano, va neoliberalismo, en tanto no slo se hizo evidente el deterioro de las condiciones de vida del conjunto nacional, sino sobre todo la incapacidad poltica de los sostenedores del poder, de emitir un discurso hegemnico capaz de seguir inventando ilusiones de vida y de incorporacin poltica. Junto a esto, el crecimiento cualitativo de esa mayora silenciosa que dej de serlo para plantear en todas las aristas estatales, la principal reivindicacin de ser ellos mismos y en definitiva que la mayora de quienes son este pas tengan el poder de reorganizarlo para la convivencia de todos los bolivianos.

La propuesta conservadora de los pocos

Luego de sucesivas derrotas militares de los sectores dominantes, y de la declinacin de sus lideres junto al discurso hegemnico neoliberal, la confrontacin dio lugar a una derrota simblica de unos por los otros, cuyo desenlace se expres en un marco institucional en las elecciones, donde las mayoras escogieron a uno de los suyos para su representacin y ganaron la representacin del pas al propio tiempo como tarea fundamental propuesta por los movimientos sociales, el nuevo gobierno asume la responsabilidad de la organizacin de la Asamblea Constituyente.

Una vez ms se repite la representacin, cuando es la mayora silenciosa la que tiene acceso a la Asamblea Constituyente. Sin embargo esta salida pacifica a los conflictos que histricamente nos han separado como pas, se da una vez ms en el marco de la confrontacin y la guerra que separa a los que nunca se vieron la cara sino en la misma guerra. Por eso la primera confrontacin ser sobre el carcter de la Asamblea, para los unos esas minoras del poder de siempre, no existe otro camino sino el de la continuidad histrica incorporando algunos indios pero dejando el mensaje claro de que ellos son los dueos del pas y los poseedores del conocimiento. Para los muchos, la Asamblea es originaria en tanto es un quiebre histrico con lo anterior, es el momento fundacional de un pas con todos y desde la perspectiva fundamental de la mayora.

El debate posterior no difiere mucho en el proceso, por cuanto, las minoras en la Asamblea, pretenden asumir plenamente el papel de mayoras cuando hablan y declaran a nombre de los bolivianos como siempre lo han hecho, bloquean el proceso tergiversando su propia creencia liberal en tanto pretenden asumir el mismo poder que la mayora en la Asamblea, utilizando los medios de comunicacin y el temor de la poblacin para convencer del autoritarismo.

Pero an ms su propuestas slo son retoques a la tradicin constitucional de la repblica, por cuanto ellos creen en la continuidad y de lo que se trata en definitiva es de incorporar algunos cuantos indios, sin afectar al poder y la propiedad que la repblica desde su creacin les ha encomendado. Por eso, esas minoras ya tienen preparada su propia Constitucin Poltica del Estado, que es en realidad un recalentado de la actual en vigencia, por cuanto no pueden elaborar un discurso integrador si no lo sienten.

Para ellos en definitiva la poltica de lo posible es asimilarse lo ms posible al discurso democrtico- liberal, aunque el seorialismo sea ms bien el habitus del poder que prefieren. Los derechos individuales y la propiedad privada, son su punto de partida y de llegada para proteger sus intereses frente a la indiada alzada y apelan a recursos autonomistas y regionales, frente al propio Estado centralizador que ellos mismos han creado, como una forma de reconstitucin poltica para convencer a las clases medias y a sectores populares regionales de que el enemigo es el centralismo autoritario del gobierno.

Apelan una vez ms al olvido y la prdida de memoria de quienes siempre han estado subordinados, para reinventar la ilusin de que ahora s la identidad regional y su defensa permitir repartir los recursos a los ms pobres. Realizan grandes movilizaciones en defensa de la tierra y la propiedad privada, encabezadas por quienes no tienen ni un metro en propiedad; hacen grandes discursos sobre la identidad departamental y regional subyugada, encabezados por polticos de profesin defenestrados en los anteriores gobiernos por la corrupcin y el acaparamiento ilcito de bienes estatales. En la asamblea constituyente, sus representantes, hacen gala de demcratas convencidos cuando algunos de ellos han sido parte de dictaduras, de masacres y de estafas fiscales; mientras acusan de autoritarismo al cambio. Creen sinceramente que la plebe recuperar la cordura y los volver a elegir en nuevas elecciones.

La propuesta de la mayora

En cambio esa mayora an sorprendida por el poder, se debate entre la tradicin liberal y el liberarse de las ataduras jurdicas e ideolgicas que han hecho a este pas. No es fcil, y la dispersin de los liderazgos individuales de la mayora as lo demuestra; no es fcil por una parte, deshacerse para algunos de la sombra del conquistador y repetir lealtades a un discurso dominante, adems de actitudes incorporadas del opresor en su propio comportamiento que no dice demasiado de la transformacin en marcha.

Por eso es tambin comprensible la dispersin de la mayora, que son la cresta alta de la representacin de los movimientos sociales, antes que parte de una organizacin partidaria; que representan intereses sociales, que reciben el mandato de representacin, ms no de poder que en definitiva se incorporan al proceso de cambio, y se encuentran con que las reglas siguen siendo ajenas a ellos, que ni la lengua ni el lenguaje utilizado es parte de ellos, que sus sueos y consignas, no construyen un proyecto alternativo, que en definitiva el peso especfico del cambio an recae en la revancha, en lo que no queremos, en lo que sabemos que no funciona; pero an no en el proyecto alternativo que reconstruya al pas y al Estado desde una lgica comunal del servicio desde el poder.

An se tiene miedo al poder subyugado por tantos aos y generacionalmente, se aprenden habitus del enemigo como forma de sobrevivencia, se continua complotando desde las esquinas, an cuando se es gobierno y se es mayora, sin terminar de asumir el peso especfico y la responsabilidad que implica ser portador de sueos y utopas de los muchos que nunca tuvieron la oportunidad de decir su palabra.

Los sueos- realidades del camino

An en medio de la dispersin, sin embargo, asoma el sentido comunitario y transformador del proceso, cuando en los foros territoriales, las mayoras proponen cambios, recomiendan a los constituyentes y los obligan en casos a un compromiso de construccin democrtica diferente, en relacin con los mandantes, que se traducen en una nueva forma de entender la democracia y la participacin en el Estado.

Ms all de los conceptos que ayudan a sintetizar los sueos, estn las realidades en construccin, y las que ya existen desde tiempos ancestrales, que hacen a la presencia multitudinaria de las naciones y pueblos indgenas en el nuevo Estado, la forma en la que han sobrevivido cientos de aos a pesar de la colonizacin permanente; la de los sectores populares que han vivido las masacres por oponerse en anteriores gobiernos a la transnacionalizacin de nuestros recursos naturales, a la exclusin estructural de los sectores oprimidos de obligaciones estatales en salud, educacin, alimentacin y otros.

Todo esto y mucho ms, que los sectores populares conocen y han inscrito en documentos presentados por los movimientos sociales; que han sido demandas permanentes en la lucha; son el mandato que los constituyentes de la mayora deben convertir en texto constitucional, pero an ms all, dar forma unida y al mismo tiempo desconcentrada a un Estado que histricamente slo ha provocado la dispersin y la exclusin; que parte como esencia organizadora de la diversidad mayoritaria que somos, dando lugar tambin a las hoy minoras que deben asumir el proceso de transformacin para ser tomadas en cuenta con su propia opinin y participacin.

El pas que tendremos

En definitiva, el proceso que an no se termina de dibujar en el pas, incorporar como base esencial a lo comunitario como atributo plurinacional de la sociedad boliviana, junto a aspectos de la tradicin liberal que permitan un reencuentro social entre lo diverso y lo boliviano, entre campo y ciudades; entre oportunidades distintas de sentirse parte del pas; en definitiva a pesar de que lo fundamental est siendo planteado desde la esencia mayoritaria, an existe un transcurrir liberal en el camino de la transformacin, mientras los movimientos sociales se apropian legtimamente del Estado e imprimen en el proceso su propia forma de hacer un pas para todos y todas.

La Asamblea Constituyente y el nuevo texto constitucional, son por tanto una etapa necesaria pero no concluyente de un proceso que ya lleva cientos de aos; y que por la va democrtica liberal ha elegido conciliar intereses en el marco del encuentro democrtico; sin olvidar una guerra histrica que an en pie, nos enfrenta en la cotidianidad de la exclusin y la discriminacin, que slo podr resolverse cuando la mayora sea poder real y las minoras asuman su parte en el proceso de construir un nuevo pas sin exclusiones, donde los nadies de siempre la mayora de hoy- tengan la oportunidad de construir nuevas realidades que permitan que ellos y sus hijos vivan y nazcan en un pas que respeta la dignidad de todos y el derecho a vivir bien.



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